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Reto Abril 19: Las hijas de la tarada
#1
Tongue 
LAS HIJAS DE LA TARADA

Erase que se era un muchacho  llamado Tirkash. Era mitad humano y mitad Shreck, o sea que era verde. El tipo andaba por las Siete Repúblicas porque le habían comentado que Brienne de Tarta era una pastelera formidable, y quería probar su culán de chocolate. Sin embargo, el camino hacia la pastelería de Brienne constaba de seis pruebas, según le había dicho Natillas el Semiorco. Y bien, como la voz narrativa a veces resulta un tostón, mejor pongamos unos diálogos.

—¡Ríndete, Rasputín Majara, mago de túnica negra! —dijo Tirkash haciendose el chulo.
—¡Jamás me rendiré, insolente frikazo con ansias gastronómicas! ¡Toma conjuro!

El mago ese, de piel amarilla y con dos iClock como ojos —qué pijo el tipo—, intentó lanzar un hechizo.

—Aserejé, ja, de je, dejebere...¡Aaaaaaah!

Al pobre mago le dió un ataque de asma y no tenía inhalador, por lo que no pudo continuar el enfrentamiento.

—¡Ganador, Tirkash! —dijo Aireada Stark, que ejercía de locutora, mientras su hermana Sebastiana, en cambio, ejercía el arbitraje.

Y de este modo, nuestro héroe superó la primera prueba.

—¡Segunda prueba, hacer algo mejor que Cabote! Ve entrando a su posada y a ver qué se te ocurre, muchachuelo.

Tirkash entró en la posada de Cabote, donde de hecho se alojaba en su estancia en las Siete Repúblicas.

—¡Hola, extraño jovenzuelo de piel color moco! ¿Que te pongo?
—Unas lentejas.
—¡Marchando!

Tirkash se comió las lentejas y se tiró una enorme ventosidad.

—¡Agggggg, qué asco! —rugió Cabote.
—Aguanto el olor pestilente mejor que este señoritingo, siguiente prueba.
—¡Señoras y señores, el simpar Tirkash pasa la segunda prueba! La tercera consiste en zamparse mas bollos que Samuel Charlie.
—¡Pero eso no es justo, me acabo de comer unas lentejas, ahora estoy lleno!
—¡Pues que Samuel se coma otras lentejas y en paz!

Y de repente apareció el orondo Samuel bailoteando.

—¡Viva, viva! Lentejas, lentejas, las tomas o las dejas —canturreó alegre.

Cabote, visiblemente afectado por la derrota, le sirvió las lentejas, y Samuel se las comió en un suspiro.

—¡Buah, que buenas! ¿Eh? ¿Qué...? —exclamó al ver como Sebastiana Stark le cosía el culo.
—No puedo concentrarme en el arbitraje si os empezais a tirar pedotes. Ahora a zampar bollos.
—¡Esto es asqueroso! ¡Humor escatológico de pedos, y chistes de mal gusto sobre dos serios problemas de salud como el asma o la obesidad! ¡Morid, malditos!

La mujer que tan ofendida se mostraba, comenzó a atacarme a mí, al narrador, mientras escribía yo estos hechos.

—¿Quien es esta tía? —preguntó Tirkash
—Es Catalina Stark, nuestra madre —aclaró Sebastiana—. Está tarada.
—¡Ah, ahora entiendo el título!

Y después me desperté en el hospital por la paliza que me había dado Catalina. No recordaba nada, pero vinieron a verme todos los personajes, y también Brienne de Tarta, que me trajo una idem de fresa.

—¿Qué ha pasado? —pregunté con dificultad debido a la mascarilla de oxígeno.
—¡Tirkash superó las pruebas! —me comentó Aireada Stark—, después de zampar más bollos que Samuel, aguantó estoicamente la pesadez y cleptomanía de Tasador Burro, de la raza de los Kindersorpresa, exterminó a Cal Pogo y su ejercito de makokis él solo y...
—¿Y cómo hizo eso? —pregunté sosprendido—.
—No pudieron aguantar cuando hizo una imitación de Henry Stephen, cantando Mi limón mi limonero con bailecito incluido. Murieron de vergüenza ajena.
—¿Y la última prueba?
—Tuve que incubar un huevo de dragón que estaba en casa de un tal Elcagon, que vivía con su tío Garrulo y su primo Norar —intervino Tirkash lleno de orgullo y satisfacción.
—¡Todo esto parecen referencias paródicas a diversas sagas de fantasía! ¡vine aquí a hacer de cronista para contar cosas interesantes! ¡Para volver a mi ciudad y que la gente alucine con lo que yo he visto! ¡Si cuento todo esto, van a pensar que no hago sino chistes de cosas ya escritas!
—Pobre chaval, qué frustrado se siente —comentó compasiva Brienne—. Vamos a dejarlo solo por respeto a su dolor.

Y de este modo, viendo mi decepción, salieron de la habitación en silencio, mostrándose considerados con mi desdichada situación. Yo, apesadumbrado, lamentaba no poder consolarme comiendome la tarta en soledad, pero la mascarilla me lo impedía ¿Para qué me la trajeron entonces, los muy espabilados?. Y aquí, señoras y señores, acaba la historia esta. Si habéis llegado hasta el final, lamento haberos hecho perder el tiempo.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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Reto Abril 19: Las hijas de la tarada - by Joker - 09/04/2019 11:01 AM

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