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Versión completa: Reto Pri20: SRE-387-RUST
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Era el día de suerte del capitán Lawrence. Fue encargado de llevar un paquete desde la base de operaciones de Awmol; una colonia espacial, situada cerca del planeta ERW-455-ELV. Este planeta se caracteriza por estar compuesto, en su mayoría, por secciones repletas de bosque y, más que nada, por sus peculiares habitantes. Parecían similares a los míticos elfos de las historias terrícolas, planeta de procedencia de Lawrence; he ahí la razón por la que los terrestres les llaman así.
Por esta misión, Lawrence sería acompañado por una “elfa”, llamada Sawlki. Ella se encargaría de mantener un ojo sobre el transportista. Unos cuantos hombres metieron el cargamento: una turbina de propulsión del vacío, necesaria para alcanzar velocidades apropiadas para la teletransportación. Esto facilitaría el viaje entre varias galaxias lejanas. Lawrence ya era reconocido por su fiabilidad en completar las entregas y por su habilidad para el combate espacial. Más Sawlki quería ver el caballero era de confianza.
— ¡Listo! —Comentó uno de los que cargaron la turbina y salió a verse con Lawrence. Un joven caballero en la cumbre de su edad media, barba y bigote rebajado, bien fornido y erguido.
—Gracias.
Ahí fue cuando llegó la elfa. Lawrence volteó a verla. Los ojos del caballero se quedaron incrédulos ante esa imagen femenina. Era exactamente similar a aquellas historias de fantasía con las que creció de niño. Una dama de piel muy rosada, cabello largo y verdoso, ojos rojos y afilados. Y, más que nada, unas orejas largas y puntiagudas.
— ¿Todo en orden, señor Hall?
Lawrence no respondió, por unos segundos. Aún no creía que lo que tenía en frente de él era uno de esos seres míticos que tanto había leído, en el pasado. ¿Cómo iba a pensar que vivían en otro planeta, antes de ese momento? Más debía mantener la compostura. El transportista sacudió su cabeza y se acomodó los anteojos.
—Estamos listos para irnos, señorita Sawlki.
La elfa asintió con un rostro austero. Sus ropajes eran igual de formales y protocolarios que los de una administradora. En cualquier otra situación, ella vestiría con su vestimenta nativa. Pero, en esta situación en que interactuaría con un terrícola, prefirió vestir más acorde a lo que usaría una humana. Eso no se podría decir sobre Lawrence, quien vestía con una chaqueta de cuero y unos pantalones de mezclilla.
—Muy bien… andando.
Después de comentar esto, Lawrence asintió y ambos entraron a la nave del transportista. El caballero se metió en la cabina y prendió los motores, listo para tomar rumbo al planeta SRE-387-RUST. Ahí sería donde entregarían el motor a un grupo de ingenieros. Les tomará llegar un mes terrestre a llegar a dicho planeta. El resultado de esta asignación determinaría el futuro de los viajes interestelares.
Horas después de que emprendieran camino a RUST, Lawrence se sintió cansado y le pesaron los ojos. Si continuaba así, se caería dormido sobre el volante. Prendió el piloto automático y se retiró del cuarto, para ir a su recámara a descansar. Ordron, nombre con el que el padre de Lawrence bautizó a la nave, fue un regalo de parte de él a su hijo, cuando se graduó en ingeniería robótica, hace unos años atrás, cuando aún vivía en la Tierra. Cuando aún tenía el deseo de encontrar ese mundo de fantasía, repleto de duendes, hadas y dragones, con el que tanto había crecido. Antes de ese día, jamás pensó que esos seres existían en otro planeta.
El caballero pasó por uno de los pasillos de la nave, donde Sawlki se hospedaba. La puerta quedó entre abierta. Fue ahí cuando la miró de reojo. La elfa se desvestía del otro lado. Lawrence se detuvo. Pese a que era su supervisora de esta misión, el transportista se vio tentado a ver a través de la pequeña abertura, teniendo cuidado de no hacer mucho ruido. Solo pensaba que tanto era que esos elfos espaciales se parecían a los humanos.
Al asomarse por la ranura, notó con más detalle aquel cuerpo élfico femenino. Notó las suaves curvaturas que se acentuaban en sus pechos y sus caderas, el destello rosado que deslumbraba sobre esa piel tan tersa. Esa figura mítica con la que creció era tan hermosa como en aquellas imágenes que había visto, cuando vivía en la Tierra. Lawrence quería entrar, cuando de pronto Sawlki volteó su mirada hacia la puerta.
Lawrence se apartó de la puerta y continuó con su camino, ruborizado como una fresa. “¿¡Cómo se me ocurre hacer eso!? ¡Ella es mi supervisora! Aunque… es divina…” El transportista sacudió su cabeza y refunfuñó entre dientes, ante esos pensamientos. Sawlki abrió la puerta y observó al caballero trotar por el pasillo. Solo sonrió un poco y prefirió no hablarle. Esa misma “noche”, no reconcilió el sueño. Aún se imaginaba esa figura élfica, impregnada en carbón. Solo se preguntó si era tan cálida y suave como se veía. Pero debía resistirse. Iba a ser difícil, tomando en cuenta que pasaría un mes terrestre junto con ella.
Al “día” siguiente, después de que ambos se levantaran, Lawrence sirvió desayuno para los dos. No supo que darle de comer a Sawlki, al principio. Desconocía que tan distinta era la dieta habitual de un elfo a la de un humano. Capaz de que, si le servía el platillo equivocado, la mataría por envenenamiento. La elfa comentó que ya ha comido alimentos terrícolas antes, por lo que no habría problema. “Qué alivio”, fue lo que pensó el transportista, al escuchar este comentario.
Lawrence hizo unos “hot cakes” con miel de arce y jalea de zarzamora, para los dos. Sawlki los comió sin chistar. Durante el desayuno, los dos conversaron un poco sobre sus vidas. Lawrence le comentó sobre sus años en la carrera de robótica y cuando era niño. Pero cuando le tocó a la elfa el relatar sobre su pasado, se calló. Casi como si no deseando hablar sobre ese tema. En esa misma conversación, Sawlki frotó su pie con la entrepierna del caballero, como queriendo coquetearle.
Lawrence se sonrojó nuevamente. No supo cómo responderle. Era cierto que se sentía atraída hacia el cuerpo de la elfa, más quería mantener todo estrictamente como una relación de negocios. Además, “¿Cómo es que un humano y un elfo pueden sostener una relación de ese tipo?”. Fue lo único que el transportista se dijo a sí mismo. “Seré pendejo por pensar en que dos personas de especies distintas pueden sentir algo la una por la otra.” Al terminar de comer, el caballero se levantó de la mesa y salió con rumbo a la cabina del piloto, lo antes posible. Sawlki agachó su cabeza y se entristeció.
Y así fue como pasaron las semanas dentro de Ordron. Solo paraban el viaje para descansar y comprar provisiones. Las situaciones donde Sawlki se aproximaba de manera sugestiva se repitieron más y más. Ya se trate de que la elfa necesite ayuda a cargar algo y, cuando Lawrence la asistía, rosara su cuerpo con el del transportista, o con las caricias por debajo de la mesa. Esta osadía, eventualmente, hizo que el caballero flaqueara. Ya no le importaba si eran de especies y planetas diferentes.
Fueron más las noches que Lawrence pasó en vela, pensando en aquel cuerpo élfico que lo ponía tan cachondo. Cada que se masturbaba, solo visualizaba cómo era que la elfa le chupaba la punta de su miembro y lamía el orificio del pene con su lengua. Solo podía pensar en el aroma y la textura de su vulva, qué tan rosada era y cómo sabía. Quería olfatear ese cuello tan tenue y lánguido de Sawlki, hendir sus dientes y sus uñas sobre la carne de los pechos de la elfa. Más debía comportarse. Era su cliente, después de todo. Poco sospechaba que ese momento se avecinaba, más pronto de lo que se percataba…
Ya casi llegaban a RUST. Estaban a solo unos cuantos días terrestres de distancia. Si Lawrence aguantaba un poco más de tiempo, completaría su encargo y ya no tendría razón para frecuentar a la elfa. Más Sawlki tenía un último as bajo la manga; uno que le garantizaría que el transportista cediera ante ella.
Sawlki se encontraba en su recámara, solo vistiendo un poco de lencería y un ligero. Al lado de su cama se localizaba un libro que en élfico decía “Manual Para Seducir a un Terrícola.” Había llamado a Lawrence para que la “ayudara a vestirse”. Solo podía esperar a que el caballero cayera en su juego.
Ahí fue cuando se escuchó a Lawrence tocar la puerta.
— ¿Puedo pasar? —comentó el caballero. Sawlki solo sonrió pícaramente.
—Adelante.
Lawrence entró al cuarto y se topó con la misma situación del primer día. Una llamarada se disparó en el pecho del transportista.
— ¿Me ayudas a vestirme? —Dijo la elfa. —Esto me aprieta un poco.
Lawrence quiso retirarse de ahí, lo antes posible. Pero asintió la cabeza y la ayudó dudosamente. “Si me apresuro, no tendré que lidiar con este asunto”, fue lo que pensó.
Sawlki dejó que su compañero se acercara a ella y le tomó de las manos, para guiarlo al liguero. Lawrence se ruborizó aún más al sentir el calor y la suavidad de la piel de la elfa. Era tal y como se la imaginaba que le parecía aterrador, casi como una advertencia. El caballero se apuró a enganchar las medias con la liga, cuando de pronto Sawlki deslizó esas ásperas manos sobre sus glúteos. Se mostró fría, más por dentro deseaba a que Lawrence cediera. El transportista se mordió el labio inferior.
— ¿Por qué haces esto? —Preguntó el muchacho. Sawlki solo ladeó la cabeza, como no entendiendo lo que le dijo.
—Porque necesito ayuda con el liguero. Por eso.
Lawrence desvió la mirada, meditabundo.
—Me refiero a lo del coqueteo… ¿No se te hace poco profesional el flirtear con un empleado?
Sawlki solo le sonrió pícaramente y lo abrazó.
—Siempre quise hacerlo con un terrícola.
Los ojos de Lawrence se abrieron rotundamente al oír este comentario. Después de todo el tiempo que ha invertido en leer historias de Fantasía, el caballero se hizo a la idea de que los elfos sentían asco de los humanos y que era poco probable de que intimarían.
— ¿Pero por qué? —Volvió a preguntar. Sawlki solo ladeó la cabeza y se notó melancólica.
—Escuché sobre los “rituales de apareamiento” de tu especie y suenan muchísimo más interesantes que los de ELV.
Lawrence se ruborizó más fuerte y levantó la ceja al oír este comentario.
—Explícate.
Sawlki infló las mejillas, como si se tratase de una niña haciendo pucheros.
—Tener sexo en ELV es tan aburrido. Siempre es ponerse las “batas ceremoniales blancas”, me acuesto, el varón me la mete y ya. Es tan protocolario que me repugna.
El caballero levantó la ceja, al escuchar las palabras de la elfa. Solo pudo pensar en lo extrañamente monótono que sería hacer el amor, si hubiera nacido en ELV.
— ¿Qué es exactamente lo que quieres de mí?
Sawlki se abrazó de Lawrence, con más fuerza.
—Quiero que me enseñes a aparearme, como lo harías con una hembra terrícola.
Lawrence tragó saliva y mantuvo su rostro en blanco. Por más de tres semanas, ha tenido que aguantarse los cortejos de la elfa. Ahora que Sawlki mostró sus verdaderas intenciones, no podía contenerse más. Ahí fue cuando finalmente cedió ante aquellos labios de durazno. Eran tan suaves y refrescantes, tal como se los había imaginado. Quería más; quería destazarlos a mordidas y saborear ese néctar de la boca de la elfa, a punta de lengüetazos. Más Sawlki no respondió. No supo cómo responder. El simple hecho de besar a alguien le parecía tan alienígena que prefirió mantenerse quieta. Cuando Lawrence se percató de la disidía de su compañera, separó su rostro del de ella y se detuvo.
— ¿Qué fue eso? —preguntó Sawlki. El transportista se quedó perplejo ante la falta de familiaridad de la elfa hacia un beso.
—Es un beso. Es una manera en cómo es que se demuestra afecto, en la Tierra, entre “compañeros de apareamiento”.
Sawlki solo ladeó la cabeza. Era evidente que no comprendía bien el por qué dos humanos harían eso.
— ¿Pero por qué?
Lawrence se quedó callado al oír este comentario. No supo cómo responder. Antes de que Sawlki se lo preguntara, jamás se cuestionó el por qué es que dos amantes se besarían. Para él, el besar era tan normal como comer y dormir.
—No… no lo sé. Solo pensé instintivamente que se sentía bien besar a alguien…
Si bien Sawlki no entendía bien el concepto de mostrar afecto a través de un beso, ese cosquilleo que sus labios sintieron le agradó.
— ¿Me enseñas a besar?
Al escuchar esto, Lawrence se ruborizó y asintió con la cabeza, con una mirada boba.
— ¡Por supuesto! Es muy simple. Cuando peguemos nuestros labios, intenta abrirlos y mete la lengua dentro de mi boca.
Sawlki solo asintió y los dos se besaron nuevamente. Ahí fue cuando la elfa procedió a realizar la orden de Lawrence y sus lenguas se encontraron. Un golpe de suave frescura golpeó el interior de la boca del caballero. Era tal y como lo había imaginado, después de tantos años de leer sus historias favoritas que, por un momento, en verdad pensó que estaba soñando. Sawlki casi soltó una risita al sentir la húmeda fricción de ambas lenguas. “No sabía que semejante acto se sintiera tan bien”, fue lo que pensó la elfa. No pasó mucho tiempo antes de que separaran sus bocas, enlazadas solo por un pequeño hilo cristalino.
— ¿Qué sigue? —comentó Sawlki, con una sonrisa radiante.
—Quítate la ropa. Te enseñaré a masturbarte.
La elfa no comprendió muy bien esta petición, más procedió a desvestirse lo antes posible. Cuando Sawlki se desnudó, Lawrence contempló aquel cuerpo élfico a más detalle. Era exactamente igual al de una mujer que, por un momento pensó que era una trampa. Obviamente que el tono de piel de la elfa era muchísimo más rosado que el de una humana, claro está. Pero eso no le importaba. Le encantaba ver esos pechos grandes y erguidos, esa cintura de botella y esas caderas anchas.
— ¿Ahora qué? —preguntó Sawlki. Lawrence solo se relamió los labios y sonrió pícaramente.
—Permíteme demostrarte como auto-complacerte.
Entonces, el transportista movió su mano derecha entre las piernas de la elfa, mientras que su siniestra tomó uno de los senos de Sawlki y lo apretó tan fuerte como le fuese posible. Sawlki entró en pánico al ver esta acción del caballero.
— ¿Qué haces?
Lawrence volteó a mirarla y levantó la ceja.
—Voy a darte placer. Así de simple.
— ¿Pero por qué me acaricias los pechos y la vagina? Si los senos solo son para alimentar a los recién nacidos…
Sawlki se encogió de la incertidumbre. Toda su vida, jamás pensó en la idea de acariciar sus partes íntimas, como manera de excitación sexual. Todos esos años dentro de ELV la volvió inepta a esa posibilidad. Algo que, para Lawrence, le parecía tan normal y esencial, como respirar.
—Los terrícolas hacemos esto para exaltarnos sexualmente. Esto vuelve tu cuerpo más sensible al tacto y así se disfruta más el “aparearse”.
La elfa se notó aún más confundida por la explicación del caballero. Todo ese concepto de darse placer le parecía tan ajeno que no sabía si creerle. Pero, ahora que accedió a hacer esto, no era el momento para echarse atrás.
—Está bien, Lawrence. Haga lo que usted quiera. Enséñeme a dar placer a mi cuerpo.
Sawlki volvió lánguido su cuerpo y dejó “trabajar” al transportista. Al oír estas palabras, Lawrence asintió y, lentamente, sus dedos frotaron la vulva y el pezón de la elfa. El cutis alrededor de los labios vaginales que Lawrence sentía era tan tersa que parecía seda rosada. Quería clavar su rostro sobre esos labios, más debía ir más lento para no espantar a su compañera.
Entonces, Lawrence se adentró lentamente en la vagina de la elfa y jaló el pezón. El transportista se sorprendió ante la calidez y la suavidad de los muros de la elfa. “Para alguien quien dice haberse ‘apareado’, no se ve tan mal”, fue lo primero que pensó Lawrence, mientras metía sus dedos más adentro. Fue ahí cuando un golpe de calor y un cosquilleo circularon por el pecho de Sawlki. Sin que se percatara, la respiración de la elfa se disparó, su cara se sonrojó y empezó a gemir. “¿Qué es esto? ¿Por qué es que tengo tanto calor?”, fue lo que pensó, mientras jadeó por aire. Esa llama interna no tardó de recorrer las plantas de sus pies.
Lawrence levantó la mirada y observó lo excitada que Sawlki se encontraba. Su vulva se había humedecido, también. Si continuaba así, terminaría llevándola a un orgasmo, y eso mismo era lo que quería evitar. “Creo que ya entiendo lo que pasa aquí…” El transportista se detuvo y sacó su mano de la entrepierna de Sawlki.
—Creo que ya entiendo lo que pasa aquí. Cuando te apareas con un compañero de ELV, lo único que hacen es el coito, ¿verdad?
La elfa dirigió sus ojos hacia Lawrence y se limpió la saliva que colgaba de sus labios. Sawlki asintió.
—Eso lo explica todo. Ni siquiera se dan su tiempo para exaltarse sexualmente. Es por eso por lo que te aburre hacerlo, ¿verdad?
El rostro de la elfa se quedó atónito hacia las palabras del caballero. Ahora que se animó a explorar los rituales de apareamiento de los humanos, finalmente comprendió lo que le faltaba. Por mucho tiempo, Sawlki se acostumbró a que el apareamiento fuese algo mecánico y protocolario, en lugar de ser algo que se disfrute. Algo que te provoque cosquillas en el estómago y los pies. Algo más parecido a un juego que un proceso bruto.
—Entonces es por eso por lo que los terrícolas tienen esos rituales. Se trata de complacer a ambas partes, ¿verdad?
Lawrence asintió y le sonrió.
—No pensé que, después de tanto tiempo con compañeros en ELV, sentiría ese mismo calor que sentí, ahora mismo.
Algo dentro de ella la llamaba a continuar con el ritual. Sawlki aún quería más de ese fulgor de Afrodita. Quería ser consumida por completo, hasta que no lo aguantara más.
— ¿Qué sigue ahora, Lawrence? —preguntó la elfa. La cara del transportista dibujó un semblante perverso y se desnudó por completo. Sawlki ahí fue cuando notó el moldeado cuerpo de mármol del caballero. Esas abdominales que parecían estar esculpidos a mano, el vello de azabache que cubría el peto, esos músculos que denotaban fuerza y virilidad. Ahí fue cuando el transportista presentó su miembro a la elfa; estaba erguido.
¬—Ahora te toca darme placer a mí. Quiero que metas mi pene dentro de tu boca y me la chupes. Imagina que es una fruta de ELV, si es que te da asco.
Sawlki se ruborizó ante esta petición. Si bien le parecía repulsivo el que una elfa hiciera esto con su compañero, ahora que comprendía mejor el protocolo de apareamiento humano y lo que conllevaba, la dama no se rehusó y se apresuró a realizar la petición. “Anda, Sawlki. Piensa que es una solquana”, fue lo que pensó Sawlki para no retractarse del desagrado. Una fruta nativa de ELV, parecida a los bananos terrestres. Solo que era más agria y era usada como composta para jaleas y salsas.
La elfa deslizó sus labios sobre la punta del miembro y se introdujo, muy lentamente. A Sawlki le impresionó lo bien que olía el genital de Lawrence y lo bien acicalado que se encontraba. Muy poco, sino es que nada de vello púbico. Al transportista se le hizo agua la boca cuando la piel de su pene rosó con los labios y la lengua de la elfa. Lawrence no tardó en colocar su mano sobre la nuca de Sawlki y empujarla más adentro, solo para que no lo soltara tan pronto. La elfa se alarmó un poco por esto, pero cuando notó que Lawrence no iba a lastimarla, continuó con el oral. Su lengua se envolvió y trazó líneas gruesas sobre el miembro de su compañero y lo chupó con más fuerza. Todo fuera con tal de dar placer a su compañero.
El transportista soltó una risita y enrolló los dedos de los pies del goce. No solo la boca de la elfa se sentía tan suave como lo imaginaba. Sawlki era muchísimo mejor de lo que esperaba. Más la dama aún tenía deseo de más. El succionarle el pene a su compañero no le era suficiente. Sin que se diera cuenta, Sawlki movió su mano a su vagina y comenzó a masturbarse, tal y como Lawrence le enseñó. El caballero estaba a punto de llegar al “punto g”.
—Basta¬—replicó el caballero. La elfa alzó su mirada y continuó dándose placer.
—Déjame penetrarte, Sawlki. Creo que ya sabes lo más básico de hacer el amor con un humano.
La elfa paró y retiró su boca del miembro del transportista. Lo que seguía ya era territorio familiar. Sawlki se lanzó sobre la cama y esperó a que Lawrence se introdujera. El caballero se posó encima de ella y la contempló por un momento. La vio brillar por el sudor de su cuerpo. Ese cuerpo élfico le parecía tan erótico que no quería terminar sin adentrarse en lo más profundo de su sexualidad. Quería confirmarla, no como una elfa, sino como una mujer humana.
—Eres hermosa... —susurró el caballero y rosó su pene en la vulva de Sawlki, paulatinamente, hasta que se deslizó por completo dentro de la vagina de la elfa. Lawrence aún se encontraba estupefacto ante la idea de que, en verdad, hacía el amor con una elfa. “No voy a desperdiciar la única oportunidad que tendré en mi vida”. Lawrence tomó los glúteos de la elfa y la levantó un poco, mientras que sus caderas se movieron más rápido.
—No te quedes quieta. Tú también mueve tus caderas.
Sawlki hizo esto, sin siquiera cuestionárselo más. Solo quería satisfacerse, a como diera lugar. Ya no le importaba deshonrar sus tradiciones élficas. Lawrence bajó su cuerpo y se pegó a la elfa, tanto como le fuera posible. Quería mezclar su aroma y su sudor con el de Sawlki, llevarla al orgasmo junto con ella. Experimentar la gloria de hacer el amor a plenitud, que se volvieran uno solo y mostrar que podía darse el romance entre dos especies distintas.
Sawlki tomó la nuca de su compañero y hendió sus uñas sobre esa melena masculina. Su vulva y clítoris ardían de la lujuria. Su mirada se tornó blanca y se perdió en ese mar de carne. Ya no tenía fuerzas para continuar con su meneo.
—Lawrence… No aguanto más….
El caballero se abrazó de la elfa y le arrebató un beso apasionado.
—Déjame terminar dentro de ti, por favor.
La elfa afirmó con la mirada. No le importaba si quedaba embarazada de un humano, Solo deseaba que ese golpe de calor la terminara de consumir. Lawrence irguió la espalda. Una sustancia blanca, mezclada junto con una baba transparente, brotó de la entrepierna de la elfa. El baile prohibido había concluido. Ahí yacieron esos cuerpos desnudos, flácidos y calurosos por el cansancio. Después de eso, Lawrence solo se dedicó a acurrucarse con Sawlki.
Y así pasaron los días restantes del viaje. Cada que “amanecía”, Lawrence y Sawlki se encerraban, ya sea en el cuarto de ella o en el del caballero, solo para continuar con sus arrumacos. Solo salían para comer y parar en alguna estación por combustible para la nave. En ese lapso de tiempo, el caballero le enseño como tener sexo anal, otras posiciones más elaboradas y mejorar los conocimientos ya obtenidos. Fueron raras las ocasiones donde la elfa se enfadaba de hacer el amor con el transportista. Pero nada dura para siempre. El día de la entrega llegó en un suspiro.
Los dos se localizaban en la base de RUST. Unos empacadores se llevaban la turbina. La misión fue completada. Pese a que querían continuar al lado de la elfa, era momento de despedirse y mantenerlo todo profesional.
—Fue un placer trabajar con usted, señorita Sawlki.
Lawrence le sonrió a Sawlki y tomó el cheque.
—El placer fue mío, señor Hall.
La elfa se acercó a él y le entregó un papel.
—Espero que podamos hacer negocios, en un futuro cercano.
El transportista desenvolvió el trozo. Eran unas coordenadas donde podía localizar a Sawlki, una dirección, por así decirlo.
—Yo también, señorita Sawlki, Yo también.
Después de esa conversación, Lawrence abordó su nave y partió del puerto, listo para la siguiente misión. Cuando Sawlki volvió a ELV, la elfa aprovechó sus nuevos conocimientos y los compartió con sus nativos quienes estuvieran interesados en el apareamiento terrícola. Algo le decía a la dama que eso no sería lo último que sabría del sexo humano, ni mucho menos de Lawrence Hall.
Ese fue un relato bastante interesante. Aunque su único problema es como es que, a pesar de ser un relato sobre naves espaciales, apenas si se toca en el escrito.
Entiendo bien que quizás no te guste esa temática, más pudiste haber divagado un poco más sobre ello.
Fuera de ello, no veo algún problema mayúsculo con el relato.
Pues a ver, la verdad es que creo que se le podría haber sacado mucho más partido al relato. Está bien escrito, pero para mí, me quedo igual antes de leerlo que después. No me dice gran cosa de los personajes, y es simplemente escenas de sexo con una elfa durante un viaje. Creo que le has sacado poco provecho al hecho de que sean razas distintas, me faltan los prejuicios, las dudas y para mí la historia está ahí, qué representa para cada uno "enamorarse" (o no) de una raza distinta a la suya. Aquí solo hay sexo.

Que toque o no tema de naves espaciales no creo que sea un problema para el concurso, ya que con emplazarlas ahí es suficiente, no tiene por qué girar en torno a una nave espacial.
Bueno, pos a leer se ha dicho!
-Comenzaré con un fallo que veo que cometes siempre: La palabra "mas", cuando es sinónimo de "pero", se escribe sin tilde. "Más" se refiere a cantidad.
-Hay repentinamente un cambio en el tiempo verbal en estas dos oraciones:
(04/05/2020 01:49 PM)Joker escribió: [ -> ]Ahí sería donde entregarían el motor a un grupo de ingenieros. Les tomará llegar un mes terrestre a llegar a dicho planeta. El resultado de esta asignación determinaría el futuro de los viajes interestelares.
-Esta afirmación me resulta un poco inverosímil. Él mismo dice que los seres de ese planeta no son elfos de las historias que ha leído de niño. Mi pregunta es: ¿cómo se hizo a la idea de que esos seres le cogerían asco a los humanos, si los elfos y esos seres sólo son una comparación?
(04/05/2020 01:49 PM)Joker escribió: [ -> ]Los ojos de Lawrence se abrieron rotundamente al oír este comentario. Después de todo el tiempo que ha invertido en leer historias de Fantasía, el caballero se hizo a la idea de que los elfos sentían asco de los humanos y que era poco probable de que intimarían
-Me ha encantado el detalle de lo del beso terrícola. Has reflejado esa peculiaridad (en general) común en el humano, que podría ser o no en otras culturas, ya sean alienígenas o no. Buena observación.
-Me hizo mucha gracia esto. Es como un otaku espacial al que le encanta ver Hentai xD
(04/05/2020 01:49 PM)Joker escribió: [ -> ]Era tal y como lo había imaginado, después de tantos años de leer sus historias favoritas que, por un momento, en verdad pensó que estaba soñando.
-Esto no pega ni con cola, a menos que esté siendo pícara. Le trata de "usted" cuando ha estado tuteándole todo el tiempo.
(04/05/2020 01:49 PM)Joker escribió: [ -> ]Está bien, Lawrence. Haga lo que usted quiera. Enséñeme a dar placer a mi cuerpo.

Vale, ya terminé de leerlo todo.
Has basado tu relato en una historia caliente. Como la temática es libre, tienes todo el derecho a hacerlo xD lo has descrito bien, y aunque no has narrado nada respecto a naves o mencionado nada más de la entrega, tampoco me importa, porque aquí lo esencial era lo que hacían ellos dos cuando estaban a sólas, y cómo aprendía ella de la cultura de él.
Aparte de algunos fallitos de tildes, o comas, el resto está bien.
En general, el relato está bien contado. Empleadas bien a los personajes, y sus acciones son acordes a la historia. Pero a la narración le falta coherencia con algunos datos, como con los elfos. ¿Son los mismos elfos de la tierra? ¿Son distintos? ¿Coincidencia? No me queda claro.

A parte de eso, el tiempo y la estructura del texto en algunos momentos no me termina de convencer.

"Los ojos de Lawrence se abrieron rotundamente al oír este comentario. Después de todo el tiempo que ha invertido en leer historias de Fantasía," por poner un ejemplo.

A parte de eso, su lectura no se me ha hecho especialmente pesada y ha sido interesante leer como avanzaba.

Muchas gracias y ánimo.
Se echa en falta algo más de la parte espacial por así decirlo.

También:"El caballero estaba a punto de llegar al “punto g”. . ¿el punto g de él?, el punto g de los hombres está atrás y point_right .

Buen relato, será difícil escoger a quién darle los puntos.