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Relato de fantasía: La nueva mascota - Versión para impresión

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Relato de fantasía: La nueva mascota - Ralvarado - 31/10/2018

Un relato de fantasía que escribí hace algún tiempo para un reto con un amigo. Es un poco largo, pero espero que lo disfrutéis Wink

                                                                           La nueva mascota
 
El caballero avanzaba con la cabeza gacha para no golpeársela con el techo rocoso. Al cabo de varios minutos de avanzar por aquel pasillo que se volvía más estrecho a cada paso, distinguió una luz que brillaba a lo lejos. Bajo el sonido traqueteante de su armadura, escuchó la voz de una mujer. Estaba cantando. El caballero fue incapaz de disimular una sonrisa. Por fin había dado con ella.
Al final del túnel se abría una amplia cavidad. Del techo colgaban manojos de ajos anudados entre sí, como si la persona que allí habitaba temiera el ataque de algún vampiro. El caballero no se extrañó, pues él mismo había presenciado las atrocidades que podían llegar a cometer esas criaturas. En un extremo de la cueva, pegadas contra la pared, había una serie de estanterías maltrechas pegadas las unas a las otras. Algunas se combaban bajo el peso de los libros.
Sin embargo, lo que al caballero le interesaba era la mujer que se encontraba en el centro de la sala, tarareando una extraña tonadilla mientras revolvía con un cucharón el contenido de un caldero al fuego.
Con cuidado de no sobresaltarla, el caballero avanzó unos pasos hacia ella, tratando de hacer el menor ruido posible. Se detuvo a una distancia prudencial mientras la mujer seguía a lo suyo, sin dar ninguna señal de haber reparado en su presencia, y dijo:
 
─ Hace mucho tiempo que os llevo buscando ─su voz reverberó en las paredes de la cueva.
 
La mujer se dio la vuelta y lo miró con una expresión de extrañeza marcada en el rostro. Sus ojos se detuvieron primero en la cara del caballero, quien arrojó el yelmo a un lado para que pudiera vérsela mejor. Después pasaron al resto de su armadura y se mantuvieron fijos en el dibujo repujado en oro en el centro de su coraza. La mujer hizo una mueca. Era una espada envuelta en llamas, el símbolo de su orden, los Cazadores de Brujas. No era de extrañar que no le hiciera la más mínima gracia ver aquel símbolo, pues era una bruja. Y no una cualquiera, sino la mismísima Asyna. La bruja más poderosa de la que se tuviera noticia en aquella parte del mundo.
 
─ ¿Qué hace un caballero de la Orden de los Cazadores en mi humilde morada? ─dijo Asyna, volviéndose hacia el caballero con los brazos cruzados─ Creía que los de tu calaña ya habrían aprendido la lección.
 
El caballero fue incapaz de responder de inmediato a las palabras de la bruja. Se le había cortado la respiración al comprobar que las historias que se contaban de ella no exageraban. De hecho, se quedaban cortas, y ahora sabía por qué: no había palabras en ningún lenguaje humano para describir la belleza de aquella mujer. Esa belleza no podía ser natural, debía ser obra de pócimas o de encantamientos diabólicos, pero eso a él no le intimidaba. No había pasado meses buscándola para detenerla ni hacerle pagar por sus crímenes, como quería el resto de los miembros de su Orden.
Sus ojos se fijaron primero en el largo cabello negro que le caía en tirabuzones hasta llegar a sus caderas. Su rostro, que parecía esculpido en mármol, contaba con una nariz pequeña y algo respingona. Tan sólo iba vestida con un vestido sucio y deslucido, pero eso no le restaba nada de atractivo, más bien al contrario. La piel que dicho vestido dejaba al descubierto era más que suficiente para secuestrar la atención de cualquier hombre.
 
─ Pertenezco a la Orden ─ dijo el caballero, haciendo un esfuerzo inhumano para despegar los ojos del desfiladero que se abría en el escote de Asyna ─, o al menos pertenecía a ella hasta hace unos meses. Hace tiempo que abandoné a mis hermanos y partí en tu búsqueda. Mi nombre es Farum.
 
Aquello pilló por sorpresa a la bruja, que levantó una ceja en un gesto de curiosidad.
No parecía confiar del todo en la historia del caballero.
 
─ Eso no explica cómo has podido llegar hasta aquí, Farum ─ dijo la bruja ─. La entrada de mi guarida está protegida por numerosas barreras y trampas mágicas. Sólo un mago de gran nivel sería capaz de desbaratarlas para llegar hasta aquí. ¿Acaso la Orden a empezado a dejar de lado sus rancios principios para aceptar magos entre sus filas? ¿Magos que les ayuden a atrapar a otros magos?
 
Una risa sofocada borboteó en la garganta del caballero.
 
─ No, los rancios principios de la Orden siguen en pleno vigor ─ dijo, sintiéndose cada vez más cómodo ─, y probablemente lo sigan estando durante muchos siglos.
 
Dicho esto, el caballero se quitó un guantelete de un tirón, dejando su mano desnuda. Puso la palma boca arriba, cubierta de callos a causa de las largas sesiones de práctica con la espada, llenó sus pulmones de aire, se concentró con todas sus fuerzas y dejó que la energía fluyera por su interior.
Farum sintió el poder recorriendo su cuerpo, como lo había hecho desde hacía pocos meses, cuando había descubierto que el poder de la magia corría por sus venas. Se deleitó con el cosquilleó que lo recorrió de pies a cabeza, haciéndole estremecerse, hasta que en su mano se formó una llama de un palmo de altura. Lo más extraño de todo es que aquella llama no le hacía el menor daño: no le chamuscaba la piel ni le quemaba las uñas de los dedos. De hecho, había aprendido a utilizar ese fuego como arma. Era capaz de arrojarla a un enemigo y atravesarle el pecho con ella, dejando un hueco justo en el sitio donde debía estar su corazón, o envolverlo en un sudario de llamas del que no podría escapar hasta convertirse en una masa de carne carbonizada. Así es como había asesinado a su antiguo compañero de armas, que había intentado delatarlo tras descubrir que poseía poderes mágicos. Farum no se arrepentía de su muerte.
Farum hizo ondear la llama frente a sí, para que la bruja pudiera contemplarla. Parecía sinceramente admirada por su proeza.
 
─ Vaya, vaya ─ dijo ─. Esto sí que es inesperado. Un caballero de la Orden más anti-magos que existe sobre la faz de la tierra con poderes mágicos. Conozco a unas cuantas amigas que se partirían de risa si se lo contara.
 
Satisfecho por el efecto que había tenido su demostración, Farum hizo desaparecer el fuego con la misma facilidad con que lo había convocado. Cada vez se volvía mejor en el control de sus poderes.
 
─ Por eso sabes que no tengo intención de hacerte ningún daño ─ dijo ─. Ahora mismo, la Orden de los cazadores es tan enemiga tuya como mía. He venido aquí porque quiero que me enseñes a controlar mis poderes. Quiero aprender a ser un brujo temible como tú, alguien a quien los Cazadores teman y respeten.
 
─ ¿Quieres que yo te enseñe? ─ dijo Asyna, llevándose una mano al pecho, como si lo que el caballero acabara de decir fuese la mayor estupidez del mundo ─ Muchacho, ¿qué te hace pensar que tengo ganas de tener un aprendiz? Por si no te has fijado, vivo en una cueva en medio de cientos de montañas escarpadas a la que es casi imposible acceder, a menos que, como tú, se tengan poderes mágicos. ¿Crees que me he instalado aquí porque me apetece tener compañía?
 
Asyna dejó escapar una risa sibilante y se dio unas palmadas sobre el muslo.
 
─ De eso nada, señor caballero ─ a Farum no le pasó por alto la sorna con la que había pronunciado esas dos últimas palabras ─. El mejor consejo que te puedo dar es que te busques tu propio sitio. En estos tiempos la vida de la gente como nosotros es solitaria, y lo cierto es que yo lo prefiero así. De modo que lárgate por dónde has venido.
 
La bruja se dio la vuelta y volvió a ocuparse del mejunje que estaba preparando en el caldero, pero Farum no estaba dispuesto a rendirse con tanta facilidad.
 
─ Por favor ─ dijo, acercándose más a la hechicera ─. No tengo donde ir. Mis antiguos compañeros quieren verme muerto y no tengo ni idea de cómo sobrevivir sólo en la naturaleza.
 
Asyna levantó la vista del caldero y clavó unos ojos llenos de escepticismo en Farum. El caballero se dijo que aquello era buena señal, debía de estar empezando a convencerla.
 
─ Además ─ continuó diciendo ─, no es que quiera alardear, pero es obvio que poseo un gran talento para la magia. Siendo sincera, ¿cuántos magos que hayan manifestados sus poderes por primera vez dos meses atrás crees que serían capaces de dar contigo?
 
Asyna se mantuvo en silencio durante unos segundos, girando la cabeza hacia un lado, como si sopesara el argumento de Farum.
 
─ Tienes razón ─ dijo, y Farum sintió cómo le daba un vuelco el corazón ─. Tal vez me venga bien tener un aprendiz por aquí, pero sólo si prometes que harás todo lo que yo te diga, cuándo te lo diga, y exactamente como yo te lo diga. No quiero tener que salir a enterrar tu cadáver después de que te envenenes por confundirte con el ingrediente de una poción.
 
Farum estuvo a punto de dar un salto de alegría, pero se contuvo para no parecer un capullo infantil.
 
─ Gracias, muchísimas gracias ─ dijo, sin poder evitar que su voz se impregnara de buena parte de la emoción que lo embargaba en esos momentos ─. Te aseguro que no te decepcionaré.
 
Asyna levantó una mano en un ademán que indicaba paciencia.
 
─ No vayas tan deprisa, muchacho ─ dijo, mientras dejaba a un lado el caldero y se alejaba hacia el fondo de la caverna, haciéndole un gesto a Farum para que la siguiera ─. Antes de aceptarte tienes que demostrar que posees el talento suficiente.
 
Aquello le sentó mal a Farum, quien ya pensaba que iba a ser el aprendiz de la que muchos consideraban la bruja más sabia y temible de todos los tiempos. Mientras la seguía hasta una mesa dónde había una serie de frascos de cristal llenas de un líquido que no podía distinguir, Farum soltó un bufido y se cruzó de brazos.
 
─ ¿Es que acaso no he hecho ya suficiente para demostrar mi valía? ─ dijo.
─ ¿Piensas que una simple bola de fuego es suficiente para impresionarme? ─ contestó Asyna, con no poca guasa ─ No me hagas reír, por favor. Para ser mi aprendiz hace falta saber algo más que un pequeño truco como ese.
 
Farum frunció el ceño cuando la bruja llamó «un pequeño truco como ese» a su bola de fuego. A él no le parecía moco de pavo: lograr aquello le había costado semanas de práctica y entrenamiento. Sin embargo, se abstuvo de hacer más comentarios de protesta. No quería poner a prueba la paciencia de la bruja más poderosa de todos los tiempos. Lo más probable es que si la hacía enfadar lo transformara un sapo con la misma facilidad con que él bostezaba, así que decidió que su mejor opción consistía en mantener la boca cerrada y hacer lo que ella le decía.
Cuando llegaron junto a la mesa, Asyna le señaló los frascos con una mano.
 
─ Para ser mi aprendiz debes demostrar que tienes algo más que talento ─ dijo ella, dando unos golpecitos con una uña a uno de los frascos que había sobre la superficie de madera ─. Quiero asegurarme de que tienes las agallas suficientes para perseguir el noble camino de la magia, por muy difícil que resulte.
 
Farum tragó saliva, haciendo que su nuez subiera y bajara en su cuello como una especie de resorte.
 
─ ¿Y cómo puedo probarte mi valor? ─ dijo, suponiendo que la prueba que la bruja le tenía reservado tenía algo que ver con aquellos frascos.
─ Como ves, en esta mesa hay cuatro pociones ─ dijo la bruja, mientras se los señalaba uno a uno. Cada uno de ellos poseía un color distinto, a cada cual más extraño y menos apetecible. ─ Todos ellos contienen una poción de transformación. Quienquiera que las tome todas acabará convertido en una bestia, una que estará hechizada para cumplir todas mis órdenes y deseos.
 
Frarum frunció el ceño mientras un sudor frío comenzaba a humedecerle todo el cuerpo. Él había venido hasta allí para aprender, no para convertirse en esclavo de nadie. Y menos si esa esclavitud implicaba convertirse en un ser inhumano.
Estaba a punto de rechazar la prueba cuando Asyna extrajo de su abundante escote un nuevo frasco y lo colocó junto a los demás. El líquido de su interior tenía color dorado, y desprendía un brillo amarillento que hacía que Farum tuviera que entornar los ojos para mirarlo directamente.
 
─ Esta nueva pócima, en cambio ─ explicó la hechicera ─, contiene un preparado que desencadenará tus verdaderos poderes mágicos. Verás, todos los magos primerizos necesitan tomar una pócima de estas en algún momento, o nunca podrán descubrir su auténtico poder. Si te limitas a practicar esas bolitas de fuego, nunca descubrirás tu verdadero potencial.
 
Aquello le parecía más apetecible a Farum. La codicia y las ansias de poder hicieron que extendiera una mano hacia aquel brebaje de color dorado que prometía volverlo diez veces más poderoso.
 
─ No tan deprisa ─ dijo Asyna, al tiempo que le daba un capirotazo en la mano que había acercado a la poción. Luego chasqueó los dedos e hizo que todas las pociones se tornaran de un color gris apagado. Después dio una palmada y todas se mezclaron entre sí, cambiando de sitio tan rápido que Farum fue incapaz de seguir la trayectoria de la pócima de poder.
 
La bruja se dirigió a Farum con una sonrisa perversa en los labios, mientras él observaba la mesa con una mueca de preocupación.
 
─ Supongo que ya sabrás en qué consiste la prueba, ¿verdad? ─ dijo ella.
 
Farum asintió con gravedad.
 
─ Tengo que adivinar cuál de estas cinco pociones es la buena ─ dijo, con voz monocorde ─. La que me ayudará a desbloquear mi verdadero potencial.
─ Eso es, pero se te olvida un detalle muy importante ─ Asyna levantó cuatro dedos ─. Tienes cuatro oportunidades para dar con ella. Si en tu cuarto intento consigues la pócima buena, los efectos de las otras tres pociones de transformación quedarán anulados. Además, descubrirás poderes que ni siquiera sabías que tenías y te habrás ganado el derecho a convertirte en mi aprendiz. Si no… ─ la bruja se encogió de hombros ─ La transformación quedará completada. Perderás para siempre la conciencia de ti mismo y pasarás el resto de tus días sirviéndome.
 
Farum se estremeció al imaginarlo. Sin duda, sería un destino de lo más aciago, pero tenía cuatro oportunidades para lograrlo. Cuatro posibilidades de cinco. Aquél era un riesgo que estaba dispuesto a correr. El premio sin duda valía eso, y mucho más.
 
─ Acepto ─ dijo, tratando de conferir a su voz un aplomo que estaba lejos de sentir ─. No he recorrido todo el camino hasta aquí para echarme atrás ahora.
 
La bruja asintió con aprobación.
 
─ Esa es la actitud ─ dijo, e hizo un ademán, como invitando a Farum a comenzar con la prueba ─. Cuando quieras.
 
Farum avanzó hasta colocarse frente a la mesa y observó los pequeños frascos de cristal que tenía frente a sí. Trató por todos los medios de recordar la trayectoria que había seguido la pócima dorada cuando Asyna las había mezclado, pero fue inútil. No tenía ni la más remota idea de cuál sería la correcta, así que decidió coger una al azar. Se decantó por la pócima situada más a la derecha. Levantó el frasco hasta ponerlo delante de sus ojos, lo agitó para remover su contenido con la vana esperanza de que el sonido de la poción le diera algún indicio y, por último, descorchó el frasco con un sonido de succión y se tragó hasta la última gota del líquido grisáceo.
Lo primero que sintió fue una sensación de ligero mareo. Se tambaleó un poco, apoyó una mano sobre la superficie de la mesa para no resbalar y luego sintió como si alguien le desgarrara las tripas. Dejó escapar un grito de dolor y, mientras se llevaba las manos a la cabeza en un gesto de desesperación, vio cómo éstas se le llenaban de pelo hasta quedar por completo recubiertas de un espeso pelaje. Además, sus uñas se endurecieron y se alargaron hasta convertirse en garras negruzcas capaces de arrancarle la cabeza a un hombre de un zarpazo. Tras esto, las transformaciones se detuvieron, y el dolor fue remitiendo poco a poco.
 
─ Vaya, mala suerte ─ dijo la bruja, que lo observaba a cierta distancia con una sonrisa esquinada ─. Pero sólo es tu primer intento. Prueba otra.
 
Farum así lo hizo. Esta vez decidió coger la pócima del centro. Al principio tuvo algunos problemas para sostenerla con sus nuevas manos de bestia, pero se las apañó para sacar el tapón con una de sus afiladas garras.
Nada más tragarse el líquido, Faram supo que había vuelto a equivocarse. Una sensación de dolor aún más aguda que la anterior le recorrió todo el cuerpo, haciéndole caer al suelo entre espasmos de dolor. Cuando su sufrimiento amainó, descubrió que esta vez el pelo de su cabeza había crecido hasta convertirse en una melena que llegaba hasta el suelo. Al pasarse una garra por el rostro, descubrió también que la cara se le había cubierto de pelo, y que de sus labios ahora asomaban dos colmillos largos como meñiques.
 
─ Has fallado otra vez ─ dijo Asyna─. Pero tranquilo, aún te quedan dos oportunidades.
 
Farum empezaba a arrepentirse de haber accedido a aquello, pero era imposible echarse atrás ahora. Tenía que encontrar la pócima dorada o quedarse para siempre con ese aspecto, y no estaba dispuesto a parecer una abominación el resto de sus días.
De ese modo, Faram engulló la tercera poción. Esta vez se decantó por la que se encontraba más a la izquierda, rezando para sus adentros por acertar esta vez, pero sus esperanzas pronto quedaron desmentidas.
Sintió como sus pies aumentaban de tamaño a una velocidad vertiginosa, hasta el punto de que sus botas de acero fueron incapaces de contenerlas y reventaron a causa de la presión, enviando trozos de metal volando en todas las direcciones. Farum observó consternado las patas que habían quedado a la vista, tan peludas como sus manos, y con unas garras igual de intimidantes. Una poción errónea más y la transformación estaría completada.
 
Ya van tres ─ dijo la bruja. Farum creyó distinguir cierto retintín burlón en su voz ─. Sólo te queda una oportunidad, así que procura aprovecharla.
 
Farum respiraba de forma entrecortada, mientras paseaba la mirada entre las dos pócimas que quedaban sobre la mesa. Sentía que su corazón bombeaba cada vez más deprisa debido a su desesperación. Era en ese momento cuando tenía más posibilidades de dar con la pócima correcta. Una de dos, un cincuenta por ciento de probabilidades, o lo que es lo mismo, las mismas posibilidades de adquirir un poder inimaginable o de convertirse en una criatura abyecta. Farum se maldijo por haber aceptado la propuesta de Asyna. Debería haber seguido su consejo inicial y volver por dónde había venido, buscar su propio sitio y aprender magia por su cuenta. Pero ya era demasiado tarde para arrepentirse.
Cogió una pócima en sus garras, la sopesó en sus manos, y como sus instintos no terminaban de decirle que aquella fuera la correcta, volvió a dejarla sobre la mesa y se llevó la otra a los labios.
Después de tragar el contenido de la pócima con un suspiro, Farum mantuvo los ojos cerrados, atento a cualquier señal que pudiera indicarle si había acertado.
Pasaron unos segundos que se le antojaron horas, y como no notaba nada fuera de lo normal pensó que por fin había dado en el clavo. Pero de pronto un terrible dolor le sacudió las entrañas.
Como le había ocurrido antes, Farum cayó al suelo y se retorció mientras sus alaridos de dolor llenaban la caverna. Entre el sonido de sus gritos de agonía, que cada vez se parecían más el rugido de una bestia, pudo distinguir la risa de Asyna.
 
─ Bueno, supongo que has tenido mala suerte ─ dijo ─. Es una pena que no hayas acertado, creo que habrías sido un buen aprendiz.
─ No ─ dijo Farum, o al menos eso intentó decir, porque lo único que salió de su garganta fue un gemido inarticulado ─. No puedo… acabar así… No puedo…
 
Su armadura salió despedida cuando su cuerpo aumentó tanto de tamaño que fue incapaz de contenerlo. No había ningún sitio en el que Farum pudiera contemplar su reflejo, pero debía de haberse transformado en una especie de oso, o de león, o quizás en una quimera aberrante. Una abominación de la naturaleza. Pero él no estaba dispuesto a pasar el resto de su vida como un animal, y menos como una clase de esperpento a las órdenes de una bruja. Él estaba destinado a hacer grandes cosas. Desde que sus poderes se habían manifestado por primera vez había tomado la decisión de convertirse en el mayor mago de todos los tiempos. Y ninguna bruja, por muy astuta y muy poderosa que fuera, iba a impedírselo.
Haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, sobreponiéndose al dolor que le laceraba todo el cuerpo, Farum se puso a cuatro patas y se abalanzó hacia la mesa. La única poción que quedaba tenía que ser la dorada, la que le iba a permitir realizar sus sueños. Tan sólo tenía que llegar hasta ella antes de que Asyna pudiera hacer algo para impedírselo. Una zancada, dos zancadas, tres zancadas…
 
─ ¡No, espera! ─ chilló la hechicera, al darse cuenta de lo que Farum pretendía hacer ─ Maldito bastardo tramposo. ¡Teníamos un trato!
 
Pero a Farum le importaban un bledo los tratos, sólo le importaba volverse más poderoso. Por eso había ido hasta la guarida de Asyna, por eso había accedido a participar en su pequeño jueguecito, y por eso ahora se abalanzaba sobre la mesa sin hacer caso de las palabras de la bruja.
Con su cuerpo recién adquirido, Farum aplastó la mesa bajo su peso y se metió el frasco que contenía la última pócima en la boca sin molestarse en descorcharla.
A su nueva mandíbula no le costó nada masticar el vidrio, y los pequeños trozos de cristal se deslizaron hasta el interior de su estómago junto al líquido de poder.
Farum sonrió, si es que a la mueca que se dibujó en su rostro de fiera se le podía llamar así. Lo había conseguido. Había sido más listo que la bruja más poderosa de todos los tiempos, y ahora iba a obtener el poder para superarla.
Se dio la vuelta entre los restos destrozados de la mesa y lanzó una mirada triunfal a la bruja.
«Te he derrotado, furcia.» ─ habría dicho, de no haber perdido la facultad de hablar ─ «Querías convertirme en tu esclavo y en lugar de eso me voy a volver mucho más poderoso que tú. Tan sólo espera y verás.»
 
Farum cerró los ojos, esperando sentir en cualquier momento cómo lo recorría una oleada de poder como nunca había sentido antes. En lugar de eso, no sucedió nada. No hubo un torrente repentino de magia, y su cuerpo tampoco había vuelto a la normalidad. ¿Qué estaba pasando?
Una sensación de terror le atenazó el estómago cuando escuchó la risa descontrolada de Asyna.
 
─ Qué predecibles sois los hombres ─ decía entre carcajadas, mientras se pasaba un dedo por el ojo para secarse una lágrima ─. Sólo os interesa el poder, ¡y mira adónde te ha llevado eso!
 
Farum miró nervioso a su alrededor, sin comprender. ¿Acaso la bruja lo había engañado de alguna forma?
 
─ No existe ninguna pócima de poder ─ explicó ella, mientras comenzaba a pasearse por la cueva. ─. La única forma que existe para aumentar el poder mágico es el entrenamiento y el estudio constantes. Día tras día, semana tras semana, año tras año. Ningún mago con dos dedos de frente se habría creído una historia semejante. Cada una de las pociones que tomaste era de transformación, incluso esa última. La pócima dorada del poder ─ dijo, sacudiendo la cabeza de un lado a otro con incredulidad ─. Menuda gilipollez.
 
Mientras la bruja se le acercaba, con paso tranquilo, Farum sintió como lo recorría una avalancha de dolor. Se retorcía en el suelo dejando escapar aullidos, alaridos, rugidos… Hasta que, de pronto, el dolor desapareció por completo, dejando tan sólo una sensación de agotamiento tan intensa que ni siquiera fue capaz de girar el cuello cuando la bruja se acuclilló junto a él y le susurró al oído:
 
─ ¿Sabes qué es lo más divertido de todo? ─ dijo ─ Si hubieras aceptado mi consejo de darte la vuelta y marcharte te habría acogido como aprendiz. Esa era la auténtica prueba. Pero en lugar de eso decidiste quedarte y demostrar tu sed de poder, de modo que has fracasado. No eres digno de tenerme como maestra. Y ahora, cierra los ojos. Todo acabará pronto.
 
La voz de la bruja resonaba en sus oídos como si se tratase de un eco lejano. ¿Qué era eso último que había dicho? Le había parecido que decía que todo acabaría pronto. Farum deseaba que así fuera. Se sentía muy, pero que muy cansado. Tan sólo tenía ganas de cerrar los ojos y olvidar. Olvidarlo todo…
 
 
 
La bestia tardó un buen rato en desperezarse, tiempo que Asyna aprovechó para continuar trabajando en su nueva poción. Mientras revolvía el caldero con meticulosidad, el bostezo de la bestia la sacó de su ensimismamiento, así que dejó lo que estaba haciendo para echar un vistazo a su nueva creación. La bestia medía más de dos metros de altura sentada sobre sus cuartos traseros, de manera que si se ponía en pie casi llegaría hasta lo alto de la cueva. Asyna asintió satisfecha después de contemplar a la bestia con atención. Sin duda, aquella era su mayor obra hasta el momento.
 
─ Hola, Farum ─ dijo, pasando una mano delante de los ojos de la bestia ─. ¿Quieres que te prepare una pocioncita de poder?
 
La bestia apenas se inmutó. Tal y como ella esperaba, no quedaba ni rastro del caballero-mago en el interior de aquella criatura. Asyna dejó escapar un profundo suspiro de cansancio.
 
─ Hombres… ─ dijo ─ ¿Por qué será que nunca aprenden?
 
Le apenaba realmente haber convertido a un joven tan prometedor en aquella bestia sin cerebro que tenía delante, pero no le había dejado otra opción. Había demostrado que no se detendría ante nada para obtener poder, por lo que representaba un peligro para ella, para sí mismo y para el mundo. Ahora, convertido en su bestia leal, sería incapaz de dañar a nadie, a menos que ese nadie fuera algún entrometido que viniera a su guarida con la intención de apresarla…
 
─ Bueno, qué le vamos a hacer ─ dijo ─. No habría estado mal tener un buen aprendiz, pero hace mucho tiempo que quiero una mascota. A veces esto puede resultar muy solitario…
 
Asyna se aproximó a su nuevo compañero y, poniéndose de puntillas, comenzó a rascarle detrás de la oreja. Farum, o la bestia que había sido Farum hasta hacía muy poco, sacó la lengua con satisfacción. Igual que el perro que disfruta de una caricia de su amo.
 
 


RE: Relato de fantasía: La nueva mascota - kaoseto - 31/10/2018

Gracias, Ralvarado, un buen relato! Bien contado y casi como que da pena que se acabe y no continúe Smile Me hizo pensar un poco aunque no sea lo mismo en un anime que me gustó, Zero no Sho. Y bueno, la bruja cae simpática pese a la retorcida prueba que le hace pasar al joven mago. En fin, que tu relato daría para una buena saga thumbsup

Cuestión ortografía, está casi todo bien, sólo vi alguna errata: «cuándo te lo diga» va sin tilde, «Acaso la Orden a empezado» en vez de «ha», y la verdad es que poco más.

Saludos!


RE: Relato de fantasía: La nueva mascota - Ralvarado - 01/11/2018

Gracias por tu comentario, me alegro de que te haya gustado esta pequeña historia Big Grin . En cuanto a lo de las faltas, es un problema que siempre he tenido por escribir (y también revisar) demasiado deprisa, algo que voy a tener que corregir con el tiempo.


RE: Relato de fantasía: La nueva mascota - losmancia@gmail.com - 07/01/2019

(01/11/2018 06:13 AM)Ralvarado escribió: Gracias por tu comentario, me alegro de que te haya gustado esta pequeña historia Big Grin . En cuanto a lo de las faltas, es un problema que siempre he tenido por escribir (y también revisar) demasiado deprisa, algo que voy a tener que corregir con el tiempo.

Buenísimo, me encanto, se salió con la suya la Bruja Big Grin una lastima que el susodicho terminará así, pero que se le va a hacer, aunque el título ya tira el giño de cómo terminará todo ya mitad de la historia, así que no fue sorpresivo el desenlace pero estuvo bien, además se le perdona a la bruja que sea mala por que esta buena 7w7


RE: Relato de fantasía: La nueva mascota - Momo - 11/02/2019

¡Qué bien me lo he pasado leyendo este relato!
Me parece que aun visitando lugares comunes, con personajes típicos (pero que cumplen su cometido a la perfección) le sacas mucho partido a la situación. Dejando a un lado que se pueda pulir más el estilo, está bien escrito y bien presentado al lector.
Es un relato corto con lo que eso conlleva, pero si quisieras podrías incluso alargarlo más sin problemas.