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Versión completa: Propuesta: Proyecto universo compartido: Mundo Ihbn 2.0
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Bueno, pues aquí acabo con una descripción de los Ángeles. Quizá este debería haber sido el primer post, pero me ha ido bien hacerlo al revés para aclarar ideas. Si os gusta ya comentaréis!

Descripción: (un tanto desordenada)
Los ángeles no son puramente provenientes de los elementos típicos, si no que representan sentimientos o emociones más puras y sutiles que se desprenden/destilan de la esencia de los elementos (así de superiores y perfectos son, jajaja). Por ejemplo, Joel viene del fuego, y el fuego causa destrucción y la destrucción lleva a la sangre, por lo que se le llama Joel el Sanguinario. Son un residuo/despojo corpóreo de la magia y se nutren de los restos mágicos que quedan tras los hechizos. Son perfectos e imperfectos al mismo tiempo: extraños y singulares seres llevados al extremo por la caprichosa magia. Creen ciegamente en el destino y detestan el azar. Su raza se compone solamente de 11 miembros (por suerte para las demás razas) y uno de ellos está desaparecido. Son seres solitarios que no se dejan ver con facilidad y que habitan en los cielos. No viven cerca de otros seres (incluso les cuesta encontrarse entre ellos, pero su destino hace inevitable cruzarse entre ellos debido a su mismo origen). Pocos humanos han visto alguno (y menos a un grupo junto) y creen que son seres mitológicos. Su manera de ser, de pensar y de actuar es demasiado compleja para el resto de seres mundanos que no son capaces de seguir sus razonamientos y motivaciones. Creen que cada uno de ellos vive por alguna razón, no como el resto de seres cuya existencia es insignificante. No participan en cosas tan banales como guerras territoriales o de poder y no suelen participar en los asuntos de otras razas ni intervenir si no es para beneficio propio, y además no se puede influir sobre ellos/comprar/engañar. Se dice que son inmortales y que solo la magia puede debilitarles, pues su alma imperecedera se reencarnará en un nuevo cuerpo si éste es destruido. Son seres místicos, y por supuesto, todos son bellos y aterradores al mismo tiempo. Los ángeles dominan los cielos, mientras que los titanes las profundidades de la tierra. ¿Cómo pudieron unos seres tan minúsculos acelerar la caída de los titanes? ¿Hasta dónde alcanza su poder? Los ángeles no fueron una creación voluntaria de los Ancianos (no como los Titanes, a los que ellos ven como esclavos de los Ancestros), y escapan a sus designios, simplemente nacieron de la magia que ellos usaban. Algunos de ellos (los caídos) no están de acuerdo con el orden establecido y su último enemigo son los mismísimos Ancestros. Tanto los Ángeles caídos como los eternos coinciden en una cosa, detestan a los Titanes. No tienen sentido de raza, son individualistas y maquinan entre sí pues cada uno tiene sus propios objetivos que pueden entrar en conflicto con los de otros. Son capaces de aparecerse en los sueños de un mago para manipularlo, pero no pueden alterar los sueños de los no magos porque son demasiado insignificantes. Ni tienen sexo ni se reproducen. Obviamente saben usar la magia, pero es una magia distinta de la de los magos, como si fuese innata a ellos mismos y no aprendida. No necesitan alimentarse, no se cansan, no envejecen y no tienen necesidades vitales.
Bueno, parece que estoy en racha. Hacía mucho que no escribía tanto en tan poco tiempo (yo aprovecho y voy colgando aquí, a ver si dura). Imagino que puede ser mucho texto de golpe para asimilarlo todo, pero si os agrada ya me iréis diciendo.

Ángeles, Introducción a la historia que quiero escribir:

Miguel volaba sin batir sus alas compuestas por plumas blancas inmaculadas a través de la violenta ventisca que se había desatado esa misma mañana sobre la región montañosa de Artús. Ni los vientos huracanados ni el intenso frío eran capaces de detener o alterar la trayectoria ascendente de su grácil vuelo. Se dirigía directo e indiferente hacia las grises nubes tormentosas que estaban desatando aquel temporal. Hacía siglos que no sobrevolaba aquella parte del norte, situada bajo la constelación de Gigas, y Miguel no quería desaprovechar la oportunidad de contemplar el orgullo y la magnificencia que eximían aquellos picos nevados. Miguel había conocido en persona, en un pasado muy lejano, al artesano que había cincelado con esmero aquellas cumbres y había rebajado una y otra vez la basta roca de aquellas montañas para pulir los ondulados valles surcados por delicados ríos. Sin duda, la sierra de Artús era la obra maestra de un gran artista, pero aun así, pensó Miguel despectivo, su indudable elegancia distaba mucho de ser equiparable a la perfección de los Ángeles.

Miguel alcanzó las densas nubes y perdió de vista la sierra de Artús. Otro ser se hubiera desorientando avanzando a través de la bruma húmeda que componía los nimbos de aquella ventisca, pero los cielos eran el hábitat de los Ángeles, por lo que Miguel se sentía como en casa mientras continuaba su búsqueda. No tardó en vislumbrar una silueta a su izquierda y detuvo de inmediato su vuelo. Al fin y al cabo, él era el invitado y debía esperar educadamente a que su anfitrión desease recibirlo.

Macabel tardó dos horas en aparecer frente a él. Aquella breve espera indicaba que su hermano estaba esperando su visita.

— Saludos, Miguel. Cuánto tiempo. Llevaba tan solo 10 años esperándote. Has venido rápido, lo cual quiere decir que tú también te has dado cuenta de que algo extraño ocurre en nuestro mundo.

Miguel no se inmutó lo más mínimo ante la aparición de su hermano, pero cualquier otro ser vivo le hubiera mirado anonadado pensando que aquél ser no podía se real. Macabel vestía ropas de seda blanca impoluta que recorrían su fastuosa figura de adonis rematada por dos grandes alas que surgían de su espalda. El iris de sus ojos era dorado, igual que la tonalidad de sus cabellos; y aunque semejase un hombre adulto, había ciertos rasgos de su anatomía que recordaban a los de un infante: como su fina piel sin broncear, la falta de bello corporal o sus rosadas mejillas. Como todos los Ángeles, no solo era hermoso, sino que además era aterrador.

— Tres siglos pasan en un abrir y cerrar de ojos —contestó Miguel.
— Cierto. Pero dejemos de lado la nostalgia innecesaria y tratemos el urgente asunto que te ha traído hasta aquí. Noto más magia recorriendo mi alma, como si existiera una perturbación en los daones. Algo nuevo está ocurriendo. Los Titanes deben de ser la causa...
— Pero están dormidos…
— Cierto, pero su influencia sigue afectando a la superficie del planeta. Quizá haya llegado el momento de descender momentáneamente de los cielos y pisar tierra firme.

Una mueca de asco apareció en el rostro de Macabel al pronunciar aquellas palabras. Del mismo modo, a Miguel no le hacía ninguna gracia la idea de pisar la sucia y mundana tierra firme.

— ¿Y si los estuvieran manipulando? —continuó Miguel—. ¿Y si alguien se está aprovechando de su gran poder? Cómo ocurrió en el pasado… Al fin y al cabo no son más que esclavos incapaces de pensar por sí mismos.
— Esclavos… Podría ser, sí… —Macabel hizo una pausa y cambió de tema—. ¿Has contemplado alguna vez a los humanos que moran allí abajo, Miguel? A veces observo sus movimientos desde las alturas. Esa sí que es una civilización de esclavos. Son incapaces de cuidar de sí mismos y siempre buscan a alguien más fuerte para que solucione sus problemas y les proteja. A veces me pregunto si no sería mejor que tuvieran un líder más… divino…

Miguel calló, sorprendido ante la peligrosa declaración que le acababa de hacer su hermano. Era insólito que un Ángel se preocupase por unos seres tan insignificantes como los humanos. Le miró atentamente y se preguntó que se traía entre manos. ¿Podía ser que Azazel hubiera logrado finalmente corromper el alma del más puro de sus hermanos utilizando a los humanos como cebo? De todos modos decidió no seguir hablando de aquel tema, ya averiguaría más en otro momento. Ahora necesitaba de forma apremiante otro tipo de respuestas.

— Creo que todo esto es un plan de Abbadón. —Insistió Miguel—. Creo que deberíamos avisar a Gabriel.
— Todavía no hay necesidad de avisarle. Aun no sabemos a qué nos enfrentamos.

El tono de Macabel era calmado y tan musical como el del resto de la conversación, pero Miguel detectó con facilidad una nota de amargura en sus palabras. Sabía que Macabel y Gabriel siempre habían rivalizado para ver quién era mejor de los dos, y que no les gustaba nada trabajar juntos.

— Pero Macabel, ¡juramos protegerlos! ¿No lo habrás olvidado, verdad?
— Sí, es cierto, juramos proteger al mundo de la destrucción; pero no juramos protegerles de sí mismos…
Eh, que buena, todo esto me esta gustando bastante, continuala, porfa.

Pronto voy a actulizar el blog con mas informacion.

Saludos.
Me alegro que te guste, creo que está saliendo algo bastante chulo. De todos modos en el próximo post cambiaré un poco y trataré de describir una región habitada por humanos que viven bajo la influencia de la magia del fuego con la del metal juntas.

Por otro lado, hay dos cuestiones que me gustaría comentar respecto a los titanes:
- ¿De verdad veis necesidad de crear un titán supremo? Yo lo suprimiría, creo que se puede entender perfectamente que un mago de agua pueda hacer magia de fuego si es suficientemente poderoso o dispone de algún canalizador (claro que con menor potencia). Además, no me imagino a un ser tan poderoso como un titán teniéndole que rendir cuentas a otro titán más poderoso, yo creo que por encima de un titán solo deben estar los Ancestros.
- ¿Los Titanes se llevaban bien entre ellos? Yo me los imagino como niños pequeños que intentaban que sus amos prestaran más atención a sus creaciones que a las de sus compañeros para ser sus favoritos. ¿Se enfadaban, se envidiaban? Creo que deberíamos caracterizarlos un poco más, y la idea de que aun siendo tan grandes y poderosos tenían una actitud un tanto infantil a mi me gusta.
— ¡PAM!

La explosión resonó por toda la cueva mientras la bala salía disparada hacia su objetivo. El muchacho bajó el arma y movió la mano izquierda de un lado al otro en el aire para que la cortina de humo que le cegaba se disipara más rápido. Forzó la vista con los ojos enrojecidos con la esperanza de haber acertado al objetivo que se encontraba a 200 pasos de su posición, pero el maniquí seguía intacto. Había vuelto a fallar.

— ¡Ricot, no te he dicho mil veces que aguantes la respiración antes de apretar el gatillo! —le gritó enojado el anciano que vigilaba todos sus movimientos desde detrás—. No das ni una. Será mejor que tomemos un descanso…

Ricot respiró aliviado al escuchar que podía tomarse una pausa y siguió al sargento Thobías hasta las gradas de acero que se encontraban en un lateral del campo de prácticas de tiro en el que estaban entrenando. La mayoría de soldados o aprendices habían abandonado ya el lugar. Ricot no se dio cuenta de lo cansado que estaba hasta que se sentaron. Tras tres horas de insufribles prácticas tenía los brazos y los hombros fatigados y doloridos, su uniforme de aprendiz marrón cubierto de hollín y los oídos le zumbaban a causa de haber escuchado tantas pequeñas explosiones reverberando en las paredes rocosas de la cueva. Tenía ganas de cerrar los ojos y descansar tranquilamente, pero entonces Thobías empezó a relatar otra de sus inaguantables peroratas:

— "Recuerda, chaval, nuestro pueblo nació de la combinación del fuego y el metal, y esta arma letal que estás aprendiendo a usar creada por los alquimistas a partir de puro hierro fundido forjado en forma de tubo, que se dispara con una llave de chispa es la prueba definitiva. Puede atravesar hasta la más gruesa de las corazas y alcanzar a un enemigo a más de cien varas de distancia. Hay muchos monstruos allá fuera, pero mientras tengas tu arcabuz junto a ti podrás acabar con cualquiera de ellos de un solo disparo certero que queme y perfore su carne.
Por otro lado, la ballesta se considera hoy en día por parte de nuestro ejército un arma arcaica y poco digna puesto que se fabrica con madera y cuerda en lugar de metal, pero nadie duda de su eficacia. Disparada de forma certera contra una parte vital del enemigo puede ser igual de efectiva que el arcabuz…"

El sargento Thobías continuó incansable su discurso sobre el uso de las armas de proyectiles modernas, pero Ricot hacía ya rato que no le prestaba la más mínima atención. Llevaba ya dos meses a cargo del viejo, tiempo más que suficiente para haber aprendido que cuando Thobías (antiguo veterano de guerra del ejército de su Majestad reconvertido ahora en instructor de combate), empezaba a contar una de sus historias sobre estrategia militar o a quejarse de lo blandengues que se habían vuelto los jóvenes hoy en día, era mejor dejarle hacer. Ricot empezó a sentir que le dolía la cabeza y se preguntó una vez más cómo había acabado allí. Su destino nunca había sido el de convertirse en un belicista…

Era el tercer hijo de una familia bien estante apellidada Fergud. Tanto sus abuelos, como sus padres y como sus hermanos mayores, se dedicaban a la tradicional forja del hierro y de los objetos arcanos, por lo que se habían ganado merecidamente el prestigio de muchos de sus conciudadanos que admiraban sus fabricaciones. Todos ellos habían aprendido el arte de forjar en la institución conocida como "la Fábrica". Cuando Ricot alcanzó la edad de los 17 años, tal y como era la costumbre familiar, se presentó ante los herreros arcanos de la Fábrica para pasar unas pruebas con la intención de ser admitido y poder aprender el oficio. Sin embargo, para sorpresa de todos (incluso de sí mismo), Ricot demostró no poseer ningún tipo de aptitud mágica para poder ejercer la forja. Los herreros arcanos le explicaron que no poseía afinidad suficiente con el metal y el fuego, y que estos elementos eludían sus órdenes y se descontrolaban en sus manos. No podía ser admitido en la Fábrica.

Sus padres no dijeron nada al conocer la noticia, pero Ricot podía ver la decepción camuflada tras sus rostros pétreos. ¿Qué iban a hacer con él?

Su padre tenía varios contactos con sus clientes e intentó enchufar a su hijo en algún lugar donde pudiese labrarse un futuro digno. Sin embargo, tanto los pertenecientes al gremio de alquimistas como al de constructores no querían hacerse cargo de un muchacho a punto de llegar a la edad adulta que no poseía cualidades mágicas. Al final, un antiguo conocido de su padre llamado Thobías, accedió a entrenar a Ricot en el uso de las armas asegurándole que en el ejército tendría una buena vida. A falta de una mejor solución, sus padres accedieron y mandaron a Ricot con su nuevo maestro a un cuartel militar, destinando el dinero que habían guardado para su aprendizaje en la Fábrica a que aprendiese a usar la pica, la rodela, la ballesta y el arcabuz.

— "…y ya sabes que además una coraza o una cota de malla no serán rival… ¡¿Me estás escuchando, cadete?!"

Thobías se había detenido súbitamente al darse cuenta de que su alumno estaba mirando embobado las antorchas que iluminaban desde lo alto la cueva en lugar de prestarle atención. Ricot dio un brinco que elevó su trasero varios centímetros por encima del banco de la grada y se apresuró a responder lo primero que le vino a la cabeza:

— ¡Sí, señor! ¡Me preguntaba por qué, señor, no existe en el ejército una unidad de arcabuceros a caballo!
— ¿Cómo? ¡Cabalgar con un arcabuz! Menuda idiotez. Sabes muy bien que nosotros no cabalgamos. En mi opinión los caballos son bestias mimadas y poco fiables. ¿De dónde has sacado eso, novato?
— Pensaba en los caballeros de la antigüedad, señor. Ellos peleaban a caballo en épicos combates cuerpo a cuerpo.
— Épicos dice… Dime, chico, ¿qué tiene de épico una pelea a mamporros montado sobre un jamelgo?
— Eran muy valientes señor, se lanzaban a la carga en pos del honor y la gloria.
— ¿Y dónde están esos caballeros ahora? ¿Por qué crees que desaparecieron? Yo no veo que hay de honorable en formar parte del bando perdedor.
— Pero ellos…
— Basta, chico. ¿Es que no te he enseñado nada? Las tropas del Imperio combaten en formaciones cerradas de infantería, no hay lugar para el individualismo. Luchamos unidos en bloque como un solo hombre y es esa disciplina, determinación férrea y espíritu de compañerismo lo que nos hace triunfar sobre nuestros enemigos. Lees demasiados libros viejos. Te hace falta ver más mundo… Créeme, será un arcabuz el que te protegerá de los peligros del mundo cuando las palabras no basten; no la épica, la caballerosidad o la valentía.

Ricot calló ante aquella sentencia que a él le parecía injusta, pero sabía que no ganaría nada más que un entrenamiento mucho más duro al día siguiente si seguía discutiendo. Puede que los caballeros de antaño que portaban armaduras completas, bardas decorativas sobre sus caballos de guerra y pendones ondulando al viento en lo alto de sus lanzas hubieran desaparecido, pero él no dejaba de admirar las gestas que narraban los escritores y cantaban los bardos solo porque las órdenes de caballería hubiesen desaparecido.

— Esta tarde escribiré a tus padres para contarles tus progresos. Nos queda mucho por hacer, pero creo que para la próxima cacería tu entrenamiento ya estará terminado. Venga, es hora de continuar practicando.

Mientras se levantaban, Ricot no supo si su instructor le acababa de decir aquellas palabras con la intención de zanjar de tema, de darle ánimos o al verle muy distraído. Fuera como fuese, no contestó, volvió a coger el arcabuz, se colocó en posición y se preparó para disparar. Ojalá esa vez acertase al maldito maniquí…



Carta a la familia Fergud:
"Su pimpollo está aprendiendo rápido, estoy contento con sus progresos y habilidades. Ya sabe usar la pica y el arcabuz, las armas principales de todo entrenamiento militar que se precie, y pronto le daré clases para el uso de la ballesta y la rodela. Estoy seguro de que llegará a formar parte de las mejores unidades de élite del ejército de su Majestad, ¿y quién sabe? quizá incluso llegue a capitán del cuerpo de arcabuceros o de piqueros.

En cuanto a su actitud, es verdad que es un tanto alocado y fantasioso, pero así son los jóvenes de hoy. Confío en que tan solo le haga falta un poco más de mano dura y experiencia vital para convertirse en un hombre hecho y derecho. Puede que en ocasiones sea duro con él, pero ustedes saben tan bien como yo lo que le aguarda ahí fuera, más allá de las fronteras de nuestro glorioso Imperio. Más vale ser duro con él en estos momentos de su vida, pues seguro que este entrenamiento que ustedes le están pagando le ayudará a sobrevivir a los peligros con los que se encontrará más adelante."

Siempre es un honor,
Sargento Thobías
(02/12/2015 05:47 AM)Verde escribió: [ -> ]Me alegro que te guste, creo que está saliendo algo bastante chulo. De todos modos en el próximo post cambiaré un poco y trataré de describir una región habitada por humanos que viven bajo la influencia de la magia del fuego con la del metal juntas.

Por otro lado, hay dos cuestiones que me gustaría comentar respecto a los titanes:
- ¿De verdad veis necesidad de crear un titán supremo? Yo lo suprimiría, creo que se puede entender perfectamente que un mago de agua pueda hacer magia de fuego si es suficientemente poderoso o dispone de algún canalizador (claro que con menor potencia). Además, no me imagino a un ser tan poderoso como un titán teniéndole que rendir cuentas a otro titán más poderoso, yo creo que por encima de un titán solo deben estar los Ancestros.
- ¿Los Titanes se llevaban bien entre ellos? Yo me los imagino como niños pequeños que intentaban que sus amos prestaran más atención a sus creaciones que a las de sus compañeros para ser sus favoritos. ¿Se enfadaban, se envidiaban? Creo que deberíamos caracterizarlos un poco más, y la idea de que aun siendo tan grandes y poderosos tenían una actitud un tanto infantil a mi me gusta.


A mi tampoco me tinca lo del titan supremo, pero puede ser una interpretacion de las razas mortales de Ihbn, que algunas crean en la existencia de una jerarquia entre los titanes y uno que manda sobre todos.

Lo mismo sobre la personalidad, supuestamente en la espoca "actual" de este mundo todos los titanes estan dormidos, pero en epocas preteritas pudieron tener cada uno su propia personalidad, no me gusta hacer las cosas muy rigidas y todo esto podria ser a gusto del escritor.

Respecto a la magia elemental propiamente tal, algunos titanes benefician la magia del fuego y debilitan a la del agua y viceversa, o podria ser que existan distintas escuelas o cofradias de magos donde se estudie un solo elemento o varios.

Saludos.
En lo del titán supremo, pienso yo que anque solo existan un escalón superior a ellos, los ancestrales, y que crees que hacen todos los dioses conocidos y por conocer? Dar poderes a alguien para que trabajen para ellos, ellos no trabajan, solo viven y contemplan. Sobre lo de la magia que un mago pueda hacer varias, puede ser, pero no lo veo tan gracioso, con algun canalizador vale, pero que un mago de fuego pueda hacer una magia de agua, aunque sea insignificante...lo veo difícil a no ser que sea un mago muy habilidoso o tenga algun objeto para canalizar.
Y sobre los Titanes yo al menos me los imagino mas que unos seres con ciertos poderes prestados por los ancestros, unos poderes casi exclusivamente para crear vida, magia, el agua etc... si son poderosos al lado de un humano, pero para un ancestro no son nada.
Sobre si se lelvan bien entre ellos...yo si fuera un ancestro, los haria carentes de estimulos, solo ordenes a excepcion de algun titan que nesecite más conocimientos para crear cosas de mayor poder, porque nadie arriesga ni un apice de poder de más para darla a otra criatura...digo yo xD...xD

Verde, me gustó mucho los de los ángeles, sobre todo que fueron creados al azar, junto con la magia, muy muy bueno e original.
Vale, estoy de acuerdo con vuestras opiniones. He reescrito (y editado) el texto introductorio de arriba, el de Ricot (mi protagonista) por si os lo queréis volver a leer, ha cambiado bastante. Por otro lado, he decidido saltarme unos cuantos capítulos y dejar escrito ya el siguiente capítulo importante de la historia. Aquí lo tenéis, pero falta el trozo de la conversación entre los ángeles, que aun me estoy pensando qué poner. Cuando la historia esté mejor cuadrada la escribiré (porque aun me falta por presentar al malo, jajaja). Para que os pongáis en situación, Ricot se ha convertido ya en cazador pero se ha quedado solo en el bosque y sabe que los hombres bestia que han atacado a su unidad andan cerca. Espero que os guste, este ha sido duro de escribir:



Ricot se ocultó lo mejor que pudo entre unos matojos. Iba a ser una noche larga. Pensaba mantenerse despierto hasta que saliese el sol y no iba a separarse de su arcabuz ni para ir al baño. Sobreviviría.

De pronto, rompiendo el silencio absoluto, una brisa sacudió levemente las ramas de los árboles produciendo algunos crujidos de madera. Sus manos se anclaron con aun más fuerza al frío hierro de su arma. Presentía que no estaba solo, allí cerca había alguien o algo más, se lo aseguraba su instinto de cazador. Ricot se puso de cuclillas y empezó a alzarse poco a poco. Una vez sus ojos estuvieron por encima del tronco proporcionándole visibilidad se detuvo, teniendo mucho cuidado de no moverse ni hacer el más mínimo ruido mientras escrutaba los alrededores. La luna llena brillaba en el firmamento, iluminando los árboles con su pálida luz resplandeciente acompañada de sombras perturbadoras. El bosque estaba sumamente quieto. No vio nada fuera de lo común. Ricot suspiró aliviado, convencido de que su instinto le había jugado una mala pasada. Empezaba ya a inclinarse para volver a su escondite cuando volvió a notar aquella brisa haciendo crujir las ramas, y entonces fue cuando lo vio.

Una figura borrosa cruzó el cielo a toda velocidad por encima de su cabeza y Ricot se ocultó de nuevo lo más rápido que pudo. Esperó unos segundos que se le hicieron eternos, pero no pasó nada más. Por suerte, fuera lo que fuera aquello, no debía de haberle visto. Estaba asustado, agazapado en su escondite, pero un sentimiento se abrió paso en su mente más allá del pánico: la curiosidad. Ricot habría jurado que la silueta que acababa de pasar volando por encima de él correspondía a la de un humano, pero eso no podía ser cierto. Intrigado, y dejando de lado la parte racional y precavida de su cerebro que le gritaba que huyese de allí lo antes posible, Ricot volvió a incorporarse lentamente para echar otra ojeada.

La silueta humana aterrizó suavemente sobre la superficie del lago, varios metros por debajo de su posición y completamente a la vista desde donde él se encontraba. Ricot ahora veía el perfil de la figura recortado contra la luna, por lo que la oscuridad ocultaba la mayor parte de sus rasgos, pero en cambio marcaba con claridad el contorno de las grandes alas que surgían de su espalda y el hecho de que en lugar de apoyar los pies en el suelo, el ser flotaba en el aire ligeramente suspendido sobre el agua cristalina y calmada. ¿Qué demonios era aquella criatura con forma de humano capaz de volar? Nunca había visto nada semejante.

La criatura permaneció inactiva en su posición. Pasó un minuto, y luego otro. Ricot se preguntó que estaría haciendo allí quieta. Por un momento se preguntó qué ocurriría si saliese de su escondrijo y bajase hasta el lago en busca de su ayuda, pero descartó la idea de inmediato. A esas alturas estaba ya claro que no se trataba de ningún ser humano; aquella criatura, fuera lo que fuese, en definitiva no era más que un monstruo. Continuó observándola, a la espera de un movimiento en falso, de una señal; pero seguía allí plantada, inmóvil. No iba a tener una mejor oportunidad. Poco a poco, Ricot se fue incorporando y apuntó su arcabuz en dirección al monstruo. Solo tendría una oportunidad, si fallaba la criatura retomaría el vuelo y se escaparía, o lo que era peor, iría a por él. Respiró hondo y relajó los hombros en un intento de acompasar la respiración. Era un tiro lejano, pero el objetivo estaba tan inanimado como las dianas del campo de prácticas con las que aprendió a disparar. Colocó su ojo derecho en la mirilla a la vez que cerraba el contrario y sacó la lengua entre sus labios inconscientemente al concentrarse. Notó las manos sudorosas y los músculos agarrotados cuando colocó su dedo índice sobre el gatillo. Tomó aire por última vez y…

Ricot detuvo el disparo en el último instante. Por el rabillo del ojo vio como otra figura aparecía en el claro. Al igual que la primera, flotó por encima de las aguas y se dirigió hasta el centro del lago, donde se colocó de cara a su compañero, que le recibió con un leve asentimiento de cabeza. 'Demonios…' maldijo en voz baja Ricot bajando el arma. Poco podría hacer en un combate desigual contra dos monstruos. Por ahora lo mejor sería esperar.

Ricot volvió a ocultarse una vez más tras el tronco, pero esta vez no perdió de vista a su presa. El silencio era total, por lo que no tuvo problemas para oír la conversación que empezó entre los dos seres, cuyas melodiosas voces resonaban por el bosque como si de una melancólica canción se tratase.


/* Ricot escucha la conversación entre los ángeles. Al acabar de hablar emprenden el vuelo. */


Era la última oportunidad. Ricot levantó el arcabuz rápidamente, apuntó lo mejor que pudo y disparó sin pensárselo dos veces.

El humo le cegó momentáneamente, pero en cuanto recuperó la visión pudo ver que uno de los monstruos se elevaba hacia los cielos y desaparecía entre las nubes, mientras que el otro perdía altura por momentos mientras se precipitaba hacia el suelo con un vuelo irregular. '¡Le alcancé!', pensó Ricot lleno de júbilo y sin podérselo creer mientras seguía su trayectoria hasta verle desplomarse contra la orilla del lago. Pero aun era pronto para cantar victoria. Ahora el juego consistiría en cazar o ser cazado. Si el monstruo había sobrevivido y lograba avisar a su compañero de algún modo y éste volvía para ayudarle su situación se complicaría aun más. Debía rematar lo cuanto antes.

Ricot recargó el arcabuz y emergió al fin de su guarida para descender la montaña intentando llegar lo más velozmente posible hasta el lago; eso sí, sin dejar de escrutar el cielo por si el segundo monstruo aparecía de nuevo.

Cuando llegó hasta la orilla del lago se detuvo un instante a mirar a la víctima de su disparo. Su cuerpo descansaba contra el suelo en una postura extraña y retorcida fruto de la caída. No se movía. Se acercó cautelosamente, con el arma lista para volver a disparar al notar el más leve movimiento, para confirmar su muerte. Al llegar junto a él le dio un fuerte puntapié. No reaccionó. Bajó el arma y contempló el cadáver. El cuerpo había quedado destrozado a causa de la caída, y apenas se discernían ya las facciones humanas. Todo lo que quedaba de él era un amasijo de músculos desgarrados y huesos rotos sobre un charco de sangre escarlata y plumas blancas. Sin embargo, aun en aquel estado, Ricot discernió cierta belleza fuera de lo común en las pocas partes de aquel ser que quedaban intactas. A pesar de la hemorragia y las contusiones su piel semejaba marfil al reflejarse la luz de la luna sobre ella, vestía elegantes ropas de alta costura y sus cabellos parecían sedosos y suaves. Ricot contempló todo aquello embobado, como si lo estuviese viendo en un sueño, y al despertar se dio cuenta de que estaba haciendo el tonto. Seguro que los hombres bestia habrían oído el disparo y se dirigían en esos mismos momentos hacia allí. Cuando llegasen seguirían el rastro de sangre y devorarían los restos. Eso les mantendría ocupados y le brindaría a él la oportunidad perfecta para escapar. Sin dudar ni un minuto más, Ricot abandonó el cadáver del monstruo, rodeó el lago hasta llegar al otro extremo, y echó a correr montaña abajo.
Lo he estado leyenda, la historia es entretenida, solo dos cosas:

-¿Derribar a un angel de un escopetazo -o alcabuzazo-? que decepcionante, pensaba que serian mas fuertes.

-Aunque disparar alcabucez a caballo no parece buena idea -problemas de recarga, de precision- en realidad tener ballesteros a caballo o arqueros a caballo es una buena idea, hubo pueblos que derribaron civilizaciones enteras con ejercitos basados en arqueros montados.

Saludos.
Quería crear justamente ese contraste, que los ángeles están definidos como seres muy superiores, pero un simple humano "mundano" (más adelante se hará hincapié en que ni siquiera se trataba de un mago) ha sido capaz de dañarle (que no de matarle) y eso va a desencadenar consecuencias drásticas en la historia. Es una pena que te haya decepcionado, pero a que no te lo esperabas? jajaja. A mi me hace gracia la idea de que Ricot se ha cargado a un posible aliado cuando él pensaba que estaba matando a un monstruo maligno. Además, mi intención es lograr que al final penséis: "Se lo merecían, son unos soberbios y siempre van de listos", jajaja. Haber si lo consigo.

Lo de luchar a caballo quizá lo puedo mejorar un poco. La única intención de esa frase era dejar claro que el Imperio de su Majestad no dispone de unidades de caballería y por eso el viejo cascarrabias los desprecia, no porque no sean útiles, ya que como tú dices Haradrim, es cierto que por ejemplo los selyúcidas crearon una civilización entera con ejércitos basados en arqueros montados.
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