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[FANFIC] Kaer Morhen (capítulo 10)- Saga Geralt de Rivia
#1
Capítulo 10


El brujo estaba de mal humor.

Le puso de mal humor que nadie en cinco días se hubiera preocupado de quitarle la silla y demás arreos a su caballo. Le puso de mal humor ver a Jaskier desplegando sus encantos ante las jóvenes adeptas, rascando el laúd a todas horas. Le puso de mal humor la reprimenda que le metió Nenneke a Ciri por haberse peleado con otra alumna, y aún le puso de peor humor verla llena de tierra y con tres rasguños paralelos, producto de un arañazo de la otra niña, en la mejilla.

Cuando Nenneke le pidió apoyo durante la reprimenda, él gruñó y se dio la vuelta, se marchó a su habitación y cerró la puerta a cal y canto.

Estaba harto.

Al poco, alguien golpeó la puerta con los nudillos. Él bufó, pero dio permiso para entrar a quien fuera. Era Nenneke.

— ¿Se puede saber qué te pasa? – le dijo enfadada.
—Ahora no, Nenneke. No estoy de humor.
—Sí, ya veo que no estás de humor. Todos lo vemos. Repito la pregunta: ¿qué te pasa?
—La cara de Ciri, la has visto igual que yo. ¿Cómo puedes reñirla de esa manera?
—Geralt, tú no has visto cómo ha quedado la otra, así que calla y no me cuestiones. Parece que no me conozcas. Y no pienso tolerar estos comportamientos dentro de mis muros. Pero tu mal humor es ya anterior a eso. Así que dime, ¿qué te pasa?

Reflexionó un momento. ¿Por qué todo parecía molestarle? No llegó a ninguna conclusión. Era todo y no era nada.

—No lo sé.
—Pues piénsalo. Esto no puede seguir así. Recapacita, Geralt.

Nenneke se fue dejándole con mala conciencia y el mismo mal humor.
Y todo fue a peor.

Ciri apareció al cabo de un rato oliendo a verbena, limpia y con ropa del santuario. Los tres arañazos habían sido desinfectados, pero lucían en su mejilla rojos, atroces. Geralt sentía tanta rabia al mirarlos que le daban ganas de ir a por la causante y arrastrarla por los pelos.
Todo ese cúmulo de tensión no habría de traer nada bueno. Y así fue.

—Ciri, no debes pelearte con nadie. No estamos en casa, no debemos abusar de la hospitalidad de Nenneke.
—Pero Geralt, esa niña se burló de mí. Dijo que era una campesina de mierda.
—Sin palabrotas, Ciri.
—¡Ella lo dijo tal cual! Y yo no soy una campesina, soy una princesa.
—No le dirías eso, ¿verdad?

Ciri se puso colorada y no abrió la boca.
Sólo le faltaba eso al brujo. Más preocupaciones.

—Y supongo que, a vuestro alrededor, habría un nutrido grupo de curiosos con las orejas bien dispuestas…

El rubor de Ciri se intensificó. El brujo maldijo. Varias veces.

—Dime al menos que no mencionaste Cintra…
—No lo hice, Geralt…
— Te dije que no hablaras a nadie de eso, Ciri. ¿Es que quieres que te encuentren?
—¡Soy una princesa, Geralt! ¿Por qué tengo que aguantar que me llamen campesina de mierda? —se enfadó Ciri.
—Ciri, no se trata de…
—¡Soy una princesa! ¡No dije ninguna mentira! ¡Lo soy, Geralt! —gritó, envarada.

El brujo sintió desbordarse el dique de su paciencia. Simplemente, estalló. Cogió a Ciri por los hombros firmemente y la miró a los ojos, muy enfadado.

—¿Quieres ser princesa? – le dijo en un tono helado, con la mirada tan dura que la niña se encogió—. Si es así dímelo y daremos la vuelta. ¡Te llevaré yo mismo a Nilfgaard y te entregaré al emperador para que lo seas, pero no me hagas perder el tiempo!

La niña se quedó estupefacta. Geralt no le había hablado nunca así. Su labio tembló.
Al momento se arrepintió de sus palabras. El mal humor se desvaneció y ocupó su lugar la vergüenza y la culpabilidad.

Y la cara que puso Ciri se le clavó aún más profundo que la flecha de los elfos.

—Ciri…

Ella se dio la vuelta y salió corriendo. La llamó, intentó correr detrás de ella, pero el cuerpo aún no le respondía. La perdió de vista. Al poco, mientras la buscaba, la vio salir al galope con su yegua. No se detuvo cuando gritó su nombre, ni siquiera se giró.

—¡Mierda! —exclamó el brujo al verla desaparecer por la avenida de álamos.

Empezó a buscar a Jaskier, pero este, justo cuando le necesitaba, no estaba en ninguna parte. Se dirigió entonces a la habitación del poeta. Llamó a la puerta.

—¡Jaskier! ¿Estás ahí?

Oyó ruido dentro.

—¡Geralt, vuelve más tarde! —dijo la voz, amortiguada por la puerta, de Jaskier.
—¡No estarás follando justo ahora! ¡Joder, Jaskier, siempre tan oportuno!

La puerta se abrió y el poeta asomó la cabeza. Sin sombrerito.

—Lo mismo digo. ¿Qué es lo que pasa?
—Nada. Vuelve a la cama, no vayas a enfriarte...—gruñó.

Geralt se dio la vuelta y se fue, maldiciendo en voz baja. Jaskier se encogió de hombros y volvió a la cama.

Con más esfuerzo del que podía hacer con su reciente herida, Geralt ensilló a uno de los caballos del santuario y le puso la cabezada. Al montar estaba exhausto y la herida le mordía con rabia, pero espoleó al animal y salió siguiendo el rumbo de su protegida.

Era de noche cuando regresó. Nenneke le esperaba afuera, con una expresión que asustaba al más pintado. Se dirigió también a las cuadras, no iba a soltar su presa tan fácilmente.

—Espero que no hayas tirado todo mi trabajo por tierra —le regañó enfadada—. Porque, por supuesto, todo lo has de hacer por ti mismo, no puedes pedir ayuda o relegar. ¡Deja, deja la silla, por favor! ¿Acaso no me estás oyendo?
—¿Ha llegado Ciri? —preguntó, como si todo lo demás no le importara.

Miró a su alrededor y vio a su yegua, sin silla y en su redil.

—Sí, ha llegado. ¿Qué ha pasado con ella?
—Discutimos.
—Y bien que debéis haberlo hecho, porque me ha pedido una habitación para ella. De hecho, ya está hasta acostada, no quiso cenar. Vamos dentro, Geralt, le echaré un vistazo a tu herida a ver qué destrozos has hecho. Y no pongas esa cara, las cosas siempre se pueden arreglar.
—Descargué mi mal humor con la niña, joder… Creo que lo he estropeado todo, Nenneke…
—No sé lo que te pasa, pero que algo así sucediera se veía venir. Con uno o con otro. Y no te preocupes por Ciri, ¿crees que lo que siente por ti puede borrarse de un plumazo? —le interrumpió la sacerdotisa—. Habla con ella. Mañana. Y ahora camina, Geralt.



—Tienes suerte de que curas rápido—le dijo Nenneke mientras se lavaba las manos—. Se podía haber abierto de nuevo, y sabe la Diosa lo que hubiera ocurrido entonces. Geralt, no vuelvas a hacer una tontería semejante, estás convaleciente de una herida muy seria.

Él se puso la camisa y se levantó de la mesa. La sacerdotisa le había hecho la cura y cambiado sus vendajes.

—Lo sé.
—Supongo que tampoco querrás cenar…
—¿Cuál es su habitación, Nenneke? —dijo dejando claro lo que le importaba la cena.
—Está dormida, Geralt, ha tomado las hierbas.
—Dímelo de todos modos.

Ella sonrió.

—¿En cuál crees? La ofensa no debe haber sido tan terrible, pues no se ha ido lejos de ti. Está en la contigua a la tuya. Escucha, Geralt, es una niña con reacciones de niña, es decir, dramáticas. No pongas esa cara, por el amor de Melitele. Exageras.

Él no dijo nada, no tenía ganas de seguir hablando. Sólo tenía ganas de ver a Ciri.

Se despidió de Nenneke y se dirigió a su habitación. Estaba cansado y dolorido, no sólo físicamente. Pasó de largo su puerta, se detuvo en la de Ciri. Tenía que verla.

Abrió la puerta despacio. Él ajustó sus pupilas a la oscuridad y avanzó. Se sentó en la cama, junto a ella, y la miró. Estaba bocabajo y su rostro vuelto hacia la pared, su cabello reposaba en la almohada, pero unos mechones descansaban sobre su cara. Geralt alargó su mano y los apartó delicadamente, luego acarició su cabeza y depositó un beso en ella.

—Lo siento, Ciri.

Ella abrió los ojos, pero no se movió. No estaba dormida y él lo vio con sus ojos mutados.

—No debí haberte hablado como lo hice, estuvo muy mal.  Te pido perdón, pequeña. ¿Podrás perdonarme?

Ciri se giró hacia él, ahora pudo verla bien. Había llorado. Los remordimientos se clavaban en él como puñales.

—¿Ya no quieres llevarme a Nilfgaard? —dijo con un hilo de voz.
—Nunca quise llevarte a Nilfgaard. Fue una estupidez decirte eso. Estaba enfadado, Ciri, y lo pagué contigo, injustamente. Te hice daño.

Ella se incorporó y le echó los brazos al cuello. Él la apretó contra sí y suspiró, aliviado, sintiendo dentro del pecho una emoción que le anegó el alma.

—Geralt…—dijo ella sin aflojar su abrazo.
—¿Qué, Ciri?
—¿Puedo dormir contigo?

Él se rió bajito.

—Te lo iba a pedir yo.


De madrugada, alguien entró en la habitación. Geralt despertó con el susurro de unos pies descalzos que se acercaban a la cama, levantó la cabeza. La adepta llevaba un albornoz y olía a vainilla y a sándalo, el perfume la envolvía como un aura. Cogió su mano y le apremió a levantarse y él la obedeció dócilmente. Le condujo a la habitación contigua, a la habitación del brujo y echó el pestillo.

Le llevó junto a la cama y deshizo el nudo del cinturón del albornoz, lo echó hacia atrás, resbaló por sus hombros y lo dejó caer descuidadamente en el suelo; luego agitó su largo cabello rojizo sensualmente, provocativamente. Le ayudó con los pantalones y le empujó suavemente hacia el lecho, quemando con sus manos la piel de Geralt. Se sentó a horcajadas sobre él, y él acarició sus contornos, luego se inclinó y le besó en los labios.

[Imagen: 2qledd2.jpg]

Él la envolvió con sus brazos e intensificó el beso, la hizo girar y quedó bajo él, sintió el calor de su piel contra la suya. Besó su cuello cálido, su clavícula llegó hasta su pecho terso y generoso y ella gimió y hundió sus dedos en su pelo blanco, movió las caderas, las apretó contra las suyas, y él no la hizo esperar más.

Cuando se fue, se llevó con ella todas las tensiones y en él sólo quedó paz.


Desayunaban en el comedor común cuando llegó Jaskier. Pidió su desayuno y se sentó con ellos, una gran sonrisa iluminaba su rostro.

—Ah, Geralt, qué hermosa mañana.
—Por lo que veo has dormido bien.
—¡De maravilla!

El brujo sonrió. Qué le iba a contar a él, lo sabía perfectamente. Por propia experiencia.

—Y ayer, ¿cuál era el asunto que te trajo tan inoportunamente?
—Ya qué más da, a buenas horas…—gruñó Geralt.

Jaskier levantó una ceja, pero no insistió. Con el mal humor que arrastraba el brujo no se arriesgó a seguir indagando. No se había dado cuenta aún de que el mal humor se había esfumado.

—Ciri, ¡qué callada estas! ¡Buenos días!
—Buenos días. Jaskier, ¿es verdad que te vas hoy?
—¿Cómo lo sabes? —se sorprendió el poeta—. Ah, Nenneke…  
—¿Acaso te ibas a ir sin despedirte, Jaskier? —dijo el brujo, a quien la noticia desagradó.
—Oh, no, por supuesto que no. Pero no puedo dilatar más mi partida, Geralt. Estás mucho mejor, gracias a los Dioses y a la habilidad de Nenneke, y ya no me necesitas. ¿Para qué anunciarlo con excesiva antelación, para qué sembrar de tristeza vuestros corazones antes de hora?
—Eres un idiota. Un tonto de capirote. Así no se hacen las cosas, Jaskier.
—Te echaré mucho de menos… —dijo Ciri compungida.
—Volveremos a vernos, lo sé —dijo el poeta estrechando la mano de la niña— No estés triste. Te esperan muchas cosas nuevas, Ciri. Kaer Morhen debe ser increíble. Me gustaría ver la cara de los demás brujos cuando te vean…
—¿Por qué? —se extrañó ella.

Geralt bufó.

—Porque me gustaría ver a un atajo de brujos, aguerridos y fieros, sorprendidos, confundidos y sin saber qué hacer.


Después de desayunar, Jaskier recogió sus cosas. Le acompañaron al establo, estuvieron con él mientras preparaba a Pegaso.
El brujo y él se abrazaron, palmearon sus espaldas con pesar, no intentaron disimular la aflicción que les causaba la partida. Después se agachó junto a Ciri.

—Te quiero mucho, Jaskier. ¡Te echaré tanto de menos!

A Jaskier se le hizo un nudo en la garganta, no pudo decir nada. Le conmovieron las inevitables lágrimas de Ciri, siempre afectuosa y emotiva, y la abrazó largamente, aspirando su agradable olor a verbena y a gorrión mojado, se le humedecieron los ojos. Carraspeó y suspiró al separarse, no pudo volver a mirar a sus amigos y se subió al castrado con los hombros caídos.

Les despidió agitando la mano antes de perderse de vista por el paseo de álamos del santuario. Geralt cogía la mano de Ciri, se agachó despacio y le limpió las lágrimas con el pulgar.

—Mañana me quitarán todos los puntos, y pasado nos iremos. Diga lo que diga Nenneke. ¿Te parece bien?

Ella asintió con la cabeza y le abrazó. La marcha de Jaskier le había dejado un vacío en el corazón que la hacía anhelar afecto. Al brujo también.

—Sí, Geralt.

Se levantó con ella en los brazos, Ciri le rodeó la cintura con las piernas y se dejó llevar sin dejar de abrazarle.

—Volvamos a la cocina, Ciri. Vamos a asaltarla. Creo que es una buena ocasión para hartarnos de chocolate y sé dónde lo esconde Nenneke.
Y Ciri, sorprendentemente, soltó una carcajada ante la ocurrencia del brujo. Reían los dos, divertidos, mientras se dirigían a cumplir su amenaza, distraídos de la tristeza de la marcha de Jaskier ante la perspectiva de la travesura y del atracón de chocolate.



—¡A quién se le ocurre! —rezaba Nenneke—. Pero, ¿es que has perdido todo el sentido común, Geralt? Como un crío, como un maldito crío te comportas. ¡Y ya tienes tus añitos como para semejante comportamiento!
—¡Ay, ay, madre Nenneke, me duele mucho la tripa!
—¡Como para no dolerte, con el atracón de chocolate que te has dado! ¡Menudo empacho llevas, Ciri!

Geralt callaba, y más le valía.

—¡Ay, otro retortijón! ¡Cómo dueleeeeeeee, ay, ay!
— ¡Pues vaya un tutor estás hecho! ¡Vaya ejemplo! ¡De ella puedo entenderlo, pero de ti…! A ver, Ciri, abre la boca y tómate esto. Todo, adentro. Así, bien. Pronto te encontraras mejor, pero ahora has de aguantarte. Has aprendido por las malas que no se puede abusar de algunas cosas, por buenas que sean. ¡Dale las gracias a Geralt por la lección práctica!

El brujo tensó los labios y se mordió la lengua. Pese a todo, tenía ganas de reír.

—Luego volveré a ver cómo vas. Y tú— dijo mirando a Geralt—, más vale que te quites de mi vista, porque no respondo. Quédate aquí con ella.
Nenneke salió echando chispas.
—Huy, huy, cómo se ha enfadado, Geralt… Esta te da con el cinto como hagamos otra…

Por fin pudo soltar la carcajada que, desde hacía rato, pugnaba por salir de su garganta. Se rió con ganas, sin saber bien por qué la situación le divertía tanto.

—Sí, Ciri, es capaz. De ahora en adelante, sugiero que nos portemos bien.
—Más nos vale, Geralt. Da miedo, ¿eh?

El brujo volvió a reír. Hacía ya mucho que conocía a Nenneke y sabía que la travesura le había divertido tanto como a ellos, a pesar de su reprimenda.

Y, efectivamente, Nenneke sonreía por el pasillo y negaba con la cabeza de camino a los huertos. Qué recuerdos me trae esto, pensó la sacerdotisa, de aquel brujillo de cabellos blancos y sus trastadas...

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Por fin se pelean!!!  Big Grin

Es que una relación padre-hija no es sana si no saltan chispas de vez en cuando. Es ley de vida  Rolleyes podrías haber alargado un poco más el "encontronazo" y así la reconciliación hubiera gozado de mayor valor. Quizá, aumentando el momento tenso de la Ciri desaparecida, con un Geralt cada vez más acojonado. Pero me vale  Tongue 

Como detalle, me ha parecido gracioso el comienzo repetitivo de "le puso de mal humor..." porque creo recordar haberle leído uno igual a Sapkowski.
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#3
Si, lo hizo. Concretamente en el capítulo Esquirlas de Hielo, en La Espada del Destino, pero sin repetir tanto "le puso de mal humor", usa " le molestaba", "le enfurecía", etc.
Ay quizá si podía haberlo alargado, pero no quería exagerarlo...
Ah, que no te dije que lo de la flecha me vino al ver en el juego (estoy jugando a The Witcher 3: the Wild Hunt) la cicatriz rara que tiene en el pecho, a la derecha. Desde luego parece una herida de flecha o algo así más que producida por algún bicho de esos a los que finiquita, ¿no te parece?
Gracias por comentar!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
(27/03/2019 04:59 AM)Sashka escribió: Ah, que no te dije que lo de la flecha me vino al ver en el juego (estoy jugando a The Witcher 3: the Wild Hunt) la cicatriz rara que tiene en el pecho, a la derecha. Desde luego parece una herida de flecha o algo así más que producida por algún bicho de esos a los que finiquita, ¿no te parece?
Gracias por comentar!

Bueno, Daghdha no habrá visto tu pregunta, pero sí, por la forma más bien pequeña y concentrada de la cicatriz, todo parece indicar que sea herida de flecha. 

El capítulo me gustó, es entendible el mal humor de Geralt (hasta cierto punto, lo de agarrar de los pelos a la que arañó a Ciri me pareció un poco exagerado, pero me dio risa al imaginarlo jeje), y bueno, fue justo contra Ciri que lo descargó. Tiene razón Daghdha en que pudiste haber alargado esa discusión, esa cabalgada del brujo detrás de la niña, creo que no hubiera quedado denso ni largo. 
El final, con lo del chocolate y Geralt aguantándose la risa mientras Nenneke regañaba a Ciri, fue la mejor parte del capítulo para mi.
"Si te van a ahorcar pide leer La Fuerza del Destino Capítulo 14 (http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html) Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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#5
La bronca es para Geralt, rey. El es el instigador de la travesura y el que no controla que Ciri no se empache.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#6
Dodgy  Cierto, pero el brujo comenzó a aguantarse la risa mientras Nenneke le daba el remedio a Ciri, a eso quería referirme.
"Si te van a ahorcar pide leer La Fuerza del Destino Capítulo 14 (http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html) Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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#7
Si, jajajajaja! Le ha recordado a sus fechorías de la niñez.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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