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[Ciencia-ficción fantástica] 'Universo no humano' - Versión para impresión

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[Ciencia-ficción fantástica] 'Universo no humano' - ÁlexBerna - 25/01/2019

Saludos. 
El caso es que busco lectores de prueba para mi novela. Os dejo entrada, prólogo y primer capítulo, por si a alguien le interesa seguir leyendo ^^










La probabilidad de que exista una civilización extraterrestre en el minúsculo pedazo de universo que somos capaces de observar hoy en día es totalmente irrisoria.



En caso de que existiese, la probabilidad de que esa civilización fueses similar a la nuestra es prácticamente nula.


Sin embargo, si fuéramos capaces de buscar más allá de los confines de las galaxias a nuestro alcance, la historia podría ser diferente...














UNIVERSO NO HUMANO














Esta historia está basada en hechos que están por suceder. 


Se ha traducido en la medida de lo posible.














PRIMERA PARTE


ZÉLOK







Planeta 'Hogar', año 6.343 de su era moderna.



Prólogo


La teoría milagrosa











Mientras la oscuridad engullía el ataúd de su hijo, Míndrel Forkun sentía como puñaladas los clamores de júbilo que retumbaban al otro lado del muro. La angustia que compartía con los asistentes al entierro luchaba, en desventaja, con el eco de los miles que esa mañana habían elegido el camino hacia las fábricas para alabar al dichoso Zélok y su dichosa teoría. Se decía que ese era un gran día para los belean de Josnen, para los belean de todo Hogar, pero para él era el peor de cuantos había vivido. Y había vivido ya bastantes. Demasiados, quizá.

El discurso que salía del hocico de la vatéak designada por el templo le sonaba monótono y acostumbrado. Artificial. Prefirió poner su atención en los rostros de sus padres y su esposa, por lo menos allí encontraba un reflejo que hiciese justicia a su dolor. Entretanto, el enterrador vertía tierra sobre el cajón que el propio Míndrel fabricó a pura madera y clavos. Había sido incapaz de pagar un féretro digno de la sonrisa de Armenírel, de su felicidad innata. A cada repiqueteo en el ataúd, su corazón se colmaba de impotencia, vergüenza y rabia. Se preguntaba qué culpa tuvo su pequeño de nacer en la época más dura que se recordaba, se torturaba por no haber sido capaz de darle a los suyos la vida que se merecían. La que mereció su hijo.

Él había puesto todo de su parte desde que le despidieron, hacía ya tres años, pero un humilde belean de Josnen, uno que ha dedicado toda su vida a trabajar en una fundición, no podía aprender otro oficio si no se encontraba empleo en ninguna parte. Ni podía hacer que aumentase la demanda de hierro forjado. Lo único que podía hacer era rezar. La senda de los dioses era misteriosa, y aceptarlo era el deber de un buen creyente.

Pero, aunque todos los que en ese momento bramaban de alegría más allá del muro tuvieran razón, y el tal Zélok fuera un enviado del mismísimo Vátek, él sin embargo lo maldecía. Lo maldecía por llegar demasiado tarde. ¿Dónde estaba ese Zélok cuando perdió su trabajo?, ¿dónde estaba cuando la enfermedad llamó a las puertas de su casa para cobrarse el mayor tesoro de la vida de unos padres? Míndrel tenía clara una cosa: si en el reino de las nubes existía un plan para las almas de Hogar, este no contaba con el destino de las de los suyos. Al menos no en vida.

Cuando la sepultura por fin quedó cubierta, se puso encima la losa manchada con el nombre de su hijo. Míndrel se quedó mirando la insignia grabada en la piedra.

Esa losa era lo único que habían recibido de Josnila, con el pretexto de que el presupuesto en ayudas para los necesitados no era asunto de los cuadrantes sino del Gobierno Global, pero la ayuda de este no alcanzaba ni para poner un plato de comida decente en la mesa. No era más que una mísera limosna. 

A Míndrel le revolvía las tripas pensar que Armenírel se podría haber salvado con tan solo un puñado de sólidos que hubiesen pagado un buen hospital. Un puñado de sólidos que, en otros cuadrantes, se gastaba en caprichos que ya no estaban hechos de hierro forjado. La mitad del mundo era pobre y a la otra mitad no le importaba lo más mínimo, esa era la realidad. Su realidad.

Tras el entierro, después de despedirse de amigos y allegados, la familia Forkun recorrió con parsimonia el camino arenoso que serpenteaba entre las incontables tumbas. Al atravesar la estrechez de las puertas del cementerio, enfrentaron la polvareda y el estallido que les esperaba fuera, fruto de los cánticos de alabanza hacia Zélok y su teoría milagrosa. Cuando fueron sendero abajo, a contracorriente del gentío, chocaron con los que no se apartaban al percibir el rojo de sus vestimentas y la tinta azul que decoraba el pálido pelaje de sus cuerpos y sus colas; inequívocas señales de duelo en la cultura josnile. No era día de duelo, sino de fiesta, en el camino de la fábrica.

Pobres de los que creyesen que las cosas iban a cambiar solo porque ese Zélok hubiera tenido una idea, pensó Míndrel al ver todas esas expresiones de euforia. ¿Acaso cambió algo cuando el presidente global tuvo la genial idea de dar un terminal a las millones de familias necesitadas de todo Hogar? Ya decían, por aquel entonces, que el mundo sería diferente cuando cualquiera pudiese conectarse a la red de terminales. Mentira. Una mentira detrás de otra, que solo servían para alimentar la esperanza de la gente y así eternizar sus ingenuos sueños de prosperidad. No había peor condena que esa, la de una esperanza eterna.

Una vez dejaron atrás el paisaje árido de las afueras y llegaron a la ciudad, la multitud casi se había disipado. Míndrel vio que su esposa seguía llorando sin consuelo en los brazos de sus padres, y se sintió obligado a comparar esa tristeza con el ambiente festivo que emanaba de cada rincón de Josnen. El contraste era insultante. Una amargura tensó cada pelo de su cuerpo ornamentado y famélico.

Decenas de improvisadas banderas hondeaban, colgadas de los desvencijados balcones de las casas. Los comercios estaban cerrados, desafiando a la escasez y como símbolo del optimismo por un mejor devenir. Los niños, vestidos con harapos y ante la esperanzada mirada de padres y abuelos, jugaban con el agua depositada en las fuentes sin que a aquellos les importase que sus pelajes se ensuciasen. Los vecinos se abrazaban, por más que solo un día antes estuvieran peleándose por la última miga de pan de bestan, o por un mejor puesto en la cola de racionamiento. Los amantes se besaban, con pasión, estirando las orejas y entrelazando las colas sin pudor. Niños, padres, vecinos y amantes se creían poseedores de un nuevo futuro, uno en el que mereciera la pena estar.

Al final de la explanada que partía la ciudad en dos, Míndrel podía distinguir la gran pantalla de la fachada del ayuntamiento que, pese a las restricciones energéticas, reproducía una y otra vez la misma grabación que empezó a emitirse desde la medianoche del día anterior. 

En ella aparecía una periodista, bien vestida, de algún cuadrante en el que los niños no morían de enfermedades curables, que radiante daba la noticia que había provocado que todos perdieran la cabeza. La noticia que estaba dando la vuelta a un mundo en el que Míndrel ya no quería estar y que, sin embargo, se llamaba Hogar:

"Ayer, el hijo de Tópasor Kutaroei, Prípasor Kutaroei, dejó al planeta entero fascinado en su tradicional discurso en la localidad de Ambera, en el que cada año se anuncia cuál ha sido la mejor idea que ha llegado a la fundación Kutaroei.
Hace un siglo fue el proyecto de la red de terminales de Griada Fukostas, que cambió el mundo por completo. Hace cincuenta años, las ideas políticas de Fánbderap Diekrelo pusieron la semilla del Gobierno Global. Y ahora, con la que ya ha sido bautizada como"la teoría milagrosa de Zélok", podríamos estar ante un nuevo hito en la historia.
Hoy todo es esperanza. Pero mañana, cuando rebaje la euforia, todas las miradas estarán puestas en el presidente global, Kéndrik Lódierbek, que es a quien le corresponde decidir si la teoría es válida y puede ser sometida a Votación, para que los ciudadanos podamos convertirla después en realidad. Algunos ya están dudando de la capacidad de Lódierbek para afrontar un reto económico de este calibre, dadas sus limitaciones en este campo. La teoría milagrosa viene con la luminosa impronta de la fundación Kutaroei, pero muchos se temen que nuestro siempre prudente presidente global podría tener sus reservas al respecto. Desde aquí, desde Noticias Red Terminal, instamos a Lódierbek a dar un paso que sería sin duda histórico.
Por otra parte, seguimos a la espera de tener noticias del gran protagonista del momento, de Zélok, quien por ahora no se ha dado a conocer. Zélok no ha dado señales de vida pese a las incontables proclamas provenientes de todos los rincones de Hogar. Todo el mundo se pregunta quién es y dónde estará el belean que puede haber cambiado el destino de miles de millones de ciudadanos..."










Un mes y medio después.


1


El encargo de los encargos










Cada vez que leo la teoría me sorprende su sencillez —dijo Limuna—. No puede ser tan simple.

Limuna se sabía de memoria la teoría de Zélok de tantas veces que la había leído desde que saliera a la luz. Se dirigía a Glaard, que estaba sentado al otro lado de la mesa con su terminal ya apagado. Era tarde, casi la hora de irse de la oficina, pero el monumental encargo que les acababa de caer en las manos les mantendría allí durante un buen rato.

—¿Por qué no? —preguntó Glaard.

—Porque ya se le habría ocurrido a alguien antes.

—Puede que sí se le haya ocurrido a alguien antes, eso no lo sé, pero no hay datos de que nadie haya publicado nada parecido —argumentó Glaard—. Sea como sea, la cuestión es que tenemos que encontrarle.

—Dime algo que no sepa —dijo Limuna guiñándole un ojo a su veterano compañero.

Glaard no era joven como Limuna, su pelaje amarillo había perdido el brillo, pero conservaba el entusiasmo por emprender una nueva aventura periodística, y más una tan relevante como esta. Y tan intrigante, puesto que Glaard no escondía el placer especial que sentía por lo que tuviera que ver con mitos y leyendas. Había hobbys peores, decía.

La joven Limuna vio que el viejo Glaard alzaba una mano, abría mucho sus ojos caídos y chasqueaba la única uña afilada que le quedaba.

—Tengo una teoría, Zélok no es su nombre real.

—Zélok es un nombre bastante común, no sería un mal alias para permanecer en el anonimato —le apoyó Limuna.

—Seguro que se trata de un belean joven —dijo Glaard—. Los mayores ideólogos de la historia siempre tuvieron sus mejores ideas a edades tempranas.

—Estoy de acuerdo, pero no podemos dar nada por sentado.

A Limuna le gustaba menos ir al dentista que dar cosas por sentado.

—¿Se te ocurre algún sitio por el que empezar a buscar?

—No tengo ni idea —dijo Limuna—, pero yo empezaría a buscar en las universidades, donde están los pensadores jóvenes, donde las ideas burbujean y los trabajos quedan registrados. —Limuna apartó su terminal a un lado, provocando que su tez perdiera el tono azulado que le profería la luz de la pantalla y recuperase su negrura—. Puede que alguien, algún profesor, algún alumno, le oyera decir algo al respecto antes de la publicación. Aunque sea una idea aparentemente sencilla, seguro que hay un rastro intelectual detrás. —Se quedó mirando un bolígrafo con el que jugueteaba, eso le ayudaba a pensar—. La universidad de Ruékditp podemos descartarla. En el mundillo de la economía es la más prestigiosa, así que todos habrán ido ya a buscar allí, y si no han encontrado nada, es que no hay nada.

—Han pasado cuarenta y cinco días desde la publicación, mucho más que suficiente como para que alguien levantara alguna información. —Glaard se recostó en su asiento—. Es improbable que el tal Zélok no comentara a nadie nada al respecto de su trabajo, de sus progresos anteriores o de lo que sea.

—Seguro, pero no somos los únicos que lo buscamos, ¿sabes? —Limuna se rozaba la sien con un par de uñas—. Puede que sea el belean más buscado de todo Hogar, y nadie sabe nada.

—¿Y si es un grupo de intelectuales que firmó la teoría con un solo nombre? —volvió Glaard a la carga.

—Me gusta —dijo Limuna—. Pero no hay tantos intelectuales de los que se sepa que hayan abundado en ese tema en concreto. —Ahora jugaba con una grapadora—. Puede que ese grupo se reuniese en secreto durante un tiempo sin dejar huella alguna sobre sus deliberaciones hasta llegar a un texto final. Aunque es poco probable, ¿no crees? —y arrugó el hocico—. ¿Por qué iban a reunirse en secreto para tratar un asunto tan trascendental y tan noble? No tiene sentido.

—El mismo sentido que tiene que un único pensador publique algo de una nobleza tan alta y no quiera ser reconocido —se defendió Glaard.

—Sus motivos tendrá —dijo Limuna—. Puede que sea alguien muy tímido, por ejemplo. Puede que lo publicara creyendo que nadie le haría ni caso y, una vez visto el revuelo que se ha generado en todas partes, se haya asustado. —Hizo una pausa para estirar un poco la cola y las extremidades, presa del cansancio—. Puede que sea un chico tímido de un barrio residencial que no quiera meter la cola en algo tan grande.

—Me cuesta creer que alguien que es capaz de desarrollar una idea así no quiera salir a rebatir a los que están en contra de ella. Por lo que yo sé, los intelectuales defienden sus ideas, ya sea por escrito o a gritos. Pero el caso es que no da señales de vida. —Glaard se interrumpió a sí mismo para chasquear la uña una vez más—. ¿Y si está muerto? Quizá era un depresivo al que nadie prestaba atención y quiso publicar su trabajo antes de suicidarse.

Típico de Glaard.

Limuna fijó la mirada en su compañero. Sus ojos verdes y amarillos por un momento relampaguearon, como hacían cada vez que tenía realmente algo que decir.

—No digas tonterías, amigo mío —le espetó con cariño—. Está vivo y coleando. ¿Sabes por qué?, porque esta es la mejor historia que nos ha caído nunca, por eso. Así que está vivo, aunque esté muerto. Y no hace falta que salga a defender su idea, ya han salido miles a defenderla por él. Qué digo miles, millones.

—¿Por qué creen los del Álbitor que vamos a conseguir algo que los suyos no han conseguido? —Glaard prefirió cambiar de tema.

El Álbitor era un periódico en línea de bastante repercusión en el supracuadrante norte-norte, lo que le convertía en uno de los cien más leídos del mundo. No estaba muy boyante, pero les habían adjudicado un presupuesto bastante decente.

—Querido, porque somos los mejores periodistas de investigación de este hemisferio del planeta, ¿acaso no lo sabías? —se sonrió Limuna—. Llegó el gran momento de la agencia K-142, amigo mío.

—Si supieran la suerte que hemos tenido casi siempre para conseguir nuestras informaciones, no habrían apostado por nosotros. —Glaard exhibió sus viejos colmillos de forma sarcástica.

—Tú lo llamas suerte, yo prefiero llamarlo estar en el lugar indicado en el momento preciso. —Limuna le devolvió una sonrisa que enseñaba aún más dientes.

—Esta vez es diferente, siempre hemos tenido por dónde empezar y en esta ocasión vamos a ciegas —dijo Glaard—. Solo tenemos un texto de dieciséis páginas que podría cambiar el mundo, escrito en la lengua común y enviado a la fundación Kutaroei desde un terminal limpio a las... —Miró en el terminal de Limuna para poder comprobar el dato—. A las 5:67 de la madrugada. Vamos, que solo sabemos que se hace llamar Zélok y que es un trasnochador.

Entonces, ella agitó su negra cola y tensó sus pequeñas orejas picudas. Había caído en algo.

—Y que sabe cómo acceder a un terminal limpio —dijo en una sonrisa—. Quizá deberíamos empezar por ahí. —Apoyó los codos en la mesa para acercarse a Glaard—. No es fácil acceder a un terminal limpio hoy en día, y menos a uno que esté impoluto. Normalmente por mucho que quieras esconder tu rastro siempre hay algún detalle en la transmisión que permite por lo menos saber de qué supracuadrante viene el mensaje. —Ahora Limuna jugaba con sus propios dedos—. Es cierto que es más o menos sencillo encontrar a alguien que pueda conseguirte un terminal limpio, como el cuñado informático de un compañero de la empresa que se sabe un par de trucos, pero esos terminales no son inmaculados como este. No hay muchos piratas informáticos capaces de algo así en el mundo, un par de cientos como mucho.

—Si tenemos que hablar con doscientos de los belean que mejor saben esconderse, vamos listos —suspiró Glaard.

—Podemos empezar por el que ya conocemos —dijo Limuna—. Aquel del cuadrante Bitra.

—¿Estás loca? —dijo Glaard con ternura—. Ese chico... Yoitiosudo, debe odiarnos a muerte.

LA agencia K-142 dejó al pirata informático Yoitiosudo, el azote de la banca intercuadrántica, al descubierto. Más de cincuenta horas. Pero qué reportaje hicieron, quizá su mejor trabajo.

—No sé si recuerdas que por nuestra culpa quedó al descubierto durante más de cincuenta horas. —Al viejo Glaard no le hacía mucha gracia la mezcla entre asuntos turbios y tecnología moderna—. Me considero afortunado de que se librase, la verdad. Esa gente es peligrosa, pueden dejarte sin blanca si se empeñan, o sin una identificación creíble para el gobierno y cosas así.

—Antes eras más valiente, amigo mío —dijo Limuna.
No quiso decir joven. Habría sido una obviedad.

—Bueno, ya sabes que ahora estoy pensando en criar a un niño —se sonrió Glaard—. Ya me va a costar mucho adoptar a mi edad sin que manipulen mi historial informático.

—¿Y si solo lo tanteamos?

—¿Cómo demonios se tantea a quien vive de tantear a los demás? —se preguntó Glaard.

Pero Limuna ya estaba a otra cosa. Eran su especialidad, las otras cosas. Como por ejemplo, cualquiera otra cosa que no tuviera que ver con la noche del accidente. Esas se le daban genial.

—Estoy pensando que, si sumas todo lo que tenemos, sale una mezcla un poco extraña —dijo Limuna.

—¿Qué quieres decir? —se extrañó Glaard.

—Hipotéticamente hablando. Tenemos un sujeto joven e inteligente especializado en economía y discreto como el que más. Seguramente un solitario. Consigue dar con una idea bestial, de esas que te dan la vuelta a la camisa. —Hizo un tonto gesto ilustrando la idea—. Entonces piensa en publicarla, porque es discreto y solitario, y joven, pero no es imbécil. Sabe que si no la publica no sirve para nada —y se encogió de hombros—. Y claro, sabe muy bien dónde publicarla, en la fundación Kutaroei. Sabía que allí le harían caso.

Glaard intentaba seguir el razonamiento.

—¿Estás pensando en que si la hubiese publicado en algún foro económico puede que nadie le hubiera hecho caso?

—No, estoy pensando en cómo él podría haber pensado —dijo Limuna—. ¿Puedo seguir?

—Sí, sí, perdona.

—Resulta muy extraño que se esforzara tanto en conseguir un terminal cien por cien limpio, uno tan difícil de encontrar. ¿Tú ves a un cerebrito tímido y discreto, un animalito de biblioteca, emprendiendo una aventura para encontrar a un pirata informático de primera categoría? —Limuna fruncía el ceño—. No encaja.

Glaard esperó hasta comprobar que ella había terminado.

—Y luego está lo de las 5:67

—Sí, luego está eso. Si emprendió esa aventura, puede que consiguiera encontrarlo a esa hora. —Limuna ya tenía algo nuevo para seguir teorizando—. Esos tipos, los piratas, viven encerrados en su habitación. Para ellos no se pone el kebe, o mejor dicho, para ellos no existe el kebe —y levantó una ceja—. Operan en todos los segmentos de horario del mundo a la vez, así que puede que lo de las 5:67 sea lo que mejor encaje.

—Quieres decir que no encajan sujeto e historia —dijo Glaard.

—Exacto. Lo normal habría sido que acudiera a alguien de su entorno para conseguir el terminal. A alguien accesible que le condujera a alguien un poco menos accesible. Pero no que se convirtiera en una especie de espía, al estilo de una peli de Trídek Bortulan.

—Odias las películas de Trídek Bortulan.

—Sí, ¿y sabes por qué? —se sonrió Limuna—. Porque no son creíbles, como esta historia.

—¿Y si son dos historias separadas? —propuso Glaard—. Quiero decir, ¿y si sujeto e historia no van de la mano?

—¿Pretendes decir que nuestro animalito de biblioteca escribe un texto así y después pasan cosas que no sabemos hasta que el informe llega a manos del pirata y este lo publica? —dedujo Limuna sin respirar.

—Algo así. —Glaard se las arregló para recostarse en su asiento por enésima vez.

—Interesante —dijo ella—. Pero, aun así, los piratas seguirían siendo nuestra mejor baza.

Prótolp, que hasta ese momento solo estaba escuchando la conversación mientras terminaba un trabajo pendiente, giró su silla para dejar ver su oronda cara cubierta de pelo gris ceniza. Vestía tan descuidado como de costumbre, como si estuviera en su casa en un día de colada.

En un largo, largo, día, de colada.

—Sois idiotas —les espetó.

—Ah Prot, ¿estabas aquí? —Limuna le dedicó una mirada de aburrimiento.

—Si supieran lo idiotas que sois, solo me habrían contratado a mí para esto. —Prótolp miró al techo de la blanca oficina.

—Claro, porque ya puestos a contratar idiotas, mejor contratar al capitán de los idiotas —dijo Limuna mostrando una bonita sonrisa.

—¿Qué sucede? —preguntó Glaard—, ¿no te ha parecido lógico nuestro razonamiento?

—Sólo algunas cosas, viejo, otras son absolutas idioteces —dijo Prótolp—. No me extraña que tu dios no te eligiera para ser fértil.

A Limuna no le extrañó que Glaard no contestase a eso. No se podía ganar una guerra de insultos contra Prótolp, y ambos sabían que no lo decía de mala fe, solo era que disfrutaba bromeando sobre las tendencias sexuales de Glaard. Muchos dirían que elegimos a nuestras amistades, pero seguro que Glaard ponía eso en duda cada vez que su mejor amigo le tiraba de la cola. Y no eran pocas, las veces.

—Ilumínanos, ¿quieres? —Limuna puso los ojos en blanco, se ajustó su camisa blanca y cruzó los brazos.
Prótolp aceptó el reto. Se puso de pie con la agilidad que su generosa fisonomía le permitía. Llevaba puesto un pantalón azul marino con adornos naranjas y una camiseta verde sin planchar, la cual le venía demasiado grande y hacía patente un eslogan de lo más picante. Adoptó su postura preferida, juntando ambas manos sobre su barbilla. Era la pose que anunciaba que iba a decir algo que no le gustaría oír a nadie salvo a él.

—Las 5:67 fue la hora a la que llegó el mensaje a la fundación —dijo Prótolp—, pero resulta que podía ser otra hora en el lugar desde el que se mandó el mensaje. —Compuso una expresión de suficiencia que rayaba la burla—. ¿Cómo no habéis caído en eso? —se preguntó—. Ah sí, porque sois idiotas.

Limuna y Glaard se miraron con cara de estupefacta aceptación. Era obvio, el mensaje pudo mandarse desde cualquier punto de Hogar, por muy subdesarrolladas que fueran muchas zonas del planeta. Gracias al Gobierno Global cualquiera podría poseer un terminal desde el que enviar un texto. Por lo general una familia muy pobre vendía el terminal que le asignaba el gobierno, pero eso no tachaba lugares de la lista de posibles fuentes.

—Dais por hecho que tenemos a alguien joven devorado por la timidez y la soledad —continuó Prótolp—. Idiotez. ¿Veis a alguien solitario y tímido preocupado por los problemas del mundo? Y una mierda de sérgot —y resopló en dirección a su inexistente flequillo—. No es que no encaje la historia con el sujeto, es que os equivocáis de sujeto. ¿Lo pilláis?

Lo pillaban.

—Vale, genio, ¿y lo demás? —preguntó Glaard, resignado.

—Me convence lo del terminal limpio, pero lo del alias no.
Prótolp ahora andaba alrededor de la mesa, seguía mirando más al techo que a otra cosa. Aunque era bastante joven, se movía como un belean de más edad.

—Vamos a ver, si te buscas un alias es para ponerte algo chulo y misterioso, no el nombre que le pondrías a tu mascota porque tu abuelo se llama igual. Me juego mil sólidos a que se llama Zélok, tal cual, y por eso no dice sus apellidos.

—¿No había un antiguo personaje de novelas de misterio que se llamaba Zélok? —Glaard bostezó a la nada, con un toque de nostalgia literaria.

—¿Alguna idea de por qué no quiere ser encontrado? —preguntó Limuna.

—Eso me tiene intrigado, lo reconozco, no me cabe en la cabeza —dijo Prótolp—. Vamos a ver, seguro que sabía la bomba que iba a ser esto, de otra forma no tendría sentido que se molestara tanto en ocultar sus huellas. Así que tenemos un tipo...

—O tipa —le corrigió Limuna arrugando el hocico.

—No me interrumpas, cielo. —Prótolp extendió raudo un brazo para enseñarle a Limuna el dedo meñique. Era un gesto grosero en la cultura Freyaal—. Tenemos un sujeto que sabe muy bien cómo funciona este maldito mundo, ¿vale? Sabe que la teoría puede tener repercusión suficiente como para fastidiarte la vida hasta el día de tu muerte, ya sea exitoso el resultado o no. Y también tiene que saber que puede sacar mucha piedra de todo esto, solo con dar conferencias le daría para comprarse una maldita nave espacial para él solo. ¿Y qué hace? —e hizo una pausa dramática de muy poco valor artístico—. Se lo curra para encontrar un terminal limpio. Impoluto. Algo arriesgado y que cuesta tiempo, esfuerzo y un montón de sólidos. Y que te lleva a meterte en el inframundo de los piratas, a mancharte las manos. —Por fin puso sus ojos en los de sus compañeros—. Yo creo que ese tipo tiene las pelotas como balones de westgorld y mucho dinero en los bolsillos. No creo que sea un niñato cualquiera.

—Puede que tuviera la idea de joven y no se decidiera a hacerla pública hasta que estuviera preparado —dijo Glaard, al que se le escapó otro pequeño bostezo.

—Eso tiene más sentido —dijo Prótolp—. Pero vamos contrarreloj, así que es una tontería andar preguntándose detalles sobre su forma de ser o sobre sus datos personales. Tenemos que centrarnos en el terminal —y cayó a plomo en la silla—. ¿Se puede saber qué hora es?

—Vamos, que estás de acuerdo en por dónde tenemos que empezar. —Limuna sabía cómo tratar el cinismo de su compañero.

—Sí, sí, no hay más cola de la que tirar por ahora. —Prótolp estaba cansado pero se mostraba irredento—. Vamos a ver, ha pasado más de un mes y lo están buscando todas las agencias de noticias, el Gobierno Global, y a saber quién más. Seguro que ya han pensado en lo del terminal, así que si vamos a seguir por ese camino tendremos que hacerlo de una forma diferente.

—¿Y cómo se hace eso?, si se puede saber —preguntó Glaard.

—Bitra —dijo Limuna—. No tenemos otra opción a nuestro alcance.

—Vale, Bitra —concedió Prótolp—. Pero mirando más allá —matizó—. Supongo, y espero que no sea demasiado suponer, que entre los piratas se conocen, o que por lo menos tendrán curiosidad unos por otros —y se encogió de hombros—. Está claro, tenemos que idear un plan para sondear al mayor número posible de ellos a partir de Bitra.

—Ya veremos el enfoque que le damos. Si parece poco probable que Yoitiosudo nos diga algo, imagínate cómo será conseguir que nos diga algo sobre lo que hacen los demás.

—¡Por todos los dioses, Limuna! —soltó Prótolp alzando de nuevo la vista—. Si vamos a ser famosos y cobrar diez veces más si le encontramos, será mejor intentar lo remotamente probable que intentar lo imposible.

—¿Sabes, Prot?, en eso tengo que darte toda la razón —dijo ella, satisfecha.

Habían llegado a un punto muerto, el monótono rumor de la calefacción recuperó el dominio de la habitación. Era invierno en el cuadrante Freyaal, los días eran bastante fríos y más cortos, hacía horas que la luz del kebe había dejado de entrar por las ventanas. Suerte que la oficina estaba bien provista para mantener una buena temperatura.

De hecho, casi la totalidad de los noventa millones de viviendas y puestos de trabajo del cuadrante Freyaal estaban preparados para las inclemencias del clima. Podía considerarse uno de los cuadrantes más desarrollados del planeta debido a sus infraestructuras y sus empresas de tecnología punta, uno de los cuadrantes privilegiados.

La oficina de la agencia estaba en la ciudad de Gaalyare, la segunda en importancia tras Maalare y una de las más frías por estar rayando con el límite del supracuadrante Norte-Norte. El atractivo de Gaalyare residía más en las mentes de los que la habitaban que en la ciudad misma, la cual no era más que una serie de altos edificios, blancos, bien construidos, y correctamente dispuestos para aprovechar el espacio. La excepción la ponían algunos templos vatóak y algún que otro colegio, o parque. Allí el tráfico era casi siempre fluido gracias a que las calles eran anchas al extremo.

Aunque, desde la oficina, se veían bastante más estrechas.

Quedaban pocas luces encendidas en los edificios del centro de la ciudad. Una de ellas era la de la oficina K, alojada en la planta 142 del edificio 23 de la corporación Bantencroi. Esta poderosa corporación, la número uno en lo que a medios de comunicación se refería, era propiedad de Limos Bantencroi, el abuelo de Limuna.

A ella no le hacía ninguna gracia que así fuera, pero era muy difícil conseguir un lugar de trabajo bien situado en una ciudad importante de Freyaal que no perteneciera de alguna manera a la corporación Bantencroi. Además, hacía casi diez años que Limuna no sabía nada de su abuelo Limos, así que el problema de la ubicación de la oficina ya estaba tachado de su lista.

—Tenemos que viajar hasta allí. —Limuna fue la que rompió el silencio.

—No me fastidies —dijo Prótolp—. ¿Viajar a Bitra?, ¿tú sabes el calor que hace allí? —Prótolp estaba casi tumbado en su silla y haciéndola girar sobre sí misma—. Ah, claro, como la señorita es del sur no se preocupa por la temperatura. Vé tú si quieres, cariño. Nosotros haremos las cosas como si viviéramos en el séptimo milenio, si no te importa.

—Creo que tiene razón, creo que para conseguir hablar con ese tipo hemos de ir allí en persona —Glaard apoyó a Limuna sin poder ocultar ya su agotamiento.

—¿Y si ya no vive allí? —preguntó Prótolp cuando el giro le puso frente a sus compañeros—. ¿Cuánto hace de aquello?, ¿tres años ya?

—Si ya no vive allí habremos perdido un par de días haciendo turismo —dijo Limuna—. Pero si sigue en la misma dirección, no pienso espantar a la presa. —Se había levantado y ya se dirigía al perchero a por los abrigos—. Es un genio de la informática, si le mandamos un mensaje le resultará fácil engañarnos o jugar con nosotros. Hemos de ir allí y tocar a su puerta. —Limuna arrugó el hocico cuando cogió el horrendo abrigo de Prótolp—. Yoitiosudo puede ignorarnos pero, en su cabecita psicótica, una situación de pelo y hueso le hará actuar de una manera muy distinta a como actuaría en su medio natural.

Entretanto, Glaard tecleaba en el terminal de Limuna.

—El siguiente vuelo a Bitra sale mañana, a las 20:44. Son unas nueve horas de vuelo.

—De fábula. —Prótolp dejó resbalar su cuerpo en el asiento para que el sarcasmo quedara bien claro.


Unos minutos después, ya estaban los tres en el ascensor. Glaard presionó el botón de la planta baja a la vez que tenía una ocurrente idea.
Una de las suyas.

—¿Os imagináis que Zélok fuera el presidente Lódierbek?

—Dioses, esa sí que sería buena —exclamó Prótolp—. Eso se te ha ocurrido por ser un loco de todas esas conspiraciones infernales, eh viejo. Pero aun así, te reconozco que esa ha sido buena.

Las puertas se cerraron. El ascensor comenzó a descender tras un primer impulso.

—¿No se supone que Lódierbek es el tipo más inteligente del planeta? —Glaard se sonreía y dejaba ver sus peludas arrugas—. Y además es adoptado, y huérfano, así que encajaría bastante bien en el perfil del genio solitario.

Limuna obvió el codazo que le dio Prótolp a Glaard. Y, en lugar de pensar en la palabra huérfano, dijo:

—Bueno, en realidad para llegar a presidente no hay que ser el más inteligente, solo hay que ser el más... apto para el cargo.

—Si esto fuera cosa de Kéndrik Lódierbek, te aseguro que lo último que habría hecho sería permanecer en el anonimato —dijo entonces Prótolp, mientras apoyaba la espalda en la pared del ascensor para sentir el ligero traqueteo—. A ese presumido le gusta más el reconocimiento que a una balanira un plato de leche.

—Me lo imagino todo el día andando de un lado al otro del despacho, preguntándose cómo demonios no se le ha ocurrido la teoría a él antes —dijo Limuna.

Acto seguido, soltó una buena carcajada. Todos la soltaron.

—Odio a don perfecto, ya lo sabéis, pero me gustó que su primera reacción no fuera oponerse de plano a la teoría —dijo Prótolp reponiéndose—. Cuando vi que Lódierbek tardó tantos días en hablar después del discurso de Ambera, me temí lo peor. Creí que iba a salir a decir que era una tontería y que era mejor centrarse en los problemas que acucian al mundo y bla bla bla —su rolliza mano daba vueltas—. Pero no, le echó pelotas, hay que reconocérselo.

—Habría sido todavía más valiente si la teoría ya hubiera sido votada por la gente —se sonrió Glaard—. Pero sí, no rechazarla ya es algo.

—No creo que pudiera vivir consigo mismo si negara la evidencia de que la idea tiene sentido, que puede funcionar —dijo Limuna—. Aun así estoy convencida de que su ego ha recibido un duro golpe. ¿Cuántos años lleva al mando del gobierno, siete ya? Demasiados como para que ahora venga Zélok a robarle protagonismo. —Limuna agarró el brazo de Glaard y apoyó la cabeza en su hombro, de puro cansancio—. Lo he dicho de broma, pero apostaría a que Lódierbek sí que se ha preguntado cómo no se le ha ocurrido algo así antes.

—No hemos hablado sobre la falta de título de la teoría —dijo Glaard a la vez que se notaba un ligero frenazo—. Nunca he leído una teoría que no tuviera título, y menos una así.

—Puede que eso sea porque las teorías que a ti te gustan son un poquito distintas. Las tuyas necesitan un buen título para que alguien se las crea —se sonrió Limuna, y Glaard le correspondió de la misma manera.

Habían llegado a la planta baja, las puertas se abrieron justo cuando Prótolp iba a opinar algo al respecto.

—Pues os digo una cosa, a esta era muy fácil ponerle uno —dijo, saliendo el primero del ascensor—. Vamos a ver, por ejemplo, a ver qué os parece este —entonces se giró hacia ellos y dibujó un eslogan en el aire con dos manos despeluchadas—: ‟Se acabó la maldita pobreza en el maldito mundo".






p.d. Esta registradísimo ;)


RE: [Ciencia-ficción fantástica] 'Universo no humano' - losmancia@gmail.com - 28/01/2019

Jajjajajja, lo ultimo que escribiste al final me dijo risa, justo ya me lo iba a plagiar jajajja

Bueno, ya en serio, la historia se antoja bastante interesante, aunque siento que el comienzo en un poco flojo. Veras, soy bastante fanatico de estas historias, lo que me encanta de ellas es que como abordan otros planetas, especies, culturas etc practicamente no hay limite a la realidad que se puede presentar por parte del autor; en ese sentido, una vision mas amplia del planeta y de las penurias que esta enfrentando su poblacion dentro de la tragedia personal de Mindrel, seria un mejor enganche para una persona que empieza a leer tu obra y le interese la ciencia ficcion o la fantasia.

Por otro lado, me llamo la atencion el dialogo de los periodistas, hay una parte donde menciona que uno de ellos juega con una engrapadora, o que tienen chaquetas, pantalones; algo curioso diria yo, me recuerda a la novela original del planeta de los simios donde los susodichos tenian una tecnologia identica a la de los paises desarrollados del siglo XX. Claro esta, habia un transfondo que justificaba esas similitudes, en este caso no lo se, y no creo que tampoco la trama vaya en esa direccion, en mi opinion su tecnologia y cultura deberia tener rasgos mas distintivos, lejos de la concepcion de lo humano dentro del genero.

Bueno, espero que sigas enviando mas cosas; tengo curiosidad de que pasara mas adelante Smile saludos


RE: [Ciencia-ficción fantástica] 'Universo no humano' - ÁlexBerna - 29/01/2019

Muy buenas!! Te comento.
Mi idea es crear una historia que pueda unir a lectores de fantasía y ciencia-ficción con lectores de otros géneros. El hecho de que este planeta sea parecido al nuestro, por supuesto, es algo buscado.
No puedo decir nada más para no spoilear, pero la historia va cobrando cada vez más amplitud.
En el prólogo se ahonda en las penurias de los menos favorecidos porque la historia cogerá enseguida otra senda y había que sentar esa base cuanto antes. Siento que tú prefirieses seguir por ese camino, pero los protagonistas serán otros.xD

Si quieres leer más, instala Wattpad y busca 'Universo no humano'. Ahí está bla primera parte de la novela, 33 capítulos.
Un saludo!!


RE: [Ciencia-ficción fantástica] 'Universo no humano' - losmancia@gmail.com - 30/01/2019

Ohhhh excelente, lo voy a descargar, vamos a ver como esta y te comento Smile


RE: [Ciencia-ficción fantástica] 'Universo no humano' - ÁlexBerna - 31/01/2019

Genial!!! Espero tus reacciones a uñas mordidas.
No hay como la crítica de un desconocid@ para mejorar la historia.