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Versión completa: Tu objetivo, tu ley, tu excepción
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Muchos en este foro han decidido coger los lápices y los teclados para empezar a escribir algo interesante para los demás o para sí mismos. Eso, en sí mismo, es encomiable.
Sin embargo, cuando alguien lleva bastantes años creando sus propias historias y echando mano a otros relatos tanto para su disfrute como para aprendizaje, uno acaba estableciendo una serie de conceptos muy internalizados.
Un objetivo: ¿Qué es lo que quieres mostrar al mundo? ¿Qué quieres gritarte a ti mismo? ¿Qué deseas ilustrar de forma única y personal?
Una ley: Uno puede seguir un arquetipo estilístico (la literatura noir tiene una forma de expresión muy particular, por ejemplo), o una serie de prohibiciones personales (si a alguien no le gusta el romance, puede prohibirse el escribir tales ficciones) o, sencillamente, elegir una forma específica de expresarse ("a partir de ahora, mis relatos serán puro diálogo, sin acotaciones narrativas, como que me llamo Ruflesio III, El bigotes"). La cuestión  es que el autor pasa a ser fiel a unas formas que considera propias.
Una excepción: Por supuesto, nadie es tan inflexible como para mantener un objetivo toda la vida o seguir unas leyes tan tajantemente que limite su creatividad a unas pocas formas. Aquí es donde entran las excepciones.

Así pues, escritores que os consideréis veteranos, ¿cuál es vuestro objetivo? ¿Vuestra ley? ¿Y la excepción?

Mi objetivo: Quiero seguir un patrón literario similar al de la fantasía clásica. La "fantasía" es la "rotura inesperada de la realidad". No tiene que ser algo tan brusco como aparecer en un mundo diferente. Si algo que ha enseñado leer la obra de María Gripe, es que la fantasía puede ser deliciosamente sutil e integrada en nuestra vida diaria en pequeñísimos detalles que hacen de todo más delicioso de vivir. O más terrorífico si nos acercamos a la fantasía del siglo XIX. ¿Quieres hacerlo con extrañas criaturas? Siempre y cuando tenga nuestra realidad al alcance, ya sea en la narración, ya en su simbología, así sea. Tiene que haber un antes y un después de esa fantasía. Y en esa rotura, algo ha de cambiar dramáticamente, sea para bien o para mal.
Bastian regresó cambiado de Fantasía.
Y todos aquellos que vieron a Cthulhu en persona comprendieron su insignificante papel en el universo.

Mi ley: Ya no recurro tanto a la violencia. Sí, considero que el conflicto es necesario, pero reniego de la violencia para su solución. Incluso si se acaba usando ésta para resolver el problema, dejo bien claro por el camino que nunca debería haber terminado así, que hubo decenas de oportunidades de terminar la historia si alguien sencillamente se hubiera sentado, hablado y escuchado. Reniego de historias en las que la guerra es el centro de todo, como problema y como solución.
Y, al mismo nivel, no recurro al amor como fuerza que mueve las relaciones interpersonales. Me cansa que la gente pase de indiferencia a amor absoluto en el transcurso de cuatro páginas. Oh, me encanta el sexo bien narrado. No me importa que haya demostraciones de afecto. Tampoco me importa que alguien tenga a alguien favorito: eso es perfectamente natural. Sin embargo, ¿por qué hay veces que me parece que los soldados van a la guerra para ligar? No.
Existe la amistad, existe la lealtad, existe el respeto, existe la fidelidad... muchas alternativas para el tradicional romance. Pero eso sería complicado de escribir, ¿verdad?

Mi excepción: No puedo ignorar los hechos culturales, así como los hechos sociales. La guerra acabará empezando, diga lo que diga y unas personas acabarán embobadas por otras, hoy y mañana. Y cuando eso ocurre, en fin, qué le voy a hacer: voy a escribir la palabra "guerra" y la palabra "enamorados". No soy un pacifista que piensa que siempre hay alternativas al conflicto violento ni un amargado que reniega del amor.
Pero, no lo olvidemos, esto es mi excepción.

¿Cuáles son vuestros objetivos? ¿Cuáles son vuestras leyes? ¿Y vuestras excepciones?
No soy, ni mucho menos, un "escritor veterano", pero hay en las historias que he escrito ya elementos comunes que quiero mantener. Así pues, responderé en mi caso a esas tres preguntas. 
Objetivo: Siempre he pensado que la fantasia es a la vida lo que el cambio de plano al sistema diedrico. Para quien no sepa de dibujo técnico, un cambio de plano es otra forma de ver la figura, una nueva perspectiva, que ayuda a solucionar el problema. La fantasía, desde la ficción, ilustra y enseña sobre la realidad. Ese es mi objetivo. Plantear problemas mediante la magia que, realmente, están en nuestra vida real. Y, a través de la historia, llegar a una conclusión. 
Leyes: No me gustan los protagonistas perfectos. Cuando empecé a escribir, me acercaba más a una literatura utópica, donde los buenos eran buenísimos y los malos, malísimos. Ahora, sin embargo, me inclino más por los complejos. Mis personajes dudan de si mismos, de sus decisiones, y sienten cómo arde su conciencia cuando se equivocan. Intento así plantear dilemas personales para llegar a una solución. 
La religión. Es un elemento poco común en la fantasia, sólo escritores como Sanderson y algunos más se han atrevido a afrontarlo. Lo considero un error, pues, siendo algo tan importante rn el mundo real, ¿por que no iba a ser relevante en la ficcion? 
El amor, siempre presente. No sólo por su valor sentimental, sino como apoyo emocional a los personajes. Les ayuda a tener esperanza. 
Exvepcion: En ocasiones, para mostrar cual es el camino más correcto, uso esos personajes perfectos. Porque en la vida real, a veces, también los encontramos.
Una idea interesante, aunque nunca me había planteado algo así, vamos a ver qué sale:

Un objetivo: Crear un mundo coherente y cohesionado, en lo que todo tenga una relación aunque sea indirecta y que permita crear nuevas historias basadas en personajes, hechos o lugares que hayan sido mencionados en otros textos.

Leyes: Salirme de mi zona de confort, escribiendo diferentes estilos o géneros (fantasía oscura, erótica...). También, al menos en lo que respecta a la fantasía más tradicional, procuro trabajar en un universo muy concreto.

Excepción: Obviando los textos de terror o fantasía urbana por razones evidentes, diría que una excepción a la ley anterior es haber pensado (que no escrito) historias en mundos de fantasía diferente, lo que en parte cumpliría con lo de salir de mi zona de confort...
Vaya, creo que no soy como escritora ni la mitad de profunda que vosotros, pero aún así lo voy a intentar porque me resulta un ejercicio de autoconocimiento interesante.

Un objetivo: Contar historias, y si de paso llegan al lector de manera personal, mejor. Siempre ha sido mi objetivo, hasta cuando no sabía leer o escribir contaba historias, así que es innato en mí.

Una ley: Creo que la única que tengo es que el final sea real, aunque para eso no tenga que ser feliz. No soy de finales felices ni mucho menos, pero si veo plausible que el protagonista pueda conseguirlo, entonces tendrá un final feliz, pero si veo que es totalmente imposible que esto acabe bien, pues no lo hará. Escribo de todo y para mí lo importante son las historias, no abarco un género concreto ni hago ascos a otro, si hay una buena historia detrás que quiero contar, me lanzo a por ello.

Una excepción: Aunque haya una buena historia detrás, dudo mucho que escriba algo con una fuerte carga histórica. Me gusta la historia pero todo el trabajo de investigación que hay que hacer para escribir algo históricamente coherente me resulta agotador y me haría dejar la novela.
(14/04/2020 04:39 PM)Inmarsupilami escribió: [ -> ]Vaya, creo que no soy como escritora ni la mitad de profunda que vosotros, pero aún así lo voy a intentar porque me resulta un ejercicio de autoconocimiento interesante.

Un objetivo: Contar historias, y si de paso llegan al lector de manera personal, mejor. Siempre ha sido mi objetivo, hasta cuando no sabía leer o escribir contaba historias, así que es innato en mí.

Una ley: Creo que la única que tengo es que el final sea real, aunque para eso no tenga que ser feliz. No soy de finales felices ni mucho menos, pero si veo plausible que el protagonista pueda conseguirlo, entonces tendrá un final feliz, pero si veo que es totalmente imposible que esto acabe bien, pues no lo hará. Escribo de todo y para mí lo importante son las historias, no abarco un género concreto ni hago ascos a otro, si hay una buena historia detrás que quiero contar, me lanzo a por ello.

Una excepción: Aunque haya una buena historia detrás, dudo mucho que escriba algo con una fuerte carga histórica. Me gusta la historia pero todo el trabajo de investigación que hay que hacer para escribir algo históricamente coherente me resulta agotador y me haría dejar la novela.

No importa que no seas profunda mientras seas escritora. ¿Escribes? Si es sí, eres escritora. ¿Eres profunda? Llegarás a ese punto más pronto o más tarde. Yo he leído bastantes historias como para cansarme de algunos mecanismos argumentales, de ahí que intente profundizar. Tú no has llegado a ese punto todavía, por eso puedes crear sin que tu cabeza imponga otros caminos.

Dale duro ^_^
(14/04/2020 07:12 PM)JeshuaMorbus escribió: [ -> ]
(14/04/2020 04:39 PM)Inmarsupilami escribió: [ -> ]Vaya, creo que no soy como escritora ni la mitad de profunda que vosotros, pero aún así lo voy a intentar porque me resulta un ejercicio de autoconocimiento interesante.

Un objetivo: Contar historias, y si de paso llegan al lector de manera personal, mejor. Siempre ha sido mi objetivo, hasta cuando no sabía leer o escribir contaba historias, así que es innato en mí.

Una ley: Creo que la única que tengo es que el final sea real, aunque para eso no tenga que ser feliz. No soy de finales felices ni mucho menos, pero si veo plausible que el protagonista pueda conseguirlo, entonces tendrá un final feliz, pero si veo que es totalmente imposible que esto acabe bien, pues no lo hará. Escribo de todo y para mí lo importante son las historias, no abarco un género concreto ni hago ascos a otro, si hay una buena historia detrás que quiero contar, me lanzo a por ello.

Una excepción: Aunque haya una buena historia detrás, dudo mucho que escriba algo con una fuerte carga histórica. Me gusta la historia pero todo el trabajo de investigación que hay que hacer para escribir algo históricamente coherente me resulta agotador y me haría dejar la novela.

No importa que no seas profunda mientras seas escritora. ¿Escribes? Si es sí, eres escritora. ¿Eres profunda? Llegarás a ese punto más pronto o más tarde. Yo he leído bastantes historias como para cansarme de algunos mecanismos argumentales, de ahí que intente profundizar. Tú no has llegado a ese punto todavía, por eso puedes crear sin que tu cabeza imponga otros caminos.

Dale duro ^_^


Gracias! Me refería a que nunca me había planteado esas cuestiones como escritora y he tenido que pensarlas jajaja Quiero creer que mis novelas tienen cierta profundidad, aunque claro igual yo no soy objetiva porque son precisamente mías. El tiempo dirá. ^^
Interesante planteamiento, Jeshua. No distingo muy bien entre objetivo, ley y excepción, según mi perspectiva van unidos, pero voy a intentarlo.

El mayor objetivo de mi escritura, pienso, es traerle vida al mundo de Háreka con cada vez más historias, conceptos y personajes con sus propias vidas, ideales, religiones, manías y carácteres. ¡Y también traerle caos! en honor a mi apodo Smile

Ley: entretenimiento, mío y de los lectores. Aplicando esta, sólo escribo cosas que me gustan, a mi ritmo y sin presiones. Por eso intento variar siempre y optar por perspectivas diferentes de mis protagonistas para cada nueva saga. Dejo de lado todo lo que no me agrada y un poco como tú, Jeshua, me alejo de la violencia gratuita: prefiero un mundo más positivo y verosímil (que no realista) con soluciones más razonables. Mis finales siempre son felices: en eso no hay excepciones.

Excepción: Antaño me daba por practicar estilos nuevos, como imitar a James Joyce, o a Unamuno o así, pero era porque me entretenía, así que supongo que no fue ninguna excepción ^^