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Versión completa: Las Maravillas de la Ciencia Moderna (una visión decimonónica sobre freaks)
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Nota: Esta es una versión resumida de un artículo publicado en mi blog

Un saludo a todos, existe un curioso artículo periodístico de finales del XIX que comparte título con este texto —The Wonders of Modern Science en inglés—. El artículo en cuestión trata sobre diferentes fenómenos humanos (en el sentido correspondiente al inglés freaks), que presuntamente existieron.

Lo más interesante de su autor, Charles Lotin Hildreth, es que además de periodista, era un escritor de ficción. Por tanto, su artículo puede resultar extremadamente interesante para el autor (en especial de fantasía).

El texto empieza nombrando supuestos informes de la Royal Scientific Society publicados durante ese siglo acerca de diferentes de estos considerados fenómenos. Sin embargo, como bien comenta Natanael del canal brasileño Fábrica de Noobs, en su vídeo desmontando el mito de Edward Mordake —probablemente el más famoso de los casos citados por Charles Lotin—, ni siquiera existía una sociedad científica con ese nombre exacto (actualmente existe una fundada en 1970 en Jordania).

Pero vamos a obviar el hecho de que los casos son, como mínimo, exagerados, así como obviaremos también el sensacionalismo del texto, y consideraremos esto como parte del folklore decimonónico, igual que en la antigüedad existían mitos sobre cinocéfalos. De dicha forma, como ya he comentado, ese texto resulta un recurso interesante para que los escritores tomen inspiración para el trabajo de worldbuilding.

Sin embargo, aprovecharé también para divulgar ciertos aspectos científicos por detrás de estas inusuales características que nos son presentadas.


Los casos


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El primero de los casos mencionados es el de la mujer pez de Lincoln. Se trataba presuntamente de una mujer que «mientras ella tenía el aspecto de una chica joven de veinte años en todas sus partes superiores, sus dos piernas, desde las caderas hacia abajo, estaban aplastadas, cubiertas con escamas brillantes y terminadas en las más exactas colas de pescado. En la parte posterior de cada pata había una gran aleta móvil, como un gran pez marino. En lugar de pies había grandes colas de pescado ramificadas. No podía caminar, pero gateaba con un movimiento lento de arrastre».

Las historias sobre sirenas son tan viejas como el mundo y podemos encontrarlas en diversas culturas; si dejamos de lado la mitología grecorromana, podemos encontrar a la deidad del vudú Mami Wata o dentro del folclore tupí a Ipupiara y a Iara o la, relativamente reciente, leyenda cántabra del hombre pez de Liérganes.

Una explicación para todos esos mitos —incluyendo a la mujer pez de Lincoln— es la ictiosis, enfermedad cutánea que da a la piel un aspecto escamoso.

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Acto seguido nos trae el caso de un supuesto hombre cangrejo. Una criatura humana en cuanto a cabeza y tronco, con brazos normales hasta el codo de donde salían «enormes pinzas armadas con dientes en un caparazón verdoso de gran espesor». No habían piernas, sino que donde deberían estar «habían unas monstruosas tenazas o pinzas de cangrejo».

Probablemente, lo más triste de este caso es que este freak se trataba de un pequeño niño que falleció a los cinco años, y si su vida con esa condición no hubiera resultado lo bastante miserable, el clérigo del pueblo le denegó un entierro cristiano en camposanto por considerar que era «de la prole del Diablo y no un niño humano».

Este caso resulta especialmente interesante debido a que tenemos un caso tan cercano como el de Grady Stiles Jr. (más conocido como Lobster Boy), cuya vida fue lo bastante llamativa para llegar ser la inspiración del personaje retratado por Evan Peters en American Horror Story: Freak Show; desde espectáculos de variedades hasta asesinatos (incluyendo el suyo propio), pasando por maltratos a su familia.

Pero Grady Jr. además resulta un ejemplo de que el hombre cangrejo que menciona Hildreth pudo existir, aunque por supuesto, de forma mucho menos fantástica, sino que se trataría niño afectado por ectrodactilia como le ocurriera a Lobster Boy; dicha malformación congénita da a manos y pies ese aspecto propio de pinzas.

[Imagen: screenshot_2020-03-28-8-dec-1895-page-20....png?w=309]

Por último, tenemos el caso de Edward Mordake. Supuestamente, un heredero de una de las familias más nobles de Inglaterra, aunque nunca reclamó el título, y se suicidó a los veintitrés años. Vivió en completa reclusión, rechazando incluso visita de familiares. Era un hombre de buenos logros, un profundo erudito y un músico con una habilidad excepcional.

Pero en la parte posterior de su cráneo se hallaba una segunda cara, esta de una hermosa chica «encantadora como un sueño, horrible como un demonio». Aunque ocupaba solo una pequeña porción del cráneo, exhibía todos los signos de inteligencia; sonreía cuando Mordake lloraba, los ojos seguían el movimiento del espectador y los labios balbuceaban sin cesar. La voz no era audible, pero Edward afirmaba que era mantenido despierto toda la noche por los odiosos susurros de su «gemela diabólica», como la llamaba, «quien nunca duerme pero me habla siempre de cosas de las que solo hablan en el infierno, ninguna imaginación puede concebir las terribles tentaciones que pone ante mí. Por alguna maldad implacable de mis antepasados, estoy unido a este demonio, por un demonio seguramente». Como último pedido, demandaría que esa faz demoníaca fuera destruída antes de su entierro, y que él fuera enterrado en un basurero, sin lápida o grabados para marcar su tumba.

Si bien Edward Mordake es una leyenda urbana decimonónica, no lo es el craniopagus parasitus, una malformación en la que en la división de embriones, uno de los fetos no se forma completamente y al pegarse a la cabeza de su gemelo solo desarrolla la cabeza. Pero esto es una malformación muy extraña, contando con solo tres casos registrados en la historia —cuatro si se considera a Pascual Piñón, «el mexicano de dos caras», aunque en su caso la segunda cara no salía de su coronilla como ocurre con los parásitos craneales—.


Versión completa del artículo: https://jpqueirozperez.wordpress.com/202...-hildreth/