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[FANFIC] Kaer Morhen (capítulo 5)- Saga Geralt de Rivia
#1
Capítulo 5




Geralt se despertó entumecido. Le dolían los brazos y la espalda, seguramente por haber estado casi toda la noche en la misma posición. Sintió el peso de la cabeza de Ciri sobre su pecho y levantó ligeramente la suya. La miró.

Su cabello plateado reposaba como un abanico sobre su torso y su hombro, sus pequeñas manos se aferraban aún a su camisa, crispadas, y notó una de sus piernas enroscada en las suyas. Le tenía atrapado.

Trató de apartarla, pero entonces sus manos se agarraron con más fuerza a la tela y su respiración se agitó por un momento. Pensó que quizá estaba despierta, pero una rápida mirada le convenció de que no era así. Suspiró y dejó caer la cabeza hacia atrás. La posición le estaba matando, quería moverse.

—Ciri, despierta. Vamos, Ciri, suelta mi camisa.

Ella levantó la cabeza despacio, aún adormilada, con la mirada confusa y el ceño fruncido. Soltó su presa, abrió y cerró las manos y se las frotó, como si las tuviera dormidas. Él, libre ya de su agarre, se levantó deprisa y flexionó la espalda hacia delante y hacia atrás, luego levantó los brazos, los bajó y los dobló varias veces en un intento de desentumecerse.

Jaskier roncaba, tapado hasta arriba con su manta, ajeno a todo.

La mañana era fresca, el aire caliente del sur había cesado. Pero el cielo estaba despejado, a mediodía haría calor.
Esta vez no había un río en el que lavarse, el Ina había quedado atrás, así que omitieron el aseo y pasaron al desayuno. Geralt cortó varias rebanadas de pan, de queso y de carne seca.

—Jaskier, despierta. Hay que ver, que das conciertos hasta dormido.

El poeta abrió los ojos y se frotó la nariz. Se incorporó con esfuerzo y pasó los dedos por sus ojos.

—Buenos días —dijo, abriendo la manta hacia un lado.
—Buenos días, Jaskier, ¿has dormido bien?
—Vaya vaya —intervino el brujo, mirando a la niña con el ceño fruncido, lanzando un guiño al poeta—. A mí nunca me preguntas eso.

Ella se sonrojó. Se sintió culpable.

—Huy. Buenos días, Geralt, ¿qué tal has dormido?
—Poco y mal, pero no me quejo.
—Vaya tontería de respuesta —protestó ella—. Pues si ya te has quejado. ¿Y por qué, si puede saberse, has dormido poco y mal?
—Seguro que había una piedra debajo de la manta —saltó Jaskier.
—Más bien encima. Un pedrusco enorme. Y, además, algún puto leñador se ha pasado la noche serrando troncos—dijo mirando significativamente al bardo, sin omitir el taco que tan a gusto soltó.
—Pero qué va, lo habrás soñado, Geralt —resolvió la niña—. ¿Cómo va a haber de noche un leñador serrando troncos en el bosque?
—Ciri tiene razón, Geralt. Lo habrás soñado.
—Pues eso será. Vamos a desayunar, tenemos que salir pronto. Ayer el viaje no nos cundió mucho, y no creo que hoy vaya mejor.

Los tres se sentaron en círculo después de coger su ración y empezaron a comer.

—¡Ay! —gritó la niña, escupiendo el trozo de carne que acababa de arrancar y llevando su mano a la mejilla— ¡Ay, ay, ay!
—¿Qué pasa, Ciri?
—¡La fuela! —farfulló con la mandíbula rígida—¡Ay, qué dañooooo!
—Déjame ver —dijo el brujo acercándose a ella—. Abre la boca.
—¡No!
—Si no me dejas que mire, no sabré lo que te pasa.
—La fengo fedio arrancada, eso es lo que fe fasa.

Un hilillo de saliva mezclada con sangre asomó por una comisura de sus labios, no se atrevía a mover la mandíbula ni para tragar.

—Bueno, razón de más para que abras la boca. Un tirón y listo.
—¡Ni haflar, de eso nada!
—Escupe. Escupe, Ciri. Ya eres mayorcita para babear.

Con dificultad, escupió hacia un lado moviendo la boca lo menos que pudo. La visión de la sangre no ayudó en nada.

—Vamos, será un momento. Ni siquiera te vas a enterar.

Cuando Geralt trató de acercar su mano a la boca de la niña, esta saltó, rápida como un rayo, y se alejó corriendo unos metros.

—¡Ja, que no!
—Esa muela va a ir fuera. Deja de hacer la tonta.
—¡Nadie va a tocarfe la fuela! ¡Ay! ¿fes lo que pasa si fe haces haflar?
—Ya está bien de tonterías…

Geralt se puso en pie y la niña, suponiendo sus intenciones, puso pies en polvorosa. Pero el brujo era más rápido y sus zancadas más largas, así que pronto lo sintió pegado a su espalda. Ella giró bruscamente en dirección contraria ayudándose con el tronco de un árbol junto al que pasaba, ganó unos segundos de ventaja con su estratagema que de poco le sirvieron. Geralt la atrapó por la capucha de su zamarra, mientras ella se revolvía como una anguila. La aprisionó rodeando su cuerpo y sus brazos y la llevó en volandas de vuelta al campamento.

—Jaskier, ven aquí.

El poeta se acercó a ellos con expresión divertida al contemplar el cuadro: la niña luchando por liberarse y el brujo tratando de esquivar sus patadas.

—¿No confías en mí? ¿Prefieres que lo haga Jaskier?

El poeta alzó las cejas con los ojos como platos.

—¡Le forderé si fe acerca la fano!

De la boca de la niña volvía a manar saliva mezclada con sangre y al poeta se le borró la sonrisa de golpe.

—¿Yo? Ah, no. Yo no sirvo para esas cosas, Geralt. ¡No me mires así! ¡Si ya lo sabes! ¿Y si le haces la Señal, esa tan convincente…?
—No funcionó con ella el agua de Brokilón, aún menos lo haría mi señal. No puedo obligarla con magia, ni quiero. Ciri, escúchame. Voy a soltarte, ¡deja de revolverte! ¡Puta madre, qué patada me ha dado! ¡Para, Ciri! No voy a obligarte a nada que no quieras hacer.
—¿Fe lo frometes? —preguntó dejando al fin de forcejear.
—Prometido.

Él la soltó y se frotó el muslo, justo donde ella le había golpeado.

—Voy a explicarte —habló pacientemente Geralt— cómo vamos a hacerlo. Porque no puedes estar así, Ciri, no puedes comer, te duele cuando se mueve, y hablas como un troll. Cogeré la muela con cuidado. Sin hacerte daño. Y, cuando estés preparada, cuando tú me digas, tiraré.
—¡Fero Geralt, fe va a doler fucho!
—Un poco. Un momento. Pero habrás solucionado el problema y podrás seguir con normalidad. Así hacemos las cosas los brujos.

Lo pensó, pero no le llevó mucho tiempo. Ella quería ser una bruja, así que tenía que echarle valor, como los brujos. Como Geralt. Había visto sus cicatrices, tuvieron que dolerle lo suyo, ¿qué era una insignificante muela a comparación? Ante ese pensamiento, encontró la determinación y valentía que necesitaba.

Abrió la boca y Geralt vio enseguida el molar de la discordia. Se hallaba en la mandíbula superior izquierda y se aguantaba precariamente, por un lado. Lo cogió con cuidado, sin tirar, procurando no moverlo para no hacerle daño.  Jaskier farfulló una excusa para perderse por ahí, porque la visión de la sangre le imponía y ya no digamos la perspectiva de presenciar todo eso. Estaba pálido.

—Cuando estés lista, Ciri.
—¡Ya!

El brujo retorció ligeramente la pieza y esta salió con facilidad. Se la mostró a Ciri.

—¡Oooooh, tenías razón, Geralt! ¡Casi no ha dolido! ¿He sido valiente, Geralt?¡Dilo!
—Sí, Ciri, has sido valiente.

El brujo cogió el odre de agua y se lo tendió.

—Enjuágate la boca un par de veces y luego acaba de desayunar. No tengo ni que decirte que mastiques por el otro lado.

Jaskier se acercó entonces al brujo, que miraba la pieza en su mano.


—Tira esa guarrería, Geralt, ¿o piensas hacerte un colgante? —levantó las cejas al ver la sonrisa siniestra del brujo. —No me digas que te lo estás pensando… ¿Serías capaz? Joder, Geralt…

El brujo tiró lejos la muela, con la sonrisa aún en sus labios.
Al momento, Ciri comía como si nada hubiera pasado.

Llevaban varias horas de camino. Al principio, la charla era fluida entre los tres, luego entre los dos hombres, después se convirtió en un monólogo de Jaskier, y finalmente se extinguió.

Ciri estaba muy callada desde hacía rato. El brujo notaba su peso apoyado en su espalda, sus manos colgaban del cinturón de Geralt, flácidas.

—Jaskier, mira si Ciri se ha dormido, no quiero que se caiga del caballo —pidió deteniendo su montura.

El poeta le rodeó, porque la niña tenía la cabeza vuelta en dirección contraria, contra la espalda del brujo.

—¡Ay la leche!
—¿Qué pasa?
—Tiene la cara hinchada. Y sí, está dormida.
—Desmonta, Jaskier, desmota y cógela. Yo no puedo moverme sin que caiga.

El poeta obedeció y la tomó por la cintura. Se sorprendió de lo liviana que era. Ella se abrazó a su cuello sin despertarse apenas.

—Está ardiendo, Geralt.
—A ver, deja que la toque.

El brujo puso su mano sobre la cara, el cuello y la nuca de la niña.

—Joder, perra suerte. Tiene mucha fiebre, hay que apartarla de este sol. Ve con ella a los árboles, Jaskier, yo me ocupo de los caballos.

El poeta entró en el bosque, a la sombra fresca de los abedules que no se movían ni una pizca bajo el sol del mediodía. Geralt le siguió con los caballos, pasó las riendas por una rama baja y sacó el odre de la silla de Sardinilla.

—Ciri, despierta. Bebe un poco. Tienes que beber.

La niña abrió los ojos febriles y separó la cabeza del hombro de Jaskier. Bebió con avidez.


—Geralt, no me siento bien…
—Lo sé. Lo sé, pequeña.
—¿Qué vamos a hacer, Geralt? —preguntó Jaskier, con un punto de miedo en la voz.

Ambos eran ajenos a este tipo de situaciones. No tenían experiencia ninguna con niños, no sabían qué hacer. En vista de eso, sólo había un modo de actuar.

—Tenemos que buscar una curandera o una hechicera —dijo el brujo mojando con agua su mano y refrescando con esta el rostro de Ciri, que protestó activamente—. Hay que acercarse al primer pueblo y preguntar.
—Pues no perdamos tiempo, Geralt.

El poeta estaba aterrado. Y el brujo, aunque callaba, también.

La casa estaba apartada del pueblo. Parecía algo descuidada, a la manera de alguien que se ausenta durante temporadas de una vivienda. El patio delantero estaba comido de malas hierbas que llegaban hasta la rodilla, el tejado necesitaba de algunas reparaciones menores y la cuerda de tender la colada estaba rota.

Se acercaron a la puerta, el brujo llevaba a la niña en brazos, que respiraba pesadamente. Jaskier estaba pálido.  Llamó a la puerta.
El brujo oyó unos pasos ligeros acercándose, enseguida la puerta se abrió. Y se quedó helado.
La mujer pelirroja que había abierto también parecía haberse congelado de pronto.

—Visenna…
—Geralt…
Jaskier los miró a los dos y ató cabos a su manera, esta vez con total desacierto. Carraspeó.

Ella apartó con esfuerzo sus ojos de los del brujo y reparó en la niña. Pareció sorprenderse más, si cabe.

—¿Qué le ha ocurrido?
—No sabemos —dijo Jaskier, ya que al parecer a Geralt le había comido la lengua el gato—. Tiene mucha fiebre.
—Pasad. Ponla en la cama, Geralt —ordenó ella.

El brujo hizo como ella le dijo y se apartó. Jaskier le miraba. Geralt parecía incómodo y turbado, de un modo nada normal en él.  Le vinieron un montón de preguntas a la cabeza, pero se las calló. De momento.

—Esta mañana se le cayó una muela. Bueno, la ayudamos un poco —explicó el poeta.
—¿Una muela de leche?
—No sé…
—¿Qué edad tiene la niña?
—Once años —dijo Geralt tras un momento de silencio.

Ella le miró con mil preguntas en los ojos.

—Entonces era de leche. Es extraño que se haya producido tal infección. ¿Acaso no os lavasteis las manos antes de “ayudarla”?

El silencio dio a entender claramente a la hechicera que no. Giró el rostro de Ciri y contempló la hinchazón de su mejilla. La niña la miraba con desconfianza.

—Abre la boca, pequeña. Por cierto, ¿cómo te llamas?
—Elen.
—Ciri.

Habían hablado los dos a la vez. La hechicera frunció el ceño.


—¿En qué quedamos?
—Se llama Ciri.
—Pero Geralt —dijo la niña, enfadada—, me dijiste que no dirías mi nombre de verdad delante de extraños, y ella es, ella es…
—…Como de la familia, Ciri —dijo él con voz gélida.

Visenna se puso rígida.

—Será mejor que esperéis fuera los dos. No puedo concentrarme con vosotros aquí, si me hacéis el favor.

No tuvo que decirlo dos veces. De buena gana Geralt cogió la puerta, seguido por Jaskier. Una vez fuera, el poeta se soltó el pelo.

[Imagen: 549hf7.jpg]
— ¿Se puede saber qué mosca te ha picado? ¿Es que has acabado a la greña con todas tus amantes hechiceras, Geralt?
—Cierra el pico, Jaskier. Ahora no, joder.
—Pero, ¿qué demonios te pasa?
—Tenía que ser ella, perra suerte, ¿por qué tenía que ser ella?

Al brujo le temblaban las manos. Jaskier no salía de su asombro. Guardó un respetuoso silencio, entendió que aquello iba más allá de sus especulaciones porque pocas veces había visto al brujo así.

Geralt llevó los caballos al abrevadero, luego les dejó pastar a su antojo. Callaba, sumido en sus pensamientos, y se le notaba nervioso, no podía estar quieto. Jaskier le miraba haciendo mutis, pero sin salir de su estupor.

Pasó mucho, mucho rato hasta que la hechicera salió. El sol ya estaba bajo, soplaba una brisa suave que mecía la hierba del patio y la cuerda rota del tendedero. Los dos hombres se acercaron.

—La niña está bien. La infección está curada y no tiene fiebre, pregunta por ti. De hecho, no ha parado de pedir por ti.

Geralt no dijo nada. La hechicera miró a Jaskier.

—Ve con ella. Dile que él enseguida irá. Tranquilízala.

Mientras el poeta entraba en la casa, los dos se miraron a los ojos, en los ojos de ambos había miedo. Y también dolor.

—Curioso es el destino, Geralt. Caprichoso. Después de todo, vas a poder hacerme tu pregunta. Nos estamos mirando a la luz del sol. Hazla ya.
Geralt callaba.
—¿A qué esperas? ¿Es que renuncias a tu alegría perversa? ¿O te has dado cuenta de que no servirá de nada? ¿De que no recuperaremos nada?
—Sí, renuncio. Renuncio porque también yo lo hice y más de una vez. Con ella —dijo señalando hacia la casa con la cabeza. — No puedo acusarte de algo que yo mismo he hecho. Huí de ella. Sentí el mismo miedo que tú, seguramente, sentiste.
—Pero está contigo. ¿Quién es esa niña, Geralt?
—Fue el destino. Ella es mi destino. Y algo más.  ¿No es irónico, Visenna? Tú, que puedes concebir, me alejaste de tu lado, yo, que no puedo, acepto de buen grado esa responsabilidad. Quien sea que maneja los hilos del destino debe ser un hijo de puta muy retorcido.
—Entonces, ¿tú y yo no estábamos destinados?
—No lo sé. Quizá. Pero nunca sabrás a lo que renunciaste, tú y sólo tú. Y ahora, gracias a Ciri, yo lo sé. Y, ¿sabes qué?
—¿Qué?
—Que me das pena. ¡Oh, sí, Visenna! No tienes ni idea a lo que renunciaste…

Lo dijo con naturalidad, con tranquilidad, sin odio ni enfado. Lo dijo como lo sentía.

Geralt caminó hacia la casa, dejando a la hechicera allí, aturdida. Le siguió tras unos instantes, entró en el momento en que la niña saltaba hacia él, que la esperaba agachado, y le rodeaba el cuello con sus brazos. Le vio estrecharla con cariño, vio amor en sus miradas, complicidad, lealtad, necesidad el uno del otro… y supo lo que no había sabido hasta entonces. Supo que Geralt tenía razón.

Antes de que saliera de la casa, le cogió el brazo y lo detuvo.

—¿Me odias, Geralt?
—No, Visenna —le dijo tras unos instantes—. Pero verte me causa dolor. Ahora más que nunca.

Ella no dijo nada. Negó con la cabeza cuando él sacó unas monedas, pero él las dejó igualmente sobre la mesa.  

Ciri dormía. Su respiración era regular, estaba fresca y su rostro se había deshinchado. Jaskier la había agasajado con unas cuantas canciones y Geralt la dejó trasnochar un poco más que de costumbre.
Los dos hombres estaban sentados ahora junto al fuego, bebiendo el aguardiente de hierbas de María. El rostro de Geralt estaba sereno. Jaskier le lanzaba miradas de soslayo. Suspiró.

—Suéltalo, Jaskier.
—Oj, por fin. ¿Quién era, Geralt? La hechicera pelirroja.

Guardó silencio unos instantes.

—Mi madre.
—No te enfades, hombre… si no quieres decírmelo… Joder, cómo eres. Por cierto, hablando de hechiceras… ¿y Yennefer? ¿La has visto últimamente?
—La vi por Belleteyn, el año pasado. No he vuelto a verla.
—No entiendo lo vuestro, Geralt. Bueno, creo que nadie lo entiende. Pero, en fin, allá tú —dijo, dando un trago de la botella.
—Ya no hay nada que entender. Ya no.— El brujo se levantó y se sacudió el trasero—. Me acuesto ya. Buenas noches, Jaskier.
— ¿Crees que se despertará la moza dando alaridos?
—Probablemente.
—Qué se le va a hacer. Pobrecita. Buenas noches, Geralt.
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#2
Esta claro que hay algo que no he leído, o me ha pasado desapercibido, de toda la obra relacionada con Geralt, porque es la primera vez que leo algo de su madre. La única noticia que tenía acerca de ella era la referencia que hizo Vilgefortz en "Tiempo de Odio", por la que supe que podía ser un hechicera, pero ya está...
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#3
Anda... Pues si Geralt se encuentra con ella en el último capítulo del segundo libro, titulado "Algo Más". Es la hechicera que le cura la pierna cuando está tan grave. En ese capítulo se reencuentra con Ciri para llevársela con él a Kaer Morhen.
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#4
Culpa mía entonces. Hace muchísimo tiempo que me leí La Espada del Destino, y sigo sin recordar esta parte. Ahora que he terminado Estación de Tormentas, puede que comience una relectura de aquel Exclamation (aunque cuando mi novia me vea me va a soltar que estoy obsesionado...y con razón Confused  y que se espere a que estrenen la serie Big Grin ).

En fin. En lo que respecta a tu capítulo, por lo demás, me ha gustado mucho. A Ciri y a Jaskier, sobre todo, los clavas.
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#5
Pues te ha pasado como a mí con el emperador Emyr. Me acabo de releer la saga y no me acordaba ni remotamente de que era el padre de Ciri. Joder, si al leerlo me quedé muerta, por la información y también pensando cómo leches leí la otra vez para no enterarme, jajajjaja!
Y con respecto a obsesiones y parejas... se acostumbran, no te preocupes.
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#6
La verdad es que tenéis una memoria increíble, cómo os envidio. En fin, otro capítulo más y avanzando... Lo que empieza siendo una parte muy divertida acaba con algo bastante más serio o dramático... genial, como de costumbre!!!
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