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Reto Brujería I: "La Profecía"
#1
Jamás olvidarían aquella voz, velada por el ronco gorgoteo de la garganta que la producía:
—El vástago de la mutabilidad, sí… ¡puedo verlo!—y en una carcajada espasmódica, retorció el espinazo enérgicamente, a pesar de las saetas que atravesaban su busto— Vendrá a este mundo de la simiente humana, ¡pero madurará en nuestros pútridos vientres!
Con la mandíbula abierta, contorsionó el cuerpo hacia atrás, aullando de placer. Los lanceros, horrorizados, retrocedieron un par de pasos. La sangre no acudía a las heridas de aquel monstruo; en su lugar, de ellas manaba una oscura neblina pegajosa que, serpenteando obscenamente, descendía hasta el suelo donde se arremolinaba. El éxtasis prolongaba su agónica oratoria:
—¡Derramará delicioso jugo humano sobre el suelo polvoriento! ¡Impondrá el Fin a esta era! Y—levantando el cadavérico rostro, miró en derredor con malicia—, con él, se alzarán las Tinieblas.
Dispararon una nueva andanada de flechas. Extendiendo el único brazo que aún seguía unido a su cuerpo hacia el cielo, la criatura acunaba cada impacto con una perniciosa sonrisa. Instantes después de recibir el último flechazo, se desplomó en el suelo.
—Pensar —murmuró uno de los soldados, acercándose al cuerpo— la indescriptible belleza… que hubiese tenido… De haber nacido humana… Casi… casi parece una mujer de verdad.
Dos de sus compañeros abrían la boca para gritarle con toda la potencia de sus pulmones que se alejara de allí cuanto antes. Pero la bruma se apresuró a engullirlo junto al cuerpo inerte.
Y entonces, satisfecha de haberse cobrado su primera víctima, empezó a esparcirse pesadamente, a cubrir cada brizna, cada guijarro del terreno; a abrirse paso sin prisa, trepando por entre la vegetación.

***

Seguía esforzándose vigorosamente en escapar de aquel lugar. Cuando no podía sortear los obstáculos de un salto —un taburete aquí, una pila de libros más allá—, zigzagueaba apresuradamente entre ellos, arrojando todo lo que encontraba a su paso en el interior de su pequeña bolsa de equipaje. Por fin había reunido lo indispensable y ahora se sabía incapaz de aguantar más tiempo, pues su implacable persecutor seguía acosándolo por la espalda, siguiendo sin descanso la estela de sus pisadas. Desesperado, se arrojó sobre el pomo de la puerta con la bolsa a cuestas y recorrió con agilidad el corredor que llevaba a la entrada del edificio. Notaba la fría humedad del aliento en la nuca:
—… y, sobre todo, por favor te lo pido, Dylan…
—“… sé siempre cortés” —se giró de golpe y cortó aquel insufrible parloteo mirando al Director a los ojos— ¡Lo sé, Director! ¡Lo sé!
Encorvado como estaba hacia adelante, habiendo frenado en seco para no darse de morros contra su pupilo, Sum Morr se irguió y contrajo un gesto de indignación ante tal irreverencia. Extendió su dedo índice y prosiguió con su tenaz adoctrinamiento:
—¡Qué ofensa! ¡A esto justo es a lo que me refiero, Dylan! ¡Y justo antes de partir en representación de la Biblioteca de los Sellos! ¿Cuántas veces he de decirte que…?
—“…el modo es más relevante que la propia acción” —sonrió Dylan—. Le echaré de menos, Director, a usted y a este edificio.
Apoyó su mano en la gruesa pared que tenía a su lado, y mientras sus ojos recorrían el espacio que ocupaba el muro —el señor Morr, algo más ablandado, hilvanaba una retahíla de directrices desprovistas ya de cualquier nota de reproche—, su mente vagaba por el eje temporal en el que su existencia se había entrelazado con aquella estructura: casi ocho años amparado por la robustez de aquellos muros. Detuvo su mirada en el espejo y lanzó sobre el reflejo su mirada verdigrís. Comprobó su pelo, satisfecho; negro como un tizón, no muy alborotado.
—Sólo tienes que encargarte de los casos de petrificación del pueblo. Deja el resto en manos de los otros dos compañeros que encontrarás a tu llegada—y trazó un punto final al tenderle la mano—. Y, sobre todo, cuídate
—Y usted —obligó a su conciencia a regresar, y con su ayuda imprimió todo su afecto en aquel apretón de despedida—. ¡Despídame de los demás!
Con el cielo a medio clarear, decidido a no volver su mirada, se montó de un salto en la diligencia que le conduciría a su destino, fantaseando sobre el porvenir de su misión.

***

El cochero se negó a seguir más adelante.
—No está respetando las condiciones del acuerdo —repuso secamente Dylan, guardando su tiza en el bolsillo, mientras se apeaba.
—Lo siento, muchacho, me temo que las condiciones han cambiado. Entiéndelo. Esta… cosa… —repasaba las yemas de sus dedos deslizándolas entre sí, como intentando palpar aquel enrarecimiento.
Dylan, por supuesto, lo entendía. Una densa niebla rojiza se extendía unos cuantos metros más adelante, y sólo contemplándola podía percibir algo muy… nauseabundo. Escalofriante. No quería ni imaginar la sensación que tendría al internarse en aquel cúmulo de podredumbre cobriza.
—Diez horas a pie hasta la aldea. Quizás tú también debieras dar media vuelta, eh.
Ignoró deliberadamente sus palabras, mientras desataba el saquito de cuero que llevaba colgado al cuello.
—Me temo que tan sólo puedo otorgarle la mitad de la recompensa—le tendió unas monedas y procedió a dictarle el fallo de su sentencia, tal y como lo prescribía el Protocolo—. Serás consciente de que tu falta no pasa por alto en la Biblioteca, la Protección ya no…
—¡Al carajo la Biblioteca, chaval! ¡Al puto carajo! —le cogió el dinero en un arrebato repentino, innecesariamente violento— ¡Nadie con dos dedos de frente te va a acompañar ahí dentro! Puedes saborear la muerte tú solito.
—…la Protección ya no abraza tu alma, ahora velada sólo por la vergüenza que escondía tu Traición.
Los caballos trotaron prestos, contentos de abandonar aquel lugar. Desaparecieron, junto con el coche, tras una curva del camino.
«Imbécil. No, pobre diablo. Ten un atisbo de compasión, Dylan. De vez en cuando, te lo puedes permitir».
Suspiró. Continuó convenciéndose a sí mismo:
«No se le puede culpar. Ha sido una sorpresa poco… grata».
Se las había apañado para dibujar un Sello en el respaldo del pescante antes de bajar. Si lo encontraban —y esperaba que así fuera—, bastaría para informar a la Biblioteca acerca de la gravedad de la situación a la que se enfrentaban. Y, también, de la Traición de aquel hombre.
Alzó la cabeza y juzgó cuánto tiempo podría quedar hasta el anochecer. Apenas tres horas de margen. Después quedaría completamente desprotegido; a oscuras en el interior de aquella neblina. Caminó treinta minutos en la dirección en la que se había alejado el carromato. Había resuelto dejar pasar la noche, aún a riesgo de que Ellas llegasen primero.
«Pero soy yo el que se queda aquí, en medio de la nada. Imbécil».
Y ya no sabía a quién iba dirigido el insulto.

***

Recobró su consciencia. El cielo estaba plagado de sombras. Sombras fugaces conspirando en remolinos, sombras que estallaban en risotadas que retumbaban como truenos. Ya había visto el cielo así más veces.
Abajo, entre el polvo, arrastraban una ristra de cadáveres infantiles, ensartados y unidos por una cuerda como las cuentas de un abalorio. Los precipitaban al caldero con violencia, agarrándolos por el primer lugar que alcanzasen. Los tiraban al interior con una violencia descontrolada, sin importar si en el acto arrancaban sólo un pedazo de los cuerpos; el resto seguiría suspendido en la cuerda. Blandos, incompletos.
Luchaba por contener las arcadas ante el familiar espectáculo. Estaba atado a un poste con los demás humanos, observándolo todo con el único ojo que conservaba. Llevaban varios amaneceres allí, apestaban a sangre, a vómitos y excrementos. Él tan sólo quería morir ya. Recordaba con pánico el dolor que había soportado cuando le arrancaron su globo ocular. Una de Ellas, con un tono endemoniado, autoritario, frenó a sus hermanas graznando:
—Guardaremos la otra mitad para la siguiente celebración.
Ahora, con el Aquelarre convocado, el momento había llegado. Y entonces, abrió los dos ojos.
«¿Los dos? Ojos… ¿Son estos mis ojos?».
Súbitamente, las carcajadas cesaron. Todo movimiento frenó de golpe, los delicados abalorios humanos golpeando el suelo secamente. Respiraba con avidez, un escalofrío rodó sobre su espalda. Al pie del caldero, un monstruo giró lentamente su cuello. Y de nuevo, aquel rostro endiablado, con el pelo hirsuto flotando, envolviendo su tez, con… con aquellos ojos desbocados…
«No son sus ojos. Al menos uno es mío. Entonces, este, ¿es mi ojo?»
… ojos cuyo brillo, sin embargo, delataba una astucia maligna, capaz de escrutar el engaño, de contener el desenfreno.
Todas Ellas con la boca abierta, la hilaridad contenida en sus pulmones, girándose hacia él, advirtiendo de pronto su presencia. En tensión. Y Ella, sólo Ella, aún al pie del caldero, rayando de golpe el silencio con un espeluznante chirrido de júbilo:
—Sí… ¡puedo verlo!
Despertó empapado en sudor. Aliviado, en parte, de haber despertado a una realidad más amable. Se preguntó cómo acabaría ese sueño recurrente…  ¿cuándo había sido la última vez que había soñado con ello?
Algo interrumpió aquella corriente de pensamientos. Habían intentado penetrar su barrera, sutilmente, sólo durante un segundo. Pero después de todo era su barrera, y lo había notado. Se quedó inmóvil en el interior de la tienda —así llamaba en sus pensamientos a aquella destartalada estructura de tela y palos que había improvisado para combatir el frío nocturno.
Esa presencia de ahí fuera… ardía en deseos de despedazarle.
Un sonido contundente interrumpió la espesa quietud de la noche. No había duda, alguien intentaba tirar abajo la barrera y no le importaba en absoluto ser descubierto.
«¡Brujas!»
Era realmente tentador cubrir aquella tela de sellos protectores y esperar en el interior hasta que desistieran de intentar alcanzarle. Después de todo, era mucho más fácil proteger un espacio de ese tamaño que el perímetro que guardaba su actual encantamiento. Pero incluso si lo lograse, entonces, ¿no estaría atrapado? ¿Qué utilidad tendría para la Biblioteca de esa manera?
¡Otra vez! Decidió incorporarse. Cogió la tiza y, mientras salía al exterior, se la pasó de una mano a otra para trazar rápidamente un aspa en cada una de sus palmas. Una vez fuera se vio envuelto en la densa niebla roja que enrarecía las luces del firmamento.
«¡Mierda! ¡Esto no debería estar pasando! ¡¿Cómo se ha filtrado aquí dentro?!»
El ruido enloquecía, cada vez más intenso, más rápido. Estaban embistiendo directamente contra la barrera  con una fuerza arrolladora. La niebla pasaba de escarlata a azabache en el punto de choque. Apuntó a la fuente de aquel caos con las temblorosas palmas de sus manos. Debería haberse tomado más tiempo para trazar el Sello en su mano dominante con precisión; quizá no funcionase a plena potencia. Quizás, probablemente, tendría que haber vuelto con aquel estúpido cochero, cancelar la misión y regresar para informar de lo sucedido en persona. Una decisión equivocada tras otra.
«Y ahora… ahora voy a morir.»
Y con esta frase resonando en su cabeza, asumió rápidamente su fin y se tranquilizó. Se acercó al círculo de hojas donde había preparado el otro sello.
—¡De-… en-…!
La oscuridad seguía arremolinándose en el mismo lugar, dibujando la invisible convexidad de su única protección.
—¡De-… en-…!
Un extraño zumbido se escapaba de la fricción entre las dos fuerzas, y Dylan contemplaba en calma el atroz espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos, sabiéndose conocedor del desenlace.
—¡Déja-… en-…!
Dedicó un eterno instante a contemplar sus propios brazos, extendidos hacia adelante. Separó sus pies mientras vigilaba su postura, y a partir de entonces sólo tuvo ojos para la atronadura locura de oscuridad que carcomía la protección que había levantado.
«Si les acierto antes de que me derriben, acabo con dos de Ellas. Quizás tres.»
Se dibujó una grieta de luz en el aire, allí donde la niebla chocaba contra su defensa y se hacía cada vez más densa. Era la señal que estaba esperando.
Dio un pisotón en el suelo. Las hojas salieron despedidas hacia arriba, impulsadas por el chorro de luz del Sello que acababa de liberar bajo sus pies. Notaba cómo su cuerpo se inundaba de una poderosa fuerza, cómo las cruces de sus manos intentaban contenerla a duras penas, rezumando aquella energía vibrante que se diluía a su alrededor como luciérnagas desdibujándose en la oscuridad.
«¡Ahora!»
Todo transcurrió en unos segundos. Un aleteo, varias presencias, un grito en la noche. La luz salió a borbotones de sus manos. Irrefrenable, se proyectó hacia adelante y transformó la penumbra en un centelleo cegador. Le asaltó un insufrible dolor en sus palmas, arrebatándole la consciencia.

***

Conversaba con una nube de oscuridad. Tenía una voz masculina muy cálida. Era como si sus palabras transmitiesen más que el significado que encerraban, impregnadas como estaban de aquel carisma que sólo podía expresar la mejor de las intenciones.
—Entonces, ¿por qué me has atacado?
—¿Por qué? ¡Tú empezaste primero!
—Sólo quería que me dejases entrar.
—¿Para qué?
—Para hablar. ¿Es éste el precio que impones a los que quieren mantener una conversación contigo?
Se sonrojó.
—Cállate. Si quieres hablar, habla.
—Bien, presta atención. No tenemos mucho tiempo, Dylan, estás a punto de despertar.
Tenía razón, lo notaba. Su existencia allí —la suya propia y la de su interlocutor; juntas parecían haber construido el efímero espacio que ahora compartían— empezaba a diluirse. Algo le arrastraba hacia afuera, pero él se ancló tercamente al perentorio lugar.
—¿Por qué quieres hablar conmigo?
—Para que aprendas lo que desconoces.
—¿Qué sabes tú de lo que yo conozco?
—Sé bastante. Desde que partiste he estado observando lo que te ha sucedido, lo que has hecho y… lo que has dejado de hacer.
Se puso en tensión.
—Vi cómo te traicionó el conductor de la diligencia, cómo pusiste el Sello en el carromato para informar a la Biblioteca de su Traición, y también cómo dejaste sin borrar el Sello que lo habría de proteger en su retorno.
«¿Se dio cuenta de todo lo que hice a escondidas?»
—¡Maldito! ¡¿Le mataste…?!
—No. Lo dejé ir, pero cuando se topó con ellos, no tuvo la misma suerte.
—¡¿Con quiénes?!
Había alzado demasiado la voz. Estaba enfadado. Después de todo, le había costado mucha energía mantener aquella barrera que cada vez estaba más lejos de él, al tiempo que creaba una para salvaguardarse a sí mismo por la noche. Al dejar de percibir su efecto, supuso que la distancia le impedía mantenerla en pie.
—Tus nuevos compañeros, los que venían persiguiéndome. Intentarán convencerte de que te salvaron la vida. Ahora mismo están tratando de reanimarte. Fue el perturbado de los cuchillos, aunque yo de ti me cuidaría más de ella; fue ella quien removió tu Sello. No les creas, intentarán engañarte.
«¿Engañarme? ¿Y tú? ¿Cómo sé que tú no intentas engañarme?»
—Te he estado observando mientras dormías… en tus pesadillas. Te preocupan… tus ojos.
Tragó saliva. Ver en sus sueños… aquello sólo podía hacerlo un Hexen.
—No hace falta que me creas ahora. Como garantía de mi verdad, verás que mis palabras edifican la realidad que está a punto de ocurrir.
«¿Puede adivinar mis pensamientos? ¿Hasta qué punto nuestras almas están compartiendo este “lugar”?»
—Sí, te preocupan tus ojos. Es natural, después de todo, naciste sin ellos.
Notó que ya no podía hablar. Estaba despertando. La nube tomó el rumbo de la conversación, oprimiendo su conciencia.
—¿No te preguntas por qué Sum Morr manda teñir tu pelo níveo? ¿Qué hay detrás de tus pesadillas, de tus dos ojos, verde y gris? ¿Acaso no sabes que los Hexen, al igual que las brujas, también nacemos con las cuencas vacías?
Todo empezó a tornarse borroso. La voz de la nube se escuchaba cada vez más lejana, y habló apresuradamente mientras se desvanecía:
—Toma mi colgante, si confías en mí, cógelo. Hazlo sonar y acudiré. Esos dos son unos monstruos… La roca protege a los aldeanos de la niebla, ¡confía en mí! ¡Confía en mí… hermano!
Gruñó. Algo áspero y húmedo estaba resbalando por toda su cara. Alguien se desternillaba de risa.
—Narob, apártate. Déjale respirar.
Consiguió enfocar su mirada. Un imponente murciélago gigante se cernía sobre él con la lengua afuera. A su lado, su dueña, una chica rubia con coleta, que debería haber rebasado la mayoría de edad hacía un par de años, le contemplaba curiosa, en cuclillas.
—¿Con quién hablabas?
No quiso contestar. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que aún era de noche.
—Hablabas en sueños—insistió ella, escrutándole duramente con su mirada—. Bueno, no importa. Sé que estás cansado, pero tienes que levantar una de tus barreras para nosotros.
Le tendió una tiza sin usar.
—Ten, usas estas cosas, ¿no?
Asintió con la cabeza. Aún algo desorientado, decidió hacerle caso. No le tomó mucho tiempo rehacer el Sello que había dibujado antes en el suelo. Al terminar, le dio un vistazo al lugar donde se encontraba: la tienda, el círculo de hojas… y también la chica, aquella bestia peluda con alas y el otro chico, inclinado sobre un cuerpo tendido en el suelo.
El chico hundía una y otra vez un cuchillo ensangrentado en la carne sin vida, riendo. La muchacha se acercó a Dylan por la espalda.
—No le des muchas vueltas. Le llamamos Filo. Lo encontramos hace unos años entre los restos de una matanza, la obra de un Aquelarre. No habla, y parece tener una obsesión con las mutilaciones. No te preocupes, no te hará nada. Estás vivo gracias a él. Yo me llamo Victoria, hemos venido al Bosque de la Profecía  para…
Dirigió su atención al cadáver. La mayor parte del cuerpo estaba desintegrada. Unos mechones blancos de pelo caían desordenados al suelo. Tenía un diapasón plateado anudado al cuello. Una venda cubría sus ojos, o el sitio donde deberían estar.
—El cochero —interrumpió a Victoria—. ¿Os topasteis con él de camino?
Vaciló, y mientras apartaba los ojos, Dylan pudo observar el rastro de la mentira.
—No, no vimos a nadie.
Se arrodilló junto al cuerpo al lado de Filo, que seguía entreteniéndose. Le quitó la venda. Luego, arrancó el silbato.
—Tenemos que quemar el cuerpo.
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#2
Ojom!
Bien escrito.
Dibuja un mundo amplio, con sus instituciones y sus problemas; alude a un "sistema de magia", a una dualidad de seres "brujos" (Hexen y brujas propiamente dichas); presenta personajes interesantes...
... pero se queda muy "en la niebla" Big Grin Parte de una historia más amplia, como quien dice (que diría Sam Gamyi). Tal y como está planteada y expuesta, salgo con infinitas incógnitas, las cuales me atraen, pero que se quedan sin resolver, lo cual me deja a la espera de más y ya. No sé nada de lo que está ocurriendo realmente, no tengo idea clara de la trama, más allá de la intrigante conexión entre la "casi humana, casi hermosa" del principio de la que proviene la niebla y el protagonista, y que parece moverse en una línea de intereses distinta a la de los humanos.

¿Por qué? Y más , "por qués". Este es mi resumen desconcertado.
¡Mucha suerte en el reto!
Angel "Angels can fly because they take themselves lightly." blowfish
"To be educated means to be able to play gracefully with ideas."  
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#3
Hola, este relato me ha parecido un capítulo de una novela pues la historia sólo ha comenzado y realmente no se sabe muy bien de qué va. Me he perdido un poco porque pasaba de una escena a otra demasiado rápido y sin explicaciones de dónde estaba y qué personaje era el que hablaba. Me he quedado con la amenaza de unas brujas que extienden una niebla mortífera y de unos cazadores de brujas, Dylan y su maestro (me supongo), pero al final aparecen más personajes de la nada que no aclaran el asunto. Creo que abusas mucho del recurso del sueño o de la pérdida de consciencia para explicar cosas del mundo que relatas. Deberías tomarte tu tiempo para iniciar la historia con el prólogo de la bruja muriendo a manos de los soldados y explicar el error que éstos cometen al matarla. Eso sí sería un relato. Pero enseguida pasas a Dylan, al cochero y su traición (que no he llegado a comprender), sueños, visiones de aquelarres y diálogos que enredan un poco el relato.
Creo que si te tomas tu tiempo y le dedicas más espacio a esta novela, podrías hacer una obra interesante y con gancho.
Un saludo.
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#4
Tal como señala Alerya,  esta historia parece el fragmento de una historia más larga, no sólo por su final que deja más de un cabo suelto, sino también por algunos detalles argumentales que no quedan completamente claros, pero de todas maneras la premisa es interesante y con un misterio que engancha:  El primer párrafo se siente como un fugaz prólogo, mientras que lo que sigue es como el esbozo del comienzo de una aventura, con un protagonista confundido, arrastrado en medio de una aventura en la que debe interactuar con otros personajes que pueden ser tanto aliados como enemigos.
Supongo que una expansión de la trama echaría luz sobre los misterios sin resolver del presente relato.
¿Cuánto darías por controlar un espacio de tiempo inexistente? Millones de moléculas creando formas de vida de la nada...
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#5
Coincido con los comentarios anteriores, es un fragmento de una historia más grande. Podría funcionar si dentro del fragmento se desarrollara algo más , es decir que mostraras un conflicto lo desarrollaras y este tuviera un desenlace o un giro a algún tipo de resolución, entonces, aunque quedaran cosas sueltas (quizás solo despertarían curiosidad por saber más) estaría perfecto. Lo que tienes es el esbozo de un mundo, el esbozo de un conflicto entre facciones, con mucha magia y muy atractivo en su forma, pero no hay un relato en sí, porque nunca sabes bien que pasa. Quedan muchas cosas sueltas que se dicen al pasar y no sabes bien porqué están y qué significan. A favor del relato diría que tiene una manera de mostrar situaciones de enfrentamiento que te engancha, que juega con cosas sombrías y truculentas de una manera atractiva.
[Imagen: viipsx.png]

—Nos han embrujado, por eso no sabemos qué es real y qué no — canturreaba el viejo Merloc. Siempre tarareaba la misma canción cuando, borracho y demente, solía azotarme.
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#6
Pues parece ser que concuerdo con la opinión general.

Has conseguido crear escenas muy potentes, y el ritmo del relato, en general, engancha (quizás echo en falta alguna que otra descripción, un poquito menos de acción... nada importante, es meramente subjetivo), pero ante tantos elementos conectados entre sí en un espacio tan reducido, me pregunto si se trata de una de esas historias en las que los nexos de unión (permíteme la redundancia Tongue) están bien planteados o si, por el contrario, estamos ante un conglomerado de situaciones cuya relación queda en manos del lector (y si este es el caso, me parecería abusar un poco de la trama "abierta").

Ah, y personalmente, no me perturba en absoluto el espacio que dedicas los sueños/visiones en la historia (más allá de que, al igual que el resto de escenas, plantean más dudas que quedan abiertas a medias), de hecho, disfruté bastante de la escena del Aquelarre.

En fin, ¡enhorabuena y buena suerte en las votaciones! ^ ^
Ob-la-di Ob-la-da
Responder
#7
El relato esta muy bien escrito, pero... es que no se ni por donde empezar. ¿Quien es el vastago de la mutabilidad? ¿Por que Dylan quiere escapar de la biblioteca? ¿Es el ritual del aquelarre un sueño? ¿Por que dice que Dyaln se desperto empapado en sudor? ¿Estaba observando al aquelarre telepaticamente desde la mente de una de las victimas? ¿Que es un hexen? ¿Quien es la nube oscura que le habla a Dylan? ¿Como llegan hasta esa dimension onirica o lo que sea? ¿Quien es el monstruo del principio? ¿Que es la nube roja? Si al final los malos son los compañeros de Dylan, ¿siguieron dandole caza a las brujas? ¿Que es la piedra esa que protege a los aldeanos de la niebla?
El relato me parecio innecesariamente confuso. Le doy un 6.
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#8
Oh, wow! Y esto con qué se come? Bueno... no importa, a hincarle el diente!


Aspectos técnicos: un relato que en lineas generales tiene este apartado bastante correcto ya que no encontré cosas que me distrajeran de la lectura. Teniendo en cuenta como inicia y como se desarrolla, es de agradecer porque el relato requiere de toda la atención del lector.

Aspectos estructurales: aqui siento que hay un punto flojo. Si lo tomo como una totalidad, tiene un principio extenso y un nuedo interesante, pero la resolución nunca llega puesto que se abre y se abre. Si lo tomo como parte d eun mundo mas grande, tambien corre una suerte aprecida porque no hay remate en sí mismo, la estructura de base es insuficiente para contener el universo que quieres contarnos.

Aspectos argumentales: tienes unos elementos muy interesantes entre manos, unas descripciones muy poderosas y un inicio potente y atrapaante, desarrollas bien la trama despertando interés, pero luego lo novedoso comienza a convertirse en enredado y las preguntas surgen sin dar lugar a las respuestas.

Perosnajes: el que vendría a ser el protagonista destaca en contraposicion al univeso que recorre, pero no temirno d eenlzar con él mas que nada porque no termino de precisar el escenario en el que transcurren los eventos.

Lo mejor: los elementos potenciales de este relato.
Lo que debe mejorar: orden en espacio y tiempo, abrir puntas y cerrarlas, yo no sé si es que las 3000 fueron pocas (que para ciertas cosas lo son), pero tengo la sensacion que puedes mejorarlo muchicimo y eres capaz de resolverlo.

Conclusión: un relato que tiene todo pero que su popia riqueza lo desborda. No te desanimes!!

Suerte el reto!
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

Responder
#9
Se nota una buena pluma ahi, y muy buenas ideas... pero imagino que esto forma parte de una obra mayor que andaras escribiendo. Tal vez podrias haber hecho una 'version corta' que tuviera un final, porque nos has dejado a todos con mil preguntas... Big Grin
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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#10
Lo positivo:
- La pluma es buena, fluida, tiene ritmo y no aburre.
- Las imagenes, intensas e intrigantes.
- La riqueza del contexto que presenta.
- La intriga que el relato va generando a lo largo de las distintas escenas.

Lo negativo:
- Es un prólogo o algo similar, no funciona como cuento.
- Hay partes muy confusas, que no se entiende lo que está pasando, sobre todo a partir de que es traicionado. No se sabe qué es sueño y qué es realidad, o ambos.
- El final es demasiado abierto.
- Demasiadas referencias a cosas que nunca se explican.
- Por momentos la voz del narrador se mezcla con la del protagonista, quitándole la elegancia que tiene el resto del texto.

En fin, muy buena técnica e ideas, pero me da que es un trailer de un libro más que un cuento.

[Imagen: dpngrs.jpg]
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