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Reto Enero 2019: 2234
#1
2234

Cerró el último libro de la saga y sintió una profunda tristeza. Se quedó pensativa. Ya se había leído todo lo que había acerca de él en la biblioteca, pero no quería que terminara. Y ya no había más. Había leído cientos de novelas, necesitaba sumirse en otros mundos porque su imaginación no tenía otro camino para explayarse. Cuando leía, vivía la lectura. La veía en su cabeza como una película. Quizá su parámetro de empatía era demasiado alto.

Pero ese personaje y su historia eran sus favoritos.  Aunque sabía que era ficción, pensó que ya no había hombres así. Ya no había nadie así, si es que alguna vez lo hubo. Desde que controlaban la genética, desde que le quitaron a la naturaleza su rol, todos eran invariablemente idóneos exclusivamente para aquel papel para el que fueron diseñados, sin márgenes.
Diseño genético. Ella era de las mejores en ese campo. Había sido diseñada para ser eficaz en su trabajo, en sus investigaciones, era actualmente una brillante científica que se sumaba a los culpables de que la humanidad se hubiera convertido en una masa de seres grises, sin lugar para la espontaneidad y la individualidad. Sí, eso había contribuido a una paz sin precedentes en el mundo, a evitar conflictos de cualquier índole, a un mayor bienestar para toda la población, pero a cambio de despojar al hombre de su identidad única, de sus diferencias; ahora todos parecían robots programados para únicamente contribuir al progreso en la medida de su status.
Se sintió azorada. Nunca había pensado eso. Nunca había sido consciente de eso. Fue como un despertar. Y los demás, ¿nadie había reparado en ello? ¿Nadie se había dado cuenta de que todo había ido demasiado lejos? No lo creía, pero daba igual. Innegablemente nadie movería un dedo para cambiarlo. Nadie se enfrentaría al aparato gubernamental para frenar aquello que a estos les iba tan bien, todos estaban condicionados desde su concepción para no hacerlo. Ella también.
Se arrellanó en el sofá y dejó el dispositivo a un lado. Cerró los ojos y le imaginó. No podía quitárselo de la cabeza. Empezó a hacer recuento de los parámetros del personaje. Era fácil para ella. Extremadamente fácil. Los libros describían a la perfección su carácter, su constitución, su forma de pensar. Estaba todo allí. Como si fuera un juego, se levantó y cogió su dispositivo. Empezó a elaborar una lista estándar.

Carácter

Integridad: 75 % subparámetros en sección 3.1
Disciplina: 80% Subparámetros en sección 5.3
Sensibilidad: 65 % subparámetros en sección 2.5
Coeficiente intelectual: 110
Creatividad: 45% subparámetros en sección 1.1
Lógica: 55% subparámetros en sección 1.5
Capacidad para seguir las normas establecidas: 35% subparámetros en sección 5.1
Lealtad: 70% subparámetros en sección 4.2
Fidelidad: 60% subparámetros en sección 4.3
Impulsivo: 25% subparámetros en sección 1.2
Sexualmente: muy activo subparámetros en sección 6.0
Empatía: 60% subparámetros en sección 2.0
Obsesivo: 60% subparámetros en sección 5.2

Continuó rellenando parámetros de carácter, físicos, mentales, divertida. Era su trabajo. Ella era una autoridad en ello.
Finalmente tuvo en sus manos el esbozo del diseño principal del personaje. Si quisiera, podía hacerlo realidad. Todo estaba allí. Y tenía libre acceso a los medios en su laboratorio. Sintió una extraña excitación al pensarlo. Podía crearlo… Esa idea empezó a germinar en su cabeza, descabellada, pero seductora. Quizá contradijera las normas, pero su laboratorio era experimental, así que nadie cuestionaría sus acciones. Y, además, ella era la jefa. Definitivamente, iba a contradecir las normas.
La habían diseñado para que fuera curiosa, obsesiva, meticulosa, creativa, imaginativa y extremadamente inteligente, entre otras cosas. Las normas no pesaban demasiado en su forma de pensar, pues su carácter obsesivo solía imponerse y ahora se imponía irremisiblemente. Porque este cóctel de características, que venía muy bien para un investigador genético, también tenía un lado oscuro, un lado ingobernable del que no había sido consciente hasta ahora, que iba a saltarse todo a la torera. Estaba decidida.
Casi no durmió ante la perspectiva. Daba vueltas en la cama, exaltada y nerviosa, impaciente. De pronto, algo la amedrentó: y cuando lo hubiera hecho, ¿qué? Sería un bien del estado, no podía sacarlo de allí. No le pertenecería. Mierda.
Tenía que pensar. Tenía que mirar antecedentes jurídicos, buscar la manera de burlar las leyes y salirse con la suya. Porque lo tenía muy claro: el aventurero sería suyo. Lo diseñó para ella. Una pareja a la carta. ¿Una pareja a la carta? Hum... por ahí podía conseguirlo. Se había hecho ya. No para la población llana, está claro, pero sí para personas muy influyentes. Y esas personas muy influyentes le debían favores que, por su puesto, se iba a cobrar.

Diez días le llevó completar la cadena de ADN. Casi vivía en el laboratorio: se olvidaba de comer y dormía unas cinco horas diarias. Cuando la completó, se sintió eufórica. No permitió que ningún ayudante lo introdujera en la célula, lo hizo ella misma. Contempló con en el ordenador la división celular y la trasformación cigoto en mórula, tras ello, dejó por fin que el equipo se hiciera cargo. Esa era la parte más tediosa del proceso, durante la cual tendría tiempo de sobras para arreglar los asuntos legales –o ilegales— de la custodia del individuo. Tenía un año por delante para que el aventurero estuviera listo.
Pasaba siempre al terminar el trabajo, le miraba a través de la unidad acristalada donde crecía, y los últimos meses se le aplicaron las sondas cerebrales que habrían de proporcionarle, según sus órdenes, conocimientos generales, idiomas, usos y comportamiento social, esgrima, meditación y una mezcla de conocimientos de distintas culturas en entrenamiento físico, y también su propia historia, entre otras cosas.
Le hablaba a través de la sonda, quería que recordara su voz cuando despertara, que no se sintiera completamente solo y confundido cuando lo hiciera, como era habitual. Al menos su voz le tranquilizaría.
No quiso marcarle con ninguna de las cicatrices que describía la saga.
En el laboratorio, su equipo hablaba a sus espaldas. La actitud de la científica hacia el individuo, así como las características de este, suscitaron recelo y extrañeza en ellos. Nunca habían visto en su jefa tal comportamiento con ningún individuo. Especulaban, no sin acierto, las causas de su desmedido interés, y lo desaprobaban abiertamente. A ella le era totalmente indiferente.

Una semana antes del despertar llegaron los certificados de custodia, aprobados por el Gobierno. No era un individuo estándar, así que habían condiciones y cláusulas de confidencionalidad. También le llegó por correo electrónico la aprobación de los dos meses de vacaciones que había solicitado. Eran sus primeras vacaciones en años.
Estaba realmente impaciente. Le miraba a través de la unidad acristalada donde yacía Dann, ya completamente formado, a la espera de completar la fase mental. Introducía sus manos en los guantes de la pared de cristal de la unidad y acariciaba sus cabellos, su rostro, feliz de haber cumplido su deseo. La espera era ya una tortura física para ella.
El día del despertar estaba especialmente nerviosa. Al llegar ya habían retirado la cubierta de cristal que envolvía la superficie plana de la unidad. Habían retirado las sondas cerebrales, los electrodos, pero no las vías que aún salían de sus brazos, ni el oxígeno. A una orden suya le fueron siendo retirados los sueros, la banda nasal y antes de quitarle la última vía, le inyectaron por ésta la solución para despertarlo.
Su respiración se hizo más profunda. Entreabrió la boca y luego parpadeó rápido, sin lograr aún abrir los ojos. Ella extendió su mano y le acarició el hombro, intentando tranquilizarle o tranquilizarse a sí misma, pues su corazón latía de tal modo que oía su sangre circular en los oídos. Finalmente abrió los ojos y los fijó en el techo. Poco a poco, su mirada recorrió la sala, hasta clavarla en ella.  
—Hola, Dann. ¿Cómo te sientes?
—Aturdido. Mareado.
—Es normal. Aguarda unos minutos, esa sensación pasará rápido. Me llamo Avy y soy quien cuidará de ti.
—¿Qué me ha ocurrido? ¿Por qué estoy aquí?
—Habrá tiempo para explicaciones, lo importante es que estás bien. Intenta sentarte con cuidado.
Avy le ayudó a incorporarse, acercó la bandeja de material y comenzó a explorarle concienzudamente. Sus reflejos respondían con normalidad. Todo correcto.
—Bueno, estás muy bien. Ahora, por favor, ponte de pie y camina por la sala.
Él se deslizó al suelo y lo hizo. Aunque su tono muscular no era ni de lejos el óptimo, el hombre caminó sin problemas tras un leve titubeo. Ella pareció satisfecha.
—Suficiente, gracias. Te he traído ropa—dijo ella acercando una bolsa de nylon y abriendo la cremallera. Vació el contenido sobre la unidad—.  Calcetines, un slip, deportivas, un tejano y una camisa. Vístete.
Mientras él se vestía despacio, ella firmó y terminó de rellenar unos formularios, firmó la recogida del individuo. Pronto ambos terminaron sus actividades.
—Bueno, nos vamos. ¿Estás listo?
—¿A dónde vamos?
—A mi casa. ¿Te parece bien?
—No sé lo que me parece. Esto es…
—Ya lo sé. No te tortures, Dann. Todo lo que sientes es completamente normal, por eso te pido, por favor, que confíes en mí. ¿Confías en mí?
Él la miró abiertamente a los ojos antes de contestar, estudiándola.
—Veo que tendré que hacerlo.
Avy soltó una carcajada, divertida ante la confusión y reticencia del aventurero. Ella le había hecho así.

Entraron en la casa y las luces se encendieron. El robot de limpieza trabajaba, como cada mañana, solo su suave ronroneo quebraba el silencio. Avy le condujo al salón, después de dejar la bolsa de lona y su bolso en una silla del recibidor. Se sentó en el confortable sofá y dio una palmadita al asiento vacío junto a ella.
—Ven, Dann. Siéntate.
Él obedeció sin decir nada.
—¿Vas a explicarme qué hago aquí?
—¿Qué es lo último que recuerdas?
—Recuerdo estar tumbado junto a Laura en la orilla de un lago. Recuerdo el dolor de una herida en el abdomen. Eso es lo último que recuerdo.
Ella suspiró. Tenía memorizado el guión acerca de la explicación que debía darle, pero dudó. Sin embargo, no podía decirle la verdad.
—Eso fue hace mucho tiempo, Dann. Estamos en el año 2234.
Ella pudo ver la sorpresa en sus ojos. La duda. El dolor.
—¿Qué ha sido de los demás? ¿Laura, Sara, Jack…? Todos mis amigos…
Mierda, pensó ella. Lealtad, fidelidad… ¿parámetros demasiado altos? No, es normal.
Decirle que ya no vivían le pareció una mala idea. No quería soportar un estado de depresión del aventurero, pero, ¿qué podía decirle, si no? ¿Engañarle? ¿Mentirle diciendo que la Bruja le había traído al futuro para curar sus mortales heridas? Eso sólo alentaría su obsesión por regresar a un momento que nunca existió, para buscar a unos amigos que jamás existieron.  Se sentiría provisional en ese tiempo, impaciente y frustrado, ansioso por regresar a su mundo. No, a pesar de la depresión que pudiera ocasionarle, debía matar ipso-facto esas esperanzas. Tenía que ceñirse al guión.
—Ellos ya no están, Dann. Hace mucho ya. Han pasado mil años.
Él bajó la mirada y perdió aplomo. Ella vio claramente el dolor que le embargó, el desesperado fruncimiento de cejas y el ligero temblor en sus labios.
—¿Y qué hago yo aquí? ¿Cómo…
—Yo te he traído de vuelta, Dann.
La miró con una mirada dura.
—Pues podías haberlo ahorrado. No voy a agradecértelo, hechicera. Has hecho mal.
Ella se sintió golpeada. Sabía que esta reacción era previsible, pero aún y así le dolió.
—Quizá tengas razón. Quizá no debiera haberte traído de vuelta. Pero ya está hecho y no puedo dar marcha atrás. Y no me llames hechicera, soy una científica. Aquí no hay magia ninguna.
—¿Por qué me has traído?
Sus ojos verdes la miraban inquisitivos, duros. Ella no pudo responder. No pudo decirle que por capricho, y se dio cuenta de su error. De su falta de ética. De su egoísmo. Ante ella tenía a una persona real, con sentimientos heridos, sufriendo. No había pensado en él, sólo en ella misma. Ni se le había ocurrido. Finalmente, le respondió.
—Lo siento… Tienes razón. Tienes toda la razón, Dann. No debí hacerlo. No pensé en ti, en lo que sentirías al saberte solo. No lo pensé…
Cayó un silencio pesado entre los dos. El aventurero evitaba su mirada a toda costa. Ella no sabía qué hacer, cómo manejar la situación.
—Ven, te enseñaré tu habitación. Quizá lo mejor es que estés solo para asimilar todo esto. ¿Te parece bien?
—Me parece.
Lo acompañó a la habitación de invitados. Le dejó allí y se condujo a su propia habitación. Se cambió de ropa, se puso una camiseta larga para ir cómoda y ajustó verbalmente el termostato del aire acondicionado.
Bajó a la cocina y preparó algo de almuerzo para los dos. Le llamó con unos suaves golpes en la puerta, pero él no salió. No salió hasta el día siguiente.
Avi había dormido poco. Preparó el desayuno entre bostezos y, cuando estuvo listo, se acercó hasta su puerta y llamó con los nudillos, haciendo un esfuerzo. Se sentía avergonzada, le imponía volver a enfrentarse a su mirada llena de reproche. Al no recibir respuesta se preocupó y abrió la puerta sin el permiso del aventurero.
Él estaba arrodillado en el suelo de madera, estático, mirando por la ventana el cielo azul del verano. No se movió.
—Dann…—dijo ella en voz baja, como con miedo—. El desayuno está listo. Tienes que comer.
Él no dijo nada. Se levantó y se giró hacia ella, dispuesto a seguirla. Su rostro parecía tallado en piedra, duro e implacable.
Se sentó en la silla frente a ella y se sirvió. No despegó los labios. No la miró ni una vez. Cuando terminó buscó el lavabo y se duchó, y supo usarlo todo, para su sorpresa. Salió con el pelo mojado y volvió a la habitación.
Avi se sentía desgarrada. No sabía qué hacer. No sabía cómo gestionar esa situación. Y no podía contactar con ningún psicólogo, nadie debía saber nada acerca del experimento. Se sentía culpable. No había previsto en ningún momento que podía ocurrir esa reacción tan acusada. Se había dejado llevar por el entusiasmo, no había compartido el objetivo, no había pedido consejo gabinete psicológico del laboratorio y ahora ya no podía, no había ningún antecedente de un experimento parecido. Se sentía, además, como una idiota.

A la hora del almuerzo volvió a su puerta y le avisó. Esta vez no entró, aguardó en la mesa a que llegara. Él repitió el proceso, no la miraba, no le hablaba. Terminó y volvió a su cuarto.
Así transcurrieron tres largos días. El cuarto día, a la hora del almuerzo Avi no pudo más. La tensión no la dejaba vivir, la ansiedad la agobiaba y casi no la dejaba respirar.
—Dann, esto no puede seguir así.
Él no dijo nada.
—… No puedes seguir ignorándome. No puedes seguir, no podemos seguir así. Quiero que me perdones, por favor, perdóname… No quise hacerte daño, no lo pensé…
Él posó su dura mirada en sus ojos.
—No puedo perdonarte. Ni siquiera lo intento.
—Y, ¿qué vamos a hacer?
—No lo sé. Quizá lo mejor sería que me fuera.
—No puedes hacer eso, lo sabes. Eso lo sabes.
—Sí, lo sé. Sé que te pertenezco. Soy una posesión más en tu casa— dijo levantándose.
—No eres una posesión más. Es una condición legal, simplemente. Nunca pensé en ti como una simple posesión.
—Mientes.
Ella se ruborizó. Se levantó de la silla y se acercó a él.
—Quizá lo pensara… antes. Pero no ahora. No después de haberte conocido. No después de haber comprendido mi error. Lo siento, Dann, ¿es que he de pasarme la vida diciendo lo siento?
Él leyó el arrepentimiento y el dolor en los ojos de ella. Había sinceridad. Pero eso no bastaba.
—Cuéntamelo todo, Avy. Cuéntame la verdad, toda la verdad. Sé que escondes más que lo que me has contado. Dímelo. Necesito saber la verdad.
Y ella se lo contó.

Si creyó que contarle la verdad fue una buena idea, se equivocaba. Completamente.
—Resumiendo —dijo él—, me has creado, nunca he existido. Me has creado para ti. Sólo para ti.
—Yo… Yo no pensé…—titubeó ella—. No quería que…
De repente, el hombre la besó en los labios, la abrazó con fuerza, y sus ojos se abrieron de par en par, desconcertada. El aventurero abrió los labios y el beso se tornó exigente, salvaje; introdujo su lengua en la boca de ella bruscamente, sin delicadeza. Ella intentó hablar, pero sólo salieron unos sonidos ininteligibles. Quiso empujarle, zafarse de su abrazo, pero sus brazos eran una tenaza que impedían su huida. Le mordió, asustada por su brutalidad, y él gruñó y se separó de ella. Avi le miraba con reproche, tensa, con la respiración acelerada. Él se llevó la mano a la boca, su labio sangraba.
—¿Por qué has hecho eso? —le gritó ella, humillada.
—¿Por qué? Para eso me hiciste, ¿no? ¿Acaso no es eso es lo que esperas de mí? No entiendo por qué me has mordido.
—Intentas vengarte. Te burlas de mí… ¡Y realmente no entiendes nada!
Avy salió de allí y al poco se oyó un portazo. Él se sentó en el sofá, la rabia le había abandonado. No se sintió orgulloso de su comportamiento. Tenía razón, su intención fue la burla, la humillación, hacerla sentirse mal. Pero, habiéndolo conseguido, habiendo pasado su momento de furia, ahora se arrepentía. Si no era un simple juguete para ella, ¿qué era? ¿Qué esperaba de él? ¿Por qué le creó? Lo pensó detenidamente. Luego se levantó y buscó su puerta.  Oyó sus sollozos a través de esta y llamó con suavidad.
—¡Vete, déjame en paz!
No le hizo caso, entró y la vio tendida en la cama, bocabajo, con el rostro escondido en el hueco del brazo.
—Avi… te pido disculpas.
—Déjalo, todo es culpa mía. Ha ido mal desde que despertaste, mi sueño ha resultado una pesadilla —sollozó, encarándose a él. — Un coeficiente increíble y en realidad soy una estúpida. Una estúpida con sueños estúpidos.
Dann se sentó en la cama, junto a ella. Sin pensarlo, alargó su mano y limpió con su pulgar las lágrimas de sus ojos. Se sintió culpable.
—Creo… creo que sé por qué lo hiciste. No conozco mucho de tu mundo, nada en primera persona, más que los datos que introdujisteis en mi cabeza. Pero sé por qué lo hiciste.
—¿Vas a seguir burlándote?
—Eres diferente. Te hicieron distinta. Necesitas algo que tu mundo no puede darte, lo encontrabas en los libros a través de los personajes, de sus vivencias. Pero llegó un momento en que eso ya no te bastaba, necesitabas algo real. Sentimientos reales, intensos, un hombre de carne y hueso que pudiera quererte del modo que necesitas. Por eso me creaste.
Avy sorbió por la nariz.
—Sí. ¿Y qué?
—Eso lo cambia todo.
Se quedaron en silencio unos instantes. Ella dejó de llorar por fin.
—Te perdono, Avy, te comprendo y te perdono. Ya estoy en el mundo y no hay vuelta atrás, así que empecemos de nuevo, si te parece.  
—De acuerdo. ¿Qué te parece si salimos de estas cuatro paredes de una vez?
—¿Qué propones?
—Vamos a cenar fuera.
—Buena idea.

No había muchos restaurantes como aquel en la ciudad. Se exigía etiqueta y sus precios eran astronómicos. Nunca había estado, pero había oído hablar con envidia a aquellos que habían disfrutado de su exclusiva cocina, de su pista de baile, de la élite que allí se reunía. Siempre quiso ir, pero nunca encontró el momento —ni la pareja— adecuados.
Dann vestía un smoking negro, ella un vestido largo de un discreto azul claro con un bolsito a juego. Estaban sentados en una mesa para dos, amenizados por la música suave de la orquesta, degustando los platos que habían pedido. El ambiente entre ellos había mejorado drásticamente, y ahora charlaban y sonreían, animados también por el vino de buena añada que regaba su festín. No tomaron postre, pero Avi pidió café y Dann un chupito de vodka.
La pista de baile estaba animada, varias parejas bailaban al son lento de un antiguo tema, y Avi los miraba con envidia. Él se dio cuenta, nada escapaba a su perspicacia. Venció su reticencia y se puso en pie, alargó hacia ella su mano y ella la tomó. Avanzaron juntos hacia la pista, y allí él sujetó su cintura con una mano y apoyó sus manos entrelazadas en su pecho. Comenzaron a moverse al ritmo de la melodía lenta, sus cabezas, en direcciones opuestas, muy juntas. Avy sentía un agradable cosquilleo en el cuerpo ante su contacto y su cercanía.
—Te pareces mucho a ella. Salvo en los ojos, tus ojos son azules.
No pudo evitar que esas palabras salieran de su boca. Se dio cuenta de su error cuando ya estaban pronunciadas. Avy entendió a quién se refería el aventurero. Laura, su amor en la ficción.
—¿Qué sabrás tú? Nunca la has visto— respondió, molesta.
—Cierto, no sé por qué he dicho eso. Perdona, Avy. Solo quería… solo quería hacerte un cumplido. Eres tan atractiva como… Eres preciosa.
La cabeza de Avy se había separado de la suya. Sintió su enfado y no se lo pensó dos veces. Acercó despacio su boca a la de ella y la besó suavemente, con delicadeza. Esta vez ella no se resistió, y el beso se intensificó mientras sus manos se acariciaban, mientras él la atraía hacia sí con la mano que descansaba en su espalda, sin dejar de bailar. No se dijeron nada después, simplemente dejaron el local, cogidos de la mano, y volvieron a casa en silencio.
Cuando entraron, se lanzaron uno en brazos del otro. Caminaron entre besos hacia el dormitorio de Avi, se dejaron caer en la cama descuidadamente, se desnudaron el uno al otro sin apartar sus bocas. La mano de Dann acarició su piel desnuda, haciéndola estremecer de deseo, su boca alcanzó sus pechos y lamió sus pezones mientras ella arqueaba la espalda, presa del placer. Luego su mano bajó a sus caderas y buscó el mechón de pelo entre sus piernas y lo acarició. Avy gimió y él sonrió con lujuria, complacido. Encontró su punto, y sus dedos se movieron alrededor de este, mientras su lengua recorría su cuello. Avy arqueó más su espalda, suspirando, jadeando, perdida en un mar de placer.
—Te necesito en mí… entra en mí—susurró ella temblando de deseo.
Impaciente, se puso sobre ella y volvió a besarla, su lengua derramaba su sabor en la boca de ella y ella le envolvió con sus piernas, sintiendo el calor de su sexo contra el suyo, sintiendo crecer su urgencia. Se izó un poco para ayudarse con la mano y entró suave, fácilmente. Ella estaba de sobras preparada para él y gritó contra sus labios, inundada por la sensación placentera de él llenándola, y él entonces dejó su boca, gimió y la mordió en el hombro. Ella exhaló un suspiro.
—Te quiero… —susurró Avy en su oído.
—Oh, Laura…
Y entonces, todo se fue al garete. Avy abrió los ojos y se escurrió bajo su peso, le apartó con decisión y se sentó en la cama temblando aún, dolida, enfadada, incrédula. Él se giró hacia ella, su respiración aún acelerada.
—¿Por qué, Dann? ¿Por qué la has nombrado?
—Lo siento.
—Habla. Dime por qué.
—No lo sé.
—¡Dime por qué! —exigió Avy.
—La veía a ella. La sentía a ella…
—No puede ser. No… no es posible. Tus niveles no son tan altos como para eso, es imposible. No deberías estar tan obsesionado, tus niveles de… ¡Hacías el amor conmigo, joder! A menos que… Sólo hay una explicación— su mirada quedó estática en un punto en la pared, pensando— ¡hijos de puta!
Avi salió disparada de la cama y se vistió deprisa, cogió su bolso y se fue, sin contestar las preguntas del aventurero, dejándole con la duda de a dónde se dirigía a esas horas de la noche.

Ella estaba exenta de las restricciones de horario del laboratorio. Podía entrar independientemente de la hora del día o de la noche, así que pasó sin problemas los controles de iris y entró. Se sentó frente al ordenador-matriz, el que contenía todos los datos, el que estaba incomunicado para que nunca pudieran filtrarse los experimentos que allí se realizaban.
Acercó su ojo de nuevo para verificar su identidad y buscó el archivo que contenían los datos de Dann. Comenzó su búsqueda para comprobar sus sospechas, sabía qué parámetros debía revisar. Y encontró la causa. Su trabajo había sido boicoteado por alguien de dentro. Aquél parámetro específico había sido alterado, aumentado. Estaba jodidamente alto. Y supo lo que significaba.
Se abrazó a sí misma y lloró llena de rabia, de impotencia, porque aquello no tenía arreglo. No lo tenía. Y la habían traicionado.
Regresó a casa de madrugada. Dann la esperaba en el salón, en la televisión sonaba la melodía de un telediario. Se levantó y se acercó a ella, preocupado. Sus ojos rojos e hinchados hicieron acrecentar su preocupación. Avy se acercó al sofá y se dejó caer, cansada, y él se sentó a su lado, sin atreverse a coger su mano para intentar reconfortarla.
—Dann… He estado pensando. Sólo hay una solución aquí. Reclamaré tu ciudadanía, para que seas libre. Tendré que dar explicaciones, habrá un escándalo y seguramente pierda mi trabajo. Pero me da igual, no quiero seguir con todo esto, ya no puedo... Me equivoqué y tengo que pagar ese error.
—No es necesario, Avy. Me da igual…
—Sí es necesario—le interrumpió ella. —Lo es. No hay arreglo posible. Alguien introdujo un parámetro diabólicamente alto, no vas a poder librarte de tu obsesión. Siempre la vas a ver en todas las mujeres, siempre la vas a buscar, nadie te va a llenar, nunca, nadie podrá retenerte, porque ella no existe. Y no se puede hacer nada.
Él bajó la mirada. No sabía qué decir.
—Quédate en la casa hasta que todo termine. Yo no puedo quedarme. No puedo mirarte sin sentir remordimientos, sin sentir…
No dijo nada más. Se levantó y se fue, simplemente.

No hubo escándalo. El asunto se tapó por completo, Dann recibió una ciudadanía especial, vigilada y con pensión, y ella perdió su trabajo. Tampoco le importó, ya no quería tener nada que ver con la manipulación de seres humanos ni con el cabrón que se la había jugado. Que se quedara con el puesto de jefe, que se lo metiera por el culo. Sin embargo, el gobierno no iba a dejar sin rentabilizar los millones que ella había costado, y la trasladaron a un laboratorio de mejora genética de animales.
Al menos allí se sentía relativamente a gusto. Ganaba mucho menos pero también tenía menos presión, hacía su trabajo sin remordimientos. Le costó tres meses alcanzar una cierta paz interior, empezar a olvidar todo el asunto. No supo nada más de él desde que dejó su casa, pero lo prefería antes que sentir el pinchazo en el corazón que solía sentir cuando pensaba en él.
Hasta ese día.
Llegó a su casa y le vio, apoyado en una motocicleta negra de última generación, vestido en cuero negro. Se quedó parada. Él sonrió y se acercó a ella, tranquilo.
—¿Qué haces aquí? —dijo ella, turbada.
Estaba guapísimo, joder. Se había cortado el pelo y llevaba un inicio de barba. ¿Por qué tenía que ser tan guapo? Qué difícil, qué difícil se lo ponía.
—Quería verte. Necesitaba verte.
Ella pareció confundida.
—¿Por qué?
—Deberías saberlo, tú más que nadie.
—¿Por qué? —repitió, enrojeciendo ligeramente.
—Porque no hay nadie como tú. Porque quiero lo mismo que tú, y nadie más me lo puede dar.
—Mira, no soportaría que pensaras en otra cuando, cuando… en todo. Y eso va a pasar.
—Tienes un coeficiente asombroso. Sabes cómo me hiciste. Piensa un poco, Avy. ¿Te lo tendré que explicar yo?
—No sé qué quieres decir.
—Yo no alcanzo a saber lo que tú sabes de esto, pero supongo que, cuando tantos parámetros interactúan, cuanto más complicada es la composición, más factores se influyen. Tu antiguo laboratorio es experimental por algo. Soy práctico, resuelto. Y un poco listo. Ella está ahí, sí, pero como un amor platónico… y yo necesito alguien de carne y hueso. Te necesito a ti, Avy.
La expresión de Avy cambió. Humedeció sus labios y los mordió un momento. Sus ojos se entrecerraron de un modo travieso. Sintió alivio, esperanza, alegría, amor… Y sintió calor en su vientre, un agradable calor que se extendía por sus entrañas, sin poderlo evitar. ¡Tenía razón! Era cierto. No había tenido en cuenta la influencia de los demás parámetros, y la incógnita que la mezcla provocaba, la racionalidad, el sentido común… Pero ¿qué le pasaba? ¿Tanto le turbaba él que se comportaba como una genetista en prácticas?
—¿Qué me dices? Podemos intentar…
—Calla y entra —le interrumpió ella, feliz. — Tú y yo tenemos una cuenta pendiente que saldar, ahora mismo…
Y Dann calló, pero soltó una carcajada argéntea, sincera, sintiendo cómo el deseo hacía presa en él, y tomó su mano mientras caminaban hacia la casa, con el convencimiento y la voluntad de que esta vez todo saldría bien.
Y todo, ya siempre, les salió bien.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
Wink 
Una prosa muy bien cuidada que se hace fluida y amena ayuda bastante a la historia. No sé que tan original sea pero la historia me gusto mucho. Planteas una sociedad posible y unos personajes por los que se siente empatia. La tension estubo muy bien creada durante el conflicto del amante con su situacion. En ese momento se podia esperar que sucediera cualquier cosa y me tenias al borde del asiento esperando lo peor. Al final todo se resuelve bien y aunque senti un poco flojo el desenlace eso no desmerece el trabajo realizado. Felicidades.
Responder
#3
Huy, huy de todo el relato me he quedado con la escena de sexo. Vaya putada el coitus interruptus, vaya con el mito de " padentro rápido que menfrío", que te aconsejo no hagas en la vida real o nunca llegarás a la segunda cita. Esto me da una pista acerca de la edad y sexo del autor, sin ánimo de ofender. Bueno, me ha gustado, he sentido empatía y me he puesto cachonda. Gracias de parte de mi marido.

PD. Es broma, leche. Muy bien el relato!
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
Responder
#4
Recuerdo haber leído un relato sobre el mismo tema hace unos años, me parece que en una antología de relatos, pero no recuerdo el título ni autor/a. Me gustan los planteamientos con conflictos éticos y este no es una excepción. A pesar de plantear un mundo muy avanzado el autor se ha guardado de mostrar elementos más futuristas para no distraerse de lo que quiere contar y está bien para un relato corto. Aun así, me ha faltado más, y tal vez un final más complejo. Pero todo esto, son solo subjetividades de un lector.
Buen trabajo.
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#5
Muy buen relato. Plantea un conflicto interesante y que me ha mantenido en vilo hasta el final. Podrías haber intensificado más el conflicto interno de Avy antes de crear a Dann, que la viéramos debatirse entre lo ético de diseñar a un ser humano a la carta. También me hubiera gustado saber cómo llega la sociedad que plantea el relato a superar la barrera moral de la manipulación genética en humanos. El tema es muy interesante y se podría reflexionar sobre eso.
De todos modos, el relato me ha gustado mucho por su ritmo, por lo interesante del conflicto y por cómo se va desarrollando el mismo.
Enhorabuena.
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#6
Un relato escrito de forma muy fluida, se me hizo super rápido de leer. El estilo es sencillo y funcional.
Respecto a la ambientación, queda un poco desdibujada, pero está bien, ya que sólo hace falta plantear un contexto para desarrollar el conflicto interpersonal que siento es la base del relato.
En cuanto a las interacciones, se me hicieron un tanto apresuradas, como que en un par de días ya pasa todo, se conocen, se odian, se enamoran, se desenamoran, se separan... vaya, que toda una vida en unas cuantas horas! O sea, la vida misma! XD
El conflicto es casi freudiano... el objeto está perdido (si hay algún psicologo por ahí lo va a entender! Tongue).
Me gustó el argumento, sólo se me hizo un tanto apresurado el desarrollo y precipitado el final.
Buen trabajo!
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#7
El relato es entretenido y se sigue bien hasta el final, aunque este se haya precipitado un poco. Me hubiera gustado que explicaras porque sabotearon su creacion, y que insinues quien fue. Tal vez en un relato mas extenso. De todas maneras, los detalles futuristas estan bien y se ve que tienes al menos una minima idea de lo que hablas. Buena suerte en el reto!
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#8
@FrancoMendiverry95 pues ahi dice que quien saboteo su trabajo fue uno de sus colegas para quedarse con su puesto.
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#9
Podrías decirme donde? En todo caso, no me parece una razón del todo convincente, o al menos me hubiera gustado algo más: un nombre, o un "maldito seas, Juan, este has sido tu, perro miserable" XD
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#10
(12/02/2019 06:25 PM)FrancoMendiverry95 escribió: Podrías decirme donde? En todo caso, no me parece una razón del todo convincente, o al menos me hubiera gustado algo más: un nombre, o un "maldito seas, Juan, este has sido tu, perro miserable" XD

Es el primer párrafo de la última parte:

No hubo escándalo. El asunto se tapó por completo, Dann recibió una ciudadanía especial, vigilada y con pensión, y ella perdió su trabajo. Tampoco le importó, ya no quería tener nada que ver con la manipulación de seres humanos ni con el cabrón que se la había jugado. Que se quedara con el puesto de jefe, que se lo metiera por el culo. Sin embargo, el gobierno no iba a dejar sin rentabilizar los millones que ella había costado, y la trasladaron a un laboratorio de mejora genética de animales.
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