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[FANFIC] Kaer Morhen (capítulo 15)- Saga Geralt de Rivia
#1
Para las escenas de espadas, nada como el "le-le-lé" (Silver for Monsters). Desde que Ciri corre en adelante.


Capítulo 15


Aunque la nieve casi se había derretido en las llanuras, las Montañas Azules seguían nevadas, parecían rosadas al sol de poniente. Su camino discurría junto a ellas, imponentes y eternas, por delante hasta el horizonte y detrás en lontananza, abarcando la vista a su derecha de norte a sur, como la columna vertebral del mundo.

El brujo sentía el corazón aligerado porque en tres o, como mucho, cuatro jornadas estaría en casa. Kaer Morhen. Lo echaba de menos. Echaba de menos al viejo Vesemir, su padre a efectos prácticos.

Su bolsa, gracias al contrato de la lamia, gozaba de buena salud, así que decidió hacer un alto en Ard Carraigh para pasar la noche. Y hacer las delicias de Ciri buscando unos baños.

La ciudad amurallada, capital del reino de Kaedwen y sede del rey Henselt y su corte, estaba construida sobre las ruinas de una ciudad élfica. Su población, aunque mayoritariamente humana, también estaba constituida por elfos y enanos.
Cruzaron la muralla al paso. Ciri lo observaba todo con grandes ojos. Las altas almenas, aunque no se parecían demasiado, le recordaron a Cintra y sintió una punzada de tristeza. Las calles de la ciudad estaban limpias, sus edificios, cuidados. Como en Cintra.

El paso de la yegua discurría entre algunos carros y jinetes, fluido y sin obstáculos.  Se detuvo ante una posada discreta, en una callejuela cerca de la calle principal.
Desmontaron y se dirigieron a las cuadras. El caballerizo tomo las riendas luego de que el brujo cogiera sus cosas de la silla.
Caminaron de la mano hasta la posada, alquilaron una habitación doble y salieron de nuevo a la calle.

Ciri estaba mohína, pero a la vista de los baños su rostro se iluminó.
Antes de que la niña desapareciera de camino a su baño, Geralt la detuvo un momento.

—Ya sabes, si terminas antes me esperas aquí. No salgas. Y un consejo: te agradaría nadar un poco en la piscina antes de meterte en la bañera. Hazlo, tus músculos agarrotados por tantas horas a caballo te lo agradecerán.
—No me gusta estar desnuda delante de nadie, Geralt.

El brujo rió por lo bajo.

—Nadie se va a fijar en ti, Ciri. Estarás con mujeres, ¿por qué iban a mirarte?
—¡Que no me gusta!
—Haz lo que quieras. Disfruta del baño, pequeña. Ve.

Desaparecieron por las puertas que separaban las secciones por sexos.
Los baños en sí eran muy parecidos a los de Carreas, incluso tenían jabón con olor a verbena, para alegría de Ciri. Pero en la sección de caballeros, a diferencia de los otros, había una puerta al fondo donde se ofrecían servicios especiales. Del tipo de hermosas señoritas ligeras de ropa con una suave esponja, dispuestas a hacer del baño todo un placer.
¿Por qué no?, se dijo el brujo.

La bañera era muy grande. Geralt estaba recostado contra el borde, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, sus pies se apoyaban fuera del agua, en la tina. Unas manos delicadas masajeaban su cabello blanco lleno de espuma, enviándole suaves estremecimientos de placer, relajándole con movimientos circulares de sus dedos sobre el cuero cabelludo. Cuando sus dedos dejaron su cabeza, Geralt gruñó en protesta.
Después de aclararle, le afeitó con mano firme, usando un cubo de agua para no estropear el baño. Finalmente, ella estiró de un vistoso alfiler en su hombro y la túnica sin mangas que vestía cayó al suelo. Cogiendo la esponja, se metió en el agua con él.

La muchacha, una linda pelirroja de complexión delgada y curvas excitantes, comenzó a frotarle el pecho con movimientos delicados, como caricias. Geralt se dejó hacer, mirando lo que el agua no ocultaba de su cuerpo.

—Oh, pero cuántas cicatrices… —dijo la muchacha pasando sensualmente un dedo por una de éstas.
—Mmhmm

Le levantó los brazos, apoyándolos contra sus clavículas. La esponja jabonosa recorrió despacio el primero, dejando un sendero de sensaciones en su piel, hizo un alto, con discreción, en su axila, atravesó su pecho como una caricia y repitió el proceso en el otro; luego bajó por el costado hasta su pierna, la recorrió recreándose, hacia arriba y hacia abajo, alcanzó su pie con la otra mano y lo levantó por encima del agua. Dejó la esponja y lo masajeó con dedos fuertes y a la vez exquisitos, sin prisa. Cuando sus pulgares presionaron la planta, subiendo hacia los dedos de su pie, al brujo se le escapó un gemido. Qué maravilla, pensó, me está matando de placer y aún ni hemos empezado. Ella sonrió con aprobación y continuó. Luego, el otro pie. Y después lavó y masajeó su espalda, pidiéndole que se diera la vuelta. Los toques de sus dedos en su nuca le hicieron estremecer, y gimió de nuevo. Cuando terminó, le empujó suavemente hacia ella, recostándole contra su cuerpo, y tomó de nuevo la esponja. La deslizó por su vientre hasta sus caderas y por el centro, después continuó con la mano. El brujo se dio la vuelta al poco y la abrazó. Mientras la besaba y acariciaba las llamativas formas de la mujer, pensó que el servicio valía con creces el dinero que había pagado.

Ciri esperaba en la puerta. Acababa de aparecer y le extrañó no encontrar al brujo aguardándola, pero obedeció y se quedó allí, tal como le pidiera él. Salieron dos hombres de la sección masculina y ella estiró el cuello, intentando ver al brujo. La miraron y uno de ellos dio un codazo al otro, se detuvieron.

— ¿Esperas a alguien, niña? —se dirigió uno de ellos a Ciri, el más alto.
—Sí.
— ¿A tu padre?
— Nnno… no es mi padre…

Ambos hombres se miraron.

—No queda ya nadie dentro y es la hora de cerrar. Seguro que se fue sin ti.
—Pero eso no puede ser. ¡Geralt no se iría sin mí!
—Si quieres, te acompañamos a casa. Ya es de noche, y podría pasarte algo malo si andurreas sola por la calle.
—Yo no me muevo de aquí. Me dijo que le esperara.
—Uff, pero qué niña más tonta. Ya te hemos dicho que no queda nadie dentro.
—Se habrá cansado de ti. Habrá encontrado a otra mejor—dijo el otro riéndose de ella.
—Lo más seguro, porque no tiene de nada la jodida niña…

Ciri se enfadó.

—¡No me lo creo! ¡Él no me dejaría sola!
—Míralo tú misma, tontorrona.

El hombre abrió la puerta de par en par y Ciri se asomó. En la piscina no había nadie, y en los cuartos, abiertos al estar vacíos, tampoco. La mujer que la había conducido a su baño revisaba las instalaciones, comprobando que no quedara ningún rezagado.
No entendía nada. No se lo explicaba. ¿Dónde estaba Geralt?

La mujer encargada de las instalaciones les instó a marcharse amablemente, espero a que se retiraran y cerró la puerta de la sección masculina con llave, luego se dirigió a la femenina.  Ellos salieron a la calle.

—¿Lo ves? Están cerrando y aquí no queda ya nadie. Ven con nosotros, no seas tonta. Igual, hasta sales ganando con el cambio —dijo acercándose demasiado a ella.

*Silver for Monsters

Ciri tuvo miedo. No le gustaban esos hombres, su instinto le decía que corriera. Y corrió.
No recordaba el camino por el que había venido, habiendo caído la noche no le sonaba nada. En realidad, tampoco le importaba demasiado en esos momentos, sólo quería alejarse de aquellos hombres. Oía los pasos de ellos detrás y sólo pensó en correr lo más rápido posible. Dobló la primera esquina… y se encontró en un callejón sin salida.
Se detuvo al final del callejón y se dio la vuelta. El corazón golpeaba su pecho con fuerza, oía su sangre circulando en sus oídos. Los zarcillos del miedo recorrían su cuerpo y le costaba respirar a pesar de la carrera, sintió mareo. Reculó unos pasos a medida que los dos hombres se acercaban, se reían de ella. Ya ni siquiera disimulaban sus malas intenciones, porque la tenían como la querían tener. Sola, a su merced.
Ciri gritó.
Se abalanzaron hacia ella. Uno de ellos, el más bajo, la golpeó en la cara para hacerla callar. Ciri aún gritó más fuerte.

Ninguno vio la puerta que daba al callejón, que se abrió detrás de ellos y de la cual salió corriendo un hombre vestido en cuero negro con una espada a la espalda.  En una fracción de segundo, la espada estuvo en su mano.

—Quitadle las manos de encima a la niña.

Ellos se dieron la vuelta, sorprendidos por la profunda voz que sonó a sus espaldas. La voz, aunque tranquila, encerraba peligro. Lo percibieron.

—¡Geralt! —sollozó Ciri con una voz muy aguda, fruto del pánico.
—¿La niña es tuya? —preguntó el más alto al brujo.
—Fuera —siseó Geralt, que no estaba dispuesto a dar explicaciones.
—¡Te la compramos! Pensábamos que estaba sola, no pretendíamos robártela —dijo el otro.
—Silencio. Ni una palabra más o acabaréis con mi paciencia. Fuera, he dicho.

Geralt vio el movimiento disimulado de la mano del más alto hacia el puñal que guardaba a su espalda. El hombre no sabía que se enfrentaba a un brujo. Y el brujo supo lo que pensaba, ellos eran dos contra uno. Casi se alegró de esa decisión.

—Ciri, date la vuelta, no mires. ¡Ya, Ciri!

La niña obedeció sin rechistar mientras se producía el ataque que él esperaba. El brujo saltó hacia atrás y giró de medio cuerpo con la espada barriendo ante sí. El alto recibió un tajo en el costado y reculó, sin creerse la velocidad y agilidad de su adversario. No sabía que se enfrentaba a un brujo. El segundo ya atacaba con su puñal, aprovechando que el desplazamiento de la espada dejaba indefenso el flanco de Geralt, pero el brujo ya no estaba allí, con una pirueta había salido de su alcance y ahora contraatacaba. El hombre saltó esquivando la hoja… o eso creyó. No sabía que se enfrentaba a un brujo. Se detuvo un momento al notar algo cálido mojando su vientre, y la espada del brujo le volvió a encontrar. Cayó al suelo y ya no se levantó. El alto se desangraba a su lado entre gemidos. Pasó a su lado sin hacerle caso, sabía lo poco que le quedaba por gemir.

Geralt guardó la espada mientras se dirigía hacia la niña. La llamó suavemente, ella se volvió hacia él y se arrojó a sus brazos. La tomó en ellos y la alzó, procurando que no viera las siluetas tendidas en el oscuro callejón y la sacó de allí.

En sus brazos, la niña se sintió a salvo. Para ella ese era el sitio más seguro del mundo. Pero aún temblaba.

—Ya pasó todo, Ciri.
—¿Por qué tardaste tanto, Geralt? Yo te esperé, te obedecí, pero tú no venías…

El brujo se sintió culpable y maldijo para sí.

—Me entretuve demasiado, Ciri. Lo siento mucho.
—Esos hombres me dijeron que te habías ido… Y no había nadie allí, me lo enseñaron… ¿Dónde estabas?
—Estaba allí, Ciri, solo que en una sección especial.
—Cerraron los baños…
—Lo sé. Por eso salí por la puerta de atrás.
—Geralt… esos hombres…
—Ya no los volveremos a ver, Ciri.
—Sé lo que querían hacerme, Geralt… —gimió —. Lo sé porque…

Al brujo el corazón le dio un vuelco. Se detuvo, su rostro palideció y se quedó sin aliento. Se tambaleó lleno de angustia.

—No me lo digas, Ciri… —la interrumpió con un jadeo—. No lo digas. No sé si podría soportarlo…

No lo dijo. Enterró su rostro en el cabello del brujo y no dijo nada más.


Pidió un vaso de agua muy caliente y lo llevó a la habitación. Le hizo la infusión de hierbas y Ciri se la tomó dócilmente. No habían cenado, a los dos se les había cerrado el estómago y se dirigieron directamente a la habitación de la posada. La acostó sola en su cama, él se tendió en la suya maldiciéndose y maldiciendo el mundo y su maldad. Sintiéndose culpable. Irresponsable. Pensando en lo que su licencia podía haber costado. Pensando en lo que Ciri había callado, en lo que no quería saber porque nunca estaría preparado. Le hacía hervir la sangre.

Había perdido la noción del tiempo en aquel cuarto, en la bañera, entre los brazos de aquella muchacha pelirroja, un error que podía haber costado muy caro. Dejó a la niña sola. Si algo le hubiera ocurrido a resultas de satisfacer sus instintos… en su interior creció la rabia. Contra sí mismo.
Nunca más. Si tener consigo a Ciri implicaba sacrificios, se sacrificaría. Ella era lo primero.

No durmió en toda la noche, no tuvo piedad consigo mismo.  
El alba le encontró aún divagando, incapaz de perdonarse.

Ciri se despertó, se incorporó, empujó la ropa de la cama hacia abajo. Le miró, avergonzada, e hizo un puchero.

—Ciri, ¿qué ocurre?
—Me he hecho pis en la cama…
—No importa. Ven.

Él abrió las sábanas de la suya, invitándola. Ella se levantó despacio, con asco, temblando de frío.
El brujo cambió la cara, relajó el semblante para no preocuparla. A ella no le gustaba verle atormentado.

—No mires—gimió.

Geralt volvió la cabeza y ella se quitó las braguitas mojadas. Desnuda, corrió a su cama y se tapó hasta el cuello.

—No pasa nada, Ciri. Ha sido un accidente. ¿Estás bien?
—He echado a perder el baño de ayer… ¡Ahora oleré a pis! —exclamó contrariada.
—Luego te lavas con el lienzo y el agua de la jofaina. Tienes tu jabón aquí, en el equipaje. Yo… pfffff… yo lavaré… eso —dijo señalando con la cabeza las braguitas tiradas descuidadamente en el suelo.
—No. Lo lavaré yo. Sé hacerlo.
—Bien. Cuando entres en calor.
—Geralt, ¿podemos dormir más?
—Podemos.
—¿Me abrazas?
—¿Tanto frío tienes?
—Tanto.

Él la rodeó con sus brazos y la atrajo hacia sí. El tenerla cerca le relajó, le reconfortó. No quiso pensar en el motivo del accidente nocturno de Ciri. Sólo pensó en procurarle el bienestar y la tranquilidad que su cercanía y su contacto le producían. Y no sólo a ella, recapacitó mientras sentía la tensión desapareciendo en él. De pronto se sintió somnoliento. Cerró los ojos.

—Ciri…
—¿Qué?
—Apestas a pis —dijo riendo bajito.

Ella gruñó.

—Pues te aguantas.

Se durmieron con una sonrisa atrapada en los labios.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Se que las escenas de espadas no son fáciles de escribir, pero se agradece encontrarse con alguna de vez en cuando. Al fin y al cabo, un viaje tan largo en un mundo tan cruel no puede estar exento de peligros. La has llevado correctamente (buen complemento el de la BSO, aunque no he podido escucharla) y me han gustado mucho tanto el sentimiento de profunda culpabilidad de Geralt como el detalle del pis (le da profundidad al profundo trauma de Ciri, que resurge de vez en cuando si encuentra un detonante como este). También te has currado la escena del baño (si la escribiste ayer por la tarde, ahora comprendo la guasa de los agujeros negros  Big Grin ). Y ha sido bonito visitar la capital de Kadwen, ya no debe quedar mucho para finalizar el viaje.
En definitiva, muy bien  Wink
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#3
Jajajajajja, los agujeros negros, k risa!
Ufff, pues no me gustaba mucho este capítulo,  suerte de la banda sonora que me salvó el dia...
Me encanta que no se te pasa nada, parece que leas mi mente, jaja!
Gracias de nuevo por  tu comentario!

PD. Halaaaaa, ¿le has puesto tú cinco estrellas? K guay!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
Uuuuuuyyyyyyyyyyyyyyyy con este capitulo me he dado cuenta de lo tonto que fui al no leer los anteriores con tus recomendaciones de la BSO del Juego. En este te hice caso y la sensación fue fenomenalllllll, me hizo ponerme en tensión tal como en el juego, y la acción ganó mucho con ello. Bueno, a partir de aquí te haré caso.
El capítulo ha estado bien, y siempre consigues que termine de leerlo con una sonrisa en los labios.

"¿Por qué no?, se dijo el brujo." Eso, Geralt, ¿por que no? No le haces daño a nadie Big GrinBig Grin  Cuando leí esa oración ya me preparé para lo que venía, es de esos indicadores de peligro
"Si te van a ahorcar pide leer Las Enseñanzas de un Brujo IV (http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html). Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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