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[FANFIC] Kaer Morhen (capítulo 13)- Saga Geralt de Rivia
#1
[
Capítulo 13


Los bosques de Kaedwen eran completamente diferentes a los de Temeria. Predominaban las coníferas y su verde color, se alzaban los tejos y los cedros, los pinos con sus redondas copas, los majestuosos abetos, los alerces y las piceas descansaban sus ramas a su alrededor, y los cipreses alargados se mecían acunados por el viento.

Hacía mucho frío. Octubre estaba agotando su primera quincena y, aunque en esas latitudes el otoño se notaba desde hacía varios días, la temperatura había descendido más de lo habitual. Quizá ese año les esperara un invierno duro y madrugador.

Geralt temía una nevada. El cielo había amanecido encapotado, las nubes no presagiaban nada bueno y el viento, lejos de llevárselas, parecía traer más.
Ciri iba envuelta en la manta, porque no había dejado de temblar desde que se levantara, y se sentía calentita y cómoda, aunque la velocidad del caballo hacía que le lloraran los ojos. La yegua galopaba rápida porque el brujo quería dejar atrás las zonas despobladas por si se producía una ventisca.

Los copos comenzaron a caer después del mediodía, gruesos y fríos, esponjosos y abundantes. El viento los estrellaba desagradablemente contra sus rostros, pero Geralt siguió cabalgando.

Cuando vislumbraron un pueblo, el suelo ya estaba cubierto por una pátina blanca.

Condujo al caballo hasta una casa en las afueras, más allá del pueblo, parecía conocer el camino sobradamente. Desmontó ante la puerta y ayudó a la niña, envuelta con la manta como un capullo, a bajar al suelo y se dirigieron hacia ésta. Llamó con los nudillos con su mano enguantada, la otra reposaba sobre el hombro Ciri.

Una mujer de larga melena castaña le abrió. Ambos se miraron de un modo que a Ciri le extrañó y no le gustó. Se sonrieron, era esa una sonrisa mesurada pero sincera, cálida y sin excesiva expresión. Sus ojos, al mirarse, hacían patente una historia común, se acariciaban del modo en que lo hacen dos personas que se conocen íntimamente, que aún conservan interés el uno en el otro.

—Geralt.
—Hola, Zynnéa.
—Pasad.

Entraron en la acogedora casa cerrando la puerta apresuradamente tras de sí. El calor que emanaba de la chimenea encendida les amparó de inmediato y Geralt se quitó la capa y la colgó tras la puerta. Luego se ocupó de la niña y, mientras lo hacía, la mujer miró a Ciri y luego al brujo.

—¿Viaja contigo?
—Sí. Es mi protegida. Ciri, ella es Zynnea, una amiga… especial.
—Hola —dijo la niña apretujándose contra la pierna del hombre.

Había usado su nombre ante la mujer, lo cual indicaba que era alguien de confianza para Geralt. La mirada entre ellos persistía en los mismos términos, y el disgusto de Ciri aumentó. No correspondió a la amable sonrisa que le dedicó Zynnéa, en lugar de ello bajó la vista, rompiendo el contacto visual. Ella la ignoró y volvió su atención al brujo.

-Hacía mucho que no te veía.
—Sí, Zynnéa. Mucho.
—Has viajado constantemente, supongo. No has invernado en Kaer Morhen estos últimos años, o hubieras pasado por aquí.
—No he estado allí en tres inviernos.
—Eso es mucho tiempo. Muchas cosas pueden haber cambiado en tanto tiempo, ¿no lo has pensado?

La mirada entre ambos se hizo más intensa y durante unos segundos no dijeron nada.

—Cierto. Y me alegraría por ti —dijo escuetamente el brujo.
—Aquí —hablo ella sin dejar de mirarle de ese modo— todo sigue igual. Nada ha cambiado.

Geralt frunció el ceño.

—Zynnéa, yo…
—Lo sé, Geralt. Tampoco ha cambiado nada respecto a ti. Lo respeto y lo acepto. No tengo más remedio que hacerlo.
—Si te incomoda mi presencia, nos iremos.
—Sabes bien que no me incomoda en absoluto. Y no seas tan dramático, no te va. Sentaos, por favor. Supongo que estaréis hambrientos.
—Guardaré a la yegua y traeré mis cosas, si no te importa —dijo el brujo—. Siéntate, Ciri, no tardaré.

Ella le obedeció y se sentó junto a la mesa de madera que ocupaba un rincón de la estancia mientras Zinnéa desaparecía por la puerta de la cocina. Al poco, el brujo regresó con las bolsas del equipaje. Las dejó en un rincón y se sentó junto a Ciri, mirando a su alrededor.

Había prosperado mucho y él había contribuido a ello.
Recordó aquel día en que se arrastró, malherido, helado por la lluvia y apenas consciente, hasta su puerta. Cuatro cemetauros le habían salido al paso en un bosque cercano, matando a su yegua y enfrentándose a él. Logró acabar con los cuatro, pero uno le hirió en la espalda, tres enormes tajos por los que casi se desangra. La joven viuda le cuidó, le curó y le alimentó, y tuvieron una aventura. Zynnéa se enamoró perdidamente de él, pero él… él nunca se quedaba con ninguna mujer, siempre se acababa yendo, porque él era un brujo, y un brujo viaja solo. Un brujo se enfrenta a menudo a la muerte, siempre a una garra, a una dentellada o a un tajo de la aniquilación...
Cuando iba a marcharse, esa última noche mientras dormía abrazado a Zinnéa tras hacer el amor, sus propios vecinos prendieron fuego a la casa con ellos dentro. Cuando salieron, les esperaba una turba sedienta de sangre, de la sangre de la curandera. La llamaron bruja, la insultaron y quisieron matarla, pero él lo impidió. Se enfrentó a la muchedumbre solo y consiguió que se marcharan. Y ella se fue con él, pues todo lo que tuvo ardió allí. No le quedó nada, nada salvo el odio de aquellas gentes con las que había convivido durante diez años. Él le debía la vida, no iba a desentenderse de ella. Habiendo prometido ayudarla a encontrar una nueva vida, habiéndole hecho abrir los ojos con respecto a su modo de actuar en la vida e instándola a luchar y no tener miedo de vivir, la llevó a Ellander para que terminara su formación como curandera. De allí, unos años más tarde, se instaló en este pueblo. Aquí vivía bien, ejerciendo su oficio además de vender sus cremas y jabones perfumados a distintos comercios de varias grandes ciudades. Le iba muy bien.
Pero seguía enamorada de él y él lo sabía. Pese a ello, cada otoño y primavera cuando iba y venía de Kaer Morhen, la visitaba. No podía evitarlo, Zinnéa ejercía también una gran atracción sobre él. Seguramente, de no haber estado Yennefer, lo suyo hubiera prosperado.

—Quédate aquí, Ciri —ordenó Geralt a la niña mientras se levantaba.

Entró en la cocina donde Zynnéa se afanaba con el guiso y la abrazó por la espalda, sus brazos encerraron su cintura y su cabeza se apoyó contra la de ella. Ella apoyó la nuca contra su hombro, gimió levemente y cerró los ojos cuando él le besó el cuello por debajo de la oreja. Se dio la vuelta y se lanzó contra su boca, apretándose contra él y enredando sus dedos en el pelo de su nuca.

—Te he echado tanto de menos… —susurró cuando separó sus labios de los del brujo.
Volvió a besarla, estrechándola fuerte, ahondando el beso y complaciéndose, complaciéndola también a ella porque lo necesitaba. Zinnéa siempre despertaba en él un deseo feroz. Disfrutaba viéndola perdida en medio de la pasión, en sus brazos, cuando hacían el amor, le excitaba el modo único en que se daba a él completamente, en cuerpo y alma.

Ciri se acercó sigilosamente al marco de la puerta. Algo le decía que no debía hacerlo, pero la curiosidad la consumía. Quería saber por qué Geralt tardaba tanto. Asomó los ojos, que se abrieron sorprendidos, y regresó al comedor como si nunca se hubiera levantado de la silla. No le gustó nada ver a esa mujer pegada al brujo besuqueándole, abrazándole, y menos a él correspondiendo. El sentimiento que la embargó fue, a todas luces, negativo. Se sintió enfadada. Se sintió apartada. La palabra que mejor lo definía era celosa.

Durante la comida Geralt y Zinnéa hablaron acerca de los negocios de ella. El tema, por supuesto, excluía a Ciri por completo, pero tampoco hubiera hablado si hubieran elegido otro tema, incluso si le hubieran preguntado algo directamente. Simulaba estar muy interesada en su plato, pero lo cierto es que estaba pendiente de ellos, de cualquier movimiento, de sus expresiones faciales, incluso de sus miradas. No le pasó desapercibido cuando ella quiso cogerle la mano al brujo. Geralt, sorprendentemente, no la dejó y disfrazó el rechazo como un movimiento casual, cosa que la satisfizo de un modo perverso. Sin embargo, luego él buscó la mano de ella por debajo de la mesa, y Ciri ardió de rabia. Le hubiera dado de buena gana una patada en la rodilla, también por debajo de la mesa.

Geralt veía el extraño comportamiento de Ciri, pero no sabía cómo gestionar eso. No quería renunciar a Zinnéa en las pocas horas que la ventisca les retendría allí después de más de tres años sin verla, pero tampoco quería que Ciri sufriera.  Tenía que prestarle un poco más de atención y todo estaría bien. O eso pensaba.


Geralt era una persona experimentada, por ello raramente desconocía el modo de actuar en cualquier contexto. Conocía siempre quién tenía delante al poco de una conversación, y había ya capeado muchas situaciones distintas en su vida, con más o menos éxito. Pero esa tarde se sintió en la cuerda floja, como si un paso en falso pudiera precipitarle al vacío. Se quedó pasmado al apreciar claramente el ambiente hostil que se había creado a su alrededor, aún peor que la ventisca que golpeaba con fuerza las ventanas y paredes de la casa.

A Zinnéa le sobraba la niña de todas todas. Quería estar con Geralt a solas. Ciri, por su parte, no se lo ponía nada fácil, se mostraba huraña y antipática hasta con él. La animadversión entre ellas era palpable, tanto que hasta le parecía ver una nube negra lanzando rayos sobre sus cabezas. El brujo se encontró con que partirse en dos y prodigarles atenciones por igual no satisfacía a ninguna de las dos facciones. Y la situación comenzaba a hartarle.

Pensó en ignorarlas a las dos y entretenerse mirando la ventisca, que ahora arreciaba, a través de la ventana. El que ya casi fuera de noche no tenía importancia para él y sus ojos mutados. Pensó en hablar con ellas, una a una, a solas, y hacerlas recapacitar. También pensó en coger la puerta y largarse al establo, pues seguro que Sardinilla sería mejor compañía que ellas dos, pero temía lo que pudiera pasar en su ausencia.

Al final todo estalló. Fue durante la cena.
La situación la produjo la negativa de Ciri a comerse el plato que Zinnéa le había puesto delante.

—No quiero comerme esto —dijo la niña—. No me gusta.
—Oh, perdone su majestad, pero es lo que hay. O eso, o nada —se burló Zinnéa sin saber que había usado un trato que no hubiera estado fuera de lugar.

Ciri frunció el ceño y se puso roja de rabia.

—¿De qué te burlas? ¡Pues si yo verdaderamente…
—¡Ciri! —la cortó el brujo antes de que hablara de más, pues la conocía. Tampoco pensaba permitirle esa falta de respeto. Se puso de pie arrastrando con un chirrido la silla hacia atrás, asustándolas a las dos, y apoyó los puños cerrados en la mesa, inclinado hacia la niña—. Es suficiente. Ya basta. Zinnéa nos ha acogido en su casa y nos ofrece con generosidad lo que tiene. Deja de comportarte como una ingrata, me avergüenzas. Toda la tarde llevo aguantando las ganas de coger el cinto, toda la maldita tarde. No hagas que por fin me decida.

La niña intentó retener las lágrimas, pero hizo un puchero y bajo la cabeza. Geralt se sintió mal entonces, pero no lo dejó entrever ni mudó su expresión dura e intransigente.

—Zinnea, supongo que Ciri puede usar la habitación pequeña…
—Por supuesto.
—Pues a la cama, Ciri. Ahora mismo y sin cenar.

Ciri se levantó despacio y caminó en la dirección que Geralt le señalaba. Se detuvo un momento antes de entrar, esperando algo que no podía ser, luego continuó y cerró la puerta.

Geralt se sentó y apartó el plato, incapaz de continuar con la cena. Se quedó mirando el fuego del hogar, abstraído y muy serio. Zinnéa le puso la mano en el hombro. El no dijo nada, pero tampoco la apartó.

—No te disgustes, has hecho bien. Los niños…
—Ella es una niña —la cortó áspero, sin siquiera mirarla—, pero tú eres una mujer, Zinnéa.

Supo que le había decepcionado. Supo que le había perdido. Y se dio cuenta de que el vínculo con su protegida, contrariamente a lo que pensó, era más fuerte, mucho más, que el que había tenido con ella.

Durmió junto al hogar envuelto en su manta, y ella no se atrevió a proponerle nada. Se acostó sola en su cama, frustrada y arrepentida.

Por la mañana, cuando despertó, encontró sobre la mesa una carta de despedida y agradecimiento. El sol lucía esa fría mañana, pero el grueso manto de nieve no le había disuadido de abandonar su casa y su compañía. Ya no habría arreglo posible, se habían ido. Contrariamente a lo que pensó.

Nunca más volvería a ver al brujo de cabellos blancos.


Ciri, envuelta en la manta bajo la capa de Geralt, estaba avergonzada, dolida y ansiosa. No le gustaba estar enfadada con él, pero tampoco le gustó cómo la trató la noche anterior, delante de esa mujer. Reconocía que se había portado mal, y mucho. Sin embargo, no quería disculparse.

Las millas discurrían junto a las horas en un silencio sepulcral entre ellos. Parecía que un abismo se había abierto entre los dos, un abismo insalvable. Ciri no apoyaba su espalda en el brujo, no agarraba su mano, pero de vez en cuando se limpiaba disimuladamente una lágrima.

El brujo, por su parte, también estaba enfadado.  Porque Zinnéa dejó de ser de pronto aquella que recordaba y, de algún modo, había querido. Porque deseaba empujar a Ciri contra su pecho y porque no iba a hacerlo. Porque sabía que lloraba, deseaba consolarla y no lo haría.

En el paisaje nevado, en el silencio de la mañana fría y soleada y sobre la yegua que se hundía trabajosamente en la nieve, los dos se sentían aislados y solos, manteniendo un pulso que ambos perderían. Estaban a un gesto de que estuviera todo bien de nuevo entre ellos, pero ninguno de los dos quería ser quien lo hiciera.

Fue, para ambos, un día triste, un día para olvidar y que no olvidaron.

Sin hablarse, acamparon al anochecer en una ruina; sin dirigirse la palabra, cenaron, se acostaron de espaldas el uno del otro.
Esa noche, Geralt le dio las hierbas de Nenneke a Ciri. Y cuando estuvo profundamente dormida, la estrechó contra su pecho porque la echaba de menos… y se suponía que no debía hacerlo.  

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Hola, Sashka!

Ya me he leído los dos últimos capítulos, ha estado bien tanto la estampida en la ciudad enana como el aprieto en que le meten las dos a Geralt ^^ Desde luego no habrá sido un viaje a Kaer Morhen sin incidentes! Sobre la aparición de Zynnéa, debo decir que al principio la relacioné con la curandera princesa de tu relato «Ni frío ni calor» que posteaste primero. Creí que era la misma, pero luego verifiqué y vi que ella se llamaba Deila ^^U

Me llamó la atención también la manera en que vas describiendo el cambio de estación, me gusta cada vez que el tiempo obtiene cierto protagonismo Smile

Saludos!
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#3
Zinnéa, en realidad es Linnéa. Es un personaje de un fic que me gustó muchísimo, titulado The Witcher and The Widow que está posteado tanto en Fanfiction como en Archive Of Our Own. Como la he tomado prestada (como homenaje) sin permiso porque la autora no terminó el fic (tiene 8 capítulos apasionantes) y hace ya lo menos 8 años que lo subió, pues varié el nombre.
Si sabes inglés o mismamente pidiendo al google que te lo traduzca, se lee bastante bien, te lo recomiendo, fliparás en colores.
Gracias por tus comentarios!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
Bien, no iba a ser todo de colorines. Es normal que a veces ocurran cosas que hagan saltar chispas, aunque estos dos se necesitan demasiado, no creo pasen mucho tiempo enfurruñados. Eso sí, lo siento por la curandera, no creo que mereciera una simple carta de adiós, pero se tendrá que conformar porque es el método favorito de despedida de Geralt. Que se lo pregunten a Yennefer person_with_pouting_face

Y sí, Geralt tendría que haberse ido con Sardinilla. Es la única que nunca se enfada con él Big Grin
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#5
Gracias a los dos por vuestros comentarios!
Jajaja, Daghdha, eso pensé y por eso escribí lo de la carta xddd! Oye, si las deja solas, se sacan los ojos...
Kaoseto, gracias por fijarte en lo del tiempo. Es que me parece muy necesario  describirlo.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#6
“-Hacía mucho que no te veía”

De nuevo, un guión en vez de raya. Falta tilde en “habló” cuando pones “hablo ella sin dejar de mirarle de ese modo”.

A veces pone Zinnéa y a veces Zynnéa. Falta tilde en ese mismo nombre en “Zinnea, supongo que la niña puede usar la habitación pequeña”. Sobra un espacio despues del punto y seguido del cuarto párrafo empezando por el final.

Sospecho que te gustan mucho los árboles, y no entiendo por qué querían quemar a esa tipa por bruja y no a Geralt por lo mismo. Quizá es porque no conozco bien ese mundo.

Tampoco veo lógico que Geralt se enfade con Z. Ella se porta bien en todo momento. Es arisca con Ciri con lo del plato, pero de toda la vida se les ha tratado así a los niños que se quejan de la comida, diciendoles señoritos o cosas parecidas. No veo que por ello haya dejado de portarse como una mujer madura.
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#7
Otro relato entretenido, me ayudó el haber leído el fanfic del brujo y la viuda. Mmm, y qué viuda Big GrinBig Grin
Ya en serio, muy divertido (aunque no se si esa era tu intencion), la situación que se vive en esa casa, con las mujeres queriendo monopolizar al brujo. Y el brujo con ganas de estar con ambas, por supuesto, que se va a esperar de él. Hay varias frases que me gustaron, pero también encontré una con un pequeño error:
"Llamó con los nudillos con su mano enguantada, la otra reposaba sobre el hombro Ciri."

Ahora las que me gustan:
"Los bosques de Kaedwen eran completamente diferentes a los de Temeria. Predominaban las coníferas y su verde color, se alzaban los tejos y los cedros, los pinos con sus redondas copas, los majestuosos abetos, los alerces y las piceas descansaban sus ramas a su alrededor, y los cipreses alargados se mecían acunados por el viento." Me gustan estas clases de oraciones.

"Se sonrieron, era esa una sonrisa mesurada pero sincera, cálida y sin excesiva expresión". Cortita y concisa, te pone bien en ambiente, te hace sabedor de que hay algo entre ellos.

"él nunca se quedaba con ninguna mujer, siempre se acababa yendo, porque él era un brujo, y un brujo viaja solo. Un brujo se enfrenta a menudo a la muerte, siempre a una garra, a una dentellada o a un tajo de la aniquilación..." Muy cierta.

"No le pasó desapercibido cuando ella quiso cogerle la mano al brujo. Geralt, sorprendentemente, no la dejó y disfrazó el rechazo como un movimiento casual, cosa que la satisfizo de un modo perverso. Sin embargo, luego él buscó la mano de ella por debajo de la mesa, y Ciri ardió de rabia. Le hubiera dado de buena gana una patada en la rodilla, también por debajo de la mesa." Toda esta la leí sonriendo.

"La animadversión entre ellas era palpable, tanto que hasta le parecía ver una nube negra lanzando rayos sobre sus cabezas". Muy buena.

"También pensó en coger la puerta y largarse al establo, pues seguro que Sardinilla sería mejor compañía que ellas dos, pero temía lo que pudiera pasar en su ausencia." Jajaja, que se siente en el establo y vea por la ventana los platos y tarros volando.

"la negativa de Ciri a comerse el plato que Zinnéa". En esta me rei porque parecía que la viuda quería que se comiera EL plato, como castigo por no dejarla hacer con el brujo jejeje. Pon mejor "de Ciri a comer del plato..."

"Toda la tarde llevo aguantando las ganas de coger el cinto, toda la maldita tarde. No hagas que por fin me decida." XDddddddd

"El brujo, por su parte, también estaba enfadado.  Porque Zinnéa dejó de ser de pronto aquella que recordaba y, de algún modo, había querido. Porque deseaba empujar a Ciri contra su pecho y porque no iba a hacerlo. Porque sabía que lloraba, deseaba consolarla y no lo haría." Esta, sumando el final, quedó brillante!
"Si te van a ahorcar pide leer La Fuerza del Destino Capítulo 14 (http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html) Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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