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Full Version: [Fantasía Épica] El mundo en silencio
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Portada hecha por BeatriceLebrun, una compañera de Wattpad.

[Image: 21359111-256-k216812.jpg]

Enlace a la historia en Wattpad.

Índice:
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2

Sinopsis

«Las paredes manchadas de sangre; la mayoría de casas quemadas; la aldea en ruinas. Todo eso podría ser obra de saqueadores. Sí, podría. Pero una voz en mi interior grita con rabia y me dice que no ha sido cosa de humanos.

Elevo el antebrazo y, con una explosión de luz azul, se manifiesta Laht: mi cuervo sagrado.

«Busca sus rastros» le ordeno mentalmente.

Grazna y se pierde entre las copas de los árboles. Miro a Adalt, asiento con la cabeza y, mientras caminamos hacia los caballos pisando la tierra manchada con el líquido negro que recorre las venas de los silentes, gruñe.

Sonrío sin que me vea y pienso que esta caza será entretenida»

Prólogo

Elevo la mano y parte de la tierra que sostengo en la palma cae escapándose entre mis dedos. Observo minuciosamente el puñado que queda y, mientras miro a Adalt, asiento con la cabeza. No hace falta decir nada, ambos sabemos a qué nos enfrentamos.

Desmonta del caballo y, guardando silencio, ata las correas a un árbol. Con un gesto, le digo que ate también las de mi corcel y, luego, le indico con la mano que avanzaré primero.

Me adentro unos metros en el bosque siguiendo los rastros. Cuando examino un arbusto lleno de sangre negra, me pregunto: ¿Por qué tantas pistas? Y, sobre todo, ¿por qué está sangrando?

Me quito el guante y toco el líquido oscuro. Acerco los dedos a la nariz y lo huelo. No hay duda, la sangre no es de un espécimen joven. No, es muy antiguo. Este olor tan fuerte solo lo he olido una vez, hace ya demasiado tiempo.

Escucho los pasos de Adalt, me giro y lo veo portando su inmensa hacha de doble hoja. No sé qué es lo que me transmite mejor su estado de ánimo, el rostro inexpresivo o la cicatriz que lo surca en diagonal desde la sien hasta la barbilla. Se agacha y escribe en la tierra con una rama: “Ocho rastros. Dos son de los nuestros”. Asiento y sigo avanzando. Oigo cómo se alejan las pisadas de Adalt. Vamos a rodearlos.

El viento sopla y trae el olor del humo. Huele a carne quemada. Cierro los ojos y aumento la sensibilidad de mi olfato. Aunque muchos no son capaces de detectar las diferencias, el olor de la carne humana al ser quemada es ligeramente distinto al de los otros animales. Inspiro y, tras unos segundos, sé que es un jabalí el que está ardiendo.
Abro los párpados y camino rápido en busca del fuego. No me lleva mucho tiempo encontrarlo. Está en medio de un improvisado campamento que seguro fue construido por bandidos o, quizá, por enemigos del Condomator.

La hoguera arde con fuerza. En ella ha caído parte del jabalí que estaban cocinando. El animal tiene la mitad del cuerpo calcinada y el hocico supura un líquido transparente que chisporretea al contacto con el fuego.

Examino las tiendas y, aparte de ropa sucia y mantas ensangrentadas, no veo nada de importancia. No sé cuántos hombres había aquí, pero calculo como mínimo unos diez. Cierro los ojos y un pensamiento cobra mucha fuerza en mi mente:

«Podríamos haber acabado con cuatro o seis, pero si han transformado a estos forajidos, no tenemos muchas probabilidades de sobrevivir en un enfrentamiento.»

Observo pensativo las manchas de sangre en las cortezas de los árboles. Luego contemplo cómo bailan las llamas. Lo que más ansía mi alma es acabar con los monstruos. Sin embargo, he de ser realista, muerto no sirvo de nada.

Elevo el antebrazo y, tras un estallido de luz azulada, aparece Laht, mi cuervo sagrado. Miro a sus brillantes ojos rojos y le ordeno con el pensamiento:

«Busca a Adalt, dile que debemos retirarnos. Que volveremos con más hombres.»  

Muevo el brazo y, la parte de mi alma que representa Laht, sale volando. Cuando desaparece entre las copas de los árboles, bajo la mirada y aprovecho para inspeccionar los alrededores del campamento. El suelo me muestra cómo algunos de los hombres se resistieron. Creo que llegaron a herir a uno de los engendros. Al menos eso parece por la sangre negra de un espécimen joven que veo sobre una gran roca.

Oigo algo. No es un sonido natural del bosque. Afino el oído y busco el origen. Cuando lo encuentro siento cierta tristeza, es uno de los hombres del campamento. Le falta un brazo y parte de una pierna, pero las heridas no sangran, están cauterizadas. Me agacho para examinarlas y, mientras lo hago, escucho con más fuerza la respiración agónica. Quien le amputó las extremidades no quiso que se desangrara y, de alguna forma, le sanó los tajos. Sin embargo, le dejó sin curar los huesos rotos y las heridas internas. Supongo que lo hizo para que sufriera más… Es muy extraño, este no es el modo de actuar de los silentes. Esto casi parece personal.

Miro a los ojos del condenado y maldigo por no poder interrogarlo. No sobreviviría hasta que nos alejáramos lo suficiente de este territorio, así que tendré que darle una muerte piadosa. Desenvaino mi puñal, la hoja brilla con un rojo intenso. Me gustaría decirle algo, pero no puedo. Lo único que puedo hacer es transmitirle con mi expresión que lo siento mucho.

Acerco la punta del arma al pecho y la dejo apuntando al corazón. El pobre no es consciente, respira con los pulmones encharcados en sangre y tiene la mirada perdida. Cuando retrocedo la mano para dar la estocada, me coge la muñeca y pregunta:

—¿Quién anda ahí? —La cara le cambia y me busca con la mirada—. No te veo, pero presiento que estás cerca. ¡¿Quién eres?! —brama, escupiendo sangre negra por la boca. Se ha convertido, es uno de ellos…, pero ¿por qué lo dejaron lisiado?

Aunque tiene mi muñeca sujeta no sabe con certeza que estoy aquí. Me gustaría interrogarlo, pero no puedo permitirme revelar mi posición. Tampoco lo puedo llevar conmigo porque sabrían que alguien lo está moviendo. No, mejor esto.

—¡Dime! ¿Quie…? —cuando el puñal le atraviesa el corazón, la pregunta queda a medio pronunciar.
Limpio la hoja en su ropa y envaino el arma. Paso la mano por la cara y le cierro los ojos. Me gustaría darle un entierro, sería lo más humano, pero soy consciente de que no puedo hacerlo. Esa plaga se desplaza con rapidez por el bosque y nada le impedirá contagiar a más hombres en las aldeas cercanas.

«Lo siento —pienso mientras me levanto—, siento haber llegado tarde y siento no poder enterrarte.»

Me doy la vuelta y retorno sobre mis pasos. Cuando llego al campamento veo a Laht volar en círculos un par de veces. Desciende rápido y se posa en mi hombro. Grazna y, aunque solo lo entiendo yo, dice que Adalt está de camino.

«Menos mal que ese gigante malhumorado no ha decidido ignorar mi aviso y luchar él solo.»

Elevo el antebrazo, Laht salta hacia él y, cuando sus patas lo tocan, desaparece y vuelve a unirse a mí.

No pasa mucho rato hasta que Adalt hace acto de presencia. Me mira serio y, sin decir nada, suelta un pequeño gruñido. Sonrío, no porque me haga gracia, sino porque es listo, sabe que ese pequeño sonido no nos delata; es inapreciable para ellos.

En cambio para mí es un mensaje claro. Esto me va a cansar mucho, pero tengo que decírselo. Me acerco y le toco el hombro. Mis ojos se iluminan con un rojo intenso y le digo mentalmente:

«Amigo, tengo tantas ganas como tú de cazarlos, pero no podemos arriesgarnos a caer en combate y que uno de ellos sobreviva. Debemos exterminarlos a todos y debemos darnos prisa antes de que la plaga crezca. El que ha iniciado el contagio es antiguo, muy antiguo.»

Vuelve a gruñir y me contesta desde dentro de su mente:

«No me dices nada nuevo, Vagalat. El hedor a podrido de esa sangre apesta por todo el bosque. Ese monstruo es tan antiguo que puede ser el primero de ellos. —Mira el hacha y añade—: Pero ni a mí ni a mi arma nos gusta esperar.»
Usar la telepatía me produce un inmenso dolor de cabeza. Adalt lo sabe y, aunque le debe de costar muchísimo, en cierta forma muestra su apoyo palmeándome la mejilla con la mano. Después, se separa de mí y gruñe.

Aun sintiendo como si un cuchillo con la hoja al rojo vivo estuviera clavado en mis sienes, sonrío. El gigante, incluso con su humor de perros, es mi mejor amigo.

Me doy la vuelta y camino en silencio. Mientras ando, al pensar en el olor de esa sangre negra, me planteo si el destino no estará en verdad escrito.
Muy buena e interesante historia. La agregue a mi librería de Wattpad para continuar la lectura. Veo que ya hay 24 capítulos y quizá ya no importe pero igual quiero compartir dos cosillas que note mientras leía.

-En el final del párrafo 6 en la linea "sé que es un jabalí es que está ardiendo", hay un error seria "sé que es un jabalí el que está ardiendo".

-En el párrafo 8, en la linea de "un líquido transparente que chisporretea con el contacto con el fuego" recomendaría, para no repetir doble vez "con el", seria "chisporretea al contacto con el fuego".

Un saludo.
Muy buenas, Ricardo.

Muchas gracias por señalarme la errata del sexto párrafo, ahora la corrijo. También voy a cambiar el “con el” de después de “chisporretea”, tienes razón suena redundante y queda mucho mejor con el “al”.

Me alegro de que te haya gustado el prólogo y de que hayas añadido la historia a tu librería en Wattpad. Espero que los siguientes capítulos también te gusten. Smile

¡Un saludo!
Enlace del capítulo a Wattpad.

Capítulo 1 —Carne de roca—

Los caballos galopan acercándonos a Darethot, la ciudad fortificada más cercana. Espero que el Condomator no haya retirado de allí a la gran guarnición del ejército del Este. Y también espero que su hermano, Varel, siga estando al mando de esos hombres.

—Vagalat —dice en voz alta Adalt—, ¿sientes eso? —pregunta, a la vez que hace que su caballo trote a más velocidad.

«Sí, ahora sí lo siento —contesto para mí mismo—. El uso de la telepatía ha adormecido mis otras facultades… Por suerte te tengo a ti, amigo».

Hago que se manifieste Laht y le ordeno que se adelante a explorar. Azuzo a mi corcel y me pongo a la par de Adalt.

—No son víctimas de los silentes —le digo alzando la voz.

—No lo parecen, no capto rastro de ellos. —Me mira—. Espero que valga la pena el retraso. —Sonrío y añade—: A mí no me hace gracia tener que parar a matar a simples asesinos teniendo en el bosque a un silente tan antiguo.

—No habrá retraso, sigue hasta Darethot y habla con Varel.

Me observa unos segundos sin mover un músculo de su cara malhumorada y, luego, dice:
—Si Varel sigue al mando y decide enviar tropas para cazar a los silentes, tomáremos el camino de Ardión.

Asiento con la cabeza y, aunque no lo escuche, sé que gruñe.

Nos separamos, Adalt sigue hacia Darethot y yo me desvío, necesito asegurarme de que la masacre que detecto no ha sido cometida por ningún ser oscuro.

No tardo mucho en llegar. Me bajo del caballo, miro al cielo y veo a Laht volando en círculos; percibe algo pero no sabe qué es. Camino y examino los cuerpos. Hacía tiempo que no veía tanto ensañamiento. Me fijo en una de las armas, observo cómo atraviesa el pecho de una mujer y cómo se incrusta en el tronco de un árbol. Bajo la mirada y me quedo un par de segundos contemplando cómo las puntas de los pies de la víctima caen buscando el suelo.

Recorro con la vista los otros cadáveres. Todos están colgando a la misma altura; todos con esas extrañas armas atravesándoles el tórax. Indignado, cierro lo ojos y niego con la cabeza. Me repugna ser testigo del asesinato de estas mujeres y de estos niños. Aunque aún me repugna más pensar que los asesinos seguro que disfrutaron con las ejecuciones.

A una decena de metros, volcado, está el carro donde viajaban. Mientras me aproximo me tengo que tapar la nariz con el antebrazo; la madera apesta. Qué raro, tendría que haber podido percibir este hedor desde mucha distancia, pero hasta que no he estado casi al lado no he sido capaz de olerlo. Es repugnante, es más fuerte e intenso que el azufre.

«¿Demonios? No creo, hace mucho que no pisan estas tierras. ¿Qué ha podido ser entonces?» me pregunto mientras observo la carnicería que han hecho con los animales de carga. «¿Por qué los han degollado y por qué les han amputado las patas?».

Después de un par de décadas vuelven a aparecer los silentes y, aunque parece que no han tenido nada que ver en esto, de alguna forma deben de estar conectados con la masacre; no puede ser una coincidencia.

Me agacho y cojo un pedazo de un recipiente de barro, un fragmento de la carga que transportaban. Lo miro y me sumerjo en mis pensamientos:

«Si no fuera por el hedor y porque ni Laht ni yo podemos asegurar que estas ejecuciones han sido cosas de hombres, no empezaría a creer las palabras del anciano. Ese viejo excéntrico y bonachón parece que ha recuperado sus facultades».

Un ruido me alerta. Oigo a alguien correr por el bosque y escucho su risa.
—Laht, ven aquí —grito y mi cuervo sagrado obedece.

Cuando está a punto de posarse en mi antebrazo, una flecha de luz azul lo alcanza y lo desintegra.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué demonios?! —Alguien empieza a tararear una melodía que me pone enfermo—. ¡Muéstrate!

—Por supuesto —escucho a mi espalda.

—¿Quién eres? —pregunto, volteándome.

—¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Qué somos? ¿Qué seremos? —Se pausa y, luego, pronuncia con un tono melódico—: Somos hijos y somos padres; somos hermanos y somos nietos; somos y seremos. —Sonríe y deja a la vista una dentadura de colmillos negros.

Aparte de la macabra sonrisa, apenas percibo su forma, se camufla entre los diferentes planos. Fuerzo mi visión hasta que obtengo una imagen clara. Su piel es negra y está cubierta por pelo oscuro. Es grande, me dobla en tamaño. Los ojos se asemejan a los de las serpientes, pero brillan. Tiene garras en vez de manos y de los dedos de los pies le nacen unas afiladas uñas que se hunden en la tierra.

—¿Eres un demonio? —pregunto, extendiendo mi brazo.

Con la punta de una garra se quita un trozo de carne de entre los colmillos y contesta:

—¿Demonio? Qué poca imaginación que tienen los humanos, a todo le llaman demonio. —Ríe y añade con tono burlesco—: Mamá, he visto a un monstruo fornicando con las gallinas. Hijita, no te preocupes, ha sido un demonio. Abuelo, he visto a un bicho orinando en el pozo. Pequeño, no te preocupes, seguro que ha sido un demonio. —Abre la boca y mueve en el aire su lengua amarilla—. Los humanos son inútiles. —Clava su mirada en mis ojos y menea la cabeza—. Pobrecito, Vagalat, ¿de verdad no recuerdas nada?

—Estoy harto, se acabó —sentencio, cierro el puño y hago que una parte de mi alma dé vida a Dhagul; mi espada.

Él se queda mirando cómo toma forma mi arma de energía roja, pero no se sorprende, parece cómo si ya la hubiera visto antes.

—Los rumores son ciertos —afirma mientras camina hacia mí—. Has perdido la memoria.
—¡¿De qué hablas?! —Corro y le ataco con Dhagul.

—Sin memoria solo eres una sombra de lo que eras. —Para la hoja de energía con la mano y añade—: Eres escoria. —Perplejo, veo cómo destroza mi espada—. ¡Eres casi como un patético humano! —Sonríe y me golpea en la cara.

Salgo disparado, caigo sobre el carro y lo destrozo. Tomo aliento y me levanto.

—El bueno de Vagalat. —Escupe una saliva que corroe la tierra—. ¡Qué mal te sienta ese adjetivo! —Cierra las garras y los ojos dejan de brillar.

Lo señalo y pregunto gritando:

—¡¿Qué eres?! —Aprieto los dientes y, tras un segundo de ira contenida, escupo—: ¡¿Cómo has podido herir a Laht?! ¡¿Cómo has podido partir a Dhagul?!

—¿Herir a Laht? ¿De verdad te has vuelto tan estúpido? —Se calla, parece que percibe algo que yo no percibo. Mira hacia el espesor del bosque y le pregunta a alguien—: ¿Por qué has tardado tanto?

Se escucha una risa y pasos. Cuando veo de quién se trata, siento cómo la rabia prende en mi interior. Es un silente, pero no uno cualquiera, es muy antiguo. Lo huelo, es más antiguo que el que detecté antes, este tiene miles de años.

El cuerpo que ocupa está demasiado corrompido. En algunos puntos las venas negras salen de la carne y recorren la superficie de la piel. Parece como si los músculos se los hubieran exprimido hasta convertirlos en una plasta que le cuelga en forma de pellejo. Apenas conserva rasgos humanos. Se pudre, ha consumido demasiado el alma del pobre desgraciado al que le robó la vida.

—Me entretuve buscando un buen regalo para nuestro invitado. —Sonríe y la piel de los mofletes resbala cayendo fuera de la cara—. ¿Puedo dárselo?

«¿Por qué le pide permiso?». Aparto la mirada del silente y, observando al otro monstruo, me pregunto: «¿Qué clase de criatura eres? Y, ¿de qué me conoces?».

—Dáselo, pero no te acerques mucho —ordena meneando una garra.

—Está bien. —Da unos pasos y me dice—: Te he traído un recuerdo. —Silba y alguien lanza una cabeza que vuela desde el bosque y cae delante de mí.

Una larga melena blanca tapa la cara del decapitado. Me agacho y, al apartarla, siento un pinchazo en el corazón. El rostro me tiembla y la llama de la ira incendia mi interior.

—¡No! —Las lágrimas resbalan por mi piel—. ¡Maldito! —grito mientras me levanto. Desenvaino mi puñal y me abalanzo sobre el silente.

Cuando estoy a punto de clavar el metal rojo en su sucio corazón, el ser peludo alza la garra y me paraliza.

—Vagalat, Vagalat —dice aproximándose a nosotros—. Eres una gran decepción. No sé si me das pena o risa. No sé si eres un bufón o un tarado. —Acerca la boca a mi cuello y lo lame con su asquerosa lengua amarilla. Siento cómo mi piel se quema y chillo.

Mientras huelo el olor de mi carne ardiendo, bramo:

—¡Maldito engendro! ¡Te arrancaré el corazón!

—Ya te gustaría. —Se paladea—. Antes de venir aquí ya querías hacerlo.

—¿De qué me conoces?

—Te conoce del pasado —dice el silente con una asquerosa sonrisa en la cara—. Pobre juguete roto. —Fuerza la mueca de alegría al máximo y veo con claridad sus repugnantes dientes amarillentos—. ¿Te ha gustado mi regalo? Es bonito, ¿verdad? —Se relame—. Precioso, es precioso. —Se rasca el pecho con sus sucias uñas negras—. La cabeza del único hombre que podía evitar el reino de mi especie. —Hace una pausa y añade con tono serio—: Bueno, no solo ese anciano podía frenar el ascenso. Tú también eres un gran problema.

—Maldito engendro. —Le escupo en la cara.

Se queda un segundo sin decir nada, inexpresivo. Luego sonríe y con la palma recoge mi saliva y la lame.

—Adoro que por fin vayas a pagar por lo que les has hecho a mis hermanos. El anciano ha muerto, la profecía no se cumplirá y pronto morirá tu amigo.

¿Adalt? Ya no me acordaba de él. Aunque yo muera aquí, él no puede morir hoy. No, si morimos los dos no habrá esperanza para la humanidad. Amigo, no sé cómo, pero tengo que avisarte.

Me esfuerzo, aunque por más que intento moverme, no puedo. «Laht» repito varias veces en mi mente el nombre de mi cuervo sagrado. Creo que está muerto, sin embargo, él es la única esperanza para poner en alerta al grandullón malhumorado. «¡Laht!» insisto.

Mientras intento invocar a mi cuervo sagrado, el ser peludo le ordena al silente:

—Aléjate. El medio humano es tuyo, pero Vagalat está fuera de tu alcance.

—Lo sé. —Obedece y se retira—. Solo estoy aquí para ver cómo cumples con tu parte del trato.

—Entonces, contempla. —Sus ojos vuelven a brillar, me mira y pronuncia una palabra que no entiendo—: Bhag-lhekdav-suriev.

El suelo tiembla bajo mis pies y noto cómo la roca se funde con mis piernas.
«Maldición, me estoy convirtiendo en piedra».

Cuando ya no siento la mitad de mi cuerpo, me doy cuenta de que puedo mover la otra mitad. Elevo la cabeza, miro al cielo, pienso en Adalt y grito:

—¡Laht!

Pierdo la sensibilidad de mi brazo izquierdo, pero para mi sorpresa, antes de perder la del derecho, veo cómo el antebrazo brilla con una luz azul y cómo mi cuervo sagrado se manifiesta. Sonrío y le ordeno:

«Adalt, avisa a Adalt».

La última imagen que veo antes de que mis ojos se petrifiquen, es la de Laht volando. El último sonido que escucho antes de que mis oídos se conviertan en piedra, es su graznido.
Dejo el enlace de una reseña que ha hecho una compañera de Wattpad de “El mundo en silencio”.

Reseña.
Muy buenas Monje!!! Justo me leí hoy en wattpad el prólogo y el capítulo 1. Decirte que la historia tiene un ritmo cojonudo ya desde el principio, y las preguntas son tantas que es imposible no seguir leyendo.
Cuánto te queda para terminar la novela?
Buenas compañero!

Ya tenía ganas de saber qué había sido de Vagalat y compañía después de todo este tiempo pero... 24 capítulos!!!! Has aprovechado bien el tiempo por lo que veo... y yo aún sin empezar el décimo... pff

Pues nada, a ponerse las pilas y a seguir la lectura que la cosa la dejé en un momento muy interesante...

Iep!!
(08/02/2015 04:19 PM)Haskoz Wrote: [ -> ]Muy buenas Monje!!! Justo me leí hoy en wattpad el prólogo y el capítulo 1. Decirte que la historia tiene un ritmo cojonudo ya desde el principio, y las preguntas son tantas que es imposible no seguir leyendo.
Cuánto te queda para terminar la novela?

Muchas gracias, compañero. Smile

Me alegro de que te haya gustado y de que te haya dejado con la sensación de intriga. Fíjate que aunque me gustó mucho, cuando acabé el prólogo no pensé que esta historia iba a cautivarme tanto. Pero al final, Vagalat y los enigmas que lo envuelven han conseguido que me enganche escribir su historia a un nivel que creo no ha conseguido otro personaje.

En un principio iba a terminar la novela en unos siete capítulos, pero luego le he estado dando vueltas y me he decantado por seguir y narrar un segundo tramo que finalice con la aventura de Vagalat en el mundo donde se encuentra. He tomado esa decisión porque sé que cuando acabe la novela tardaré en volver al universo de Vagalat, y si la finalizo cómo tenía pensado me quedaré con ganas de grandes batallas, así que seguiré hasta después de que hayan combates a gran escala.

¡Nos leemos, un saludo!

(08/02/2015 05:19 PM)landanohr Wrote: [ -> ]Buenas compañero!

Ya tenía ganas de saber qué había sido de Vagalat y compañía después de todo este tiempo pero... 24 capítulos!!!! Has aprovechado bien el tiempo por lo que veo... y yo aún sin empezar el décimo... pff

Pues nada, a ponerse las pilas y a seguir la lectura que la cosa la dejé en un momento muy interesante...

Iep!!

Muy buenas, compañero.

Sí, ha llovido bastante desde que lo último que leíste. Hay bastantes sorpresas. Wink

Antes de ayer publiqué el capítulo veinticinco y tengo empezado el veintiséis. Esta la cosa calentita y tengo ganas de seguir dándole forma al capítulo.

Tardaré en subir todos al foro, si quieres te mando los capítulos o si lo prefieres puedes leerlos en Wattpad, que ahí si los llevo al día.

Ya te lo he dicho en el hilo de bienvenida, pero lo repito, me alegro mucho de que estés por aquí. Big Grin

¡Nos leemos, un saludo!
(08/02/2015 08:15 PM)Monje Wrote: [ -> ]Muy buenas, compañero.

Sí, ha llovido bastante desde que lo último que leíste. Hay bastantes sorpresas. Wink

Antes de ayer publiqué el capítulo veinticinco y tengo empezado el veintiséis. Esta la cosa calentita y tengo ganas de seguir dándole forma al capítulo.

Tardaré en subir todos al foro, si quieres te mando los capítulos o si lo prefieres puedes leerlos en Wattpad, que ahí si los llevo al día.

Ya te lo he dicho en el hilo de bienvenida, pero lo repito, me alegro mucho de que estés por aquí.  Big Grin

¡Nos leemos, un saludo!

Pues pues pues, me estoy debatiendo entre volver a releer la historia a medida que la publiques y así refrescarlo todo o saltarme al wattpad y ver cómo ha ido avanzando... aunque es posible que haga las dos cosas, que por el foro es más fácil comentar Tongue

Sea como fuere es un placer poder recuperar la lectura de esta gran historia Smile

Iep!
(09/02/2015 05:01 PM)landanohr Wrote: [ -> ]Pues pues pues, me estoy debatiendo entre volver a releer la historia a medida que la publiques y así refrescarlo todo o saltarme al wattpad y ver cómo ha ido avanzando... aunque es posible que haga las dos cosas, que por el foro es más fácil comentar Tongue

Sea como fuere es un placer poder recuperar la lectura de esta gran historia Smile

Iep!

Tardaré en ir subiendo los capítulos al foro porque quiero darles otro repaso antes de subirlos. Estoy montando un pdf con todos los capítulos que tengo escritos, si quieres cuando lo tenga te los envío al mail. La otra opción es la de Wattpad, que aunque no te sea fácil comentar, al menos la lectura es cómoda.

Si quieres que te los mande al mail, este es mi correo: relatosmonje@gmail.com

Compañero, muchas gracias por lo de gran historia. Smile

¡Nos leemos, un saludo!
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