Este foro usa cookies
Este foro hace uso de cookies para almacenar su información de inicio de sesión si está registrado, y su última visita si no lo está. Las cookies son pequeños documentos de texto almacenados en su computadora; las cookies establecidas por este foro solo se pueden usar en este sitio web y no representan ningún riesgo de seguridad. Las cookies en este foro también rastrean los temas específicos que ha leído y la última vez que los leyó. Por favor, confirme si acepta o rechaza el establecimiento de estas cookies.

Se almacenará una cookie en su navegador, independientemente de su elección, para evitar que le vuelvan a hacer esta pregunta. Podrá cambiar la configuración de sus cookies en cualquier momento utilizando el enlace en el pie de página.

Calificación:
  • 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
Reto Brujería I: Los Viseras Verdes
#1
—¡Que sí, que es cierto!
Manu me miraba como si fuera idiota o algo. Le arrebaté su estúpido libro de las manos y empecé a hojearlo. Estaba harto de que me hablara como si fuera un alumno de segundo. Ya estaba en quinto, sólo un año menos que él. Y, además, sacaba mucho mejores notas de las que él nunca sacó.
—Esto es una chorrada —le dije—. Las brujas no existen.
—¿Ah, no?
Manu se levantó de la litera y recuperó su libro. Era un chaval grande y fuerte, aunque sólo un poco más grande y fuerte que yo. Le podía ganar al fútbol y, aunque nunca nos peleamos, estoy seguro de que le haría pensárselo dos veces.
—Yo las vi en el peñasco de La Claruta hace dos años. Escapé por muy poco.
—¡No es verdad! —grité.
Siempre hacía lo mismo. Se inventaba tonterías para darnos miedo por la noche. A Migui y a Pablo podía asustarlos fácilmente porque todavía iban en tercero. Y creo que el pelirrojo se hacía el asustado sólo para complacerlo. Yo era el único lo suficientemente listo para no hacer caso de sus chorradas.
—Los de 5ºB no tenéis ni idea de nada. Por eso perdisteis en el campeonato de fútbol —dijo mirando al resto, aguardando sus risas.
Y por supuesto, se rieron. Eran unos pelotas idiotas. Especialmente Sergio, que siempre le regalaba sus chapas de Dragon Ball Z.
—¡No se las des, tonto! —le había gritado una vez en el recreo—. ¡¿Sabes lo difícil que es conseguir a Goku Super Saiyan 3?!
Sergio agachaba la cabeza como un perro apaleado.
—Pero dicen que si lo hago me dejarán ser de los Viseras Rojas en la acampada de verano.
La escuela organizaba una acampada todos los veranos al monte La Claruta. Había cuatro grupos: los Viseras Verdes, los Viseras Azules, los Viseras Amarillas, y los Viseras Rojas. A Manu y sus amigos les tocó ser los Viseras Rojas ese año y, como eran de sexto, tenían que reclutar al resto. Todos los de mi clase querían unírseles. Los que no podían unirse a los Viseras Rojas, se unían a los Amarillos o Azules, que eran donde estaban Ernesto y El Garbancero. Yo me uní a los Verdes. También dibujé un corte de manga en la puerta de los Viseras Rojas con spray.  
—¡¿Quién fue el hijo de puta?! — gritó Manu el primer día de la acampada, al verlo- ¡Bah, da igual! Diremos que fuimos nosotros. Es un mensaje para todos los que no son parte de los Viseras Rojas.
“Será hijo de puta”.
Había cogido mi insulto y le había dado la vuelta. Me miró durante más tiempo que al resto, como dando a entender que sabía que había sido yo. Lo ignoré y me hice el desentendido, y él sonrió. Horas después, lamenté no haberle dicho nada.
Y luego empezó a rayar con el tema de las brujas. No lo tragaba más.
Empezó a la segunda semana de la acampada, mientras jugábamos con las chapas en los barracones. Vino con ese estúpido libro que había sacado de a saber dónde, enseñándonos dibujos de bichos feos y con brazos alargados que, según él, eran las brujas de La Claruta.
—Son las brujas centinela. Viven en el peñasco y hacen sacrificios rituales a la luna al pie el menhir que hay en la cima. Sacrifican cualquier cosa que pueden encontrar, pero lo que más les gusta es despedazar hombres. A la luna le encanta la sangre humana.
—¡Venga ya! — dije—. Si eso fuera cierto, ¿cómo es que nadie lo ha denunciado?
—Ya lo demandaron muchas veces —dijo Manu, haciéndose el entendido—, pero el gobierno no quiere que nadie lo sepa. Yo soy uno de los pocos que saben la verdad.
—Sí, y tu padre es mi prima también.
—¿De qué vas, chaval? Ándate con ojo que yo aquí soy el que está a cargo de todos vosotros —gruñó.
Yo me reí.
—Te apuesto lo que quieras a que soy capaz de ir al peñasco a la noche, cuando sea luna llena, y pegar mi visera verde encima del menhir.
Todos se quedaron callados.
—No deberías jugar con esas cosas —dijo Manu, pero de pronto sus amigos se le adelantaron.
—Muy bien. Ya que eres tan valiente, ¿por qué no vas mañana, que es luna llena? —dijo el Garbancero.
—Sí, venga —lo animó Ernesto, mirándome desafiante.
—No vayas —me advirtió Manu—. No tienes lo que hay que tener.
Aquello fue suficiente.
—Pues iré —dije—. Ya veréis la cara que se os queda.  

***

A pesar de haber luna llena, la noche era oscura como si una bruma negra cubriera el bosque y mi linterna apenas me dejaba ver unos pocos pasos al frente. Por suerte, me conocía el camino al peñasco de memoria de tanto jugar al escondite, pero aún así, debo reconocer que el sitio me ponía un poco nervioso. Nunca había estado allí de noche.
Me llevó una hora bordear la elevación rocosa bajo la que se asentaba el campamento, siempre zigzagueando entre pinos y eucaliptos. El camino no estaba muy bien cuidado y la maleza creaba un laberinto de sombras y formas en la oscuridad. Todo aquello a mi alrededor que la linterna no lograba iluminar me parecían garras, arañas, o manos esqueléticas. Me tuve que recordar en más de una ocasión que sólo eran ramas. Sólo ramas.  
El sonido de agua cayendo me reveló que había llegado al arroyo. Un árbol caído nos servía como puente, así que me aproximé. Ya iba a mitad de camino sin ningún problema, cuando de pronto oí algo chapoteando en el agua, como si fueran pasos. El estómago se me hizo un nudo y me giré precipitadamente para iluminarlo, pero tropecé y caí de espaldas al agua. Me sacudí torpemente, tratando de ponerme en pie. Los pasos se hicieron más fuertes, como si aquella cosa hubiese empezado a correr; no sabía si de mí o hacia mí. Salí del arroyo rápidamente, cogí una piedra, y apunté la linterna hacia el origen de los pasos. Si era Manu o alguno de sus amigos tratando de asustarme, se iba a llevar una buena pedrada en la cabeza.
Pero allí ya no había nadie. Seguramente sólo fue un zorro, o quizás un ciervo. Lo cierto es que empezaba a plantearme volver al campamento. No que tuviera miedo de las brujas; ya sabía que eso no eran más que estupideces inventadas por Manu. Pero, ¿y si había algo más en aquellos bosques? Quizás algún animal salvaje, como un oso o un jabalí. O quizás algún asesino en serie de estos que entierran sus cadáveres en la espesura. Fue una insensatez salir sólo por la noche. Además, me había empapado todo e igual pillaba un resfriado si no me cambiaba la ropa.
Estaba a punto de dar media vuelta y cruzar el tronco en sentido opuesto, cuando entonces me imaginé a los Viseras Rojas y a Manu riéndose de mí al día siguiente, al ver que no había tenido agallas para poner la visera en la cima del peñasco. “Los de 5ºB mucho hablar, pero luego no tenéis pelotas”. La sola idea me ponía de mal humor, lo cual actuaba como un remedio para el mie… para los nervios. Ahora que ya había llegado hasta allí, solo me quedaba un cuarto de kilómetro para alcanzar el peñasco. Si no fuese por la oscuridad y por la espesura de los pinos, seguro que podría verlo. Iría allí muy rápido, dejaría la visera, y volvería al campamento cagando leches. Pan comido. Sólo un crío se asustaría de eso.
Cuando la linterna iluminó la señal que ponía “Peñasco de La Claruta. Prohibido pasar”, noté cómo el haz de luz titilaba.
—Mierda —dije en voz alta—, le debió de entrar agua antes.
Salté la alambrada y empecé a subir por el sendero que iba en espiral hasta la cima. A los lados podía ver los restos desenterrados de los castros celtas. La mayoría eran círculos de piedra que antiguamente habían sido chozas, según nos explicó la profesora de sociales. No entendía por qué estaba prohibido entrar. Tengo visto otros castros en excusiones de clase, y aquél no era muy diferente del resto; con la excepción de que estaba en la cima de un peñasco. Seguramente por las ventajas estratégicas, pues la mayoría de castros se erigían en la cima de montañas o en penínsulas, pero aun así, me seguía resultando extraño que los antiguos celtas construyeran sus casas en un sitio tan escapado. ¿Tan desesperados estaban por protegerse? No me imaginaba cómo debía ser vivir allí.
Cuando ya iba a mitad de camino me encontré con dos salientes rocosos a cada lado del sendero. Al principio me llevé un gran susto porque noté por el rabillo del ojo dos formas oscuras sobre cada uno; las iluminé rápidamente con mi linterna, revelando únicamente sendas piedras talladas. “Gárgolas prehistóricas”, pensé. Alcé la linterna para apreciar mejor su forma, pero entonces la luz se extinguió. La agité y le di golpes para ver si volvía en sí, pero ya era muy tarde. El agua había dañado sus circuitos internos.
Por suerte, conseguí ascender el peñasco lo suficiente como para haber dejado atrás los pinos. Sólo maleza y hierba cubría aquella zona, despejando el cielo lo suficiente para que la luna y las estrellas dieran algo de luz. Todavía me resultaba difícil ver, pero al menos no era una oscuridad absoluta. Continué mi camino.
Sentí un gran alivio cuando llegué a la cima. Lo había logrado. Ahora era cuestión de dejar la visera sobre el menhir, pegarla bien con cinta adhesiva, y volver sobre mis pasos. Ya casi podía imaginarme la cara de Manu y los otros idiotas al verla, y cómo los Viseras Rojas parecerían unos niñatos a lado de los Verdes. Unos cagones que se quedaron en el campamento en vez de venir al peñasco. No había corte de manga que se le igualara.
Saqué la cinta adhesiva y me precipité a tientas hacia el menhir, cuando de pronto noté una roca extrañamente plana a mi derecha. En los castros no era habitual encontrar piedras tan pulidas. Tenía algo grabado, así que me incliné y, con la escasa luz de la luna, traté de distinguir de qué se trataba. Era arte rupestre, sin lugar a dudas. Pude observar tres formas: una era de color rojo y parecía una persona, o una persona partida a la mitad, al menos; con aquellos dibujos tan toscos era difícil adivinar. Los otros dos dibujos eran de color negro y simétricos: uno mirando al otro, y en el medio el hombre partido en dos. Las figuras negras parecían hombres también, pero mucho más grandes que el del medio. Y tenían brazos largos, más largos que sus cuerpos, de dedos largos como arañas. Me fijé que los dedos parecían tocar al hombre rojo. Como si lo estuviesen… ¿despedazando?
El dibujo me dio mala espina, así que me levanté y me aproximé al menhir. Y entonces me di cuenta.
El frío más intenso que sentí en mi vida me bajó por la espalda, y me quedé sin aire en los pulmones, como si me estuvieran asfixiando. El estómago se me encogió tan intensamente que sentí como si me lo hubieran colgado de un gancho, y las piernas temblaban como porcelana. Sentí algo húmedo bajarme por los pantalones, pero no pude inclinar la cabeza para ver. Estaba petrificado, con el corazón a punto de explotarme en el pecho, y mientras escuchaba esos pasos acercarse, sólo podía pensar una cosa: no eran gárgolas prehistóricas.
Aquellas cosas parecían reptar a mi espalda. No eran pasos humanos, sino más arrítmicos, como los de algo con las patas demasiado deformes para moverse con fluidez. Las lágrimas me bajaban por las mejillas sin que me diera siquiera cuenta, y en mi cabeza no paraba de gritarme que me moviera, que corriera. Que gritara.
Pero no era capaz. Me quedé allí, totalmente inmóvil mientras aquellas criaturas se acercaban lentamente, una por la derecha, otra por la izquierda. Estaban a punto de poner sus largas manos de largos dedos sobre mí.
—¡Cabeza de chorlito, corre!
Una piedra me dio en la nuca. Oí a las criaturas detenerse, y entonces volví en mí. Sin molestarme en mirar atrás, empecé a correr con la velocidad que años de jugar al fútbol me brindaron. No pensé siquiera en hacia dónde corría; delante de mí tenía el menhir, y después el vacío. No me importaba. Corrí y corrí hasta que mis pies dieron con la nada y caí cuesta abajo, golpeándome con tojos y zarzas mientras rodaba.
Golpes, arañazos, sacudidas; el mundo se volvió del revés un centenar de veces, y entonces al fin me paré. Había terminado al pie del peñasco, sobre un nido de piñones y hojas. El dolor que sentí en la espalda y los tobillos fue tremendo, pero conseguí ponerme en pie torpemente. Alcé la mirada hacia la cima de la que me precipité.
Vi dos sombras deformes devolviéndome la mirada bajo la luz de la luna y extendiendo unos brazos el doble de largos que sus cuerpos. Eran de color gris pardo y estaban tan cubiertas de costras y musgo que no me sorprendió que las hubiera confundido con rocas. De pronto, desaparecieron de mi vista. La caza no había terminado. Me di la vuelta y corrí.
La oscuridad era tan densa que durante todo el camino hasta el arroyo fui chocando con eucaliptos, tocones y helechos. En dos ocasiones caí por una ladera. De alguna forma trastabillé hasta el tronco que servía de puente, cuando de pronto algo me agarró por la camiseta.
—¡Aquí estás, tonto’l culo! Sabía que tarde o temprano aparecerías por aquí.
Miré a Manu a los ojos. Encendió una linterna y me apuntó con ella.
—¡Te dije que no vinieras aquí! Menos mal que conozco este bosque y sé cómo deshacerme de ellas.
Me zafé de él.
—¡Déjame en paz, idiota! —grité sin apenas aliento. Me costaba trabajo respirar, y no era por el cansancio. Me dirigí al tronco.
—Por ahí no, tonto. Ya te dije que conseguí escapar de ellas hace dos años. Hay un camino bajo tierra donde no pued…
—¡Déjame en paz de una vez!
Estaba harto de sus cuentos y de que me tratara como si fuera de segundo. Ya había tenido bastante de Manu por aquella noche, sólo quería volver al campamento.
—Ellas son más rápidas, no tenemos tiempo par…, ¡eh, espera!
Ya me estaba subiendo al tronco.
—¡Espera! —gritó Manu. Hice como si no lo oyera—. ¿Por qué tienes que ser siempre así?
—¡Porque eres un capullo! —le espeté.
—¿Un capullo yo? No, tú eres el capullo.
—No, tú lo eres. Siempre te estás burlando de mí y actuando como si lo supieras todo. Déjame en paz ya, no quiero saber más de ti ni de los Viseras Rojas.
No me había dado cuenta de que estaba llorando.
—Tú eres el que actúa como si lo supiera todo. Yo soy mayor que tú, sólo trato de imponer respeto. Oye, ¡espérate, te he dicho!
Yo ya estaba gateando por el tronco, tratando de ponerme en pie.
—¡De acuerdo, de acuerdo! Tú ganas. Traje esto por si acaso.
Me volví hacia él. Del bolsillo se sacó un trozo de lana. Lo sacudió contra su muslo para sacarle el polvo, lo desenvolvió, y se lo puso en la cabeza. La garganta se me hizo un nudo y traté de no llorar. Era una visera verde.
—Venga, vamos —dijo.
Asentí, bajé del tronco, y lo seguí.
Corrimos tras la luz de la linterna durante un tiempo, mirando por encima de nuestro hombro cada dos pasos. No podíamos oírlas ni verlas, pero sabíamos que las brujas nos pisaban los talones. La oscuridad era más densa que nunca y no se oía ningún otro sonido en el bosque aparte de nuestras pisadas y nuestro aliento. Era como si estuviéramos dentro de un sueño, o mejor dicho, una pesadilla.
—Es aquí —dijo Manu, señalándome la entrada de un túmulo—. Es un atajo a través de la elevación rocosa. Deberías llegar al campamento en cuestión de minutos.
—¿Y tú?
—Yo las distraeré un rato y luego volveré, no te preocupes.
Me dio una palmadita en el hombro y se dio la vuelta.
—¡Espera! —grité. Me moría de ganas por preguntárselo—. Eras tú el que me estaba siguiendo cuando oí ruidos en el arroyo. ¿Por qué has venido?
Manu sonrió. No parecía un crío.
—Porque soy de 6º. Yo estoy al cargo de vosotros, chaval.  
Y se perdió en la espesura.

***

No dormí en toda la noche. Cuando llegué al campamento di la alarma. Desperté a todos los monitores y a todos los profesores. Traté de contarles la historia de las brujas, pero no me hicieron caso. Luego les dije que Manu todavía no había vuelto, y cuando encontraron su litera vacía, al fin decidieron prestarme atención. Les indiqué la salida del túnel, y allí lo estuvimos esperando hasta el amanecer. No volvió.
Aquella misma mañana llegó la policía y se organizó una expedición de búsqueda. Los alumnos volveríamos a casa aquella misma tarde. Hicimos las maletas y nos subimos a los autobuses. Todos me hacían preguntas y me pedían explicaciones, pero no respondí a nadie. No podía evitar pensar en Manu, y en si las brujas lo habían atrapado o no. Todo parecía indicar que sí, pero todavía me aferraba a una última esperanza de verlo aparecer con su sonrisa petulante.
Mientras el autobús atravesaba el bosque, yo miraba en todas direcciones. De pronto, giró sobre una colina, revelando el peñasco de La Claruta a no mucha distancia. Lo miré atemorizado, pero entonces noté algo peculiar. A medida que el autobús se acercaba, una sonrisa cada vez más ancha se me formaba en el rostro. Allí, en la cima del menhir, atada con cinta adhesiva, estaba la visera verde. Qué hijo de puta. A ver quién lo aguantaba ahora.
Responder
#2
Ah, me ha encantado.
Muy humano, con el tema vertebrador de la relación entre los jóvenes, y con el ámbito brujil como marco ideal y sugerente para una trama de valor, amistad y despecho.
El ego, la responsabilidad y el afán de reconocimiento, así como la simpatía y la torpeza bien intencionada, dan realismo al relato y lo conectan con esos tiempos más sencillos de la vida de cualquier persona, sencillez que tendrá que afrontar, en su crecimiento, unos cuantos terrores más o menos "sobrenaturales".
Y el final, épico y con sorna.

Sin mayores pegas que el deseo de haber sabido más de aquellos "seres-brujos", de que hubieran sido más protagonistas, me despido del relato con un gran sabor de boca.
¡Mucha suerte en el reto!
Angel "Angels can fly because they take themselves lightly." blowfish
"To be educated means to be able to play gracefully with ideas."  
Responder
#3
Buen relato, con mucha intriga que te hace seguir leyendo hasta el final. Lo único que me ha faltado es saber más de ese final, parece que cortas la narración justo cuando se va a descubrir la verdad de las brujas, de los sacrificios, del trasfondo celta del lugar, del paradero de Manu y de cómo se salvó de las brujas (si es que al final se salvó).
Sólo decir algunas correcciones como: "hacen sacrificios rituales a la luna al pie del menhir que hay en la cima"; "los antiguos celtas construyeran sus casas en un sitio tan escarpado".
Poco más. Un saludo.
Responder
#4
El relato esta muy bien, hay intriga y tension que culminan en cierto momento bastante espeluznante, y de cara al final hay un momento bastante emotivo entre el protagonista y su rival. El final es epico y redondo. El problena esta en ciertas cosillas, como que al principio se mencionen ciertos personajes que luego no sirven ningun proposito en la historia. Entiendo que es para dar algo de realismo, pero se hubiera conseguido lo mismo refiriendose a los personajes mediante pronombres o sustantivos comunes, y de esa forma no se rompe la cohesion narrativa. Se satisface mas al lector si las cosas que estableces tienen una funcion relevante. Tambien, el personaje de Manu pareciera que tiene poderes de teletransportacion, al principio salva al protagonista de las brujas y luego esta en el arroyo. La unica explicacion que se da es que conoce muy bien el bosque, pero me parecio flojo. Al final pudiste haber dedicado un breve parrafo a hablar un poco mas de las brujas, para terminar el relato con una mayor sensacion de clausura.
Por el resto, esta genial, muy bien escrito y muy humano, de mis favoritos, le doy un 8.
Responder
#5
Pienso que la historia está bien, con una prosa conseguida y una buena narración.
Y concuerdo con Alerya, a mí también me gustaría que se revelasen un poco los detalles concernientes al desenlace de la historia, pero supongo que el autor habrá preferido mantener cierto grado de ambigüedad con respecto a lo que le pasó a Manu (Aunque final parece indicar que sí llegó a salvarse, eso no queda del todo claro)
¿Cuánto darías por controlar un espacio de tiempo inexistente? Millones de moléculas creando formas de vida de la nada...
Responder
#6
Un relato simple, simpático, que se centra en las típicas actitudes de niños y de como estas pueden meterlos en problemas (especialmente en un bosque con elementos sobrenaturales).
Me dieron gracia los monitores que se quedaron esperando e vez de salir a buscar al chico. Los padres seguro los mataron a la vuelta.
Fue una gran idea la forma de cerrar el cuento con esa imagen de la que tanto hablaron al principio.
"En mis sueños de colegial siempre seríamos dos fugitivos cabalgando a lomos de un libro, dispuestos a escaparse a través de mundos de ficción y sueños de segunda mano."
Responder
#7
Uno de los últimos relatos en ser subido, vamos a ver con que nos encontramos:

Aspectos tecnicos: correcto y bien presentado, no aprecie detalles que quitaran la atención del relato. Se agradece.

Aspectos estructurales: estas dentro de los que considero mas clasicos por ser progresivos y lineales, ordenados. Se aprecia una estructura narrativa solida en donde el relato puede desarrollarse. Bien.

Aspectos argumentales: este relato, al igual que el de "Dentro del huevo" apelan a una cotidianeidad que cautiva, un muy buen giro a eventos "normales" y por lo cual lo dota de un encanto particular. Consideor que has sabido desarrollar muy bien los eventos a grandes rasgos y el resultado e suna historia entretenida con momentos tensos que se disfrutan (¡hiciste que me preocupara por los personajes!).

Personajes: Son tres, MAnu, el prota y las brujas. Cada cual cumple su función y hasta se le da un giro madurativo no muy forzado a Manu. Se agradece la sencillez. Las brujas han sido tan bien caracterizadas al mantenerlas en las brumas y las distancias, que has sabido explotar ese juego. Muy bien.

Lo mejor: el ambiente conseguido, los momentos de tensión cuandoe stá solo en el bosque. Excelente.
Lo que puede mejorar: el principio y el final. No estan mal, pero pueden pulirse. Te han señalado lo de los persoajes secundarios (fijate que no vuelven a aparecer), haria su participacion de otra manera. Y en cuanto al final.... me resultó muy ambiguo, no encontré pistas, o al menos no las capté si es que estan del destino de Manu. Se salvo o no? De eso depende el tono del final del relato. Por el tono entiendo que sí... pero entonces, donde esta? Y si no se salvó... no sé que pensar del protagonista entonces, hubiera preferido que el final sea mas ominoso que relajado y triunfante.

Conclusión: un muy buen relato que he disfrutado de menos a mas, con momentos de tensión interesantes y preocupantes.

Felicitaciones!
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

Responder
#8
Me ha encantado. Lo simple y misterioso y mágico y aventurero todo junto. Me has conquistado pese a las muchas erratas con las que fui tropezando, lo mismo que ese muchacho tropezaba en ese bosque. La magia como algo a descubrir, el horror de la noche junto con las cosas intensas de la infancia, los menires, los celtas las supuestas brujas. Lo que queda librado a la imaginación, lo que no se ve bien pero se insinúa resulta para mí muy efectivo. Muy encantador!! Beer Beer Beer
[Imagen: viipsx.png]

—Nos han embrujado, por eso no sabemos qué es real y qué no — canturreaba el viejo Merloc. Siempre tarareaba la misma canción cuando, borracho y demente, solía azotarme.
Responder
#9
Hay varias preposiciones y determinantes mal puestos, pero por lo demas bien.

El relato es simpático y ameno, y Manu ha resultado ser todo un cabroncete... Big Grin ¡Me ha encantado!







PD: Una advertencia como moderador: parece que editaste el texto como 14h despues de subirlo, en teoria ya no hay una norma que especifique el tiempo, pero es recomendable no dejar pasar mas de 2 o 3h para editarlo una vez subido. Haz los repasos antes, porque lo que si que no se acepta de ninguna manera es editarlo una vez haya un comentario, y dejando un lapso tan largo de tiempo te la juegas. En este caso como nadie comento hasta varios dias despues pues no pasa nada, pero lo dicho, ¡intenta repasar antes de subir! Big Grin
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
Responder
#10
Lo positivo:
- La originalidad de la historia.
- Los momentos de acción a partir de que aparecen las brujas.
- La caracterización de las brujas, no tan típicas, con ese estilo primitivo y de leyenda local.

Lo negativo:
- Los personajes planos, todos chicos insoportables, sin matices. Sus diálogos son insufribles.
- La lentitud antes de llegar a las brujas, con algunas descripciones que podrían obviarse.
- El final confuso.

Si no entendí mal el final, Manu puso la visera para llevarse el crédito de la situación. Así que en teoría aparecería despues. O no. No se entiende nada.

[Imagen: ekzj4sslm6n6fyst8g54vz8auoiiwos02dipj91u...lkwzqi.jpg]
Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)