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		<title><![CDATA[Archivo de Fantasitura - Tu comunidad de literatura fantástica y afines - Mundo Ihbn 2.0]]></title>
		<link>http://clasico.fantasitura.com/</link>
		<description><![CDATA[Archivo de Fantasitura - Tu comunidad de literatura fantástica y afines - http://clasico.fantasitura.com]]></description>
		<pubDate>Thu, 30 Apr 2026 22:52:02 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[La noche del Sacrificio (Fantasia Epica, mundo Ihbn)]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1457</link>
			<pubDate>Fri, 30 Mar 2018 12:47:38 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=344">Haradrim</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1457</guid>
			<description><![CDATA[(Cuento situado en el universo compartido de fantasia de Ihbn, lo pueden ver arriba, en el subforo correspondiente)<br />
<br />
<br />
Una sombra surgió, la sombra comenzó a crecer y a cubrir de oscuridad los restos de la derruida y abandonada plaza, a los árboles esqueléticos y resecos, a los bancos rotos, a la fuente seca y agrietada en cuyo centro la estatua de una hermosa doncella, ajada y mutilada por los años, sostenía una jarra de cuya boca el agua había dejado de brotar  muchísimo  tiempo atrás. La sombra cubrió el arenoso suelo, en lo que antiguamente eran jardines con flores y arbustos, y se detuvo mientras emitía un raro sonido de “chuc-chuc-chuc”<br />
<br />
La sombra se materializo en el cielo en forma de un enorme dirigible, como una colosal y  jorobada ballena flotante. Mientras sus hélices dejaban de girar y se mantenía inmóvil en el aire, de su cabina y con un susurro y un silbido de vapor bajó un disco metálico, una plataforma con barandas sostenida por un grueso cable, y en la plataforma dos figuras, una chica joven y un anciano, ella vestida con un mandil de cuero y ropas de fogonero, y el con una elegante tunica escarlata con detalles de oro en sus mangas. La muchacha era pálida, con cortos cabellos castaños y ojos verdes, el anciano tenía una corta barba de filósofo y ojos de sabio rodeados por muchas arrugas. Lo único que tenían en común era una insignia en el pecho, de plata y bronce, con el símbolo imperial de Fédregahl, pero combinada en el martillo y el relámpago de la Casa de los Alquimistas, dedicada a las ciencias del metal y las pociones.<br />
<br />
Tras poner pie en la ruinosa plaza, ambos contemplaron la ciudad en silencio: sus columnas caídas, sus muros derruidos, sus edificios con techos desfondados y sus casas invadidas por la arena, con los huecos de las ventanas sin marcos ni postigos, como ojos ciegos que esperaban a unos inexistentes visitantes. A medida que el día daba paso a la noche, las sombras de la ciudad se alargaban, y el atardecer rojizo allá en el horizonte producía extraños juegos de luces, tiñendo con un resplandor inquietante los descascarados muros de sus edificios.<br />
<br />
El anciano observó la ciudad con marcado interés, mientras se acariciaba la barba,  mientras que la muchacha simplemente miró hacia adelante, como si no viera la ciudad; como si fuera una roca o un árbol más.<br />
<br />
—Interesantes ruinas… y no aparecen en los mapas —dijo el anciano—me pregunto si es por la mediocridad de los mismos o porque esta ciudad ya ha sido olvidada por completo en la memoria de los hombres.<br />
<br />
—¿No sabes que ciudad es, padre?<br />
<br />
—No, aunque eso no te extrañe, estos son los desiertos de Nosser, cuna de las más antiguas civilizaciones del continente de Quirim.<br />
<br />
—Padre, ¿exploramos estas ruinas? <br />
<br />
—Si, pero no ahora, no cuando la noche esta tan cerca, no sabemos los peligros que pueden acecharnos, e incluso, si no hay tales peligros, las ruinas, que durante el día son tristes a la vista, de noche se vuelven siniestras y se pueblan de fantasmas… no hablo de fantasmas reales —continuó ante la mirada de su hija— hablo de los fantasmas de la imaginación, que pueden ser peores… Oh, dioses, ¡Qué espanto!<br />
<br />
En ese momento, algo surgió de las arenas: era un insecto gigante, un monstruo horrible, con ojos facetados y mandíbulas enormes, un escarabajo de las arenas… pero no era eso. En realidad era un hombre, con una máscara que imitaba a un escarabajo, y detrás de él y a su alrededor, de entre las grietas y los rincones oscuros en las esquinas de los muros surgían otros como él, vestidos de negro y con las mismas espantosas máscaras.<br />
<br />
Uno de ellos hizo girar en el aire una bola atada a una fuerte cuerda trenzada, y se la arrojó a la muchacha, enrollándola alrededor de su cuello para que, con un fuerte tirón, jalar y derribarla, mientras su padre gritaba lleno de terror.<br />
<br />
—¡Hija! <br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
Khoran los escuchó venir y, a su pesar, sintió que su corazón se encogía de miedo. ¿Ya venían por él? ¿Tan pronto?<br />
<br />
Abrieron la puerta de su calabozo y entraron <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ellos</span>: los horribles, los malditos… pero no venían solos. Arrojaron bruscamente al suelo a dos prisioneros más, un hombre y una mujer, y se marcharon. Los nuevos cautivos se levantaron lentamente y miraron a Khoran, y él los miró a ellos: una chica joven, pálida y con el rostro lleno de pecas, además de un hombre viejo con una corta barba canosa, que parecía tan azorado como serena estaba la muchacha. Quizás era su hija… o su nieta.<br />
<br />
—Bienvenidos —dijo Khoran.<br />
<br />
—¿Dónde estamos? —preguntó el viejo, mientras que, a la luz de las escasas antorchas que iluminaban el lugar, paseaba su mirada por la mazmorra, por sus paredes y techo de piedra, y por sus barrotes de hierro carcomido.<br />
<br />
—¿Han oído hablar de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Immunna</span>? <br />
<br />
El viejo se estremeció, mientras que la chica —con una serenidad que rayaba en la indiferencia o en la locura— sólo parecía expresar cierta curiosidad.<br />
<br />
—¿Immunna? —preguntó ella.<br />
<br />
—La ciudad maldita, la profana, donde se adora a los demonios… o se les adoraba —le explicó el anciano.<br />
<br />
—No a los demonios, sino a Zzugla’tiìt, el Dios Insecto, y todavía se le adora —aclaró Khoran— Cada primera luna llena del mes, sacrifican a un humano a su Dios. Lo ofrecen para que él… lo devore.<br />
<br />
El anciano no pudo evitar mostrarse asustado, mientras la muchacha, con sus ojos verde pálido casi transparentes, siguió tan calmada como antes. De hecho, más que calma, su rostro mostraba indiferencia.<br />
<br />
— Zzugla’tiìt, uno de los Sesenta y Seis dioses, también llamado El Olvidado, dios de la podredumbre, las plagas y los enjambres… No puedo creer que aun tenga seguidores…<br />
<br />
—Estamos bajos las ruinas de la ciudad y, esta misma noche, vendrán a buscar a uno de nosotros para sacrificarlo a su Dios… —Khoran sonrió con amargura— Deben haber visto su estatua, ¿no? Una estatua gigantesca, con muchas patas…<br />
<br />
—¡Dioses! —El anciano volvió a temblar; sí, la había visto. <br />
<br />
Después que los capturaran, los llevaron a través de las ruinas de Immunna, y luego por lóbregos pasillos y cámaras subterráneas, hasta llegar a una enorme caverna iluminada por decenas de antorchas. Su luz era insuficiente para permitir apreciar el tamaño de la misma, cuyo techo se mantenía en la oscuridad, pero eso no era lo importante, sino la gigantesca estatua que se hallaba en su centro: parecía una mezcla de escarabajo, escorpión, tábano y araña. A pesar de que era tan sólo un enorme pedazo de muerta piedra negra, Urus, el anciano, se estremeció de asco y de temor, ya que la estatua parecía exudar malevolencia a través de aquellos ojos que parecían vivos y hambrientos.<br />
<br />
—Dicen que esa estatua revive cada luna llena, para tomar su sacrificio… —continuó Khoran— Dicen, porque yo no lo he visto, claro… pero creo que lo veré esta noche.<br />
<br />
La cara de espanto de Urus no le causo ningún placer; alguien más ruin o más desesperado se habría alegrado morbosamente de no ser el único que tendría tan macabro destino, incluso abrigando esperanzas de prolongar su vida un poco más a costa de estos dos desdichados. Pero había pasado mucho tiempo desde que Khoran perdiera toda esperanza. Incluso había pensado en suicidarse, para evitar una muerte mil veces peor, y para ser, por un breve instante, nuevamente libre tras estar prisionero durante tanto tiempo. Pero Ellos, los malditos —los adoradores de Zzugla’tiìt— eran muy astutos. Desde que lo castigaran brutalmente, lo mantenían bajo una vigilancia estricta, aunque jamás parecieran estar cerca de su calabozo: disponer de su propia vida era algo que a Khoran le estaba vedado. <br />
<br />
—¿No podemos hacer algo? ¿Algún modo de escapar? —preguntó Urus desesperado.<br />
<br />
—¿Escapar? —una nueva mueca que trataba de asemejar una sonrisa apareció en el rostro de Khoran— No, no se puede escapar. Lo he intentado muchas veces… Formé parte de un grupo de siete, y en cada luna llena venían en busca de uno de nosotros. Ahora sólo quedo yo —sentenció.<br />
<br />
Por primera vez, el anciano y la muchacha parecieron fijarse en su compañero de celda. Lo que vieron entonces fue un hombre barbón y greñudo, con las ropas raídas y sucias, sentado con las piernas cruzadas, o eso parecía, ya que una manta inmunda le cubría las piernas. Era difícil calcular su edad, con las sombras bailándole en el rostro, pero ya tenía canas en la barba y su rostro parecía el de alguien derrotado hace mucho tiempo.<br />
<br />
—La última vez que intente escapar fue haciendo un forado en la pared. Me descubrieron… y me castigaron así.<br />
<br />
Ya no sonrió al levantar la manta. El viejo lanzó un grito, un verdadero chillido de espanto, al ver los muñones cubiertos por vendajes sanguinolentos; esos muñones en donde terminaban ahora las piernas mutiladas de Khoran. <br />
<br />
La muchacha en cambio no se horrorizó sino que, por el contrario, se inclinó hacia él, mirando con curiosidad esa muestra de la crueldad de los adoradores de Zzugla’tiìt. Khoran estaba asombrado —una emoción que ya no creía que volvería a sentir— esa muchacha no parecía entender lo que les pasaría a ellos, ignorando deliberadamente una muerte que era horrible y humillante a la vez. Quizás la muchacha estaba loca… o era idiota.<br />
<br />
La chica se retiró y, al hacerlo, sus ojos verde claros, casi traslúcidos, brillaron. Sólo duró el tiempo de un respiro, pero él los vio brillar como los ojos de un gato. No supo qué pensar de aquello, por lo que prefirió ignorarlo.<br />
<br />
—Yo seré el sacrificio de esta noche —concluyó—. Luego, les tocara a ustedes… Es mejor resignarse; es lo único que pueden hacer.<br />
<br />
Antes que el espantado anciano pudiera responder, se escucharon pasos, y una luminosidad vacilante llegó a ellos a través de los pasillos. Entonces aparecieron <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ellos</span>, una decena al menos, vestidos todos con túnicas negras y portando lanzas y antorchas; además, todos escondían sus rostros tras horribles máscaras de escarabajo, de mosca, de tábano, y de cosas con ojos enormes… y trompas y mandíbulas. Uno de ellos saco una enorme llave oxidada y abrió la puerta de la celda con un rechinido <br />
<br />
El viejo y su hija se levantaron y se apartaron. El anciano se puso por delante de la muchacha y con un brazo la obligó a mantenerse un paso más atrás: un gesto de protección tan espontáneo como inútil.<br />
<br />
—Tú, ven aquí —le ordenó el enmascarado que parecía el jefe a Khoran.<br />
<br />
Pero antes de que el prisionero hiciera movimiento alguno, la muchacha pálida de ojos verdes se adelantó y, con un movimiento tan rápido que ni su padre ni Khoran la pudieron ver, golpeó el rostro del que dio las órdenes. Éste fue arrojado hacia atrás, y estrelló su cabeza contra el muro; quedó por un momento apoyado en él, vacilante, y luego se deslizó lentamente hasta quedar desparramado en el suelo en una posición ridícula, quedándose inmóvil.<br />
<br />
La máscara se le desprendió entonces y mostró un rostro delgado, de pómulos salientes y nariz aguileña: un rostro perfectamente humano, que ahora chorreaba sangre por sus narices y oídos. Khoran no supo que le asombró más: si el que debajo de esas máscaras horribles los sectarios de Zzugla’tiìt tuvieran un rostro humano, o la enorme fuerza de la muchacha, impensable en un cuerpo tan delgado.<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
—Muy valiente tu hija —le dijo a Urus—, pero su acto de bravura no servirá de nada; a tu hija la sacrificaran antes que a ti, pero finalmente todos tendremos el mismo destino.<br />
<br />
El viejo no contestó. Extrañamente, no parecía preocupado. Por supuesto que estaba asustado, pero no tanto como uno podría pensar en esas circunstancias.<br />
<br />
—¿Cómo es que tu hija es tan fuerte? Parece tan delgada, tan frágil…<br />
<br />
Urus siguió sin contestar; su ceño era el de un pensador y ahora parecía estar calculando algo. Sombrío y silencioso, por su mente pasaban miles de pensamientos e ideas, atropellándose y confundiéndose en una amalgama en la que, como una estrella en una noche oscura, por un momento brilló una leve esperanza.<br />
<br />
—Ismie —murmuró entonces el viejo; tan sólo eso, el nombre de su hija, que a esas horas seguramente ya estaba muerta y digerida por aquel Dios inclemente—Ismie… <br />
<br />
Entonces se oyó un rugido.<br />
<br />
Ambos se sobresaltaron; era un rugido atroz, lleno de ira y locura. No parecía un sonido capaz de ser producido por una garganta humana… ni por ningún animal tampoco. Era aterrador: la rabia se hacía sólida en aquel espantoso aullido que les llegaba claramente, atravesando corredores y muros de piedra.<br />
<br />
Y de golpe todo quedó en silencio.<br />
<br />
Ambos esperaron, con miedo en el corazón, hasta que pudieron oler algo: era un olor intenso, punzante y desagradable. Parecía como algo animal, combinado con el hedor de cucarachas reventadas y caparazones de escarabajos resecos bajo un sol eterno; en realidad, olía a algo totalmente corrupto y cubierto de moscas. A Khoran aquello le trajo recuerdos, como si aquel aroma hubiera llegado a sus narices antes, pero de forma más vaga y diluida.    <br />
<br />
Finalmente, oyeron pasos —livianos y de una sola persona— acercarse. Fue sólo entonces que la figura se reveló: frente a ellos estaba Ismie.<br />
<br />
—Pero, ¿cómo pudiste…? —La pregunta de Khoran quedó sin terminar, porque Ismie estaba destrozada: tenía desgarrada tanto la ropa como la piel de los brazos y de la cara, pero eso no era lo más terrible. <br />
<br />
Lo realmente horrible era que debajo de la piel no había carne, sino madera, cuero y metal. De sus heridas manaba un líquido oscuro y aceitoso, y tenía un gran agujero en el vientre donde se veían engranajes y ruedas dentadas. Uno de sus ojos había desaparecido, y sólo quedaba un agujero con una piedra traslúcida de color verde pálido. <br />
<br />
Sin embargo, pese a lo espantoso de su aspecto, su rostro seguía siendo sereno y tan indiferente como el de una estatua hermosamente tallada.<br />
<br />
Por si fuera poco, estaba cubierta de baba: una baba espesa e iridiscente que brillaba a la luz de las antorchas, y era de allí que provenía ese olor tan espantoso a cosas que se escondían en túneles y cavernas. <br />
<br />
—Vino ese Dios —comenzó a explicarles—, y me entregaron a él… Y me mordió. Pero al hacerlo, se dio cuenta de que yo no era de carne, y se enfureció. Fue entonces que, enloquecido de rabia, atacó a sus seguidores.<br />
<br />
»Mi idea era que me tragará para así atravesarle el vientre, pateándole el estómago desde dentro y matarle, pero no fue necesario. Ahora estamos solos… y libres.<br />
<br />
Ambos hombres la miraban con asombro. Su padre se le acercó y le tocó suavemente su mejilla, donde estaba la poca piel que quedaba en ella.<br />
<br />
—¿Te duele?<br />
<br />
—No lo sé, padre… no sé realmente como es el dolor. Padre, ¿te duele a ti? ¿Estás lastimado? —preguntó ella, tocándole el rostro, y acariciando las lágrimas que se derramaban por los ojos de Urus.<br />
<br />
—No, no, querida… Estas lágrimas son lágrimas de alegría —contestó el viejo con una sonrisa forzada—: Lloro porque eres la mejor hija que pude crear… mi ángel metálico.<br />
<br />
Entonces la abrazó, haciendo caso omiso a la baba. Khoran no dejó de notar que, aunque Urus derramaba abundantes lágrimas, el rostro de la muchacha —lo que quedaba de él, al menos— seguía siendo tan indiferente como el de una máscara. <br />
<br />
Era un rostro que sólo era humano en su superficie.<br />
<br />
<br />
<br />
FIN]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[(Cuento situado en el universo compartido de fantasia de Ihbn, lo pueden ver arriba, en el subforo correspondiente)<br />
<br />
<br />
Una sombra surgió, la sombra comenzó a crecer y a cubrir de oscuridad los restos de la derruida y abandonada plaza, a los árboles esqueléticos y resecos, a los bancos rotos, a la fuente seca y agrietada en cuyo centro la estatua de una hermosa doncella, ajada y mutilada por los años, sostenía una jarra de cuya boca el agua había dejado de brotar  muchísimo  tiempo atrás. La sombra cubrió el arenoso suelo, en lo que antiguamente eran jardines con flores y arbustos, y se detuvo mientras emitía un raro sonido de “chuc-chuc-chuc”<br />
<br />
La sombra se materializo en el cielo en forma de un enorme dirigible, como una colosal y  jorobada ballena flotante. Mientras sus hélices dejaban de girar y se mantenía inmóvil en el aire, de su cabina y con un susurro y un silbido de vapor bajó un disco metálico, una plataforma con barandas sostenida por un grueso cable, y en la plataforma dos figuras, una chica joven y un anciano, ella vestida con un mandil de cuero y ropas de fogonero, y el con una elegante tunica escarlata con detalles de oro en sus mangas. La muchacha era pálida, con cortos cabellos castaños y ojos verdes, el anciano tenía una corta barba de filósofo y ojos de sabio rodeados por muchas arrugas. Lo único que tenían en común era una insignia en el pecho, de plata y bronce, con el símbolo imperial de Fédregahl, pero combinada en el martillo y el relámpago de la Casa de los Alquimistas, dedicada a las ciencias del metal y las pociones.<br />
<br />
Tras poner pie en la ruinosa plaza, ambos contemplaron la ciudad en silencio: sus columnas caídas, sus muros derruidos, sus edificios con techos desfondados y sus casas invadidas por la arena, con los huecos de las ventanas sin marcos ni postigos, como ojos ciegos que esperaban a unos inexistentes visitantes. A medida que el día daba paso a la noche, las sombras de la ciudad se alargaban, y el atardecer rojizo allá en el horizonte producía extraños juegos de luces, tiñendo con un resplandor inquietante los descascarados muros de sus edificios.<br />
<br />
El anciano observó la ciudad con marcado interés, mientras se acariciaba la barba,  mientras que la muchacha simplemente miró hacia adelante, como si no viera la ciudad; como si fuera una roca o un árbol más.<br />
<br />
—Interesantes ruinas… y no aparecen en los mapas —dijo el anciano—me pregunto si es por la mediocridad de los mismos o porque esta ciudad ya ha sido olvidada por completo en la memoria de los hombres.<br />
<br />
—¿No sabes que ciudad es, padre?<br />
<br />
—No, aunque eso no te extrañe, estos son los desiertos de Nosser, cuna de las más antiguas civilizaciones del continente de Quirim.<br />
<br />
—Padre, ¿exploramos estas ruinas? <br />
<br />
—Si, pero no ahora, no cuando la noche esta tan cerca, no sabemos los peligros que pueden acecharnos, e incluso, si no hay tales peligros, las ruinas, que durante el día son tristes a la vista, de noche se vuelven siniestras y se pueblan de fantasmas… no hablo de fantasmas reales —continuó ante la mirada de su hija— hablo de los fantasmas de la imaginación, que pueden ser peores… Oh, dioses, ¡Qué espanto!<br />
<br />
En ese momento, algo surgió de las arenas: era un insecto gigante, un monstruo horrible, con ojos facetados y mandíbulas enormes, un escarabajo de las arenas… pero no era eso. En realidad era un hombre, con una máscara que imitaba a un escarabajo, y detrás de él y a su alrededor, de entre las grietas y los rincones oscuros en las esquinas de los muros surgían otros como él, vestidos de negro y con las mismas espantosas máscaras.<br />
<br />
Uno de ellos hizo girar en el aire una bola atada a una fuerte cuerda trenzada, y se la arrojó a la muchacha, enrollándola alrededor de su cuello para que, con un fuerte tirón, jalar y derribarla, mientras su padre gritaba lleno de terror.<br />
<br />
—¡Hija! <br />
<br />
<br />
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Khoran los escuchó venir y, a su pesar, sintió que su corazón se encogía de miedo. ¿Ya venían por él? ¿Tan pronto?<br />
<br />
Abrieron la puerta de su calabozo y entraron <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ellos</span>: los horribles, los malditos… pero no venían solos. Arrojaron bruscamente al suelo a dos prisioneros más, un hombre y una mujer, y se marcharon. Los nuevos cautivos se levantaron lentamente y miraron a Khoran, y él los miró a ellos: una chica joven, pálida y con el rostro lleno de pecas, además de un hombre viejo con una corta barba canosa, que parecía tan azorado como serena estaba la muchacha. Quizás era su hija… o su nieta.<br />
<br />
—Bienvenidos —dijo Khoran.<br />
<br />
—¿Dónde estamos? —preguntó el viejo, mientras que, a la luz de las escasas antorchas que iluminaban el lugar, paseaba su mirada por la mazmorra, por sus paredes y techo de piedra, y por sus barrotes de hierro carcomido.<br />
<br />
—¿Han oído hablar de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Immunna</span>? <br />
<br />
El viejo se estremeció, mientras que la chica —con una serenidad que rayaba en la indiferencia o en la locura— sólo parecía expresar cierta curiosidad.<br />
<br />
—¿Immunna? —preguntó ella.<br />
<br />
—La ciudad maldita, la profana, donde se adora a los demonios… o se les adoraba —le explicó el anciano.<br />
<br />
—No a los demonios, sino a Zzugla’tiìt, el Dios Insecto, y todavía se le adora —aclaró Khoran— Cada primera luna llena del mes, sacrifican a un humano a su Dios. Lo ofrecen para que él… lo devore.<br />
<br />
El anciano no pudo evitar mostrarse asustado, mientras la muchacha, con sus ojos verde pálido casi transparentes, siguió tan calmada como antes. De hecho, más que calma, su rostro mostraba indiferencia.<br />
<br />
— Zzugla’tiìt, uno de los Sesenta y Seis dioses, también llamado El Olvidado, dios de la podredumbre, las plagas y los enjambres… No puedo creer que aun tenga seguidores…<br />
<br />
—Estamos bajos las ruinas de la ciudad y, esta misma noche, vendrán a buscar a uno de nosotros para sacrificarlo a su Dios… —Khoran sonrió con amargura— Deben haber visto su estatua, ¿no? Una estatua gigantesca, con muchas patas…<br />
<br />
—¡Dioses! —El anciano volvió a temblar; sí, la había visto. <br />
<br />
Después que los capturaran, los llevaron a través de las ruinas de Immunna, y luego por lóbregos pasillos y cámaras subterráneas, hasta llegar a una enorme caverna iluminada por decenas de antorchas. Su luz era insuficiente para permitir apreciar el tamaño de la misma, cuyo techo se mantenía en la oscuridad, pero eso no era lo importante, sino la gigantesca estatua que se hallaba en su centro: parecía una mezcla de escarabajo, escorpión, tábano y araña. A pesar de que era tan sólo un enorme pedazo de muerta piedra negra, Urus, el anciano, se estremeció de asco y de temor, ya que la estatua parecía exudar malevolencia a través de aquellos ojos que parecían vivos y hambrientos.<br />
<br />
—Dicen que esa estatua revive cada luna llena, para tomar su sacrificio… —continuó Khoran— Dicen, porque yo no lo he visto, claro… pero creo que lo veré esta noche.<br />
<br />
La cara de espanto de Urus no le causo ningún placer; alguien más ruin o más desesperado se habría alegrado morbosamente de no ser el único que tendría tan macabro destino, incluso abrigando esperanzas de prolongar su vida un poco más a costa de estos dos desdichados. Pero había pasado mucho tiempo desde que Khoran perdiera toda esperanza. Incluso había pensado en suicidarse, para evitar una muerte mil veces peor, y para ser, por un breve instante, nuevamente libre tras estar prisionero durante tanto tiempo. Pero Ellos, los malditos —los adoradores de Zzugla’tiìt— eran muy astutos. Desde que lo castigaran brutalmente, lo mantenían bajo una vigilancia estricta, aunque jamás parecieran estar cerca de su calabozo: disponer de su propia vida era algo que a Khoran le estaba vedado. <br />
<br />
—¿No podemos hacer algo? ¿Algún modo de escapar? —preguntó Urus desesperado.<br />
<br />
—¿Escapar? —una nueva mueca que trataba de asemejar una sonrisa apareció en el rostro de Khoran— No, no se puede escapar. Lo he intentado muchas veces… Formé parte de un grupo de siete, y en cada luna llena venían en busca de uno de nosotros. Ahora sólo quedo yo —sentenció.<br />
<br />
Por primera vez, el anciano y la muchacha parecieron fijarse en su compañero de celda. Lo que vieron entonces fue un hombre barbón y greñudo, con las ropas raídas y sucias, sentado con las piernas cruzadas, o eso parecía, ya que una manta inmunda le cubría las piernas. Era difícil calcular su edad, con las sombras bailándole en el rostro, pero ya tenía canas en la barba y su rostro parecía el de alguien derrotado hace mucho tiempo.<br />
<br />
—La última vez que intente escapar fue haciendo un forado en la pared. Me descubrieron… y me castigaron así.<br />
<br />
Ya no sonrió al levantar la manta. El viejo lanzó un grito, un verdadero chillido de espanto, al ver los muñones cubiertos por vendajes sanguinolentos; esos muñones en donde terminaban ahora las piernas mutiladas de Khoran. <br />
<br />
La muchacha en cambio no se horrorizó sino que, por el contrario, se inclinó hacia él, mirando con curiosidad esa muestra de la crueldad de los adoradores de Zzugla’tiìt. Khoran estaba asombrado —una emoción que ya no creía que volvería a sentir— esa muchacha no parecía entender lo que les pasaría a ellos, ignorando deliberadamente una muerte que era horrible y humillante a la vez. Quizás la muchacha estaba loca… o era idiota.<br />
<br />
La chica se retiró y, al hacerlo, sus ojos verde claros, casi traslúcidos, brillaron. Sólo duró el tiempo de un respiro, pero él los vio brillar como los ojos de un gato. No supo qué pensar de aquello, por lo que prefirió ignorarlo.<br />
<br />
—Yo seré el sacrificio de esta noche —concluyó—. Luego, les tocara a ustedes… Es mejor resignarse; es lo único que pueden hacer.<br />
<br />
Antes que el espantado anciano pudiera responder, se escucharon pasos, y una luminosidad vacilante llegó a ellos a través de los pasillos. Entonces aparecieron <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ellos</span>, una decena al menos, vestidos todos con túnicas negras y portando lanzas y antorchas; además, todos escondían sus rostros tras horribles máscaras de escarabajo, de mosca, de tábano, y de cosas con ojos enormes… y trompas y mandíbulas. Uno de ellos saco una enorme llave oxidada y abrió la puerta de la celda con un rechinido <br />
<br />
El viejo y su hija se levantaron y se apartaron. El anciano se puso por delante de la muchacha y con un brazo la obligó a mantenerse un paso más atrás: un gesto de protección tan espontáneo como inútil.<br />
<br />
—Tú, ven aquí —le ordenó el enmascarado que parecía el jefe a Khoran.<br />
<br />
Pero antes de que el prisionero hiciera movimiento alguno, la muchacha pálida de ojos verdes se adelantó y, con un movimiento tan rápido que ni su padre ni Khoran la pudieron ver, golpeó el rostro del que dio las órdenes. Éste fue arrojado hacia atrás, y estrelló su cabeza contra el muro; quedó por un momento apoyado en él, vacilante, y luego se deslizó lentamente hasta quedar desparramado en el suelo en una posición ridícula, quedándose inmóvil.<br />
<br />
La máscara se le desprendió entonces y mostró un rostro delgado, de pómulos salientes y nariz aguileña: un rostro perfectamente humano, que ahora chorreaba sangre por sus narices y oídos. Khoran no supo que le asombró más: si el que debajo de esas máscaras horribles los sectarios de Zzugla’tiìt tuvieran un rostro humano, o la enorme fuerza de la muchacha, impensable en un cuerpo tan delgado.<br />
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<br />
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<br />
—Muy valiente tu hija —le dijo a Urus—, pero su acto de bravura no servirá de nada; a tu hija la sacrificaran antes que a ti, pero finalmente todos tendremos el mismo destino.<br />
<br />
El viejo no contestó. Extrañamente, no parecía preocupado. Por supuesto que estaba asustado, pero no tanto como uno podría pensar en esas circunstancias.<br />
<br />
—¿Cómo es que tu hija es tan fuerte? Parece tan delgada, tan frágil…<br />
<br />
Urus siguió sin contestar; su ceño era el de un pensador y ahora parecía estar calculando algo. Sombrío y silencioso, por su mente pasaban miles de pensamientos e ideas, atropellándose y confundiéndose en una amalgama en la que, como una estrella en una noche oscura, por un momento brilló una leve esperanza.<br />
<br />
—Ismie —murmuró entonces el viejo; tan sólo eso, el nombre de su hija, que a esas horas seguramente ya estaba muerta y digerida por aquel Dios inclemente—Ismie… <br />
<br />
Entonces se oyó un rugido.<br />
<br />
Ambos se sobresaltaron; era un rugido atroz, lleno de ira y locura. No parecía un sonido capaz de ser producido por una garganta humana… ni por ningún animal tampoco. Era aterrador: la rabia se hacía sólida en aquel espantoso aullido que les llegaba claramente, atravesando corredores y muros de piedra.<br />
<br />
Y de golpe todo quedó en silencio.<br />
<br />
Ambos esperaron, con miedo en el corazón, hasta que pudieron oler algo: era un olor intenso, punzante y desagradable. Parecía como algo animal, combinado con el hedor de cucarachas reventadas y caparazones de escarabajos resecos bajo un sol eterno; en realidad, olía a algo totalmente corrupto y cubierto de moscas. A Khoran aquello le trajo recuerdos, como si aquel aroma hubiera llegado a sus narices antes, pero de forma más vaga y diluida.    <br />
<br />
Finalmente, oyeron pasos —livianos y de una sola persona— acercarse. Fue sólo entonces que la figura se reveló: frente a ellos estaba Ismie.<br />
<br />
—Pero, ¿cómo pudiste…? —La pregunta de Khoran quedó sin terminar, porque Ismie estaba destrozada: tenía desgarrada tanto la ropa como la piel de los brazos y de la cara, pero eso no era lo más terrible. <br />
<br />
Lo realmente horrible era que debajo de la piel no había carne, sino madera, cuero y metal. De sus heridas manaba un líquido oscuro y aceitoso, y tenía un gran agujero en el vientre donde se veían engranajes y ruedas dentadas. Uno de sus ojos había desaparecido, y sólo quedaba un agujero con una piedra traslúcida de color verde pálido. <br />
<br />
Sin embargo, pese a lo espantoso de su aspecto, su rostro seguía siendo sereno y tan indiferente como el de una estatua hermosamente tallada.<br />
<br />
Por si fuera poco, estaba cubierta de baba: una baba espesa e iridiscente que brillaba a la luz de las antorchas, y era de allí que provenía ese olor tan espantoso a cosas que se escondían en túneles y cavernas. <br />
<br />
—Vino ese Dios —comenzó a explicarles—, y me entregaron a él… Y me mordió. Pero al hacerlo, se dio cuenta de que yo no era de carne, y se enfureció. Fue entonces que, enloquecido de rabia, atacó a sus seguidores.<br />
<br />
»Mi idea era que me tragará para así atravesarle el vientre, pateándole el estómago desde dentro y matarle, pero no fue necesario. Ahora estamos solos… y libres.<br />
<br />
Ambos hombres la miraban con asombro. Su padre se le acercó y le tocó suavemente su mejilla, donde estaba la poca piel que quedaba en ella.<br />
<br />
—¿Te duele?<br />
<br />
—No lo sé, padre… no sé realmente como es el dolor. Padre, ¿te duele a ti? ¿Estás lastimado? —preguntó ella, tocándole el rostro, y acariciando las lágrimas que se derramaban por los ojos de Urus.<br />
<br />
—No, no, querida… Estas lágrimas son lágrimas de alegría —contestó el viejo con una sonrisa forzada—: Lloro porque eres la mejor hija que pude crear… mi ángel metálico.<br />
<br />
Entonces la abrazó, haciendo caso omiso a la baba. Khoran no dejó de notar que, aunque Urus derramaba abundantes lágrimas, el rostro de la muchacha —lo que quedaba de él, al menos— seguía siendo tan indiferente como el de una máscara. <br />
<br />
Era un rostro que sólo era humano en su superficie.<br />
<br />
<br />
<br />
FIN]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Informe para la academia de ciencias]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1250</link>
			<pubDate>Mon, 30 Oct 2017 03:06:08 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=344">Haradrim</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1250</guid>
			<description><![CDATA[¡Hola! les presento un nuevo cuento del mundo Ihbn, o mas bien uno que escribi hace tiempo y que he adaptado a este mundo, porque soy ecologista y me encanta el reciclaje.<br />
<br />
Ojala les guste ¡Dejen criticas!<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
<br />
Informe para la academia de ciencias</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><br />
(Borrador, revisar más tarde, mas objetividad y menos opiniones personales)<br />
<br />
Estimados miembros de la Academia de Ciencias del distrito de Soknir, en el gran imperio de Fédregahl<br />
<br />
Tengo el agrado… que digo, el placer, no, la felicidad de comunicarles que he logrado capturar un ejemplar VIVO de la escurridiza criatura conocida como “Ninfa nocturna”, nombre científico Nymphae Nocte Fallace Arius Montanknus, que acabo de otorgarle yo.<br />
<br />
Como sabrán, la existencia de esta criatura ha estado durante siglos en una zona gris entre la realidad y los mitos. Precisamente dos mitos me ayudaron a capturar el ejemplar que describiré a continuación, y uno es el mito de que las ninfas nocturnas suelen bañarse en las noches de luna llena en las pozas donde crecen juncos de flores amarillas, y el otro es el mito de que el aceite de Sardalipanira roja las paraliza.<br />
<br />
Largas y aburridas noches gaste acechando en las pozas de las colinas de Zmunzur, donde abundan los juncos de flores amarillas. Precisamente la noche recién pasada, mientras la Luna se elevaba por el cielo en su cuarto menguante, descubrí a una ninfa nocturna bañándose en una de las pozas, estaba sola y jugueteaba con las luciérnagas. Me quede observándola largo rato, con el fin de estudiar su conducta en su ambiente natural, aunque debo reconocer que su sola presencia era hechizante y que en todo ese tiempo no anoté un solo dato.<br />
<br />
Logre finalmente capturarla gracias a una cerbatana y a un dardo impregnado de aceite de Sardalipanira roja, felizmente el mito sobre su efecto en las ninfas resultó ser verdad.<br />
<br />
Otro mito que comprobé es la legendaria belleza física de las ninfas, ya que al verla bañarse en aquella fuente, desnuda, con la brisa nocturna agitando sus cabellos y con la luz de la Luna produciendo reflejos plateados en su piel, experimenté una reacción física como no me había ocurrido hacia años (revisar esto ultimo), <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">vamos, que la tenia mas tiesa que la mano de un mercader khamurrita apretando su bolsa de monedas </span>(revisar, no, ELIMINAR esto ultimo). Pero al fin logre librarme de su hechizo y dejar de contemplar <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">aquel delicado y delicioso cuerpo de suaves carnes</span> (revisar esto ultimo). Una cerbatana, un dardo impregnado de Sardalipanira, y el primer ejemplar de ninfa nocturna capturado en la historia.<br />
<br />
De modo que estos instantes tengo a mi ejemplar de Nymphae Nocte Fallace sobre la mesa de disecciones, muerta y preparada para hacer una exploración en profundidad en todas sus cavidades internas (esto ultimo no sonó muy bien, revisar)<br />
<br />
Tamaño: de la cabeza a la punta de los pies unas 7 palmas y media, algo mas baja que una mujer normal.<br />
<br />
Proporciones: perfectas.<br />
<br />
Color de piel: es difícil de definir, a veces azul, a veces purpura, según la luz que se refleja su piel cambia de color en matices que van del azul muy oscuro, casi negro, al celeste pálido.<br />
<br />
Color de ojos: plateados, son muy brillantes y reflejan la luz de la Luna.<br />
<br />
Cabello: muy largo, liso y perfumado, huele a arándanos y tiene el mismo color. Es adictivo.<br />
<br />
Vestimenta: no lleva.<br />
<br />
Descripción: adjunto un dibujo con la posición que tiene el cuerpo del ejemplar en este momento (Nota: hacer un dibujo mas detallado, que no sea solo palitos y un circulo para la cabeza). Al momento de dispararle el dardo la ninfa estaba saliendo del agua, es por eso que su brazo izquierdo se encuentra recto –es con el que se apoyaba en la orilla- el derecho levemente flexionado, al igual que las piernas, la izquierda doblada y la derecha casi… bueno, casi derecha al sostenerse con ella en el fondo de la poza. Por eso también su rostro, su adorable rostro (revisar) tiene una clara expresión de sorpresa, me pregunto si fue porque logro verme o por el pinchazo del dardo, y si se dio cuenta de lo que ocurría antes de que su cuerpo se transformara en una estatua de carne endurecida.<br />
<br />
El efecto de la Sardalipanira roja es sorprendente, el cuerpo del ejemplar se halla totalmente rígido, si bien al presionar con un dedo su piel presenta la misma textura y consistencia que la carne, no es posible mover ninguno de sus miembros, no sin forzarlos y exponerse a romper alguno de ellos. Si el mito es cierto, la luz de la luna llena a medianoche o el aceite de Sardalipanira amarilla son lo único que puede curar esta petrificación.<br />
<br />
La ninfa es claramente una hembra, al parecer todos los miembros de su especie lo son, y solo podemos teorizar sobre su medio de reproducción, aunque un examen a sus órganos internos aportara, espero, mas datos sobre este misterio (quizás estemos hablando de una especie hermafrodita, o tal vez se reproduzcan por esporas). Al llamarla “hembra” me baso en que todo su cuerpo, salvo pequeños detalles, es idéntico al de una mujer humana, aunque de una perfección inimaginable, el rostro es hermosísimo y delicado, la piel muy suave y de una consistencia casi liquida, los brazos redondeados, los pechos amplios, acariciables y se sienten tibios y dulces al tacto (revisar esto último), los muslos aún mas suaves, tentadores <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">y al posar la mano sobre ellos esta se desliza de manera irresistible hacia su intimidad </span>(definitivamente, revisar esto ultimo).<br />
<br />
Lo mas asombroso en su anatomía son las alas que se nacen de su espalda, en medio de sus omoplatos, tan perfectamente integradas al resto del cuerpo que lo que realmente resulta extraño no es que una ninfa las tenga, sino que el resto de las mujeres no las posean. Estas son transparentes, frágiles, de libélula, y debemos suponer le permiten volar, no creo que estén solo de adorno.<br />
</span><br />
Aquí se detuvo, dudaba en como contar lo siguiente, o derechamente en contarlo. En un informe científico e imparcial como este no tenia cabida la compasión y el arrepentimiento, ambos causados por los ojos de la ninfa, unos ojos aun vivos, temblorosos, ojos que expresaban sorpresa, y después miedo, ojos que causaban lastima. Todo ello mientras el la examinaba y tomaba notas sobre su fisiología. Esos ojos casi lo hicieron dudar en su determinación de destazarla y examinar sus órganos internos, pero solo casi. De allí que deslizar dos gotas del –poderoso, poderosísimo- veneno tyhjouun por su garganta era lo mas misericordioso que podía hacer. Ella ni siquiera llegaría a sentir su sabor.<br />
<br />
Cuando tomo la pluma para continuar escribiendo escucho un ruido, algo que se rompía. Dio la vuelta, y al principio no vio nada extraño, la sala de disecciones seguía igual, con los muros cubiertos con repisas y estanterías con frascos con diversos ejemplares animales flotando en alcohol, mesas con balanzas y herramientas de cirugía, y en el centro una gran mesa donde se hallaba el cuerpo de la ninfa cubierto por una saba… un momento.<br />
<br />
La mesa estaba vacía.<br />
<br />
Encima solo se hallaba la sabana, y el ruido que sintió era el frasco con veneno tyhjouun que había dejado a los pies de la mesa, y del cuerpo de la ninfa nada se veía, no estaba por ningún lado. Tenso, sin mover un musculo, Arias Montank comenzó a pensar velozmente una explicación a este fenómeno, ¿seria que las ninfas al morir desaparecían, se evaporaban? Eso a el no le habría extrañado, pero no, esa no era la explicación, no cuando vio pasar una sombra de una esquina oscura de la habitación a otra esquina oscura, en menos tiempo que un latido.<br />
<br />
De pronto, su mente recordó algo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ingredientes:<br />
<br />
-Polvo de hongos de Yuggoth<br />
<br />
-Agua pura destilada<br />
<br />
- Aceite de Sardalipanira amarilla<br />
<br />
Mantener fuera del alcance de los niños.</span><br />
<br />
Esos eran los ingredientes del veneno tyhjouun, y para Arias Montank, naturalista de la Academia de Ciencias de Fédregahl, descubrir el misterio de la ninfa nocturna revivida le sirvió, durante el tiempo de dos latidos, de consuelo. Un segundo más tarde caía con la garganta cortada, casi separada la cabeza del tronco, por una de las herramientas quirúrgicas que usaba en sus disecciones. Las ninfas nocturnas son hermosisimas, pero dicen también que no soportan la crueldad, en especial si es contra ellas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[¡Hola! les presento un nuevo cuento del mundo Ihbn, o mas bien uno que escribi hace tiempo y que he adaptado a este mundo, porque soy ecologista y me encanta el reciclaje.<br />
<br />
Ojala les guste ¡Dejen criticas!<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
<br />
Informe para la academia de ciencias</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><br />
(Borrador, revisar más tarde, mas objetividad y menos opiniones personales)<br />
<br />
Estimados miembros de la Academia de Ciencias del distrito de Soknir, en el gran imperio de Fédregahl<br />
<br />
Tengo el agrado… que digo, el placer, no, la felicidad de comunicarles que he logrado capturar un ejemplar VIVO de la escurridiza criatura conocida como “Ninfa nocturna”, nombre científico Nymphae Nocte Fallace Arius Montanknus, que acabo de otorgarle yo.<br />
<br />
Como sabrán, la existencia de esta criatura ha estado durante siglos en una zona gris entre la realidad y los mitos. Precisamente dos mitos me ayudaron a capturar el ejemplar que describiré a continuación, y uno es el mito de que las ninfas nocturnas suelen bañarse en las noches de luna llena en las pozas donde crecen juncos de flores amarillas, y el otro es el mito de que el aceite de Sardalipanira roja las paraliza.<br />
<br />
Largas y aburridas noches gaste acechando en las pozas de las colinas de Zmunzur, donde abundan los juncos de flores amarillas. Precisamente la noche recién pasada, mientras la Luna se elevaba por el cielo en su cuarto menguante, descubrí a una ninfa nocturna bañándose en una de las pozas, estaba sola y jugueteaba con las luciérnagas. Me quede observándola largo rato, con el fin de estudiar su conducta en su ambiente natural, aunque debo reconocer que su sola presencia era hechizante y que en todo ese tiempo no anoté un solo dato.<br />
<br />
Logre finalmente capturarla gracias a una cerbatana y a un dardo impregnado de aceite de Sardalipanira roja, felizmente el mito sobre su efecto en las ninfas resultó ser verdad.<br />
<br />
Otro mito que comprobé es la legendaria belleza física de las ninfas, ya que al verla bañarse en aquella fuente, desnuda, con la brisa nocturna agitando sus cabellos y con la luz de la Luna produciendo reflejos plateados en su piel, experimenté una reacción física como no me había ocurrido hacia años (revisar esto ultimo), <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">vamos, que la tenia mas tiesa que la mano de un mercader khamurrita apretando su bolsa de monedas </span>(revisar, no, ELIMINAR esto ultimo). Pero al fin logre librarme de su hechizo y dejar de contemplar <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">aquel delicado y delicioso cuerpo de suaves carnes</span> (revisar esto ultimo). Una cerbatana, un dardo impregnado de Sardalipanira, y el primer ejemplar de ninfa nocturna capturado en la historia.<br />
<br />
De modo que estos instantes tengo a mi ejemplar de Nymphae Nocte Fallace sobre la mesa de disecciones, muerta y preparada para hacer una exploración en profundidad en todas sus cavidades internas (esto ultimo no sonó muy bien, revisar)<br />
<br />
Tamaño: de la cabeza a la punta de los pies unas 7 palmas y media, algo mas baja que una mujer normal.<br />
<br />
Proporciones: perfectas.<br />
<br />
Color de piel: es difícil de definir, a veces azul, a veces purpura, según la luz que se refleja su piel cambia de color en matices que van del azul muy oscuro, casi negro, al celeste pálido.<br />
<br />
Color de ojos: plateados, son muy brillantes y reflejan la luz de la Luna.<br />
<br />
Cabello: muy largo, liso y perfumado, huele a arándanos y tiene el mismo color. Es adictivo.<br />
<br />
Vestimenta: no lleva.<br />
<br />
Descripción: adjunto un dibujo con la posición que tiene el cuerpo del ejemplar en este momento (Nota: hacer un dibujo mas detallado, que no sea solo palitos y un circulo para la cabeza). Al momento de dispararle el dardo la ninfa estaba saliendo del agua, es por eso que su brazo izquierdo se encuentra recto –es con el que se apoyaba en la orilla- el derecho levemente flexionado, al igual que las piernas, la izquierda doblada y la derecha casi… bueno, casi derecha al sostenerse con ella en el fondo de la poza. Por eso también su rostro, su adorable rostro (revisar) tiene una clara expresión de sorpresa, me pregunto si fue porque logro verme o por el pinchazo del dardo, y si se dio cuenta de lo que ocurría antes de que su cuerpo se transformara en una estatua de carne endurecida.<br />
<br />
El efecto de la Sardalipanira roja es sorprendente, el cuerpo del ejemplar se halla totalmente rígido, si bien al presionar con un dedo su piel presenta la misma textura y consistencia que la carne, no es posible mover ninguno de sus miembros, no sin forzarlos y exponerse a romper alguno de ellos. Si el mito es cierto, la luz de la luna llena a medianoche o el aceite de Sardalipanira amarilla son lo único que puede curar esta petrificación.<br />
<br />
La ninfa es claramente una hembra, al parecer todos los miembros de su especie lo son, y solo podemos teorizar sobre su medio de reproducción, aunque un examen a sus órganos internos aportara, espero, mas datos sobre este misterio (quizás estemos hablando de una especie hermafrodita, o tal vez se reproduzcan por esporas). Al llamarla “hembra” me baso en que todo su cuerpo, salvo pequeños detalles, es idéntico al de una mujer humana, aunque de una perfección inimaginable, el rostro es hermosísimo y delicado, la piel muy suave y de una consistencia casi liquida, los brazos redondeados, los pechos amplios, acariciables y se sienten tibios y dulces al tacto (revisar esto último), los muslos aún mas suaves, tentadores <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">y al posar la mano sobre ellos esta se desliza de manera irresistible hacia su intimidad </span>(definitivamente, revisar esto ultimo).<br />
<br />
Lo mas asombroso en su anatomía son las alas que se nacen de su espalda, en medio de sus omoplatos, tan perfectamente integradas al resto del cuerpo que lo que realmente resulta extraño no es que una ninfa las tenga, sino que el resto de las mujeres no las posean. Estas son transparentes, frágiles, de libélula, y debemos suponer le permiten volar, no creo que estén solo de adorno.<br />
</span><br />
Aquí se detuvo, dudaba en como contar lo siguiente, o derechamente en contarlo. En un informe científico e imparcial como este no tenia cabida la compasión y el arrepentimiento, ambos causados por los ojos de la ninfa, unos ojos aun vivos, temblorosos, ojos que expresaban sorpresa, y después miedo, ojos que causaban lastima. Todo ello mientras el la examinaba y tomaba notas sobre su fisiología. Esos ojos casi lo hicieron dudar en su determinación de destazarla y examinar sus órganos internos, pero solo casi. De allí que deslizar dos gotas del –poderoso, poderosísimo- veneno tyhjouun por su garganta era lo mas misericordioso que podía hacer. Ella ni siquiera llegaría a sentir su sabor.<br />
<br />
Cuando tomo la pluma para continuar escribiendo escucho un ruido, algo que se rompía. Dio la vuelta, y al principio no vio nada extraño, la sala de disecciones seguía igual, con los muros cubiertos con repisas y estanterías con frascos con diversos ejemplares animales flotando en alcohol, mesas con balanzas y herramientas de cirugía, y en el centro una gran mesa donde se hallaba el cuerpo de la ninfa cubierto por una saba… un momento.<br />
<br />
La mesa estaba vacía.<br />
<br />
Encima solo se hallaba la sabana, y el ruido que sintió era el frasco con veneno tyhjouun que había dejado a los pies de la mesa, y del cuerpo de la ninfa nada se veía, no estaba por ningún lado. Tenso, sin mover un musculo, Arias Montank comenzó a pensar velozmente una explicación a este fenómeno, ¿seria que las ninfas al morir desaparecían, se evaporaban? Eso a el no le habría extrañado, pero no, esa no era la explicación, no cuando vio pasar una sombra de una esquina oscura de la habitación a otra esquina oscura, en menos tiempo que un latido.<br />
<br />
De pronto, su mente recordó algo.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ingredientes:<br />
<br />
-Polvo de hongos de Yuggoth<br />
<br />
-Agua pura destilada<br />
<br />
- Aceite de Sardalipanira amarilla<br />
<br />
Mantener fuera del alcance de los niños.</span><br />
<br />
Esos eran los ingredientes del veneno tyhjouun, y para Arias Montank, naturalista de la Academia de Ciencias de Fédregahl, descubrir el misterio de la ninfa nocturna revivida le sirvió, durante el tiempo de dos latidos, de consuelo. Un segundo más tarde caía con la garganta cortada, casi separada la cabeza del tronco, por una de las herramientas quirúrgicas que usaba en sus disecciones. Las ninfas nocturnas son hermosisimas, pero dicen también que no soportan la crueldad, en especial si es contra ellas.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Cronicas de otra tierra... (cuentos)]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=993</link>
			<pubDate>Wed, 28 Sep 2016 04:15:16 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=344">Haradrim</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=993</guid>
			<description><![CDATA[Abro este hilo para postear en el algunos cuentos sobre el mundo Ihbn que he escrito, para empezar este con el que saque el cuarto lugar -de abajo hacia arriba- en el ultimo concurso organizado en el foro.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><br />
La ciudad de todos los dioses</span></span><br />
<br />
<br />
En nuestro vasto mundo hay ciudades con un pasado asombroso, con un pasado glorioso, y otras con un pasado enigmático, ciudades cuya vida y muerte están ocultas en el misterio. Pero no hay una con historia tan extraña como Massuade, que se hundió en los más abyectos abismos de la corrupción antes de elevarse y alcanzar la santidad.<br />
<br />
Situada en el archipiélago de Las Quebrantadas, los primeros habitantes de la isla fueron shariitas, pero hace ya miles de años que abandonaron estas tierras, dejando solo ruinas y extraños y oxidados artefactos de función desconocida. Los siguientes fueron los Tolfek, nadie sabe que hacia un grupo de estas criaturas aquí, tan lejos de sus tierras en Nirr. Pero ellos también abandonaron la isla, dejando solo extraños fardos que una vez abiertos revelan ser momias envueltas en capas y capas de telas multicolores, ocultas en recónditas cuevas.<br />
<br />
Posteriormente llegaron hombres negros del Quirim, y fueron ellos los que fundaron la ciudad, a orillas de una amplia bahía protegida de los vientos. Pronto su privilegiada situación, a medio camino entre Quirim y los grandes reinos del norte, benefició enormemente a la pequeña colonia. El comercio fue la sangre que la alimentó, trirremes, naos, dromones, carabelas, dhows, catamaranes de los Belarios, toda clase de navíos llegaban a su puerto, y cargaban y descargaban mercancías: aves exóticas, pieles, hierro, cobre, estaño, platino, perfumes, aceites, maderas valiosas. Y de aquella incesante actividad la ciudad sacaba una moneda de oro, o más de una.<br />
<br />
<img src="https://1.bp.blogspot.com/-Ow8UexWiJNE/V-tBj27v_vI/AAAAAAAADj4/L9u0rs8LzQ0Lq2Kyqly7v_Ktdk3ZaDl-ACLcB/s400/Mansa-Musa-8.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: Mansa-Musa-8.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Massuade en su epoca de mayor esplendor.</span><br />
<br />
Pero la historia nos ha enseñado que la paz y la prosperidad no duran para siempre, y Massuade debió aprender esa lección muy pronto. Por un lado nuevos puertos fueron fundados y se convirtieron en rivales comerciales, pero la mayor amenaza eran los piratas de la Brecha Roja, quienes atacaban a los barcos y robaban sus mercaderías, arrojando a sus tripulantes al mar o llevándoselos como esclavos. Al tiempo que aumentaba la audacia de los piratas los barcos mercantes elegían rutas alejadas de Massuade y frente al riesgo de perder su fuente de riqueza, el consejo de ricos mercaderes que gobernaba la ciudad decidió defenderse y crear una pequeña flota de barcos de guerra para combatir a los piratas.<br />
<br />
Contrataron marineros, mandaron a construir galeones a los astilleros de Kapparis, y como almirante de toda su flota eligieron a un joven pero ya experimentado capitán, “nacido a bordo” según sus propias palabras, quien ya había dado pruebas de su valor y habilidad estratégica al pelear en la guerra civil que devastaba a su nación, por desgracia para él combatiendo en el bando perdedor.<br />
<br />
Sus órdenes eran simples: acabar con esa plaga que amenazaba el porvenir de Massuade, sin olvidar la prudencia, pero otras cosas como la compasión y el tomar prisioneros podían ser fácilmente ignoradas.<br />
<br />
Y un día esa flota regresó a puerto con dos navíos y cien hombres menos, pero alegres y victoriosos, porque habían asestado una gran derrota a los piratas, una derrota quizás definitiva. Pero de aquel día de victoria surgió el fin de Massuade.<br />
<br />
Uno de los piratas muertos, quien fue colgado como advertencia y alimento de buitres a la entrada del puerto, resulto ser el hijo del temido Sac´cak´re Rompecuellos (otros dicen que no era su hijo, sino su amante, y al menos una versión especialmente injuriosa asegura que era ambas cosas). El era uno de los jefes piratas más temidos y brutales, famoso por su audacia y ferocidad, y quien se haría famoso también por la crueldad de su venganza.<br />
<br />
Y dos semanas después, cuando de su hijo solo quedaban los huesos moviéndose y tintineando con el viento, en una tarde de cielos despejados antes de que el disco solar tocara el borde del horizonte marino, barcos aparecieron frente a la isla. Seis galeras con la enseña de Sac´cak´re, la bandera del hombre destripado, barcos que esperaban allí, inmóviles, como provocando. Las campanas del puerto empezaron a tañer frenéticamente mientras sus habitantes miraban asombrados y temerosos semejante atrevimiento, porque ningún pirata antes intentó atacar directamente la ciudad. Pero el almirante de la flota encargada de su defensa no perdió el tiempo y sus navíos zarparon para perseguir a los bastardos de los mares.<br />
<br />
<img src="https://4.bp.blogspot.com/-ehrgKz3ScSU/V-tBg7YdPwI/AAAAAAAADj0/qD98EjNPBHo5f8PzQnRe7lQaladHKGqRACLcB/s400/925ebfbc14689031a5b26e3204580939.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: 925ebfbc14689031a5b26e3204580939.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sac´cak´re, apodado Rompecuellos.</span><br />
<br />
Estos huyeron cobardemente, seguidos muy de cerca por los galeones de Massuade, cuyos tripulantes esperaban darles caza y acabar definitivamente con la amenaza de la piratería. Pero todo era una broma macabra, un fraude ideado por una mente sangrienta, porque las galeras estaban casi vacías, tripuladas solo por los esclavos remeros y sus capataces con látigos.<br />
<br />
La gran mayoría de los piratas había desembarcado en el extremo opuesto de la isla, y aguardaron ocultos en la selva hasta la medianoche, la hora del cuervo. Y entonces cayeron sobre la ciudad en una orgía de sangre y violaciones, las casas fueron incendiadas, los almacenes saqueados y lo que no pudieron robar también fue quemado. La gente fue masacrada y el propio Sac´cak´re, haciendo honor a su nombre, estranguló personalmente a cada uno de los miembros del consejo. Aquella noche fue conocida como la Noche del Llanto, y solo se salvaron los barcos que lograron huir del puerto a alta mar, desde donde veían el resplandor de los incendios y los gritos, muy débiles, les llegaban con el viento.<br />
<br />
El amanecer mostró una ciudad a medias en ruinas y con cadáveres en las calles, una ciudad que nunca se recuperaría. El consejo fue abolido y un gobernante asumió el poder, su nombre se ha perdido pero se le recuerda con el nombre de El Infame. Sus días como puerto comercial se habían acabado, pero El Infame hallo una nueva fuente de ingresos, para vergüenza y horror de los escasos supervivientes: convertir a Massuade en refugio de piratas.<br />
<br />
Se convirtió en Puerto Ruinas, refugio y diversión para todo tipo de saqueadores del mar, norteños rubios y ojiazules con sus barcos-serpiente, acechadores de la Hermandad del Viento, piratas del Quirim en barcos de juncos, piratas de la Brecha Roja en sus pequeñas galeras, incluso los extraños Hijos del Abismo, de raro aspecto y olor, de quienes se dice que tienen estrechos y malvados vínculos con las criaturas abisales llamadas Nagashyr.<br />
<br />
Massuade se convirtió en ciudad de tabernas, apuestas y putas, los piratas llegaban a curar sus heridas y gastar su deshonesto oro. Todo lo ilegal era permitido en Puerto Ruinas: prostitutas demasiado jóvenes, peleas entre bestias feroces o entre hombres y animales, venta de esclavos, venta de venenos, compra de asesinos. Había tabernas abiertas todo el día y toda la noche, y callejones oscuros donde conseguir una sopa mágica cuyos ingredientes principales eran un cuerno de Tolfek y carne humana. Las peleas, reyertas y asesinatos eran rutina, no importando cuanto recomendaran los capitanes a sus hombres que no se metieran en problemas. Era el lugar más impío en el mundo, y fue un acto de los dioses lo que acabó con tanta maldad.<br />
<br />
Dicen los sabios que la culpa fue de los cimientos, que la ciudad estaba asentada sobre arena y no sobre roca solida. Pero eso es lo que dicen los sabios, los dioses en cambio dijeron otra cosa, ellos dijeron “desaparece”, y Puerto Ruinas desapareció.<br />
<br />
El terremoto ocurrió en la hora más fría de la noche, el suelo se agitó, se sacudió y luego se alzó, y los edificios se derrumbaron. Hubo grietas que se abrieron y gente que cayó en ellas, para que después las grietas se cerraran, y se dice que días después de terminado todo aún se oían los gritos apagados de quienes fueron enterrados vivos.<br />
Fuegos ardieron y empezaron a consumir las destruidas casas, pero antes de que el polvo se asentara vino otro desastre. El mar se recogió dejando al descubierto el fondo arenoso y lleno de desperdicios de la bahía, y vino una gran ola que arrastraba consigo toda clase de embarcaciones. Esa ola terminó de destruir lo que el terremoto dejó en pie, y esa noche Massuade tuvo una segunda muerte.<br />
<br />
El amanecer reveló solo ruinas, escombros, restos humeantes, los barcos grotescamente varados tierra adentro y en la playa los cuerpos hinchados de los ahogados. Los sobrevivientes vagaban sin salir de su estupor, pero su sorpresa fue aún mayor al descubrir un prodigio, una señal divina: el único edificio en pie, sin daño alguno, resulto ser un pequeño templo dedicado al ángel Macabel, el mensajero de la paz.<br />
<br />
Era apenas un salón de oraciones, estrecho y donde con suerte cabría una veintena de personas, un altar igualmente pequeño y una habitación diminuta para el hermano pacifico. Pero todo estaba intacto y los pocos que lograron refugiarse allí estaban vivos, ese edificio, el cual era un mal chiste en una ciudad tan corrompida como aquella, se transformo en un milagro. Aquel día el Ángel Macabel ganó muchos nuevos seguidores y volvió benevolentes muchos corazones.<br />
<br />
Pero no fue el único, los sobrevivientes diseminaron por lejanas tierras el milagro de Puerto Ruinas, y con el tiempo no fueron piratas los que arribaban a su bahía, sino sacerdotes, monjes, predicadores, fieles y fanáticos de todos los tipos y de todos los dioses.<br />
<br />
A cien años de aquella noche terrible y de un nuevo amanecer, Massuade es una ciudad nueva y extraña, con gran numero de pequeñas casas y granjas rodeadas de sembradíos. Pero no hay tabernas ni prostíbulos, no hay cuartel o casa del gobernador, ni edificio alguno vinculado a un poder civil o militar. En cambio, repartidos aquí y allá, pequeños y humildes o grandes y suntuosos, hay templos, altares, santuarios, monolitos o arboles sagrados dedicados a un sinfín de dioses. Y esos dioses y sus fieles se llevan bien unos con otros, en lo que quizás sea el mayor milagro de todos.<br />
<br />
El culto a los ángeles es fuerte aquí, los seguidores de Ezequiel El Olvidado vagan de un lado a otro perdidos en su propia falta de individualidad, los de Macabel El Puro predican sobre la paz y la hermandad entre todos los seres vivos, mientras a unos pocos pasos una estatua de Joel El Sanguinario, el creador de la violencia, está cubierta hasta la cintura de todo tipo de armas, rotas y abolladas algunas, ensangrentadas la mayoría, dejadas por sus seguidores dedicados a la guerra.<br />
<br />
Pero hay más dioses presentes, algunos insólitos y con pocos seguidores. Esta Kammu el No-nato, un reseco feto momificado guardado en una urna de jade con asas de plata, supuestamente el hijo de un dios y una mortal, abortado por las manipulaciones de un demonio. También hay un pequeño grupo de Tolfek que adoran al Gran Cornudo, un héroe legendario cuyo cráneo cuenta con doce cuernos, ellos creen que esta isla es el origen mítico de su raza y adoran también a las momias guardadas en cuevas, grandes protagonistas de epopeyas ya olvidadas.<br />
<br />
También hay templos y altares dedicados a los Sesenta y seis dioses, a los Titanes, a los Antiguos, a Seehlum El Impaciente, el Antiguo que creó su propio mundo desobedeciendo órdenes, un paraíso al cual sus seguidores aspiran llegar una vez muertos. Hay un pequeño bosque dedicado a los espíritus de la naturaleza, un pilar de mármol moteado dedicado a la Doncella-Luna, santuarios pertenecientes a las Tres Hermanas, al Coronado de Estrellas, al Cachorro de la Noche, al Dios que es Diosa y a la Diosa que es Dios, cuyos sacerdotes son a la vez sacerdotisas y viceversa. Hay un pozo lleno de pirañas dedicado al Gran Devorador, y un libro enorme que es leído todo el día y toda la noche, conteniendo las aventuras de Salos de Jokk, héroe legendario cuya existencia real ningún erudito discute pero cuyas hazañas se han exagerado al punto de ser divinizado por muchos.<br />
<br />
Incluso hay un árbol Tooash-iimo donde los cultistas del Árbol Rojo realizan pequeños sacrificios de sangre causándose heridas en las muñecas o en las palmas de la mano.<br />
<br />
Uno de los cultos más extraños es el dedicado a Nehrkal Spire, aquel erudito que buscó desentrañar y dominar los secretos del poder síquico. Sus seguidores creen que el ascendió a un plano superior de la existencia, elevándose por encima de lo material y del pensamiento humano, a un nivel más cercano al de las mentes de los Titanes o incluso a las de los propios Antiguos. Sus rituales son extraños y para muchos ridículos, sus fieles usan mascaras de insectos para representar a los abejorros Kunclav e imitan su repelente zumbido, y a veces se arrojan al suelo en medio de espasmos y convulsiones, fingiendo los ataques sufridos por los síquicos. Pero todo esto es solo ritualismo superficial, porque a lo que ellos aspiran es a despojarse de su envoltorio terrenal y volverse uno con la mente de Nehrkal, y hay rumores de que bajo el suelo de la isla, en cavernas desconocidas, están construyendo una estructura de hierro arcano en imitación del artefacto con cual Nehrkal buscó revelar los misterios del poder síquico y abrir puertas en su propia mente… <br />
<br />
<br />
<br />
¡Dejen criticas!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Abro este hilo para postear en el algunos cuentos sobre el mundo Ihbn que he escrito, para empezar este con el que saque el cuarto lugar -de abajo hacia arriba- en el ultimo concurso organizado en el foro.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><br />
La ciudad de todos los dioses</span></span><br />
<br />
<br />
En nuestro vasto mundo hay ciudades con un pasado asombroso, con un pasado glorioso, y otras con un pasado enigmático, ciudades cuya vida y muerte están ocultas en el misterio. Pero no hay una con historia tan extraña como Massuade, que se hundió en los más abyectos abismos de la corrupción antes de elevarse y alcanzar la santidad.<br />
<br />
Situada en el archipiélago de Las Quebrantadas, los primeros habitantes de la isla fueron shariitas, pero hace ya miles de años que abandonaron estas tierras, dejando solo ruinas y extraños y oxidados artefactos de función desconocida. Los siguientes fueron los Tolfek, nadie sabe que hacia un grupo de estas criaturas aquí, tan lejos de sus tierras en Nirr. Pero ellos también abandonaron la isla, dejando solo extraños fardos que una vez abiertos revelan ser momias envueltas en capas y capas de telas multicolores, ocultas en recónditas cuevas.<br />
<br />
Posteriormente llegaron hombres negros del Quirim, y fueron ellos los que fundaron la ciudad, a orillas de una amplia bahía protegida de los vientos. Pronto su privilegiada situación, a medio camino entre Quirim y los grandes reinos del norte, benefició enormemente a la pequeña colonia. El comercio fue la sangre que la alimentó, trirremes, naos, dromones, carabelas, dhows, catamaranes de los Belarios, toda clase de navíos llegaban a su puerto, y cargaban y descargaban mercancías: aves exóticas, pieles, hierro, cobre, estaño, platino, perfumes, aceites, maderas valiosas. Y de aquella incesante actividad la ciudad sacaba una moneda de oro, o más de una.<br />
<br />
<img src="https://1.bp.blogspot.com/-Ow8UexWiJNE/V-tBj27v_vI/AAAAAAAADj4/L9u0rs8LzQ0Lq2Kyqly7v_Ktdk3ZaDl-ACLcB/s400/Mansa-Musa-8.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: Mansa-Musa-8.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Massuade en su epoca de mayor esplendor.</span><br />
<br />
Pero la historia nos ha enseñado que la paz y la prosperidad no duran para siempre, y Massuade debió aprender esa lección muy pronto. Por un lado nuevos puertos fueron fundados y se convirtieron en rivales comerciales, pero la mayor amenaza eran los piratas de la Brecha Roja, quienes atacaban a los barcos y robaban sus mercaderías, arrojando a sus tripulantes al mar o llevándoselos como esclavos. Al tiempo que aumentaba la audacia de los piratas los barcos mercantes elegían rutas alejadas de Massuade y frente al riesgo de perder su fuente de riqueza, el consejo de ricos mercaderes que gobernaba la ciudad decidió defenderse y crear una pequeña flota de barcos de guerra para combatir a los piratas.<br />
<br />
Contrataron marineros, mandaron a construir galeones a los astilleros de Kapparis, y como almirante de toda su flota eligieron a un joven pero ya experimentado capitán, “nacido a bordo” según sus propias palabras, quien ya había dado pruebas de su valor y habilidad estratégica al pelear en la guerra civil que devastaba a su nación, por desgracia para él combatiendo en el bando perdedor.<br />
<br />
Sus órdenes eran simples: acabar con esa plaga que amenazaba el porvenir de Massuade, sin olvidar la prudencia, pero otras cosas como la compasión y el tomar prisioneros podían ser fácilmente ignoradas.<br />
<br />
Y un día esa flota regresó a puerto con dos navíos y cien hombres menos, pero alegres y victoriosos, porque habían asestado una gran derrota a los piratas, una derrota quizás definitiva. Pero de aquel día de victoria surgió el fin de Massuade.<br />
<br />
Uno de los piratas muertos, quien fue colgado como advertencia y alimento de buitres a la entrada del puerto, resulto ser el hijo del temido Sac´cak´re Rompecuellos (otros dicen que no era su hijo, sino su amante, y al menos una versión especialmente injuriosa asegura que era ambas cosas). El era uno de los jefes piratas más temidos y brutales, famoso por su audacia y ferocidad, y quien se haría famoso también por la crueldad de su venganza.<br />
<br />
Y dos semanas después, cuando de su hijo solo quedaban los huesos moviéndose y tintineando con el viento, en una tarde de cielos despejados antes de que el disco solar tocara el borde del horizonte marino, barcos aparecieron frente a la isla. Seis galeras con la enseña de Sac´cak´re, la bandera del hombre destripado, barcos que esperaban allí, inmóviles, como provocando. Las campanas del puerto empezaron a tañer frenéticamente mientras sus habitantes miraban asombrados y temerosos semejante atrevimiento, porque ningún pirata antes intentó atacar directamente la ciudad. Pero el almirante de la flota encargada de su defensa no perdió el tiempo y sus navíos zarparon para perseguir a los bastardos de los mares.<br />
<br />
<img src="https://4.bp.blogspot.com/-ehrgKz3ScSU/V-tBg7YdPwI/AAAAAAAADj0/qD98EjNPBHo5f8PzQnRe7lQaladHKGqRACLcB/s400/925ebfbc14689031a5b26e3204580939.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: 925ebfbc14689031a5b26e3204580939.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sac´cak´re, apodado Rompecuellos.</span><br />
<br />
Estos huyeron cobardemente, seguidos muy de cerca por los galeones de Massuade, cuyos tripulantes esperaban darles caza y acabar definitivamente con la amenaza de la piratería. Pero todo era una broma macabra, un fraude ideado por una mente sangrienta, porque las galeras estaban casi vacías, tripuladas solo por los esclavos remeros y sus capataces con látigos.<br />
<br />
La gran mayoría de los piratas había desembarcado en el extremo opuesto de la isla, y aguardaron ocultos en la selva hasta la medianoche, la hora del cuervo. Y entonces cayeron sobre la ciudad en una orgía de sangre y violaciones, las casas fueron incendiadas, los almacenes saqueados y lo que no pudieron robar también fue quemado. La gente fue masacrada y el propio Sac´cak´re, haciendo honor a su nombre, estranguló personalmente a cada uno de los miembros del consejo. Aquella noche fue conocida como la Noche del Llanto, y solo se salvaron los barcos que lograron huir del puerto a alta mar, desde donde veían el resplandor de los incendios y los gritos, muy débiles, les llegaban con el viento.<br />
<br />
El amanecer mostró una ciudad a medias en ruinas y con cadáveres en las calles, una ciudad que nunca se recuperaría. El consejo fue abolido y un gobernante asumió el poder, su nombre se ha perdido pero se le recuerda con el nombre de El Infame. Sus días como puerto comercial se habían acabado, pero El Infame hallo una nueva fuente de ingresos, para vergüenza y horror de los escasos supervivientes: convertir a Massuade en refugio de piratas.<br />
<br />
Se convirtió en Puerto Ruinas, refugio y diversión para todo tipo de saqueadores del mar, norteños rubios y ojiazules con sus barcos-serpiente, acechadores de la Hermandad del Viento, piratas del Quirim en barcos de juncos, piratas de la Brecha Roja en sus pequeñas galeras, incluso los extraños Hijos del Abismo, de raro aspecto y olor, de quienes se dice que tienen estrechos y malvados vínculos con las criaturas abisales llamadas Nagashyr.<br />
<br />
Massuade se convirtió en ciudad de tabernas, apuestas y putas, los piratas llegaban a curar sus heridas y gastar su deshonesto oro. Todo lo ilegal era permitido en Puerto Ruinas: prostitutas demasiado jóvenes, peleas entre bestias feroces o entre hombres y animales, venta de esclavos, venta de venenos, compra de asesinos. Había tabernas abiertas todo el día y toda la noche, y callejones oscuros donde conseguir una sopa mágica cuyos ingredientes principales eran un cuerno de Tolfek y carne humana. Las peleas, reyertas y asesinatos eran rutina, no importando cuanto recomendaran los capitanes a sus hombres que no se metieran en problemas. Era el lugar más impío en el mundo, y fue un acto de los dioses lo que acabó con tanta maldad.<br />
<br />
Dicen los sabios que la culpa fue de los cimientos, que la ciudad estaba asentada sobre arena y no sobre roca solida. Pero eso es lo que dicen los sabios, los dioses en cambio dijeron otra cosa, ellos dijeron “desaparece”, y Puerto Ruinas desapareció.<br />
<br />
El terremoto ocurrió en la hora más fría de la noche, el suelo se agitó, se sacudió y luego se alzó, y los edificios se derrumbaron. Hubo grietas que se abrieron y gente que cayó en ellas, para que después las grietas se cerraran, y se dice que días después de terminado todo aún se oían los gritos apagados de quienes fueron enterrados vivos.<br />
Fuegos ardieron y empezaron a consumir las destruidas casas, pero antes de que el polvo se asentara vino otro desastre. El mar se recogió dejando al descubierto el fondo arenoso y lleno de desperdicios de la bahía, y vino una gran ola que arrastraba consigo toda clase de embarcaciones. Esa ola terminó de destruir lo que el terremoto dejó en pie, y esa noche Massuade tuvo una segunda muerte.<br />
<br />
El amanecer reveló solo ruinas, escombros, restos humeantes, los barcos grotescamente varados tierra adentro y en la playa los cuerpos hinchados de los ahogados. Los sobrevivientes vagaban sin salir de su estupor, pero su sorpresa fue aún mayor al descubrir un prodigio, una señal divina: el único edificio en pie, sin daño alguno, resulto ser un pequeño templo dedicado al ángel Macabel, el mensajero de la paz.<br />
<br />
Era apenas un salón de oraciones, estrecho y donde con suerte cabría una veintena de personas, un altar igualmente pequeño y una habitación diminuta para el hermano pacifico. Pero todo estaba intacto y los pocos que lograron refugiarse allí estaban vivos, ese edificio, el cual era un mal chiste en una ciudad tan corrompida como aquella, se transformo en un milagro. Aquel día el Ángel Macabel ganó muchos nuevos seguidores y volvió benevolentes muchos corazones.<br />
<br />
Pero no fue el único, los sobrevivientes diseminaron por lejanas tierras el milagro de Puerto Ruinas, y con el tiempo no fueron piratas los que arribaban a su bahía, sino sacerdotes, monjes, predicadores, fieles y fanáticos de todos los tipos y de todos los dioses.<br />
<br />
A cien años de aquella noche terrible y de un nuevo amanecer, Massuade es una ciudad nueva y extraña, con gran numero de pequeñas casas y granjas rodeadas de sembradíos. Pero no hay tabernas ni prostíbulos, no hay cuartel o casa del gobernador, ni edificio alguno vinculado a un poder civil o militar. En cambio, repartidos aquí y allá, pequeños y humildes o grandes y suntuosos, hay templos, altares, santuarios, monolitos o arboles sagrados dedicados a un sinfín de dioses. Y esos dioses y sus fieles se llevan bien unos con otros, en lo que quizás sea el mayor milagro de todos.<br />
<br />
El culto a los ángeles es fuerte aquí, los seguidores de Ezequiel El Olvidado vagan de un lado a otro perdidos en su propia falta de individualidad, los de Macabel El Puro predican sobre la paz y la hermandad entre todos los seres vivos, mientras a unos pocos pasos una estatua de Joel El Sanguinario, el creador de la violencia, está cubierta hasta la cintura de todo tipo de armas, rotas y abolladas algunas, ensangrentadas la mayoría, dejadas por sus seguidores dedicados a la guerra.<br />
<br />
Pero hay más dioses presentes, algunos insólitos y con pocos seguidores. Esta Kammu el No-nato, un reseco feto momificado guardado en una urna de jade con asas de plata, supuestamente el hijo de un dios y una mortal, abortado por las manipulaciones de un demonio. También hay un pequeño grupo de Tolfek que adoran al Gran Cornudo, un héroe legendario cuyo cráneo cuenta con doce cuernos, ellos creen que esta isla es el origen mítico de su raza y adoran también a las momias guardadas en cuevas, grandes protagonistas de epopeyas ya olvidadas.<br />
<br />
También hay templos y altares dedicados a los Sesenta y seis dioses, a los Titanes, a los Antiguos, a Seehlum El Impaciente, el Antiguo que creó su propio mundo desobedeciendo órdenes, un paraíso al cual sus seguidores aspiran llegar una vez muertos. Hay un pequeño bosque dedicado a los espíritus de la naturaleza, un pilar de mármol moteado dedicado a la Doncella-Luna, santuarios pertenecientes a las Tres Hermanas, al Coronado de Estrellas, al Cachorro de la Noche, al Dios que es Diosa y a la Diosa que es Dios, cuyos sacerdotes son a la vez sacerdotisas y viceversa. Hay un pozo lleno de pirañas dedicado al Gran Devorador, y un libro enorme que es leído todo el día y toda la noche, conteniendo las aventuras de Salos de Jokk, héroe legendario cuya existencia real ningún erudito discute pero cuyas hazañas se han exagerado al punto de ser divinizado por muchos.<br />
<br />
Incluso hay un árbol Tooash-iimo donde los cultistas del Árbol Rojo realizan pequeños sacrificios de sangre causándose heridas en las muñecas o en las palmas de la mano.<br />
<br />
Uno de los cultos más extraños es el dedicado a Nehrkal Spire, aquel erudito que buscó desentrañar y dominar los secretos del poder síquico. Sus seguidores creen que el ascendió a un plano superior de la existencia, elevándose por encima de lo material y del pensamiento humano, a un nivel más cercano al de las mentes de los Titanes o incluso a las de los propios Antiguos. Sus rituales son extraños y para muchos ridículos, sus fieles usan mascaras de insectos para representar a los abejorros Kunclav e imitan su repelente zumbido, y a veces se arrojan al suelo en medio de espasmos y convulsiones, fingiendo los ataques sufridos por los síquicos. Pero todo esto es solo ritualismo superficial, porque a lo que ellos aspiran es a despojarse de su envoltorio terrenal y volverse uno con la mente de Nehrkal, y hay rumores de que bajo el suelo de la isla, en cavernas desconocidas, están construyendo una estructura de hierro arcano en imitación del artefacto con cual Nehrkal buscó revelar los misterios del poder síquico y abrir puertas en su propia mente… <br />
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¡Dejen criticas!]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Los Pergaminos del Cielo]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=886</link>
			<pubDate>Sat, 25 Jun 2016 09:40:43 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=131">Verde</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=886</guid>
			<description><![CDATA[Bueno, pues arranquemos con una historia larga sobre el mundo de Ibhn, espero que os guste! Creo que el título de la historia, los Pergaminos del Cielo, es bastante adecuado, aunque de momento es provisional. Empezaré poniendo la introducción e iré colgando los capítulos a medida que los vaya completando y también es muy posible que vaya editando detalles de capítulos pasados. Podéis comentar cualquier cosa sobre la historia en este mismo hilo. Puede que algunos ya hayáis leído alguno de estos capítulos pues los puse en el otro hilo. Vamos allá!<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Introducción</span><br />
<br />
Miguel volaba sin batir sus alas compuestas por plumas blancas inmaculadas a través de la violenta ventisca que se había desatado esa misma mañana sobre la región montañosa de Artús. Ni los vientos huracanados ni el intenso frío eran capaces de detener o alterar la trayectoria ascendente de su grácil vuelo. Se dirigía directo e indiferente hacia las grises nubes tormentosas que estaban desatando aquel temporal. Hacía siglos que no sobrevolaba aquella parte del norte de Ibhn, situada bajo la constelación de Gigas, y Miguel no quería desaprovechar la oportunidad de contemplar el orgullo y la magnificencia que eximían aquellos picos nevados. Miguel había conocido en persona, en un pasado muy lejano, al artesano que había cincelado con esmero aquellas cumbres y había rebajado una y otra vez la basta roca de aquellas montañas para pulir los ondulados valles surcados por delicados ríos. Sin duda, la sierra de Artús era la obra maestra de un gran artista, pero aun así, pensó Miguel despectivo, su indudable elegancia distaba mucho de ser equiparable a la perfección de los Ángeles.<br />
<br />
Miguel alcanzó las densas nubes y perdió de vista la sierra de Artús. Otro ser se hubiera desorientando avanzando a través de la bruma húmeda que componía los nimbos de aquella ventisca, pero los cielos eran el hábitat de los Ángeles, por lo que Miguel se sentía como en casa mientras continuaba su búsqueda. No tardó en vislumbrar una silueta a su izquierda y detuvo de inmediato su vuelo. Al fin y al cabo, él era el invitado y debía esperar educadamente a que su anfitrión desease recibirlo.<br />
<br />
Macabel tardó dos horas en aparecer frente a él. Aquella breve espera indicaba que su hermano estaba esperando su visita.<br />
<br />
     —Saludos, Miguel. Cuánto tiempo. Llevaba tan solo 10 años esperándote. Has venido rápido, lo cual quiere decir que tú también te has dado cuenta de que algo extraño ocurre en nuestro mundo.<br />
<br />
Miguel no se inmutó lo más mínimo ante la aparición de su hermano, pero cualquier otro ser vivo le hubiera mirado anonadado pensando que aquél ser no podía se real. Macabel vestía ropas de seda blanca impoluta que recorrían su fastuosa figura de adonis rematada por dos grandes alas que surgían de su espalda. El iris de sus ojos era dorado, igual que la tonalidad de sus cabellos; y aunque semejase un hombre adulto, había ciertos rasgos de su anatomía que recordaban a los de un infante: como su fina piel sin broncear, la falta de bello corporal o sus rosadas mejillas. Como todos los Ángeles, no solo era hermoso, sino que además era aterrador. <br />
<br />
     —Tres siglos pasan en un abrir y cerrar de ojos —contestó Miguel.<br />
     —Cierto. Pero dejemos de lado la nostalgia innecesaria y tratemos el urgente asunto que te ha traído hasta aquí. Noto más magia recorriendo mi alma, como si existiera una perturbación en los daones. Algo nuevo está ocurriendo. Los Titanes deben de ser la causa...<br />
     —Pero están dormidos…<br />
     —Cierto, pero su influencia sigue afectando a la superficie del planeta. Quizá haya llegado el momento de descender momentáneamente de los cielos y pisar tierra firme.<br />
<br />
Una mueca de asco apareció en el rostro de Macabel al pronunciar aquellas palabras. Del mismo modo, a Miguel no le hacía ninguna gracia la idea de pisar la sucia y mundana tierra firme.<br />
<br />
     —¿Y si los estuvieran manipulando? —continuó Miguel—. ¿Y si alguien se está aprovechando de su gran poder? Cómo ocurrió en el pasado… Al fin y al cabo no son más que esclavos incapaces de pensar por sí mismos.<br />
     —Esclavos… Podría ser, sí… —Macabel hizo una pausa y cambió de tema—. ¿Has contemplado alguna vez a los humanos que moran allí abajo, Miguel? A veces observo sus movimientos desde las alturas. Esa sí que es una civilización de esclavos. Son incapaces de cuidar de sí mismos y siempre buscan a alguien más fuerte para que solucione sus problemas y les proteja. A veces me pregunto si no sería mejor que tuvieran un líder más… divino… <br />
<br />
Miguel calló, sorprendido ante la peligrosa declaración que le acababa de hacer su hermano. Era insólito que un Ángel se preocupase por unos seres tan insignificantes como los humanos. Le miró atentamente y se preguntó que se traía entre manos. ¿Podía ser que Azazel hubiera logrado finalmente corromper el alma del más puro de sus hermanos utilizando a los humanos como cebo? De todos modos decidió no seguir hablando de aquel tema, ya averiguaría más en otro momento. Ahora necesitaba de forma apremiante otro tipo de respuestas. <br />
<br />
     —Creo que todo esto es un plan de Abbadón. —Insistió Miguel—. Creo que deberíamos avisar a Gabriel.<br />
     —Todavía no hay necesidad de avisarle. Aun no sabemos a qué nos enfrentamos.<br />
<br />
El tono de Macabel era calmado y tan musical como el del resto de la conversación, pero Miguel detectó con facilidad una nota de amargura en sus palabras. Sabía que Macabel y Gabriel siempre habían rivalizado para ver quién era mejor de los dos, y que no les gustaba nada trabajar juntos.<br />
<br />
     —Pero Macabel, ¡juramos protegerlos! ¿No lo habrás olvidado, verdad?<br />
     —Sí, es cierto, juramos proteger al mundo de la destrucción; pero no juramos protegerles de sí mismos…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Bueno, pues arranquemos con una historia larga sobre el mundo de Ibhn, espero que os guste! Creo que el título de la historia, los Pergaminos del Cielo, es bastante adecuado, aunque de momento es provisional. Empezaré poniendo la introducción e iré colgando los capítulos a medida que los vaya completando y también es muy posible que vaya editando detalles de capítulos pasados. Podéis comentar cualquier cosa sobre la historia en este mismo hilo. Puede que algunos ya hayáis leído alguno de estos capítulos pues los puse en el otro hilo. Vamos allá!<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Introducción</span><br />
<br />
Miguel volaba sin batir sus alas compuestas por plumas blancas inmaculadas a través de la violenta ventisca que se había desatado esa misma mañana sobre la región montañosa de Artús. Ni los vientos huracanados ni el intenso frío eran capaces de detener o alterar la trayectoria ascendente de su grácil vuelo. Se dirigía directo e indiferente hacia las grises nubes tormentosas que estaban desatando aquel temporal. Hacía siglos que no sobrevolaba aquella parte del norte de Ibhn, situada bajo la constelación de Gigas, y Miguel no quería desaprovechar la oportunidad de contemplar el orgullo y la magnificencia que eximían aquellos picos nevados. Miguel había conocido en persona, en un pasado muy lejano, al artesano que había cincelado con esmero aquellas cumbres y había rebajado una y otra vez la basta roca de aquellas montañas para pulir los ondulados valles surcados por delicados ríos. Sin duda, la sierra de Artús era la obra maestra de un gran artista, pero aun así, pensó Miguel despectivo, su indudable elegancia distaba mucho de ser equiparable a la perfección de los Ángeles.<br />
<br />
Miguel alcanzó las densas nubes y perdió de vista la sierra de Artús. Otro ser se hubiera desorientando avanzando a través de la bruma húmeda que componía los nimbos de aquella ventisca, pero los cielos eran el hábitat de los Ángeles, por lo que Miguel se sentía como en casa mientras continuaba su búsqueda. No tardó en vislumbrar una silueta a su izquierda y detuvo de inmediato su vuelo. Al fin y al cabo, él era el invitado y debía esperar educadamente a que su anfitrión desease recibirlo.<br />
<br />
Macabel tardó dos horas en aparecer frente a él. Aquella breve espera indicaba que su hermano estaba esperando su visita.<br />
<br />
     —Saludos, Miguel. Cuánto tiempo. Llevaba tan solo 10 años esperándote. Has venido rápido, lo cual quiere decir que tú también te has dado cuenta de que algo extraño ocurre en nuestro mundo.<br />
<br />
Miguel no se inmutó lo más mínimo ante la aparición de su hermano, pero cualquier otro ser vivo le hubiera mirado anonadado pensando que aquél ser no podía se real. Macabel vestía ropas de seda blanca impoluta que recorrían su fastuosa figura de adonis rematada por dos grandes alas que surgían de su espalda. El iris de sus ojos era dorado, igual que la tonalidad de sus cabellos; y aunque semejase un hombre adulto, había ciertos rasgos de su anatomía que recordaban a los de un infante: como su fina piel sin broncear, la falta de bello corporal o sus rosadas mejillas. Como todos los Ángeles, no solo era hermoso, sino que además era aterrador. <br />
<br />
     —Tres siglos pasan en un abrir y cerrar de ojos —contestó Miguel.<br />
     —Cierto. Pero dejemos de lado la nostalgia innecesaria y tratemos el urgente asunto que te ha traído hasta aquí. Noto más magia recorriendo mi alma, como si existiera una perturbación en los daones. Algo nuevo está ocurriendo. Los Titanes deben de ser la causa...<br />
     —Pero están dormidos…<br />
     —Cierto, pero su influencia sigue afectando a la superficie del planeta. Quizá haya llegado el momento de descender momentáneamente de los cielos y pisar tierra firme.<br />
<br />
Una mueca de asco apareció en el rostro de Macabel al pronunciar aquellas palabras. Del mismo modo, a Miguel no le hacía ninguna gracia la idea de pisar la sucia y mundana tierra firme.<br />
<br />
     —¿Y si los estuvieran manipulando? —continuó Miguel—. ¿Y si alguien se está aprovechando de su gran poder? Cómo ocurrió en el pasado… Al fin y al cabo no son más que esclavos incapaces de pensar por sí mismos.<br />
     —Esclavos… Podría ser, sí… —Macabel hizo una pausa y cambió de tema—. ¿Has contemplado alguna vez a los humanos que moran allí abajo, Miguel? A veces observo sus movimientos desde las alturas. Esa sí que es una civilización de esclavos. Son incapaces de cuidar de sí mismos y siempre buscan a alguien más fuerte para que solucione sus problemas y les proteja. A veces me pregunto si no sería mejor que tuvieran un líder más… divino… <br />
<br />
Miguel calló, sorprendido ante la peligrosa declaración que le acababa de hacer su hermano. Era insólito que un Ángel se preocupase por unos seres tan insignificantes como los humanos. Le miró atentamente y se preguntó que se traía entre manos. ¿Podía ser que Azazel hubiera logrado finalmente corromper el alma del más puro de sus hermanos utilizando a los humanos como cebo? De todos modos decidió no seguir hablando de aquel tema, ya averiguaría más en otro momento. Ahora necesitaba de forma apremiante otro tipo de respuestas. <br />
<br />
     —Creo que todo esto es un plan de Abbadón. —Insistió Miguel—. Creo que deberíamos avisar a Gabriel.<br />
     —Todavía no hay necesidad de avisarle. Aun no sabemos a qué nos enfrentamos.<br />
<br />
El tono de Macabel era calmado y tan musical como el del resto de la conversación, pero Miguel detectó con facilidad una nota de amargura en sus palabras. Sabía que Macabel y Gabriel siempre habían rivalizado para ver quién era mejor de los dos, y que no les gustaba nada trabajar juntos.<br />
<br />
     —Pero Macabel, ¡juramos protegerlos! ¿No lo habrás olvidado, verdad?<br />
     —Sí, es cierto, juramos proteger al mundo de la destrucción; pero no juramos protegerles de sí mismos…]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Nuevo subforo]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=876</link>
			<pubDate>Wed, 15 Jun 2016 17:02:45 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1">Anorak</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=876</guid>
			<description><![CDATA[<a href="http://www.fantasitura.com/member.php?action=profile&amp;uid=344" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">@Haradrim</a>, te felicitamos en nombre de todo el consejo por haber iniciado esta propuesta y haberla mantenido activa. Dado el interés, decidimos otorgarles un subforo para que puedan trabajar más cómodamente.<br />
<br />
Esperamos que lo puedan aprovechar.<br />
<br />
Éxitos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<a href="http://www.fantasitura.com/member.php?action=profile&amp;uid=344" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">@Haradrim</a>, te felicitamos en nombre de todo el consejo por haber iniciado esta propuesta y haberla mantenido activa. Dado el interés, decidimos otorgarles un subforo para que puedan trabajar más cómodamente.<br />
<br />
Esperamos que lo puedan aprovechar.<br />
<br />
Éxitos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Propuesta:  Proyecto universo compartido: Mundo Ihbn 2.0]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=479</link>
			<pubDate>Wed, 02 Sep 2015 16:52:35 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=344">Haradrim</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=479</guid>
			<description><![CDATA[(Me imagino que este es el subforo adecuado para una propuesta de este tipo)<br />
<br />
Un universo compartido es un término que refiere a un universo de ficción en el que se establecen varias obras. Uno o más autores pueden contribuir a las obras un universo compartido. Las obras en el universo pueden compartir personajes, escenarios y otros elementos de la historia, con o sin continuidad. Universos compartidos se encuentran en la literatura, el cómic, el cine, la televisión, el anime y el manga y son los más comúnmente vistos en la fantasía y la ciencia ficción géneros.<br />
<br />
Ahora en el cine se han vuelto populares los universos compartidos de superhéroes, mientras que en literatura tenemos a los Mitos de Cthulhu, la Fundación SCP y técnicamente todas las novelas de Stephen King. Esta idea que propongo trata sobre crear, entre los miembros de Fantasitura, nuestro propio universo compartido de fantasía, de Alta Fantasía, es decir un universo fantástico totalmente separado y distinto del real, como la Tierra Media o la Era Hiboria. Ya propuse una idea similar en el anterior foro pero no prosperó porque no lo propuse de modo atractivo y deje muy poco espacio para trabajar a los posibles colaboradores, cosa que quiero corregir en esta ocasión.<br />
<br />
No se trata de un concurso, no hay límite de tiempo ni votos, sino de colaborar con la construcción de un mundo ficticio de la siguiente manera: yo escribiré un prologo sobre los orígenes de este mundo –como una especie de mito- y hare una descripción más bien genérica sobre como es y sus cualidades, como una especie de base con la cual trabajar. Y los que quieran colaborar lo deben hacer de la siguiente manera: primero deben hacer una descripción/narración sobre un aspecto de este mundo, en forma de leyenda-mito-un fragmento de un libro ficticio, etc. Ese aspecto del mundo puede ser la descripción de un reino, un pueblo, un arma mítica, una organización, flora o fauna, etc. Algo de no mas de 2000 palabras –sin mínimo-, y una vez hecho ese primer aporte, pueden empezar a escribir historias sobre el mundo, estén o no relacionadas con su primer aporte. Por supuesto, quien quiera no está obligado a escribir cuentos, solo puede aportar describiendo aspectos del mundo. O lo que sea su gusto, si quieren poner imágenes, etc.<br />
<br />
¿Quién quiere participar?, los que se ofrezcan solo tienen que comprometerse a participar y escribir, si un numero mínimo de 20, o tan solo 4, foristas se anota publicare el prologo donde explico las características del mundo. Por supuesto todo esto es discutible y si alguien tiene otras ideas que aportar sobre cómo organizar esto, pues son bienvenidas.<br />
<br />
Saludos.<br />
<br />
PD: He creado este blog para ir subiendo los aportes ya aceptados -llamemoslos "canonicos"- del Mundo Ihbn, una especie de enciclopedia:  <a href="http://universocompartidodefantasia.blogspot.cl/" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">http://universocompartidodefantasia.blogspot.cl/</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[(Me imagino que este es el subforo adecuado para una propuesta de este tipo)<br />
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Un universo compartido es un término que refiere a un universo de ficción en el que se establecen varias obras. Uno o más autores pueden contribuir a las obras un universo compartido. Las obras en el universo pueden compartir personajes, escenarios y otros elementos de la historia, con o sin continuidad. Universos compartidos se encuentran en la literatura, el cómic, el cine, la televisión, el anime y el manga y son los más comúnmente vistos en la fantasía y la ciencia ficción géneros.<br />
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Ahora en el cine se han vuelto populares los universos compartidos de superhéroes, mientras que en literatura tenemos a los Mitos de Cthulhu, la Fundación SCP y técnicamente todas las novelas de Stephen King. Esta idea que propongo trata sobre crear, entre los miembros de Fantasitura, nuestro propio universo compartido de fantasía, de Alta Fantasía, es decir un universo fantástico totalmente separado y distinto del real, como la Tierra Media o la Era Hiboria. Ya propuse una idea similar en el anterior foro pero no prosperó porque no lo propuse de modo atractivo y deje muy poco espacio para trabajar a los posibles colaboradores, cosa que quiero corregir en esta ocasión.<br />
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No se trata de un concurso, no hay límite de tiempo ni votos, sino de colaborar con la construcción de un mundo ficticio de la siguiente manera: yo escribiré un prologo sobre los orígenes de este mundo –como una especie de mito- y hare una descripción más bien genérica sobre como es y sus cualidades, como una especie de base con la cual trabajar. Y los que quieran colaborar lo deben hacer de la siguiente manera: primero deben hacer una descripción/narración sobre un aspecto de este mundo, en forma de leyenda-mito-un fragmento de un libro ficticio, etc. Ese aspecto del mundo puede ser la descripción de un reino, un pueblo, un arma mítica, una organización, flora o fauna, etc. Algo de no mas de 2000 palabras –sin mínimo-, y una vez hecho ese primer aporte, pueden empezar a escribir historias sobre el mundo, estén o no relacionadas con su primer aporte. Por supuesto, quien quiera no está obligado a escribir cuentos, solo puede aportar describiendo aspectos del mundo. O lo que sea su gusto, si quieren poner imágenes, etc.<br />
<br />
¿Quién quiere participar?, los que se ofrezcan solo tienen que comprometerse a participar y escribir, si un numero mínimo de 20, o tan solo 4, foristas se anota publicare el prologo donde explico las características del mundo. Por supuesto todo esto es discutible y si alguien tiene otras ideas que aportar sobre cómo organizar esto, pues son bienvenidas.<br />
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Saludos.<br />
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PD: He creado este blog para ir subiendo los aportes ya aceptados -llamemoslos "canonicos"- del Mundo Ihbn, una especie de enciclopedia:  <a href="http://universocompartidodefantasia.blogspot.cl/" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">http://universocompartidodefantasia.blogspot.cl/</a>]]></content:encoded>
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