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[Relato corto] El rostro que olvidó Neria.
#1
Hola gente!

Les dejo este relato que se desprende de otro anterior, mucho más viejo y que debo corregir. Este relato que les dejo aquí debiera tener continuidad en la trama. Tal vez se pueda continuar si me pongo las pilas. Gracias por pasar y leer. Saludos.




El rostro que olvidó Neria.
 
  Una voz se escuchaba como en un eco a lo lejos. Si no le fallaba la memoria, creía estar en el campo donde había crecido de pequeña. Todo lo veía como si fuera un ventanal que en sus bordes estuviera empañado. Podía sentir el viento que le acariciaba y le envolvía suave sus cabellos, que los llevaba en una cola trenzada. El cielo estaba con unas cuantas nubes, a pesar de ello, estaba casi despejado y radiante.
  Allí junto a ella estaba Pericles, su perro, que la seguía a todos lados como una estatua.
  —Hola Pericles. ¡Mi bebé! Déjame que te abrase… —. Pero Pericles vio algo a lo lejos. Giro la cabeza, se puso atento y salió disparado hacia adelante con un ladrido de advertencia
  —¡Pericles! Dale un abrazo a tu Neria. ¡Pericles! —dijo Neria frustrada mientras comenzaba despacio a perseguir a Pericles por el corto pastizal del campo mientras olía el verde de la montaña y esa fragancia a leña de castaño seca ya humeando en alguna chimenea, que no estaba en ninguna parte.
   —¡Perro malo, ven! ¡Ja! ¡Ja! ven —. Mientras echaba a correr, se sentía viva y reía después de mucho tiempo que no se recordaba así. Ya y cuando perdió de vista a Pericles escuchó de nuevo aquella voz como lejana, susurrante:
  —¡Neeeri! ¡Neeeria!
  —¡Neria! ¿Neria dónde estas? —. Ahora sí era más nítido aquel sonido. Era… ¡Su madre!, era Sare su  madre.
  —¿Es mamá? ¿Sare? ¿Mami? —. Neria abandonó la persecución de Pericles, giró bruscamente y comenzó a divisar a lo lejos el techo de la casa de su infancia con sus características lajas de piedra; grises, verduscas. Estaba siempre detrás de esa loma. El pequeño bosquecillo a los costados y el gran cordón montañoso de las Ordores detrás, coronando la escena. Allí estaba la empalizada que la recordaba, tal cual como era su casa por aquel entonces, con el camino de piedras que guiaba. El corazón le latía con fuerza, estaba emocionada, las lágrimas comenzaron a salir rápidamente.
  —Mami, ya estoy aquí mami. ¿Sare? ¡Ya voy mami!
  Imprevistamente y sin razón alguna las nubes formaron unos cúmulos de un gris impenetrables a los ojos y tomaron por asalto el paisaje transformando una postal del más intimo recuerdo de Neria en una pesadilla ajena.
  —¡Neriiii Ayudameeeee! —. Como un mal hechizo en sus oídos, Neria, aumentó el paso en su carrera y sin preámbulos apareció dentro de su casa junto a la pequeña cocina.
  —¡Maaaa!
  Por un instante todo cobró sentido en su cabeza; Sare estaba muerta. ¡Muerta! Ya no acudiría más a su cálido regazo, su dulce voz era un recuerdo mal armado por un turbión sin hojas que sacudía el viento. ¿Y su rostro? ¿Ya no recordaba su rostro?
  Una extraña figura sin cara, que tenía la forma y el aspecto de Sare estaba parada al costado del hogar crepitante.
  —¡Tu no eres Sare!¡Sareeeeeee! —. Su grito transformó la escena, súbitamente,  en una negritud absoluta… el eco de su voz se coló entre sus venas desencadenando un espantoso dolor de cabeza.
  —¡Mami! —dijo mientras se tomaba con ambas manos la cabeza. ¡Un estallido dentro de su cabeza! El dolor era inacabable. Trató de abrir los ojos. Sabía para sí que lo vivido anteriormente, habría sido sólo un mal sueño, pero no estaba segura si había despertado de esa pesadilla. Sentía la humedad en sus mejillas, síntoma de que habría estado llorando.
  Intento ponerse de pie pero un mareo le puso de rodillas. Nuevamente se postró al suelo. ¿Sus ojos funcionaban todavía? Todo era oscuridad y el aire estaba enrarecido como si no pudiese respirar con normalidad. A su alrededor solo oscuridad. Trató de adaptar su visión a aquella negritud pero solo había manchas negras con diferentes tonos de opacos que no eran más que difusos espasmos de los ojos en el vacío. ¿Dónde demonios estaba? ¿Y qué hacía en ese lugar? Sin más, y por instinto comenzó a tantear con las manos todo cuanto la rodeaba. Palpaba una textura de rocas entremezcladas con partes de tierra húmeda. ¿Era una cueva?. Si! una especie de cueva. Concluyó. Pero que hacia en una sucia cueva, si estaba en la ciudad de Zet, no hace mucho cuando…Y entonces, con los ojos como platos, tratando de sentarse bruscamente, recordó:
  Rememoró horrorizada a un ser espantoso y siniestro parecido a un gnomo o duende que la había secuestrado; la había llevado a esa cueva mediante un truco de historia de fogón  barato, contado por los abuelos para asustar a los niños.
  — ¡Ahgg! —pegó un grito de susto cuando algún tipo de alimaña de muchas patas caminaba por su brazo derecho provocando la natural reacción de su cuerpo que en espasmódicas sacudidas, intentaba quitarse esa cosa. De repente su cabeza golpeó torpemente con una roca, que se encontraba por encima de ella, recordándole que un dolor extraño todavía le hacía palpitar las venas de su cien y ahora empeoraría.
  Allí en posición fetal estaba Neria vencida, aturdida. Sin poder evitarlo más, se escuchó en la profunda oscuridad de una cueva remota en alguna parte desconocida, el lamento de una niña sola.
  —¡Sareee! No te vayas ¡No me dejes! ¡ Mamiiiiii! —. Y ya no importaba el dolor físico. Las lágrimas brotaron de la oscuridad por un rostro que no lograba recordar.
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#2
Abrace, no "abrase". Quedaría mejor "era Sare, su madre" o "su madre era Sare" que "era Sare su madre". Es raro que a veces la llame Mami y a veces Sare. Se agradecería más descripción en la visión de Sare diciendo "Neri ayudameeee".

El relato en sí, da mucho "yuyu" y pena por Neri.
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#3
La historia parece interesante y dan ganas de saber más; lo que pasa es que creo que falta un poco en esa atmósfera para que realmente llegue a causar terror o angustia...

Te dejo una pequeña corrección:

  Una voz se escuchaba como en un eco a lo lejos. Si no le fallaba la memoria, creía estar en el campo donde había crecido de pequeña. Todo lo veía como si fuera [quedaría mejor un a través de aquí] un ventanal que en sus bordes estuviera empañado. Podía sentir el viento que le acariciaba y le envolvía suave sus cabellos, que los llevaba en una cola trenzada. El cielo estaba con unas cuantas nubes, a pesar de ello, estaba casi despejado y radiante. [tal vez construyéndolo al revés: El cielo estaba casi despejado, tan solo unas cuantas nubes [...] o algo así sonaría un poco mejor]
  Allí junto a ella estaba Pericles, su perro, que la seguía a todos lados como una estatua. [¿? Eso es contradictorio, cuando se dice que alguien o algo es como una estatua se refiere a lo quieto que está, pero dices que la seguía...]
  —Hola Pericles. ¡Mi bebé! Déjame que te abrace… —. Pero Pericles vio algo a lo lejos. Giró la cabeza, se puso atento y salió disparado hacia adelante con un ladrido de advertencia
  » [como el diálogo sigue siendo de Neria, en lugar de usar raya usa la comilla de cierre. Aunque en realidad esto se hace cuando el diálogo es muy largo, en los casos en los que haces esto deberías ponerlo todo como uno sólo]¡Pericles! Dale un abrazo a tu Neria. ¡Pericles! —dijo Neria [acabas de decir en el diálogo que es ella] frustrada mientras comenzaba despacio a perseguir a Pericles por el corto pastizal del campo mientras olía el verde de la montaña y esa fragancia a leña de castaño seca ya humeando en alguna chimenea, que no estaba en ninguna parte. 
   »¡Perro malo, ven! ¡Ja! ¡Ja! ven —. Mientras echaba a correr, se sentía viva y reía después de mucho tiempo que no se recordaba así. Ya y cuando [esta expresión me suena extraña] perdió de vista a Pericles escuchó de nuevo aquella voz como lejana, susurrante:
  —¡Neeeri! ¡Neeeria!
  »¡Neria! ¿Neria dónde estas? Ahora sí era más nítido aquel sonido. Era… ¡Su madre!, era Sare su madre. [sonaría mejor como era su madre Sare]
  —¿Es mamá? ¿Sare? ¿Mami? Neria abandonó la persecución de Pericles, giró bruscamente y comenzó a divisar a lo lejos el techo de la casa de su infancia con sus características lajas de piedra; grises, verduscas. [¿grises o verduscas? si son ambas cosas falta un y] Estaba siempre detrás de esa loma. El pequeño bosquecillo a los costados y el gran cordón montañoso de las Ordores detrás, coronando la escena. Allí estaba la empalizada que la recordaba [o ese la sobra o tendría que se un le], tal cual como era su casa por aquel entonces, con el camino de piedras que guiaba. El corazón le latía con fuerza, estaba emocionada, las lágrimas comenzaron a salir rápidamente. 
  —Mami, ya estoy aquí mami. ¿Sare? ¡Ya voy mami!
  Imprevistamente y sin razón alguna las nubes formaron unos cúmulos de un gris impenetrables [sin la s, impenetrable hace de adjetivo a gris, para que haga de adjetivo a cúmulos tienen que ser grises y no de un gris] a los ojos y tomaron por asalto el paisaje transformando una postal del más intimo recuerdo de Neria en una pesadilla ajena. 
  —¡Neriiii Ayúdameeeee! Como un mal hechizo en sus oídos, Neria, aumentó el paso en su carrera y sin preámbulos apareció dentro de su casa junto a la pequeña cocina. 
  —¡Maaaa! 
  Por un instante todo cobró sentido en su cabeza; Sare estaba muerta. ¡Muerta! Ya no acudiría más a su cálido regazo, su dulce voz era un recuerdo mal armado por un turbión sin hojas que sacudía el viento. ¿Y su rostro? ¿Ya no recordaba su rostro?
  Una extraña figura sin cara, que tenía la forma y el aspecto de Sare estaba parada al costado del hogar crepitante. 
  —¡Tú no eres Sare! ¡Sareeeeeee! Su grito transformó la escena, súbitamente, en una negritud absoluta… el eco de su voz se coló entre sus venas desencadenando un espantoso dolor de cabeza.
  »¡Mami! —dijo [¿gritó? ¿exclamó?] mientras se tomaba con ambas manos la cabeza. ¡Un estallido dentro de su cabeza! El dolor era inacabable. Trató de abrir los ojos. Sabía para sí que lo vivido anteriormente, habría sido sólo un mal sueño, pero no estaba segura si había despertado de esa pesadilla. Sentía la humedad en sus mejillas, síntoma de que habría estado llorando. 
  Intentó ponerse de pie pero un mareo le puso de rodillas. Nuevamente se postró al [en el] suelo. ¿Sus ojos funcionaban todavía? Todo era oscuridad y el aire estaba enrarecido como si no pudiese respirar con normalidad. A su alrededor solo oscuridad. Trató de adaptar su visión a aquella negritud pero solo había manchas negras con diferentes tonos de opacos que no eran más que difusos espasmos de los ojos en el vacío. ¿Dónde demonios estaba? ¿Y qué hacía en ese lugar? Sin más, y por instinto comenzó a tantear con las manos todo cuanto la rodeaba. Palpaba una textura de rocas entremezcladas con partes de tierra húmeda. ¿Era una cueva?.[sobra el punto] ¡Sí! una especie de cueva. Concluyó. ¿Pero qué hacia en una sucia cueva?, si estaba en la ciudad de Zet, no hace mucho cuando…Y entonces, con los ojos como platos, tratando de sentarse bruscamente, recordó:
  Rememoró horrorizada a un ser espantoso y siniestro parecido a un gnomo o duende [no deberías usar conceptos tan genéricos como estos cuando existen tantas variantes para esas ideas] que la había secuestrado; la había llevado a esa cueva mediante un truco de historia de fogón barato, contado por los abuelos para asustar a los niños. 
  — ¡Ahgg! —Pegó un grito de susto cuando algún tipo de alimaña de muchas patas caminaba por su brazo derecho provocando la natural reacción de su cuerpo que en espasmódicas sacudidas, intentaba quitarse esa cosa. De repente su cabeza golpeó torpemente con una roca, que se encontraba por encima de ella, recordándole que un dolor extraño todavía le hacía palpitar las venas de su sien y ahora empeoraría. 
  Allí en posición fetal estaba Neria vencida, aturdida. Sin poder evitarlo más, se escuchó en la profunda oscuridad de una cueva remota en alguna parte desconocida, el lamento de una niña sola.
  —¡Sareee! No te vayas. ¡No me dejes! ¡Mamiiiiii! —Y ya no importaba el dolor físico. Las lágrimas brotaron de la oscuridad por un rostro que no lograba recordar.
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