Este foro usa cookies
Este foro hace uso de cookies para almacenar su información de inicio de sesión si está registrado, y su última visita si no lo está. Las cookies son pequeños documentos de texto almacenados en su computadora; las cookies establecidas por este foro solo se pueden usar en este sitio web y no representan ningún riesgo de seguridad. Las cookies en este foro también rastrean los temas específicos que ha leído y la última vez que los leyó. Por favor, confirme si acepta o rechaza el establecimiento de estas cookies.

Se almacenará una cookie en su navegador, independientemente de su elección, para evitar que le vuelvan a hacer esta pregunta. Podrá cambiar la configuración de sus cookies en cualquier momento utilizando el enlace en el pie de página.

Calificación:
  • 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
[Relato epistolar] Método Bestial
#1
Hola lectores/escritores, espero que este inusual relato les entretenga. Buenos días.
Responder
#2
Método bestial




“Por haber diferentes tipos de verdades, existen diferentes tipos de justicia, y la del Estado, la de la Familia y la del grupo social al que se pertenece, terminan por ser así, las más ciertas.”



Mi nombre es Henry Posdom y nunca he conocido a nadie que le incomode, como a mí, que el presente jurídico de nuestra sociedad albergue siniestras funciones. Todos nosotros; amigos, enemigos, colegas, próceres, familiares, todos, somos preparados y adiestrados para insultar la noción —en el sentido puro— de Justicia. Lo hacemos todos los días; al ocultar información vital en una argumentación, no confesar nuestro rol en casos de dudosa dignidad, tomar chicanas para evitar dar respuestas directas, protegernos contando con alguna falla en códigos legales. ¿Y esto por qué es así? Mi respuesta es la siguiente: porque es el único método que la civilización ha podido concebir para crear un atisbo de aquello que considera como Justicia. En el epicentro de esta llamada Justicia, los acusados, demandantes, testigos, víctimas, victimarios, jueces, jurado, críticos, las normas, las leyes, la aceptación pública, etc, desatamos “la puja”, que, dependiendo de los roles dentro del juicio, resolvemos intentando inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Esta justicia se alcanza con procedimientos que se aproximan a los tecnicismos y el subterfugio, tanto para acusar como para defender. Y esta es la forma en que terminamos de conformar una amalgama poco feliz que identificamos como Justicia.
Teniendo esta visión tan escéptica hacia la integridad jurídica fue como me encontré, hace poco, con los fragmentos de un caso especial, en el baúl de mi abuelo, antiguo abogado de la corte de la ciudad. Creo que decidí darle una mirada porque, a pesar de mi pesadumbre, en el fondo veo que no había abandonado del todo mi anhelo de encontrar un caso que exponga la integridad de nuestro sistema judicial. Sorprendido quedé al encontrar lo que buscaba. Incluso encontrar factores que no había tenido en cuenta, los cuales me han dado la esperanza para creer que la pretensión de integridad en nombre de la Justicia pueda ser desafiada algún día.
La recopilación de documentos que mostraré refieren sobre los ajustes de cuentas por parte de toda una ciudad dirigidos hacia un aristócrata, un lord de sangre real, de apellido Acres. Este noble, oriundo de la ciudad de Armery, además de haber sido rechazado de forma unánime por todo su pueblo, protagonizó en su tiempo numerosos escándalos, algunos más trascendentales para los medios que otros. El hombre tenía una forma muy singular para conducirse. Esto se deja ver en cada una de las acusaciones hechas por las enfurecidas víctimas, que lo llevaron repetidamente ante el jurado de Armery. En cuanto a los casos mismos, son variados, no sólo debido a su ridícula cantidad, sino también en cuanto a los temas sobre los que tratan. Más allá de esto, queda el misterio tras el caso final, del que no profundizaré sin primero haber expuesto los documentos que felizmente desconcertado me llevaron a escribir estas palabras:


Demanda del consejo protector de animales contra William von Acres:
“El consejo protector de animales acordó avanzar con la demanda contra William von Acres por el siguiente motivo: todos sabemos que el Dingo es una especie que habita los bosques cercanos a la ciudad, y su presencia es lo que nos distingue del resto de las provincias. Ser bendecidos con la existencia de una criatura semejante, permite que el mundo cobre sentido. La lucha del ser humano por la igualdad entre las especies, enaltece nuestro inherente estatus de seres superiores obligados de velar por todas las cosas. Es así que la caza que hizo Acres contra el Dingo, exterminando decenas de manadas en todo el bosque, con la excusa de que representan un peligro para los viajeros,  lo creemos incomprobable y una vil estratagema de su parte para continuar ejerciendo un barbárico deporte del que sólo los individuos más retrógrados pueden sentir afinidad”.

Carta del jefe de obreros, John Mirra, para el alcalde de Armery:
“…Le digo, Alcalde, ese creído le faltó el respeto mis  granjeros porque le enfureció que le acusaran de malos tratos. Tenemos derecho a iniciar una protesta, si las condiciones del trabajo no alcanzan a ser dignas. ¡Y no fueron dignas! Los compañeros sufrieron lesiones. Además los echó sin paga. Y en cuanto a que el tipo le contó a usted que los granjeros rompieron cosas en su  campo y  casa, es una total mentira. La quinta fue estropeada por Acres mismo, está loco. Mis colegas no tuvieron nada que ver. Para mí está todo claro. El noblecito cree que por ser el patrón puede hacer lo que quiera, pero nosotros queremos que la justicia intervenga para que se reincorpore a los compañeros despedidos y se les de la remuneración de su sueldo por espacio de seis meses. Es un justo resarcimiento por lo que hizo. Si no se toman medidas inmediatamente, esté seguro que los granjeros de toda la ciudad no trabajaremos el mes que viene.”


Periódico juvenil, “El Grito Permanente”, 12 de Octubre, 1895:
“El noble conocido como William von Acres protagonizó el día de ayer un enfrentamiento en contra de la juventud del pueblo de Armery. Desde esa mañana los jóvenes exigían ante la alcaldía, con carteles, frases y fogatas, que se creara un espacio para ellos en el consejo parlamentario, cuando Acres se presentó en el lugar de la protesta e interrumpió su actividad. Lo hizo sólo, caminado por el medio de la avenida, sin detenerse hasta encontrarse frente al grueso de la multitud. Testigos aseguran que tras observarlos con desidia, el noble comenzó a criticar con dureza los motivos y el accionar de la protesta. Como respuesta, los jóvenes reaccionaron con gritos, cánticos y hasta lanzando objetos contundentes. Algunos transeúntes dicen que, en sus palabras, el viejo lord no dispensó ni un solo insulto, pero tras preguntarle a la otra parte involucrada, estamos seguros que en la retórica del noble, se escondían provocaciones de lo más desagradables. Es cierto que no sabemos quién dice la verdad, pero de lo que sí puede dar fe todo aquel que se encontraba en aquel lugar, es que, seguido a su discurso, el hombre se atrevió a tomar los carteles, banderas y estandartes de la juventud, para arrojarlos con un par de manotazos en las piras de la protesta misma. Eso es represión, señores. Este vandalismo ideológico fue conseguido mientras repetía una y otra vez “pretensiosos sin experiencia”, sin que la decena de personas que se interpuso en su camino pudiera detenerlo—no sabemos de dónde le viene la fuerza—. Tras el escándalo, la gente se fue dispersando y la calma regresó a la plaza. Acres, al parecer ya satisfecho, se retiró entonces del lugar. Su objetivo no fue otro que ahuyentar al grupo juvenil porque no estaba de acuerdo con el proceder de éstos. Semejante despliegue de arrogancia y violencia es tiránico. Daña la confianza de nuestros jóvenes y malogra su deseo de actuar en pos de los nobles intereses por los que luchan. ¡Propongámonos a mandar al exilio a éste represor de nuestra libertad, no bajemos los brazos! La justicia está de nuestro lado. ¡Sigamos adelante!”


Diario “La Gaceta”, diciembre de 1899
“William Von Acres, el infame lord de Armery, desplegó el pasado día violencia sin igual en la esquina de la taberna “El abrazo de oso”. El lord —que ya tuvo en el pasado numerosos encuentros con la Justicia por su comportamiento criminal—, es responsable según testigos y víctimas, de haber dejado inconsciente a siete personas y haberle quebrado la pierna a otro más. Nuestras fuentes nos dicen que el grupo de hombres festejaba el fin de año, cuando Acres se acercó al foco de su festejo, se arremangó la camisa y repartió golpes a diestra y siniestra. La excusa —de las tantas que suelen salir de su boca—, fue que las víctimas habían roto las calles, molestado a transeúntes y robado tiendas de la zona. Hay testigos que apoyan esta declaración, pero si hay algo que nuestra nación condena más que actos vandálicos mismos, es el atrevimiento de tomar acción por mano propia. Y si esto no fuera suficiente, es acertado decir que, hasta que se demuestre lo contrario, todo ciudadano es libre de hacer lo que desee dentro de las normas establecidas, en este caso, festejar.”


Conclusión y veredicto del Honorable Jurado de Armery a cargo del juez Theodore Flannagan; “Asalto, daños y perjuicios, mala imagen”, Caso 385:
“Redondeando. Ron Phillips, Morgan Rybia y Robert Frames fueron las desafortunadas víctimas de un ataque a mano limpia causadas por William von Acres. Posterior examen del doctor Éufrates, se diagnosticó que, por los golpes recibidos, Frames y Rybia estarán imposibilitados de asistir a cualquier tipo de reunión hasta que hayan permanecido por lo menos tres meses en reposo. Frames tiene laceraciones en piernas y pecho, y estuvo en riesgo de perder el brazo derecho producto de sus heridas. Rybia presenta moretones de baja gravedad en el setenta por ciento de su cuerpo pero hace dos semanas que no recupera el conocimiento. En cuanto a Phillips, se le diagnosticaron las siguientes complicaciones: cuatro costillas rotas, fisura en la clavícula izquierda y hombro izquierdo dislocado. De todas formas, demostrando un gran coraje, Phillips aceptó asistir a este honorable juicio para exponer los terribles ataques provocados por el acusado. Su fuerza de voluntad nos conmueve y nos da la pauta de que es un hombre de buena fe. Dada las leyes universales de paz establecidas en nuestro país, provocar hostilidades con un pueblo aliado y vecino, como es el caso de Midtown, significa ir activamente en contra de las leyes más humanitarias regentes en Armery. El jurado está de acuerdo con que el acusado debe ser castigado por su violenta forma de actuar.
Por lo tanto, habiendo sido testigos de la capacidad para la maldad de esta persona anormalmente agresiva, el jurado ha dispuesto lo siguiente: se condena al decimoquinto lord de Armery, William von Acres, a permanecer preso en su residencia por espacio de un año entero, sin posibilidad alguna de salida.”


Investigué por mi mismo los detalles del caso y me sorprendí al conocer que se sabía que tanto Phillips como Rybia eran contrabandistas de opio, con algunos antecedentes criminales de menor jerarquía. Por su parte, Frames, irónicamente, era sospechado de asesinar a un hombre en una pelea callejera, siendo esto algo nunca se llegó a comprobar. El testimonio de Acres, del que lamentablemente no poseo copia, fue que su objetivo era castigar a estos tres hombres, porque según él, sabía que eran los culpables del asesinato de una sobrina lejana suya y que la ley no encontraría las pruebas necesarias para encerrarlos, ya que su cuerpo había sido quemado. Increíblemente, estas acusaciones se desestimaron y de hecho fueron borradas del legajo. Rastreé al nieto de uno de los presentes en el juicio y éste me aseguró por su vida que Acres había hablado de esto.

Una retorica a las trompadas, Diario “La Gaceta”, diciembre de 1901.
“William von Acres, quien no para de ser noticia por las razones equivocadas, antagonizó la pasada semana a un hombre muy querido en nuestra ciudad. Un símbolo de solidaridad, un intelectual de renombre y un campeón de los necesitados. Nos estamos refiriendo nada menos que a Richard Kaufmann, el actual canciller. El último sábado, mientras se desarrollaba una cena de caridad, nuestro defensor de los humildes fue abordado por el infame Acres en el Hotel de lujo, “Trinkets & Baubles”.  Allí insultó y se atrevió a poner en duda la honestidad de Kaufmann ante gente muy importante del ámbito político. Testigos dicen que Acres llamó a Kaufmann “oveja con piel de lobo y otra piel de oveja encima”, y “traje para usted, arpillera para el resto”. Al parecer las provocaciones tuvieron éxito, porque Kaufmann y Acres terminaron por enzarzarse en una discusión a los gritos, tan caldeada, que el baile y la música debieron ser interrumpidos. Tras unos tensos minutos Kaufmann perdió los estribos, tomó un cuchillo del la mesa del senador Gustav Andrem e intentó apuñalar a von Acres varias veces en el pecho. Desde ya aclaramos que el hecho no llegó a volverse una tragedia. El canciller sólo atinó a rasgar la camisa del lord y a dejarle algunos rasguños menores. Sepan entender, señores, que comunicar algo así nos llena de tristeza, sabemos que a ustedes también. Dar la noticia de que un prócer como Kaufmann haya sido llevado a cometer una atrocidad semejante por una provocación artera e injusta frente a tanta gente importante, nos duele en el alma. Estamos seguros de que Acres contaba con que el hombre lo hiriera de gravedad para así poder destruir la reputación de nuestro prócer y desacreditar su imagen en un simple instante. Esperamos que el juez a cargo de la demanda levantada en contra del noble le confiera la pena máxima.”


De este caso sé que la demanda de Kaufmann llegó a la justicia. Era un hombre muy influyente, y creo que no en poca medida, responsable de la condena que le adjudicaron al lord. El artículo omite que Kaufmann era sospechado de quedarse con gran parte del dinero que se donaba a su fundación. Tras dos horas de deliberación, el jurado sentenció a Acres “persona non grata” de la ciudad. Esto lo obligaba a irse de Armery, para siempre. De negarse a cumplir la orden, sería ahorcado en la plaza. El lord se negó y fue encerrado, ese mismo día, en un tercer piso de la prisión de la ciudad hasta que llegara la fecha de su ejecución, que fue dictaminada para tres días más tarde.
Después de todo leído, no me sorprendí al descubrir que Acres rechazó ser exiliado de la ciudad que lo vio nacer. Su vida, aunque tal vez no mesurada, fue intensa y honesta, y eso lo ha llevado, aunque fuera en perjuicio suyo, a exponer fallas inherentes en las leyes y sus aplicaciones. Sin querer extenderme más, es el momento de mostrar un último escrito. La verdadera razón que me impulsó a escribir este extracto.
Existe un hecho en todo este caos jurídico que no puedo comprender. Los reportes dicen que Acres murió en cautiverio antes de llegar a la horca. Sé que esto no fue lo que sucedió. Ahora entenderán por qué. No es que tenga los medios para insinuar algo específico, pero ¿quién sabe hasta qué punto este extraño episodio estaba ligado a la forma directa y excedida que tenía Acres para comportarse?
Henry Posdom

Mensaje para el Juez Rosborough, del comisionado Thornberry:
“Señor, venga a la prisión de inmediato, tenemos un grave problema. Thompson, el guardia asignado, me acaba de informar algo imposible: el prisionero que ingresó hace dos días, el tal von Acres, ha escapado de la celda del tercer piso donde lo teníamos encerrado. Desde ya le digo que no se enoje con nosotros, no tuvimos nada que ver. Es cosa del demonio. Los barrotes de la ventana de su celda están retorcidos y parte de la mampostería ha sido arrancada de la pared. En su lugar ha quedado un hoyo por el que un hombre fácilmente puede pasar. ¿Qué hacemos? Es noche de luna llena, si el noble obtuvo ayuda desde afuera, tenemos una oportunidad de capturar a todos los responsables juntos. Desde ya discúlpeme que haya dispuesto una búsqueda con sabuesos sin su permiso, señoría, pero esta luna llena puede ser nuestra mejor ventaja. Si se le ocurre algo mejor, por favor dígamelo, pues si no atrapamos al lord rápido los dos seremos el hazmerreír de la ciudad. No podría soportarlo. Apúrese, por favor.”


Fin
Responder
#3
Buenas, Pierru, y bienvenido por acá.

Me he leído el relato y me ha parecido escrito de manera amena y fluida. Me ha gustado la idea de ese informe sobre la Justicia y las peripecias de von Acres bajo forma de cartas y artículos de prensa.

Hay algunas frases que no sé si son muy correctas gramaticalmente, como «continuar ejerciendo un barbárico deporte del que sólo los individuos más retrógrados pueden sentir afinidad», donde pondría «por el que» en vez de «del que». Pero vamos, en general la forma del texto está bien.

Lo único que me ha chirriado un poco así y todo es el uso de tantos adjetivos y construcciones subjetivas en los artículos. Bueno, no es que no sea realista, pero el posicionamiento de los medios aquí es muy patente. Existen maneras más discretas de condenar mediáticamente a una persona. Pero, vamos, no es ningún fallo.

En general, me lo he pasado bien leyendo el relato y da ganas de que la historia continúe y se conozca más sobre el lord, el Henry Posdom y la ciudad.

Saludos!
Responder
#4
Muchas gracias por pasarte y comentar, kaoseto. Comparto tu opinion sobre la difamación mediática. En los próximos relatos, si llego a incorporar un recurso así, intentaré no hacerlo tan evidente. Me alegro que te haya parecido ameno, a pesar de la cantidad de palabras no tan usuales. ¿Quieres saber más sobre Henry, Acres y la ciudad? Tal vez desarrolle otras historias con ellos. Desde ya, eres lo más. Saludos.
Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)