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[Fantasía/Chicas Mágicas] Las Reinas de Cristal
#21
Me alegra que la estés disfrutando.
Si puedes darme ayuda en como mejorarla, e lo agradecería de por vida. Smile
«No hay nada que ganar, cuando no hay nada que perder» https://discord.gg/4r9TF
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#22
A ratos siento como si leyera el diario de una chica, hay bastantes jejejejeje, y cosas así, se nota que el personaje principal es una adolescente viendo la manera como se comporta, y diera la impresión de que todo girara al rededor de ella, lo cual no es malo, pero da la sensación de que la historia no avanza mucho, siento que hay partes que se alargan mucho, no obstante no digo que sea malo, he leído bestsellers con las mismas características.

Lo que quiero decir es que por favor continúes tu historia, que me ha gustado mucho, estoy leyendo varias ya que necesito enfoques diferentes mientras trabajo en la mía y tu historia me ha abierto un poco los ojos en cuanto desarrollo de personaje.
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#23
Muchísimas gracias por el complemento, @meteorodepegaso . Significa mucho para mí que mi novela llegue a alguien. Toma en cuenta que solo mejorará desde este punto. Solo me faltan tres capítulos más, antes de llegar a la linea de meta. Por ahora, les dejo el cuarto capítulo.



Capítulo 4: Novedades a la vuelta de la esquina. El entrenamiento de magia comienza.

Hoy era el día en que Fabiola empezaba sus clases con Katalina; aún no podía creer que ha pasado un mes desde aquella fiesta en la capital. Solo tomó un mes para que mi vida diera un giro inesperado, y aun así no sabía que quería hacer con mi vida. Me encontraba dentro de la carroza de la familia, sentada en frente, mientras que Geraldo iba sentado atrás. Yo vestía una camisa blanca con chaleco y pantalones rojos; el muchacho vestía una camiseta azul con chaqueta café y pantalones negros.
–Uyyyyyy… ¡Aún no puedo creer que me hayas invitado a conocer a la princesa Fabiola y la duquesa Katalina! ¡Este tiene que ser el mejor día de mi vida! – El joven gritaba esto, revoloteándose de la alegría.
–Compórtate, Geraldo. Te mandé a hablar para que vigilaras a la princesa Fabiola; no para que le andes coqueteando a ella o a la duquesa. – Le decía esto a Geraldo, cruzándome de brazos, mirándole con los ojos entrecerrados. –No has cambiado un poco desde que nos conocimos, ¿sabes? Siempre queriendo coquetearle a las chavas que te parecen atractivas. –
–Perdón, Victoria… No puedo evitarlo. – El muchacho me decía esto, agachando la cabeza, con las manos en su regazo.
–Sabes bien que Saúl va a apuñalar tu cara, si te atreves a acercarle a Fabiola de esa manera, ¿verdad? – Le comentaba esto al muchacho, recordándome un poco más en mi asiento, con las manos detrás de mi nuca.
–Y no es como si yo tuviera mucha suerte, como para que la duquesa se fijase en mí…– El muchacho me recalcaba esto, jugando con las yemas de sus dedos.
– ¿Ahh sí? ¿Y qué te hace pensar eso? – Le preguntaba esto a Geraldo, levantando la ceja derecha. ¿A qué se refería con eso?
–Tengo entendido que ella ha rechazado todas y cada una de las ofertas de matrimonio que otros nobles le han propuesto. No sé si esta información ayude mucho o no, siendo sincero. – Después de la explicación de Geraldo, levantaba la cabeza, frotando mi mentón y me puse a pensar durante un rato. Me parecía tan extraño que una chica tan amable y educada como ella no se haya comprometido en matrimonio con alguien.
–…Eso suena interesante, por decirlo tenuemente. – Le decía a mi joven compañero, mirando hacia arriba. – ¿Y cómo sabes de ello? – Entonces, mi mirada se posaba sobre Geraldo, mientras me cruzaba de brazos.
–Di-digamos que suelo seguir noticias relacionadas con las familias nobles, en mi tiempo libre. – Al decirme esto, el muchacho se sonrojaba fuertemente, agachando la mirada, sonriendo nerviosamente. He convivido con chicos como él durante mucho tiempo, como para identificar una mentira a plena vista.
–No me mientas, Geraldo. ¿Cómo es que sabes sobre esas ofertas rechazadas? – Le pregunté esto a él, entrecerrando la mirada.
–…Esta bien… Estuve buscando información acerca de las chavas más hermosas del reino, por unos cuantos años. Me topé con esa información de la duquesa Montesco, cuando escuché las noticias que ella rechazó a un marqués del reino de Ucilia. ¡Lo juro! – Al terminar de darme esta explicación, el joven se quedaba temblando del miedo, cubriéndose la cabeza. Yo solo me quedaba observándole lascivamente, levantando la cabeza.
–Aún me pregunto cómo es que te volviste mi amigo....– En eso, la carroza se detiene lentamente, por lo que ambos asomábamos nuestras cabezas por la ventana, para ver qué pasaba.
–Ya llegamos, señorita Victoria. – El conductor del carruaje, el cual era Rogelio, nos decía esto, por lo que el muchacho y yo nos bajamos de ésta rápidamente.
–Muchas gracias. Vuelves por nosotros a las cinco de la tarde. – Le decía sacudiendo mi chaleco.
–Que tengan un buen día, muchachos. –El mayordomo nos decía esto, devolviéndonos una sonrisa amable, dando rienda de vuelta a la mansión.
–Gracias a usted, señor Rogelio. – Geraldo le respondía sonriéndole igualmente. Ya habiéndose ido, el muchacho y yo volteamos a ver hacia el castillo de la duquesa. Las instalaciones se veían algo maltratadas y sin mucha decoración; casi parecía que iba a desmoronarse en cualquier momento. Al ver a la puerta de acceso, ambos vimos a dos guardias; uno en armadura roja y otro en armadura verde, ambos cargando espadas anchas.
–Disculpen…– En eso, yo me acercaba a los guardias lentamente, al mismo tiempo en que Geraldo me seguía.
– ¿Señorita Victoria? ¿Quién le acompaña esta vez? – El guardia verde nos preguntó esto, colocándose firmemente en la entrada, haciendo una reverencia.
–Es un amigo mío; Geraldo Kruger. Vine a visitar a la señorita Katalina. Tengo entendido que ella le dará clases de magia a la princesa Fabiola. – Le decía esto a los guardias, inclinándome un poco. Geraldo se inclinaba también.
–La duquesa Montesco se encuentra adentro. Pueden pasar. – Cuando el guardia rojo nos decía esto, ambos se hacían a un lado de la puerta, dejándonos pasar, por lo que yo me dirigí a ésta, para dar un toque. Unos segundos después, una joven sirvienta de cabello rojo rizado y ojos café nos abría la puerta.
–Di-disculpen… Pasen adelante, por favor. – La muchacha nos daba la indicación de pasar, lo cual hicimos inmediatamente, devolviendo una reverencia. Ya adentro del castillo, nosotros dos llegábamos a la sala, para sentarnos en uno de los sillones. El interior se podía ver cubierto por estanterías llenas de libros de distintos tipos y unos candelabros de plata.
–Muchas gracias, Nadia. – Le respondía con esto a la sirvienta, sentándome en el sillón doble; Geraldo hace lo mismo, mirando de forma boba a la chica. –Un favor y llama a la señorita Katalina, Nadia. – Al decir esto, ella se inclinaba un poco, pasando a retirarse.
–Por supuesto, señorita. – Mientras la criada se iba, Geraldo le checaba de reojo, sonriendo un poco.
–Jejeje… es linda. –
–Geraldo…– Al notar esta reacción del muchacho, yo volteaba a mirarle lascivamente, dando a entender que se calmara. Lo único que él hizo fue agachar la mirada, encogiendo el cuerpo un poco. Un minuto después, Katalina y Fabiola bajaban del segundo piso, llegando a la sala. Fabiola llevaba una blusa blanca con rosa y una falda morada clara; Katalina traía un vestido blanco de una sola pieza, con bordados azules.
–Por los dioses… ¡Son divinas! – El muchacho exclamaba fuertemente, corriendo hacia donde estaban ambas chicas. – ¡Es un honor poder conocerlas, sus excelencias! Los relatos que la gente ha dicho de vuestras bellezas son reales. – Entonces, Geraldo se arrodillaba ante Kat y Fabio, las cuales retrocedían lentamente.
– ¿¡Podrías explicarme quien es el muchacho, Victoria!? – La princesa dirigía su mirada hacia mí, con las manos en la cintura, viéndose muy molesta.
–Jejeje… Lamento mucho este momento embarazoso, chicas…– Entonces, me dirigía a donde estaba el muchacho, jalándole de la oreja, levantándolo del suelo. –Él es Geraldo Kruger. Un amigo de los cuarteles donde entreno. – Les decía esto a las chicas, mirando muy molesta al joven espadachín.
–Auch… Perdón, Vic… Perdónenme, sus excelencias…– Él le dijo esto a las chicas, agachando la mirada, con las manos tras su espalda.
–Vuestra muestra de admiración es apreciable, pero es recomendable que se modere, joven Kruger. – Katalina le decía esto a Geraldo, sonriéndole tímidamente.
–No es por ser grosera ni nada por el estilo, ¿pero por qué lo trajiste aquí, Vic? – Fabiola me preguntó esto, cruzándose de brazos, golpeando el suelo con la bola del pie.
–Vino a ayudarme a vigilarte, Fabiola. – Le decía esto a la princesa, con las manos en mis bolsillos.
– ¡Pero quería estar solo con ustedes tres! – La joven albina exclamaba esto, inclinándose un poco hacia adelante.
–Esta no es una de nuestras reuniones, Fabiola. Es una sesión de clases de magia. Así que mejor ni te quejes. – Al terminar de decirle esto a la princesa, ésta agachaba la mirada, con las manos en el pecho.
–Ya que… Sabía que era mala idea decirte sobre las clases. –
–Lo siento, Fabiola. No puedo dejar que andes haciendo algo severamente peligroso, con lo que Katalina puede enseñarte. ¿Qué acaso tengo que recordarte la vez en que lanzaste esas anguilas a los estanques del Bosque de Magnolia? – Le decía esto a Fabiola, cruzando mis brazos, entrecerrando la mirada.
–Ayyyyy… ¡Venga, Victoria! No me niegues que eso fue divertido. – La princesa me respondió con esto, sonriéndome pícaramente, con las manos en el pecho.
–Sí… claro… Yo terminé llevándome toda la culpa. – Katalina entonces se ponía en frente de nosotras, para apaciguar la discusión.
–Podéis resolver vuestras diferencias después, muchachas. Dediquémonos a impartir las clases, por favor. – Cuando la duquesa nos dijo esto, yo me acomodaba el cabello y Fabiola se estiraba un poco, terminando la plática. –Vamos afuera. Necesitaremos más espacio en cual trabajar. – Katalina nos decía esto, dirigiéndose a la puerta principal.
–Está bien, Kat. – La princesa le respondió con esto, siguiéndola inmediatamente, sonriendo socarronamente. Geraldo y yo nos quedamos atrás por un rato, viendo a las dos chicas salir del edificio, cuando de pronto el muchacho volteó a verme confundido.
– ¿Anguilas en estanques? –
–No preguntes, Geraldo. – Al decirle esto al joven espadachín, yo me dirigía hacia la puerta, siguiendo a las otras chicas. Geraldo sólo encogía los hombros y me seguía sin decir nada más. Ya saliendo del castillo, los guardias se colocan en frente, impidiendo el paso.
–Permítanme salir, caballeros. Voy a enseñarle artes arcanas a la joven princesa. Necesito espacio para trabajar. – La duquesa le decía esto a los guardias, inclinándose un poco.
–Entendido, su excelencia. – Entonces, los guardias cedieron el paso, por lo que nosotros continuábamos nuestro camino.
–De pura casualidad, ¿dónde se encuentran tus padres, Kat? Me sorprende no verlos por aquí. – La princesa le preguntaba esto a Kat, frotándose la barbilla.
–Salieron a la capital, a resolver unos asuntos de negocio con un empresario de Astrid, llamado Leonard Russell. Vuelven hasta en la noche. – La duquesa respondía con esto, volteando a vernos un poco.
–Me imagino que tiene que ver con la nueva ruta comercial, ¿verdad? – Fabiola le dijo esto, rascándose la nuca.
–Eso fue lo que dijeron mis padres…– Al decirnos esto, Katalina agachaba la cabeza, con las manos en su regazo. Cuando volteé a ver a Geraldo, noté que él llevaba la cabeza agachada, también.
– ¿Que sucede, Geraldo? – Le preguntaba esto al muchacho, ladeando mi cabeza un poco.
–Me siento ajeno a la plática… es todo. – Geraldo me decía esto, colocando sus manos en la espalda.
–No tienes por qué comentar sobre la conversación, si no sabes sobre el tema. No hay porque sentirse triste. – Le respondía al muchacho, sonriéndole un poco para animarlo. Un rato después, nosotros llegamos a una pequeña colina, la cual estaba cubierta por pinos y robles.
–Este lugar servirá. – Katalina nos comentaba esto, sentándose en el pasto. –Siéntense, por favor. – En eso, la joven duquesa nos daba la orden para sentarnos; Fabiola asentaba con la cabeza y se sentaba junto con ella.
–Está bien. – Al decir esto, yo me sentaba junto a Geraldo y las otras chicas, recargándome en las piernas.
–Antes de que comencemos la clase, ¿podrías mostrarme tu transformación, Fabiola? Eso podría ayudarte para acelerar el proceso de aprendizaje y afinación mágica. – Katalina le pedía esto a Fabiola, estirando su mano derecha.
– ¿Exactamente por qué? – La princesa preguntaba esto, inclinándose un poco hacia adelante.
–Sois una diosa. Usar magia va a ser más sencillo, estando transformada. ¿O qué no prestaste atención? – La duquesa decía esto, asentando con la cabeza. La princesa se quedó callada por unos segundos, cuando de pronto ella asentaba de vuelta diciendo:
–Entendido. Sois la profesora, después de todo. – Entonces, Fabiola se levantaba del suelo lentamente, agachando la mirada, cerrando los ojos, respirando profundamente.
– ¡Áine… bríndame tu poder! – Al exclamar esto, la princesa es envuelta en un halo de luz, como el de la ceremonia.
– ¿¡Qué está pasando, Victoria!? – Geraldo gritaba esto, cubriéndose los ojos. Katalina no parecía inmutarse ante la transformación. La luz se disipó en unos cuantos segundos, revelando la transformación de la princesa. – ¡GUAU! ¡ESO SÍ QUE ES UNA BELLEZA DE MUJER! – Al descubrirse los ojos, el joven espadachín señala a donde estaba la princesa, dejando caer la quijada.
– ¡Geraldo…! – Le reprimía esto, volteando a verle enfadada.
–Continuemos con la lección, Katalina. – Fabiola le dijo esto a la duquesa, sentándose al suelo lentamente.
–Muy bien… Conectar con tu afinación mágica es algo complicado, si es que no tienes paciencia o la madurez necesaria para ello. – En eso, la joven duquesa sacaba algo de la bolsa que trajo con ella. –Te pido que te relajes y medites por un momento, hasta que sientas una corriente energética circular por tu cuerpo. Tu afinación mágica se manifestará por sí sola, cuando esto pase. – Katalina le decía esto, frotando un polvo de color café rojizo en su frente.
–…– La princesa solo asentaba con la cabeza, con las manos en sus piernas, cerrando los ojos. Geraldo y yo nos hacíamos un poco hacia atrás, dejando más espacio a Fabiola. Ahora solo era cuestión de esperar un resultado. No podía imaginarme la ansiedad que mi amiga estaba pasando en ese momento; quedarse quieta y meditar son palabras ajenas a su vocabulario. Pero debía tener fe en ella.

2:00 P.M.

Entre más tiempo pasa, más impaciente Fabiola podía notarse. La princesa se movía de un lado a otro, mostrando un rostro de molestia, mientras Katalina, Geraldo y yo tomábamos un poco de té.
–Ughhhhh… ¡No siento nada! – Entonces, la princesa se levantó del suelo, con las manos en la cabeza.
–Conectar con tu afinación mágica no es tan fácil como parece. Especialmente si tratas de hacerlo por la fuerza. – Katalina le decía esto, levantándose del suelo, sacudiéndose el polvo de su vestido. –Puedo darte un consejo, si quieres alcanzar esa afinación más rápido. –
– Soy todo oídos. – Fabiola decía esto, con las manos en la cintura.
–Trata de entrar en un trance de tranquilidad, replicando en tu mente la actividad que más te gusta hacer. Eso era lo que me ayudaba, cuando aprendí magia de niña. – Al terminar de decir esto, la duquesa se sentó nuevamente, con las manos en el regazo.
– ¿Lo que más me gusta hacer? – Al escuchar esto, la joven princesa cerraba los ojos y movía sus manos como si estuviera tocando el piano. Viendo esto, yo levantaba la ceja derecha, frotando la barbilla. De pronto, una corriente de viento pasaba rápidamente entre nosotros; ésta se volvía cada vez más fuerte, entre más rápido Fabiola se movía.
– ¡Continua! – La duquesa le daba la indicación a la princesa de continuar, retrocediendo un poco, con las manos en la espalda. – ¡Más rápido! – Al escuchar esto, Fabiola subía el ritmo de sus movimientos, haciendo que el viento se volviera un torbellino alrededor de ella. De pronto, la joven princesa abrió los ojos, observando lo que estaba haciendo.
– ¿Pero que-? – En eso, el torbellino se desvanecía rápidamente, empujando a Katalina, Geraldo y a mí.
–No estuvo tan mal, para ser una principiante. Ya sabemos cuál es tu afinación mágica. Ahora solo falta que aprendas a usarla con más facilidad. – La duquesa decía esto, acercándose a Fabiola, sacudiéndose el polvo de su vestido.
–Entendido. – La joven albina le respondía, asentando con la cabeza, sonriéndole amablemente.
– ¡Eso fue genial! – Geraldo exclamaba esto, levantándose del suelo rápidamente, saltando de la emoción.
–Muchas gracias, joven Kruger. – Fabiola entonces volteó a ver al muchacho, sonriéndole también.
–Continúa practicando tu afinación, hasta que puedas usar el viento sin hacer los ademanes que hiciste. Suena sencillo, ¿verdad? – Katalina decía esto, guiñándole el ojo a la princesa.
–Está bien. – Después de decir esto, Fabiola continuaba practicando su afinación mágica, recomponiendo su postura inmediatamente. Me quedé callada por todo el transcurso de la lección, observando a mi amiga aprendiendo a usar magia. La poca fe que tenía en ella había salido victoriosa; pero debía estar pendiente que no hiciera una locura.

5:00 P.M.

Ya casi se acercaba la noche, y aun así nada parecía inmutar a Fabiola de conseguir su meta; ella se detuvo por un rato, solo para comer un poco con nosotros, continuando con su práctica inmediatamente. Conforme más pasaba el tiempo, más y más control sobre el viento ella tenía; ya no necesitaba hacer los gestos que hacía al inicio. Cinco horas fue lo que tomó, para que la joven albina pudiera aprender lo básico.
–Jajajaja. ¡De esto estaba hablando! – La joven princesa exclamaba esto, controlando un pequeño tornado en frente de ella.
–Jmjmjm. Sois muy buena en esto, para ser una principiante. Pero también hay que tomar en cuenta que Áine te está ayudando. – La duquesa le decía esto, cubriéndose un poco la boca, sonriéndole con ternura.
–Muchísimas gracias, Katalina. Estaré en deuda contigo, por siempre. – Al decir esto, Fabiola va y abraza a la duquesa, rompiendo el torbellino que hizo.
–No hay porque regresarme el favor, Fabiola. Sois mi amiga, ¿o no? – Katalina del dice esto, aun sonriéndole. –Desde este punto, el entrenamiento y las lecciones se volverán más difíciles. Hay cosas que deberás entender, como sinergia y combinaciones con otras afinaciones mágicas. ¿Estáis dispuesta a continuar adelante? ¿O prefieres quedarte con lo más básico? – Al terminar de preguntar eso, la princesa se cruzaba de brazos, ladeando la cabeza.
– ¡Por supuesto que quiero aprender más! Si no te pedí que me enseñaras magia, para perder tiempo con solo lo básico. –
–Jmjmjmjm… Me gusta vuestro ahínco, Fabiola. Si quieres aprender más, voy a enseñarte más… eso no sonó bien. – Al decir esto, la duquesa agacha su mirada, sonrojándose un poco. –Como sea… Podéis seguir viniendo a mi casa, si deseas aprender más. Pero toma esto en cuenta: yo también estoy tomando clases de magia, por mi propia cuenta. Cuando ambas lleguemos al mismo nivel, ya no seré vuestra maestra; más aun así, tú y yo podremos aprender magia, juntas. ¿Qué te parece? – Entonces, Katalina levantaba la mirada, con las manos en el pecho, sonriéndole a la princesa.
–Me encantaría, Kat. – Sin más que decir, Fabiola le respondió con esto a la duquesa, sonriéndole de vuelta.
–De ser así, yo las acompañaré. Quiero mantener un ojo sobre ustedes dos, especialmente sobre ti, Fabiola. – En eso, yo me levantaba del suelo, diciendo esto a ambas chicas, cruzando mis brazos.
–Si no les molesta, yo también podría asistir. No tengo interés alguno en aprender magia, pero al menos quiero conocerlas mejor. Ustedes dos son tan amables y amigables, para ser nobles. – Geraldo decía esto, asentando con la cabeza, sonriéndoles a las otras muchachas.
–Un favor y procura mantenerte tranquilo, de ser así, joven Kruger. Las rosas más hermosas tienen las espinas más filosas, después de todo. – Fabiola le respondía con esto, sonriéndole de manera arrogante, guiñándole el ojo. – Especialmente aquellas que son de un jardín ajeno. –
– ¡Señorita Katalina! – Se pudieron escuchar gritos viniendo desde el sur de nuestra localización, por lo que los cuatros volteamos a mirar con esa dirección, para toparnos con los dos guardias de Katalina, caminando rápidamente hacia nosotros. – ¡Señorita Montesco... una carroza ha llegado al castillo! Andan buscando a la señorita Hosenfeld y a su acompañante. – El guardia rojo le decía esto a la duquesa, inclinándose rápidamente ante ella.
–Bien… Ya llegaron por nosotros. Tenemos que irnos, chicas. – Le decía esto a Katalina y Fabiola, con las manos en la nuca. –Solo hazme un favor y no te metas en problemas, Fabio. –
–Awwwwwww… está bien. Espero que puedas venir conmigo al Glaciar, para ir de compras al bazar. – En eso, la princesa se acercaba a mí, abrazándome fuertemente.
–Que tengas una buena noche, Victoria. – La duquesa me decía esto, abrazándome también.
– Jejeje… Nos vemos después, chicas. – Ya habiendo devuelto el abrazo, me separaba de ellas y me dirigía al castillo, para tomar la carroza y volver a mi casa.
–Nos vemos, señoritas. – Geraldo se despedía de las muchachas, haciendo una reverencia, para luego seguir mi rumbo. Unos minutos después, el muchacho y yo llegábamos al castillo, donde Rogelio nos esperaba en la carroza.
– ¿Estáis lista para irnos, señorita Victoria? – El mayordomo nos preguntaba esto, asentando con la cabeza.
–Vámonos ya, Rogelio. Quiero descansar un poco. – Al decirle esto, Geraldo y yo subíamos al carruaje, inclinándonos un poco.
–Entendido, señorita. – Entonces, Rogelio le da la orden a los sementales de ponerse en marcha, lo cual hacen a la brevedad.
–Oye, Victoria… ¿estáis interesada en aprender magia, también? – El joven espadachín me decía esto, inclinando su cuerpo hacia adelante.
–Nahhh… No lo veo necesario, Geraldo. Gracias por preguntar, aun así. – Le respondía al muchacho, negando con la cabeza, sonriéndole un poco. En ese entonces, aún no estaba consciente de lo que iba a avecinarse; que tonta fui por no haber aceptado.

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#24
Estuvo bien, no obstante no puedo dejar de pensar que Geraldo esta por ahí sin ninguna real razón relevante a la trama, la cual siento que en particular no avanza mucho, lo cual es normal teniendo en cuenta que solo estamos en el capitulo 4.
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#25
Geraldo tendrá su tiempo para brillar, ya cuando lleguemos a los capítulos posteriores al cuatro.
Ahora comienza la sub-trama del entrenamiento mágico.
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#26
Damas y caballeros... Quiero darles la noticia que ya estoy a un capítulo de terminar la historia principal. Ahora solo faltaría el arreglo ortográfico, entre otras cosas.
Espero que podamos terminar con este largo camino, para antes de Febrero.
Muchas gracias por acompañarme en esta travesía.

Por ahora, les dejo el capítulo 5:



Capítulo 5: La duquesa y la aprendiz de caballero. Una amistad florece entre la nieve.
 
Las otras chicas y yo nos encontrábamos en el bazar del Glaciar de las Rosas, caminando entre la multitud. Saúl y Geraldo nos estaban acompañando, cargando con ellos unas cajas llenas de cosas que Fabiola había comprado.  
–Fabiola… ¿estas segura que quieres llevar todo esto al castillo? Dudo mucho que vayas a usar todos estos vestidos, algún día. – El marqués le decía esto a la princesa, casi cayéndose al suelo por el peso de las cajas.
– ¡Por supuesto que sí! No seas tontito, Saúl. – Fabiola le respondía, sonriéndole burlonamente.
– ¿Al menos podemos descansar un rato, su alteza? La espalda me mata. – Geraldo le decía esto, moviéndose de un lado a otro. Entonces, la joven albina se detenía en seco, topándose con una cabaña que tenía un anuncio interesante; una estética que se dedicaba a “cambiar el color de cabello”.
–Uhhhhhh… Qué padre. Me pregunto si podré pintar mi cabello de rosa. – La joven princesa decía, esto, inclinándose hacia adelante, con el dedo índice en su boca.
–No hablas en serio, cariño…– Entonces, Saúl rodaba sus ojos, diciéndole esto a ella.
– ¡Por supuesto que hablo en serio! ¿Acaso me has escuchado decir algo de broma? – Fabiola le decía esto, con las manos en la cadera, volteando a verle.
–No. Y por eso me asustas, a veces…– En eso, el joven pelirrojo entrecerraba la mirada, mientras sus labios temblaban.
– ¡Venga ya! Entremos a la estética. ¿Vienen ustedes, chicas? – La joven princesa exclamaba esto, volteando a ver a Katalina y a mí, cruzándose de brazos.
–Me gusta mi cabello tal y cual como es. Lo siento. – Katalina asentaba con la cabeza, diciendo esto.
–No, gracias. No quiero que mis padres se enfurezcan conmigo, si descubren que me ando metiendo en una moda tan ridícula. – Yo le respondía a la princesa, cruzándome de brazos.
–Awwwwww… ustedes dos son tan aburridas. – Fabiola nos decía esto, golpeando el suelo con la suela de su zapato, mirándonos muy molesta.
–No me hago responsable por lo que te pase con tus padres, cuando vean lo que te harás con tu cabello. – Al decirle esto a la princesa, me daba la media vuelta y hacía un ademan con la mano, dándole la indicación de proseguir.
–…Supongo que no tengo otra opción más que acompañarte. – El joven marqués decía esto, entrecerrando la mirada.
–Jmjmjmjm. Gracias, cariño. – Fabiola le respondía con esto, sonriéndole pícaramente. –Usted vendrá con nosotros, joven Geraldo. – En eso, la princesa volteó a ver al joven espadachín, dando la orden de entrar a la estética con ella.
– ¿¡Pero por qué!? – El joven le decía esto a la princesa, volteando a verla, muy espantado.
– ¿Que acaso no quiere descansar los brazos? Bien puede tomar un asiento adentro y dejar las cajas en el piso o en una mesa. – La joven albina le decía esto, cruzándose los brazos.
–…Buen punto, su alteza. – Entonces, Geraldo ladeaba su cabeza, entrecerrando la mirada.
–Si no les molesta, Victoria y yo saldremos a explorar el resto del bazar. – La duquesa le decía esto a Fabiola, asentando un poco con la cabeza.
–Adelante. Los chicos y yo iremos a buscarles, cuando hayamos terminado. – La princesa nos decía esto, sonriéndonos un poco.
–Nos vemos en un rato, Fabio. – Katalina ya habiéndose despedido, la joven albina y los dos chicos entraban al edificio, dejándonos solas a la duquesa y a mí.
– ¿A dónde queréis ir, Kat? – Le pregunté esto a la duquesa, encogiendo los hombros.
–Quería hablar un poco contigo, Victoria. Es todo. – Ya diciendo esto, Katalina tomaba de mi mano y me sonreía tiernamente.
–Está bien…– Al notar esto, yo me sonrojaba un poco y le acompañaba a explorar el resto del bazar.
–Puedo oler que ahora llevas perfume de cítricos. ¿Alguna vez has ido a la playa? – La duquesa me preguntaba esto, caminando entre la multitud.
– ¿Mande? Ohhhh… no. No es perfume. Comí unos gajos de naranja y limón, antes que Fabiola y yo llegáramos por ti. – Le respondía a Katalina, rascándome la nuca, levantando la mirada.
–Me sorprende que tengas acceso a esa clase de frutas. Solo se consiguen en zonas tropicales, y este reino no se caracteriza por ello. – Al decir esto, ella se detiene lentamente y se coloca delante de mí, inclinándose hacia adelante, con las manos en la espalda. – ¿Donde las conseguiste? –
–Mis padres suelen frecuentar la frontera con Ucilia. Allá compran unas cuantas, para hacer jugos. – Le decía esto a la duquesa. Frotando mí barbilla.
– ¿Hablas en serio? ¡Genial! Me encantaría poder acompañarles, algún día de estos. Con solo una hora que pueda estar de vuelta en Ucilia…– Entonces, Katalina ladeaba la cabeza, agachando la mirada. Por alguna razón, no podía quedarme callada, viéndola tan triste. Debía decir algo para animarla.
–Por supuesto que me encantaría que fueras conmigo a la frontera. Somos amigas, ¿o no? – La decía esto a ella, sonriéndole gentilmente.
– ¿Me… me lo prometes? – Al escuchar esto, la chica volteó a mirarme, con los ojos algo vidriosos.
–Una promesa es una promesa. – En eso, caminaba hacia donde ella estaba, acariciando su cabeza.
–… Gracias, Victoria… Sois muy considerada, ¿lo sabías? – La joven duquesa mencionaba esto, frotando su rostro un poco, sonriéndome un poco.
–Jejeje… No te preocupes por ello, Katalina. Y no. Jamás he ido a la playa. – Le respondía con esto, asentando con la cabeza, continuando nuestro paseo.
– ¡De lo que te has perdido! ¡Vamos a arreglar eso, cuando vayamos a Ucilia! Lo primero que haremos allá, será ir a las playas en la provincia de Sorrento. – Katalina me decía esto, sonriéndome de vuelta.
– ¿Ahhh sí? Dime más, de ser así. – Le dije esto a la señorita, prestando atención a lo que iba a decir.
–No hay mejor sensación en este mundo, que estar sumergida en el agua de mar. Tan majestuosa y tan emocionante, a la misma vez. Tomar limonada, bajo una sombrilla, acostada en la arena. O hacer castillos de arena. Hay tantas cosas que se pueden hacer, en la playa. – La chica se daba la media vuelta, diciéndome esto, llevándose las manos al pecho.
– ¿Y se meten al agua, con todo y vestido? ¿O cómo está eso? – Le preguntaba esto a la duquesa, cruzando mis brazos.
–Hay ropa interior especial para nadar. ¿Lo sabias? Mi madre compró un prototipo, cuando aún vivía en Ucilia, para mí y para ella. – Al escuchar la explicación de Katalina, ésta asentaba la cabeza, sonriéndome un poco.
– ¿En serio? Meh… Prefiero bañarme sin ropa. Dudo mucho que ese tipo de ropa se ponga de moda, en el futuro. No es por ofender, pero eso es lo que pienso. – Le decía esto a ella, agachando la mirada un poco, entrecerrando la mirada.
– ¿Sabéis nadar, Victoria? – Entonces, la duquesa me preguntó esto, mirándome con curiosidad.
–Por supuesto que sí. Suelo hacerlo, cada vez que voy a la Laguna de Arces. – Al comentarle esto, notábamos cómo era que otras personas entre la multitud nos observaban con entrañes.
– ¿No te da vergüenza nadar desnuda, cuando hay más gente alrededor de la Laguna? – Katalina me preguntaba esto, ladeando la cabeza un poco.
–…Un poco… especialmente cuando otros chicos me observan. – Ya habiendo dicho esto, se escucha un murmullo fuerte entre la multitud, por lo que era mejor que cambiáramos el tema. –Cambiemos el tema, Kat. Hay mucha gente aquí. – Mi rostro se sonrojaba fuertemente, mientras salíamos de la multitud. Un rato después, sin darme cuenta, la duquesa se quedaba observando algo, por lo cual volteé a ver hacia donde ella miraba.
–Qué bonito…– Ambas captamos un collar de diamantes azules, posando en una repisa de una tienda callejera. Katalina inmediatamente soltaba mi mano, avanzando hacia donde estaba ese collar, donde una venerable mujer desgastada por el tiempo, envuelta en una capucha azul, era la ventera.
–Buenas tardes, jovencita. ¿Qué se le ofrece? – La ancianita le preguntaba esto, sonriéndole generosamente.
–Me encantaría comprar el collar de diamante, por favor. – La joven le indicaba esto, haciendo una reverencia.
– ¿Estáis interesada en el collar, jovencita? Puedo ver que tenéis buen ojo para joyería. Este collar proviene del norte del imperio de Elbea. Unos excavadores de ruinas lo encontraron dentro de un cofre de piedra, en un templo que le pertenecía a la familia Asimov, durante la Gran Guerra. Se dice que este amuleto posee un potencial mágico increíble, pero solo son rumores, por lo que me dijeron. –Al escuchar la explicación de la ancianita, no pude evitar levantar la ceja de la impresión. ¿Cómo es que sabía eso? ¿Y cómo la consiguió?
– No es por sonar grosera, ¿pero cómo la consiguió? Su historia me parece muy específica, como para que me diga que “la compró en Elbea”. – Le decía eso a la señora, acercándome a la tienda, cruzando los brazos. En eso, la viejita agachaba la cabeza, cerrando la mirada.
–Mi esposo era uno de los excavadores que fue a ese templo. Él me trajo el collar, como regalo de bodas. Han pasado tres años, desde que falleció en una tormenta de nieve. Atesoro este collar, con mi propia vida… pero necesito el dinero, para alimentar a los hijos de mis hijos. ¿Me comprendes, señorita? – Cuando escuché la respuesta de la ancianita, no pude evitar sentirme mal por ello. Me sentí como una abusiva, al intentar sacarle información.
–Mis condolencias, señora…– Le respondía con esto, inclinándome un poco.
–Ohhhh… ¿Y cuánto va a querer por el collar? – La duquesa preguntaba esto, asentando con la cabeza, sonrojándose de la pena.
–Serán diez monedas de oro, como mínimo, señorita. – Entonces, la señora volteó a ver a Katalina, diciéndole esto.
–Permítame, por favor…– La joven empieza a buscar dinero, dentro de su bolsa, por unos segundos. Si bien el collar era de diamante, el precio parecía un poco exorbitante; aunque se trataba de un objeto cercano a la viejita, si lo pensaba detenidamente. A veces el valor sentimental es más fuerte que el valor monetario. – Solo tengo tres…– Ya terminando de inspeccionar, la duquesa agachaba su cabeza, cerrando los ojos.
–Puedo darte de mi dinero, si quieres. – Le decía esto a Katalina, tomando mi bolsa entre mis manos.
– ¿¡Lo harías por mí, Victoria!? – Al escuchar esto, ella volteó a verme, con las manos en el pecho.
–Por supuesto que sí, Kat. Si somos amigas, ¿o no? – Cuando terminé de decir eso, la joven me abrazaba fuertemente, restregando su rostro en mi pecho.
–Muchísimas gracias, Victoria. Te deberé esto de por vida. – Al sentir el calor de su cuerpo en el mío, yo le devolvía una gentil sonrisa, frotando su cabeza.
–De nada, Kat. – Ya dándole de mi dinero, la duquesa pagó por el collar, haciendo una reverencia a la ancianita.
–Muchísimas gracias, señorita. Me alegra haber conocido a alguien que tuviera tanta pasión por coleccionar joyería, y que apreciara este collar, tanto como mi esposo y yo lo hicimos. – La señora nos decía esto, inclinándose de vuelta, sonriéndonos tiernamente.
–Espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar, al menos una vez más. – Cuando la duquesa le dijo esto, ella y yo nos retirábamos del puesto. –Quiero pagarte este lindo detalle, Victoria. Pero necesito un lugar más aislado. Hay demasiada gente aquí… Eso no sonó bien. ¡No es lo que imaginas! ¡Lo juro! – Terminado de decir esto, Katalina se sonrojó fuertemente, con las manos en el rostro.
–No es para tanto, Kat. Vayamos al lago congelado, para sentarnos a la orilla del agua. Necesito un lugar donde descansar las piernas. – Le decía esto a ella, negando con la cabeza, rodando los ojos.
–E-está bien, Victoria. – Ya habiendo terminado este intercambio de palabras, la duquesa y yo nos dirigíamos al lago, para continuar la conversación. Mis padres iban a matarme, una vez que se enteren en que gasté mi dinero; pero no me importaba. Si podía alegrarle el día a uno de mis amigos, valía la pena. Un rato después, ambas llegábamos al lago, el cual estaba congelado por completo, y no se veía gente por los alrededores.
–Permíteme. – Le daba mi mano a Katalina, ayudándola a sentarse en la nieve.
–Gracias, Vic. – La joven me decía esto, sentándose lentamente, con las manos en su regazo. –Nadie nos ve, ¿verdad? – Entonces, ella volteó a ver a todas direcciones, checando el área.
–No lo creo. ¿Por qué preguntas? – Justo después de preguntar esto, Katalina me daba un fugaz beso en la mejilla, muy cerca de los labios. Sintiendo esta muestra de afecto, yo me quedé inmóvil por un rato, asimilando lo que había pasado. Ella, una mujer, me había besado. No en los labios, pero muy cerca de ellos.
–Quizás no sea mucho, pero esto es lo más que puedo darte, como compensación por el collar. – La duquesa me decía esto, sonriendo tiernamente.
–Ohhhh… Uhmmm… No esperaba eso. – Le respondía con esto, frotando la mejilla la cual besó. Antes que las cosas se me subieran a la cabeza, yo me sacudía fuertemente, recomponiendo la postura.
–Tengo otra pregunta, Vic… ¿Te gustan las guerras de nieve? – Entonces, la joven se levantaba del suelo, tomando un poco de nieve mágicamente.
–Solía jugar mucho, cuando Fabiola y yo teníamos como nueve o diez años. ¿Por qué preguntas? – Le respondía con esto a Katalina, levantándome también, volteando a verla.
– ¡Piensa rápido! – Sin previo aviso, la joven duquesa lanzaba una bola de nieve a mi cara, haciéndome caer al suelo sentada. –Jijijiji. ¿Qué tal estuvo eso? –
–Vas a arrepentirte por ese golpe trapero, Montesco. – Ya habiendo dicho esto, me levantaba del suelo y lanzaba una bola de nieve a Katalina, riendo un poco.
–No vas a poder vencerme, Hosenfeld. Estáis luchando contra una fuerza más allá de vuestra comprensión. – En eso, ella detenía la bola de nieve, solo extendiendo su mano, para luego lanzarla de vuelta, golpeando mi cara.
–Maldita mocosa… ¡Enfréntame sin usar tus artes arcanas! – Le exclamaba esto a la duquesa, tomando cuanta nieve me fuera posible del suelo, para lanzársela rápidamente.
– ¿Qué pasa? ¿Tenéis miedo a perder? – Katalina me decía esto, retrocediendo un poco, deteniendo las bolas de nieve con su magia, pero yo me acercaba lentamente, quedando en frente de ella. Justo antes que pudiera hacer algo, me tropezaba con un pedazo de hielo en el suelo, cayendo encima de ella.
– ¡Aghhhhh! – Ambas nos sacudíamos la nieve de encima, pero justo antes que pudiera levantarme, me quedé contemplando la mirada de la joven duquesa. No sabía que estaba sintiendo en ese momento; mi cuerpo se había quedado inmóvil, hipnotizado por esos ojos verdes de la chica. Por alguna razón, no quería separar mi mirada de la de ella. Debía admitir que era muy bonita, pero, para ese punto, no la había visto como algo más que una amiga. En ese entonces, no me había dado cuenta de la llama que se había encendido dentro de mí; una llama que se intensificaría, con el tiempo… Una llama que me guiaría a mi camino de vida.
–Sois muy linda, Kat. – Al decirle esto a la duquesa, ella se sonrojaba fuertemente, sonriéndome un poco.
–Tú también, Vic. – Me sonrojé fuertemente al escuchar este halago, pero también me hizo regresar a la realidad, rompiendo el trance que hice con la joven duquesa.
–Ajam… O-oye… ¿cómo fue que quisiste volverte una maga? – Le decía esto, levantándome rápidamente, desviando mi mirada. Debía de desviar la atención de lo que había pasado, antes que la situación se volviera más incómoda.
–Honestamente, fue una corazonada. Recuerdo que, cuando estaba en la academia de Galecia, tomé un libro que tenía registros de acontecimientos arcanos, como la Gran Guerra. Algo dentro de mí me impulsaba a saber más… todos esos relatos fantásticos, todas esas personas famosas… fue algo que conectó conmigo, de manera casi instantánea. – La duquesa me decía esto, levantando la mirada, con las manos en su pecho, sonriendo radiantemente, levantándose de la nieve. Algo en sus palabras me hizo sentir extrañamente… familiar; como si por alguna razón, fuese algo que yo hubiese dicho en el pasado. Me quedé callada por unos segundos, ladeando la mirada un poco, analizando lo que me dijo.
– Tengo una pregunta… ¿Qué son los Registros Etéreos? – Al preguntarle esto a la joven, me frotaba la barbilla, levantando la ceja. Siempre he escuchado a la gente hablar sobre “Años de Registros Etéreos”, cuando recibía clases de historia, en la primaria. Pero jamás le di mucha importancia… sino hasta ahora.
– ¿Sobre el nuevo calendario? Hace un poco más de 800 años atrás, se empezaron a formular los primeros registros escritos, relacionados con las artes arcanas y las apariciones de las vasijas. Básicamente, el punto temporal donde los hechiceros guardaron y publicaron sus investigaciones sobre la magia y el éter, así como los pactos con las deidades. – Me quedé callada por un momento, escuchando la explicación de la duquesa, mirándole fijamente. Debo admitir que la duquesa captó mi atención, a las artes arcanas…
– ¿No te molestaría darme clases de magia, Kat? Ahora sí estoy interesada. – Le decía esto a ella, cruzando mis brazos, sonriendo un poco.
– ¿Ahhh sí? Por supuesto. No pensé que terminaría volviéndome una tutora de artes arcanas, pero veo que el destino lo deseó así. – Katalina me decía esto, rascándose la nuca, sonriendo nerviosamente.
–A mí me sorprende que le tengas tanta paciencia a Fabiola. Ella es más terca que una mula en día de pago. – La decía esto la duquesa, agachando la mirada, encogiendo los hombros.
–Cuando lidias con primos menores que tú, por al menos tres años seguidos, te acostumbras a ese tipo de personalidades. – Justo después de decirme esto, ella me sonríe un poco, guiñándome el ojo derecho.
– ¿Hablas de los príncipes Alfredo y Mario? ¿O son otros, del lado de tu madre? – Le preguntaba esto, con las manos en la nuca, levantando la ceja.
–Ambos. – La duquesa me respondía, asentando con la cabeza. Ya se hacía algo tarde… Era recomendable que ella y yo nos dirigiéramos de vuelta con el grupo; de lo contrario, Fabiola se infartaría.
–Volvamos con los muchachos, Kat. Ya se está volviendo algo tarde. – Le decía esto, tomándole de la mano, sonriéndole un poco.
–Adelante, Vic. – La duquesa decía esto, poniéndose el collar. Ya después de ese extrañamente agradable momento, las dos íbamos a la estética donde la princesa y los otros chicos estaban. Unos minutos después, ambas llegábamos afuera de la estética, donde los chicos estaban platicando. Algo captó mi atención en específico… Fabiola tenía líneas de cabello pintadas de color rosa, por alguna razón.
–Venga, Saúl. ¿Qué acaso no me queda este color? – La princesa le preguntó esto al marqués, guiñándole el ojo.
–No es que no te quede. Es más el hecho que tus padres van a matarnos, si te ven con esas líneas rosas. – Habiendo dicho esto, Saúl se cruzaba de brazos, entrecerrando la mirada.
–Eso no responde mi pregunta, tontillo. – La joven albina recalcaba esto, con las manos en su cintura.
–Tengo que concordar con Saúl, Fabio. Si tus padres no se mueren de un infarto al ver lo que le hiciste a tu cabello, ellos te mataran. – Le recalqué esto a ella, cruzando mis brazos también.
–Pero si se me ve bien, ¿verdad? – Al escuchar la respuesta de la princesa, inmediatamente llevaba mi mano a la frente, bajando la mirada.
–Ese no es el punto. ¿Qué jamás escuchas lo que te dicen? –
–Uhhhhh… ¿Qué onda con ese collar, Kat? – Fabiola le preguntaba esto a Katalina, señalando al collar que había comprado. Viendo cómo es que ella había ignorado mi pregunta, yo rodaba los ojos, dando la media vuelta.
–Eso responde mi pregunta. –
– ¿Este collar? Lo compré con un poco de dinero que Victoria me brindó. ¿Por qué preguntas? – La duquesa le respondía, colocando sus manos en el regazo, sonriéndole gentilmente, en lo que la princesa se acercaba a ella, para examinarlo.
– ¡Te queda muy bien, Kat! Tienes muy buen ojo para joyería. – La joven albina comentó esto, tomando el collar con su mano.
–Muchas gracias, cariño. Y si te sirve de algo, esa combinación de colores le queda bien a tu cabello. – Katalina le decía esto, acariciando el cabello de Fabiola.
–Muchas gracias, Kat. ¿Ven? ¿Qué tan difícil era decirme algo así? – En eso, la princesa observaba a Saúl y a mí, cruzando sus brazos.
–Ughhhh… Te quiero mucho, Fabiola. Pero me encantaría que prestaras atención a otra cosa, que no sean halagos. – Saúl le decía esto, entrecerrando la mirada, cargando las cajas que llevaba hace rato.
– ¿Les parece si comemos algo, chicos? – Fabiola nos preguntaba esto, dando una señal con la cabeza, sonriéndonos energéticamente.
–Por mí estaría bien, su alteza. – Geraldo le decía esto, asentando con la cabeza, cargando unas cajas.
– ¡Vayamos entonces, pues! – Ya diciéndonos esto, la joven albina nos encaminaba a un restaurant, donde íbamos a comer un poco. Antes que pudiera emprender rumbo, Katalina me tomaba de la mano; al notar eso, volteé a verla velozmente. Su rostro dibujaba una sonrisa tierna. Sin saber cómo responder, yo solo le devolvía la sonrisa, siguiendo a la princesa. Jamás pensé que ese sería el día en que mi vida cambiaría; y ni siquiera lo sabía. 

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#27
Escenas así son las que me refiero con lo del ritmo tedioso: esas dos escenas son básicamente diálogos, pero no son diálogos interesantes; suena demasiado mecánicos.

Aun con ello está bien conocer alguna cosa más del mundo o de los personajes secundarios; aunque haces cosas como que Victoria cuente lo que hará la princesa cuando en teoría no debería, por un lado traiciona la confianza de su amiga y por el otro está traicionando a la corona...

Capítulo 3: Una princesa, una diosa… Una responsabilidad divina

Nos encontrábamos a las afueras del barracón, después de haber practicado algunas nuevas posiciones y formas, descansando un poco; Geraldo y yo nos encontrábamos apoyados en el muro [¿en cuál? debería ser en uno de los murosdel ala oeste del edificio.
– ¡Vaya, Victoria, hoy estás que ardes en el entrenamiento! Dime, ¿qué te trae tan inspirada? – Geraldo me preguntaba esto, secándose el sudor de la frente, con un pañuelo blanco. 
– ¿Eh? ¿De qué hablas, Geraldo? Yo estoy perfectamente bien. – Le decía al muchacho, confundida, rascándome la nuca. No me había dado cuenta de cuanto había mejorado mi rendimiento ese mismo día. 
– ¡Sabes bien de lo que hablo, Victoria! – En eso, Geraldo se levantaba del suelo y me miraba exaltado, haciendo ademanes de manos, simulando los movimientos de esgrima. –Tus movimientos, bloqueos y evasiones se han vuelto mucho más precisos y más veloces. Te has agotado menos y tus ataques son mucho más fuertes; peleas como si estuvieras poseída. ¿No te habías dado cuenta? – Él continuaba haciendo ademanes con las manos, mirándome impresionado, pero yo le miraba aún más confundida. 
–La verdad es que no. Yo sólo me dediqué a pelear; nada más. – Le contesté a Geraldo, cruzando los brazos. 
–Entonces… ¿en qué estaba pensando, mientras peleaba, Vic?- El muchacho [ya dije una vez que el muchacho en una narración en primera persona no tiene sentido cuando se refiere a un amigo] me preguntaba esto, sentándose a mi derecha. “Lo que estaba pensando en ese momento…” Sí recuerdo lo que estaba pensando en ese momento. Estaba recordando la velada del cumpleaños de Fabiola, cuando estaba con Katalina. 
–Bueno… sonará estúpido, pero estaba pensando en la fiesta que asistí dos días atrás; la princesa Fabiola y yo conocimos y conversamos con la duquesa Katalina Montesco. 
– ¿La señorita Montesco? ¿¡Conoces a la duquesa Montesco!? – 
– Por supuesto. ¿Por qué preguntas? – 
–Por nada en especial, Victoria. Solo me sorprende que la hayas conocido. ¿Qué más hiciste allá en la fiesta, Vic? – Geraldo me preguntó esto, colocándose en frente de mí, cruzando sus brazos. No sabía si era buena idea decirle sobre el ritual al que Fabiola iba a someterse; parte de mí no quería que se involucrara en algo que lo sobrellevaba. Pero no podía mentirle. 
–Si te lo digo, ¿prometes no involucrarte? – Al decirle esto al muchacho, éste asentaba con la cabeza, diciendo que sí. –La princesa Fabiola va a realizar un extraño ritual que va a convertirle en una vasija para una deidad. – 
– ¿Una… vasija? ¿Podrías explicarme un poco mejor sobre ello? – En eso, el muchacho se acercaba más a mí, inclinándose hacia adelante.
–La princesa básicamente va a ser un ritual para que un dios escoja su cuerpo como una vasija. No quise decirte esto, por miedo a que ella se enojara conmigo si supiera que fui a esparcir la noticia. Ella es mi mejor amiga; lo que menos quiero es perderla. – 
–N-no te preocupes, Victoria. Prometo no decirle a alguien sobre esto. ¿Pero qué llevó a la princesa a tomar esa decisión? – 
–Ella me dijo que quería hacerlo para poder ayudar con cuanto fuera posible al reino. Lo más que puedo hacer es asistir a la Ceremonia de Ascensión. – 
–Te pediría que me dejaras ir… Pero esa no es la mejor opción. No quiero que la princesa se enoje contigo. – 
–Hablando de una razón para luchar, ¿cómo ha estado tu familia? – 
–…Las cosas no han mejorado en mi casa, desde que mi padre abandonó a mi madre y a mis hermanas por otra mujer. – Geraldo regresaba al muro del barracón y se recargaba en éste, bajando la mirada entristecido. –Siendo que ahora soy el hombre de la casa, depende de mí de darle el sustento a mi familia. Por eso quise volverme espadachín; para poder darle un mejor futuro a mi familia, porque sé que ellos dependen de mí ahora. [no sé hasta que punto un trabajo en el que puedes morir es una buena manera de sustentar a tu familia]– Me quedaba mirando intrigada al muchacho, en lo que él continuaba explicándome sus razones para volverse espadachín. En ese entonces, no sabía en la situación que se encontraba. Sin haberme dado cuenta, me dirigía hacia donde él estaba y colocaba mi mano en su hombro, devolviéndole una sonrisa.
–No te preocupes. Si tu fuerza del alma [¿fuerza de voluntad?, ¿espíritu?] es realmente grande, tu meta será alcanzada. – 
– ¿Cómo dices, Victoria? – El muchacho volteaba a verme, con una mirada llena de incertidumbre, secándose las lágrimas de sus ojos. 
–La señorita Montesco me dijo esto, cuando hablé con ella en la fiesta de antier: “Nuestros caminos son distintos, pero la fuerza de nuestra alma es lo que nos reunirá en el mismo lugar”. Por lo que entendí de esa frase, es que si nuestra fuerza de voluntad para conseguir aquello que queremos es igual de grande, aún si nuestros caminos difieren, podremos reunirnos una vez más. – Le decía a Geraldo, llevando mi mano izquierda al pecho y volteaba a ver hacia arriba, con un semblante pacifico. 
–Guau… Si la duquesa Montesco le dijo eso, me imagino que también debe de ser muy sabia, para su joven edad. Espero que pueda conocerla uno de estos días. – 
–Jeje. Ya llegará la oportunidad, Geraldo. – 
Sois [no sólo la ha estado tuteando sino que justo después dice lo sabías en lugar de lo sabéis] muy linda cuando sonríes. ¿Lo sabías? –
–Gracias, Geraldo. – 
–Otra cosa, Vic… cuando veas a la princesa, dígale que le mando saludos. – 
–No te molestes, Geraldo. Ella ya está comprometida con Saúl. – Le dije esto al muchacho, encogiendo los hombros. 
– ¿El marqués Saúl es su prometido? Diablos… Todas las chicas bonitas ya tienen pareja…– Entonces, Geraldo se retiraba del lugar, viéndose muy derrotado. Yo solo rodaba los ojos, sonriendo socarronamente. Ni siquiera trata de ocultar su nivel de perversión, tras esa carita de angelito. [¿? ¿dónde está la perversión? sólo lo vemos interesado en la princesa que por lo que sabemos es bonita (además de ser princesa)]

14 de Febrero de 884. 11:00 A.M.

Ha pasado un mes desde la fiesta de cumpleaños de Fabiola. La Ceremonia de Ascensión se daba ese día. Aún no sabía a qué atenerme… ¿qué iba a pasar con la princesa, si ella terminara siendo rechazada? Debía estar ahí, para darle cuanto apoyo ella necesitara. Me encontraba en la entrada del castillo real, esperando a Fabiola y a sus padres. 
– ¿Por qué se tarda tanto? – Inmediatamente, la princesa Fabiola y sus padres salían del edificio. 
–Señorita Hosenfeld… ¿está segura que quiere venir a la ceremonia? No es por ser grosera, pero esto puede incomodarle un poco. – La reina me decía esto, caminando hacia donde estaba yo. 
Vuestra [Su] hija es mi mejor amiga. Lo más que puedo hacer es apoyarla moralmente. – 
…[sobran los puntos]Gracias, Victoria…– La princesa me decía esto, sonriéndome un poco. Al voltear a verla, podía notar algo de nerviosismo en su rostro; ha de estar temblando del miedo por dentro, pero está haciendo su mayor esfuerzo por disimularlo. 
–Subamos al carruaje, señoritas. La ceremonia comienza en dos horas más. – El rey Fernando nos decía esto, abriendo la puerta de la carroza [siendo rey, como mínimo el cochero va a abrirle la puerta; pero realmente debería tener sirvientes, ayudantes y mayordomos que se encargaran de algo así], para dejarnos pasar. Nosotras tres asentábamos [¿asentíamos?] con la cabeza, entrando al coche; los reyes se sentaban en el asiento al frente, mientras que Fabiola y yo nos sentábamos atrás. –Adelante. – Entonces, Fernando le daba la orden al conductor de poner en marcha la carroza. Ya con esto, el conductor les daba la orden a los caballos para moverse, por lo que nuestro viaje al santuario comenzaba. 
–Su majestad Cornelia… hay algo que quiero saber. Se trata de lo que fue a hacer a Astrid. – Le decía esto a la reina, colocando mis manos sobre el regazo. Tenía curiosidad por saber lo que hizo en la nueva república. 
– ¿La nueva ruta comercial? No hay mucho que decir, señorita Hosenfeld. Fui a firmar un tratado con el nuevo presidente de Astrid: Samuel Ford. – Al terminar la explicación de la reina, yo me cruzaba de brazos. –Astrid aún se está recuperando de la guerra que tuvo contra el reino de Astea. – Aún no entendía algo. ¿A qué se debió esa guerra? Me daba curiosidad saberlo. 
– ¿Exactamente por qué entraron en guerra, su majestad Cornelia? – Le preguntaba esto a la reina, recargándome un poco sobre el asiento. 
–Astrid fue por mucho tiempo una colonia del reino de Astea. Los habitantes de la ahora república se hartaron de vivir bajo la opresión del reino; querían su propia independencia. Pero Astea no estaba de acuerdo con esta ideología; ahí fue cuando sus perspectivas chocaron. Solo una debía imperar. Me imagino que ya sabes a que consolido eso, señorita Hosenfeld. – 
–Es una lástima, por las vidas que se perdieron en esa guerra. Pero al menos las generaciones futuras tendrán un mejor mundo donde vivir. – 
–Lamento haberme perdido tu fiesta de cumpleaños, Fabiola. Te prometo que, de regalo, la próxima semana podrás ir al norte del reino a comprar lo que quieras para ti. – [además de lo extraño es que diga eso un mes después, ya le había hecho un regalo]
–Gracias, madre…– La princesa aún se veía algo preocupada, agachando la mirada, frotando sus manos. Queriendo apaciguar el miedo de ella, yo le tomaba las manos, sonriéndole cariñosamente. 
–Vas a salir victoriosa de esto, Fabiola. Ya lo verás. – 
–Gracias, Victoria. Sabía que podía contar contigo. – A veces Fabiola suele actuar más despreocupada y valiente de lo que realmente es. Ésta no era una de esas ocasiones. [no he hecho correcciones de diálogos con respecto a rayas ni a lo de que deberías añadir quién va hablando, tampoco de las comillas que no son las correctas]
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#28
(22/12/2017 09:45 PM)JPQueirozPerez escribió: Escenas así son las que me refiero con lo del ritmo tedioso: esas dos escenas son básicamente diálogos, pero no son diálogos interesantes; suena demasiado mecánicos.

Aun con ello está bien conocer alguna cosa más del mundo o de los personajes secundarios; aunque haces cosas como que Victoria cuente lo que hará la princesa cuando en teoría no debería, por un lado traiciona la confianza de su amiga y por el otro está traicionando a la corona...

Capítulo 3: Una princesa, una diosa… Una responsabilidad divina

Nos encontrábamos a las afueras del barracón, después de haber practicado algunas nuevas posiciones y formas, descansando un poco; Geraldo y yo nos encontrábamos apoyados en el muro [¿en cuál? debería ser en uno de los murosdel ala oeste del edificio.
– ¡Vaya, Victoria, hoy estás que ardes en el entrenamiento! Dime, ¿qué te trae tan inspirada? – Geraldo me preguntaba esto, secándose el sudor de la frente, con un pañuelo blanco. 
– ¿Eh? ¿De qué hablas, Geraldo? Yo estoy perfectamente bien. – Le decía al muchacho, confundida, rascándome la nuca. No me había dado cuenta de cuanto había mejorado mi rendimiento ese mismo día. 
– ¡Sabes bien de lo que hablo, Victoria! – En eso, Geraldo se levantaba del suelo y me miraba exaltado, haciendo ademanes de manos, simulando los movimientos de esgrima. –Tus movimientos, bloqueos y evasiones se han vuelto mucho más precisos y más veloces. Te has agotado menos y tus ataques son mucho más fuertes; peleas como si estuvieras poseída. ¿No te habías dado cuenta? – Él continuaba haciendo ademanes con las manos, mirándome impresionado, pero yo le miraba aún más confundida. 
–La verdad es que no. Yo sólo me dediqué a pelear; nada más. – Le contesté a Geraldo, cruzando los brazos. 
–Entonces… ¿en qué estaba pensando, mientras peleaba, Vic?- El muchacho [ya dije una vez que el muchacho en una narración en primera persona no tiene sentido cuando se refiere a un amigo] me preguntaba esto, sentándose a mi derecha. “Lo que estaba pensando en ese momento…” Sí recuerdo lo que estaba pensando en ese momento. Estaba recordando la velada del cumpleaños de Fabiola, cuando estaba con Katalina. 
–Bueno… sonará estúpido, pero estaba pensando en la fiesta que asistí dos días atrás; la princesa Fabiola y yo conocimos y conversamos con la duquesa Katalina Montesco. 
– ¿La señorita Montesco? ¿¡Conoces a la duquesa Montesco!? – 
– Por supuesto. ¿Por qué preguntas? – 
–Por nada en especial, Victoria. Solo me sorprende que la hayas conocido. ¿Qué más hiciste allá en la fiesta, Vic? – Geraldo me preguntó esto, colocándose en frente de mí, cruzando sus brazos. No sabía si era buena idea decirle sobre el ritual al que Fabiola iba a someterse; parte de mí no quería que se involucrara en algo que lo sobrellevaba. Pero no podía mentirle. 
–Si te lo digo, ¿prometes no involucrarte? – Al decirle esto al muchacho, éste asentaba con la cabeza, diciendo que sí. –La princesa Fabiola va a realizar un extraño ritual que va a convertirle en una vasija para una deidad. – 
– ¿Una… vasija? ¿Podrías explicarme un poco mejor sobre ello? – En eso, el muchacho se acercaba más a mí, inclinándose hacia adelante.
–La princesa básicamente va a ser un ritual para que un dios escoja su cuerpo como una vasija. No quise decirte esto, por miedo a que ella se enojara conmigo si supiera que fui a esparcir la noticia. Ella es mi mejor amiga; lo que menos quiero es perderla. – 
–N-no te preocupes, Victoria. Prometo no decirle a alguien sobre esto. ¿Pero qué llevó a la princesa a tomar esa decisión? – 
–Ella me dijo que quería hacerlo para poder ayudar con cuanto fuera posible al reino. Lo más que puedo hacer es asistir a la Ceremonia de Ascensión. – 
–Te pediría que me dejaras ir… Pero esa no es la mejor opción. No quiero que la princesa se enoje contigo. – 
–Hablando de una razón para luchar, ¿cómo ha estado tu familia? – 
–…Las cosas no han mejorado en mi casa, desde que mi padre abandonó a mi madre y a mis hermanas por otra mujer. – Geraldo regresaba al muro del barracón y se recargaba en éste, bajando la mirada entristecido. –Siendo que ahora soy el hombre de la casa, depende de mí de darle el sustento a mi familia. Por eso quise volverme espadachín; para poder darle un mejor futuro a mi familia, porque sé que ellos dependen de mí ahora. [no sé hasta que punto un trabajo en el que puedes morir es una buena manera de sustentar a tu familia]– Me quedaba mirando intrigada al muchacho, en lo que él continuaba explicándome sus razones para volverse espadachín. En ese entonces, no sabía en la situación que se encontraba. Sin haberme dado cuenta, me dirigía hacia donde él estaba y colocaba mi mano en su hombro, devolviéndole una sonrisa.
–No te preocupes. Si tu fuerza del alma [¿fuerza de voluntad?, ¿espíritu?] es realmente grande, tu meta será alcanzada. – 
– ¿Cómo dices, Victoria? – El muchacho volteaba a verme, con una mirada llena de incertidumbre, secándose las lágrimas de sus ojos. 
–La señorita Montesco me dijo esto, cuando hablé con ella en la fiesta de antier: “Nuestros caminos son distintos, pero la fuerza de nuestra alma es lo que nos reunirá en el mismo lugar”. Por lo que entendí de esa frase, es que si nuestra fuerza de voluntad para conseguir aquello que queremos es igual de grande, aún si nuestros caminos difieren, podremos reunirnos una vez más. – Le decía a Geraldo, llevando mi mano izquierda al pecho y volteaba a ver hacia arriba, con un semblante pacifico. 
–Guau… Si la duquesa Montesco le dijo eso, me imagino que también debe de ser muy sabia, para su joven edad. Espero que pueda conocerla uno de estos días. – 
–Jeje. Ya llegará la oportunidad, Geraldo. – 
Sois [no sólo la ha estado tuteando sino que justo después dice lo sabías en lugar de lo sabéis] muy linda cuando sonríes. ¿Lo sabías? –
–Gracias, Geraldo. – 
–Otra cosa, Vic… cuando veas a la princesa, dígale que le mando saludos. – 
–No te molestes, Geraldo. Ella ya está comprometida con Saúl. – Le dije esto al muchacho, encogiendo los hombros. 
– ¿El marqués Saúl es su prometido? Diablos… Todas las chicas bonitas ya tienen pareja…– Entonces, Geraldo se retiraba del lugar, viéndose muy derrotado. Yo solo rodaba los ojos, sonriendo socarronamente. Ni siquiera trata de ocultar su nivel de perversión, tras esa carita de angelito. [¿? ¿dónde está la perversión? sólo lo vemos interesado en la princesa que por lo que sabemos es bonita (además de ser princesa)]

14 de Febrero de 884. 11:00 A.M.

Ha pasado un mes desde la fiesta de cumpleaños de Fabiola. La Ceremonia de Ascensión se daba ese día. Aún no sabía a qué atenerme… ¿qué iba a pasar con la princesa, si ella terminara siendo rechazada? Debía estar ahí, para darle cuanto apoyo ella necesitara. Me encontraba en la entrada del castillo real, esperando a Fabiola y a sus padres. 
– ¿Por qué se tarda tanto? – Inmediatamente, la princesa Fabiola y sus padres salían del edificio. 
–Señorita Hosenfeld… ¿está segura que quiere venir a la ceremonia? No es por ser grosera, pero esto puede incomodarle un poco. – La reina me decía esto, caminando hacia donde estaba yo. 
Vuestra [Su] hija es mi mejor amiga. Lo más que puedo hacer es apoyarla moralmente. – 
…[sobran los puntos]Gracias, Victoria…– La princesa me decía esto, sonriéndome un poco. Al voltear a verla, podía notar algo de nerviosismo en su rostro; ha de estar temblando del miedo por dentro, pero está haciendo su mayor esfuerzo por disimularlo. 
–Subamos al carruaje, señoritas. La ceremonia comienza en dos horas más. – El rey Fernando nos decía esto, abriendo la puerta de la carroza [siendo rey, como mínimo el cochero va a abrirle la puerta; pero realmente debería tener sirvientes, ayudantes y mayordomos que se encargaran de algo así], para dejarnos pasar. Nosotras tres asentábamos [¿asentíamos?] con la cabeza, entrando al coche; los reyes se sentaban en el asiento al frente, mientras que Fabiola y yo nos sentábamos atrás. –Adelante. – Entonces, Fernando le daba la orden al conductor de poner en marcha la carroza. Ya con esto, el conductor les daba la orden a los caballos para moverse, por lo que nuestro viaje al santuario comenzaba. 
–Su majestad Cornelia… hay algo que quiero saber. Se trata de lo que fue a hacer a Astrid. – Le decía esto a la reina, colocando mis manos sobre el regazo. Tenía curiosidad por saber lo que hizo en la nueva república. 
– ¿La nueva ruta comercial? No hay mucho que decir, señorita Hosenfeld. Fui a firmar un tratado con el nuevo presidente de Astrid: Samuel Ford. – Al terminar la explicación de la reina, yo me cruzaba de brazos. –Astrid aún se está recuperando de la guerra que tuvo contra el reino de Astea. – Aún no entendía algo. ¿A qué se debió esa guerra? Me daba curiosidad saberlo. 
– ¿Exactamente por qué entraron en guerra, su majestad Cornelia? – Le preguntaba esto a la reina, recargándome un poco sobre el asiento. 
–Astrid fue por mucho tiempo una colonia del reino de Astea. Los habitantes de la ahora república se hartaron de vivir bajo la opresión del reino; querían su propia independencia. Pero Astea no estaba de acuerdo con esta ideología; ahí fue cuando sus perspectivas chocaron. Solo una debía imperar. Me imagino que ya sabes a que consolido eso, señorita Hosenfeld. – 
–Es una lástima, por las vidas que se perdieron en esa guerra. Pero al menos las generaciones futuras tendrán un mejor mundo donde vivir. – 
–Lamento haberme perdido tu fiesta de cumpleaños, Fabiola. Te prometo que, de regalo, la próxima semana podrás ir al norte del reino a comprar lo que quieras para ti. – [además de lo extraño es que diga eso un mes después, ya le había hecho un regalo]
–Gracias, madre…– La princesa aún se veía algo preocupada, agachando la mirada, frotando sus manos. Queriendo apaciguar el miedo de ella, yo le tomaba las manos, sonriéndole cariñosamente. 
–Vas a salir victoriosa de esto, Fabiola. Ya lo verás. – 
–Gracias, Victoria. Sabía que podía contar contigo. – A veces Fabiola suele actuar más despreocupada y valiente de lo que realmente es. Ésta no era una de esas ocasiones. [no he hecho correcciones de diálogos con respecto a rayas ni a lo de que deberías añadir quién va hablando, tampoco de las comillas que no son las correctas]

Como dije, la novela aún puede cambiar. Si tienes una mejor idea para resolver ese problema, házmelo saber. 
Gracias por la corrección, por cierto.
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#29
La cosa es que leas bastante. Por el estilo de tu novela te recomiendo literatura juvenil; pero creo que viendo películas o series e incluso leyendo cómics podrías llegar a desarrollar diálogos ágiles.
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#30
Muchísimas gracias, compañero.
Voy a trabajar en ello, en cuanto termine el capítulo final. Smile
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