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[FANFIC] Kaer Morhen (capítulo 6)- Saga Geralt de Rivia
#1
Capítulo 6


Había soñado con ella. Otra vez. Pero este había sido un sueño extraño, vívido, en el que tan sólo hubo una corta conversación. No recordaba casi nada, sólo una pregunta de ella. ¿Dónde la esconderás?, le había dicho, en Kaer Morhen, respondió él. Se preguntó, conociendo a la hechicera, si realmente había sido un sueño.

Y, como siempre que soñaba con ella, despertó vacío y abatido.

Nadie lo entendía, había dicho Jaskier. Ni siquiera ellos dos lo entendían, ni se entendían. Hechos el uno para el otro, pero no eran capaces de comprenderse ni de adaptarse. Demasiados años en soledad, tomando cada uno sus decisiones, demasiado tiempo amando la propia libertad.

No quería echarle la culpa a ella y su carácter dominante, ella era así y él la aceptaba. Le gustaba su carácter independiente y fuerte. Pero que en la pareja fuera él, un brujo, quien paradójicamente ocupaba la parte más sentimental de la relación muchas veces le frustraba. La necesitaba, y no le importaba demostrárselo. Él intentaba adaptarse a ella, callaba, consentía… pero también poseía un carácter fuerte, y llegaba a un punto en que no podía más. Y todo estallaba. Así ocurrió en Vengerberg, el año que vivió con ella. Varias veces se habían tirado los trastos a la cabeza, pero luego acababan, sin saber cómo, en la cama. Hasta que, tras una bronca monumental, él le dejó una carta de despedida, escueta y precisa, y se marchó.

Pero luego, cuando volvieron a reunirse en Holopole, él se fue con ella a Aedd Gynvael de buen grado. La había echado muchísimo de menos, la necesitaba. Pero le molestó, le enervó enterarse de la doble relación de Yennefer, con él y con el hechicero Istredd. Ambos querían la exclusividad y acabaron retándose a duelo. Y el resultado fue que ella los dejó a los dos.

Demasiados años acostumbrados a no dar cuentas a nadie por sus actos.

Aunque él la quería, de esa relación tan sólo obtuvo dolor. Y aún lo sentía, porque, en realidad, lo suyo nunca acabó, a pesar de que hacía más de un año que no la veía.
Abrió los ojos. Ciri, a su lado, respiraba con normalidad. Estaba vuelta de espaldas, con su cuerpo pegado, como siempre, al de Geralt, buscando su calor. Hacía más frío esa mañana.

Sardinilla le saludó con un relincho suave cuando se levantó, Pegaso levantó las orejas. Se acercó a la yegua y palmeó su flanco, necesitaba un buen cepillado, pero habría de esperar hasta que llegaran a Ellander. Echó mano a la bolsa de grano y la abrió debajo de su morro. Mientras el animal comía, volvió a pensar en la hechicera.
Cuando ambas monturas hubieron comido lo suficiente, Geralt guardó el grano y cogió la bolsa de cuero de las vituallas. Aún quedaba bastante comida, al menos para dos días. Cortó rebanadas de la hogaza de pan y del queso mientras despertaba a los otros dos, llamándoles y apremiándoles a levantarse.

A la niña le costó despertar. No le extrañó al brujo, pues con lo acontecido el día anterior y la hora tardía en que se acostó estaba más cansada de lo habitual. Habría de llevarla delante de él al montar, por si se dormía en el camino. Al brujo no le molestaba la idea, más bien al contrario, porque el pensar en Yennefer le dejaba abatido y necesitado de afecto.
El bardo tomó de encima del lienzo su desayuno y se sentó pensativo. El brujo y la niña le imitaron. Ciri miraba al brujo, no le quitaba los ojos de encima. Él acabó sintiéndose extrañado bajo el aparente y constante escrutinio de la niña.

—¿Te encuentras bien, Ciri?
—Sí, gracias.
—Geralt, por la tarde pasaremos cerca de Carreas —dijo Jaskier. — Podríamos pasar la noche allí.
—No quiero entrar en ninguna ciudad o pueblo a no ser que sea indispensable. No es seguro para Ciri.
—Oh, en un pueblo tal vez. Pero en una ciudad atestada de gente es más fácil pasar desapercibido.
—Yo nunca paso desapercibido, Jaskier. Y un brujo con una niña llama aún más la atención. ¿Qué crees que puede pasar si Ciri se despierta gritando en plena noche en una posada?
—Nada, y lo sabes. Como mucho, algunas miradas de censura. Y otras de envidia. Porque, desgraciadamente, estas cosas son hoy día más comunes que nunca, en el mal sentido. Nada como la amenaza de guerra para soltar los instintos más viles en las personas, Geralt, y no sólo eso, si no que los demás lo aceptan y nadie mueve un dedo.
—No me gusta la idea.
—Pues no nos vendría mal una cena caliente y una cama.
—A ti una cama vacía te importa un pimiento, Jaskier.
—Bueno, quién sabe lo que puede deparar el futuro. Pero, en todo caso, descansaríamos bien y hasta podríamos darnos un baño con agua caliente y jabón de verdad.
—¡Oh, qué bien! —exclamó Ciri con la cara iluminada—. ¿Podemos ir, Geralt? ¿Podemos? ¡Di que sí!

El brujo bufó. Frunció el ceño y maldijo en voz baja, pero lo cierto era que Jaskier había logrado interesarle a él también.

—Eres un liante, Jaskier. Está bien, iremos, pero a la menor sospecha de complicaciones me daré la vuelta y saldré como alma que lleva el diablo con Ciri. Y no miraré atrás.
—Aj, Geralt, eres el pesimismo en persona. Todo saldrá bien.

El poeta, habiendo terminado de comer, se disculpó y se perdió por el bosque. Ciri le clavó entonces una mirada intensa al brujo y abrió la boca. Pareció dudar y luego resolver hablar.

—Geralt, ¿estás triste por ella? —le dijo la niña nada más desaparecer Jaskier.
—¿Triste? ¿Por qué dices que estoy triste, Ciri? Y, ¿por quién?
—Ya sabes… por esa señora tan guapa que es tu madre…

El brujo casi se atraganta. Carraspeó tratando de ocultar el asombro que sentía.

—¿Cómo sabes…? ¿Te lo dijo ella?
—No sé… Yo… Lo sabía…
—¿Cómo, Ciri? Ni siquiera nos parecemos…
—No sé… no sé cómo, Geralt. Me quedé dormida y… cuando desperté estaba llorando. Lloró mucho rato. Estaba diciendo que no sabía por qué te dejó allí. Que conocía a tu maestro brujo, que algo le dijo que allí estarías bien. Y no sé por qué me contó todo eso así, nada más despertarme.
Geralt callaba. Sentía un sabor amargo en la boca.

Nada sabían de las palabras que salieron de la niña con voz metálica e inhumana, maligna y fría, dirigidas a la hechicera cuando estuvieron solas. “¿Por qué le entregaste a los brujos, Visenna? A los brujos…Siete de cada diez niños mueren, y tú lo sabías. Esperabas que ellos hicieran lo que tú no fuiste capaz… pero el Destino se ha reído de ti, hechicera. Sobrevivió, y le ha puesto ante tus ojos…Morirás devorada por los remordimientos que ya sientes, condenada a la soledad que tú misma elegiste.”

—Geralt, yo me alegro de que lo hiciera. Y se lo dije. Porque si no, no te habría conocido. Yo no habría sido tu destino. ¿Soy mala por alegrarme, Geralt? ¿Lo soy?

El brujo suspiró. Sería fácil culpar al Destino, pensó. Pero no podía, a pesar de todo lo ocurrido con Ciri, a pesar de que por fin había aceptado la existencia del Destino, la culpaba sólo a ella por esa decisión. No podía evitar sentir resentimiento hacia Visenna, pero, a la vez, un extraño anhelo que no aceptaba y le irritaba, porque por más que trataba de ahogarlo, estaba ahí, en su interior.

—No, Ciri. Porque yo también me alegro.

Y, paradójicamente, era verdad.

—Pues entonces no estés triste. No me gusta verte triste. Hace que me sienta rara por dentro.
—No estoy triste por mi madre, Ciri. Es una extraña para mí. Es sólo que a veces me pregunto cómo hubiera sido mi vida si…
—¿Sin ser un brujo? Yo no te imagino sin ser un brujo. ¡Qué aburrido! ¿y qué, te pasarías el día plantando coles? —dijo la niña arrugando su naricilla.
—Tal vez…
—Campesinos hay a patadas. Y ser brujo es… especial. Eres especial, Geralt, ¿no te lo crees?

La niña había conseguido arrancarle una sonrisa. Ella realmente lo creía así, no sabía nada acerca de la parte desagradable de su profesión, que a decir verdad era casi todo. Pero también era cierta su afirmación.
Ella sí que es especial, pensó el brujo. Ciri hacía fluir en él las emociones, le conmovía, hacía que se sintiera bien consigo mismo, le sorprendía a diario con sus cosas… Ciri era la alegría, el cariño desinteresado… Ella era lo mejor que le había pasado en su vida.

—Pues si me lo dices tú, me lo creo. Porque eres una niña muy lista, Ciri. Me lo creo a pies juntillas. Y ahora termina el desayuno, tenemos que irnos.

Carreas no tenía murallas, pero sí soldados que vigilaban sus accesos. El camino que conducía a la ciudad estaba concurrido, pero fluía, señal de que la soldadesca no pedía identificación para entrar. Eso animó un poco al brujo.

La tarde era temprana todavía, tendrían tiempo de escoger sin prisas posada, de comprar si les hacía falta e incluso de pasear si les apetecía.
Avanzaron por los arrabales en dirección al centro, por calles anchas y ajetreadas, entre carros y otros jinetes en sus quehaceres que ni siquiera reparaban en ellos.
Escogieron una posada por su cercanía con unos baños. Dejaron los caballos en el establo, al cuidado de un caballerizo, y reservaron dos habitaciones contiguas. Tras dejar el escaso equipaje en los aposentos, salieron a la calle.

Los baños constaban de dos zonas, para damas y para caballeros, cada una con una piscina rectangular de agua templada. Para el aseo en profundidad, con jabón, cada zona proveía de unas habitaciones individuales con una bañera de madera de buenas proporciones. Geralt pagó por los tres baños con jabón y dos afeitados, quiso contratar ayuda para Ciri pero la niña se lo tomó como un insulto. Se consideraba lo suficientemente mayor como para hacerlo sola.

—Está bien, pero no tengas prisa. Disfruta del baño. Danos tiempo a Jaskier y a mí, recuerda que tenemos que afeitarnos. Espero que acabemos antes que tú, pero si no es así, nos aguardas aquí. No salgas fuera sola, ¿has entendido, Ciri?
—Sí, Geralt.
—Bien. Hasta luego.

Ciri se fue con la empleada que había de llevarla a su baño privado y ellos entraron en la sección de caballeros.

Cuando Ciri se quedó sola, se desnudó rápidamente y se metió en la bañera, feliz y contenta. El agua estaba caliente, hacía tanto tiempo que no disfrutaba de un lujo semejante que le entraron ganas de llorar de emoción. Hasta que no llegó a la granja de Yuga no pudo lavarse de cuerpo entero, pero ellos no tenían bañera y sus baños consistían en echarse cubos de agua fría por encima.

Cogió el jabón que la esperaba en una mesita cuadrada de madera, adjunta a la bañera, lo olió, aspirando profundamente el agradable aroma a verbena que cosquilleaba su nariz, y sonrió. Sin más demora, empezó a restregarlo por sus brazos.
Lavarse la cabeza le costó un poco más, pero como Geralt le había dicho que no tuviera prisa, se entretuvo enjabonando cada mechón y luego frotando vigorosamente la pastilla contra su cuero cabelludo hasta que el jabón se convirtió en una fina lámina espumosa. Le entró un poco en los ojos y maldijo a la manera de Geralt, tal como le había oído maldecir a él. Y la travesura la deleitó tanto como el baño.
Quitarse toda esa espuma del pelo le costó un buen rato. El agua ya se estaba enfriando, pero estaba tan a gusto allí metida que remoloneó aún un tiempo. Cuando se decidió a salir, tenía las manos y los pies arrugados como una uva pasa. Se secó con la toalla todo lo que pudo, se vistió y salió, dejando a su paso una estela de olor a verbena.

Con el pelo húmedo y una sonrisa de felicidad en la cara, Ciri se encontró con los dos hombres en la entrada, que charlaban con aspecto de haber estado esperando un buen rato. El cabello blanco de Geralt brillaba y su aspecto era más pulido sin el rastrojo de su barba de varios días. El bigote y la perilla de Jaskier estaban perfilados, dándole un porte aristocrático.

—¡Por fin, muchacha! ¡Se ve que había mucho que lavar, pareces otra! —exclamó Jaskier.

La sonrisa de Ciri se hizo más ancha.

—¿Has disfrutado del baño, parece? —preguntó Geralt.
—Oh, Geralt, ¿te gusta cómo huelo? ¿Te gusta? ¡Acércate, hombre!
—No hace falta, Ciri, te olía diez pasos antes de que aparecieras. Hueles muy bien. Vamos, dame la mano.
—Ahora, hermosa niña, no sólo pareces una flor, sino que hueles como una flor —la agasajó Jaskier.

Los tres salieron de la casa de baños relajados y de buen humor, Ciri parecía caminar sobre nubes.

Anochecía en Carreas. Los faroleros encendían con pértigas los faroles de las calles principales, la gente regresaba a sus casas y para otros comenzaba otra jornada licenciosa y relajada. Se detuvieron a cenar en una taberna de, según Jaskier, buenos guisos y mejor vino. La experiencia resultó no encajar demasiado con la recomendación del poeta.

De regreso a la posada, tomaron una oscura calleja por la que habían pasado antes, de día. Unos gatos que peleaban maullando a grito pelado miraron al brujo y bufaron, escaparon deprisa olvidando su disputa.

—¿Por qué no les gustas a los gatos, Geralt? —preguntó Ciri.
—No tengo idea. Habrá que preguntarles a ellos.

Ciri se rió a carcajadas ante esa respuesta. Quizá por todo eso al brujo se le pasó la pareja que se estaba entregando a los placeres de la carne tras unas cajas de madera, junto a la puerta cerrada de un almacén. A pesar de las tinieblas, al acercarse, sus figuras se recortaron contra la claridad de la calle iluminada hacia la que ellos se dirigían.
Geralt se sintió indeciso por un instante, pero Ciri se detuvo en seco, su risa se convirtió en un grito ahogado. El brujo, gracias a la mutación de sus ojos, vio la expresión del rostro de la niña y reaccionó en seguida. Ciri parecía horrorizada.
Dio la vuelta en redondo, cogiendo la mano de Ciri, que parecía ausente, arrastrándola de allí.
Jaskier, que no se había dado cuenta de nada de esto, pareció confundido al ver el cambio súbito de dirección del brujo.

—¿Qué pasa, Geralt? —dijo algo alterado, temiendo que el brujo hubiera advertido algún tipo de amenaza, por otro lado, nada raro en cualquier calleja oscura de una ciudad.
—¿Acaso no la ves? Ciri, camina, levanta los pies o te caerás… Joder, tendré que llevarla en brazos…

La alzó, la amoldó contra su cuerpo y siguieron caminando buscando una ruta alternativa. Ciri temblaba, su respiración siseaba con las sacudidas. El brujo maldecía. Maldecía por la sospecha que, con lo acontecido, crecía en su interior, junto con una sensación de rabia, asco y desespero. A ella no… Oh, joder, no a la niña…

La acostó en su cama al llegar a la posada, se quedaron allí hasta que se durmió. Luego bajaron, Geralt necesitaba un trago de algo fuerte. Se sentaron en una mesa alejada del mostrador, con aire abatido.

—¿Qué puedo hacer, Jaskier? ¿Hablar con ella? ¿Explicarle qué? Tú no viste su cara, cómo temblaba… A esta niña le ha pasado algo, estoy seguro. Pero no sé si fue testigo o le ocurrió a ella… ¡Joder, Jaskier, me pongo enfermo de rabia sólo de pensar que alguien la haya tocado!

Había un deje de impotencia en la voz del brujo. De miedo, incluso.

—No te puedo ayudar, Geralt. Yo no sé qué es mejor, pero, en todo caso, no ahora. Aún no. Podrías asustarla más, no lo entendería, es una niña todavía.
— Ojalá me equivoque, Jaskier, pero… si la han forzado, si no lo supera con el tiempo ella… ella nunca podrá tener una relación sana… Joder, si hubiera escuchado lo que todo el mundo me decía, si me la hubiera llevado cuando la encontré en Brokilón, nada de esto…
—Geralt —le cortó el poeta—, déjalo. No tiene sentido que te tortures con eso. Y, ¿qué ibas a saber tú, de lo que iba a pasar en Cintra?
—Myszowor me lo advirtió. “No juegues, Geralt. Aprovéchate de la oportunidad que se te ofrece. Haz de lo que te ata a Ciri un lazo normal, sano, entre una niña y su protector. Porque si no… Entonces este lazo puede crearse de otro modo. Terrible. En forma destructiva, negativa.” Y yo me reí de él, del destino y de su puta madre.
—¿Por qué no te la llevaste? ¿Te daba miedo porque era una niña?
—¿Qué iba a hacer? ¿Llevar a una princesa a Kaer Morhen? ¿Hacer de ella un brujo?
—Eso es lo que vas a hacer ahora, ¿no, Geralt?
Geralt calló unos instantes.
—Sí, Jaskier, eso mismo voy a hacer. Por supuesto, no habrá mutaciones para ella, pero voy a entrenarla. No se lo digas a nadie. A nadie. Nunca.
—¿A nadie? ¿Ni siquiera a…
—Ni siquiera, Jaskier.
—Será como tú digas.

Hubo un silencio prolongado. Jaskier sabía que Geralt seguía dándole vueltas al asunto, sabía que era propenso a sentirse culpable. Quiso decirle algo para romper el círculo vicioso en que se hallaba sumergido, pero no le dio tiempo.

—Tuve una visión, en Brokilón. Pudo haber sido producto de los narcóticos, pero… Jaskier, Calanthe me acusó, me dijo que la Muerte me persigue pero que son los demás los que mueren por mi causa. Y, ¿cómo podía llevármela cuando su abuela me culpó de eso? La vi, un año antes de su muerte, tal y como murió… No quería hacerle daño a la niña, no podía llevármela porque…Pero ahora, al ver a Ciri así yo…
—Déjalo, Geralt. Déjalo de una vez. La niña lo que necesita es sentirse segura, y tú lo consigues. Ella busca tu contacto, tus brazos, ¿no crees que si hubiera sido… ya me entiendes, no soportaría ni que la tocaras?
—No lo sé, Jaskier. Quizá sólo fue testigo de algo, pero, en todo caso, no voy a preguntarle abiertamente. No me atrevo, no sé si siquiera si estoy preparado para saberlo… Ojalá tengas razón, porque dentro de lo malo… no sería lo peor. Vamos, termina el licor y subamos a dormir. No quiero que se vea sola si se despierta.
—Yo… iré a ver a una vieja amiga, si no te importa.
—Bien. Procura no meterte en líos.
—Para nada, ya me conoces.
—Sí, por eso te lo digo.

Ambos se levantaron. El poeta atusó la pluma de ganso de su gorrillo antes de salir por la puerta. Geralt subió a buen paso las escaleras, con negros nubarrones en el pensamiento.

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#2
Yennefer...Una relación tormentosa que solo Geralt podía aguantar. Un personaje que siempre me ha gustado, el de la hechicera. Antipática, ambiciosa, temperamental, cortante, con un punto frívolo, sin sentido del humor...y con un corazón de oro.

No obstante, en los juegos siempre he preferido que el brujo acabara con Shani o con Triss. Supongo que porque pienso que Geralt sería más feliz con un amor más mundano, menos pasional pero que a la larga te beneficia, que te hace sonreír satisfecho cada mañana. Aunque de vez en cuando vuelva a asaltarte el recuerdo de esa otra persona.

El resto del capi genial  Smile
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#3
Dicen que los polos opuestos se atraen... y uno no es dueño de su corazón. A mí Yennefer me caía como el culo, pero cuando me encontraba sus detalles, que ahí es donde demuestra que le quiere, pues cambié de opinión. Por ejemplo, cuando en La Sangre de los Elfos habla con Jaskier tras rescatarle de Rience y le agradece que Geralt no estuviera solo por los caminos gracias a él. Y creo que le vigila a menudo, así que tampoco le tiene en cuenta sus rollitos de primavera...
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