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Versión completa: Reto Cuento de Terror I: Creencias
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                                                 Creencias

    La pantalla principal se activó de repente, sin la intervención de ningún miembro de la tripulación:
«¡Atención! Bioseñales detectadas: cero. Iniciando análisis de bioescáneres para corregir posibles fallos de funcionamiento...
    Análisis concluido: bioescáneres operativos al 100%. Ejecutando protocolo de seguridad.»


    Segundos más tarde los paneles de control, cuadros de iluminación y calefacción cobraban vida en la, hasta entonces, inanimada sala de hibernación. Los tres tripulantes que habían permanecido dormidos en ella desde el comienzo de la misión, a la espera de que la nave iniciara su viaje de regreso a la Tierra, fueron despertando. Y, a medida que superaban una primera fase normal de somnolencia y desorientación, en la cabeza de cada uno empezaban a gestarse varias preguntas a la vez, pero podían resumirse en una: ¿habrán encontrado algo o volvemos a casa con las manos vacías? Aunque el procedimiento estaba computerizado, les resultó extraño que no aparecieran  el capitán o alguno de sus compañeros. La curiosidad inicial dejó paso a la sorpresa, pero antes de que abandonaran la estancia el sentimiento que predominaba era de preocupación.

    No tuvieron que esperar mucho antes de ver respondida alguna de sus preguntas. Fue el doctor Belière quien lanzó un grito que alertó a los demás, quienes no tardaron en experimentar un horror similar al del exobiólogo cuando descubrieron el cadáver de Dylben, un joven físico, alegre y optimista, que formaba parte de la primera tripulación a la que ellos debían sustituir. Ya no volverían a oír su risa sonora y contagiosa. Yacía sobre un gran charco de sangre, con la mirada perdida y algo metálico que sobresalía por un lateral de su cuello.
    —Busquemos a los otros —ordenó el capitán Tikssen tras apretar las mandíbulas, en un evidente esfuerzo por contener su rabia. Echó a andar sólo para detenerse dos pasos más allá—. Si nos separamos cubriremos más espacio. Encontrad a Manford y al capitán Stuart. Y recoged vuestros comunicadores lo antes posible, quiero que estemos conectados por radio en todo momento; yo iré al puente, hemos de averiguar qué demonios ha pasado aquí.  
    —Es inútil; están muertos —musitó el doctor con la mirada fija en el infortunado Dylben.
    —¡Cierra el pico, Belière! —ordenó Tikssen, preocupado por la posibilidad de que el pánico se apoderara de su tripulante y los arrastrara con él. Sabía lo peligroso que el miedo podía llegar a ser en ambientes tan delicadamente equilibrados como el de una nave espacial.
    Pero Belière parecía haber cruzado esa línea imaginaria.
    —¿No lo comprendéis? ¡Si la computadora nos ha despertado es porque todos han muerto! Es el protocolo de emer…
     Tikssen, que le sacaba al exobiólogo una cabeza, y era casi el doble de ancho, lo agarró por la pechera y lo obligó a desviar la vista del cadáver.
    —¡Eso es lo que vamos a comprobar! ¡El proceso de deshibernación puede activarse desde el puente…! En cualquier caso, no aceptaré actitudes derrotistas ni histéricas, ¿me oyes? Y tampoco repetiré una orden. Si no estás de acuerdo, puedo convencer a la computadora para que te hiberne en el nicho reservado a Dylben—. Tras soltar al hombre con un empujón, agregó—: Vámonos, estamos perdiendo un tiempo precioso.
    Belière respiró hondo mientras se alisaba el uniforme, todavía con el temor dibujado en el rostro, aunque ahora no sólo sentía una amenaza mortal oculta tras un aparente velo de ignorancia; de pronto se había materializado en la autoritaria figura del capitán. La doctora Shuara se situó al lado del exobiólogo y le dio unas palmadas en la espalda para mostrarle su apoyo e insuflarle ánimos, gesto que este agradeció con una sonrisa forzada. Poco después el capitán se perdía, pasillo adelante, no sin antes dirigirles una mirada que se quedó en el intentó de ser reconfortante.

                                                 ***

    Tikssen accedió al puente con la esperanza de hallar vivo, al menos, a uno de los dos compañeros del malogrado Dylben, aunque de pronto cayó en la cuenta de que también podía encontrarse con el asesino. Se amonestó en silencio por no percatarse antes de ese detalle, pues hubiera podido coger algún objeto contundente antes de entrar. Las prisas por obtener respuestas lo habían vuelto descuidado, pero decidió arriesgarse. El lugar parecía desierto, si bien dos de los asientos le daban la espalda, por lo que no podía ver desde su posición si alguien los ocupaba.
    —¿Stuart, estás ahí?  —preguntó antes de avanzar unos pasos en dirección al panel de control principal. No obtuvo respuesta. Tragó saliva y alargó un brazo mientras se preparaba para golpear con el puño. Tocó el sillón y trató de hacerlo girar con suavidad, pero este no se movió, como si algo al otro lado opusiera resistencia. Tikssen renunció a moverlo y, en lugar de eso, dio un salto adelante para caer junto al reposabrazos en un intento de sorprender —en eso confiaba— a cualquier posible adversario.
    Su cuerpo se rebeló: la garganta renunció a gritar, el corazón aceleró los latidos hasta causarle dolor en las sienes, y sus ojos le mostraron la horrible visión en que habían convertido el cuerpo de su amigo, el capitán Stuart; como rosas mortales, incontables heridas punzantes salpicaban su torso desde la cintura hasta la cabeza. Tikssen dedujo de inmediato que había muerto allí mismo, pues no encontró señales de que lo hubieran arrastrado. Una de sus piernas, trabada al otro lado del soporte del panel de control, era el involuntario obstáculo que le había impedido girar el asiento.  
    —¡Capitán! ¡Aquí Belière! ¿¡Capitán!?—la estridente llamada del hombrecillo lo sobresaltó aún más, hasta el punto de hacerle maldecir a todos sus antepasados. Con gesto irritado, alargó un brazo y abrió el canal de comunicación.
     —Si gritas más alto no necesitarás la radio —respondió Tikssen sin ocultar su desaprobación ante la conducta histérica del médico. Por su cabeza cruzó fugaz una sospecha sobre las pruebas de aptitud con las que se descartaba a los menos capacitados para las misiones en el espacio. Sin embargo, recordó que él estaba ahora al mando y debía esforzarse por sacar lo mejor de cada uno de sus hombres —¿Qué ocurre?
    —¡Es Manford, señor! Está… Ella… Ella está…
    —Capitán, la doctora Manford ha muerto —la voz que interrumpió a Belière para completar la información que él parecía incapaz de dar sonó suave, pero impersonal y monocorde, propia de una computadora. De hecho, era la voz de la computadora de la nave que, gracias a un terminal de muñeca, servía a la doctora Shuara como intermediaria en su comunicación con el mundo, pues era sorda.
    Tikssen agradeció la oportuna intervención de Shuara, pues no estaba seguro de poder aguantar en calma una nueva, pero igualmente patética, escena de histerismo por parte del exobiólogo.
    —¿Cómo ha ocurrido, Shuara? ¿La han asesinado también?
    —No. Ella… se ha cortado las venas—. Aquella voz no transmitía la carga emocional que, sin lugar a dudas, contenían las palabras escritas por la mujer. El hombre conocía la estrecha amistad que ambas habían mantenido en la Tierra, y ahora, a través de la radio, cualquier cosa que dijera se le antojaba absurda y fuera de lugar.
    —Lo siento —musitó al fin, insatisfecho y algo culpable por no estar junto a ella para abrazarla y ofrecerle un hombro sobre el que llorar.
    —Gracias, capitán —respondió aquella voz carente de emoción, que ocultaba tanto como expresaba.
    —Me temo que yo tampoco tengo buenas noticias —dijo tras una breve pausa—. He hallado muerto al capitán Stuart. Y él si fue asesinado.
    —Se lo dije, fue la computadora, ¡ella nos despertó…! ¡Dios mío! ¿Qué vamos a hacer ahora? —intervino Belière, dispuesto a poner de nuevo a prueba la paciencia de su capitán.
    —Venid al puente —ordenó Tikssen—. Revisaremos las entradas del cuaderno de bitácora para descubrir qué les pasó.
    —Enseguida, capitán.
                                                 ***

    «Bitácora del capitán Stuart. Fecha estelar 43656.7.
    »Nos acercamos al planeta cuyas señales de radio captamos por casualidad cuando nos dirigíamos a investigar otro sistema solar de una estrella vecina. Parece que estamos de suerte. Dylben se encuentra exultante, entusiasmado por ser los primeros humanos en encontrarnos, quizá, con una civilización extraterrestre. Manford, como siempre, se muestra más prudente, a ella le gusta ponderar todas las opciones posibles. ¿Y yo? Pues feliz, emocionado… Siento una gran curiosidad por saber qué va a suceder a continuación. El traductor universal ha conseguido descifrar parte del lenguaje empleado en esas emisiones. En pocas horas nos situaremos en órbita geoestacionaria con el planeta y haremos el primer intento para contactar por radio. Espero que todo salga bien.»
    —¡Encontraron un planeta habitado!
—se sorprendió Shuara con su nada entusiasta portavoz computerizado.
    —Mucho más que eso, doctora —respondió Belière en tono didáctico—, todo parece indicar que descubrieron vida inteligente con una civilización avanzada… ¡Ojala me hubieran despertado en ese momento!
    —Lo más probable es que ahora estuviera muerto —apuntó Tikssen, mordaz, mientras le dirigía una mirada de soslayo. El médico le devolvió otra de pura desconfianza, pero no dijo nada—. Veamos qué hay en la siguiente entrada.

    «El primer contacto ha resultado… eh, ¿cómo definirlo? ¿Desconcertante? ¿Extraño? Difícil de evaluar, en cualquier caso.
     »Los whruwl, como así se llaman a sí mismos, han resultado ser una especie, como mínimo, interesante. Hablamos con uno de ellos —nos confesó ser un mero portavoz— y, al principio, se mostró tan sorprendido de nuestra existencia como nosotros de la suya, pero a continuación nos trató con deferencia y amabilidad. Nos preguntamos mutuamente sobre muchos aspectos que no detallaré aquí, pues quedará recogido en nuestro informe.
    »El problema surgió en medio de la conversación cuando, de repente, alguien (cuya imagen no apareció en pantalla) le comunicó algo que la computadora no pudo captar, pero su actitud hacia nosotros cambió por completo. Según nos dijo, los espíritus sagrados habían revelado terribles calamidades para ellos si osaban mantener un contacto continuado con seres impuros (o sea, nosotros). Intentamos hacerle ver lo erróneo de semejantes planteamientos, y le aseguramos que nuestras intenciones eran amistosas. Pero, en ese momento, escuchamos un horrible chillido, algo realmente espeluznante que nos sobrecogió incluso a través de la radio, y el rostro de nuestro interlocutor se demudó; fue una transfiguración como nunca antes había visto (Manford asegura que aquel rostro reflejaba puro terror). Lo siguiente que dijo fue que debíamos marcharnos de inmediato y no regresar jamás. Cortó la comunicación y, desde entonces, no han respondido a nuestras llamadas.»  


    —¿A qué obedecería ese cambio de actitud tan radical? —planteó Tikssen mirando de manera alterna a sus compañeros.
    —Sociedad xenófoba. O, tal vez, una o varias sociedades divididas en facciones religiosas enfrentadas, o laicas y religiosas igualmente enfrentadas  —planteó Shuara como hipótesis.
    —¿Xenófobos que contactan y, en apariencia, aceptan a viajeros espaciales y que de pronto los rechazan? Eso no tiene sentido, doctora —replicó Belière. Shuara no necesitó leer la respuesta del exobiólogo en el terminal, fue capaz de hacerlo en los labios del doctor. Asintió ante su sensata objeción.
    —Vale, descartemos la xenofobia, y aceptemos que quizá exista una sociedad con facciones enfrentadas que obligan al gobierno a mantener una política errática —resumió el capitán—. ¿Alguna opción más a tener en cuenta?
    —Sí —Belière respondió al instante—. Una sociedad enferma, completamente enajenada u hostil, dominada por individuos capaces de fingir que actúan conforme a las más básicas normas de hospitalidad para, a continuación, enviar una delegación que asesina a sus visitantes.
    —¿Y por qué a nosotros no nos mataron? —objetó Shuara.
    —Ignoramos sus habilidades científicas, doctora. Quizá pensaron que ya estábamos muertos al vernos en animación suspendida.
    —Aún no contamos con evidencias de que alguien subiera a bordo —opuso Tikssen, que no fue capaz de reprimir un escalofrío al imaginar alienígenas sanguinarios sueltos por la nave.
    —Cierto, pero tampoco deberíamos descartar esa posibilidad—sentenció el exobiólogo mientras alternaba una mirada nerviosa entre sus compañeros.

                                                 ***

      «Todavía no termino de explicarme lo que sucedió a continuación. Dylben se mostraba convencido de que la postura de los alienígenas era absurda e irracional, y que se cimentaba en prejuicios absurdos que los humanos habíamos dejado atrás hacía siglos. Y que, por tanto, nosotros no debíamos aceptar sus órdenes. Munford, en cambio, sin cuestionar su análisis sobre el fanatismo obsoleto de los whruwl, consideraba que estaban en su derecho a negarse a mantener contacto, con independencia de los motivos que alegaran para ello. ¿Y yo? ¿Qué decía yo? Ambos me miraban con la, imagino, esperanza de que me decantara por sus respectivas posturas. Pero yo no tenía (aún no la tengo) la más mínima idea sobre qué hacer. Y eso hice: nada.»

    —No me puedo creer que el capitán Stuart no tomara una decisión —espetó Belière con cara de perplejidad.
    —Y yo no puedo creerme que una simple diferencia de criterio sobre esta u otra cuestión desembocara en una pelea a muerte… —confesó Tikssen, no menos sorprendido.
    —No conocía tanto a Dylben ni a Stuart, pero puedo asegurar que Susan… perdón, la doctora Munford, jamás habría llegado a esos extremos por defender su postura —afirmó Shuara con mirada firme y convencida de sus palabras.
    —Queda una última entrada —dijo Tikssen—, quizá nos aclare algo más.

    «Transcurridas varias horas, la situación ha degenerado de forma inexplicable. Dylben y Munford no dejan de lanzarse acusaciones constantes y su beligerancia respecto al tema de los whruwl ha alcanzado cotas delirantes (casi han llegado a las manos). Me he visto obligado a ordenarles que se queden en sus habitaciones. En cuanto a mí, aún no he tomado una decisión… Por un lado me gustaría volver al planeta e intentar convencerles de que… ¿Dylben? ¿Qué haces aquí, te dije que… ¡No! ¡Aaarrrgg…!»

    —¡Oh, Dios…! ¿¡Dylben mató al capitán Stuart!? —Belière tenía los ojos abiertos como platos, no daba crédito a lo que acababa de escuchar. Pero los perplejos rostros de sus compañeros le confirmaban que no lo había imaginado.
     —Y, muy posiblemente, Munford mató a Dylben cuando este quiso hacerle lo mismo que al capitán —Tikssen miró a Shuara para escrutar en su rostro cómo estaba encajando todo aquello—, y a continuación se suicidó. Tal vez no fue capaz de afrontar lo que había hecho…
     —¿Y todo por una estúpida diferencia de pareceres sobre los whruwl? Es una locura… —dijo la mujer sin salir de su asombro. Luego añadió—: Podríamos volver al planeta y hablar con ellos, quizá descubramos algo que se le escapara al capitán Stuart…
     —¿¡Volver allí¡? ¿Te has vuelto loca tú también? —la voz estridente y falta de tacto de Belière resonó en el puente, y sus palabras les trajeron a todos el recuerdo de las terribles escenas vividas allí recientemente. Se produjo un tenso silencio, que al fin sólo Shuara se atrevió a romper con una pregunta intencionada.
    —¿Qué hacemos, capitán? —Dos pares de ojos se clavaron en la imponente figura de Tikssen, que ya no parecía tan imponente como antes.
    —No lo sé.
    —Está ocurriendo otra vez… —susurró el exobiólogo mientras su mirada se desviaba hacia el sillón con el cadáver del capitán Stuart.
    —Eso parece, sí —Shuara recogió el guante lanzado por el doctor, pero para afrontarlo desde un punto de vista científico—. Pero podía no haber ocurrido, ¿verdad?
    —¿Qué quieres decir? —preguntó Tikssen, intrigado por la extraña afirmación de la doctora en Físicas.
    —Según las grabaciones del capitán Stuart, todo el viaje fue bien, no hubo ni un solo problema de comportamiento hasta que…
    —Hasta que contactaron con los extraterrestres —el impetuoso Belière terminó la frase con un repentino brillo en la mirada, como si acabara de descubrir un paso decisivo en la resolución de un problema—. ¿Acaso estás insinuando que, en el transcurso de ese primer contacto, los whruwl alteraron de alguna manera las mentes de nuestros compañeros?
    —¿Pero cómo? ¿Cómo lo hicieron? —Tikssen se resistía a creerlo—. Según las grabaciones de Stuart no hubo encuentro ni intercambios. Y los registros de los sensores de la nave, que no pueden manipularse, tampoco reflejan nada extraño.
    —Hubo sonidos —respondió Shuara a través de la computadora.
    —El grito —apuntó Belière, cuyo rostro antes enajenado adoptaba en ese momento la viva imagen de la lucidez—. El chillido que aterrorizó al alienígena y que los asustó a través de la radio. ¡Eso los cambió! Eso los mató… y nos matará también a nosotros.
    —Si se trató de eso, quizá no surta efecto al oírlo en una grabación —apuntó Tikssen mientras una muda pregunta aparecía en sus ojos al mirar a Shuara.
     —En ese caso podrá decirnos adónde dirigir la nave, ¿no es cierto? —insistió de nuevo la mujer.
    El capitán negó con la cabeza mientras hacía un claro esfuerzo por tragar saliva.
    —Se me ha ocurrido una idea para no acabar como nuestros compañeros, aunque tal vez sólo sirva para alargar lo inevitable. En cualquier caso, deberán confiar en mí —planteó Shuara.
    —Si me disculpan… —se excusó el exobiólogo mientras echaba a andar hacia la puerta.
    —¡Lo haremos! —Tikssen descargó una de sus manazas sobre el hombro de Belière, lo atrajo hacia sí girando al hombre de cara a Shuara y, a continuación, apoyó en él también la otra mano—.  Porque confiamos en ella, ¿verdad, doctor?
    —Síganme —dijo la mujer.

                                                 ***

    Shuara tecleó un último comando y los dos nichos criogénicos que contenían los cuerpos de Tikksen y Belière quedaron sellados. A continuación abandonó la sala de hibernación y se dirigió al puente, desde donde accedió a la computadora y le ordenó que trazara un rumbo de regreso a la Tierra. Allí encontraría, quizá, una cura para sus compañeros, tanto si fueron afectados de algún modo por los alienígenas como si se trataba de estrés postraumático. Ella, debido a su sordera, no pudo resultar afectada. Y en cuanto a lo segundo… bueno, se trataba de una simple creencia. Y ella creía en su buena salud mental.
    Sobre la misión, informaría a la Tierra de la existencia en la galaxia de una nueva especie con civilización: tecnológica, hostil y lo bastante necia como para evitar cualquier nuevo contacto con ella durante mucho, mucho tiempo.  
                   
Me gusto y punto.

Si lo se, no debí hacerlo pero no me pude resistir, una maldad al año no hace daño supongo.
El relato anterior tenía una ambientación de fantasía, y este se desarrolla en un entorno de ciencia ficción.

Bueno, pues se trata precisamente de una mezcla de géneros de terror y ciencia ficción (hace poco leí un libro de relatos de George Martin, donde tenía varios de esta mezcla a la que él llama "híbrido", me recordó en concreto a uno de ellos, aunque solo porque se desarrolla también en una nave y salen unos aliens siniestros).
Me ha gustado el enfoque que le has dado al asunto, presentando la intriga de los cadáveres primero y después "aclarando" lo que sucedió a partir de las entradas del diario. Me ha parecido bien contado y no he visto errores técnicos.
El papel que juega la mujer sorda en la historia me ha parecido bien jugado, aunque tardé un momento en darme cuenta de lo que implicaba con respecto al chillido.
Por el contrario, y aunque me ha gustado mucho la idea del relato, hay algunas cosas que me chirrían un poco en la historia. Creo que necesita que la revises un poco, argumentalmente hablando, y pulas los detalles, pensando mejor cómo se desarrolla todo. Me refiero a que me ha resultado muy rápido todo y en cierto modo poco natural. Vale que es cosa de los aliens, pero que una simple discusión contada en una entrada del diario de lugar a ese desastre en el siguiente... vale, quizás te quedabas sin palabras, pero... Y me gustaría que resolvieras un poco el porqué se aleja el alien al oir el chillido (¿era una orden para é? ¿estaba asustado? ¿estaba planeado de antemano o simplemente ocurrió?).
A pesar de eso,  la historia me estaba gustando y me tenía enganchada, quería ver cómo afectaba a los nuevos tripulantes. Pero entoces se acabó y me dejó sin respuestas. Se van a dormir y de vuelta a casa... y así nos quedamos los lectores :O
Creo que han jugado en tu contra el límite de palabras y de tiempo. Te recomiendo que le dediques un tiempo al relato y, sin límite de palabras ya, le des un mayor trabajo, porque puede quedar algo muy interesante.
Sobre el tema del terror, es una historia que en cierta medida recuerda a Alien y a otras muchas historias de alienígenas y naves en las que no sobrevive ni el apuntador. Una nave espacial es un sitio ideal en el que encerrar a los personajes sin que puedan huir, y ahí enfrentarlos a toda clase de horrores cósmicos y espaciales (o a un loco que anda suelto por la nave) de manera que van muriendo poco a poco. En tu caso parece que sobrevivirán los tres. Pero no se sabe. Si depende de mí, si ,sobreviven al llegar a la Tierra.
Hola, autor.

Este cuento no se discute que es de ciencia ficción, pero no podría afirmar categoricamente que sea de terror, o que produzca escalofríos, inquietud o desasosiego.

Me pareció que la figura de los aliens y de lo que ellos provocan en la primera tripulación (la que ahora está muerta), podría haberse aprovechado más para incursionar en algún elemento apabullante. Explotarlos un poco más, o que la tripulación sienta realmente miedo de ellos. Parece como que se toman de manera muy normal el haberse encontrado a unos extraterrestres, no hay susto casi.

También me hizo ruido que pudieran comunicarse con los aliens sin complicaciones. ¿Hablan acaso el mismo idioma? ¿Tienen algún instrumento que "decodifique" el discurso? Ojo, tal vez lo dice en algún lado, y mi cabeza lo pasó por alto. :S

Noté además que aparecen bastantes personajes, y confieso que me hice lío entre tantos nombres. No era fácil identificar quién era hombre y quién mujer, quién estaba muerto y quién vivo, quién estaba a cargo y quién obedecía. En fín, que eran muchos y en tan poco espacio de cuento, me trajo complicaciones.

El cuento en sí se me hizo un poco largo, en especial la primera parte. Y me hubiera gustado conocer un poco más sobre dónde estaban los aliens ahora, si los estaban acechando, si la segunda tripulación (los recién despiertos, aún vivos) les tienen miedo, si realmente los aliens "controlaron" a la otra tripulación a través de ese chillido o si intervinieron de otra manera.

El final me gustó, me pareció muy inteligente la participación de la chica sorda en el entramado.

Creo que por afuera del reto, y ya sin limitación de espacio, el auto del cuento tiene muy buen material para terminar de pulir.
@Titania una aclaración sobre tu comentario, que acabo de leer.

A mí también me chocó lo de que se pudieran comunicar con los extraterrestres sin problemas. Por eso revisé lo que había leido y en la primera entrada del diario se menciona esto:

Cita:El traductor universal ha conseguido descifrar parte del lenguaje empleado en esas emisiones.

De donde se puede intuir que tienen un sistema que traduce a los aliens y les permite comunicarse.
Buenas autor!

Casi me salto este relato para comentar.

En el apartado técnico me ha faltado alguna coma y sobrado otras.

Mal uso del guionado:

Cita:computadora para que te hiberne en el nicho reservado a Dylben—. Tras soltar al hombre con un empujón, agregó—: Vámonos, estamos perdiendo un tiempo precioso.  

Sobre la historia:

La historia me ha gustado relativamente. Pero esto es ciencia ficción, de terror tiene poco. Quizás si la historia hubiese sido contada desde la perspectiva de la primera tripulación... pero de la forma en la que esta escrito difícilmente lo consideraría terror.  Luego veo muchos huecos en la historia. Tienen tecnología suficiente para hacer un detector de señales de vida, cámaras de estasis, traductores universales (enserio? todo? pueden hablar con perros también?)  y todo ese rollo y:

1.- Por algún motivo tienen que ir a mirar si están muertos por si mismos, en lugar de acceder a algún terminal o preguntarle al ordenador con un comando de voz.
2.- Cuando va a buscar a sus compañeros, piensa en coger un objeto contundente para defenderse de un posible asesino! Quiere un palo en una nave espacial! Bueno, lo siento, pero me ha entrado la risa.
3.- ¿Cual era la misión de esta nave?  
Cita:¿habrán encontrado algo o volvemos a casa con las manos vacías?
Según esto, parece ser que buscaban algo, pero no lo indicas. Si buscaban vida extraterrestre, no debería haberles sorprendido tanto encontrarla...
4.- La chica era sorda, no muda. Así que bien podía hablar... no entiendo todo ese rollo de la voz por ordenador, a no ser que tuviera el complejo este de hablar que pueden tener los sordos...y aun así si ha muerto su amiga es bastante frio ponerse a teclear...
5.- Si iban en busca de establecer contacto con otra raza, enviar a una sorda es un poco...incongruente. Además después de matizar en el relato que se buscaban los mejores para esta misión.
6.- Que sea la sorda la que dé el indicio de los sonidos al final del relato...bueno eso también es raro.

Qué conste que no tengo nada en contra de los sordos ni nada eh, pero bueno me ha resultado raro.

Bueno en general faltaba un poco perfilar la historia, pero la idea no estaba mal, aunque mejor para el reto de ciencia ficción Wink

Suerte!
¡Gracias, @Lanay por la aclaración! Ya me parecía que algo debían de utilizar para comprenderse entre ellos Smile
Bueno, bueno, y ahora un relato de ciencia ficción… Hay pocos relatos, pero cada uno de ellos con una ambientación diferente. ¡Bien por los autores!

A nivel formal, es un buen trabajo, sólo he visto alguna reiteración a corregir y alguna raya de diálogo mal puesta, así que bien por ese lado.

En cuanto a los personajes, en principio diría que seis son demasiados para manejar en un relato corto de 3000 palabras, pero los has sabido emplear muy bien al separarlos en dos tripulaciones de tres y tres que no interactúan directamente entre sí, y eso evita la sensación de multitud de personajes.

Gracias también a esa separación de la historia en dos (la narrada a través de las grabaciones del primer capitán y la vivida por la segunda tripulación), esta gana en complejidad e interés, y ayuda a crear en la nave esa atmósfera de tensión e inquietud por lo que pueda pasar al no saber los miembros de la segunda tripulación qué les ha ocurrido a sus compañeros, e ir conociendo la historia poco a poco. Ese formato, además, acrecienta sus propios temores al comprender que lo que allí ocurrió puede volver a pasar, y eso puede condicionar su comportamiento.

El trasfondo de la historia, expresado al final del relato por uno de los tripulantes supervivientes con un mensaje que invita a una reflexión sobre la propia condición humana añade un punto más a un cuento escrito de manera solvente.

Buena suerte.
Hale, ahora ciencia ficción, pues muy bien, en la variedad está el gusto.
Bueno, está bastante pulido, aunque he visto alguna repe, y hay comas que sobran o faltan, pero lo cierto es que poco más.

Ahora bien, donde no me encuentro cómoda es en la historia. Por ejemplo, el médico pasa de estar medio histérico a ponerse didáctio y racional, en el mismo espacio de tiempo: o es bipolar o no tiene mucho sentido. Por otro lado, siempre bajo mi punto de vista, en una situación de tensión creciente la gente se desmanda, no mantienen una conversación tranquila y sesudamente científica; por eso encuentro los diálogos poco vívidos.
Me ha gustado mucho la idea del grito como detonante del mondongo, y evidentemente la mujer sorda que no se ve afectada, eso ha sido interesante. Pero por otro lado hay muchas cosas que no se explican, y es un relato sin final, o al menos así me lo ha parecido... y mira que me gustan los cabos sueltos para darle al coco, pero este me deja con una sensación de "¿y ya está?".
Bueno, pues ahí van mis devoluciones, aunque antes de nada quiero darle las gracias a todos los que leyeron y comentaron, pues los comentarios, tanto si estoy de acuerdo con lo que me dicen como si no, me resultan de mucha ayuda a la hora de revisar y mejorar el relato.

No me enrollo más...  Big Grin


Jajaja, muchas gracias por esa “maldad”, @W.A.K.O.N. Me sacó una sonrisa… Wink Y, por supuesto, me alegro de que te gustara.

@Lanay, ya sabes que la ciencia ficción corre por mis venas, jaja, y no podía resistirme a agregarlo a la temática de terror propuesta.

Sí, la sordera de Shuara es de máxima importancia para cierta interpretación que se le puede dar a la historia (reconozco que este cuento admite varias interpretaciones), pero no sólo respecto al “chillido” alienígena, sino al sonido en general (ten en cuenta que sus compañeros tampoco escucharon el “chillido”, que sólo fue escuchado por los de la primera tripulación).

Dices que te ha resultado todo muy rápido. A eso te respondería que, en realidad, todo sucede bastante rápido una vez que la segunda tripulación se despierta. Encuentran los cadáveres, se reúnen en el puente, escuchan las grabaciones y comienzan las disensiones…

Sí hay un detalle donde sentí que me quedaba corto de espacio, y es que cuando despiertan la nave ya no se encuentra orbitando el planeta, sino que está próxima a abandonar el sistema solar e iniciar el viaje de regreso a la Tierra. Pero ese dato no suponía un cambio sustancial en lo ocurrido, así que lo omití.

En cuanto a tus preguntas: ¿el alien se aleja al oír el chillido? Lo que hace es asustarse, no alejarse. Pero no creo que sea necesario explicarlo, porque eso sería tanto como tomar partido por una de las posibles explicaciones de lo ocurrido, a saber, que el sonido alienígena ha podido alterar de algún modo las mentes de los humanos, que es lo que algunos llegan a creer (de ahí el título). Lo que el lector necesita saber es un hecho (que el grito existe, que, según los componentes de la primera tripulación, afecta al alienígena y que luego llegan a creer que también los ha afectado a ellos). El resto, si eso es lo que ocurre o que lo que ha pasado es otra cosa (que sería la de Shuara, que cree que el grito no ha influido en el desastre, sino los propios prejuicios/creencias de los tripulantes), ha de decidirlo el lector, que es soberano en este punto y debe decantarse por la explicación que más le guste (de nuevo según sus propias… creencias). En ese sentido, admito que es un relato abierto, pero de ninguna manera incompleto o falto de sentido.

No creo que el relato deje sin respuestas, yo prefiero pensar que ofrece opciones al lector para que este decida qué ha pasado en esa nave. Mis disculpas si, en este caso, he dimitido como narrador omnisciente para dejar paso a distintas interpretaciones. No creo que eso sea malo de manera necesaria, o debilite la historia. Más bien diría que al revés, es susceptible de enriquecerse con las distintas aportaciones de los lectores.  

Completamente de acuerdo con tu referencia al terror y a las naves espaciales. Es un espacio confinado en el que es casi imposible escapar, y si hay problemas… el propio capitán Stuart es consciente de ello cuando, en cierto momento, teme que Belière se vuelva incontrolable… Esa sensación de peligro e imposibilidad de escapar es una combinación muy poderosa con la que he querido jugar desde el mismo planteamiento de la historia. Jeje, y sí, Alien es toda una inspiración, pero quería darle una vuelta de tuerca y no meter un monstruito asesino, sino plantear la pregunta de qué podría pasar si el monstruito se esconde en el subconsciente…

Pues no está tan claro si sobreviven o no una vez llegados a la Tierra. Claro que la respuesta puede variar mucho en función de la explicación por la que hayamos optado sobre lo que les pasó, no es lo mismo si están contaminados por un mal alienígena que se extiende de boca a oído (lo cual podría llevar a la extinción de la humanidad) que si son simples víctimas de una combinación explosiva de estrés post traumático más prejuicios/creencias ocultas, cosa que podría llegar a solventarse con una buena terapia con algunos de nuestros queridos foreros psiquiatras de referencia, jajaja.


@Titania, supongo que es más fácil reconocer un texto de ciencia ficción (que posee elementos objetivos) que uno que depende de si despierta o no en el lector esas emociones que has citado. Ya se sabe que lo que a uno le da miedo o le produce inquietud a otro le puede dejar tan fresco. Y si a ti no te produce ninguno de esos sentimientos el despertarte en una nave espacial a miles de millones de kilómetros de tu casa y encontrarte a tus compañeros muertos, sin saber qué les ha ocurrido y si eso mismo te puede pasar a ti, pues entonces son comprensibles tus dudas. A mí sí me produciría esa reacción, y por eso lo escribí.

Bueno, no es tanto que no “sientan susto”, como dices, lo que ocurre es que, como científicos e ingenieros que son, antes de dejarse arrastrar por la emociones (y aun así les cuesta), intentan averiguar qué les ha ocurrido a sus compañeros, para así  saber si también ellos se hallan en peligro, y qué es lo mejor que pueden hacer. En principio no han de sentirse asustados de los alienígenas pues, aparentemente, estos no los han amenazado. Sentir miedo cuando no existe una amenaza evidente no es muy lógico, ¿no?

En el texto se explica que cuentan con un traductor universal incorporado en la computadora de la nave, lo cual no es nada nuevo en las historias de ciencia ficción, porque si no habría que cuestionarse hasta la propia Star Trek… No me parece que la historia flaquee por el tema de la comunicación entre humanos y alienígenas.

Sí, son seis tripulantes, pero el hecho de separarlos en dos tripulaciones que no se encuentran me permitía manejar un mayor número de personajes sin dar esa sensación de aglomeración. Y, si te fijas, todos ellos tienen su papel relevante en la historia, por pequeño que pueda parecer. Siento que te planteara complicaciones el manejo de tantos nombres distintos.

Lamento también que se te hiciera largo, eso ya es una percepción subjetiva sobre la que nada puedo decir, pero en cuanto a las preguntas que dejo sin respuesta, me remito a la respuesta que le he dado a Lanay sobre los motivos para no dárselo todo demasiado masticado al lector. Quería que este pusiera un poco de su parte (sí, a veces me gusta hacer trabajar el cerebro de mis lectores, soy malvado, jaja).

Me alegro de que te gustara el final y el empleo de la sordera de Shuara como elemento crucial para adentrarse en una de las posibles interpretaciones de la historia.

Gracias, en principio no creo que cambie mucho este relato, he quedado bastante satisfecho de cómo ha quedado, pero te agradezco que lo veas como buen material, aunque mejorable.


@Gaoth, me alegro de que no te saltaras la historia, eso hubiera sido terrorífico…   Confused

Gracias por la corrección del guionado, lo cambiaré en mi próxima revisión del cuento.

Veamos esos problemillas con la historia…

Como ya le dije a Titania, bueno, “historia de terror” no significa dar un grito ni salir corriendo porque no puedes seguir leyendo. En las bases del reto, entre otras cosas, se dice que  es “…toda aquella composición literaria breve, generalmente de corte fantástico, cuyo principal objetivo parece ser provocar el escalofrío, la inquietud o el desasosiego en el lector,…”. Creo que este relato va más en la idea de provocar inquietud que escalofríos, así que creo que cumple con las normas. Otra cosa es que a ti no te lo haya causado, cosa que lamento profundamente.

Analicemos esos “huecos” que has visto:

-Bueno, suponiendo que los perros tengan un lenguaje que pueda ser traducido…  Tongue

1. Desde el principio se dice lo extraño que les parece  a los tripulantes que despiertan que ninguno de sus compañeros acuda a la sala de hibernación. Tras encontrar a Dylben, Belière apunta a que todos están muertos y que por eso la computadora los ha despertado. El capitán Tikssen es consciente de ello y decide averiguar lo que ocurre sin contar con la computadora, pues ellos desconocen el estado de la nave y de la computadora.

2. Es una nave científica que viaja en busca de vida extraterrestre, y un científico o un ingeniero no tienen por qué pensar en un rifle láser como primera opción.

3. Se alude a la misión de la nave justo en el primer extracto de las grabaciones del capitán Stuart. Buscan vida, cuanto más evolucionada, mejor. Eso se deduce de la información facilitada en las grabaciones y en las conversaciones. ¿Y por qué no iban a sorprenderse de encontrar vida extraterrestre, por mucho que la buscaran? ¿Acaso crees que es fácil encontrarla?

4. No veo dónde está el problema, quizá ella se ha acostumbrado al uso del ordenador para comunicarse incluso para hablar al depender de él en muchas de sus conversaciones con otras personas. De hecho, hoy en día asistimos al fenómeno de que mucha gente que no es sorda prefiere teclear para comunicarse por “Whatsapp” antes que mantener una conversación telefónica. En cualquier caso, lo mismo daría para el sentido de la historia considerar a Shuara sorda que sordomuda, porque lo importante es que no oye, no si puede o no hablar.

5. Tampoco veo la incongruencia en enviar a alguien sordo en la misión, cuando está perfectamente capacitada para comunicarse. ¿Y qué te hace pensar que alguien sordo no puede ser uno de los mejores en su campo?

6. Pues mira, yo creo justo lo contrario, que nadie mejor que una persona sorda para fijarse en algo que, para el resto de sus compañeros, pasa desapercibido, como es el sonido, porque estamos tan rodeados de ellos que ni nos fijamos en lo importantes que pueden llegar a ser. En cambio alguien con esa carencia y lo bastante inteligente como para ser incluida en la misión sí podía darse cuenta de que el sonido era el elemento clave para llegar a una posible respuesta a lo que había ocurrido.

7. Quizá te ha resultado raro porque no estás acostumbrado a leer historias en las que haya un personaje importante que sea sordo, y cuya sordera resulte crucial para resolver un problema.
Gracias por comentar.


@Yaya Ceravieja, eso mismo pienso yo, mira que si llego a elegir un repartidor espacial… Big Grin
Me alegro que hayas visto poco que comentar a nivel técnico, le hace falta un repasito, desde luego, en cuanto tenga tiempo me pondré con ello.

Bueno, lo del médico con su mezcla de nervios y didáctica yo no lo veo tan inverosímil, eso ya depende de cómo cada uno se lo quiera imaginar. Al describir la actitud de Belière no estaba pensando en alguien que pierde por completo la cabeza y empieza a comportarse como el típico personaje histérico que se precipita él solito hacia su muerte (seguro que todos tenemos imágenes mentales de personajes así, se dan mucho en las pelis malas de terror), sino en alguien que tiende a perder los nervios pero que es capaz de mantener cierto control si alguien más fuerte (en este caso, el capitán Tikssen) se impone. Es fácil ver esto en la escena que se produce al encontrar el primer cadáver. Más adelante, al encontrar el segundo cadáver, oímos que Belière se está desmandando de nuevo, y esta vez la labor de calmarlo se la reparten entre Tikssen y Shuara, que interviene en la conversación aportando un punto de racionalidad y calma. Que Belière podría haberse vuelto incontrolable es una opción muy válida para la historia, pero no ocurre en este caso por dos razones: primera, eso hubiera lanzado la historia hacia un camino que a mí no me interesaba explorar, y segundo, tampoco cuadraba con el personaje tal y como lo he descrito. Belière es de esas personas que se excitan fácilmente y pueden perder los nervios con facilidad, pero no un histérico que se vuelve por completo irracional y con el que ya no es posible tratar de manera racional. Admito que puede gustar más la otra forma de considerarlo, pero no estoy de acuerdo en que no tenga sentido.

Me alegro de que te haya gustado la parte relacionada con el sonido y todo lo que conlleva, aunque no estoy de acuerdo en que el relato no tenga final. Hay cosas que no se explican, es cierto, como hay cosas que no se explican en un montón de historias (tampoco se explica quién es Acechador, con esos poderes tan extraños, y qué hace en un mundo aparentemente tan normalito como el nuestro, con sus repartidores de propaganda y demás), pero porque se le pide al lector/público que sea él quien interprete lo que no se dice a raíz de los datos que el autor les ofrece. Como ya le comenté a Lanay, he preferido dejar que sea el lector quien opte por la explicación que más le guste…

Gracias por comentar.
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