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[Fantasía Épica] Maizre
#1
Como explicaba en mi presentación, ando trabajando en algunos relatos (es una deuda que tengo pendiente con mi yo de pequeño). Y, como siempre que me pongo a escribir un relato, me zambullo de lleno en la creación del mundo donde se desarrollan, hasta el punto de que al final acabo sin escribir nada porque el universo que intento crear me supera Big Grin

Pero, bueno, intentaré que esta vez no suceda. Para ello, voy a ir mostrando aquí el mundo donde se desarrolla la acción. Así, podré ir organizando ideas y ponerlas presentables para el lector (de momento solo tengo un caos mental de cojones).

Por favor, sentíos libres de criticar, atacar, preguntar, matizar, recomendar y hacer cuanto queráis con lo que aquí se exponga.

Hubo un tiempo en el que el Comeráneo no era un mar, sino un gran lago. Las tierras de Liberria y Almuarizón estaban unidas por valles y montañas, y en el Estrecho de Zues se alzaba un gigantesco muro de roca contra el que chocaban las olas de las dos masas de agua que separaba.

Un tiempo en el que los hombres utilizaban armas de piedra, convivían con gigantes, y huían si los dragones surcaban los cielos. Un tiempo en el que los glifos aún no habían sido inventados, y ni tan siquiera los jeroglíficos.

Pero más allá del actual Puente de Oricalco, había una isla mayor en tamaño que la propia Isclavia. Y en aquella isla había prodigios asombrosos, que tardarían miles de años en recuperarse.

La gentes de Adiltania (como hoy se conoce a aquella isla -saben los Dioses cómo se llamaba entonces) dominaban las artes de la fundición de los metales, la navegación, la astronomía, la ingeniería, las matemáticas, la música y la poesía.

Miraban con desprecio a los hombres que trabajaban la piedra, aquellos hombres que habitaban en las tierras continentales y que parecían monos a dos pies. Pero en Adiltania eso no era sorprendente: También miraban con desprecio a los propios Dioses.

Aquellas gentes, que otrora adoraron a Krasenón, de quien aprendieron el arte de surcar los mares, se habían vuelto altivos y arrogantes, en su isla de marfil. Señores de las ciencias y de las artes, ya no necesitaban a ninguno de los Dioses, cuyo único papel era ofrecer la ilusión de seguridad en épocas de oscura ignorancia.

Y así fue como dejaron de orar a los poderes sobrenaturales. Fundieron sus estatuas divinas para hacer otras nuevas consagradas a los reyes. Quitaron las placas de mármol de los templos para decorar las casas solariegas de los ricos comerciantes.

Olvidaron cómo se contaban las historias, pues ya estaban escritas en papel. También olvidaron cómo se navegaba con la única guía de las estrellas, porque tenían mapas. Incluso olvidaron cómo medir el tiempo en base al sol.

Y aquello encolerizó a Krasenón.

Así fue como un día, sin previo aviso, el tiempo se detuvo por un instante. Los pájaros se mantuvieron suspendidos en el aire, y las olas del mar no avanzaron. Quien estaba riendo, rio infinitamente ese segundo. Y quien estaba llorando, fue condenado a los lamentos eternos.

Y, de repente, un profundo temblor sacudió la realidad, y todo volvió a la normalidad. Nunca sabremos si aquellas gentes notaron el temblor. Puede que no, porque la realidad se había parado. Puede que sí, pero hicieron caso omiso, porque habían olvidado lo que aquello significaba.

Solo tres familias, que habían mantenido el saber de las historias antiguas y la fe en Krasenón, se subieron a sus botes pesqueros, y se internaron en el océano mientras caía la noche. Una noche en la que la Luna no apareció en el cielo.

Entonces, amparado en la oscuridad más absoluta, Krasenón se vengó de aquellas gentes arrogantes, y en una sola noche el mar se hubo tragado la isla.

Adiltania desapareció.


De las tres familias, hablamos en la próxima ocasión Big Grin
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#2
Vamos allá con las tres familias.

Desde los botes pesqueros vieron cómo el mar se tragaba su patria. Y supieron que ellos también iban a sufrir la ira de Krasenón, y que en apenas unos minutos, las olas los devorarían.

Pero aquello no sucedió. El mar se agitó a su alrededor con olas altas como montañas, mientras trataban de mantener la posición de los botes fijándose en las estrellas.

Horas enteras de maremotos pasaron, mientras Krasenón los protegía. Sus botes no sufrieron desperfectos. Surcaron las olas más grandes que jamás se han visto, y se mantuvieron bien orientados en las aguas.

Y, finalmente, con la luz del alba, la marejada se calmó. Las gigantescas olas que habían arrastrado al fondo marino a Adiltania avanzaron hacia los continentes, y se estrellaron contra ellos, inundándolos durante cuarenta días.

Las tres familias se mantuvieron durante tres días en el mismo lugar en el que habían permanecido durante el maremoto, confiando en que Krasenón apareciera y les indicara el camino.

Trigión todavía albergaba la esperanza de que Krasenón escupiera de nuevo Adiltania a la superficie, ya limpia de arrogancia y soberbia. Pero no ocurrió tal cosa.

Al cabo de tres días, las tres familias comprendieron que Krasenón les había permitido vivir, pero que también les había condenado a errar por un mundo que ellos ya no conocían.

Ketzua prefirió la muerte a aquella maldición, y dirigió su bote, junto a su familia, hacia las aguas tenebrosas, esperando encontrar allí la muerte, o, quizá, al propio Krasenón.

Trigión y Zrous avanzaron hacia los continentes, y, durante dos semanas, permanecieron dando vueltas en lo que, antes del tsunami, debieron ser los valles al sur de Liberria.

Ya no había restos de los fértiles valles, ni de los hombres de herramientas de piedra. Zrous se despidió de Trigión, avanzando hacia Oriente con su familia, con la esperanza de encontrar tierra.

A lo largo de las tres semanas siguientes, Trigión luchó, no sin dificultad, por mantener la posición del bote estable. Estaba convencido de que aquellas eran las tierras donde se unían Liberria y Almuarizón.

Notaba las corrientes submarinas, a pesar de que no había la más mínima presencia de oleaje a su alrededor. Y comprendió que el nivel del mar estaba bajando. Krasenón había purificado toda Maizre.

Al día siguiente vio algunas tierras aparecer, puntiagudas, en el horizonte. Ese día él y toda su familia se bañaron en el mar, jugando a hundirse para alcanzar la tierra, pero no fue hasta el día siguiente que pudieron hacerlo.

Al alba del cuadragésimo día, despertaron, y vieron que el bote había encallado en la tierra arcillosa. Trigión miró al sur, y comprendió que Isclavia y Nigia jamás volverían a estar unidas.



La historia de Trigión y su estirpe, para el siguiente ratito Big Grin
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#3
Tuvieron que pasar seiscientos días hasta que pudieran ver al primer hombre primitivo. Algunos de aquellos hombres atrasados habían sobrevivido en las cumbres de las montañas durante el maremoto.

Los primeros contactos fueron cautos y recelosos por ambas partes, pero no pasó mucho tiempo hasta que unos -la estirpe de Trigión- y otros -los hombres primitivos- compartieran comida y bebida.

Trigión trató de enseñarles el bello arte de la poesía, los secretos de la escritura, y las nociones básicas de astronomía. Pero aquellos seres inferiores parecían no comprender nada.

Hastiado, se dirigió al sur. Allí permaneció durante quinientos años sentado en una roca escarpada sobre un acantilado, y divisó la nueva lengua de agua que separaba Isclavia de Almuarizón.

A su izquierda, el otrora Gran Lago, ahora muriendo por la entrada de las aguas marinas. A su derecha, el océano donde en algún momento estuvo su patria. Y, frente a él, un vasto continente que jamás volvería a estar conectado a la verde y fértil Isclavia.

Sentado en aquella roca, año tras año, pudo ver cómo a su derecha se iba formando un archipiélago de piedra negra. Sin hacer grandes alardes, pero sin cesar en sus planes, Maizre iba escupiendo fuego desde el fondo marino, que se solidificaba al entrar en contacto con el agua.

Y así fue como, quinientos años después de que Trigión se sentara en aquella roca sobre el acantilado, se formaron las islas de Guancharia, con Guaya, la montaña de fuego, en el centro.

Y cuando Maizre dejó de temblar para formar aquellas islas, Trigión se levantó de la roca, y volvió con su familia.

Allí encontró que su familia se había multiplicado. Sus hijas se habían mezclado con los hombres de la piedra, y sus hijos habían formado harenes enteros con las mujeres de las cavernas.

Las criaturas nacidas de esa mezcla ya no tenían tres torsos, como Trigión y sus hijos, pero tampoco tenían la apariencia de mono tosco que tenían los primeros hombres a los que había intentado enseñar poesía y astronomía -ya muertos, dada su escasa longevidad.

Aquellos nuevos hombres eran seres de apariencia esbelta y facciones proporcionadas, como las gentes de Adiltania, pero que contaban con un solo torso, una sola cabeza, y solo dos brazos.

Y, para su sorpresa, eran capaces de mantener conversaciones, orientarse bajo las estrellas, y practicar la alfarería.

A su regreso, sus hijos le recibieron con cantos de alegría y los nuevos hombres con respeto reverencial, como si de un Dios se tratara.

Comunicó a su familia que había visto la última creación de Maizre, y que ahora la obra estaba completa. Les explicó que había que formar un nuevo linaje para ese nuevo mundo. Un linaje que mantuviera la herencia de Adiltania, pero que compartiera la esencia de los hombres.

Sus hijos escucharon con atención, y aconsejaron a su padre que engendrara al primer rey de ese nuevo reino, mitad hombre, mitad adiltano. Ellos, con los respectivos linajes que habían fundado en ausencia de su padre, se mantendrían a su lado, como merece un patriarca, y jamás mostrarían interés por el trono.

Así hizo Trigión, y así nació Kalnoris.
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#4
Buenas compañero Agramunt, pues ya me he leído los tres trozos que has publicado. Los tres perfectamente podían entrar como un primer capitulo de iniciación. La narrativa es ligera y amena, se lee del tirón XD También es breve, todo sea dicho. En general me ha parecido un buen principio para comenzar una novela. Los seres con tres torsos, osea, los Adiltanios, me han resultado un buen espécimen. Rollo una Naga o algo así. En lo general me ha gustado la idea de la construcción de tu mundo y su creación. Me falta ver más conversación, y sí que es cierto que no haces mucho hincapié en las descripciones (no ha sido hasta en el tercer trozo que he comprendido que los seres originales tenían tres torsos), pero en lineas generales comienza bien. Veremos a ver que tal sigue. Un saludo y nos leemos.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#5
(10/02/2017 07:17 PM)fardis2 Wrote: Buenas compañero Agramunt, pues ya me he leído los tres trozos que has publicado. Los tres perfectamente podían entrar como un primer capitulo de iniciación. La narrativa es ligera y amena, se lee del tirón XD También es breve, todo sea dicho. En general me ha parecido un buen principio para comenzar una novela. Los seres con tres torsos, osea, los Adiltanios, me han resultado un buen espécimen. Rollo una Naga o algo así. En lo general me ha gustado la idea de la construcción de tu mundo y su creación. Me falta ver más conversación, y sí que es cierto que no haces mucho hincapié en las descripciones (no ha sido hasta en el tercer trozo que he comprendido que los seres originales tenían tres torsos), pero en lineas generales comienza bien. Veremos a ver que tal sigue. Un saludo y nos leemos.

Gracias Smile

He de mencionar, no obstante, que esto no pretende ser parte de ninguna novela, ni tampoco de los relatos (antes de arrancarme con la novela, tengo en mente publicar varios relatos en el mismo mundo). Esto solo tiene como objetivo poner en orden ideas sobre el mundo donde se desarrolla la acción.

Por eso no tiene diálogo. No es más que una especie de mitología. La explicación del origen del mundo en el que se desarrollará la acción.

Sobre lo de las descripciones, llevo desde que empecé a plantearme este nuevo intento de escribir algo pensando en si es mejor explicitar desde un primer momento ese tipo de cosas o dejarlo para cuando realmente sea necesario.

Lo digo por esta frase de Cortázar: "Sólo la alteración momentánea dentro de la regularidad delata lo fantástico, pero es necesario que lo excepcional pase también a ser regla sin desplazar las estructuras ordinarias en las cuales se ha insertado".

¿Conseguir que lo excepcional pase también a ser regla sin desplazar las estructuras ordinarias en las cuales se ha insertado, no pasa por ignorar que el compañero de tu héroe es un enano hasta que aparezca otro personaje que sea, digamos, racista? Por ejemplo.

Si en un relato la convivencia de enanos y hombres es lo natural, no tiene sentido mencionar que alguien es enano. De ahí que no aparezca mención a los tres torsos hasta que existe mezcla con quien solo tiene uno.

Como digo, es un tema que me está rompiendo mucho últimamente. Me encantaría conocer tu opinión al respecto Smile

Y, de nuevo, gracias por tus comentarios!
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#6
Buenas compañero Agramunt.

Sí es como comentas, es una buena manera de introducir a los lectores en lo que es la mitología de tu mundo. Lo que siempre es un recurso a usar. Yo en mi novela, he decidido ir explicando esos aspectos a medida que la trama avanza, aunque también es, porque todo la trama gira un poco en torno a ello.
Sobre el tema de los Adiltanios, no lo había visto desde esa perspectiva, aunque tampoco contemplaba los extractos como una suerte de iniciación. En general como te dije, no me parece un mal inicio este. A ver como desarrollas la historia a continuación. Un saludo y nos leemos.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#7
Kalnoris nació para ser rey y así se le educó desde su nacimiento. Fue el primero de la estirpe de reyes que aún hoy gobierna en Trigionia, nombre que puso a sus tierras tras la muerte de su padre.

Kalnoris tuvo en todo momento la conciencia de ser el primer rey de aquellas gentes. Sin embargo, debió respeto a su padre, Trigión, y obedeció en todo momento su mando mientras éste vivió.

Fue Kalnoris quien enseñó a los hombres a recoger la miel de las abejas, secreto que aprendió casualmente, pues tampoco en Adiltania se recogía este dulce fruto de la naturaleza.

Por su parte, Trigión domó a las bestias salvajes que corrían en manadas por las dehesas del lugar, y las vino a llamar toros. Aquellos animales se convertirían en tótem de los trigionios y curetanos, y después de las gentes de toda Liberria.

Los seis hijos de pura sangre adiltana de Trigión, patriarcas de los linajes que hoy son nobles en Trigionia, tuvieron distintas suertes. Dos se marcharon a explorar Liberria (uno siguiendo el borde del fin del mundo, y el otro siguiendo el borde del Comeráneo). Solo uno regresó, y permaneció como consejero de reyes hasta que murió.

Las tres hijas sentaron las bases de la familia, explicando a los salvajes y a los nuevos hombres que habían dado a luz cómo debía organizarse la sociedad desde la unidad más pequeña. Fueron ellas las que fundaron las ciudades de Kadir, Salaka y Karoano -esta última, aún ciudad sagrada para los trigionos y curetanos.

El último de los hijos puros de Trigión descubrió los yacimientos de metales que, algunos años después, harían famosa a esta región. Y allí fundó la ciudad de Seulza.

Trigión tuvo muchos otros hijos, mezclándose con las mujeres primitivas y las hijas mestizas de ambos pueblos. Algunos destacaron, y ninguno vivió mal, pero no hay recuerdos memorables de ninguno más allá de Kalnoris, que nació para ser rey.

Fue Kalnoris un hombre sabio desde sus primeros días, aunque no siempre el más justo. Fue él quien ayudó a su padre a construir el Puente de Oricalco. Puente que, por lo demás, se ha mantenido en pie hasta nuestros días, como último recuerdo de la precataclísmica unión de Isclavia y Nigia.

También fue él quien retomó el comercio, que era habitual en Adiltania pero desconocido por los antiguos hombres. Tuvo que enfrentarse, por ello, a su padre, puesto que Trigión temía que volver a los intercambios enfureciera de nuevo a Krasenón.

Pero la furia del Dios no apareció, y pronto el comercio fue frecuente entre las distintas ciudades fundadas por los hijos del adiltano, así como con algunos pueblos del Comeráneo, que ya empezaban a separarse de su estadio de barbarie.

Y así fue cómo, novecientos años después de que Krasenón se tragase a Maizre, se sentaron las bases de la nueva civilización que duraría hasta nuestros días, aunque las centurias que sucedieron a aquellos primeros intercambios hicieron que pocos recuerden hoy estas historias.

Y, entonces, un buen día, proveniente del oriente del Comeráneo, llegó Terles, un hombre fuerte y esbelto, que decía ser hijo de un Dios, y que tenía la misión de hacerse con los toros de Trigión, matándolo si se terciaba.

Trigión supo de inmediato que Terles era hijo de Zrous, como Kalnoris era hijo suyo. E hizo saber a sus súbditos e iguales que no participaran en la lucha, porque aquel combate era designio de los Dioses.

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#8
Buenas, Agramunt, y bienvenido por fantasitura!

Me he leído los cuatro trozos, queda muy bíblico todo pero está bien contado.  Si he entendido bien, esto se trata de simple documentación sobre tu mundo y supongo que estos fragmentos pertenecen a algún libro sagrado del pueblo de los trigionos. En cualquier caso el tono legendario está bien conseguido. A ver cómo sale ese duelo entre Terles y Kalnoris pues.

Sólo vi una errata, con un leísmo: «Horas enteras de maremotos pasaron, mientras Krasenón les protegía.» donde «les» debería ser un «los.

Quote:Si en un relato la convivencia de enanos y hombres es lo natural, no tiene sentido mencionar que alguien es enano. De ahí que no aparezca mención a los tres torsos hasta que existe mezcla con quien solo tiene uno.
Bueno, de hecho no tiene sentido presentar a un enano como algo excepcional y en el caso de los tres torsos está bien mencionarlo en el momento en el que importa, como lo haces. Aun así, las características que permiten diferenciar a la gente se usan continuamente, que si uno es rubio, moreno, alto o pequeño, etc. y no choca tampoco mencionarlo si el personaje se fija mínimamente en ese rasgo, yo creo. Claro que si partes ya in medias res con dos protagonistas que se conocen y uno es un enano, se podría entender en ese caso que el otro no mencionara que lo fuera, claro.

Saludos!
Reply
#9
(12/02/2017 04:31 PM)kaoseto Wrote: Buenas, Argamunt, y bienvenido por fantasitura!

Me he leído los cuatro trozos, queda muy bíblico todo pero está bien contado.  Si he entendido bien, esto se trata de simple documentación sobre tu mundo y supongo que estos fragmentos pertenecen a algún libro sagrado del pueblo de los trigionos. En cualquier caso el tono legendario está bien conseguido. A ver cómo sale ese duelo entre Terles y Kalnoris pues.

Sólo vi una errata, con un leísmo: «Horas enteras de maremotos pasaron, mientras Krasenón les protegía.» donde «les» debería ser un «los.


Quote:Si en un relato la convivencia de enanos y hombres es lo natural, no tiene sentido mencionar que alguien es enano. De ahí que no aparezca mención a los tres torsos hasta que existe mezcla con quien solo tiene uno.
Bueno, de hecho no tiene sentido presentar a un enano como algo excepcional y en el caso de los tres torsos está bien mencionarlo en el momento en el que importa, como lo haces. Aun así, las características que permiten diferenciar a la gente se usan continuamente, que si uno es rubio, moreno, alto o pequeño, etc. y no choca tampoco mencionarlo si el personaje se fija mínimamente en ese rasgo, yo creo. Claro que si partes ya in medias res con dos protagonistas que se conocen y uno es un enano, se podría entender en ese caso que el otro no mencionara que lo fuera, claro.

Saludos!

Hola, gracias por opinar Smile

La verdad es que no tengo muy claro cómo enclavar estos escritos en la posterior historia, porque es el origen del mundo "tal cual fue", es decir, no como se lo explican los trigionios a sí mismos. Lo que pasa es que empieza con ellos, y, de momento, trata sobre ellos.

Supongo que, simplemente, publicaré en su momento un anexo con esta información general, como Howards con la Edad Hiboria.

Gracias por el leísmo (¡qué jodidos son! xD)

Y, por último, sobre el tema de las descripciones y tal: Como digo, es algo sobre lo que estoy pensando últimamente, a raíz de esa frase de Cortázar que me folló la mente. Yo de siempre que escribía algo definía quién es quién con sus rasgos.

Sin embargo, últimamente estoy tentado por esa idea de mantenerlo oculto, para evidenciar la normalidad dentro de la historia. El problema, como dices, es que te impide describir (¿cómo justificas decir que es rubio y no decir que es enano?).

En los relatos no es muy problemático, porque no considero que sean necesarias grandes definiciones (soy de los que creen que un relato debe centrarse más en la acción Tongue), pero, sin duda, el problema sigue ahí.

Tendré que ver cómo resolver eso. Quizá no dedicando un párrafo a la definición, como es habitual, sino ir definiendo sutilmente a lo largo de diferentes párrafos, de tal forma que se perfilen ciertos elementos y otros no, y sin que sea demasiado obvio que se ha escondido un rasgo decisivo de forma deliberada.

¡Ya veremos!

En cualquier caso, muchas gracias por pasarte y dedicarme unos minutos Smile
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#10
Terles llegó de Oriente, cruzando los desiertos de Nigia y usando el carro de uno de sus dioses como barca, y durante siete días estuvo caminando por las ciudades fundadas por la estirpe de Trigión.

Nadie reconoció en él un enemigo, sino un comerciante que, además de venir de otras tierras y caminar con aires nobles, era apuesto y fornido. Por ello, varias de las mujeres de aquellas ciudades -incluso algunas de las hijas de Trigión- yacieron con él.

Fue así como la sangre de trigionios y curetanos -y, después, de las gentes de toda Liberria- fue bañada no solo con el sello de un patriarca adiltano, sino de dos. Y, por venir Terles de Oriente, también fue así como surgiría la adoración al Sol en las tierras liberras, que no se practicaba en Adiltania.

Cuando Trigión se encontró por primera vez con Terles, intercambiaron palabras amistosas. Terles le habló de su padre, y Trigión le contó historias de Zrous que ni siquiera su hijo conocía. Terles le dio a conocer que moriría a sus manos, y Trigión le hizo saber que conocía su destino.

Y esa noche comieron y bebieron y compartieron mujeres, y rieron y lloraron juntos, hasta que cayeron dormidos

Al alba, Terles había desaparecido, y Trigión supo que era el día de su final. Como cada mañana, se dirigió a la dehesa para caminar entre los toros que solo él podía dominar. Pero ese día Alano, su can guardián de dos cabezas, no salió a recibirle.

Caminó durante horas buscando al guardián de su ganado, y pudo hallarlo muerto en los montes cercanos a Kadir. Cayó la noche mientras Trigión lloraba la pérdida de su can, que daría nombre en ese momento a toda la raza de canes que aún hoy puede localizarse en Liberria.

Trigión volvió a la dehesa con paso lento pero firme, con la ira hirviendo en sus venas. No había discutido a los Dioses su muerte, pero la de Alano era una crueldad que jamás perdonaría.

No le sorprendió encontrar las dehesas vacías, pues sabía que Terles tenía como objetivo tomar sus toros sin pedirlos ni pagarlos. Se despidió de su familia y, cuando hubo tomado sus tres lanzas y sus tres escudos, se dirigió al sur. Al mismo punto en el que había atracado el carro del Dios en el que había llegado Terles.

Allí pudo encontrarlo, arrastrando a los toros atados por los pies para llevarlos hasta el carro. Ni tan siquiera el hijo de Zrous había podido dominar aquellas bestias, y solo había logrado doblegar su bravura mediante la fuerza bruta.

La lanza silbó en el aire, pero Terles pudo apartarse y cogerla mientras volaba. El vencedor sabía que iba a vencer, y el vencido sabía que iba a ser vencido. Pero la lucha no fue menos apasionada por ello.

Ambos pelearon durante las horas que precedieron a la media noche. Los hombres y los adiltanos hijos de Trigión presenciaron aquella lucha a mayor gloria de los Dioses. Y fue ahí donde, imitando los juegos de los Dioses, los trigionios crearon las luchas entre hombres y toros para henchir sus espíritus.

Y cuando faltaban minutos para la medianoche, Terles descargó una flecha que fue a atravesar los tres torsos de Trigión, alcanzándole los tres corazones, y haciendo que cumpliera con su destino.

Los Dioses estuvieron satisfechos, y Trigión pudo compartir comida y bebida con ellos en los banquetes que acompañan a los héroes tras la muerte.

Terles podía cumplir ahora con su misión, y regresar a su tierra con los toros del Dios de los hombres de Liberria. Pero antes, sabedor de la fe que Trigión profesaba, pues era la fe de su padre, tomó su cuerpo, y lo llevó en brazos hasta el fin del mundo.

Los toros descansaron atados junto al carro que surcaría el mar para llevar a Terles de vuelta a su tierra, y ningún trigionio osó acercarse a ellos.
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