Este foro usa cookies
Este foro hace uso de cookies para almacenar su información de inicio de sesión si está registrado, y su última visita si no lo está. Las cookies son pequeños documentos de texto almacenados en su computadora; las cookies establecidas por este foro solo se pueden usar en este sitio web y no representan ningún riesgo de seguridad. Las cookies en este foro también rastrean los temas específicos que ha leído y la última vez que los leyó. Por favor, confirme si acepta o rechaza el establecimiento de estas cookies.

Se almacenará una cookie en su navegador, independientemente de su elección, para evitar que le vuelvan a hacer esta pregunta. Podrá cambiar la configuración de sus cookies en cualquier momento utilizando el enlace en el pie de página.

Calificación:
  • 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
[Fantasía] Dayana 2.0
#1
Ante las críticas negativas sobre la historia de Dayana (en todo su conjunto) que he recibido en el dragón lector, he decidido cambiar la historia completamente pero manteniendo a la protagonista y a su entorno. No obstante, en mis próximas entregas del dragón lector voy a colgar textos que nada tienen que ver con Dayana. Por eso mismo, cuelgo aquí el primer capítulo para quien tenga a bien leerlo antes de que Dayana vuelva al Dragón. Este primer capítulo sigue siendo de presentación de la prota y de su entorno pero con cambios sustanciales respecto a la primera versión. Lo que pasará después no tendrá nada que ver con la Hermandad del Silencio. Bueno, aquí va:

CAPÍTULO 1

El sol comenzaba a salir, y Dayana, con los primeros rayos de luz del día, comenzó a despertarse. Una vez salía del mundo onírico, le costaba mucho conciliar el sueño de nuevo, pese a que solía leer hasta entrada la noche. Ya abiertos los ojos, se incorporó suavemente y se estiró con toda su energía, emitiendo un sonoro bostezo. Al levantarse, lo primero que hizo fue mirar por la ventana. Le gustaba contemplar Bosta, su pueblo, desde arriba, tan lleno de hierba, árboles, y con un gran lago en el centro. Pero no podía quedarse mucho rato mirando, ya que enseguida tenía que ir a trabajar. No solía vestirse como las otras mujeres, sino que prefería usar pantalones y chaleco, que le resultaba una indumentaria más cómoda. Usando el reflejo del cristal de su ventana, se peinó y se hizo una coleta, ya que solía ir corriendo a todas partes y la melena suelta le resultaba molesta.

Al salir de su habitación y bajar al salón, vio que sus padres estaban ya levantados, preparando el desayuno.

—Buenos días, Dayana —le dijo su madre—. Te hemos preparado el desayuno.
—¡Otra vez! No hacía falta. Tenéis que descansar más.
—Algo tenemos que hacer, tú nos mantienes al fin y al cabo.

Dayana torció el gesto y comenzó a beber el té que le había preparado su madre. Sus padres habían tenido una sola hija, y fue cuando ambos rondaban los cincuenta. Ahora ella tenía veintitres años, varios de ellos dedicados a  trabajar para sacar adelante a dos ancianos que tenían los problemas propios de la tercera edad.

—¿Qué tal en la taberna, hija? —Le preguntó su padre.
—Como siempre.
—¡Entonces bien! Mucho mejor trabajo que cuando limpiabas casas.
—¡Eso desde luego! Bueno, voy a apresurarme, no sea que se me haga tarde.

Dicho esto, Dayana devoró unas tostadas que le habían dejado y sorbió el té con una rapidez asombrosa, pese a lo caliente que estaba. Se despidió de sus padres con dos besos a cada uno y fue corriendo al trabajo. Una vez escuchado el portazo, sus padres pudieron hablar con más confianza.

—Esta chica...no se casará, no.
—Eso no es importante, Mina. Dayana es sana, culta, trabajadora...no nos podemos quejar.
—Mark, la mayoría de chicas del pueblo se casaron antes de los veinte. Se dedican a los niños, las mantiene su marido...y si trabajan fuera de casa, no se matan del modo en que lo hace nuestra hija.
—Dayana no es como las demás chicas. No le gustan los niños y es solitaria. Creo que va a ser más feliz viviendo como vive. Y mejor así, le costaría casarse con lo fea que es.
—¡Mark!
—Yo digo la verdad. Estoy orgulloso de mi hija, y así como digo que es sana, culta y trabajadora, digo que es fea. ¡Y lo prefiero a que sea vaga, inculta y guapa!

Mientras sus padres conversaban sobre estos temas, Dayana corría hacia su trabajo, cuando oyó una voz que la llamaba.

—¡Hey, Cocodrilo!

Ella se giró, pues así la llamaban en el pueblo debido a su horrible dentadura. Prefería que la llamaran por su nombre, pero se había acostumbrado a ese mote desde pequeña y era algo tan arraigado que algunos la llamaban así incluso cuando no tenían intención de molestarla. El que ahora se lo decía era Jairo, un chico de su edad de buen corazón, pero demasiado espontáneo y falto de tacto.

—Al trabajo, ¿eh?
—Claro.
—Te acompaño y así me tomo una pinta antes de irme yo a arar.
—Vale. ¡Vamos, he de ser puntual! —dijo justo antes de echar a correr.
—¡Espera! ¡No corras tanto!

Tras unos minutos llegaron a la taberna, llegando Jairo especialmente fatigado.

—¡Qué rápida eres! ¡Me ha costado seguirte! —comentó dándole a Dayana una palmada demasiado fuerte en la espalda.
—¡Au! —Se quejó Dayana, que perdió el equilibrio unos segundos—. ¡No me des tan fuerte!
—¡Lo siento! De verdad, yo no...
—Déjalo, anda. —zanjó el asunto, intentando ignorar el picor que sentía en la espalda—. Pero ten cuidado la próxima vez.

Dicho esto, Dayana abrió la taberna con llave, puesto que aún no había llegado nadie. Tras ocupar su puesto sirvió una jarra a Jairo, que dio un largo sorbo.

—Tienes suerte de trabajar aquí, mientras yo me mato en el campo.

Y dicho esto, eructó con la boca cerrada. Aquello era un adelanto, pues Dayana le había reñido más de una vez por hacerlo con la boca abierta. Ese detalle la animó, haciendo que por fin sonriera.

—Bueno, también tengo la suerte de que esta sea tu taberna favorita —dijo ella intentando ser simpática. Le costaba tratar con alguien tan bruto como Jairo, pero también tenía en cuenta que él hacía lo que podía para dejar de serlo.
—¡Hola, buenos días!

Quien acababa de entrar era Esther, la otra camarera de la taberna. Era una de las chicas más bellas del pueblo, y solía llevar vestidos ceñidos y escotados, que hacían que los hombres fijaran la vista en ella, como estaba haciendo ahora Jairo.

—¡Esther! ¿Cómo estás? —La saludó él.
—¡Muy bien! —Contestó ella con una amplia sonrisa. La presencia de Jairo no parecía incomodarle, lo que sorprendía a Dayana—. Veo que eres el primer cliente de la mañana.
—Sí, pero me tomo esta y me voy.

Y tras decir esto, apuró su jarra.

—¡Adios, chicas! ¡A la noche vuelvo!

Dayana se sintió aliviada de perder de vista a ese hombre por unas horas. Aprovechó el momento para saludar a su compañera.

—¡Hola!
—¿Que tal lo llevas, Dayana?
—Tirando —dijo sonriendo levemente—. Como siempre, Tom vendrá dentro de un rato. ¡Qué bien vive con eso de que es el jefe y se fía de nosotras!

Al decir eso, las dos rieron, y justo en ese momento, entró Steve, otro chico del pueblo. Dayana se alegró mucho al verlo entrar.

—¡Hola, Dayanita! ¡Ponme una jarra!

Dayanita. Le solía llamar así, y a ella le encantaba.

—¡Enseguida! ¿Qué tal estás? —preguntó mientras le servía—. Hacía días que no venías por aquí.
—No siempre tiene uno tiempo para hacer lo que le apetece. Pero lo que importa es que estoy aquí. ¡Y todavía no te he ganado a los dardos!
—¡Ya estamos! —exclamó ella con una carcajada, tras lo cual, abrió un cajón, y sacó diez dardos. Se quedó cinco, y le dió la otra mitad a Steve—. ¡Comencemos!

Y en cuanto Dayana tiró el primer dardo, acertó en pleno centro.

***

Aquella tarde, al arribar al pueblo de Bosta, los ex-soldados Cneo y Máximus fueron a la posada más cercana que encontraron. Tras pagar y dejar sus caballos decidieron ir a refrescar sus gargantas.

—Mira, Max. Sigue en pie la taberna donde veníamos a beber hace años. ¡Vayamos a recordar viejos tiempos!.
—Está bien.

Al entrar, vieron tras el mostrador a un hombre y a dos mujeres, estas visiblemente ocupadas sirviendo jarras a la numerosa clientela. Decidieron sentarse en una mesa, y esperar a ser atendidos, puesto que no tenían prisa. Dado el ruido de fondo, podían hablar sin temor a ser escuchados.

—Está muy bien la chica morena. ¿Eh?
—Cómo eres, Cneo —le espetó friamente—. No hemos venido aquí a divertirnos.
—Tenemos derecho a evadirnos un rato después de este largo viaje.
—¡Tienes razón, qué demonios! Y sí, qué pedazo de mujer.

En ese momento, vieron que el hombre hablaba con la otra camarera, señalando la mesa donde ellos estaban.

—¡Qué pena! ¡Nos va a servir la otra, la de pelo castaño!
—Venga, Cneo, que tampoco está mal.
—No está mal pero es eso, una chica del montón.

De repente callaron al ver que la muchacha de la que estaban hablando se hallaba delante de ellos.

—Buenas tardes. ¿Qué deseais tomar?

Tras decir esto, la chica mostró una amplia sonrisa que les heló la sangre: esa dentadura le quitaba todo el atractivo que pudiera tener.

—Dos jarras de cerveza, por favor.
—¡Marchando!

Una vez ella se alejó, Cneo no pudo contenerse.

—¡Vaya boca le ha tocado a la pobre! ¡Lo siento mucho por ella!
—Bueno, hablemos de algo que no sean las camareras. ¿No te trae recuerdos este pueblo?
—Claro, recuerdos de la época menos dura de la guerra, cuando estuvimos destinados aquí. ¡Qué grande era el comandante Mark Blossom!
—¿Y te acuerdas de Onara?
—¡No me la recuerdes! ¡Qué mujer tan desagradable! ¡Me alegro de ser tuerto porque tengo un ojo menos para verla!

Al decir esto se echaron a reir. Máximus continuó hablando de ella, pese a la petición de Cneo.

—Probablemente aparezca por esta taberna. A esa le gusta demasiado emborracharse. Si sigue viviendo aquí, al caer la noche la tendremos empinando el codo delante de nosotros.
—¡Ya será casualidad!
—¿Qué te juegas a que la vemos aparecer en un rato?
—Me juego diez doblones.

Y tras decir esto, se dieron la mano, aunque era una apuesta simbólica, pues compartían gastos en sus viajes. Iban a quedarse hasta la hora del cierre, solamente para ver si Onara aparecía o no. La taberna fue vaciándose, y en un determinado momento solo quedaban ellos dos, las dos camareras y el encargado del establecimiento.

—Yo me voy ya a a casa —dijo este—. Fregad los cacharros antes de iros y cerrad con llave.
—¡De acuerdo, Tom! ¡Hasta mañana! —exclamó la camarera guapa efusivamente.

Una vez se fue aquel hombre, los dos ex-soldados bebieron en silencio, escuchándo la conversación de las chicas.

—Aún tiene que venir Jairo. Ha dicho que vendría y siempre cumple.
—Sí...dame ánimos, Esther, porque los voy a necesitar.
—Ya siento la parte que te toca, siempre te llama Cocodrilo y...
—¡Si solo fuera eso! —la interrumpió—. ¡Creo que se me ha debido marcar su mano en la espalda del palmetazo que me ha dado!

En ese momento entró otro chico más.

—¡Dayanita, vengo a por la revancha!
—¡Steve, eres incorregible! —exclamó ella sonriendo.

Cogieron cada uno cinco dardos, y justo entonces entró un chico jovial y corpulento.

—¡Hola de nuevo, chicas! ¿Ya está la Cocodrilo con los dardos? —Y enconces se dirigió a Dayana—. ¡Es increible que siempre ganes!

Y al decir esto fue a darle una palmada en la espalda, pero ella se giró con una mirada furibunda y el chico, amedrentado, usó la mano con la que iba a darle para rascarse el brazo. Definitivamente, pensaron Cneo y Máximus, ese tipo era el tal Jairo.

—Lo siento...a veces no me controlo. Ponme una jarra, Esther.

Esther le puso la jarra, y Jairo comenzó a conversar con ella, mientras Dayana y Steve competían. Sorprendidos, Cneo y Máximus vieron como Dayana acertó en plena diana las cinco veces, mientras que su rival acertó solamente una vez. Ambos reían y disfrutaban, pero de repente, apareció Onara, tal como los ex-soldados la recordaban, aunque más entrada en años: Una mujer obesa y malcarada. Máximus sonrió al haber ganado la apuesta. Notaron que tanto las dos camareras como los dos muchachos se sintieron muy tensos al verla entrar.

—¡Un vino! ¡Ahora!

Esther le sirvió, y claramente le temblaba el pulso al hacerlo. Una vez tuvo el vaso en sus manos, Onara probó el vino y a los pocos segundos se lo escupió a Esther en la cara.

—¡Está picado, puta!

Mientras Esther se limpiaba la cara con un trapo, Dayana saltó el mostrador y retorció el brazo derecho de Onara, haciendola girarse y quedar de espaldas a ella. Ante la presión de la llave, la obesa mujer hincó una rodilla.

—Puedo tenerte así todo el día, así que yo me rendiría pronto.

Onara aleteaba el brazo izquierdo intentando golpear inutilmente a su rival mientras profería los peores insultos y amenazas, ante la mirada atónita de Cneo y Máximus. Finalmente, la mujer dejó de resistirse y cerró la boca, con clara expresión de rabia.

—No vuelvas a faltar al respeto a nadie dentro de esta taberna. Y como te conozco, doy por hecho que en casa te desahogarás con tu marido. Como vuelva a verlo con marcas de golpes, te rompo un brazo. Ya ves que soy capaz.

Al decir esto, la soltó y Onara se alejó rapidamente. Una vez estaba a una prudente distancia, comenzó a gritar:

—¡Esto no quedará así, pedazo de zorra!

Y salió corriendo por la puerta ante las risas de todos los presentes, excepto los dos soldados, que estaban atónitos ante lo que acababan de ver. En ese momento, Dayana se dirigió a ellos.

—Ya va siendo hora de cerrar. ¿Podéis pagar, por favor?
—Sí, claro—contestó Máximus—. Estoy impresionado. Tienes una gran puntería, y reducir a esa mala pécora tiene mucho mérito para alguien de tu tamaño. Te han entrenado, ¿Verdad?
—Más o menos. Yo...—titubeó sonrojada, tocándose nerviosamente la melena.
—A Dayana la ha entrenado su padre, que fue comandante durante la guerra —aclaró finalmente Steve.
—Bueno, tampoco estoy tan en forma—afirmó ella con sinceridad—. Hace años que casi no entreno porque trabajo de sol a sol y vuelvo a casa reventada. Pero reducir a esa vieja no tiene tanto mérito...y lo de los dardos, como suelo jugar aquí mantengo la puntería.
—Te llamas Dayana Blossom. ¿Cierto? —preguntó Cneo.
—Sí.
—Fuimos soldados bajo el mando de tu padre. Yo soy Cneo, y mi amigo, Máximus. En nombre de los dos puedo decir que estamos muy felices por conocerte.
Responder
#2
Últimamente mi participación en el foro está siendo mínima, sin embargo, considero que con la cantidad de veces que he corregido tus historias tendría que pasarme aunque sea para hacer una crítica sobre la historia:

Entiendo que por lo que dices, esto es el primer capítulo completo; ¿dónde está el enganche? La otra versión tenía el problema de lo absurdo que era el planteamiento de esa Hermandad del Silencio, pero eso no quitaba que había un componente que llamara la atención. Esta en cambio... Aparecen unos antiguos camaradas del padre de la protagonista, ¿y? ¿A dónde va a llevar eso?

Ya no es un problema de que no sepamos qué tipo de trama va a tener, es que literalmente no sabemos el género: fantasía épica, comedia, drama... podrías usar cualquiera de esos géneros en los siguientes capítulos y tendría sentido con lo (poco) que has planteado aquí en cuanto a historia y personajes.

Como digo, la otra versión tenía mucho por pulir y mejorar, pero como lector podría llegar a interesarme de lo que vendría luego, aquí es que me da completamente igual. La última frase necesita un enganche para mantener la atención del lector; tal y como está planteada la entendería más en una saga donde en anteriores libros vimos las aventuras del comandante Blossom, junto a sus soldados entre los que están Cneo y Máximus, entonces de repente en una historia nueva, cuando uno no espera que vayan a aparecer... ¡toma! el primer capítulo cierra con ellos presentándose (aunque en ese caso habría que mantener el misterio de sus identidades y tal).

Otro problema que veo es que Dayana es Amara, o al menos está cortada por el mismo patrón, tendrá sus diferencias, pero son diferencias que entiendo más por el mundo donde viven que por ser diferentes personajes; me imagino perfectamente Amara en esta historia actuando de manera similar, salvando la distancia por detalles como la fealdad de Dayana (que por otro lado tampoco parece influenciar en el relato, o incluso el personaje, más que en un mote), pero en definitiva sin llevar a cabo acciones que alteren demasiado el curso de los acontecimientos que has narrado aquí.

P.D.: Espero que la elección del nombre del pueblo haya sido consciente y teniendo en cuenta las implicaciones de llamarlo así.
Quemo sin llama,
mato pero no existo.
Soy mi contrario.
Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)