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Reto Enero 2019: De amores imposibles
#1
Hoja

Desde que tuvo conciencia de sí misma, supo que era diferente. Sabía que era blanca, inmaculada, sensible. Por alguna razón presentía que algo grande iba a ocurrir, que le esperaba un destino importante y que lograría destacar en esa vida que acababa de empezar.
Pasó sus primero días apretada entre cientos o miles como ella. En realidad se le parecían mucho: todas eran blancas e inmaculadas, pero ninguna sensible. Estaban allí, sin sentir. Se limitaban a estar. Por eso ella se creía tan especial. Tenía sentimientos de los que otras carecían.
Pronto la llevaron junto a otras como ella a algún lugar. Fue una época de movimientos, en la que ocurrieron muchas cosas. Vio el sol y la luna, lugares oscuros y otros luminosos, grandes y pequeños, en movimiento y estáticos, hasta que el viaje llegó a su fin y le quitaron la protección que le impedía notar el aire.
En aquel lugar se sentía bien, feliz. Había algo en el ambiente que la reconfortaba, incluso le parecía familiar. Pero no identificaba de qué se trataba. Puede que oliese a pasado; pero no a viejo. Se encontraba en un lugar rodeada de pasado, de eso estaba segura. Podía escuchar en la lejanía esos cantos y silbidos que recordaba haber escuchado antes, pero no sabía dónde.
Se respiraba paz, suavidad… ¿se podía respirar suavidad?
Pronto aquella paz se difuminó. Empezó a escuchar un martilleo irregular y constante, si es que eso podía ser. Tapada como estaba por muchas como ella, no podía percibir bien qué era aquello que producía aquellos golpes.
Luego las pausas eran largas. El sol llevaba tiempo en el cielo cuando empezaba de nuevo. Tras un tiempo que parecía interminable, volvía a parar para reanudarse después de la misma forma. Salía la luna y seguía con la certeza de que algo malo iba a pasar. Aquel sonido seco y breve no podía ser bueno; era como si golpearan algo continuamente.
Con la luna bien alta, paraba y volvía otro periodo de tranquilidad. ¿Qué sería aquello? ¿Le haría algún daño? La tortura de no saber que ocurría la fue atenazando durante todo el tiempo que estuvo en aquel lugar. ¿Acaso sería eso el destino que sintió cuando tuvo conciencia de sí misma?
Pronto lo sabría.

Fuego

Nació sin ser consciente de ello, de un chispazo, de un instante. Prendió la llama de su vida a la que fueron alimentando hasta que creció, grande y fuerte. Desprendía calor, irradiaba luz, se sentía poderoso con el alimento abundante que le proporcionaban. Bailaba, danzaba, elaboraba coreografías imposibles de reproducir, crecía y menguaba a ritmos trepidantes. Jugaba a encogerse para luego estirarse y ver hasta donde llegaba. Con esos juegos se entretenía, pero nunca tenía suficiente. Sabía que algo le faltaba, y danzaba y bailaba, comía y consumía, sin saciarse ni descubrir qué era lo que le hacía sentirse incompleto.
Fue entonces cuando dejaron de alimentarlo, hasta casi morir. No sabía bien de qué se trataba, pero sabía que cuando lo dejaban agonizante, falto de sustento, una luz que él soñaba en alcanzar iluminaba todo aquel lugar. Cuando la luminosidad menguaba, volvían a darle de comer, con gruesos troncos que tardaba horas en devorar, y alguna que otra cosa más liviana, que consumía con gran velocidad alcanzando una altura notable que poco duraba.
Pasaron muchos ciclos iguales, en los que consumía sin parar lo que le ofrecían, calentaba a iluminaba, bailaba y devoraba, buscando qué era lo que lo hacía incompleto. Consumía lo que le daban, todo lo que tenía a su alcance, sin importarle qué pasaba después. Siempre le limpiaban los restos, aquel polvo pesado, gris, apagado. Y siempre volvían a alimentarlo tras dejarlo casi morir.


Violación

Por fin, el día llegó. Había ido escuchando los martilleos cada vez más cerca hasta que finalmente la tomaron y la colocaron en una extraña máquina. No se parecía a nada que hubiese visto nunca. Y entonces, descubrió de dónde venían los golpes.
Empezó a notar en su superficie, clara e impoluta, cómo unas varillas marcaban signos negros sobre ella. Aquel era un dolor que nunca pensó que podría sentir, tanto por los golpes como por las marcas que le quedarían. ¿Por qué le hacía eso? Iba a terminar marcada de tal forma que estaría irreconocible.
Terrible fue la sensación que tuvo al ver, en otro montón distinto, toda una columna de hojas marcadas como ella. Sucias, heridas y violadas. Eso era lo que sentía en aquel momento. ¿Dónde estaba ese destino que presintió que tendría? ¿Dónde estaba la grandeza que le esperaba?
Casi sin darse cuenta, el martilleo paró. La tomaron y la colocaron con mucha delicadeza en el montón de hojas manchadas. Estaba desconcertada. ¿Cómo la podían tratar con delicadeza tras un tormento como aquel? Ahora estaba manchada para siempre. No habría forma de borrar aquellas marcas, aquellos estigmas, la pérdida de su identidad.
Logró percibir un suspiro y una risa. Al parecer, todo había terminado y ella era la última. ¿Acaso podía depararle el destino algo peor que ser la última en recibir tal humillación?
La tristeza y la pena se apoderaron de ella.

Revelación

Tras muchos ciclos iguales, en el que lo dejaban al borde de la muerte y luego le volvían a suministrar sustento, se dio cuenta de su naturaleza. Necesitaba consumir a otros para sobrevivir él. Había probado todo lo que se le había ocurrido para intentar completarse, pero parecía como si la pieza del puzzle que le faltaba hubiese desaparecido.
¿Qué ser podía estar completo si requería de la consumición de otros? ¿Qué vida era aquella, que necesitaba de otros para seguir existiendo? Cuando consumía su comida, crecía, se sentía fuerte y poderoso, pero ahora también culpable y triste. Juraba en esos momentos que nunca más volvería a comer, que se dejaría morir de hambre. Pero cuando su existencia se veía amenazada, cuando se encontraba al borde de la extinción, sus ansias por sobrevivir y no extinguirse se volvían incontrolables.
Entonces volvía a devorar con ansia todo lo que le daban, para volver de nuevo al mismo punto al final del ciclo. Aquello era una verdadera tortura. ¿Cómo luchar contra su naturaleza? ¿Era eso posible? Si había forma, él la desconocía.


Él

En una de las noches, sin saber bien cuál, una corriente etérea la levantó ligeramente. La movió de su lugar, dejándola sobre el montón de hojas pero con una perspectiva de todo su entorno. Una luz captó su atención. Una luz con forma variable, siempre distinta. Se elevaba y descendía para volver a subir al instante siguiente. Parecía que bailase sin parar, sin descanso, en una coreografía preciosa e irrepetible aunque pasaran cientos de días y noches. ¿Quién era aquel, de colores que iban del amarillo al rojo, que se movía sin parar y siempre distinto? Quedó fascinada, prendada por sus formas y colores. Ella era siempre había sido la misma, blanca y lisa, aunque ahora estaba marcada por la imborrables sucias manchas. En cambio, él si podía cambiarse a sí mismo, menguar o ascender, a ritmo variable. Ella era de un solo color, o lo era. En cambio las tonalidades de él lo hacían fascinante.
Lo estuvo observando durante mucho tiempo. Se apenó, incluso se afligió, cuando apenas era unas ascuas, un pequeño carbón incandescente. Pero entonces una figura enorme se acercaba y le lanzaba unos cilindros gruesos, y poco a poco volvía a crecer hasta convertirse en un espectáculo brillante y único. Cuánto daría ella por poder hacer algo como aquella. Deseaba con tanta fuerza acercarse, sentirlo… ¿Cómo podía experimentar aquella atracción, y más cuando aquellos bailes transformaban todo en polvo gris? Deseaba estar cerca y no le importaba convertirse en aquel polvo. No era mucho peor que su estado actual.
¿Cómo serían sus caricias? ¿Le importaría conocer a alguien marcada como ella? Con toda seguridad la rechazaría, ya no era blanca y pura. ¿Quién podría sentirse atraído por alguien como ella, marcada por aquel pasado violento?
Pero el tiempo pasaba y sus preguntas necesitaban respuesta. ¿Cómo podría llegar hasta allí?

Ella

Fue en uno de los muchos ciclos que pasaron, cuando vio algo que le llamó la atención, que captó su mirada. Era una de esas hojas que a veces le daban, que consumía con una pasión breve pero intensa, que asomaba por encima de las otras. No supo qué fue. No podía explicar qué era. Pero quedó prendido.
No parecía diferente a las demás. Era blanca, del mimo tamaño y forma que las otras. Pero al mismo tiempo supo que era diferente. No podía explicarlo, podía sentirlo. Era igual a las demás, pero distinta. ¿Cómo podía ser eso? Tenía las mismas dimensiones y color, pero al mismo tiempo le llamó la atención de una forma que ninguna otra lo había hecho. ¿Qué explicación tenía aquello? ¿Qué había obrado para experimentar ese ansia por acariciar su superficie y sentir su tacto? No entendía, y eso lo desconcertaba.
Pasaron varios ciclos en los que no hacía más que pensar en ella. ¿Por qué no le había pasado antes? Había devorado con anterioridad a hojas como aquella. Entonces, ¿por qué no podía apartarla de sus pensamientos ni un solo instante? ¿Había algo más que no tenía el resto? Decidió que bailaría para ella, que danzaría sus formas volubles para aquella que la observaba temerosa, tímida, desde la altura. Olvidó de nuevo su naturaleza y se dejó llevar por sus impulsos, sin preguntarse qué haría si un día se conocían.
Esta vez estaba seguro: había encontrado lo que le faltaba.


Brisa

Hacía unos soles y lunas que no parecía el mismo. Sus bailes eran más lentos, apáticos. Algo le ocurría. Debía hacer algo, preguntarle si estaba triste, intentar que volviese a danzar con fuerza y alegría.
No pudo más que pensar en aquella brisa, aquel movimiento etéreo que de vez en cuando la visitaba, recorría su superficie y que la colocó en aquel lugar privilegiado desde el que poder observar a la luz de su vida. Se decidió, nerviosa, a hablarle por fin cuando volviese a sentirla.
—Disculpa. ¿Eres tú la brisa?
La corriente de aire salió de su trayectoria y se arremolinó en un suave torbellino, junto a la hoja, incapaz de parar.
—Así es, pequeña hoja.
—¿Conoces a aquel que se encuentra en el agujero de piedra?
—¡Oh, si! Lo conozco.
—¿Cómo es?
—Terrible.
Se quedó sin habla. ¿Cómo podía ser terrible aquel que bailaba para ella a todas horas? Seguramente se trataría de un malentendido.
—¿Por qué dices eso?
—Porque es lo que pienso.
¿Por qué pensaría algo así? No podía ser, estaría equivocada. Quería salir de dudas, descubrirlo por sí misma.
—Llévame hasta allí.
—¿Y por qué debería hacer eso?
—Porque te lo pido por favor. Necesito llegar hasta él y conocerle. Saber si es lo que estoy buscando, si somos el uno para el otro.
La brisa se agitó, divertida.
—Mi querida hoja. No sabes lo que estás diciendo. El fuego es terrible, consume todo lo que toca. ¿Quieres terminar tu existencia?
La hoja estaba turbada. Qué palabras tan horribles le dirigía. No quería seguir escuchándola y que la duda siguiese creciendo en su interior. Debía ir y conocerlo.
—Por favor, llévame hasta allí.
En un susurro parecido a una risa, la brisa se volvió corriente de nuevo y desapareció.
La hoja quedó triste, incapaz de entender nada de lo que había ocurrido. Aquella brisa no se parecía en nada a lo que se había imaginado. No era de fiar un cuerpo transparente como aquel. ¿O acaso no tenía cuerpo y por eso se comportaba así?
Sin tiempo para pensar más sobre eso, la brisa volvió a entrar en la habitación, esta vez con más fuerza, y elevó en el aire a la hoja. Las otras hojas que estaban debajo de ella cayeron al suelo, pero ella surcó el aire, haciendo cabriolas y zigzagueando, hasta llegar a la casa de piedra en la que vivía la luz de su vida.
Con suavidad se posó sobre el lecho de carbón y cenizas, notando el ligero calor que todavía desprendía.

Encuentro

Un ligero murmullo llegó hasta sus oídos. No sabía qué era, pero captó su atención. Intentó concentrarse para oír algo, pero no pudo distinguir más que dos tonos distintos.
Unos instantes después una corriente pasó por su lado, como una exhalación, y reavivó su fuego interior. Se volvió rojo en el trozo de carbón en el que ahora habitaba, incapaz de producir ya una llama. Mejor así. No quería seguir consumiendo más, esta vez estaba decidido. Acabar con otros para seguir existiendo había llegado ya demasiado lejos.
Pero entonces una nueva corriente, más veloz y potente, arrastró a su hoja, danzando sobre el aire, hasta él. Intentó encogerse, retraerse más todavía dentro de aquel carbón incandescente en el que estaba recluido, para no tocarla, no acabar con ella. Había soñado aquel momento, en el que se juntaban y él la rodeaba con sus llamas, sin quemarla, sin convertirla en ceniza, y ella le correspondía a sus caricias con tiernas sonrisas y miradas soñadoras.
Pero una cosa era su imaginación y otra la realidad. Ahora la tenía frente a él, y por nada del mundo quería tocarla.


Pasión

Hoja apenas podía hablar. Estaba a su lado, pero parecía que la rechazaba. No se había imaginado que aquello fuese así. Había visualizado que se conocían, que hablaban durante horas y horas, que se abrazarían hasta el fin del tiempo. Estaba segura de que con él sería feliz, alcanzaría aquel destino con el que había nacido.
Pero en cambio nada sucedió como había planeado.
Fuego, temeroso todavía de consumirla, le dijo:
—No te acerques más, hoja, o te quemaré. No me gustaría hacerte daño, pero no puedo evitarlo. Quemo y consumo todo lo que se acerca a mí.
Hoja se acercó un poco, con mucho esfuerzo.
—Sé que no me harás daño, o por lo menos más del que ya me han hecho. He visto lo que haces, pero no me asusta.
Se miraron durante largo tiempo. Pocas veces unas miradas dijeron tanto. Podían leer en el otro sus vidas, sus temores e inquietudes, sus anhelos. Tras aquella intensa mirada que se dedicaron ambos, creyeron conocerse tanto como a ellos mismos. Había algo en su interior que no podían controlar, algo que les empujaba a unirse el uno al otro. Era una fuerza incontrolable que los arrastraba mientras seguían con la mirada prendida. ¡Qué sensación tan poderosa! ¿Qué estarían dispuestos a hacer bajo el dominio de la emoción?
Hoja quería dejarse llevar, sentir la corriente de sentimientos, notar sus caricias sobre la superficie y ser parte de la vida de él.
Fuego deseaba tomar a Hoja, consumirla con ternura, alimentarse de ella como quien bebe un delicioso veneno para acabar con su vida en un éxtasis.
Y entonces sucedió. Hoja acercó su esquina al incandescente carbón y notó un agradable dolor. Su punta se tornó negra y un hilillo de humo se elevó en el aire, serpenteando por un oscuro túnel.
Fuego degustó el delicioso sabor de Hoja y, sin pensarlo dos veces, abandonó el carbón en el que se encontraba y se subió a ella. La acarició suavemente, recorriendo su superficie con delicadeza, consumiendo con dulzura aquella maravillosa hoja con la que tanto había soñado. Fue el mayor placer que había sentido nunca, sin pensar en nada más que en esa sensación irrepetible, intensa y apasionada.
Hoja no hacía más que gemir, tornando el dolor en placer, dejándose recorrer y disfrutando de la ternura con la que la devoraba. Era un ir y venir de sentimientos y sensaciones, de explosiones de placer que subían y bajaban al ritmo que marcaban las llamas.
Sin tiempo para asimilar toda la experiencia de la que estaban siendo partícipes, Fuego llegó hasta la última esquina de Hoja.
—Gracias por haber eliminado mis manchas y haberme aceptado como soy. Muero feliz por haber sentido algo grande.
—Si no fuese por ti, hubiese muerto de hambre y soledad. Ahora muero feliz y acompañado.
La hoja se consumió y el fuego se apagó.

Epílogo

Morris West estaba eufórico. Tras hablar con el editor, iba a mandarles la novela que había terminado hacía unas semanas. Quería dejarla reposar antes de darle el último repaso, pero Tom había insistido en que se la enviara, expectante como estaba por aquel final.
Cuando entró en el salón y vio parte del montón de hojas en el suelo, casi se le para el corazón. Raudo se arrodilló ante ellas y empezó a recogerlas, ordenándolas a medida que las tomaba. Debió dejarse alguna ventana abierta para que se ventilara la casa y la corriente las había tirado. Se maldijo por el descuido.
La boca se le secó cuando descubrió que no estaba la última hoja. La buscó por todas partes, debajo de sillones y mesas, y apenas pudo retener las lágrimas cuando vio su final, el mejor final que había escrito nunca, como una quebradiza lámina gris sobre un lecho de cenizas y carbón. ¿Cómo había podido ocurrir?
Nervioso, se sentó a escribir de nuevo el final, pero no fue posible escribirlo igual. No recordaba las palabras exactas ni el tono que había conseguido y por mucho que lo intentó, no hubo forma de conseguir la redondez de la vez anterior. Aquella genial inspiración que tuvo se había perdido para siempre, y durante los siguientes días fue incapaz de crear algo similar.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Un relato que se sale de lo que estoy acostumbrado a leer. Sin duda gana puntos por su originalidad, pero también pierde por la repetición de "sensaciones". Me ha gustado el contraste de personalidades entre la llama y la hoja, y cómo siendo tan distintas en su naturaleza, logran encontrar un punto común: el amor. Sí, cursi y trillado, pero me ha gustado la forma de exponerlo. También me ha resultado interesante que el destino especial que intuía que tendría la hoja era llevar impreso un final irrepetible aunque ella creyese que era descubrir el amor.
Como contrapeso, además de la repetición de sensaciones, también hay una repetición de palabras. Hubiese requerido un trabajo mayor terminar de pulirlo y tenías todavía tiempo por delante, autor.
En resumen, está muy bien. Pasas a mi top 3.
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#3
(Yo creo que se de quien es jejejeje)

Bueno ahora yendo al relato. Me ha parecido muy bonito. Es verdad que se repiten muchas sensaciones pero es el propósito del relato; es una historia que gira en torno a los sentimientos y que los usa como ingrediente principal. Además es muy irónico dotar de tanto sentimiento a objetos inanimados, creo que ahí reside parte de la "magia" de este relato, donde en otro relato el abuso de sensaciones y empalagosidad sería un punto negativo, en este no hace más que acentuar esa diferencia ente los objetos reales y los del relato.


De los personajes poco se puede decir. Están todo lo desarrollados que hacía falta. Dándoles unas pinceladas de personalidad y broches de sentimieto al rededor del cual gira su personalidad. Ahora bien, si es verdad que se reflejan diferentes personalidades en los protagonistas yo no lo he visto como un "contraste" sino simplemente diferentes.


Y ya el final da un cierre al relato que si bien no era necesario (bien podría haber acabado con los amantes fusionándose) está bien y se ve el propósito de, como dice Celembor, dar a entender que el destino especial de la hoja no era el amor sino ser un gran final. El problema está en que no estoy completamente de acuerdo. Viendo como se tomó el hecho de ser manchada no creo que para ella ser el final de una obra fuese algo positivo.

Lo dicho, buen relato y muy bonito. Por ahora en mi top 2
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#4
Un relato melancolico sobre objetos innanimados. No es algo comun en estos retos y la novedad se nota. Muy bien trabajadas las personalidades de ambos personajes y la diferencia entre estilos se nota cuando vamos a la perspectiva humana. Lo que significa que ese tono melancolico fue intencional y planificado lo cual le suma muchos puntos. Mi parte favorita fue la de la hoja pidiendole ayuda a la brisa, esa escena tiene el encanto de un cuento clasico. No le veo pegas creo que es un cuento que te gusta o no.
Exitos.
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#5
Un relato muy original y curioso. Aquí los personajes no son personas sino una hoja de papel, el fuego, la brisa... Me ha parecido un acierto tomar estos elementos sencillos, humildes, y darles un sentido literario, artístico y también "humano", pues podemos identificarnos con estos "personajes" aunque sean objetos por los sentimientos y emociones que transmiten.
El final también me ha encantado. Le da una vuelta de hoja a la historia. Y ese final irrepetible que el escritor ya no puede rescatar de la memoria ni del fuego (algo que a todos los que hemos escrito nos ha pasado alguna vez).
En cuanto a correcciones, solo destacaría una cacofonía que surge con "risa" y "brisa" que corregiría buscando algún sinónimo (En un susurro parecido a una risa, la brisa se volvió corriente de nuevo y desapareció.)

Muy bien. Te deseo éxito en el Reto.
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#6
Me ha gustado mucho. Muy original, me ha mantenido interesada por ver en qué acababa todo. Yo, generalmente, me quedo con la historia en sí, pues creo que es lo más difícil; las faltas se pueden corregir siempre, se puede mejorar la estructura, pero como la historia sea mala no la arregla ni dios. Y la tuya es muy bonita y, sobre todo, original y fresca.
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#7
Me ha gustado por su originalidad, y la manera en que escribes es muy bella. La historia tiene un principio, un problema y un desenlace,todo bien planteado, y eso es muy positivo. Ahora bien, creo que pecas de repeticiones, al punto que a mi personalmente se me hizo empalagoso y algo tedioso por momentos. Tambien hay algunos errores en cuanto al género del fuego (observada en lugar de observado), pero son fallas minusculas que tienen fácil arreglo. Muy bien hecho y suerte.
-¿Acaso buscas la muerte?
-No, porque sé que se esconderá hasta que sea ella quien busque y yo quien se esconda.

 
                                                                                                                                                                                 
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#8
"¡Pero qué demonios...!" Así me has dejado cuando leía el penúltimo apartado, "Pasión", jajaja.
¡Enhorabuena, anónim@ autor/a! ¡Un relato animista cargado de originalidad! Mi única pega, por poner una pega, es que a veces se me hacía un poco repetitiva la descripción de la naturaleza de los dos protagonistas, enlenteciendo un poco el ritmo de la narración. Por el lado contrario, me gustó mucho Brisa, así, traviesa y risueña, ¡creo que su breve aparición le da mucha frescura al relato! ¡Como un soplo de aire fresco...! (perdón, perdón, ya lo dejo Tongue)

Por ahora, de los poquinos relatos que he leído, es mi favorito con creces. ¡Mi más sincera enhorabuena!
Ob-la-di Ob-la-da
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#9
Cita:Cuánto daría ella por poder hacer algo como aquella.
Aquello
Cita:Era blanca, del mimo tamaño y forma que las otras.
Mismo

Y esas dos tonterias son todo lo "malo".

El final me deja un poco con sentimientos encontrados. Por una parte me parece necesario, pero por otra se carga el efecto del relato de darle la voz y el protagonismo a objetos inanimados.

Aun asi, olvidandome del final todo lo anterior es una obra maestra. Apostaria a que solo puede haberlo escrito cierta persona que ya nos deleito en el pasado con la preciosa historia de amor entre dos edificios Big Grin (y si me equivoco, mejor, eso significaria que tenemos mas genios en el foro Tongue).

Siendo una historia de amor tragica, el destino (¿o tal vez sera que el reproductor de winamp ha cogido consciencia de pronto?) ha querido que la leyera escuchando "nothing breaks like a heart". Y gana mucho asi, le viene como anillo al dedo.

Me ha hecho acordarme de la historia del Fuego y el Agua de Ingrid Tan. Si no la concias, seguro que te gustara Smile
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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#10
Relato ultra sensitivo y alegórico, etéreo por momentos, pero que se lee con agrado. No se parece a nada de lo que yo esperaba para este reto, pero sin duda se merece estar en él como el que más.
Esa hoja blanca, tan temida cuando está vacía…y que se lleva su final con ella al fuego. Eso es lo que más me ha gustado del relato: el final. Pues el desarrollo está bien, es lírico, sensible, pero impersonal y un poco ajeno…hasta que aparece la figura del escritor y todo cobra sentido en una dimensión más amplia.
Muy bien autor.
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