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Reto Abril 19: Crónicas de Aurelio el Grande
#1
CRÓNICAS DE AURELIO EL GRANDE

24/5/2018. Me han metido aquí pero yo no estoy loco. Y nadie me cree. Bueno, sí, los únicos que me creen son los locos de verdad, pero esos no me sirven porque están como cabras, y también dicen lo mismo que yo. O sea, que en este manicomio nadie está loco, o eso se creen, pero, no obstante, yo soy el único cuerdo de verdad. Todo ha sido maquinado por mi mezquina esposa, mediocre mujer que no soporta mi superior intelecto ni vivir a la sombra del brillo que emito. Pero, por una vez, ha tenido éxito y yo he fracasado. La subestimé y aquí me veo. Guarra. Puta. Reputa.

Lo único bueno es que te dejan fumar, la zona de fumadores está cerca de la entrada, justo donde se ubica el mostrador de las enfermeras. Ellas son las que encienden los cigarrillos, pues no podemos tener mecheros y menos mal, porque no estamos faltos de pirómanos. Es curioso que ninguno de ellos es fumador, pero se quedan en el pasillo extasiados mirando el humo y emiten grititos de placer cada vez que surge la llama del mechero. Mientras fumo, miro alrededor y recopilo datos, procurando poner la misma cara de zombi que los demás chiflados, que van hasta el culo de tranquilizantes, moviéndome como tal para acercarme, como aquel que no quiere la cosa, a observar los detalles del puesto de control que me interesan.

Tengo que escapar de aquí, pero, a pesar de mi gran inteligencia, yo solo no puedo. Aprovechando que con los recortes presupuestarios en sanidad hay menos personal, peor pagado y por tanto menos competente, y habiendo observado (ya que poco más hay que hacer aquí) los hábitos del equipo médico y celadores, los errores y deficiencias del centro y memorizando la distribución del edificio y alrededores, no sería tan difícil. Pero necesito ayuda.
He de seleccionar un grupo de cuatro personas lo más cuerdas posible, cosa nada fácil si descarto al cuadro médico, y aún con este tengo mis dudas. Eliminaré a aquellos que obviamente no me sirvan (depresivos, que nos convencerán de que todo va a ir mal y anoréxicas, que no podrían levantar ni las llaves de las puertas) y sondearé a los que menos señales de locura presentan, a ver si hay suerte, y, finalmente, reclutaré a los cuatro más aptos.

29/5/2018. Es tarea ardua, más de lo que me pensaba, pues arriesgo mi integridad física y no contaba con ello. Me explico, no sin exagerado rubor y vergüenza. Quise sondear a Tres Piernas, preguntándome el porqué de ese peculiar apodo, abordándole en su habitación. No sabía, tampoco, la naturaleza de su dolencia, todos hacían un extraño mutis al respecto. Salí de allí bien enterado y, por poco, con el culo como un bebedero de patos. El asqueroso violador en serie, al verme dentro cerró la puerta y masculló desvergonzadamente “a falta de un chochito bueno es un culo”. De poco me fue que me borrara el cero, pues es mozo de importante envergadura y mucha fuerza y, desgraciadamente, la bata con la enorme raja detrás también iba a facilitarle las cosas. Precisamente la envergadura—valga la redundancia— de su Azote de Coños (sus palabras, que no las mías), me dio fuerzas para estamparle la lamparilla en la cabeza y salir corriendo ante la visión de un miembro como una cachiporra traspasando la zona segura de mi burbuja personal, pero logré salir de allí conservando mi virginidad anal.

30/5/2018. Ya los tengo. Y los cuatro tienen tantos deseos de escapar como yo.
Primero recluté a Venancio, un esquizofrénico que, entre otras cosas, asegura ser víctima de una conspiración contra su persona y se teme que intentan matarle en el centro. Bueno, en realidad allá donde va, pero ahora está aquí. Por eso lía la de Dios es Cristo en el comedor, negándose a comer y decorando las paredes con el contenido de su bandeja. Gracias a él el comedor da asco, parece haber sido estucado a base de vomitadas. La hora de la medicación es otro de los momentos memorables del día; ya no intentan que se tome las pastillitas, eso es misión imposible, sino que se la inyectan o eso pretenden. Pero Venancio, flagelo de enfermeras y celadores, tiene muchos huevos y pocas ganas de morir, así que no siempre tienen éxito, y más de una jeringa ha vaciado su contenido en la nalga equivocada.
El segundo fue César, que padece TOC , y su obsesión por escapar viene dada porque afirma que se olvidó de apagar la luz del comedor de su casa cuando lo trajeron. Eso lo mortifica hasta el punto de liarse a cabezazos contra las paredes, no sé si en un intento de tirarlas abajo para escapar. Sin embargo, cuando hablas con él en los momentos en que no está hasta arriba de diazepam es hasta ecuánime.
El tercero, Julián, es un suicida en potencia. Quiere escapar del centro porque allí es imposible suicidarse como es debido, siempre lo consigue a medias y dice estar hasta los huevos de que esas putas (palabras textuales suyas, no mías, en referencia a las enfermeras) le impidan atravesar el precioso túnel de luz que ve cada vez que está a punto de conseguirlo.
El cuarto miembro de mi equipo es un pirómano. Es el más listo de todos aunque es un poquito cabrón, pero ya se sabe, nadie es perfecto. Se llama Perico y encima es del Español. Eso suele crear mofa y, por supuesto, a Perico no le hace gracia. De hecho, le hace tan poca gracia que cualquier día prende fuego al edificio en una combustión espontánea. Nada le haría más feliz.
Ahora sólo queda perfilar el plan, algo que nadie salvo yo, que cuento con una excepcional inteligencia y astucia, puedo llevar a cabo. Voy a pensar.

31/5/2018. Ya está. Mañana en el patio se lo explicaré a esos cuatro lerdos. Espero que lo entiendan y memoricen, cosa más ardua que el ejecutar el plan en sí.

1/6/2018. Madre mía... Podría tener mis dudas acerca de su cordura, pero de lo que tengo absoluta certeza es de que son subnormales, en especial Venancio. Mi plan es sutil pero sencillo y no entendían más allá de “nos fumamos un cigarro hasta que el guardia de seguridad vaya a por su café”, a partir de ahí no daban pie con bola. Claro que la hora del patio es poco después de la medicación, y quizá el que los deje mustios como acelgas tiene algo que ver. Yo no tomo nada, tengo una habilidad innata para simular que ingiero la medicación en pastillas, pero luego la regurgito sin problema y enterita.

25/6/2018.Tras veinticinco días de ardua instrucción, parece que han entendido y memorizado lo que espero de ellos. Perico ya ha aprendido mi técnica de engaño a las enfermeras y ahora es capaz de seguir mis explicaciones. Sin embargo, los otros tres no acaban de depurar la técnica y sólo han logrado atragantarse para acabar engullendo, de todos modos, las pastillas.
Aún quedan unos días para poder poner la fuga en práctica. Puesto que todos los depresivos fumetas y los drogatas metadónicos están idos perdidos, las enfermeras suelen darle a la lengua mientras encienden cigarrillos. Por eso me he enterado de que Encarna, el doctor Poveda y uno de los celadores empiezan las vacaciones en julio y no contratarán suplentes por no soltar una perra, pero ellos lo llaman “optimización de recursos”. Algo positivo debía tener esta crisis de mierda y mira lo que es… menos personal del que preocuparse del ya raquítico cuadro.

30/6/2018. Mañana será el gran día. Hemos repasado con éxito los detalles de la fuga, y parece que cada cual sabe su papel. Lo haremos por la mañana, cuando más caos hay, en el momento en que unos están distribuyendo las medicaciones y otros tocándose las pelotas a dos manos escaqueados en el cuartucho de las escobas. He hecho hincapié en que no se tomen la medicación, puesto que necesito el par de neuronas de cada uno despiertas y en pleno estado operacional, de nada me sirven cuatro guiñapos babeantes moviéndose a la velocidad de un caracol. Por cierto, ya todos dominan la técnica de regurgitación, pero con esos nunca se sabe.

1/7/2018. Llegó el momento, no hay vuelta atrás. Todo está listo. Si alguien encuentra este papel escondido, sepa que tuve éxito (como siempre).

*****

Los cinco se unieron al grupo de fumadores como cada día. Dejaron que Agnes, la enfermera, prendiera sus cigarrillos como cada día. Esperaron a que el guardia abandonara el puesto a por café como cada día. Y entonces la rutina cambió.
Perico se acercó a la enfermera y le arreó con el puño en la cabeza, y la pobre se desplomó como un saco de patatas. Cogió el mechero y un manojo de llaves, que le arrojó a César. Miraba el mechero con los ojos haciéndole chiribitas.
—¡Abre la puerta! —le ordenó Aurelio a César mientras vertía el agua de la botellita de Agnes en los monitores de vigilancia del mostrador, que chisporrotearon como bengalas haciendo las delicias de algunos zombis.
—¡Voy! Uno, dos, tres, cuatro…
—¿Qué coño haces? ¡Abre de una vez!
—No abrirá hasta que le dé siete veces a la llave —dijo uno de los colgados con voz pastosa, veterano del centro.
—¡¡Que abras, joder!!¡El guardia estará aquí en unos segundos! —gritó Julián.
—… Y siete. ¡Ya está! —anunció César —, ¡vamos!
Atravesaron a la carrera y continuaron por el pasillo. A lo lejos se oyó un aullido seguido de una cacofonía de voces.
—¿Dónde coño está Perico? —preguntó Aurelio al darse cuenta de su ausencia.
—Se ha pirado con el mechero. Seguro que ha ido a prenderle fuego al pelo de alguien, le encanta —explicó Venancio. — Ya lo hizo una vez.
—¿Que quema pelos? ¿No podría quemar bosques como todos los pirómanos?
—Es que era peluquero.
—Joder, joder, cómo está el patio… Venga, ¡seguid!

El grupo llegó a una segunda puerta, evidentemente cerrada. Aurelio le arrebató con malos modos el manojo de llaves a César y se dispuso a abrir él mismo para ahorrar tiempo. No le costó más de un par de segundos conseguirlo y todos pasaron.
—¡No no no no no!! —gimió César, todavía en el mismo sitio—. ¡Tienes que voltearlo siete veces! ¡No puedo pasar si no lo haces!
Aurelio empezaba a estar hasta los huevos. La paciencia no era su fuerte.
—¡Si quieres apagar la puta luz de tu comedor pasarás a la de ya! —le gritó.
César pareció debatir consigo mismo un segundo, y con expresión torturada traspasó el umbral, no muy convencido. Una vez allí, los cinco se agazaparon y aguzaron el oído: se acercaban a otro puesto de control. Aurelio asomó un ojo por la esquina y retrocedió hasta los demás.
—Solo hay un guardia jugando con el móvil al Gwent. Está tan concentrado que si irrumpimos los cuatro le reduciremos sin problemas… —el hombre puso cara de sorpresa de pronto—. ¿Dónde está César?
—¡Uno, dos, tres, cuatro… ¡—oyeron contar a César a su espalda, eufórico, justo a la vez que Aurelio reparaba en que ya no poseía las llaves. Había vuelto atrás a realizar el ritual de las siete vueltas.
—Hijo de puta, ¡le va a oír! Vamos a por el guardia antes de que…
—¿¿Quién anda ahí??—oyeron gritar al mentado. El diablo no estaba de su parte ese día.
—¡Yooooooooo! —dijo César, que estaba de vuelta—. ¡Apaga el móvil, que se gasta la batería!
—¡¡¡La madre que lo parió!!! ¡¡¡Yo lo mato!!!—estalló Aurelio saltándole al cuello.
—¡No, no! ¡Mátame a mí, a mí!—imploró Julián, que ya dudaba que el plan diera sus frutos y no perdía oportunidad.
Ante tal escandalera, no tardó en presentarse el guardia, porra en mano, ante ellos. Menudo espectáculo. Dos rodaban por el suelo, enzarzados, otro gritaba junto a ellos incoherencias y el cuarto… el cuarto cayó sobre él como un rayo, le desarmó y arreó acto seguido un porrazo que lo envió derecho al suelo. El diablo se lo había pensado mejor.
—Las voces me dicen que dejéis de hacer el gilipollas de una vez, no les gustan los gilipollas—les dijo Venancio señalando con la porra confiscada a los tres atónitos compinches, con una cara de loco que acojonaba.
Luego le arreó una patada al guardia, que al parecer no quería permanecer en el suelo quietecito, y lo envió directamente a los brazos de Morfeo.

Se levantaron como un resorte y prosiguieron, no sin antes arrebatar al guardia inconsciente un segundo manojo de llaves.
—Mmmmm… ¿huele a humo?
—Sí, a humo. Y a pelo quemado, qué asco…
—Puto pirómano de los cojones, si al final me joderá el plan…
Y allí estaba, la puerta de salida del edificio. Y más allá, la calle.
Pero por el pasillo venía corriendo el primer guardia con la taser en la mano. Y de la calle, a lo lejos, provenía el alboroto de unas sirenas.
—¡Rápido, hay que abrir!
Venancio abrió la puerta, y los tres pasaron. César se quedó.
—Hacedme un favor: apagad esa luz por mí, compañeros. Calle del desencanto, dos, tercero cuarta. ¡Suerte!
El esquizofrénico le lanzó las llaves y reanudaron la carrera mientras oían el inevitable “uno, dos, tres, cuatro… ¡¡Ayyyyy!!”
—¡¡Venir pacá, cabrones!! —les gritó el guardia barrigudo, casi sin resuello, asfixiado por la carrera y su obesidad, mientras pasaba sobre el cuerpo electrocutado de César.
—¡Que te lo has creído, jajajajajajaja! —se descojonaba Venancio.
—¡Los cojones! ¡Píllanos si puedes, gordo de mierda!

Traspasaron, por fin, la puerta principal. Estaban en la calle. Se abrazaron eufóricos los tres, entre risas y felicitaciones por el éxito obtenido.
Pero el frenazo de dos coches de la policía les quitó las ganas de cachondeo. También llegó un coche de bomberos, que raudos empezaron a trajinar con las mangueras.
Pusieron pies en polvorosa sin más dilación, dejando tres nubes de polvo allí donde habían estado.
—¡¡Altooooooooo!! ¡¡¡Vosotros tres, quietos os digo!!! —chilló uno de los policías mientras salía del coche dejando la puerta abierta con las prisas.
Ellos siguieron corriendo calle abajo, al parecer sin muchas ganas de hacerles caso.
—¡Nos persiguen! —gritó Venancio. — ¿Cómo cojones saben que somos nosotros los fugados?
—Hombre, estas batas blancas deben tener algo que ver —dedujo sabiamente Aurelio.
—Coño, pos fuera bata —resolvió Venancio quitándosela mientras corría y quedándose en pelota picada.
El suicida empezó a reírse como un poseso. No podía apartar la vista del miembro viril del otro, que saltaba y hacía piruetas al ritmo de la carrera de Venancio.
—Eh, Venan, yo que tú me la cortaba. Total, ni se va a notar…
—Como te la meta por el culo verás si la notas, capullo—contestó Venancio, al parecer ofendido por la observación.
—Esto es surrealista…—flipaba Aurelio.

Los policías ganaban terreno. Eran jóvenes y estaban entrenados. Aún no se notaba en sus cuerpos la adicción a los donuts azucarados. Se acercaban tanto que casi podían contarles los pelos del culo que sus batas hospitalarias no ocultaban.
—¡¡Alto o disparo!! ¡¡Dispararé a matar, os lo advierto, es mi último aviso!!
Esas palabras activaron las dos neuronas del cerebro de Julián, que se detuvo en seco.
—Seguid, amigos, yo los entretengo. ¡Buena suerte!
Entonces se dio la vuelta para enfrentarse al primero de los policías.
—¡¡Dispara si tienes huevos, puto madero!! —le vaciló en actitud agresiva. Luego, enajenado, se lanzó hacia ellos—. ¡¡Te voy a arrancar la cabezaaaaaaaaaaa!!
Se oyó un disparo, y, mientras corrían, vieron a Julián desplomarse en la acera.
—Lo consiguió —se alegró Aurelio por su colega—. Ya estará en el túnel de luz.
—¡¡Ayyyyyyyy, hijo de puta, ¿por qué me has disparado a la pierna? ¡Será cabrón! ¡Al corazón se dispara, gilipollas! ¡Ay, ayyyyyyyyyyy!
—Nch, qué mala suerte…—lamentó Venancio.
De pronto, otro coche de policía se detuvo ante ellos, cortándoles el paso. Dos agentes salieron y les apuntaron, con las armas y con su cara de mala leche, y ellos frenaron en seco.
—Amigo, lo siento por ti —le dijo Venancio a Aurelio—. Te han pillado, no tienes escapatoria.
—¿A mí? Querrás decir a los dos.
—No, querido amigo. Las voces me están hablando. Voy a ser abducido por mis amigos extraterrestres, ellos van a salvarme. ¡Estoy listo, cuando queráis! —dijo extendiendo sus brazos al cielo. Y su pepino. Tres pares de ojos lo miraban alucinando… eso mismo, pero en plural.
—Joooder, Venancio, cómo engañas relajado… Nos rendimos, no disparen… pero tapen, tapen eso, ¡que aprensión! —se resignó Aurelio con un estremecimiento.

Antes de ponerle las esposas le vistieron la bata que otro poli rescató de donde quedara tirada. La medida no logró del todo su cometido, pues las caderas de Venancio parecían una tienda de campaña horizontal, para risa y chirigota de los abundantes curiosos que se habían congregado a su alrededor. Venancio, que no tenía mucho aguante ante tales chanzas, inesperadamente se subió la bata, se agarró la minga y les meó encima a aquellos que estaban a tiro de su chorro, que, por cierto, hubiera hecho poner verde de envidia a la mejor manguera. El que parte de los orines mojaran los zapatos de algún policía pareció influir en el trato que recibieron de ahí en adelante. Los metieron en el coche de una patada en el culo.

***********

2/7/2018. Bueno, diario, otra vez estoy aquí. Menudo fracaso. El suicida en el hospital, el esquizofrénico con un brote del copón, y el TOC más obsesionado que nunca con la puta luz… el más listo resultó el desgraciado del pirómano, que se largó aprovechando el follón después de dejar calvos a Dios y a su madre. No fue culpa mía. O quizá sí, por haberme rodeado de un atajo de retrasados mentales. Y mi mujer, me cago en sus muertos, cuando la llamaron para informarla de lo sucedido, de vacaciones en La Toscana. Guarra. Puta. Reputa.
Todo salió mal, la vida es un asco, odio este sitio. ¿Cómo podía pensar que me iba a salir bien? Sólo quiero estar en la cama y dormir… bueno, me tomaré esa mierda de litio que me trajo la enfermera, total, ¿qué más da?

20/4/2019. Analizando los hechos, los errores cometidos que se deben evitar y habiendo pulido un segundo plan de acción, esta vez lo lograré. Ha entrado una remesa nueva de zumbados, veremos si alguno es apto para el plan de fuga… Aurelio el Grande ha vuelto. ¡Temblad, celadores!
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Muy sórdido y con un humor muy negro. Los personajes son estereotipos (el TOC, El pirómano, el suicida, etc) pero están logrados y cumplen su objetivo. Muy bien escrito
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#3
Aunque saca algunas risas, el problema que le veo es que se toma demasiadas licencias en lo referente a la psicopatología, lo cuál saca un poco de la lectura cuando un personaje hace algo que no corresponde con su enfermedad. Además, incluso aceptando esas licencias, el humor resulta en general infantiloide, casi reducido en un trabajo de caca, culo, pedo, pis...

A parte tiene un error, cuando tras perder al pirómano, se menciona que están agazapados los cinco, lo que daría a entender que en algún momento se les ha vuelto a unir, para acabar hablando del grupo como conformado sólo por los cuatro restantes.

P.D.: ¿La referencia a The Witcher es una indirecta sobre la identidad de quien ha escrito esto?
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#4
Quien haya escrito esto se me ha ganado. Primero porque me he partido la caja, literalmente me he meado de risa. Segundo por la referencia la Gwen, muy listo, autor, sabías que no me pasaría desapercibido y te regalaría algún puntito más por ello...
Me ha parecido estar leyendo algo de Eduardo Mendoza, es igual de disparatado e hilarante. Y está muy bien escrito.
Es cierto el error de número que apunta Queiroz, ayyyyyyyy las prisas y pocos repasos...
Me ha gustado muchísimo, el humor me va cantidad. Te llevarás buenos puntos de mi parte seguro.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#5
Empezamos con un relato de humor. Ay de mi.
No hay descripciones, los personajes no tienen personalidad más allá de lo que dice su enfermedad, la acción es revoltosa y me costo seguir el hilo entre un diálogo y otro. Pero esto es común para este tipo de relato, supongo. La historia en sí no esta mal, la verdad.
Buena suerte en el reto!
"Si te van a ahorcar pide leer La Fuerza del Destino Capítulo 14 (http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html) Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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#6
Relato humorístico, atropellado por momentos, que me deja buenas sonrisas. Es cierto que cae en lugares comunes, pero creo que cumple con su cometido.
Por otro lado, en este tipo de relatos es complicado que se cumpla con las normas comunes de descripciones, protagonistas con profundidad o personalidad, etc. A mí, en lo personal, siempre me han gustado los personajes con TOC.
Al relato no le he visto faltas, y si las hay, me han pasado desapercibidas. Sí que retocaría un poco la puntuación.
Suerte en el reto!
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#7
Creo que me pareció divertido, aunque no pude quitarme la idea de que estaba leyendo un chiste de esos que van tipo "estaba un pirómano, un esquizofrénico y un masoquista...". A pesar de ello, leerlo fue agradable y da como cierto gusto que cada personaje (aunque bien cliché) tenga su momento de brillo propio.

Por lo demás, salvo ese error de "estaban los cinco" cuando eran cuatro, la lectura es amena y fluida, insisto, me divirtió y creo que quizá ese era el objetivo mismo del cuento.
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#8
¡Muy divertido! Me lo he pasado en grande leyéndolo. Ni siquiera noté el error... No me importa si los personajes están mejor descritos o no en su enfermedad, ya que la historia tiene la suficiente fuerza como para obviarlo.
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#9
Ja ja jaaa, que buen relato cómico. Me ha gustado mucho, coincide bastante con un tipo de humor que me va especialmente, que mezcla el color negro con el cachondeo controlado.

Muy buenos los personajes, Aurelio se sale con su megalomanía, pero sus escoltas cumplen de sobra (con el suicida me parto), también los enemigos celadores o policías (las enfermeras más desdibujadas, aunque Agnes me recordó a la típica, esa desencantada y maliciosa de las pelis).

La historia no da para mucho, es un escenario de locos, muy peliculero y que me ha hecho recordar por la ambientación a «Alguien voló sobre le nido del cuco», aunque ajena al dramatismo, una parodia en versión «lite» y patria. La narración me ha parecido fluida, no le encuentro pegas importantes, el ritmo ágil y el desenlace de acorde, es un relato ligero que pretende ser divertido y para mí lo consigue con creces .

Autor, has contribuido a que mi mañana sea un poco más chula, te lo agradezco.
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#10
Pues te ha pasado como a mí, Telcar, las raíces celtas atacan de nuevo xddddd!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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