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Reto Ene19: Sacro Imperio Zombie
#1
Era una lúgubre mañana otoñal y un mar de nubes cubría el cielo con el color de la ceniza, como si el humo de las hogueras encendidas por los soldados del ejército imperial se quedara parado sobre sus cabezas en vez de dispersarse. Era casi mediodía, pero no se había visto el sol en toda la mañana, y el frío hacia tiritar a los soldados, que se refugiaban junto al calor del fuego. El conde Otto von Hohenheim de Ortenburg descansaba sentado junto a una gran hoguera junto a unos pocos miembros de la nobleza imperial. El resto habían salido junto al emperador Luis de caza por la mañana y no regresarían hasta el anochecer, por lo que estaba previsto que el ejército acampara allí una noche más.

—Hace un mal día —comentó un miembro de la nobleza sajona, llamado Wilfredo, mientras miraba al cielo. Durante la campaña Otto y él se habían hecho muy amigos.
—Malos son los tiempos que nos han tocado vivir —comentó Otto frotándose las manos junto al fuego.
—¿Qué creen vuestras mercedes que son… esas cosas? —preguntó un hombre bajito, de aspecto rubicundo, del que Otto había oído que era un familiar del duque de Luxemburgo llamado Guillermo.
—Escuche a un obispo italiano que consiguió huir de Venecia decir que eran los mismísimos hijos de Belcebú —respondió el sajón hincándole el diente a una pata de conejo.
—Esa es una opinión muy extendida —comentó Wilfredo.
—A mí me contó un fraile que pudiera ser una enfermedad que hace revivir los cuerpos de los muertos, más para entonces su alma ya ha subido al cielo y por eso no se comportan como humanos —dijo un tercero, un hombre alto de la nobleza austriaca.

Desde el otro lado del campamento empezó a llegar un murmullo de voces cada vez mayor, algunos de los presentes levantaron la vista en aquella dirección, pero nadie le dio importancia.

—¿Una enfermedad, decís? —preguntó el sajón para retomar la conversación.
—Si —intervino Otto—, yo también he oído esas historias. Es más, juraría que alguien me dijo que en un monasterio habían conseguido inmovilizar a uno de esos no-muertos y lo habían intentado sanar.
—¿Cómo lo hicieron?
—Con sanguijuelas, su remedio para todo —respondió Otto con teatralidad—. Adivinad el resultado.

Todos se echaron a reír, pero pronto se apagaron sus risas cuando un jinete de la guardia imperial se acercó al lugar y desmontó. El hombre tenía el rostro desencajado, sus vestiduras estaban salpicadas de sangre, y tras bajar del caballo se quedó de pie, callado, sin saber muy bien que decir. Era obvio que traía malas noticias.

—Por el amor de Dios soldado, hablad —le exhortó Wilfredo.
—El emperador ha muerto. Y también el duque de Luxemburgo.

Nadie había esperado unas noticias tan malas, lo cual se reflejo inmediatamente en sus caras. Guillermo se echó las manos al rostro.

—¿Cómo diablos ha ocurrido? —preguntó Otto poniéndose en pie de un salto.
—Los demonios nos atacaron durante la cacería, en la espesura del bosque no los vimos venir, hasta que fue demasiado tarde… Ahora se dirigen hacia aquí, hay cientos o miles que vienen desde las llanuras del sur —dijo el soldado señalando en aquella dirección.

Otto desvió su mirada al suelo, le parecía inconcebible que el emperador Luis IV pudiera haber muerto. Las esperanzas de toda la cristiandad estaban puestas en aquella campaña, y la muerte del emperador daría al traste con todo… El murmullo de voces que habían escuchado un rato atrás ya se había extendido por casi todo el campamento, hasta el último de los soldados se habría enterado ya de la noticia.

Otto sabía muy bien lo que iba a ocurrir a continuación, los distintos duques y reyes del Sacro Imperio volverían a sus tierras, ya que mientras no se eligiera un nuevo emperador nadie aceptaría ponerse a las órdenes de otro señor.

En cuestión de minutos el campamento se convirtió en un hervidero de actividad cuando los distintos señores daban órdenes a sus hombres para preparar la partida de regreso a sus hogares. Pero muerto el emperador, que era además duque de Baviera, Otto estaba ahora al mando de las tropas bávaras. Estás seguían sin saber que hacer, dado que el conde seguía junto a la hoguera, ahora solo, meditando.

Los hijos pequeños de Luis IV estaban en Baviera, pero el hijo mayor, y heredero del ducado, se encontraba en tierras italianas con la avanzadilla del ejército imperial. Técnicamente, él era ahora el duque, y era el deber de Otto como leal súbdito rescatarlo, aunque probablemente estaría muerto, y la misma suerte tendría quien se internara en aquellas tierras. Tres capitanes se acercaron a la hoguera para ver si Otto tenía alguna orden que dar. Él se giró hacia ellos, respiró hondo y tomó una decisión.

—Tú —dijo señalando al más cercano—, reúne a las tropas, las quiero listas para partir en una hora. Tú —dijo señalando al siguiente—, envía a alguien a decirles al resto de señores que nosotros continuamos adelante como estaba previsto, y que si alguno de ellos pretende ocupar el trono imperial, que piense que primero debería que evitar que el imperio desaparezca. Tú —le dijo al último—, tráeme una copa de vino, y envíame a mi escudero.

Cuando este último se disponía a irse, Otto le llamó de nuevo.

—¡Espera! —Gritó— Mejor tráeme una botella.

Los tres hombres salieron raudos a cumplir las órdenes del conde, mientras este se quedó otra vez pensativo junto a la hoguera. Mientras, los cuernos resonaban por todas partes llamando a los soldados de las distintas facciones, y los primeros grupos de soldados empezaban a salir ya hacia el norte.

Al poco llegó a la carrera su escudero, portando él mismo la botella de vino. Otto se la quitó de las manos cuando este se disponía a hacer una reverencia y echo un largo trago. Hacía rato que lo necesitaba. Después se dirigió a su escudero.

—Tráeme la armadura, mis armas y mi caballo, ya ensillado. Rápido.

El escudero salió de nuevo a la carrera para cumplir las órdenes del señor. Nada más irse este, un soldado se acercó.

—Señor, me envía el capitán Müller, ningún gran señor ha accedido a quedarse… aunque algunos señores menores si han decidido hacerlo por su cuenta. Wilfredo de Dresden, y Guillermo de Goesdorf entre ellos.

Otto asintió. No esperaba menos de Wilfredo, y suponía que Guillermo tenía ganas de vengar la muerte de su duque, al que le unían lazos de sangre.

Poco después de la hora del almuerzo, las huestes bávaras, sajonas y luxemburguesas estaban listas para partir. Otto, Guillermo y Wilfredo habían decidido en una apresurada reunión marchar hacia el sur, hacia las llanuras donde habían avistado a los demonios los supervivientes de la partida de caza. Las tropas que habían reunido eran en su totalidad soldados de caballería, por lo que esperaban poder aplastar con facilidad cualquier oposición de demonios, no-muertos, enfermos, o lo que quiera que fueran, ya que estos luchaban a mordiscos y arañazos.

El cuerno sonó una vez y la columna de caballeros se puso en marcha. Al cabo de media hora salieron de la zona boscosa, y pasaron a avanzar en formación de combate. Contaban con un total de alrededor de cinco mil hombres y otros tantos caballos que dispusieron en cinco filas de mil hombres cada una. No tardaron en avistar a los primeros demonios en lo alto de una colina. Había cientos, y el ejército se detuvo a la espera de que se diera la orden de atacar.

Otto, tal vez por influencia del alcohol, ya que no tenia costumbre de hacer tales cosas, se giró entonces hacia los hombres y los arengó.

—¡Soldados de Baviera, de Sajonia y de Luxemburgo! —Gritó— ¡Que no os asusten los demonios, o lo que quiera que sean esas cosas! ¡Dios todopoderoso está con nosotros, y nuestra será la gloria de emprender una cruzada contra el mismísimo demonio! ¡Bajemos al infierno para poder ascender al reino de los cielos!

Los soldados clamaron, y cuando los tres señores dieron media vuelta y espolearon a sus caballos, sus cinco mil hombres les siguieron, dispuestos a acabar con todo no-muerto que se les pusiera por delante. Cabalgaron colina arriba lanzando toda clase de gritos de guerra, exhortándose unos a otros, y los demonios que bajaban por la colina fueron arrollados sin piedad por la caballería bávara, sajona y luxemburguesa. Pero cuando alcanzaron la cima de la colina, el horror se reflejó en sus ojos. Del otro lado, se extendía una masa demoníaca de decenas de miles de individuos, cientos de miles, incontables. Por un momento las tropas redujeron el paso, incluso pareció que iban a detenerse, más la convicción de que Dios estaba de su parte les animó a cargar de nuevo.

Bajo el ceniciento cielo otoñal de aquella tarde de mil trescientos cuarenta y siete, cinco mil hombres perdieron sus vidas heroicamente exterminando a decenas de miles de aquellos demonios. Y su gesta fue cantada en todas las plazas, palacios y castillos de la cristiandad.

Al menos, durante los pocos años que tardó la enfermedad en expandirse por toda Europa, pues toda lucha contra ella resultó inútil.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Buena historia, a pesar de que el universo zombi me cansa un poco. Porque los hideputas siempre ganan, irremediablemente, y eso me aburre un poco. Pero dejando de lado las apreciaciones personales, la lectura es fluida, cosa que agradezco, y al menos lo leía interesada a ver si esta vez cambiaba la suerte de la humanidad. Pero no, claro, todas terminan igual, jeje. Buen trabajo.
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#3
Pobres tropas bávaras, sajonas y luxemburguesas Tongue

Relato breve, sencillo, con un par de toques de humor. Extravagante al incorporar zombies para dar un giro apocalíptico al pasado. Creo que el autor ha conseguido crear el efecto al que aspiraba, aunque no haya sido muy ambicioso con el relato.

Gracias por la lectura amena.
Ob-la-di Ob-la-da
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#4
Me recuerda a algo... Mmmm... XD
Una obra épica con una pluma bien equilibrada entre la elegancia y la fluidez. Los personajes destacan por sus matices, por momentos con toques humorísticos, están bien delineados. Las referencias históricas se me escapan pero, reales o no, dan un muy interesante contexto al relato, le dan un marco de referencia que se vuelve enseguida asequible al lector.
Me gusta mucho el tema zombie, aunque aquí no aparecen demasiado, la sensación de apocalipsis y ese cierre final trágico son un clásico del género.
Muy bueno!
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#5
Entretenido relato, de tintes épicos, que se me ha quedado corto. Daría para una distropía más larga. No me ha causado muchas más sensaciones, lo que no quita que sea un buen trabajo.
Saludos!
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#6
Me gusto. Los personajes son interesantes y el trasfondo historico mas, y lo haces bien detallandolos en pocas palabras. Pero, siempre hay alguno, el final fue demasiado abrupto para mi gusto. Podrias haber detallado algo mas la batalla, o alguna hazaña. Al final, senti como si no hubo pasado nafa. Murieron y ya.
Buena suerte en el reto!
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#7
Buena ambientacion. Esa es una buena forma de renovar las historias de zombies, pero aqui ese trabajo de invertir en un buen contexto no fue aprovechado pues el final es muy flojo. Casi se siente como un prologo. Creo que el mayor problema es la falta de climax que hace que todo el relato se sienta como u a presentacio de personajes. Fuera de eso la bientacion es buena y la prosa llevadera, amena y fluida. Exitos.
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#8
Concuerdo con los demás al decir que le falto más, habría que ver si la longitud establecida por el reto le jugo en contra. El mejor momento de está a mitad del relato que se ve que el autor alcanza la comodidad para mostrar lo que quería describir, proporcionándole coherencia a la historia. Me ha gustado, aunque es como si me hubieran quitado la historia a la mitad o como si se tratara del prólogo de otra historia. Creo que hay un poco se exceso en las explicaciones de los diálogos, pero lo directo y práctico es de resaltar.

Saludos y suerte!
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#9
Cortado a cuchillo, así ha sido el final.
Pero en fin, un relato narrado de manera impecable, una curiosa mezcla de aroma historicista aderezada con el bienvenido tufo zombie. Me ha agradado el estilo del autor, el tratamiento de los personajes y esas pinceladas de politiqueo medievalista en las altas esferas. La historia realmente es lo de menos, no es una aventura, ni una intriga, no tiene principio y su final ya lo conocemos…pero me ha entretenido mucho la lectura.
Las causas de lo que sucede son vagas, también las acciones previas que los han llevado a todos a ese punto. Solo es un esbozo descriptivo del final de una era en Europa, a manos o más bien garras de una horda de zombies. Y como ya he dicho, pese a todo, leerlo ha sido un placer.
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#10
Un relatillo ameno, y con guiños a la historia para quien se moleste en googlear el año o el emperador.

Sin duda podria haberse escrito algo mas largo, es un bocadito sabroso pero bocadito al fin y al cabo. Una lastima.
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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