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Reto Ene19: Primeros pasos
#1
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.


Tato

Con un breve revoloteo, la criaturita se posó sobre el alféizar de la ventana. Al escuchar el sordo aleteo, Tato, que se encontraba degustando un sándwich de nocilla en la cocina, dejó su manjar a un lado, junto al vaso de leche, y se acercó a toda mecha a ver qué pasaba. Aquel ave tenía el cuerpo de un gorrión, acaso sería un poco más pequeño. Desde el alféizar, ladeó su cabeza con dos rápidas sacudidas y miró fijamente al niño humano que llegaba corriendo. Tato exclamó al ver su reluciente color blanco, que contrastaba con un gracioso penacho gris pálido. Una marabunta de manchitas espolvoreaba el dorado mate que adornaba el níveo plumaje del animalito.

—¡Ala! —acertó a decir.

En respuesta, el pajarillo trinó hermosamente cuatro notas perfectamente diferenciadas. Tato rio, era una melodía juguetona. Empezaba y terminaba en la misma nota pasando por un pequeño trino entre medias. Tato alargó su mano en un intento de alcanzar al cantarín de plata. Éste se quedó muy quieto y de repente sacudió las alas, amenazando con salir volando. Tato se llevó un susto de muerte y frenó en seco. Sin descartar volver a intentarlo más tarde, pensó que no quería espantar al pajarito, así que retiró lentamente el brazo. Otra vez brotó el cautivador trinar de los pulmones del animal.

—Na, la-la, na —repitió Tato.

Y en un abrir y cerrar de ojos, un pilar de llamas azul celeste brotó de la nada envolviendo por completo al pajarillo. Tato no se movió, ni siquiera le dio tiempo. Observó paralizado el fuego turquesa, que se apagó tan rápido como había surgido, y apenas dejó tras de sí una mancha de tizne en el alféizar de la ventana. Tato sintió un hormigueo extraño por todo su cuerpo. No entendía lo que había pasado, y pronto rompió a llorar al no hallar rastro de su reciente amigo cantarín.

***

Renato

Los tres se habían reunido en un pequeño café de comida rápida antes de partir hacia la misión. Apenas se habían conocido hacía una semana, cuando los profesores habían formado los escuadrones de principiantes, y ahora se preparaban para su primera misión. Renato era el perfecto novato, habiendo establecido su primer contacto con el Colegio el pasado mes. Carlos había sido asignado como su supervisor, y llevaba metido en el ajo cerca de medio año. Renato se consideraba muy afortunado de contar con él, y lo consideraba un amigo más que un mentor. Por último, Silvia era la líder del grupo. Tenía una mente brillante y parecía ser una persona muy fuerte. Si bien se preocupaba por sus compañeros, era más difícil escucharla manifestando sus preocupaciones y a menudo Renato la observaba abstraída, mirando con aire pensativo. No sabía demasiado de ella, pero transmitía confianza y eso era todo lo que hacía falta en un líder, ¿no?

—Muy raro, tío, como los fogones de la cocina, pero de color más claro y así, hacia arriba —juntó las manos y las elevó en un gesto.

Carlos asintió vigorosamente. Le gustaba escuchar a los demás y lo hacía con pasión. Tanto era así que al zambullirse en la historia de Renato había incluso paladeado un regustillo a chocolate y avellana al pasarse la lengua por los labios.

—¡Qué pasada! Jamás había oído de un Despertar tan… así —sacó una moneda de su bolsillo y se giró hacia Silvia, que apuraba pensativa los últimos sorbos de su refresco con una pajita—. ¿Tú qué dices, Sil?

Si Renato se había animado a contar la historia de su Despertar, era sólo porque Carlos había hecho lo propio días atrás. Una mendiga pedía en la calle, sentada contra un muro. Cuando Carlos pasó por delante, se levantó y se dirigió hacia él, que aterrorizado, se había quedado de piedra. La mujer le cogió la mano y depositó en ella una moneda extraña, que jamás había visto. Le susurró que su poder sería: "el verdadero valor de las cosas."

Silvia pasó los ojos de uno a otro de sus amigos, sin levantar la cabeza. Suspiró.

—No sé. Me ralla que no andes por ahí lanzando bolas de fuego azul —les sonrió brevemente y miró al interior del vaso, guiando su pajita por los bordes para terminar de aspirar los últimos restos de refresco.

—Ya… —Renato exhaló un suspiro.

No, los poderes de Renato no tenían nada que ver con el fuego. Era de dominio público saber que aquello que aconteciese durante el Despertar, el momento clave en que el talento mágico de ciertos seres humanos eclosionaba, definía la naturaleza de sus nuevas habilidades. Sin duda, un hecho tan significativo como una explosión de llamas azules debería ser un determinante de la magia del Neófito, y uno muy deseable, por cierto.

—Eh, no está mal eso que haces cuando cantas —le dijo Carlos palmeando su espalda—. La magia se practica. Se practica y se moldea, no cobra forma de golpe.

Dicho esto, Carlos lanzó una moneda al aire con su pulgar y la recogió sobre el dorso de su mano izquierda.

—Aunque la suerte también sea un factor importante, poco se puede hacer por ese lado…

Silvia asintió.

—Además —añadió levantándose con el vaso desechable en la mano— la fuerza bruta ya está cubierta en este grupo. Tú estás aquí porque puedes aportar algo diferente.

Las palabras de sus compañeros eran ciertamente reconfortantes. ¿Serían genuinas o habrían sido calculadas para tranquilizarlo?

Algo diferente, ¿eh?

Sin decir una palabra, Carlos se levantó y Renato hizo lo mismo. Comprendió que era el momento de emprender su tarea.

***

Carlos

Llevaban caminando un buen trecho por el bosque de coníferas. Abandonar la seguridad del sendero e internarse en la espesura del bosque… a Carlos no le había gustado ni un pelo, pero tras pararse a escuchar el piar de los pájaros, el novato les había asegurado que aquel era el camino a seguir. Silvia había sacudido la cabeza y le había pedido que liderase la marcha sin separarse mucho de ellos. En respuesta, Renato le había dedicado una sonrisa más brillante que el sol, y ahora les guiaba con decisión por entre la foresta. El muchacho era honesto y bienintencionado, pensaba Carlos, cualidades extraordinarias para un compañero. Por desgracia, no había mostrado aptitud alguna para el combate.

Si las cosas se ponían feas, todo queda en mis manos y las de Silvia... Renato será una carga que proteger.

¿Qué haría en una situación peligrosa? ¿Podría desatender su instinto de supervivencia y encargarse de proteger equitativamente a los tres?

Pero no tenía por qué ser así. Después de todo, su tarea para el Colegio era una misión de recolección en un área clasificada como ‘no hostil’. Ahora bien, no era una tarea baladí. En cierto modo, era curioso que hubiesen puesto tanta responsabilidad sobre sus hombros tan pronto. Por lo que Carlos sabía, su propio tutor había insistido en darles aquel cometido, reconociendo el talento de los tres.

En resumidas cuentas, debían encontrar el Síbido, un árbol de naturaleza caprichosa imposible de encontrar a menos que fuese su voluntad ser descubierto. El Síbido abriría su corteza y permitiría extraer su savia a aquellos que fuesen de su agrado. Quizá por ello los profesores habían confiado en las cualidades de Renato para realizar la extracción.

Nosotros somos meros acompañantes.

—¿Para qué se usa la savia del Síbido? —preguntó Renato.

—Fines medicinales, principalmente —le respondió.

—Mezclándola con otros ingredientes comunes, unas manos hábiles pueden crear un remedio muy potente —explicó Silvia—. El ungüento resultante es un bálsamo cuasi-legendario, altamente codiciado. Por suerte, sólo el Colegio sabe de su existencia, así que no habrá intrusiones.

—¡Guau!

Sí, ¡guau!. A Carlos jamás se le había pasado por la cabeza que su misión pudiera ser tan importante.

—No tenía ni idea.

Silvia se encogió de hombros.

—No me contaron los detalles hasta esta misma mañana, antes de partir. Pero no importa. Haremos nuestro trabajo y volveremos al Colegio. Después —hizo una breve pausa— podemos juntarnos para celebrarlo.

***

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos


Silvia

Por fin dieron con un amplio claro en mitad del bosque.

—Es aquí —dijo Renato, confirmando sus sospechas.

—¡Buen trabajo!

Le dio un cariñoso puñetazo en el hombro, después de todo, la misión de hoy parecía depender enteramente de él.

Avanzaron unos cuantos pasos hacia el centro de aquel espacio. En el suelo, un círculo de maravillosas flores helicoidales adornaba el lugar con vivos colores. Se arremolinaban en torno a un árbol tanto o más fantástico: su tronco crecía en espiral, apenas sobrepasando la altura de una persona; desde allí, sus ramas salían despedidas en línea recta en todas direcciones, y parecían explotar en formas geométricas, dando lugar a flores de todas las formas, que relucían con todas las tonalidades del arcoíris. Se asemejaban a fuegos artificiales, los más hermosos que jamás hubiera visto.

—Increíble —exhaló Carlos.

Los tres estaban en shock. Silvia fue la primera en recobrar la compostura. Aún tenían un trabajo que hacer. Se dirigió a Renato:

—Bueno, ¡todo tuyo! ¡Buena suerte! —le sonrió y le pasó el frasco que había cargado consigo hasta entonces.

Para ser su primera misión, el muchacho lo estaba haciendo muy bien. Quizás no tendría talento como luchador, pero rastrear aquel lugar tampoco era tarea fácil.

¡Un rastreador de primera! Sin duda es ideal para esta misión, pero...

Renato tomó el recipiente de cristal y asintió con seriedad. Estaba temblando.

—Eh —soltó Carlos de pronto—. Contamos contigo. No te preocupes, todo va a ir bien, ¡lo estás haciendo de diez!

—¡Gracias!

Renato se giró e hizo lo único que sabía hacer. Empezó a tararear.

—Na, la-la, na.

Las flores empezaron a deslizarse hacia derecha e izquierda dentro del círculo, abriendo un pequeño camino para el muchacho. Silvia le vio caminar de espaldas mientras entonaba aquellas cuatro notas que tanto la llenaban de paz. Ojalá nunca parase de cantar…

Le hacía olvidarse de todo. De su Despertar, de aquella dichosa calavera que le había maldecido con aquellos poderes que no quería, apartándola de su familia, sumergiéndola en una realidad de la que no quería saber nada… Todo aquello se difuminaba, y sólo quedaba una sensación de satisfacción merecida, del viento entre los árboles y la calidez del sol en la piel, de hacer lo correcto.

Abrió los ojos repentinamente, pero sin sobresaltarse. Un disimulado cruce de miradas con Carlos, que ya lanzaba su moneda al aire, le dio a entender que él también lo había notado. Alguien acechaba desde la maleza. Miró hacia el Síbido. Ya se habían hecho con la savia, que ocupaba la mitad del frasco. Una jugosa recompensa, sin duda, al alcance de quien estuviera al tanto de aquella misión. Renato sostenía el denso líquido y avanzaba hacia sus compañeros entre las flores, sin ser consciente de lo que ocurría.

***

Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados
.”

Dos jóvenes estudiantes se arrastraban a duras penas rodeando los muros del Colegio. Tras tocar en el portón de madera, la entrada fue abierta y el Guardián de la Puerta se acercó corriendo hacia ellos. Ambos estaban llenos de heridas graves, y reparó con horror en que la chica había perdido un brazo. Se apresuró a aplicar su magia curativa sobre la muchacha.

—¡Santo dios! ¡¿Qué os ha pasado?! ¿Dónde está vuestro otro compañero?

Sin esperar respuesta, alzó su mano y lanzó una señal luminiscente al aire, pidiendo ayuda. A Silvia solo le quedaron fuerzas para negar con la cabeza. Al desmayarse, cayó al suelo con Renato, que no podía sostenerlos a los dos.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Definitivamente, cinco mil palabras no son suficientes. He observado que la mayoría de finales quedan terminados como con prisa porque se acaba el margen. Me ha encantado el relato y su ritmo, pero a la vez me ha parecido que merecía más longitud.
Sin embargo, el final no me queda claro. Del modo en que lo has expresado, no acabo de entender si solo se han salvado Renato y Silvia o si salvó a los dos y no se le veía tras ellos dos hasta la caída.. Tampoco sabemos qué les atacó, por qué, qué circunstancias les rodeaban para temer un ataque... en fin, cosas que necesitan un aumento del número permitido de palabras, porque este relato no admite un ahorro.
Qué lástima que muchos relatos que adolecen de esto se queden ahí, olvidados, me gustaría que los autores los ampliaran y los colgaran en otra sección del foro porque son lecturas que lo merecen. En fin, muy bien, autor.
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#3
Relato curioso, con algunas frases, al principio que dan sensación de rima. La prosa cuidada, los personajes perfilados con pocas líneas, el ambiente muy bien recreado, sencillez entrañable. Pero me ha faltado cuento, y más con ese final que parece que se ha quedado a medias. No sé si está más cerca de relato incompleto o final abierto.
Está muy bien, pero me parece que los tiempos han jugado en contra de este relato.
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#4
Me costo leerlo. Lo siento porque la prosa es muy buena y la historia se perfila interesante con un buen ambiente. Los finales abiertos son comunes en estos retos pero aqui parece que faltaron palabras y tiempo. Me costo entender los poderes de cada personaje y que cosas etan tan traumaticas para Silvia. Tiene conceptos interesantes pese a todo y se nota el talento. Felicidades.
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#5
Bueno, yo voy a disentir con los demas comentarios. Cinco mil palabras me parecen más que suficientes, incluso creo que ninguno de los relatos que hay subidos llegan a ese limite. Con decir que este relato no llega ni a la mitad de lo permitido, ya digo todo. Tal vez fuera por falta de tiempo, o algo así, pero el autor tenia mucho margen para continuar este relato.
Hablando de la historia en sí, me ha parecido apresurada y dificil de seguir. Hay problemas de POV, especialmente al principio, pero tambien durante la primera charla entre Renato, Silvia y Carlos. También me faltan descripciones para hacerme una mejor idea del mundo. No hay nada que me indique que época es, si medieval, actual o futurista, y eso a mi me chirría bastante.
No puedo decir que me haya gustado, a pesar de que hay varias ideas interesantes. Buena suerte en el reto!
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#6
La historia me ha recordado un poco a Un mago de Terramar (lo del Guardián de la Puerta) y Harry Potter (niños con poderes mágicos) pero con un aire fresco, de ternura, nuevo. Me ha gustado mucho el comienzo con lo del pájaro. El texto me ha transmitido un tono de ternura todo el tiempo, sin embargo no me he quedado con la historia. No sé quiénes son estos niños con poderes y contra quiénes luchan. La historia tiene recursos que podrías potenciar, pero también haría falta trabajo de fondo para concretar el conflicto, los personajes, el Colegio de magia, "los malos", etc.
Me quedo con el tono que transmite.
Suerte en el reto.
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#7
Relato original y fresco, que me parece que insinúa muchas cosas pero deja poco atado. Tras una primera lectura, no tengo muy claro el sentido de todo, sí tengo claro en cambio el tono ambiguo que destila, que juego entre el candor de los jóvenes chavales protagonistas y el oscuro mundo que los rodea, reflejado en el crudo e inesperado final. El detalle de las pequeñas estrofas contribuye satisfactoriamente a afianzar ese tono lírico-infantil-oscuro...pero vuelvo a lo mismo, me enterado a medias: ¿A qué se debe realmente que haya una entrada para cada personaje? ¿Cual es el sentido de esa búsqueda?

Creo que hay una serie de claves dispuestas a lo largo del relato, frases que pretenden darle sentido, como por ejemplo cuando le dicen lo de que su poder sería «el verdadero valor de las cosas», o el canturreo que parece ejercer de muletilla...Lo he releído un poco por encima, y presiento que me pierdo la esencia del relato. Le daré si puedo otra lectura más calmada, pues me agrada el tono misterioso y pretendo descubrir cuales son esas claves y qué significan...
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#8
@Telcar por lo que entendi el canturreo del chico, su poder, se relacionaba con la capacidad de generar cierta empatia con animales y plantas. De ahi que fuera la clave de ña mision pues iba a tener la confianza del árbol.
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#9
Sí, creo que tienes razón y yo no me expliqué muy bien, cuando digo muletilla me refiero a que el canto también ejerce como un recordatorio de esa faceta del muchacho. Pero curiosamente, al hacer tú este comentario pienso que he entendido un poco más el final del relato. No lo digo por miedo a meter la pata...
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#10
Un relato escrito con sencillez y elegancia, agradable y ameno en su pluma.
Respecto de la historia, me resulta mas un prólogo que un cuento, cosa que no me cierra demasiado en estos retos. Se nota que hay un trasfondo, se insinúan y des riben varias cosas que dan lugar a una historia más grande, y el final abierto invita a querer saber qué pasó y como continúa.
Tiene gancho para primer capítulo, pero al ser un relato aislado me deja sabor a poco.
Se nota talento e imaginación, en eso felicitaciones al autor!
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