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[Fanfic] Una Voluntad (Saga Geralt de Rivia 4ª historia)
#1
UNA VOLUNTAD



Regis olisqueó la sangre que cubría el suelo y se levantó con el ceño fruncido. Miró al brujo, que no había bajado del caballo, y apretó los labios.
- De nuevo sangre de un varón joven y sano.
-Ya veo- respondió Geralt con aire preocupado.
- Pero, ¿y eso qué coño nos importa? -intervino Jaskier, nervioso-. Por si no lo habéis notado, estamos en medio de una guerra. Habrán apiolado a algún mozalbete que tuvo la mala estrella de toparse con alguna patrulla nilfgaardiana.
Regis alzó una ceja y sonrió ligeramente, apretando los labios.
-Creo que no es eso, a juzgar por el interés del vampiro y el brujo -opinó Cahir aep Ceallach, el nilfgaardiano que negaba ser nilfgaardiano.
-¿Entoces qué, eh? ¿Por qué ese interés en la sangre del mozuelo? -preguntó Milva, la arquera dríada.
El brujo y Regis se miraron y decidieron, sin necesidad de palabras, poner al corriente al resto del grupo.
- Me temo que no son patrullas nilfgaardianas las causantes de esas muertes -dijo Regis-. Más bien me temo que son obra de un vampiro, un vampiro que, obviamente, no soy yo.
- Regis cree que se trata de otro vampiro superior- completó Geralt.
La compañía se quedó sin palabras, y el temor asomó a sus ojos, que miraban atónitos a Geralt y a Regis.
- Pe… pero el tenerte a ti entre nosotros debe servir para ahuyentarle, Regis…- dijo Jaskier.
- No lo sé, querido poeta. Recuerda que yo, en mis años mozos, perdí totalmente el control. Y por la frecuencia en que encontramos estas evidencias, me temo que mi congénere también lo ha perdido, lo cual le hace peligroso, cuanto menos.
- No os alejéis del grupo bajo ninguna circunstancia- les ordenó Geralt-. Y tened los ojos bien abiertos.
Regis subió a la grupa de Draakul, la mula robada al ejército partisano de la reina Meve, y el grupo reanudó la marcha a través del bosque de los Tras Ríos.
Sin más novedades, al caer la noche resolvieron acampar en un promontorio arbolado que les ofrecía la ventaja de la altura, desde donde avalar su seguridad.
Jaskier sacó el tubo donde guardaba celosamente sus apuntes, y prosiguió con ellos, a la luz de la fogata en la que se asaba un ganso que la arquera había cazado. El lápiz corría raudo sobre el papel, y su sonido conseguía que varias miradas furtivas se dirigieran con fisgona inquietud hacia el afanado poeta.

Desde que dejamos a la reina Meve y los partisanos, huyendo en la noche a tal fin, por cinco veces encontramos evidencias, en distintos lugares del bosque de los Tras Ríos distantes entre sí muchas millas, de asesinatos cometidos en –según Regis, cuyo olfato es capaz de averiguar cosas que ni los ojos saben- las personas de hombres jóvenes y saludables. En dos de las ocasiones, además de la sangre, restos de vísceras adornaban la tierra empapada de rojo; mas en ninguna ocasión hubo cuerpo. En una zona donde la guerra y las incursiones son frecuentes, no es de extrañar encontrar tales signos de violencia; sí es extraño, sin embargo, que sobre la sangre no haya nadie, pues la soldadesca acostumbra a dejar los cuerpos despreocupadamente allí donde caen. Hoy Regis nos brindó por fin una explicación que nos ha preocupado más que la que especulábamos, pues según él no es un ejército ejecutando partisanos, chivatos o lo que sea, sino un vampiro superior descontrolado. Regis nos confió en su momento la historia de su vida, sin escatimar los tiempos en que su adicción a la sangre humana –cuyos efectos se pueden comparar a los del alcoholismo en los humanos-, le empujó a cometer atroces asesinatos, llevado por el síndrome de abstinencia, con tal frecuencia y descontrol que incluso sus congéneres le evitaban. Tal explicación, como decía, nos preocupa mucho más que en caso de tratarse de un ejército, pues de un ejército hay posibilidad de esconderse y camuflarse, de huir; pero no de un poderoso vampiro superior. En una ocasión, Geralt me respondió que, en caso de tener que luchar contra Regis, no sabía si conseguiría matarlo, y que prefería no tener que probarlo. Claro que Regis, según el brujo, es extraordinario hasta para los vampiros y no se le puede medir con una medida normal…Pero, a pesar de ello, Regis no garantiza que su presencia sirva para disuadir al otro de atacarnos.

- ¡Eh, ajuntarrimas!-gritó Milva-. ¿Acaso esperas que te llevemos la cena ahí donde garrapateas? Pues si no vienes, aluego ni te quejes del hambre si no queda.
Jaskier metió el papel y el lápiz en el tubo y lo colgó en la silla de montar de Pegaso; luego se reunió con el grupo, que ya saboreaba entre soplidos la carne caliente del ave.
Cenaron en un silencio pesado y opresivo que delataba preocupación y miedo, pues sólo un demente no temería a tal criatura. Tras la cena, cada uno se acomodó alrededor del fuego intentando distraerse con sus quehaceres; así Cahir limpiaba sus botas, Milva arreglaba con vapor las plumas de sus flechas, Jaskier retornó a sus memorias y Geralt tallaba con su cuchillo un palo. Regis se los miraba a todos, y su mirada se cruzó con la del brujo. El vampiro se acercó a él.
- Yo vigilaré en las noches. No necesito dormir, y mi vista en la oscuridad es incluso mejor que cuando hay luz.
- Está cerca, ¿verdad, Regis? ¿Puedes, quizá, percibir de algún modo su presencia?- le preguntó Geralt.
Todos siguieron con sus quehaceres como si nada, pero en realidad sus movimientos se relantizaron, pendientes de la conversación. Sus ojos trazaban continuamente un triángulo que iba de Regis a Geralt y de ellos a aquello que tuvieran en las manos.
El vampiro se tomó su tiempo en contestar.
- Puedo.
Milva bufó.
- Pos no entiendo a qué tan callao te lo tenías…
- No dije nada porque no sabía si la coincidencia era fruto de la casualidad.
- Y has llegado a la conclusión de que no lo es…- dedujo Cahir.
- Demasiadas casualidades.
- Pero va por delante de nosotros… ¿estás seguro de que casualmente no seguimos su dirección?
- Completamente, Jaskier.
-¿Qué es lo que busca, Regis? Hasta ahora se las ha apañado muy bien para encontrar otra sangre que no sea la nuestra, si es que nos sigue…- preguntó el poeta.
- Le busca a él- sentenció Geralt.
- Exacto, brujo –dijo una voz, que al momento se materializó en una hermosa mujer.
Cahir y Milva, los más próximos a la extraña, se levantaron de un salto y retrocedieron amenazándola con sus armas, Jaskier se quedó como una estatua de piedra allí donde estaba, y Geralt se incorporó y miró a Regis.
- ¡Tú!- exclamó con sorpresa el vampiro.
- Sí, yo.
- ¿La conoces? –atinó a preguntar el poeta, curioso hasta en las puertas del infierno.
- Claro que la conozco. Fue mi esposa.
Regis miraba a la extraña con una expresión que no dejaba entrever ninguna emoción. La extraña le miraba, sin embargo, con aire desafiante.
- ¿Ahora te rodeas de mortales, Regis? Recuerdo que antaño te los bebías sin miramientos…- le dijo ésta con sorna, al parecer deseando comprometerle ante sus amigos.
Regis ni se inmutó, a pesar de ver claramente las intenciones que albergaba el comentario. El vampiro había explicado su naturaleza y su pasado a sus compañeros hacía ya unos días.
- Ha pasado mucho tiempo, Fansine. No soy ya el mismo vampiro irreflexivo e inseguro que acabó preso de sus adicciones. Comprendo perfectamente que me dejaras, pero, ¿por qué me buscas ahora? ¿Cómo sabías de mi existencia, si no mantengo contacto con ningún otro vampiro?
Fansine se acercó al grupo, para seguir su conversación con Regis.
-¡Alto ahí!- la advirtió Geralt desenvainando su espada de plata y extendiéndola ante sí en dirección a la vampira-. No te acerques más. Estoy seguro de que Regis te oye perfectamente desde ahí, y si no, que sea él quien vaya hacia ti.
- Estúpido brujo –se ofendió ella-, ¿crees que llegarías siquiera a tocarme con tu sucia espada antes de que tu cabeza rodara por el suelo?
- Es muy probable- dijo Regis-. Geralt es un brujo muy competente; además estoy de su lado. He visto tus huellas, Fansine, y creo que estás tan descontrolada como lo estuve yo una vez. Pero no dejaré que les hagas daño a mis amigos.
-¡No he venido a hacerles daño! He venido a suplicarte ayuda, Regis… ¡Quiero dejarlo, pero no puedo! ¡No puedo! ¿Cómo lo hiciste tú?
- La desintoxicación fue forzosa, pues unos labriegos me atraparon y me decapitaron. Ellos creyeron que eso era suficiente para acabar conmigo, así que tuve cincuenta años para regenerarme y pensar sobre mi vida. Y después todo fue cuestión de voluntad.
-¡Yo no quiero que me decapites!- gritó ella indignada.
- Pues necesitarás mucha más voluntad. ¿Serás capaz de tenerla?
- Ayúdame, Regis. Sacaré esa voluntad de donde haga falta, pero no puedo continuar así…
El vampiro la miró largo rato a los ojos, sopesando sus palabras y su grado de sinceridad. Sabe más el vampiro por viejo que por vampiro, y él ya tenía bastante experiencia.
- No permanecerás cerca de mis amigos, ni siquiera cuando estés curada. Te ayudaré, pero no confío en ti. Es mi condición: lo tomas o lo dejas, Fansine.
- Lo tomo. Tus amigos me importan una mierda.
-¡Ea, bonica y bien hablá! -exclamó Milva, mirando con desdeñosa expresión a la mujer.
La vampira le enseñó los dientes, con lo cual la arquera cerró la boca y abrió mucho los ojos, llena de aprensión.
- Ya está bien, Fansine- la regañó Regis. Luego se volvió hacia el brujo y le habló en voz baja-. Geralt, me voy con ella. He de ayudarla, pues es terrible pasar por todo eso solo… iré apareciendo de tanto en tanto, por si me necesitarais.
El brujo asintió sin decir nada; miraba a Regis con una mezcla de incredulidad y admiración, pues siempre le enseñaron que los vampiros eran criaturas sin sentimientos, en las cuales no se podía confiar: Regis rompía todos sus esquemas continuamente, a cada nuevo paso le demostraba justamente lo contrario… Pero también él rompía los esquemas en lo referente a los brujos.
Los dos vampiros se reunieron y desaparecieron sin más. Los demás volvieron a sus quehaceres, un poco aturdidos por la repentina marcha de Regis.
- Qué mierda -farfulló Jaskier-. Ahora habrá que redistribuir las guardias nocturnas.
- Yo las cubriré -dijo el brujo-. Tan sólo necesito un par de horas de sueño.
- Qué suerte la del vampiro… Hay que admitir que la señora no estaba nada mal -comentó el poeta.
-¡ Ja! -se burló Milva- ¿Qué no estaba mal? ¡Pos al parecer mu mal estaba, haceversos! ¡Y con dos colmillos como dos plátanos, añado!
- Eso es: con dos colmillos con el suave brillo de las perlas… creo que escribiré un romance sobre ella…- dijo, y se apresuró en ir a buscar sus cosas y acercarse a la luz del fuego.
Milva no sabía si enfadarse o reírse. Finalmente optó por acostarse. Cahir terminó de lustrar su calzado e hizo lo propio; el poeta se fue a dormir muy avanzada la noche, y Geralt echó de menos el sonido de la pluma rozando el papel cuando se quedó solo.

Con los primeros resplandores de la aurora, el campamento volvió a la actividad. Se recogieron las mantas, se apagó la fogata y dispersó la ceniza así como las piedras que la delimitaban y se desayunó frugalmente. Luego subieron a sus caballos y ataron al de Cahir a Draakul, la mula de Regis. Pronto el sol se vio cubierto por unas espesas nubes grises y comenzó a llover; una lluvia fina que resbalaba por las capuchas y las capas de lana, pero que las impregnaba dejándolas empapadas, una lluvia que helaba los huesos y las carnes y hacía el avance penoso y tortuoso.
Sólo pararon cuando avistaron una cabaña medio en ruinas que ofrecía algún cobijo, un paréntesis donde encender un fuego que alejase el frío, la humedad y el hambre. Temblando, recogieron leña y se afanaron en intentar que ésta prendiera; cuando por fin unas finas lenguas lamieron la leña fina, todos se acercaron intentando aliviar el castigo que la naturaleza había derramado sobre ellos.
- Milva, acércate a mí, yo te haré entrar en calor- dijo Cahir a la arquera, que temblaba violentamente.
Ella le miró ceñuda, evaluando la intención contenida en las palabras del nilfgaardiano; al no percibir sino sinceridad y camaradería en la expresión del joven, Milva se llegó hasta su lado y se dejó abrazar y masajear por el solícito soldado.
- Demasiada suerte habíamos tenido ya con el tiempo –habló Jaskier, rompiendo el silencio sólo roto por el continuo crepitar del fuego.
- Pues en algo habríamos de tenerla, al menos -se quejó el brujo-. Y parece que ya ni eso.
- Parece que hoy reina una mayor alegría de la habitual –ironizó Cahir.
- Y, ¿a ti qué te pasa, nilfgaardiano? -gruñó Geralt- . Esto nunca ha sido una compaña de festejos.
- Ende luego que no -se entristeció Milva-. Bien pocas cosas ha habido pa festejar ende que salimos de Brokilón.
“Bien pocas cosas, dice Milva… Creo que ninguna”, pensó el brujo.
La moral baja imperó durante la escasa cena que trasegaron, ninguno habló apenas, y el sonido de la lluvia les aislaba del mundo e impregnaba de melancolía sus pensamientos.
Cuando se acostaron, se vieron acosados por recuerdos tristes, y nadaron en esa corriente de tristeza que los envolvía. Milva recordaba su reciente aborto sintiendo las punzadas de la culpa por haber pensado en provocarlo; Geralt pensaba en Yennefer, echándola terriblemente de menos, no queriendo creer en los rumores que explicaban coherentemente su desaparición tildándola de traidora: Yennefer quería a Ciri como si de una hija se tratara, nunca la hubiera vendido… ¿O si?
Cahir recordaba la noche en que rescató y a la vez capturó a la pequeña princesa, ignorante del vínculo obsesivo que le ataría a ella, ignorante del terror que su imagen plasmó en la joven mente de Ciri.
Jaskier roncaba, provocando la envidia de los tres insomnes.
Aquella noche fue la primera, a pesar de la lluvia que amortiguaba los demás sonidos, que oyeron los gritos: lejanos gritos, escalofriantes, agudos, lastimeros a veces y furiosos otras, gritos que acaparaban la atención y helaban las entrañas… Gritos que parecían de mujer, pero que no lo eran. Fansine.
Ya no llovía, pero el ambiente mojaba casi tanto como si lo hiciera. Una bruma fría y húmeda se levantaba por todo el bosque, quizá si salía el sol la evaporaría… Y para su desgracia, así fue.
Se dieron de bruces con la patrulla nilfgaardiana cuando llegaban a la cumbre de una loma; el cambio de rasante había impedido oír los sonidos que de otro modo hubieran delatado a los soldados. Ambos grupos se quedaron paralizados un instante, tras el cual se organizó el caos. Los cuatro jinetes salieron a la desbandada y en distintas direcciones, los soldados, mucho más numerosos, se dividieron de inmediato y comenzaron la persecución.
Jaskier fue el primero en ser capturado, después lo fue Cahir, y por último, el brujo. Milva fue la única a quien no encontraron, ya que durante la cabalgada se aferró a una gruesa rama de un árbol y trepó hasta la copa sin ser vista, y allí se quedó hasta que sus perseguidores se marcharon.
Mierda. Y ahora, ¿qué? Seguro que la patrulla les conduciría hasta su campamento base, eso si no les ejecutaban allí mismo… Milva observaba los movimientos de la patrulla escondida tras un árbol, tan invisible para ellos como una auténtica dríada. Pero ella sola nunca podría rescatarles, necesitaba ayuda. Necesitaba a Regis.

Si su situación era ya de por sí mala, empeoró en cuanto llegaron al campamento y reconocieron a Cahir Mawr Dyffrin aep Ceallach, sobre quien pesaba una orden de busca y captura de puño y letra del emperador de Nilfgaard Emhyr var Emreis. A pesar de que el joven Cahir era de noble cuna, la soldadesca nilfgaardiana la emprendieron con él a golpes, abalados por la caída en desgracia del joven. Ser rico era una afrenta que los soldados rasos, provenientes de familias pobres, no iban a perdonar.
También el poeta y el brujo recibieron su parte.
A Milva se la llevaban los demonios. Mientras contemplaba desde las ramas de un árbol cercano, temblando de ira, el castigo al que sus camaradas fueron sometidos, tuvo que realizar un auténtico esfuerzo de voluntad para no sacar el arco y disparar contra los soldados. Sólo el sentido de la supervivencia, tan arraigado en las dríadas, le impidió cometer la locura de enfrentarse a todo un destacamento de los negros.
- Cabrones de mierda…- mascullaba rabiosa, mientras el puño del oficial se estrellaba una y otra vez, aleatoriamente, contra el rostro de sus amigos, que permanecían arrodillados en el suelo y con las manos atadas a la espalda.
Llegó un momento en que tanto Jaskier como Cahir perdieron el conocimiento; entonces los golpes se centraron en Geralt.
- ¡Por los Dioses, brujo, finge un desmayo!- rogaba la arquera, horrorizada ante lo que veía.
Por fin, los soldados se cansaron de su juego.
- ¿Qué hacemos con ellos, señor?-preguntó un oficial al capitán-. ¿Les ejecutamos?
Milva sintió que algo se helaba en su interior cuando oyó aquello. Desobedeciendo a sus instintos, tensó el arco cargado con la mortal flecha. El capitán estaba sentenciado.
- No –contestó el capitán. El arco de Milva se destensó un tanto-. Las órdenes son entregar al vicovaro directamente al emperador. Y ese hombre de pelo blanco puede ser el brujo que acompañaba a la princesa de Cintra, le llevaremos también para que sea interrogado.
- ¿Y ése?-dijo el oficial señalando a Jaskier.
- A ése podéis matarlo.
La flecha rasgó el aire en un suave siseo y se clavó en la sien del capitán con un ruido sordo; regó de sangre roja como el infierno el uniforme del oficial, sobresaltándole, y éste sacó la espada demasiado tarde. Otra flecha acabó con su vida sin que llegara a saber de dónde demonios había salido. Los demás soldados se pusieron a cubierto con la rapidez del rayo, y desde los distintos escondites atisbaban a su alrededor, buscando al francotirador.
“Te has vuelto tonta de remate, Milva”, se decía la arquera mientras buscaba blancos mal escondidos y les ejecutaba con la precisión que su maestría con el arco le otorgaba, “ende que conociste al brujo allá en Brokilón, no has hecho más que arriesgar el pellejo y con gusto. Bien parece que me hayan echado un conjuro, sin yo saberlo, que me afloje la sesera cuando le veo en peligro…”
Tres soldados descuidados cayeron en los siguientes diez minutos, pero los arqueros nilfgaardianos dedujeron, por la trayectoria de los proyectiles, la probable posición desde donde disparaba Milva; la muchacha tuvo que desistir y alejarse, pues éstos no tardaron en contraatacar lanzando salvas de hasta diez flechas.
“¿Y cómo voy a hacer para dar con el vampiro?” se dijo preocupada mientras corría por el bosque en dirección contraria al campamento de los negros. De pronto, lo supo. Regis daría con ellos, así que debía permanecer cerca de los nilfgaardianos.

Cuando el poeta abrió los ojos y miró asustado a su alrededor, se encontró con la mirada del brujo clavada en ellos. Cahir estaba también consciente, y ambos tenían el aspecto de un perro apaleado. Se hallaban dentro de una tienda circular, Jaskier podía ver las siluetas de dos soldados que montaban guardia fuera moviéndose alrededor de ésta.
- Vaya cara os han plantado -dijo, haciendo alusión a los moratones y las contusiones que exhibían en el rostro tanto Geralt como Cahir-. Supongo que la mía no estará mejor…
- En realidad, sí –le respondió el brujo-. Te desmayaste casi al primer golpe, como un buen poeta.
Al vicovaro se le escapó la risa ante el comentario, pero el dolor del labio partido le obligó a contenerse.
El poeta abrió de nuevo la boca, pero Geralt se le adelantó.
-Recuerda, Jaskier, que no estamos solos aunque lo parezca; procura que tu lengua no nos pierda más allá de los tres…
El hombre comprendió y desechó la pregunta. Pero al punto ya tenía otra en la punta de la lengua.
-¿Qué harán con nosotros?-preguntó preocupado Jaskier.
- Nos llevarán al imperio, con toda seguridad -le explicó Cahir-. No va a ser nada agradable para ninguno.
La cabeza de un soldado apareció por la abertura de la tienda, su mirada irradiaba desprecio y ganas de camorra.
-¡A callar, si no queréis que os amordace ahora mismo!
Los tres guardaron un prudente silencio durante unos minutos.

- Tenemos que escapar como sea… -susurró el brujo- , no debería ser demasiado difícil desatarnos estando aquí dentro, donde nosotros les vemos y ellos a nosotros no... Jaskier, ¿serías capaz de alcanzar el cuchillo que llevo dentro de la bota, si pongo la pierna bajo tus manos?
- ¡Por la gloria de mi madre!- juró en un hilo de voz el poeta.

Milva, segura ya de que nadie la seguía, aminoró el paso. Atenta a sus sentidos, oyó voces y se detuvo, desconfiada. El tono de una de ellas le resultó familiar, así que se encaminó hacia el origen con sumo cuidado, con un cuidado que no le sirvió de nada, pues aquél a quien acechaba tenía un olfato extremadamente fino.
- Querida Milva –dijo la voz de Regis-, ¿qué haces a este lado del bosque? Y, ¿dónde están los demás?
Milva salió de la espesura con una exagerada expresión de incredulidad en la cara, pues por norma general el diablo solía ponerse en su contra y no de su parte.
-¡Regis!-exclamó con enorme alivio, aún sin creerse su suerte-. ¡Los negros les han capturado! Y no veas el mazo de hostias que les han dao… ¡Tenemos que rescatarles antes de que los lleven al otro lao del río!
Fansine, ignorada adrede por la dríada, no tenía claro lo que debía hacer: si enfadarse o brindar su apoyo a su ex-pareja. El vampiro eligió por ella, sin darle alternativa.
- Será divertido colarnos en un campamento enemigo, ¿no crees, Fansine? Allí aprenderás a contener tu deseo de sangre, sustituyéndolo por otros modos más sutiles de acabar con una amenaza. Lo tomaremos como una lección práctica.
Ella le miró con ojos como platos, por un momento pareció que iba a objetar; finalmente se sonrió dejando a la vista sus enormes colmillos.
- Sí, será divertido…
De repente, se echó sobre Regis, le tiró al suelo y comenzó a golpearle. Sus garras trazaron sangrientos surcos en su cara, y la cabeza del vampiro giró violentamente a cada brutal golpe que Fansine le propinara, ora a un lado, ora al otro. Milva se lanzó de nuevo a la carrera en la misma dirección que había venido, presa de un pánico ancestral que la privaban de cualquier otro pensamiento que no fuera el de alejarse de ese letal ser lo antes posible. A pesar del ruido de su agitada respiración, de la sangre circulando a toda prisa por sus oídos y del viento que levantaba su desesperada carrera, podía oír el estrépito que producían los dos vampiros luchando. Cuando avistaba las primeras tiendas del campamento de avanzadilla nilfgaardiano, cuando la razón comenzaba a abrirse paso en su cerebro advirtiéndole del peligro de irrumpir en territorio enemigo, en ese momento supo que alguien corría tras ella y se acercaba peligrosamente. Nuevamente el pánico tomó el control de su cuerpo, y siguió corriendo rumbo al campamento como una enajenada.
Cuando Geralt, agazapado en el interior de la tienda, se disponía a lanzarse a través de la abertura que constituía la puerta para apresar e introducir a uno de los guardias con el propósito de reducirle, éste se detuvo un momento en su ronda para luego salir corriendo mientras gritaba algo que sólo Cahir entendió.
- Joder… -se quejó el brujo-. ¿Qué demonios ha ocurrido?
- Alguien está atacando el campamento –dijo Cahir. Efectivamente, los mandos gritaban órdenes con histerismo y empezaron a oírse alaridos de hombres al parecer víctimas de dolorosos ataques.
- Pues a río revuelto, ganancia de pescadores… ¿qué tal si aprovechamos la confusión para escapar?- propuso Jaskier, pragmático.
- Vosotros dos correréis a los bosques, pero yo no me voy de aquí sin mis espadas –anunció el brujo.
- Joder, Geralt…- se quejó el poeta.
- Yo iré a por los caballos – decidió Cahir- . No llegaremos muy lejos sin ellos.
-¡Pues yo rescataré mi laúd élfico!- se enfadó Jaskier-. Vaya trío de idiotas que estamos hechos…
Entonces oyeron un alboroto cercano, y unas órdenes dadas a gritos por el oficial de mando del campamento.
- ¡¡El brujo!! ¡Rápido, traed al brujo, y dadle su espada de plata!
- Señor -discrepó una voz-, ¿creéis que es prudente armar al brujo?
- ¿Es que no ves lo que es eso? ¡El brujo es el único que puede hacerle frente!
- Y, ¿cómo sabemos que no saldrá corriendo?
- Porque si no colabora, mataremos a sus amigos. ¡Traed de una puñetera vez la espada y al brujo!
Al punto, tres soldados entraron en la tienda en tromba, pero ellos les esperaban. Los soldados abrieron mucho los ojos, asustados, cuando se dieron cuenta de que los prisioneros no estaban atados; pero su sorpresa duró poco tiempo: no tardaron en caer inconscientes al suelo.
Geralt, Cahir y Jaskier salieron de la tienda, y lo que vieron paralizó tanto al poeta como al vicobaro; fue el brujo quien les obligó a ignorar su miedo y a moverse, y a continuación se separaron en tres direcciones distintas.
Geralt avanzó a la carrera hacia el tipo que sujetaba sus hierros: la magnífica espada de acero forjado en Mahakam, obsequio del enano Zoltan Chivay, y su espada de plata. Se las arrebató sin detenerse, y sin detenerse se colgó las vainas a la espalda. Unos metros más allá, un ser de facciones deformadas por el odio y las ganas de matar, destripaba a un pobre soldado. El hombre no había tenido ninguna posibilidad contra un vampiro superior, y menos contra uno descontrolado.
No había nada en aquella cara que recordara a Fansine, ni siquiera podía pasar por humana. Sus alaridos rabiosos y la brutalidad de sus ataques hacían que más de un valiente se lo pensase dos veces. Cuando los escasos valientes yacieron a sus pies, descuartizados en pedazos de carne sanguinolenta, el monstruo se dedicó a dar caza a los soldados que escapaban caóticamente de ella.
Al brujo no le gustó aquello, no le gustó nada. No le pareció en absoluto un rescate, como pensara al principio que era eso, menos aún cuando no vio por allí a Regis. No era propio de su amigo dejar de cumplir con la palabra dada, y Fansine estaba completamente fuera de control.
Aunque se resistía a creer lo que acudió a su cabeza, tampoco podía descartarlo: quizá Fansine le había matado. Viendo la ferocidad de la vampira, no le extrañó en absoluto.
Cahir y Jaskier aparecieron en ese momento montados en sus caballos, llevaban de las riendas a un tercero, Sardinilla. Le llamaron por su nombre, pero el brujo dudó. Cuando resolvió huir de allí con sus amigos y dejar a los nilfgaardianos a su suerte, se dio cuenta de quién era la persona a la que la vampira perseguía en ese momento: Milva.
El brujo se subió de un salto a la grupa de su caballo cuando éste pasó por su lado, y lo espoleó en línea recta, directo hacia el monstruo. Cahir y Jaskier lanzaron exclamaciones de sorpresa al ver la intención de Geralt de atacar a Fansine, pero luego vieron a la arquera corriendo como alma que lleva el diablo y se sumaron al brujo.
La espada de plata, la misma espada de plata que había matado lobisomes, basiliscos, kikimoras y demás aberraciones, avanzaba horizontal hacia la vampira con intención de seccionarle el cuello de un tajo. Mas, en el último momento, diose la vuelta cual si hubiese intuido el peligro y se puso a salvo del filo.
- Brujo –silbó como una vívora-, ¡ni siquiera tú eres rival para mí!
- ¿Qué has hecho con Regis?- le preguntó Geralt tras detener el caballo a una cierta distancia.
Los ojos del brujo analizaban la fisonomía de Fansine, repasando mentalmente sus puntos débiles. También así daba ventaja a Milva que, tras atravesar el campamento entero, ahora había desaparecido en el bosque.
- Hicísteis de él un pelele con ínfulas de humano. Pero más vale que te preocupes de ti…
En ese momento, vio cómo Cahir y Jaskier se abalanzaban contra ella.
-¡No! –gritó el brujo, consciente del grave peligro que corrían ambos.
Sin pensarlo, Geralt extrajo con prisas de la alforja el cofrecillo de las pociones, lo abrió, sacó un frasco, lo destapó y lo bebió de un trago. El cofre abierto resbaló hasta el suelo, donde varios frasquitos se rompieron irremisiblemente. Mientras sus amigos entretenían a la dama poniendo sus carnes de trémulo afilauñas, el brujo sufrió los espasmos que el elixir siempre ocasionaba; pocos segundos después ya estaba preparado para una lid más igualada, pues sus reflejos, flexibilidad y fuerza habían aumentado casi al nivel de la vampira.
- ¡Fuera de aquí!- les gritó a los vapuleados héroes, temiendo por ellos si seguían arriesgando la vida- . Ven, Fansine, ¡lucha conmigo! Nunca me caíste bien.
- Tampoco tú a mí.
Ella soltó una carcajada y se acercó él con cautela, como un gato presto a saltar a la menor oportunidad. Geralt blandía la espada de plata por delante de su cuerpo, agarrada con las dos manos, dispuesto a atravesarla si osaba saltarle encima.
De repente, Fansine se tiró al suelo y barrió con sus piernas el contorno, esperando derribar al brujo. Sin embargo, Geralt saltó oportunamente y aprovechó la inercia para propinarle una buena parada en la cara, mientras pasaba sobre ella. Se dio la vuelta para ensartarla, pero ella ya no yacía allí. Estaba en pie y a salvo de su hierro.
Cahir y Jaskier, situados a una distancia prudente, observaban alucinados la rapidez y flexibilidad de ambos contendientes.
Una flecha se ensartó en el hombro de Fansine. Ella gritó, más de rabia que de dolor, pues ese tipo de distracciones rompían su concentración, y se la arrancó. El brujo se sonrió ligeramente: Milva se había repuesto de su pánico y no pensaba dejarle a su suerte. La arquera se ganaba continuamente con su coraje su respeto, consideración y estima.
Esta vez fue él quien tomó la iniciativa. Se acercó a ella moviendo la espada en un tajo alto, fintó y lanzó una estocada con media vuelta para esquivar las garras de ella. Pero la vampira lo sorteó todo, y ésta vez la patada la recibió él. Cayó de espaldas, y ella se abalanzó inmediatamente, casi mientras caía.
Fansine le inmovilizó los brazos en un abrazo asfixiante, y buscó su yugular dispuesta a desangrarle. La fuerza del monstruo era titánica, el brujo apenas podía moverse. Le propinó un cabezazo que la aturdió lo suficiente como para liberarse, y movió la espada cortándola en el muslo. Ella se retiró, consciente de que había perdido la ventaja, doliéndose de esta nueva herida. Y mucho más rabiosa.
Fansine abandonó toda prudencia, tenía ganas de acabar con aquello. El brujo no había resultado el ratoncillo con que ella quiso jugar antes de engullirlo, así que dejó el juego. O, mejor dicho, empezó otro.
Antes de que Geralt pudiera hacer nada, se lanzó a la carrera y apresó a Jaskier (el pobre y sufrido Jaskier, ¿por qué siempre él?) agarrándole desde detrás, con su brazo alrededor del cuello.
- Esto se ha acabado, brujo. Tira la espada, te digo. Tírala o le mato ante tus ojos.
- Maldita perra…- masculló él, dejándola caer obedientemente.
Fansine sonrió satisfecha.
- No pensarías que se trataba de una lucha honorable, ¿no? Aquí no se trata de honor, sino de supervivencia…
La vampira iba a morder igualmente al poeta, cuando alguien desde detrás atravesó su cráneo con un martillo de guerra.
- Exactamente, querida –dijo Regis desde detrás del cuerpo que resbalaba hacia el suelo.
Jaskier se apartó de un salto así que aflojó la presión de Fansine, y al verla caer al suelo aparentemente sin vida, se llevó la mano al corazón y se agachó respirando agitadamente.
- Mierda, Regis… Nunca me alegré tanto de verte…
-¿Está muerta?- preguntó Cahir, todavía blanco como el papel.
- No; pero le irán muy bien cincuenta años de reflexión, mientras se regenera. Tal como me temía, su adicción se resolverá por el camino largo –dijo el vampiro.
- Vaya jeta te ha puesto, Regis…La muy puta de ella- escupió Milva, apareciendo por detrás del brujo.
- Si, bueno, esto desaparecerá en pocas horas –explicó Regis-. Pero más valdría que saliésemos de aquí enseguida, antes que lo que queda de los nilfgaardianos se reorganice.
Regis se acercó al brujo y observó el cofrecillo tirado en el suelo y los varios frascos rotos.
- Parece que tendremos trabajo, ¿eh, Geralt?
- No, Regis, no voy a cogerlo. Ya no ejerzo de brujo. No volveré a hacer esos trabajos, no hasta que dé con Ciri y la ponga a salvo.
El brujo guardó a su espalda la espada de plata y subió a Sardinilla. Milva subió a su trasera, y Regis a la de Cahir. Salieron de allí al galope, a recoger la mula del vampiro y el caballo de la arquera, ocultos en el bosque, antes de continuar su ruta.
- Lo bueno es que he extraído una moraleja de todo esto –comentó Regis.
- ¿Ah, si? Y, ¿cuál es?- preguntó Geralt, frunciendo el ceño.
- ¡No te fíes jamás de una mujer sedienta! No tienen voluntad…- dijo riendo, mientras el brujo asentía con la cabeza y sonreía.
Milva bufó y miró a Regis fulminándole.
- Más bien no te fíes de la mujer que te da calabazas… ¡Porque te las volverá a dar!
Ante su comentario, la risa del vampiro se evaporó; en contrapunto, Cahir y Jaskier intentaron sofocar las suyas.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Muy entretenido y fácil de leer, me gusto bastante. Sigues teniendo en un puño las personalidades de los personajes (Cahir el que menos, pero porque no hace demasiado en esta historia). Los diálogos son interesantes y sacan alguna sonrisa (a mi siempre me causó gracia la forma de hablar de Milva).
Sobre los vampiros superiores, según las expansiones del The Witcher 3, sólo pueden morir a manos de otros vampiros superiores.
"Si te van a ahorcar pide leer Las Enseñanzas de un Brujo IV (http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html). Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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#3
Cahir es muy soso. Sólo me reí cuando le da el guantazo a Geralt por la ofensa y se lían a ostias. Me descojoné de la risa, y mas con Milva arreándoles con el cinturón a los dos pa que dejaran de pelearse. jajajjjajjaj! Buenísima escena del libro (del sexto).
Y según los libros también, (los vampiros) de ahí lo sacaron en el juego. Pero, depende de lo que les hagan, tardan más o menos en regenerarse.
Gracias por el comentario!

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#4
(19/04/2019 12:46 PM)Sashka escribió: Cahir es muy soso. Sólo me reí cuando le da el guantazo a Geralt por la ofensa y se lían a ostias. Me descojoné de la risa, y mas con Milva arreándoles con el cinturón a los dos pa que dejaran de pelearse. jajajjjajjaj! Buenísima escena del libro (del sexto).
Y según los libros también, (los vampiros) de ahí lo sacaron en el juego. Pero, depende de lo que les hagan, tardan más o menos en regenerarse.
Gracias por el comentario!

Por esa escena amé a Milva (bueno, y por muchas otras). Y sobre Cahir, siempre fue el más sosito de todos, pero era su personalidad. Y también hay que comprender su situación. Un noble caballero que ahora en su patria es considerado un traidor...Normal que no esté el hombre para chistes.

Ya iba predispuesto a que el relato me gustase porque me encanta ese grupillo (que por cierto, es muy Dungeons and Dragons: el caballero, el brujo, la arquera, el vampiro, y el bardo  Big Grin ). Como Sashka escribe de maravilla e imita el estilo de Sapkowski a la perfección, no ha defraudado mis expectativas.

Eso sí, te voy a poner dos "peros" ¿va? Que de vez en cuando también vienen bien  Tongue

No me gusta nada ese tipo de recursos de "desde el árbol escuchó la conversación completa". Será que estoy medio sordo, pero a mí me hablan a más de cinco metros y me tengo que acercar porque no escucho un carajo. Por muy silencioso que esté el bosque, no me trago que Milva, a esa distancia, se entere de cada palabra del capitán nilfgaardiano. Es una tontería, pero se trata de un detalle que en un relato tan bien escrito, pues desluce un poco.

Tampoco me ha quedado del todo claro que narices le pasa a la vampiresa. ¿Quiere desintoxicarse, pero a la mínima ocasión se pone a perseguir a Milva? ¿Por qué? Vale que esté con el "mono", pero joder, hubiera entendido que perdido el control al intentar rescatarles, cuando muere el primer soldado y huele la sangre...pero así, sin más, solamente porque Milva le ha caído mal...

Por lo demás, lo que te digo siempre. Ameno, pero imitando con éxito el estilo del autor, con personalidades (y los consiguientes diálogos) conseguidísimos, y detalles magníficos muy bien sacados (por ejemplo, lo del laúd elfo)  Wink
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#5
Ah y ojalá te animes a escribir uno con los mismos protagonistas, pero con Angouleme, quien a pesar de no tener demasiadas páginas, se convirtió gracias a su personalidad en uno de mis ídolos. Seguro que la clavas. Podría desarrollarse en Toussant, o camino del rescate de Ciri/Yennefer...en fin, petición de fan Big Grin
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#6
Qué laud elfo de Jaskier?

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#7
Luego  edito  y te contesto, Daghdha.

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#8
¡Pues yo rescataré mi laúd élfico!- se enfadó Jaskier-. Vaya trío de idiotas que estamos hechos.
Ahí tienes el laúd. ¿No es ese el que le dieron los elfos que estaban con el para de cabra ese que no me acuerdo como se llamaba?
"Si te van a ahorcar pide leer Las Enseñanzas de un Brujo IV (http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html). Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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#9
Si cuando conocen a Toruviel, la cabra se llamaba Torque. O Cabro, jajajaja!

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#10
Big Grin 
Jajajaja exacto, yo también pensé en eso! Me lo imagino dando patadas al piso, enfadado  sweat_smile
"Si te van a ahorcar pide leer Las Enseñanzas de un Brujo IV (http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html). Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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