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[Fanfic] Siempre hay excepciones (Saga Geralt de Rivia 2ª historia)
#1
SIEMPRE HAY EXCEPCIONES

Siempre causaba el mismo efecto cuando entraba en una taberna.
Geralt pagaba con indiferencia las miradas desaprobadoras, los murmullos preñados de comentarios desagradables sobre su condición, los gestos amenazadores de algunos caballeretes al acariciar la empuñadura de sus aceros.
Se llegó hasta la barra con paso firme, ajeno a la mirada recelosa del tabernero, impertérrito.
— Una cerveza, por favor— solicitó al hombre que secaba un vaso con un paño limpio.

Como el hombre se tomaba su tiempo, Geralt sacó unas monedas para ahuyentar, al menos, las sospechas de insolvencia.
El brillo de las monedas pareció decidir al tabernero, que se apresuró a servirle la bebida con la esperanza de que la apurara de un trago y se largara lo antes posible. Se equivocaba.
— Soy brujo— dijo Geralt— ¿Hay algún trabajo para mí en el pueblo, que usted sepa?
—Quizá haiga algo— dijo el hombre, transluciendo sus ganas de que el brujo abandonara su negocio—. Alléguese usté ande el alcalde.
Otro personaje entró entonces en la taberna, yendo derecho junto al brujo. El personaje vestía conforme la última moda, aunque sus ropas parecían un tanto ajadas. Se sacó el sombrerito, que portaba una llamativa pluma de faisán, y lo dejó en el mostrador.
— Una cerveza, buen hombre— dijo al mesonero con una amplia sonrisa. — ¿Qué, ha habido suerte?
— Lo de siempre— contestó el brujo—, he de preguntar a las autoridades.
—Aquí pasa algo raro, Geralt, lo huelo. Y ya sabes lo certero que es mi olfato.
—Eso mismo dijiste en el anterior pueblo, Jaskier— comentó Geralt frunciendo el ceño—. Y en los tres antes que ése.
— Pues más vale que esta vez acierte— dijo Jaskier—, porque nuestra bolsa está ya en números rojos…
— Como casi siempre.
Geralt apuró su jarra y se limpió con el reverso de su mano enguantada.
— ¿Podría usted decirme dónde puedo encontrar al alcalde? — preguntó al tabernero.
— Al final de la calle, tié un letrero en la puerta: no hay pérdida— respondió con alivio el hombre.
— Voy a ver— dijo al poeta—. Espérame aquí.

El brujo salió a la calle. Un riachuelo de inmundicia bajaba por el centro de la calzada polvorienta, paralelo al camino de Geralt. El aire olía a col hervida, a excrementos y a cloaca. Geralt estuvo seguro de que Vassen era el pueblo más sucio, si no de todos los Reinos de Norte, al menos sí de Redania. En un hábitat así sería extraño no encontrar aulladores, basureros e incluso alguna cocatriz; ésta vez, probablemente, Jaskier había acertado.
Alcanzó la casa donde un letrero deslucido de madera anunciaba la sede de la alcaldía, con letras medio despintadas que parecían poner en relieve la falta de recursos de la misma. Perra suerte, pensó el brujo mientras franqueaba la puerta.

Siempre causaba el mismo efecto cuando entraba en un estamento oficial.
El eterno funcionario sentado ante una mesa atestada de papeles, fijaba en él una mirada nerviosa tras unos anteojos ajados; el eterno guardia tensaba sus músculos y se dirigía hacia su persona sin siquiera intentar disimular la repulsión que transmitía su rostro.
—¿Qué se le ofrece?— le interceptó éste, intentando inútilmente intimidar al brujo.
— Buenos días. Soy brujo y vengo a ofrecer mis servicios. ¿Habría algún trabajo para mí en la villa?
— Hace poco pasó por aquí otro brujo— dijo el funcionario desde la mesa—. Él nos libró de los aulladores que perturbaban a la población.
— ¿Otro brujo? — se extrañó Geralt— ¿Podría usted describírmelo?
— No llegué a verle bien. Llevaba puesta la capucha de su capa.
Gerlat se quedó unos instantes observando al escribiente.
—Lamento haberles hecho perder el tiempo. Buenos días.
El brujo se dio la vuelta y volvió por donde había venido.

— ¿Ha habido suerte? — dijo alegremente Jaskier.
— No. Pero tienes razón, aquí pasa algo raro— Geralt pidió otra pinta y se llevó la jarra y al poeta a una mesa vacía, apartada de oídos ajenos.
— ¿Qué te ha llevado a esa conclusión? — preguntó intrigado el poeta, depositando su inseparable laúd sobre la mesa.
— El escribiente me dijo que pasó hace poco otro brujo.
— Sé que sois pocos, pero eso entra dentro de lo probable…
— Dijo que iba encapuchado. Y los brujos, cuando negociamos trabajo, siempre damos la cara.
—Y, ¿por qué demonios iban a querer engañarte? Hubiera bastado con decirte que no eras necesario.
— Porque, por alguna razón, quieren que crea que el pueblo está limpio.
— Apesta. El asunto apesta tanto como el pueblo. ¿Crees que quizá…?
— ¡Triss! — exclamó casi en un susurro el brujo, levantándose de la silla.
Jaskier, atendiendo al nombre que salió de la boca de Geralt, olvidó la interrupción y se volvió.
Una mujer encapuchada acababa de entrar en la taberna, y se dirigía a la escalera que subía a las habitaciones de la posada. El brujo la alcanzó en unas rápidas zancadas.
— Triss…— la llamó, depositando su mano en el antebrazo de la dama.
— ¿Geralt? — se sorprendió ella—. ¡Geralt!
La mujer se cogió a sus manos, contenta, y depositó un beso en la rasposa mejilla del hombre.
— Ven, siéntate con nosotros.
— Hola, Jaskier— saludó al trovador, que la esperaba de pie y con una silla preparada para ella.
Triss Merigold tomó asiento, obedientemente. La hechicera descubrió su cabeza, revelando su cabello ondulado castaño—rojizo, que agitó para desapelmazarlo, así como sus bellas facciones. Jaskier se ofreció a traerle de la barra un vaso de buen vino.
— ¡Cuánto tiempo, brujo! Oí una extraña historia acerca de ti y una princesa de Caingorn: si no te conociera, tal vez lo hubiera creído…
—No quiero hablar de eso— dijo seco Geralt, cuyo rostro se tornó pétreo.
— Oh…No me digas que es cierto…
Él no dijo nada.
Triss le miró con la boca abierta de la sorpresa e incredulidad.
— ¿Te… casaste con una princesa? ¿Con una niña? ¿Tú? ¿Tú, que nunca has sido capaz de retener a una mujer más de tres meses?
— Siempre hay excepciones, Triss. Incluso para mí.
— También oí que murió…
— Triss…— siseó el brujo, sonando a advertencia.
— Está bien, ya me callo. Tema zanjado.
Jaskier retornó con el vaso de vino de la hechicera y se lo ofreció con mucha ceremonia. Luego, mientras se sentaba, lanzó la pregunta que Geralt tenía también en la punta de la lengua.
— Dime, Triss, ¿qué hace una hechicera como tú en un agujero como éste?
Triss saboreó el vino con pocas ganas de responder.
— No es asunto vuestro.
— Eso seguro— murmuró Jaskier contrariado.
— ¿Y vosotros?
— Busco trabajo, como siempre— respondió el brujo—. Cada vez es más difícil encontrarlo…
— Este mundo está loco, Geralt, cada vez más.
— Te sorprenderías de las cosas que hemos visto, hechicera— dijo Jaskier, que no era dado a mantener la boca cerrada demasiado tiempo—. La gente ya no teme a los monstruos como antaño, los tiene como reliquias raras del pasado que deambulan por ahí, si no es que representen un verdadero peligro. Y lo que es peor: nadie está dispuesto a sacrificar unas monedas, pues el dinero no corre a acusa de los rumores de guerra con Nilfgaard.
— Si, son malos tiempos— estuvo de acuerdo Triss—. Mira el caso de esta villa: hasta no hace mucho era un próspero pueblo. Su alcalde era un hombre con visión comercial, olfato para los negocios y un don para atraer dinero. Pero el buen hombre murió prematuramente: cayó del caballo y se partió el cuello…Desde entonces el pueblo ha ido en declive a pasos agigantados, en una recesión sin precedentes. Hasta hace poco, el pueblo llegó a un estado ruinoso que hacía temer su abandono.
— ¿Hasta hace poco? — subrayó el brujo.
— Si…— Triss pareció súbitamente incómoda—. El nuevo alcalde parece un hombre con tanto talento como aquél que lo hizo próspero… y las cosas parecen ir mejor.
Geralt y Jaskier cruzaron una mirada de complicidad, mientras la hechicera apuraba su vaso de vino.
— ¿Es por eso que estás aquí? — insistió el poeta. — ¿Para algún tipo de asesoramiento?
Triss meditó ligeramente la respuesta, con lo cual acentuó el halo de misterio que era tan inusual en ella.
— Si… digamos que algo así… Voy a retirarme a mis aposentos, el posadero debe tener ya mi baño a punto. ¿Vais a quedaros a pasar la noche en Vassen?
— Por supuesto— dijo Jaskier, mirando por el rabillo del ojo el brujo, que puso cara de sorpresa—. Pero en la otra posada, cuyos precios se amoldan mejor a nuestra raquítica bolsa.
— Muy bien— dijo la hechicera levantándose, los dos hombres hicieron lo mismo—. Ya nos veremos, entonces… Buenas noches.
Triss se dirigió a la escalera y la subió con paso rápido, hasta perderse de vista. Los dos hombres tomaron asiento de nuevo.
— ¿Por qué has dicho eso, Jaskier? Creía que no querrías quedarte en este pueblo de mierda…
— Una cama en vez del duro suelo será una estupenda excepción. ¿No eras tú quien decía que siempre hay excepciones?
— A ti la alternativa de una cama, si no hay una moza dentro, te importa un cuerno. Es por Triss y su misterio por lo que quieres quedarte, eso es lo que te corroe. Te conozco, poeta, y sé hasta qué punto te gusta meter la nariz en los asuntos de los demás.
Jaskier sonrió de oreja a oreja, importándole un cuerno también que el brujo hubiera acertado sus intenciones.
— ¿Tú no sientes curiosidad?
— Yo no vivo de la curiosidad, Jaskier, y aquí no hay trabajo. No me interesa en lo que ande metida Triss.
—Pero yo vivo de mis poesías, de mis historias… Y tal vez de todo esto salga una estupenda canción. Venga, vayamos a la posada a descansar, pues ya hace rato que cayó la noche y estoy molido de cabalgar todo el día.
Jaskier y Geralt se pusieron en pie y buscaron la salida. El tabernero les llamó, con malos modos.
— ¡Eh, vusotros, no podéis quebrá el toque de queda!
— ¿Toque de queda? — se extrañó el poeta. — ¿Por qué hay toque de queda y por qué no nos lo dijo antes?
— El toque de queda es cosa de la utoridá; no les dije nada a vustedes porque creí que iban a usar de los servicios de la posada, tal como la dama se aloja aquí…
— Y así se aseguraba las monedas…— murmuró Geralt—. Vámonos, Jaskier.
Los dos hombres se llegaron a la puerta y la abrieron, dispuestos a salir.
— ¡Eh, el toque de queda! — se repitió el tabernero.
— Mi amigo se caga en el toque de queda tanto como en su usura, buen hombre. Buenas noches.
Y cerraron la puerta tras de sí.

En la noche, Vassen daba escalofríos. Todas las contraventanas de las casas estaban echadas, impidiendo que la luz de los candiles y velas llegara al exterior; el farolero no había prendido las escasas farolas del pueblo, quizá a causa del toque de queda. Pero todo ello hacía de la villa un lugar que parecía abandonado de vida, extrañamente deshabitado y silencioso. O donde la vida se ocultaba…
Jaskier tiritaba envuelto en su capa, agarrando con una mano el hombro del brujo, incapaz de ver nada. El brujo le guiaba, pues su visión se ajustaba a las tinieblas. Geralt vigilaba las calles desiertas y oscuras mientras caminaba, con una sensación de desasosiego creciente.
— Esto es muy raro, brujo…— comentó Jaskier con un hilo de voz.
— Cállate.
— ¿Por qué, ¿qué pasa?
— ¡Que te calles! — le reprendió Geralt.
El brujo tenía todos sus sentidos desplegados, atento a la noche. Un par de calles más allá encontraron la puerta de la posada, pero por más que la aporrearon, nadie les abrió.
— ¡Mierda! — escupió el poeta. — Y ahora ¿qué hacemos? Es obvio que no van a abrirnos…
—Busquemos refugio en las afueras. Quizá haya un pajar donde pasar la noche.
Los dos personajes volvieron a las calles oscuras, mientras una niebla fantasmal empezaba a alzarse. Geralt se detuvo súbitamente.
— ¿Geralt…? — suspiró Jaskier, con los dientes castañeteando.
— ¡Silencio!
El brujo había oído algo. Luego captó un movimiento con el rabillo del ojo, justo cuando su medallón del lobo con las fauces abiertas comenzó a temblar bruscamente. Reaccionó de inmediato.
Geralt empujó a Jaskier lejos de sí y agarró la empuñadura de la espada de plata, que sobresalía de su hombro derecho, y la extrajo de la vaina en un movimiento rápido. La mantuvo por delante suyo, amenazadoramente, oteando las tinieblas y con los oídos alerta a cualquier sonido. El ataque no tardó en llegar.
Se abalanzó sobre él con una fuerza propia de un demente, en una envestida calculada, mas el otro lo esperaba y se apartó con presteza: el atacante no contaba con que su presa era un brujo. Rodó en el suelo y se puso en pie con un bramido terrible, en una demostración de reflejos e inteligencia que descartaba gran cantidad de criaturas: la mente de Geralt trabajaba a toda velocidad intentando discernir de qué monstruosidad se trataba para adaptar su estilo de lucha, a la vez que procuraba anticiparse al próximo movimiento de la criatura. Cuando ésta le encaró de nuevo, supo lo que era: un hexus.
De todas las aberraciones posibles, ésta era, de lejos, de las más peligrosas. Los hexus, parecidos a los vampiros salvo en que se alimentaban de la carne en lugar de beber la sangre, eran artificiales, creados con magia a partir de un cadáver. Tampoco poseían las características de hipnosis ni transformación de los vampiros, gracias a los dioses; pero sí contaban con temibles garras y afilados dientes casi tan grandes como las estriges. Con todo ello, se trataba de un enemigo difícil de abatir, con el que había que tratar con mucha prudencia.
El hexus no se movió. Se quedó observando a Geralt, respirando agitadamente, con las extremidades flexionadas, presto a atacar. Rugía, intentando intimidar a su oponente.
El brujo también le observaba, con la espada agarrada con ambas manos, las piernas separadas y todos sus músculos en tensión. Su rostro parecía tallado en piedra, concentrado e implacable, para él nada más existía que aquello que tenía ante sí.
Un ligero ruido llamó la atención de la criatura: Jaskier se había deslizado a un zaguán próximo, intentando pasar desapercibido. El brujo también lo oyó, y en cuando el hexux miró en dirección a su amigo, supo lo que iba a ocurrir.
Los movimientos de ambos fueron simultáneos. El monstruo se precipitó de un salto contra el poeta, y Geralt corrió con un grito de guerra, enarbolando la espada de plata, en la misma dirección, intentando salvar a su amigo que se debatía indefenso.
El hexus mordía los brazos que el poeta alzó en patética defensa, mientras clavaba sus garras en el cuerpo desprotegido; Geralt lanzó un tajo que debió abrirle la espalda entera, y que sólo le causó un ligero corte. Los Hexus eran inmunes a la plata, y mucho más duros que otros monstruos.
Por fin la criatura dejó al maltrecho Jaskier y se enfrentó al brujo, en una lucha frenética en la cual la espada mordió carne y las garras se volvieron a teñir de rojo; el brujo retrocedió de un salto, pues la distancia corta favorecía al monstruo.
El hexus interpretó erróneamente su movimiento, creyendo que se trataba de una retirada, se precipitó en pos de Geralt descuidadamente, error que el brujo aprovechó lanzando un tajo que rebanó su brazo. El hexus lanzó un bramido ensordecedor, y cuando el brujo levantó la espada para clavarla profundamente en su pecho, se dio la vuelta y salió huyendo, perdiéndose en la noche.
Los alaridos de Jaskier, los bramidos del monstruo y el grito de Geralt debieron despertar al pueblo entero, mas todo seguía tan desierto y oscuro como antes. El brujo se precipitó al zaguán donde yacía Jaskier cubierto de sangre. Estaba vivo, aunque muy mal herido. Cargó su cuerpo en brazos y, sin pensar en que el hexus pudiera volver, corrió en dirección a la posada donde Triss se alojaba, dispuesto a echar la puerta abajo si era necesario.

La hechicera salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí. El brujo estaba de pie, apoyado contra la pared, y al aparecer ella se incorporó y avanzó unos pasos. Triss parecía algo cansada, y también furiosa.
— ¿Cómo está? — se interesó él.
— ¿Qué cómo está? ¡Vivo de puro milagro, Geralt! ¿Por qué demonios salisteis de la posada?
El brujo la miró a los ojos con una mirada inquisitiva y desconfiada.
— Tú sabes lo que está pasando aquí. — afirmó.
— Si han contratado mis servicios, será por algo— le espetó ella.
— Somos los brujos quienes acabamos con los monstruos a los hechiceros nunca os gustó mancharos las manos. ¿Qué está pasando, Triss?
—No voy a darte ninguna explicación, brujo, en cuanto Jaskier mejore lo suficiente, largaos de Vassen. Largaos sin hacer preguntas, pues nada de lo que aquí ocurre es de vuestra incumbencia.
— No lo era, pero ahora sí. Ese hexus casi acaba con Jaskier, así que no me digas que no es de mi incumbencia.
La hechicera palideció, y su mirada dura se transformó en una mirada anhelante.
— Geralt, por favor… ¡Haz lo que te digo, si en algo me estimas!
— Te estimo lo suficiente como para advertirte, Triss: no sé qué relación tienes con lo que ocurre en Vassen, pero estás jugando con fuego.
— No soy ninguna novata, Geralt. Déjame en paz.
Ella echó a andar hacia su habitación, echando chispas.
— ¡Triss! — la llamó Geralt agarrándola del brazo.
Triss le miró con reproche.
— No has contestado a mi pregunta. ¿Cómo está Jaskier?
— Se pondrá bien— le contestó sacudiendo el brazo para librarse del agarrón del brujo.
Sus pasos resonaron contra el suelo de madera, mientras Geralt la miraba estático con mil preguntas en su cabeza, hasta que ella se metió en su habitación y cerró de un portazo. El brujo entonces entró en la habitación de su amigo, que dormía en un sueño producto de la magia de Triss, y se acomodó en el sillón adyacente tras despojarse de las espadas. Iba a ser una noche muy larga.

Jaskier gimió ligeramente y las sábanas susurraron apenas, pero fue suficiente como para despertar al brujo. Se levantó sacudiéndose los restos de sueño, hasta la cabecera de la cama donde yacía el poeta. Despertaba.
— ¿Cómo estás?
— Perra suerte, brujo…— susurró. — ¿Qué coño era, Geralt?
— Un hexus.
— Te lo dije. En este pueblo pasa algo muy raro… ¿Dónde estamos?
— En la posada de Triss.
— ¿Ella se ocupó de mí?
— No hay otro hechicero ni sanador cerca.
El poeta cerró los ojos el tiempo suficiente como para que el brujo creyera que se había dormido. Entonces los abrió y los fijó en su amigo, con una expresión grave en la cara.
— A estas alturas, supongo que te habrás dado cuenta de que el hexus y la presencia de un hechicero no puede ser casualidad…
— Ella te salvó la vida.
— Y se lo agradezco. Sin embargo, si no hubiera existido el hexus, no tendría que habérmela salvado.
El brujo suspiró, impaciente.
—No lo sé, Jaskier. O quizá sí, pero ella es mi amiga.
—Un hexus suelto por el pueblo es algo muy grave, Geralt. Tan grave como para contratar a una docena de brujos, si es necesario. ¿Por qué nadie hace nada? Se limitan a esconderse tan pronto cae la noche… Pero tú sabes que eso no será suficiente, brujo, lo sabes. En cuanto el hambre sea insoportable… quién sabe lo que ocurrirá.
Geralt se acercó a la ventana y miró a través de los sucios cristales. Parecía terriblemente inquieto.
— Yo, en efecto, lo sé, pero ¿y ellos?
El brujo bajó la cabeza, incómodo. Estaba ante un dilema ético. No quería saber en qué andaba metida Triss, porque no quería tener que volverse contra ella. Pero su misión en la vida era proteger a los hombres de cualquier tipo de monstruo. Por dinero, por supuesto, siempre que ello fuera posible.
Pudo más su adiestramiento, toda una vida de adiestramiento desde que tuvo uso de razón. Se acercó a la puerta y tomó su espada de acero, que le esperaba prendida de un colgador clavado a ésta. Tras colocársela en la espalda, se echó encima el capote.
Jaskier le observaba sin decir nada.
— Voy a ver al alcalde.
— Haz que entre en razón, y, si es posible, cobrando…
Salió al pasillo y cerró la puerta tras de sí, caminó a grandes zancadas en dirección a la escalera. Al pasar ante la habitación de la hechicera, se detuvo. Dudó unos instantes, tras los cuales llamó discretamente a la puerta. Nadie le abrió.
— ¡Triss! — insistió. — ¡Triss!
La hechicera no estaba. Continuó su camino hacia la alcaldía.

Tan pronto puso un pie en la sala, el mismo guardia del día anterior le salió al paso, respaldado por dos guardias más. El brujo supo, en cuanto vio el refuerzo, que estaban ahí previendo su visita; aquello, más que amedrentarle, sólo acrecentó su determinación.
— Vengo a ver al alcalde— afirmó con voz glacial.
—El señor alcalde no está, y en todo caso debieras concertar cita. Aunque dudo que el señor alcalde quiera perder el tiempo hablando con un vagabundo.
Los tres guardias llevaban el acero desnudo en la mano. Y le miraban con desprecio, animadversión y burla. A Geralt esto le traía sin cuidado, pero había resuelto entrevistarse con el alcalde y nada iba a alterar su voluntad.
— Quítate del medio.
El guardia le miró con incredulidad, tan seguro se sentía con el respaldo de los otros dos guardias. Luego, su faz se contrajo de ira.
— ¿Te atreves a darme órdenes, desgraciado? ¡Yo te enseñaré quién da aquí las órdenes!
Antes de que hubiera levantado la espada, el brujo había desenvainado la suya y le golpeó en la sien con el lado plano. El guardia cayó inconsciente como un saco. Los otros dos atacaron por ambos lados y a la vez; el brujo dio dos rápidas medias vueltas en uno y otro sentido, deteniendo los aceros que buscaban horadar su cuerpo. Dio dos pasos atrás y les esperó. Los guardias, un tanto amedrentados por la velocidad de su oponente, no se precipitaron ahora. Frente al brujo, a ambos lados, se balanceaban ligeramente con las espadas por delante, las piernas separadas y flexionadas, esperando el momento de atacar. Pero Geralt tenía prisa, no estaba para juegos: él tomó la iniciativa y atacó. Blandiendo el acero con ambas manos, el brujo se lanzó contra el de la izquierda, y cuando éste detuvo la estocada, levantó la pierna y le asestó una patada en el escroto que lo dejó fuera de combate. Antes de que el guardia llegara siquiera a quejarse, el brujo realizó un giro cerrado que le situó frente al otro guardia, parando el ataque que iniciaba. La fuerza del impacto hizo saltar chispas de los aceros, y Geralt vio el miedo reflejado en los ojos del otro mientras sujetaban las espadas cruzadas en un pulso. Sin ganas de prolongar el combate ante tan patéticos oponentes, el brujo dejó súbitamente de ejercer fuerza y se apartó; el soldado perdió el equilibrio y salió disparado hacia delante, cayendo al suelo. Geralt le arrebató la espada de una patada y se agachó a su lado.
— Si eres listo, no te levantarás— le sugirió.
El guardia no dijo nada y, como al parecer era listo, no se movió.
El escribiente levantó ambas manos, encogido y tembloroso, mas él no le dedicó ni una mirada. Pasó a su lado enfundando la espada a su espalda, hasta la puerta al fondo de la estancia. La abrió sin preocuparse en llamar.
Casi chocó con Triss Merigold, que acudía alertada por todo el revuelo. Triss le miró con la misma sorpresa que él a ella, expresión que mudó de inmediato por otra que no sugería una bienvenida precisamente.
— ¡Geralt! ¡Esto empieza a ser irritante! — le espetó.
— Voy a hablar con el alcalde, con o sin tu aprobación.
Ella le miró unos momentos a los ojos, tras los cuales se apartó.
El despacho, atestado de estanterías en las cuales acumulaban polvo viejos libros de contabilidad, censo e impuestos, parecía el cubil de un trapero. La estancia era más bien pequeña y la gran mesa, aún más atestada de papeles que la del escribiente de la antesala, la hacían parecer incómoda y sofocante; más aún cuando no había una sola ventana.
Tras el escritorio, el señor alcalde miraba al brujo de un modo extraño, imposible de calificar. El hombre no se ajustaba en modo alguno al estereotipo de alcalde que acostumbraba a encontrar: corpulento y musculoso como un labriego, cejijunto y con largas y abundantes patillas, el alcalde le miraba con unos ojos inteligentes que desmentían lo vulgar de su apariencia.
— Está bien— dijo éste por fin—. Tome asiento, por favor, hablaré con usted.
El brujo se negó a sentarse y en lugar de ello cedió esa única silla a la hechicera, pues él era un hombre de costumbres caballerosas y obsoletas.
— Como bien sabe, tenemos un hexus en el pueblo, si— continuó el hombre, apoyando los codos en la mesa y juntando los dedos de ambas manos, unos dedos desiguales. El alcalde parecía tener un defecto congénito en una de sus manos—. Agradezco su preocupación, pero ya nos estamos ocupando de ello.
— ¿Con una hechicera? Sin ánimo de desmerecerla, eso no es una opción válida— aseguró tajante Geralt—. Este es trabajo para un brujo.
— La señorita Triss, de reputación merecida, es lo suficientemente apta para manejar el asunto.
— Me temo, señor alcalde, que ella no tiene ni idea de a lo que se enfrenta, y por ende usted está mal asesorado. Un hexus no es en absoluto una mascota que se pueda domesticar para que traiga los zapatos. Son inteligentes e ingeniosos, y tan letales como una estrige. En cuanto el hambre se le haga insoportable, encontrará la manera de matar.
— Eso no llegará a ocurrir, Geralt— intervino Triss, muy segura de sí misma—. Lo neutralizaremos mucho antes.
— ¿Neutralizar? ¿A qué te refieres con “neutralizar”?
— A que deje de ser una amenaza.
Geralt se apoyó con ambas manos sobre el escritorio y dejó caer hacia delante la cabeza, de modo que su blanco cabello ocultó sus facciones exasperadas. Luego se incorporó súbitamente, muy enfadado.
— No diré más— proclamó—. Sobre vuestras conciencias quedará lo que acontezca.
Y, efectivamente sin decir nada más, salió del asfixiante cuartucho con ínfulas de despacho.

Jaskier estaba dormido cuando el brujo regresó a la posada. Cerró la puerta con sigilo y procuró que la espada no tintineara cuando se la sacó para colgarla, envolviéndola en el capote. Se sentó en el incómodo sillón con un trozo de queso y un cuarto de pan y desayunó mientras meditaba.
El poeta no tardó en despertar.
— ¿Qué tal estás? — se interesó el brujo.
— Parece que me encuentro mejor. Tanto es así que incluso me rebajaría a compartir ese queso tuyo…
— No hace falta, traje una ración para ti solito.
Geralt le acercó su cuarto de pan y el queso y luego regresó al sillón para terminar incómodamente, pero al fin y al cabo sentado, su desayuno.
— ¿Qué tal en el ayuntamiento? — preguntó Jaskier tras engullir un gran bocado de pan.
— Que les den por saco— rezó el brujo con expresión hosca.
El otro se quedó con el gesto de llevarse el queso a la boca y miró al brujo con el ceño fruncido.
— ¿Qué demonios ha ocurrido?
— Son idiotas: no me han escuchado. Dicen tenerlo todo bajo control. Ese maldito hexus estará mordiéndoles el culo y aún no darán su brazo a torcer.
— ¿Por qué hablas en plural? ¿Quién más había, además del alcalde…? Oh, no, no me lo digas. Triss, por supuesto.
El brujo gruñó algo ininteligible. El queso de Jaskier continuó su camino hasta la boca.
— ¿Qué vas a hacer, Geralt? ¿Vas a cargarte al hexus, a pesar de todo?
— Que le den por saco al hexus, también. Mañana, si estás mejor, nos iremos de este pueblo de mierda.
—Si hubieras traído un mísero vasito de vino, hubiéramos brindado por ello…
Geralt, aun masticando su último trozo de desayuno, se puso en pie y se sacudió las migas del regazo.
—Tienes razón. Ahora lo traigo.
Salió de la habitación y bajó a la taberna. A pesar de no ser aún mediodía, al lugar no le faltaban parroquianos. El brujo observó que gran cantidad de ellos eran comerciantes remojando los negocios con buen vino, y le extrañó que los rumores de la presencia del monstruo no los hubiera ahuyentado… Si es que había trascendido, cosa que empezó a dudar.
Cogió los dos vasos de vino y subió de nuevo, preguntándose cómo algo tan grave podía ocultarse con éxito.

A última hora de la tarde, Triss apareció por la habitación. La hechicera llevaba la capa, lo cual indicaba que había venido directamente, sin pasar por sus aposentos. Saludó fríamente al brujo, destapó al poeta y examinó sus heridas. Gracias a ella, los cortes habían cicatrizado muy bien y podía decirse que Jaskier estaba casi restablecido. Después de taparle de nuevo con la manta y ordenarle que siguiera guardando cama hasta el día siguiente, Triss encaró a Geralt.
— Ven conmigo, brujo.
Fue una orden, no una petición. Así que el brujo, taciturno, la siguió obedientemente hasta sus aposentos.
— ¡No puedo creer lo que has hecho hoy! — le amonestó tan pronto como cerró la puerta tras de sí. — ¿Tienes idea de lo que me ha costado convencer al alcalde para que no te arrestara? ¡Montaste una riña de taberna en la mismísima sede de la alcaldía!
— Hice lo que tenía que hacer, Triss. Dije lo que tenía que decir, y a partir de ahí es vuestro problema. Mañana por la mañana, Jaskier y yo nos marcharemos.
—Es lo único sensato que harás desde que apareciste— le espetó mientras colgaba su capa.
— No eres tú la más indicada para hablarme de sensatez.
La hechicera suspiró y pareció relajarse un tanto. Se acercó al brujo.
— Si pudiera explicarte, lo entenderías. Pero no puedo. He jurado guardar el secreto.
— Ninguna explicación cambiará mi opinión. ¿Crees que no sé lo que está pasando aquí? No soy ningún tonto, Triss, y lo he visto con mis propios ojos.
— No te tengo por tal, Geralt, pero de ahí a que sepas nada…
— He visto la mano del alcalde — la cortó él—. Es el mismo alcalde que hizo florecer el pueblo, ¿verdad?, el que murió desnucado, según tú.
La hechicera se lo quedó mirando de hito en hito, sorprendida.
— Pero… ¿cómo …?
— Yo mismo le corté el brazo al hexus. No es nada difícil para una hechicera hacer que un hexus lo regenere. En eso estabais cuando irrumpí en la alcaldía, ¿no es cierto?
Triss se pasó la lengua por los labios, nerviosa.
— Desde luego, brujo, eres más listo de lo que pensaba. Y no creas que tenía tu listón bajo…
— No podrás transformar lo que es, Triss. Puedes hincharlo a hechizos para cambiar su apariencia, pero siempre será un hexus. De algún modo has logrado que durante el día sea quien fue, pero jamás conseguirás que lo sea totalmente. Es un hexus, hechicera, y ni toda la magia del mundo cambiará eso. Y costará vidas.
— Tal vez tengas razón— concedió ella tras meditar unos instantes—. Pero quiero intentarlo. Si no lo consigo, te prometo que lo destruiré antes de que se cobre alguna vida.
—Procura que no sea la tuya.
Geralt se dio la vuelta con intención de salir del cuarto.
— Eh… Geralt…— le detuvo ella—. Eres una buena persona, brujo. Y me gustas… cada vez me gustas más.
La hechicera se acercó a él, hasta pegarse a su cuerpo.
— Si quisieras olvidar a esa estúpida de Yennefer tú y yo podríamos estar muy bien juntos, Geralt…
Triss besó al brujo en los labios, suavemente al principio, ávidamente después. El brujo se dejó llevar, y finalmente la abrazó; abrió su escote sin dejar de besarla, y buscó sus pechos mientras ella luchaba con la hebilla de los pantalones. Geralt la ayudó y luego la apoyó bruscamente contra la pared y, con una urgencia que casi rayaba en la brutalidad, el brujo la poseyó allí de pie, sujetando la pierna de ella contra su cadera. Pero Triss era exigente y no dejó que terminara; lo empujó hasta la cama y lo desnudó antes de hacerlo ella misma, luego se puso encima.
—Tómate tu tiempo, brujo: no tenemos prisa alguna. Vas a darme lo que necesito hasta que no te queden fuerzas…
Y el brujo se tomó su tiempo y le dio a la hechicera lo que necesitaba con creces.
Justo al acabar, cuando la oscuridad se había extendido en Vassen, un grito agudo resonó en la calle.
— Creo que tu hexus ha salido ya de paseo y se ha encontrado con alguien— frivolizó el brujo, mientras se arreglaba la ropa a toda prisa—. Habrá que acudir en auxilio de la víctima.
— ¡Espérame, Geralt! — exclamó ella, abotonando su escote con habilidad.
— Voy a por mi espada. Si no estás lista cuando salga, me iré sin ti— la advirtió él mientras salía de la habitación.

El llanto desesperado de una mujer resonaba en las calles vacías y oscuras. Geralt y Triss no tuvieron problema en encontrarla, guiados por sus lamentos. Al aparecer ellos, la mujer se sobresaltó y se puso en pie, lanzándose hacia la luz que Triss había conjurado, temblorosa y desencajada, su falda manchada de barro al haberse dejado caer, impotente, en medio de la calle.
— ¡Por favor, ayúdenme! ¡Se ha llevado a mi niña, ese monstruo ha entrado y se ha llevado a mi pequeña…!
— Métase en su casa, señora. Nosotros la buscaremos— dijo la hechicera.
— ¿En qué dirección ha ido? — quiso saber el brujo.
— Hacia allí— señaló la mujer—. No sé si ha girado en alguna calle, pues la oscuridad me impidió ver nada…
Brujo y hechicera se lanzaron calle abajo, dejando a la ciudadana a su suerte. Geralt empujó a Triss a un callejón sin salida, oscuro y vacío.
— Será mejor que apagues esa luz— le ordenó mientras sacaba de su bolsillo un frasco.
— ¿Qué vas a hacer?
— Vigila mientras me tomo el elixir.
Abrió el frasco con un dedo y se lo llevó a la boca. Vació en ella su contenido y luego esperó los desagradables primeros efectos. Las convulsiones no tardaron en aparecer, y Triss lanzó una exclamación de horror al alcanzar a ver, antes de que la luz se extinguiera, la faz terriblemente pálida del brujo surcada por venas negras como la muerte, resaltándose sobre los huesos que parecían visibles en tal extrema palidez. Todo pasó en una exhalación, y el brujo se incorporó con todos sus sentidos extremadamente sensibles, y sus músculos más ágiles, fuertes y duros.
Silenciosos como espectros, salieron del callejón y continuaron atentos a cualquier sonido.
Geralt oyó la voz de una niña. Una niña que, aunque el brujo no alcanzaba a entender lo que decía, no parecía asustada en absoluto.
— Hacia el oeste— le dijo a la hechicera, mientras apretaba el paso.
Al entrar en la boca de una callejuela, los vio. El hexus estaba sentado ante la pequeña, que también lo estaba sobre un barril de madera. El brujo miró a Triss atónito, sin saber si ésta veía la escena. La veía: la sonrisa que se dibujó en su rostro lo demostraba.
— ¡Está hablando con la niña! — dijo en un susurro que al brujo le pareció estruendoso.
Y al hexus también.
El monstruo se puso en pie de un salto, encarándose a ellos. Abrió las fauces enseñando los dientes amenazadoramente y bramó, allí de pie ante la niña, escudándola.
El brujo sacó su espada.
Flexionando las patas, el hexus saltó como un resorte y se plantó ante él, lanzando su garra derecha en un semicírculo que pretendía rajar al brujo; pero el brujo ya no estaba allí, pues de un ágil salto se apartó lo suficiente como para evitarla. Aprovechando la inercia que el golpe fallido había impreso en el hexus, desestabilizándolo, Geralt le propinó una patada en la cara que lo lanzó unos metros atrás. Se puso de nuevo en pie, sacudiendo la cabeza y luego le miró con odio. Un hilo de sangre cruzaba su rostro. Aguardó a que fuera el brujo quien tomara la iniciativa, quien cometiera los errores. Y el brujo comenzó a moverse alrededor suyo, cruzando y descruzando las piernas, la luz de la luna brillando en el filo de su espada extendida hacia sí, ávida de su sangre.
Mas entonces, una pequeña figura entró en el círculo y se colocó ante el hexus y de cara al brujo.
— ¡No le hagas daño! — dijo la niña.
El hexus la apartó con cuidado, con un cuidado impropio de cualquier monstruo.
— ¡Papá! Lleva una espada…— protestó.
Triss apareció también en el campo visual del brujo.
— ¿Angus? — llamó al hexus—. Angus, ¿sabes quién soy?
El hexus pareció confuso, pero acabó asintiendo.
— No queremos hacerte daño, Angus. ¿Quién es esta niña?
Un terrible sonido gutural salió de la garganta de la criatura, pero no obstante todos entendieron perfectamente lo que dijo.
— Es… es mi … hija…
Triss se acercó imprudentemente al hexus, desoyendo las protestas del brujo. El monstruo no se movió, ni siquiera cuando ella posó su mano en sus sudorosos cabellos; la única reacción que su gesto arrancó fue una especie de lamento. El monstruo parecía llorar.
— Te estás curando, Angus, creo que lo estamos consiguiendo. Ningún hexus, salvo tú, es capaz de reconocer a nadie…— le animó la hechicera con voz de terciopelo.
El monstruo se acercó a la pequeña y se dejó abrazar por ésta.
— Guarda la espada, Geralt. No habrás de necesitarla.
El brujo miraba la escena, incrédulo, pero reacio a enfundar su acero. La hechicera se dirigió de nuevo al hexus.
— Angus, el brujo no confía en ti. Dile que no quieres hacernos daño.
— No.… voy… a haceros… daño— consiguió decir con esfuerzo.
Ella se acercó al hombre.
— ¿Lo ves, Geralt? En esto es en lo que estaba trabajando. Y parece que lo estoy consiguiendo, gracias también a que Angus fue siempre un ser humano excepcional en todos los sentidos.
Geralt miraba al hexus, que parecía un manso gatito en manos de la niña.
— Tal vez tengas razón, Triss. Tal vez en este caso lo consigas. Quién sabe. Siempre hay excepciones…
— Dentro de poco, en cuanto mejore lo suficiente, ni siquiera hará falta el toque de queda. ¡Oh, Geralt, estoy tan contenta!
La hechicera se acercó al hexus, que acariciaba las manos de su hija.
— Es suficiente por hoy, Angus: ahora llevaremos a la niña con su madre. Le has dado un susto de muerte, por cierto. Habrá que hablarle de esto.
El otro asintió.
— Si quieres ver a tu hija, yo te la traeré. Dentro de poco, cuando estés restablecido del todo, haremos pública tu recuperación e incluso podrás volver a tu casa.
Triss cogió por los hombros a la pequeña, empujándola hacia la calle principal. El brujo las siguió, vigilando no muy convencido al hexus. El monstruo se mantuvo inmóvil unos segundos, y luego se dio la vuelta y desapareció en dirección contraria a ellos.


Geralt sacó la bolsa de las monedas para pagar al posadero el alquiler de la habitación, mientras Jaskier esperaba a su lado. Triss apareció arriba, bajó deprisa las escaleras y se apresuró en llegar junto a ellos.
— ¡Eh! ¿Es que acaso os ibais sin despediros?
— No, ni mucho menos— dijo Jaskier—. Pero primero hemos desayunado, para dejarte dormir un poco más.
— Cárguelo todo a mi cuenta— dijo ella al posadero.
— Triss…
— Cállate, Geralt. Y, Geralt…— dijo, acercándose a la oreja del brujo para susurrarle—. Que Yennefer no se entere de… ya sabes, o me sacará los ojos…
— Yennefer no tiene por qué enfadarse. Hace mucho que no nos vemos.
— Aún y así, brujo… Yo sé de lo que hablo.
—Descuida. Y gracias por todo, Triss…
Triss le besó ligeramente en los labios, ante la mirada pícara del poeta.
—Adiós…

En el camino real, Jaskier pensaba en todo lo que le había explicado el brujo. Iban al paso, paralelos, la yegua castaña Sardinilla, y el castrado del poeta, Pegaso. Permanecía tan callado que Geralt temió que se hubieran precipitado al marchar, que quizá sus heridas no estaban tan bien como parecían.
— Geralt, ¿crees que de veras transformará al hexus por completo? — habló por fin.
— No, no lo creo.
— ¿No lo crees? Pero, entonces, ¿por qué no os atacó?
— Con su magia, Triss ha conseguido ralentizar la pérdida de los recuerdos y sentimientos humanos. Debía sentir un gran amor por su hija en vida. Pero ya han empezado a borrarse, por ello se comporta como un hexus en ocasiones.
— Pero qué pesimista que eres, brujo. Tú, que a todas horas dices que siempre hay excepciones…
— Lo que ha conseguido Triss es ya de por sí una excepción. Pero no se puede cambiar la naturaleza de un monstruo, y tarde o temprano el ser humano que fue se desvanecerá por completo. La codicia de los terratenientes de Vassen no ha dudado en recurrir a la magia para recuperar a su mejor gestor, y todo el pueblo estuvo de acuerdo. Pero cuando comiencen a haber víctimas, las cosas cambiarán radicalmente.
—Entonces, ¿cómo crees que terminará todo?
— Triss tendrá que acabar con él. No le doy más de un mes de plazo.
—Pero no le dijiste nada de esto…
— No, claro que no, Jaskier. Todos los hechiceros adolecen de una soberbia extraordinaria, y ella jamás me hubiera creído, menos aún tras ese pequeño éxito. Le vendrá bien el escarmiento.
— Aj, brujo, con lo bien que nos hubieran venido esas monedas de haber hecho tú el trabajo…
— Perra suerte…
— Si, perra suerte, su puta madre…

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Exactamente esto es lo que me gusta, ja ja. Muy entretenido, muy bien llevado a cabo. Captas la personalidad de Geralt, y la de Jaskier, de gran manera, al punto que no lo distinguiría de uno escrito por Sapkowsky. Las descripciones que aparecen son simples y fáciles de imaginar, y las escenas de acción son rápidas y precisas.
Lo antiguo del relato se nota en que las rayas de diálogo están mal ubicadas. Hay otros errores, como por ejemplo enVestida, o una vez mal escrito Geralt, o alguna coma faltante, pero no me ha impedido disfrutar del relato. Muy bien hecho.
"Si te van a ahorcar pide leer Las Enseñanzas de un Brujo IV (http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html). Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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#3
Yo creo recordar que estos fanfics tienen más de diez años. Me alegro de que te haya gustado!

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#4
Y se ve que tu locura por el brujo no ha disminuido ni un poco jaja. Yo hace diez años comenzaba la secundaria y aún faltarían cuatro años para que comenzara a escribir.
"Si te van a ahorcar pide leer Las Enseñanzas de un Brujo IV (http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html). Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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#5
Ah, cierto, cuando me doy lo hago para siempre, soy leal, fiel, de ideas fijas y con las cosas muy claras. Tengo un amor real y uno platónico (mi brujo que no existe y por tanto no es ninguna amenaza), llevo con ambos desde que los conocí (en el caso de mi marido, tenía yo 13 añitos cuando nos hicimos novios... y seguimos juntos la mar de bien).

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#6
Buenísimo Sashka, me lo he pasado pipa leyéndolo. Podría perfectamente formar parte de uno de los relatos de "El último Deseo" o "La Espada del Destino", con eso te lo digo todo. Muchas gracias por compartirlo Smile
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#7
Ah, solo un "pero". No me veo a Triss llamando "estúpida" a Yennefer, a pesar de todo.
Ya ves, eso es lo único que cambiaría, porque lo demás está simplemente perfecto.
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#8
Jejejejje, tenía ganas de insultarla!!

Eso se puede quitar sin dejar cicatriz, ji ji!

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#9
La verdad es que solo conozco a Geralt de los videojuegos. ¡Me han comentado que los tres primeros libros son excepcionales! No puedo compararlo con los libros, pero se lee muy fácil. Me ha gustado especialmente el toque de misterio. ¡Por momentos parece que estés en un capítulo de Sooby Doo! Salvando las distancias, claro está. ;p
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#10
Gracias, wapo. Tienes que leer la saga, es muy buena y el Geralt de la saga es mucho mejor que el de los videojuegos... a mi gusto. Más oscuro, no sé, más todo. Y los diálogos son muy muy buenos en general. Léetelos! Ya tardas!


Este fanfic lo traduje al inglés, jaja! pero a los sajones, después de la currada que me pegué, parece que solo les interesan los fics del brujo basado en los videojuegos, y si puede ser con relaciones homosexuales con un elfo, mejor. Bueno, con un elfo, con un vampiro o con lo que sea que tenga algo colgando. Su puta madre...

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