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[FANFIC] Kaer Morhen (capítulo 17)- Saga Geralt de Rivia
#1
[Imagen: palette_8__geralt_and_tsirilla_in_brokil...6d0kx4.jpg]








Capítulo 17


Había amanecido hacía rato. Temblando de frío, dio media vuelta buscando el cálido refugio del cuerpo del brujo, pero el brujo no estaba. Cayó al suelo arrastrando la ropa de cama y se despertó de golpe, asustada, sin entender qué había pasado. Por un momento, no supo dónde estaba. Luego recordó. Estaba en Kaer Morhen. Sola.
Se vistió y se sentó en la cama, sin saber si bajar o ir a buscar a Geralt. Se decidió por eso último.

Llegó a la habitación y se detuvo, insegura, frente a la oscura puerta de madera, vieja y ajada como la misma fortaleza. Esperó unos instantes haciendo acopio de valor, pues se sentía insegura y todo le resultaba extraño y ajeno. Desde que llegaron, incluso Geralt le resultaba de algún modo extraño y ajeno. Ya no era tan… suyo. La noche anterior, cuando despertó gritando y él acudió, fiel a su promesa, le rogó e imploró que durmiera a su lado. Pero él, con palabras dulces y maneras suaves, se negó. Y no, no se quedó, la dejó anhelando estar aún en el camino, odiando la fortaleza ya la primera noche. Odiándole a él.

Llamó suavemente, como con miedo. Nadie le contestó. Con cuidado, despacio, abrió la puerta y se asomó. Hubiera imaginado cualquier cosa menos la austera habitación que se encontró. Aún tenía menos cosas que la más desangelada que hubiera visto en su vida. Contenía una cama, una mesita y un arcón, también de una antigüedad evidente. Eso era todo.
Las espadas del brujo estaban colgadas de un gancho en la pared, la capa y la ropa interior nueva, doblados dentro del arcón abierto, igual que el cofrecillo con cerradura de sus elixires. La manta de la cama estaba lisa y sin ni una arruga, como si nadie hubiera dormido allí, y sintió una punzada de culpabilidad al recordar el revoltijo que había dejado en la suya. Una lámpara de aceite, que una vez fue dorada, descansaba sobre la mesita. En el suelo había una piel marrón de algún animal grande, junto a la cama, haciendo las veces de alfombra, y de las paredes colgaban, como ornamento o trofeos, otras pieles más pequeñas de distintos tamaños.

Una mano se posó de improviso en su hombro y Ciri saltó.

—Buenos días, Ciri. Justo venía a despertarte —dijo Geralt—. Ven.

Ella le acompañó, contrariada por el susto que le había dado. La llevó de vuelta a su habitación.

—Como has visto en mi cuarto, todo ha de quedar ordenado antes de bajar a desayunar. Aquí no hay criados, cada cual cuida de sus cosas y mantiene el orden, personal y general. ¿Sabes hacer una cama?
—Claro. En la granja de Sodden me la hacía, también las de los chicos.
—Hoy te ayudaré, pero a partir de mañana no saldrás sin haberla hecho. Como todos.

Ella asintió y comenzó a deshacer el lío de sábanas y mantas sobre su cama. Geralt, efectivamente, la ayudó y pronto estuvo hecha.

—Vamos a desayunar, todos te esperan abajo.

Ciri sintió un nudo en la garganta al oír sus palabras. Tuvo un poco de miedo. Sólo un poco.
Con la mano de Geralt reconfortándola sobre el hombro, entraron en el enorme salón. La chimenea seguía encendida, pero con un fuego más moderado. Los brujos estaban sentados a la mesa, desayunaban queso, pan y huevos revueltos. Ciri reprimió las ganas de encogerse y mirar al suelo y concentró toda su voluntad en seguir erguida y con la vista al frente.

—Buenos días, Ciri —la saludó Eskel con una cálida sonrisa. El brujo veía claramente los ojos asustados de la niña y trató de infundirle confianza.
Ciri recorrió con la mirada los cuatro pares de ojos clavados en ella. Tragó saliva.
—Buenos días. A todos.
—Siéntate, Ciri —le dijo Vesemir afectuosamente—, desayuna, niña. Que Geralt te ponga lo que quieras en el plato. ¿Has dormido bien?
Ciri reprimió las ganas de decirle que había pasado frío, que la cama era incómoda y vieja, que el castillo era una ruina que la deprimía y que había echado de menos a Geralt. Pero actuó con la educación y amabilidad que le había pedido él.
—Sí, gracias, señor.
—Eh… no, pequeña. No soy un señor. Llámame Vesemir. Tío Vesemir.

Todos los brujos disimularon una sonrisa al oír la petición del viejo maestro. Les venía de nuevo, les chocaba muchísimo ese trato, les parecía gracioso el paternalismo del brujo.

—Gracias, tío Vesemir.

El hombre gruñó con aprobación y señaló sus sitios en la mesa con la cabeza para que tomaran asiento. Ellos lo hicieron y Geralt sirvió los dos platos.

—Tengo entendido que quieres ser una bruja, Ciri —dijo Coën.

La niña le miró y enrojeció. Coën sonreía amablemente desde su rostro barbado, pero, dicho de sus labios y ante tantos brujos, a Ciri le pareció, de pronto, una tontería.

—Sssí, eso dije…
—Bien, porque no te faltarán maestros. Tienes para ti sola a cinco brujos aburridos que pasarán aquí todo el invierno. Si quieres, podríamos empezar hoy mismo con las lecciones.
—Acabamos de llegar de un largo viaje, Coën, ya habrá tiempo para empezar—repuso Geralt, que leyó el rostro de la niña—. Cuando terminemos de desayunar, te enseñaré la fortaleza. Ahora es también tu casa.

Ciri asintió y sonrió forzadamente a Geralt.

La condujo por el edificio mostrándole la faz de lo que ahora era su hogar, la advirtió de los sitios peligrosos, en una de las alas, apuntalados o venidos abajo junto a un precipicio. Omitió el sótano, cuya puerta solía estar cerrada con llave. Ni siquiera lo mencionó, porque no le gustaba ver los polvorientos alambiques, los matraces, las botellas con restos de mutágenos secos y las mesas con las correas donde los niños eran atados para someterlos a las Pruebas que habían de transformarles en brujos. Geralt nunca bajaba al sótano.

Después la llevó por los exteriores del castillo, a los patios superiores, donde los brujos entrenaban, y el inferior, junto a la entrada de la fortaleza.
Caminaban por la muralla, contemplado el hermoso paisaje de las montañas que rodeaban Kaer Morhen en la mañana soleada. La niña se apoyó en la piedra áspera y fría y barrió con la vista el edificio. Tuvo que haber sido muy hermoso, pensó Ciri, pero está hecho una ruina, ¿por qué han dejado que llegue a este estado de deterioro?

—Ciri —dijo Geralt de pronto—, ¿has cambiado de opinión con respecto a entrenarte?

La niña dio un respingo. Luego pareció reacia a responder, pero la mirada de Geralt le exigía una respuesta.

—Ellos… ellos piensan que es perder el tiempo. Que no lo lograré, porque soy una niña.
—No me importa lo que piensen ellos. Sólo me interesa lo que tú piensas.
—Sigo queriendo ser una bruja, pero...
—Bien —la interrumpió—. Entonces, mañana empezaremos con el entrenamiento. Con lo básico. ¿Te parece bien, Ciri?
—Eeeh…sí. Geralt… ¿me enseñarás tú?
—Te enseñaré yo.

Ciri soltó un suspiro de alivio. Que al brujo no le pasó desapercibido.

— ¿Qué ocurre, Ciri?
—Ellos… ellos me aceptan por ti, no por mí misma. Piensan que soy un error.
—Pues demuéstrales que se equivocan. Gánate su respeto.
— ¿Cómo?
—Trabajando, esforzándote, demostrando de lo que estás hecha. Eres la Leoncilla de Cintra, no lo olvides.

Ciri hinchó los carrillos y soltó el aire poco a poco. Se encorvó ligeramente, como si Geralt hubiera soltado un gran peso sobre sus hombros.

—No me llames así. Yo ya no soy nada. Ni siquiera creen que pueda ser una bruja.

Geralt se agachó hasta que sus ojos quedaron a la altura de los de la niña y, con una mano, la sujetó por el brazo cariñosamente.

—No dejes que nadie diga quién eres por ti. Eres quien eres, Ciri. Nadie te lo puede quitar. Veo mucho de tu abuela en ti, tienes carácter, tienes determinación y eres fuerte. Por eso sobreviviste, pequeña. Así que nunca dudes de tu fuerza, y llegarás a donde quieras llegar.

Ciri suspiró, no muy convencida.

—Me esforzaré. Pero quiero que seas tú quien me enseñe.
—Y así será, Ciri. Vamos, cambia esa cara. Sabes que no me gusta verte así.

Lo intentó, lo intentó con todas sus fuerzas, pero sólo consiguió que su rostro pareciera una máscara con una expresión totalmente artificial. Geralt no dijo nada, pero empezaba a preocuparse. Lo último que había esperado, aquello con lo que no había contado, era que Ciri fuera infeliz allí.

Volvieron atrás paseando, llegaron a los patios superiores donde Lambert y Eskel estaban ya entrenado. Geralt la hizo sentarse junto a él en un murete para observar los ejercicios.
Ciri los miraba moverse con rapidez diabólica, atacando, fintando, parando, ejecutando piruetas, medias vueltas, cubriéndose… y sólo veía movimientos sin entender la finalidad de cada uno. Geralt empezó a explicarle lo que hacían y para qué lo hacían. Logró despertar su interés.
Tras mucho rato observando, terminaron los ejercicios y cada uno se fue a sus quehaceres cotidianos. Geralt y ella se levantaron también.

—Vamos a las cuadras, Ciri. Me ayudarás a limpiarlas.

Sardinilla les recibió con un alegre relincho. Geralt la acarició brevemente, tras lo cual buscó la horca y empezó a desplazar la paja sucia y los excrementos de los cinco cubículos ocupados por caballos.

—¿Qué hago yo?
—Rellena de grano los comederos.

Pronto terminó la tarea, se limpió las manos contra el vestido. Miró al brujo, que ahora cargaba en la herramienta manojos de paja limpia y la agitaba después, soltándola de los dientes dispersa por el suelo.

—¿Qué más hago?
—Coge otra horca y ayúdame a extender la paja limpia. Luego iré a por agua.

Ciri se acercó al palo de madera acabado en tres dientes de hierro que descansaba en un rincón, con otras herramientas. Pero al alargar la mano, una extraña aprensión la embargó, algo se agitó en su mente y no pudo cogerlo. Retiró la mano como si fuera a morderla y la apoyó en su pecho abriéndola y cerrándola, como si un incomprensible hormigueo la recorriera.

—Prefiero ir a por el agua —dijo, agarrando el asa del cubo de madera.
—No podrás con él cuando esté lleno, Ciri.
—Ya veremos —dijo, deseando salir de allí, presa de una turbación que no se explicaba.

Las tareas de acondicionamiento de los establos y el cepillado de los caballos les llevó lo que quedaba de la mañana. Eskel les fue a buscar para anunciarles que les estaban esperando para comer.

—¿Quién ha cocinado hoy?
—Coën.
—Veremos qué tal se le da.
—No es mal cocinero, pero tiende a abusar un poco de la sal.
—Qué se le va a hacer…

Después de comer ayudó a Coën a lavar los platos sin que nadie se lo dijera. Geralt le sonrió con aprobación, satisfecho, y ella se sintió contenta por primera vez desde que llegara. Luego deambuló sola por los patios, aburrida. Más tarde regresó y se sentó en la mesa, junto a los brujos, que debatían con interés sobre una inverosímil historia que había contado Lambert como cierta.
Se sintió sedienta. Sin que los brujos, enfrascados en su discusión, se dieran cuenta, cogió la jarra más próxima a ella de las que descansaban encima de la mesa. Porque esa jarra, pensó, debía de ser la de Geralt.
Cuando la jarra estaba ya en sus labios, mientras tragaba en largos sorbos su contenido, Eskel, que estaba frente a ella, se dio cuenta de lo que hacía. Los ojos del brujo se abrieron, alarmados.

—¡No! ¡No bebas eso, Ciri! —le gritó alargando hacia ella su mano por encima de la mesa.

Todos dejaron de hablar y la miraron pasmados, menos Geralt, que se levantó como un resorte y le arrebató la jarra. Pero ya estaba vacía.
Sintió un agradable calor extendiéndose por su cuerpo. Sonrió tontamente, luego rió sin motivo. Levantó los brazos, dio unas vueltas sobre sí misma, ante la mirada atónita de los brujos … Y cayó redonda entre los brazos de Geralt, que la atrapó al vuelo.

Todos sintieron el aura mágica, los medallones, sin excepción, se agitaron en sus pechos, escucharon la voz extraña, ajena, metálica y maligna, farfullando ininteligiblemente a través de los labios de la niña. Los brujos se asustaron.
Aquello no duró mucho, pero Ciri continuó inconsciente en los brazos de Geralt cuando acabó. Nadie dijo nada, todos le miraban a él, aturdidos, sin saber qué hacer ni qué decir. El brujo blanco pasó un brazo bajo sus piernas y la levantó. En medio del silencio lleno de preocupación, salió del salón y subió deprisa las escaleras.

No se movió de su lado hasta bien entrada la noche. Hasta que se convenció de que aquello ya era un sueño normal. Soltó su mano, depositándola sobre la cama, y besó su frente. Luego se levantó y salió de la habitación, bajó las escaleras y entró en el salón. Al entrar se produjo un pesado silencio y todos clavaron sus ojos en él.

—¿Cómo está la niña? —preguntó Vesemir, preocupado.
—Duerme.
—Geralt —habló Lambert—, ¿qué demonios ha sido eso? Todos hemos sentido el aura mágica. ¿Qué le pasa a Ciri?

Geralt se sentó pesadamente y cubrió sus ojos con una mano, se frotó las cejas despacio.

—No lo sé. Es la primera vez que le pasa algo así, que yo sepa. Quizá la Gabiota Blanca…
—Eso ha sido un trance. Decía tonterías, farfullaba, pero estaba en trance – le interrumpió Eskel—. Es mala cosa, Geralt, mala cosa para ella. Tú has visto, igual que todos nosotros, a esas locas a las que llaman oráculos…
—¡Basta! —cortó Vesemir al ver la extrema palidez del rostro de Geralt ante las palabras de Eskel—. No saquemos conclusiones precipitadas. Dejadlo ya. Lo importante es que la niña esté bien. Y tú, ¿estás bien, Lobo?

Geralt retiró la mano de su frente y se levantó.

—Cenad sin mí —dijo, sin contestar al viejo brujo—. No me esperéis.

Salió del salón y se perdió escaleras arriba.

—¡A veces me pregunto —dijo Vesemir, enfadado, cuando Geralt se hubo perdido de vista—, si sois de natural así de idiotas u os entrenáis para ello!


Abrió la puerta despacio, mirando a la cama donde ella seguía dormida. Estaba terriblemente preocupado, tanto que le pareció trivial y carente de toda importancia cualquier disciplina que hubiera resuelto imponer a Ciri. Se descalzó y se metió en la cama con ella, la abrazó empujándola contra su pecho.
Sí, sabía lo que había sido aquello, no tenían que decírselo. Sabía cómo podía despertar después de eso. No tenían que recordarle a aquellas locas llamadas oráculos, bien lo sabía él. Bien sabía él la herencia que corría por sus venas.
Todo eso lo sabía, lo que no sabía es qué hacer.

Ciri se movió entre sus brazos, abrió despacio los ojos; luego, al notarle junto a ella, los abrió de golpe.

—¿Geralt?
—¡Ciri! ¿Cómo te encuentras? ¿Cómo…cómo estás?

Tenía que hacerla hablar. Tenía que oírla, que saber si todo estaba bien en su cabeza.

—¿Qué…qué ha pasado? ¿Qué hago aquí?
—Perdiste el conocimiento.
—¿Cuándo? Y… ¿por qué?
—Tú, ¿te encuentras bien, Ciri?
—Sí… Pero, ¿Cómo…?
—Da igual, pequeña, ya ha pasado —dijo abrazándola, con un alivio que casi dolía. Todo parecía normal.

Ciri no entendía nada, pero le dio igual. Geralt estaba con ella, como antes.

—Geralt…
—Dime, Ciri.
—¿Te…—tituveó, con un poquito de miedo de hacer la pregunta—, ¿te vas a quedar conmigo esta noche?
—Sí, Ciri, esta noche dormiremos juntos. Nada podría arrancarme de tu lado, brujilla.

Y qué más daba, se dijo el brujo. Solo le importaba que ella estuviera bien, y aún resonaba en él el eco del susto que se había llevado. Sus prioridades habían dado un vuelco. Por qué obligarnos a algo que ninguno de los dos queremos si, a fin de cuentas, todos pendemos de un maldito hilo, pensó, de un hilo que, en cualquier momento, sin saber cómo ni cuándo, puede ser cortado. Ya habrá tiempo para enseñarla a ser adulta, aún es una niña.
Y quería que fuera feliz.

No sabía qué había pasado, no lo recordaba, pero se alegró mucho de lo que fuera que hubiera ocurrido. Se acurrucó contra él, una vez más, y dejó que la arropara con su añorado calor, tan contenta como él. Todo, de nuevo, volvía a estar bien.





LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Excelente capítulo Exclamation me repito más que el ajo, pero es que no hay ninguno que me decepcione, mantienes el nivel de manera soberbia  Big Grin otras cinco estrellas 

Venga, te voy a poner un pero para que no sea todo arcoiris. ¿Por qué no te has atrevido a escribir lo que les dice la voz a los brujos? Con lo bien que imitas el estilo de Sapkowski, seguro que no hubiera quedado nada mal.
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#3
Porque, según el libro, solo balbucea de manera que no se entiende nada...no me atreví a hacer algo fuera de lo descrito, aunque lo baraje, no creas que no.
Gracias, Daghdha!
Omg, ya estoy por el siguiente, los brujos me dan muchísimo juego, esto va a ser muy divertido!
Aunque el entrenamiento me va a costar muchos sudores...

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
Leído y con la música, oh, que bueno está leer asi! La emoción es distinta, el ambiente es distinto, todo se hace más palpable. Ya me has dado ganas de volver a jugar al Witcher 3 Big Grin
"Si te van a ahorcar pide leer Las Enseñanzas de un Brujo IV (http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html). Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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