Fantasitura - Tu comunidad de literatura fantástica y afines

Versión completa: Reto Abril19: Metal Affliction
Actualmente estas viendo una versión simplificada de nuestro contenido. Ver la versión completa con el formato correcto.
Páginas: 1 2
La pareja aguardaba en la cola. El hombre era de mediana edad y corta estatura, discreto, un individuo irrelevante que parecía disfrutar con la espera. La muchacha le sacaba media cabeza, vestía de gótica y estaba triste, su melena negra caía lacia sobre su rostro resignado y apenas levantaba la vista del suelo. Alrededor de ellos una multitud murmuraba, reía y disfrutaba de los prolegómenos de una velada que prometía ser grandiosa.

—¿Qué es Bandua ? —preguntó él.

No lo dijo en voz alta, fue un susurro imperceptible, nadie más que ella podría oírlo. La taumaturgia de él los había conectado a ambos, un vínculo invisible de sonidos y sensaciones que los unía, para desolación de ella.

—Amaranth, responde, ¿qué es Bandua? —insistió el hombre, que frunció el ceño sin perder la sonrisa.

La muchacha señaló hacia lo alto. En frente a ellos se alzaba el enorme cartel iluminado que rezaba: «Siervos de Bandua, Monstruos del Metal». El rostro pintado de cada uno de los miembros del grupo de folk-metal aparecía enmarcado por filigranas inciertas, con temática ocultista de fondo.

—Sabes a lo que me refiero, déjate de bromas. —la miró al fin—. No me obligues a sonsacarte.

—Has leído el informe.

—Claro, pero no es suficiente, necesito escucharlo de ti en persona. El informe no refleja matices, tú rebosas de ellos.

Julián era un agente de alto rango, un «magister». Tenía poder del de verdad, no simples trucos de artificio o sugestiones para asustar a los de mente débil. Gozaba de gran influencia en la Cábala, y eso significaba tener acceso a muchos de sus sortilegios y claves de poder. Amaranth lo sabía, tenía miedo de él, le aterraban sus capacidades pues lo había visto en acción. Aun así se resistía.

—No sé lo que es, no con seguridad. Bandua es el grupo, es su música, es lo que anida en la mente de él.

—¿Una clave de poder?

—Algo así. Bandua es lo que le hace retrotraerse, ser solo él y mostrar su visión de la realidad.

Una clave de poder es un activador, Bandua es el suyo, aunque más complejo. Él es…
Se encogió de hombros mientras avanzaban en la cola. Ya estaban a las puertas, como dos simples miembros del público, un maduro marchoso vestido de época y una beldad gótica. Como pareja llamarían la atención en cualquier otro lugar. Los porteros se limitaron a comprobar sus entradas, no les echaron un segundo vistazo.

—Por «él» te refieres a Teo.

No era una pregunta. Amaranth asintió, miraba al lejano estrado, en donde tendría lugar el drama de esa noche maldita. Los instrumentos estaban dispuestos, el anfiteatro bullía de actividad, miles de personas ansiosas por ver a sus ídolos, escucharles tocar.

—Entonces el resto no cuenta para esto, tal y como nos advertiste —La ojeó brevemente—. Dices la verdad, pero maldita sea, estamos improvisando, no nos has dejado tiempo para tomar medidas más elaboradas —dijo él, su expresión relajada no dejaba traslucir la tensión que sentía—. ¿Has dejado de ser leal a nuestra causa? ¿O hay algo más?

Claro que había algo más, un magister tenía que saberlo, ¿por qué era tan cínico? Julián podía ser un perfecto capullo, uno bien jodido. ¿Cómo no iba a haber algo?, ¿por qué la habían enviado a ella, tan sensible, tan vulnerable? Pero aunque todos lo supieran, jamás lo confesaría abiertamente. Era algo escrito en su interior, como haría un dedo en el vaho de un visillo, un pequeño reducto entre ella y Teo, por mucho que hubiese sido un viaje sin premio ni consuelo. Se suponía que el condicionamiento al que sometían a los agentes les dejaba inmunes a cierto tipo de debilidades mundanas. Pero Teo era un ente creador de realidades y Amaranth una agente inexperta, mundana, débil.

—Esa invocación de la que nos has informado va a ocurrir esta noche, durante el concierto —prosiguió él sin esperar respuesta—. Los sintonizadores de la Cábala arden por la taumaturgia oscura que satura el éter. Meses llevamos husmeando el rastro que dejan esa panda de lunáticos, te escogimos a ti para infiltrarte y mantenernos informados. Has cumplido con creces, no nos falles ahora.

Tras mucho esquivar a la marea ondulante de gente, al fin llegaron a sus asientos, en el límite del foso reservado a los más desenfrenados o leales, a treinta metros escenario. Los ornamentos oscurantistas y la temática de floresta primigenia formaban un aquelarre incierto alrededor de los puestos de los músicos. Una guitarra negra y otra roja, un bajo con motivos barrocos, una batería que parecía un vehículo alienígena, un sencillo piano y al lado el micro del «frontman», Teo Yáñez, el vocalista más apabullante del panorama actual del rock, el metal o lo que se pusiera por delante.

—Es una lástima, pues esto podría ser maravilloso. Nadie toca como Siervos de Bandua, nadie canta como Teo —dijo la muchacha.

Julián la miró de reojo. La chispa de la duda empezó a llamear en sus pupilas, también la ira. Hizo un esfuerzo de autocontrol, había mucho en juego.

—Tendremos que intervenir, juntos ¿lo entiendes? Tú Amaranth, me nutrirás de conocimiento, recuerdos y sensaciones relacionados con Bandua, mientras yo busco la manera de agrietar su entramado. Lo haremos y seremos implacables si ese loco pretende ir más allá, como bien nos has advertido. —dejó escapar un suspiro contenido, sudaba—. Me cuesta leer los entresijos, todo aquí parece desenfocado. Te lo repito, ¿es sólo él, o debemos tener en cuenta a los demás miembros del grupo?

Amaranth dejó estremecer su lánguida belleza, una pantalla que camuflaba su fuerza interior. Había sido reclutada como agente por su sensibilidad hacia lo oculto y su capacidad de entrever y comprender los vaivenes de la Irrealidad. Sin embargo, el condicionamiento había sido un problema, una mancha en su historial. No se había completado sin sacrificios.

—Ellos son meros potenciadores, imprescindibles en ciertos momentos del proceso —dijo ella—. No sé hasta qué punto son conscientes de su situación. Teo los domina, se aprovecha de ellos para dar ir dando forma a su apocalipsis personal.

—¿También a ti te ha dominado, muchacha? —el tono de Julián se volvió cáustico—. ¿Sigues siendo agente de la Cábala o la has dejado de lado para convertirte en libertina de él?

Amaranth sonrió. ¡Libertina! Que término tan arcaico, propio de un agente veterano como Julián, miembro ilustre de una organización de cimientos que se apoyaban en lo antiguo. Se volvió hacia él, no podía evitar el extraño acceso de humor pícaro. Si acontecía lo que ella había percibido como probable y fracasaban, quién sabe lo que ocurriría, a ellos y a todos aquellos miles de fans que se revolvían en aquella trampa. Tal vez la muerte fuese un destino deseable, mejor que pasar a formar parte eternamente del infierno personal de Teo.

Un estallido brutal interrumpió el silencioso intercambio entre ellos. El espectáculo iba a comenzar, precedido por un coro mayestático invisible, una invitación al delirio.
Salieron los músicos. Jared, el guitarrista, que parecía un berserker semidesnudo salido de las leyendas. Ramón, silencioso en su kilt verde y enamorado de su bajo de mástil interminable. Cleo, la guitarrista sexy que enardecía a las primeras filas y llenaba las pantallas con sus contoneos. Tomás, fibra y músculos, baterista indomable que sacaba la lengua con sorna. Teo, el dios del escenario, elegante y frágil, invocador supremo de los Siervos de Bandua.

¡BANDUA! ¡BANDUA! ¡BANDUA!

El clamor era abrumador, un éxtasis colectivo de treinta mil gargantas. Amaranth se unió a él, elevó su hermosa voz de soprano sobre todas las demás. La férrea mano de Julián le apretó el antebrazo, la contuvo. Redujo a la ensalzada amante a un simple adepto sin rostro.

—¿Estás loca? ¡No te delates, no antes de tiempo!

La voz de ella comenzó a apagarse. La amante entregada, apartada del lado de Teo, él que rezumaba una grandeza como ella jamás había percibido antes. Ella que se había visto obligada a sacrificar por la causa sus propios deseos, traicionar a su alma gemela. Renunció a la nada que ansiaba para poder cumplir las premisas de la Cábala, por proteger a los inocentes a los que despreciaba. Hubo un amago de rebelión, siguió elevando el tono, la amante quería recuperar lo perdido…

En medio de la vorágine, pocos apreciaron como se les erizaban las cabelleras, y si lo hicieron, no le dieron importancia pues jugaban fuerzas que ignoraban a los mediocres. En cien metros a la redonda, la poderosa taumaturgia de Julián devolvió a la desbocada agente díscola al redil. Apretó los dientes de frustración, pues pese a la naturaleza oculta de sus habilidades, temía haber sido descubierto y comprometido su ventaja, algo fundamental contra tales fuerzas. Nada ocurrió.

Las guitarras comenzaron, poderosas, estruendosas, ajenas al drama de las gradas. El bajo retumbó como un alma en pena. La batería atacó inmisericorde, agresiva, salvaje. Teo saludó, rompió a cantar, todos enloquecieron al iniciarse la épica de «Lobos de Eternia».

El repertorio era variado, desde canciones agresivas con guitarras que elevaban la electricidad a la máxima potencia, dominante de los solos la una y fiel compañera la otra, hasta complejas composiciones llenas de significados ocultos. La voz de Teo era hipnótica, indómita, conductora de sensaciones. El tiempo se consumía sin hacerse notar. Sobrepasada buena parte de la velada, el piano yacía a un lado, olvidado.

—Ese es el conductor material —dijo Amaranth, que todavía pugnaba por recuperarse—. Teo se valdrá del piano para dar rienda suelta a su oda de invocación. Con él llamará a su realidad y desgarrará la nuestra.

Lo sabía, ella había aprendido a conocerle a él, a Teo Yáñez, a lo largo de los últimos meses mágicos en que habían compartido sus almas, los dos amantes. El resquicio de la auténtica Amaranth, que el condicionamiento de agente había mantenido inviolado, le había permitido concluir con su misión. Le había desenmascarado, a él el trovador de las posibilidades infinitas. Teo no era un simple mortal, era un destructor del tejido, creador de anhelos imposibles que se retroalimentaban y lo aniquilaban todo. Lo amaba, pero había llegado a comprender que los sabios de la Cábala tenían razón. Teo tenía que caer en el olvido, solo él y nadie más.
Una semana antes lo había abandonado, para acudir a presentar su informe a la Cábala. El paso más difícil de su vida, un imposible hecho realidad. Como lo que Teo iba a hacer esa noche.

—Lo intentará, pero ya estoy preparado —dijo Julián.

Los primeros acordes melódicos de «Batallón de ángeles» se dejaban sentir. Julián trataba de aparentar una seguridad que no sentía. No había tenido tiempo de tejer una red de asedio arcano sobre el escenario, tan solo contaba con un número limitado de disparadores taumatúrgicos, potentes aunque carentes de la sutileza recomendable para un adversario de aquellas características, tendrían que bastar. Runas invisibles cubrían toda su anatomía. Se sentía invencible aunque en el fondo temía no serlo. Tanteó con la mente el perímetro del escenario. Algo se estaba fraguando desde el principio de la actuación, una amalgama alimentada por cada canción, cada nota, una aleación de posibilidades reforzada por las interpretaciones de los cuatro músicos secundarios y guiada y magnificada por el supremo siervo de Bandua.

Con su visión arcana entrenada, reforzada por el poder prestado por cien agentes de la Cábala, Julián había podido ver la transformación que tenía lugar. Pronto el estadio sería un vacío, el foco de un alma atormentada.

Terminaba otra canción, una llamada «Te amaré siempre bajo las estrellas», letra herida, voz rasgada y doliente. Amaranth no había levantado la vista hasta el final.

Te amaré siempre,
Alza la mirada, amor
Las estrellas te contemplan
asesina de mis sueños
belleza de labios quebrados
hasta el fin del dolor.

Teo Yáñez cantaba apoyado en el pie del micrófono, susurró las últimas palabras. Levantó el rostro y la miró, a ella directamente, como si no hubiese nadie más en todo el estadio. Pese a la distancia, a la multitud y la oscuridad, el humo y las luces cruzadas, nada se cruzaba entre ellos. Amaranth temblaba, un reguero de lágrimas resbalaba por sus mejillas pálidas.

—Lo sabe. No, no puedo seguir, no…

Una vez más, Julián sintió que perdía el dominio sobre ella, más ahora que había sido descubierta. El vínculo se agrietaba, aquel cabrón sobre el escenario parecía ser demasiado fuerte, si la atraía de nuevo hacia sí, la operación se vendría abajo. Apretó los dientes, sintió dolor, la sangre resbaló desde la comisura de sus labios decolorados, un diente se partió. Sintió la nada gélida de la realidad de Teo tratando de horadar los límites de su mente, protegida por una pantalla psíquica que se agitaba por la tensión.

«Sabe quién soy y no le importa. Solo la quiere a ella»

Teo dejó de mirar y se acercó al piano. Saludó al público con la indolencia de una estrella malparida. Cleo le besó al pasar, hubo gritos obscenos, los demás siervos permanecieron atentos a las evoluciones de su líder, ya sentado frente al teclado. No iban a acompañarle en ese viaje, su misión ya estaba cumplida. Entonces el súper ego fue desencadenado, las primeras notas de «Viajero solitario» empezaron a sobrevolar el piano. Era una melodía sencilla, hermosa, triste como la última despedida. Pero no iba dirigida a nadie, solo a sí mismo, al autor, no importaba nadie más que él y su miseria.

—Ya viene —dijo Amaranth con un hilo de voz cascada.

Aunque detestaba la odiosa tarea, trataba de darle pistas a su compañero, algo que le permitiese atravesar el halo invisible de la realidad de Teo, ya presente en ciernes. Dejaba fluir hacia Julián su conocimiento y sentimientos acerca de Teo y los demás siervos, de aquel tiempo compartido. Un magister de la Cábala debería de poder sacar tajada, comprender los entresijos y rasgar aquello que se estaba fraguando. De lo contrario sería el fin.

Teo cantaba, Amaranth pudo contemplar apenas como los rostros de la gente de las cercanías empezaban a desvanecerse, a imbuirse de la canción, se dejaban acunar por la nana siniestra que los consumiría. También a ella, pero ya no le importaba. El magister gruñía por el esfuerzo.

—¡Hijo de perra! ¡Es muy…fuerte!

Julián parecía a punto de estallar. Brillaban las runas a través de la ropa, eran incluso visibles para todos ahora, pese a que ya a nadie le importaba. El magister pronunciaba rápidos versículos, los ojos en blanco buscaban senderos invisibles, la vida se le iba con cada jadeo de sufrimiento. Amaranth hizo un último intento por ayudarle, le rozó con los dedos.

En la mente de Julián se agolparon imágenes. Las cicatrices supurantes en el ama de Teo, los siervos dóciles a su alrededor, protegiéndolo, dos amantes entrelazados en el lecho, susurros bajo la lluvia, viajes hacia el atardecer, amaneceres negros como la noche. Dolor, compasión, vida corrompida, el nihilismo que todo lo consumía. La silueta de Amaranth en todo su esplendor, su amor la sostenía y la convertía en energía vital.

—Te lo he dado todo, he cumplido —dijo ella, su expresión era suplicante—, pero me lo prometiste. ¡Atrápalo, aprisiónalo, pero no lo dañes! Tenéis que curarle, protegerle de sí mismo.

El magister la miró, sintió remordimientos por primera vez en toda su existencia. La canción estaba en su recta final, no había tiempo, la gente se desplomaba y se dejaba ir hacia la no existencia. Estaba agotado, todo el poder de la Cábala no bastaba para someter a aquella intrusión de una realidad autodestructiva. Lo sabía desde un principio, no podía cumplir su promesa, hecha en el momento de crear el vínculo arcano para atar la lealtad de ella. Amaranth se dio cuenta y gritó.

—¡Me lo prometiste! ¡No le hagas daño!

La apartó con la mano, sin esfuerzo, a la muchacha ya no le quedaban energías para resistirse. Él murmuró de nuevo, pero esta vez no a ella. Alguien aguardaba en una posición resguardada del recinto, ajeno al drama, un profesional, un arma definitiva y profana, insultantemente material.

—Ktántas, después de mucho tiempo vuelves a ser necesario. Ésto me supera con creces —apenas podía respirar, sucumbía con rapidez pese a las runas protectoras—, apenas he conseguido debilitar las barreras, pero he logrado crear un conducto libre que puedes utilizar —la melancolía lo dominaba, era abrumador—. ¡Jesucristo, no puedo! ¿Puedes verlo? Si fallas tú, se acabó todo.

Una voz sibilante respondió desde la lejanía. El agente Ktántas disfrutaba con su posición de asesino supremo, último baluarte antes de la aniquilación. No se sabía si era hombre o mujer, a nadie le importaba.

—Lo veo. Está hecho, magister.

Durante dos latidos, la existencia se paralizó. El disparo fue silencioso, un fogonazo desde las alturas. Ktántas jamás había fallado, no tenía remordimientos, no se dejaba afectar por lo que allí estaba ocurriendo. Admitía la capacidad del magister pese a su fracaso, aunque sabía que en otro tiempo le habría despreciado. Sabía también era lamentable el sacrificio de aquella niña estúpida, el señuelo para hacer salir a la caza mayor. Su intelecto admiraba el poder de Teo Yáñez, pero le deseaba una muerte inmediata. El condicionamiento de Ktántas era extremo, desnaturalizado, le había convertido en un ente ajeno a la raza humana. Solo él podía resistir la llegada de Bandua sin sucumbir, seguía perteneciendo al mundo real en aquel estadio, casi inundado por la realidad de Teo Yáñez. Ya no había música, solo un tenue lamento.

El proyectil rúnico, bañado en poder, atravesó la frente de Teo. Durante unos instantes el joven permaneció en precario equilibrio, hasta que cayó de bruces sobre las teclas del piano. El tañido final ejerció de clave, la rendija ansiada de una puerta que vuelve a abrirse tras una eternidad en un sótano oscuro.

Muchos creyeron volver de un sueño pesado, uno en el que no eran nada ni nadie, jamás volverían a ser los mismos. Otros sentían tal dolor de espíritu que preferían morir, algunos no volvieron a salir del estadio. Un puñado, los más fuertes, lloraban y aceptaban su destino. Los siervos abandonados contemplaban alelados el cadáver de su líder, ignorantes todavía de la desaparición de Bandua.

Amaranth lloraba amargamente, desconsolada. Pese a todo, había sido una buena agente, sin ella no lo hubieran logrado. Julián le cubrió con delicadeza los temblorosos hombros con su chaqueta de cuero y la sacó a trompicones de aquel lugar. Se dijo a sí mismo que debía de protegerla, lo menos que le debía tras incumplir una promesa imposible. La Cábala encontraría la manera de aprovechar la valía de la muchacha, no dejarían extinguirse un recurso de semejante potencial, dejarían de lado sus carencias.

Arrastraba los pies hacia la salida, los porteros estaban en el suelo, confusos o inconscientes. Se sentía un poco más seguro de sí mismo ahora que se alejaba del núcleo de todo. Él se encargaría de hacerles ver lo positivo, que aquel apocalipsis evitado en el último minuto, merced a la brutal justicia de un asesino, había sido un toque de atención, un aviso de lo peligroso del exceso de confianza.

Atrajo hacia sí a la joven, una náyade sin su manantial. Podía percibir su dolor como algo físico, se preocupó por ella. Mientras salían por las puertas desiertas, Julián se dio cuenta que sus creencias se tambaleaban. Quizá, pese a todo su poder y conocimiento, no volvería a ser el mismo. Tampoco ella, la tierna Amaranth. Y Bandua aguardaba ahí fuera, en algún lugar.
Será el alma de Teo, no el ama. También he visto que falta una coma. Otra errata en lo de "sabía también era lamentable", frase mal construida.

La historia es algo enrrevesada, y en lo personal no me dice nada. Está bien escrito pese a esos fallos, pero claro, es mejorable
Pedazo de relato: bien escrito, original, bien llevado...
Esto es Pata Negra, señores. Enhorabuena, te auguro una posición inmejorable en el reto!
¡Metal y cábala! Buena combinación. Si ya hubiesen aparecido algún Brujah, Malkavian o Trémere, le pongo un 10 sin leer más.
Pues me ha gustado en general, la ambientación, lo que nos cuenta y el trasfondo que se intuye. Le he notado algunos trompicones en la lectura a causa de la puntuación, que es un mal menos. Lo que sí creo que se podría enfocar de otra forma la manera en que se han descrito los personajes, ya que no me ha llegado nada de ellos, a pesar de que se escribe sobre ellos. Me ha faltado "un mostrar más".
Buen trabajo.
Me ha gustado bastante la historia, recordándome ora los detectives clásicos del tipo Carnacki, ora el concepto de grupo o sociedad secreta de investigación que vemos en algunas series del tipo Almacén 13; por otro lado, veo dos clichés fuertes con eso de agente experimentado/agente novato, y lo de agente manteniendo una relación con el criminal. Por como se plantea la historia la segunda era prácticamente inevitable, supongo, aunque sería menos cliché (y haría mucho más temible a Teo) que no hubiera tal interés por su parte en salvarle y que fuera un simple trabajo, y aún así se sintiera con esa necesidad en el clímax; con respecto al otro cliché, jugaría más a favor del relato que Amarath, en lugar de una muchacha inexperta, fuera una agente madura, tan experimentada como el propio Julián: igual que antes, haría más aterrador el poder de Teo (quien llega a influir en alguien con tal habilidad) y nos ahorraría todo eso de pareja dispareja, que suele funcionar mejor en obras con vises cómicas.

He de decir que la construcción del relato es perfecta en lo que se refiere a estructura argumental: valdría como un capítulo de algo más largo (tal vez una novela acerca de Bandua), pero si se deja la historia aquí la historia está completa en sí misma (incluso si se hacen relatos de otros casos sin relación o de otros agentes).

Sobre la narración, me ha gustado bastante, las descripciones logran introducirte en el ambiente, aunque hacia el final el relato cojea notando una falta de ellas, haciendo que uno pierda la visión de lo que ocurre a toda ese público hasta llegar a la culminación del relato.
Mira, que sois pesados con lo de los personajes o las descripciones, no hace falta saber la talla de sostén que gasta la chica, joder!
Y las descripciones, pues tiene las que se necesitan, ni más ni menos. Que luego nos quejamos de que se hacen pesados.
Darle un poco a la imaginación, leche!!
(18/04/2019 11:58 AM)Sashka escribió: [ -> ]Mira, que sois pesados con lo de los personajes o las descripciones,  no hace falta saber la talla de sostén  que gasta la chica, joder!
Y las descripciones,  pues tiene  las que se necesitan,  ni más  ni menos.  Que luego nos  quejamos de que se hacen  pesados.
Darle un poco a la imaginación,  leche!!

«Sobre la narración, me ha gustado bastante, las descripciones logran introducirte en el ambiente»

[Imagen: giphy.webp]
Bien hecho, autor/a, has escrito un buen relato. Conmigo no va todo ese rollo que tanto parece gustarle a Celembor, pero aún así es interesante. Eso, por supuesto no quita que el argumento tenga cosas mejorables, en especial la labor de la chica, que por lo que sentí no hizo nada. El trasfondo pudo dar más de si, pero es entendíble por el límite de palabras. Hay algunas erratas menores, con mayúsculas y palabras faltantes. Las descripciones están, pero no llaman la atención y son algo así como poco literarias para mi gusto. Los personajes son simples y fáciles de comprender, eso en este caso es bueno.
Buen trabajo y buena suerte!
(18/04/2019 12:14 PM)JPQueirozPerez escribió: [ -> ]
(18/04/2019 11:58 AM)Sashka escribió: [ -> ]Mira, que sois pesados con lo de los personajes o las descripciones,  no hace falta saber la talla de sostén  que gasta la chica, joder!
Y las descripciones,  pues tiene  las que se necesitan,  ni más  ni menos.  Que luego nos  quejamos de que se hacen  pesados.
Darle un poco a la imaginación,  leche!!

«Sobre la narración, me ha gustado bastante, las descripciones logran introducirte en el ambiente»

[

[Imagen: u2s72p2hyj6z.png]

No iba por tí, hermoso...
(18/04/2019 06:21 PM)Sashka escribió: [ -> ]No iba por tí, hermoso...

Teniendo en cuenta que el otro día te quejabas de que ya no debatimos...

[Imagen: giphy.gif]
Páginas: 1 2