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[FANFIC] Kaer Morhen (capítulo 19)- Saga Geralt de Rivia
#1

Capítulo 19



Nada mas despertarse supo que estaba sola. Sin abrir los ojos, palpó la cama sabiendo que él no estaría ahí, que ya no quedaría ni siquiera el residuo de su calor. Geralt se había ido, lo cual quería decir que era tarde. Rápidamente de vistió e hizo la cama, luego bajó a desayunar como cada día.
No estaba en el salón con los demás brujos, que justo se acababan de sentar a la mesa, no era tan tarde como ella había pensado. Le extrañó.

—Buenos días.
—Buenos días, Ciri —le contestaron ellos.
—¿Dónde está Geralt?
—No lo sé, niña —negó Vesemir.
—Ha ido a cazar —le dijo Eskel —. Salió al amanecer.
—Oh…  ¿Y mi entrenamiento?
—Primero desayuna —le dijo el viejo brujo—, luego ya veremos.

Después de desayunar, la niña salió al patio. Ya no había nieve, se había derretido hacía dos días al mejorar el tiempo y salir el sol, se habían acabado de momento las batallas.
Sin Geralt no podía entrenar. Practicar con los muñecos sin romperlos la aburría, así que no iba a hacerlo. Se sentó en el murete a pensar en lo que podía hacer.
Lambert y Coën salieron del edificio con sus espadas. La saludaron.

—¿Qué haces ahí parada, Ciri? ¿No piensas entrenar hoy? —preguntó Coën.
—Geralt no está.
—¿Y qué? Tienes los maniquíes, puedes practicar posiciones, puedes correr en la Senda —le sugirió Lambert.

¡La Senda! Abrió los ojos como platos.

—¿Puedo correr la Senda, Lambert?
—No veo por qué no.
—¿Dónde está?
—Pasa el puente y ve hacia la torrentera, a la izquierda. Verás el camino.

Saltó como un resorte y se dirigió al rastrillo de la entrada. Estaba abierto, así que corrió sobre el puente procurando no mirar las calaveras de la fosa, pasó la barbacana, siguió hacia el torrente y encontró la Senda, también llamada el Matadero.

Coën miraba a Lambert turbado.

—A Geralt no le va a gustar eso, Lambert…
—Geralt se comporta como una gallina clueca con la niña. Tiene que espabilar y endurecerse, ya es hora.

No estuvo de acuerdo con Lambert, entre otras cosas porque supo que eso iba a traer problemas. Pero no dijo nada más.

Creía que estaba preparada, pero al poco se dio cuenta de que no lo estaba, no sabía controlar la respiración, no era lo suficientemente ágil, no conocía el camino. El pelo se le enredaba con la densa vegetación y tenía que detenerse de vez en cuando para separar con los dedos los mechones enganchados dolorosamente. Y al final pasó lo que tenía que pasar, que al saltar un pronunciado desnivel de rocas cayó de mala manera y se torció el tobillo.
El dolor de la torcedura no la dejó levantar. No había dónde apoyarse, así que se arrastró hasta la piedra desde la que había saltado y se agarró como pudo para ponerse en pie. Intentó andar, pero el pie le falló y volvió a caer. Buscó con la vista algún palo que pudiera hacer las veces de bastón o báculo, vio algo que podía servirle y gateó hasta allí. Se levantó de nuevo ayudándose de un árbol y empezó a caminar penosamente, casi a la pata coja, apoyada en el cayado. Y caminó hasta que unos peñascos que bloqueaban el camino la convencieron de que con el pie así, jamás podría escalarlos. Se sentó pensando que no sabía cómo iba a salir de ésa.

Geralt regresó con una cabra muerta a los hombros, la dejó caer en la mesa de piedra del patio, guardó en la armería la ballesta y fue a buscar los cuchillos para desollarla y despiezarla. Comerían carne hoy.
Entró en el salón y de allí a las cocinas, se extrañó de no haber visto a la niña ni fuera ni dentro. Con los cuchillos de despiece en la mano, se acercó a Vesemir.

—¿Y Ciri?, ¿sabes dónde ha ido a haraganerar? Esperaba verla entrenando fuera.
—No la he visto desde el desayuno, Lobo. Salió al patio y aquí no ha vuelto.

Geralt gruñó y salió del salón, subió las escaleras, inquieto. No le gustaba ignorar el paradero de Ciri.
Dejó los cuchillos junto a la cabra y miró alrededor. Llamó a la niña, pero nadie le contestó. Tal vez haya ido a explorar el castillo, se dijo. La muralla, aunque en algunos trozos el adarve estaba en ruinas, comprendía una gran extensión rodeando la amplia superficie de la fortaleza. Siguió llamándola, en las montañas el eco repetía el nombre de la muchacha, sin duda le oiría y contestaría.

Ciri, cansada de esperar, se había encaramado como pudo a las rocas que bloqueaban el paso. Pero ahora estaba en un aprieto mayor, puesto que habría de bajarlas forzosamente y no sabía cómo lo iba a hacer sin resbalar y partirse la crisma.  Tuvo ganas de llorar, pero no se lo permitió. Había desobedecido a Geralt, le había dicho que no estaba preparada, y ella no le había creído. No llores, eres una bruja, pórtate como una bruja. Sé consecuente con lo que has hecho, ahora tienes que apechugar, pensó.
Envalentonada, extendió las piernas hacia abajo, tiró el cayado y se deslizó detrás, con cuidado. Pero perdió el control en la abrupta bajada, no pudo agarrarse a la piedra lisa y su cuerpo giró y se inclinó. Cayo en plancha sobre la hierba y las hojas secas, gimió dolorida y notó las lágrimas escociéndole en los ojos. Nunca iba a salir de allí sola.
En algún momento notarían su ausencia, Geralt regresaría de cazar y se daría cuenta. La buscaría al no verla, preguntaría, y Lambert o Coën le dirían dónde estaba.
Y entonces le oyó, el eco repetía su voz llamándola. Tomó una profunda bocanada de aire para responderle.

Coën salió de las cuadras al oír a Geralt. Se acercó a él.

—¿No ha vuelto aún la niña? —se extrañó.
—¿No ha vuelto de dónde? ¿Dónde ha ido, Coën?

Coën bajó los ojos ante la mirada inquieta del Lobo Blanco. Sabía lo que iba a opinar al respecto del paradero de Ciri.

—Fue a la Senda.

Geralt maldijo. De un modo muy feo. Se enfado muchísimo, seguía maldiciendo mientras encaminaba sus pasos al Matadero.

—Obstinada cabezota, le va a caer un castigo que…

Y entonces la oyó. Gritaba su nombre.

—¡¡Geraaaaaaaaaaalt!! ¡¡Ven a buscarme, no me puedo moveeeeeeeeeeeeeeeeeer!!

Ambos brujos, entonces, arrancaron a correr.
Subieron peñas y las bajaron con agilidad, saltaron grietas, esquivaron ramas y serpentearon con el camino hasta encontrarla.
Estaba sentada en el suelo, magullada, un poco asustada. Geralt llegó el primero hasta ella y se agachó a su lado. De momento, la preocupación desplazó a un lado su enfado. Coën se acuclilló también y le sonrió.

—¡Ciri! ¿Qué ha pasado? —preguntó el brujo albino.
—Me he torcido el tobillo. No puedo andar…

Geralt no dijo nada más, la levantó y luego la izó hasta sus hombros. Comenzó a caminar de regreso a la fortaleza.

—Geralt, ¿estás enf…?
—Sí, Ciri, lo estoy y mucho —la interrumpió él, con la voz helada que empleaba cuando estaba muy enfadado—. Más tarde hablaremos de tu desobediencia. Y muy en serio.
—No he hecho nada malo. Lambert me dio permiso —le dijo un tanto irritada—. Él también es un brujo y puede dármelo. Tú lo dijiste cuando llegamos, se lo dijiste a todos. Les dijiste que yo era su destino, no sólo el tuyo.
[Imagen: dbw4l6r-6d2c1ab4-f95e-4bcd-aacd-6b0a7354...X1Z7ugMI1Y]

Geralt apretó los labios y frunció el ceño. ¿Había en el tono de Ciri un cierto reproche? No podía refutarle, tenía razón. Y eso no hizo más que acrecentar su enfado. Ella, sin embargo, estaba tranquila sobre sus hombros, recorriendo la Senda cómodamente y sin molestias en el tobillo.
Coën callaba, caminaba detrás de ellos en silencio. Podía oler que se acercaba una buena tormenta.

Vesemir le estaba vendando el pie lleno de ungüento a Ciri. El hombre la miraba de tanto en tanto y movía la cabeza con desaprobación, nada contento con su hazaña. Luego miraba a Geralt, le observaba continuamente con el rabillo del ojo, y fruncía el ceño.
Geralt estaba sentado de espaldas a ellos, mirando al fuego con los brazos sobre sus muslos, inclinado hacia delante. No había despegado los labios.
Lambert bajó entonces las escaleras y apareció en el salón. Vesemir se puso tenso y dejó de prestar atención a la venda y al pie de Ciri, estaba pendiente de Geralt.
Y Geralt se levantó y miró a Lambert a los ojos con una mirada pétrea.

—Lambert, ven conmigo.

Los demás brujos los observaban disimuladamente, fingiendo tener su atención en otros asuntos. Hasta Ciri se dio cuenta de la tensión en el ambiente, los miró en silencio y un poco acobardada.
Condujo a Lambert a las cocinas, entraron los dos y cerró la puerta. Luego se volvió hacia él.

—Sabías que no quería que la niña corriera el Matadero y la autorizaste. Por tu culpa, se ha hecho daño, no me importa si mucho o poco. Lo que me importa es que se ha hecho daño. Has pasado por encima de mi juicio, y eso no volverá a ocurrir. No volverá a ocurrir, Lambert.
—Proteges demasiado a la niña. Con tu actitud, nunca llegará a nada. Tiene que endurecerse, ¿has olvidado cómo nos entrenaban a nosotros?
—No lo he olvidado, por eso no procederé con ella de esa manera. Y los demás lo respetaréis.
—¿Acaso no pediste nuestra ayuda? ¿No se podrá discrepar contigo en referencia a ella?
—Se podrá, pero mía será la última palabra. En todo lo que respecta a ella. Así que espero que no vuelvas a contradecir mis decisiones.
—Te has tomado muy en serio tu papel de padre, Geralt —se burló Lambert.
—Parece que ya empiezas a entenderlo, Lambert. Aunque te burles, aunque te rías, pero lo entiendes. Sí, Ciri es como una hija para mí. Y no tiene otro padre más que yo. Por eso sólo yo decidiré lo que es mejor para ella.

Lambert borró la sonrisa burlona de su rostro y, por un momento, pareció avergonzado de su actitud.

—Está bien, Geralt. Será como tú dices.

Les oyeron hablar sin entender lo que decían, la voz de Geralt era dura pero calmada, Lambert parecía más alterado. El intercambio de palabras fue breve en realidad, Geralt no era dado a decir más que lo justo y necesario. Pronto salió de allí, se detuvo un momento y clavó la mirada en Coën y Eskel.

—Enteraos bien todos:  la última palabra la tengo yo. Ya sabéis de lo que hablo. Si hay que tomar una decisión de cualquier índole, vendréis a mi y nunca pasaréis por encima de mi parecer. ¿Ha quedado claro?

Los dos asintieron. Vesemir terminó de vendar el pie a la niña y Geralt la cogió en brazos, la cubrió con su capa al pasar junto al colgador y subió con ella escaleras arriba.
Lambert salio de la cocina y todos le miraron.

—¿Todo bien, Lambert? —se preocupó Vesemir.
—Todo aclarado, por lo menos. Ahora tengo claro que Geralt se comporta como un lobo protegiendo a su cachorro. Es cuestión de no meterme más en lo que no me importa.
—Pues entonces no has entendido nada —le dijo el viejo—. Todos nos comportamos como lobos protegiendo a un cachorro, pero el cachorro es suyo. Eres el único al que ha habido que explicárselo.
—¿Me estás llamando tonto, Vesemir?
—Lambert —ladró el viejo brujo, cansado ya del carácter desafiante del otro—, Te estoy diciendo que no le toques los cojones a Geralt. Ni tampoco a mí, ¿está claro?  

Sentada en un poyete saliente de la muralla, observaba con un poco de asco a Geralt despellejando a la cabra sobre la mesa de piedra. La capa negra del brujo la envolvía como un marco que realzaba sus cabellos cenicientos y sus mejillas rosadas, sus ojos se veían de un verde limpio como la hierba de primavera. Parecía un angelito, pero un angelito travieso y con más peligro que un vampiro superior descontrolado.

— Geralt, ¿has reñido con Lambert? —preguntó ella tras un rato reflexionando.
—No.  Sólo le he aclarado las cosas.

Debe ser verdad, pensó ella, porque se le ve muy tranquilo. Pero con él nunca se sabe… ¿Está enfadado conmigo? Porque debería estarlo. ¿Está disimulando su enfado? Tengo que averiguarlo.

—En realidad él no ha tenido la culpa. Fui yo, te desobedecí. Me aproveché de lo que dijo sabiendo que tú no querías que fuera.
—Mmmhmm mhmmm. Lo sé.
—Geralt, ¿vas a castigarme?
—¿Debería? —preguntó mientras retiraba la piel y la colgaba entera de una cuerda para dejarla secar.

Ciri se mordió el labio.

—Sí. Me he portado mal desobedeciéndote y he hecho que Lambert y tú os enfadéis.
—No nos hemos enfadado.
Segunda negación.  
Geralt abrió el vientre de la cabra y las vísceras se desparramaron sobre la mesa.

—Aún y así… ¡Auuuuuuuuuuuuuggggg, qué asco, Geralt! ¡Qué mal huele!

Él rió bajito. Buena señal. Cuando está enfadado nunca se ríe.

—Tienes ya tu castigo, Ciri.
—¿Qué? ¿Qué castigo?
—Tu pie. Ese es tu castigo por desobedecer, y me parece suficiente. Porque ocurrirá que, en los días que no podrás entrenar, Vesemir va a enseñarte la teórica del oficio. Es tan aburrido que de por sí ya es un castigo.
—Geralt…
—¿Sí, Ciri?
—El día que esté preparada para correr la Senda… esa primera vez… me gustaría que me acompañaras.
—Eso tenía pensado, pequeña. Y no sólo la primera vez, sino hasta que estés lista para hacerla sola —el cuchillo se detuvo, lo dejó sobre la mesa y se incorporó. Se acercó a ella y apoyó sus manos ensangrentadas en el muro, a ambos lados de la niña, la miró a los ojos, profundamente—. Ciri, quiero que aprendas, que prosperes, pero no a costa de más sufrimiento del que de ya de por sí te costará. Es muy duro, mucho, aún no lo sabes. Más de un día te acostarás dolorida y apaleada por el molino o por el péndulo, o por una caída del peine… Voy a ahorrarte lo que pueda. No me gusta verte sufrir. Por eso te pido que confíes en mí.

Ciri se quedó callada porque entendió. Y se emocionó. Unas traidoras lágrimas le escocieron en los ojos. Cuando el brujo le hablaba mostrando sus sentimientos le causaba este efecto, porque no quedaba ya nadie que se preocupara por ella como él lo hacía. Le echó los brazos al cuello, no pudo evitar el impulso.

—Lo siento, Geralt… A veces se me olvida lo mucho que me quieres.

Él correspondio a su abrazo procurando no tocarla con las manos llenas de sangre.

Eskel y Coën salieron en ese momento, les vieron, aflojaron el paso. No sabían si interrumpir el momento íntimo, pero mientras avanzaban Geralt rompió el abrazo y volvió al despiece de la cabra. Siguieron caminando hasta ellos.

—Venimos a ayudarte con la cabra, porque me temo que si no hoy no comeremos —bromeo Eskel.
—¿A quién le toca cocinar? —preguntó Geralt.
—A ti —dijeron a duo los dos brujos.
—Bien, me alegro, pues, de haber ido de caza. Voy a hacer un asado que os vais a chupar los dedos.
—Todos hacemos asados para chuparse los dedos, Geralt. Es lo único caliente que se puede hacer por los caminos. Es lo único decente que sabemos cocinar.
—Por eso. Alegraos de que haya ido de caza, pues hoy no habrá bazofia para comer. Eskel, ve a por dos cubos de agua para limpiar de sangre la mesa, las vísceras las dejaremos para los cuervos.
—Voy.

Y Geralt cumplió su promesa, se chuparon los dedos con el asado. Incluso Ciri, después de comerse sus setas y su ensalada, comió carne con deleite.
Después, cuando la tarde declinaba, Vesemir trajo un grueso volumen, se sentó junto a Ciri y lo abrió encima de la mesa. Geralt afilaba su espada cerca de ellos, de cara al fuego.

—Bueno, niña, vamos a estudiar monstruos, sus características y el modo de combatirlos. Mira esta ilustración —dijo inclinando el libro para que ella pudiera verla—. Esto es un Yghern, un miriápodo, su nombre científico es escolopendromorfo… parece que los científicos quieran que nos hagamos un nudo en la lengua al ponerles nombres a los especímenes, su puta madre… Perdón, Ciri. Como te decía…
—¡Eh, yo he visto uno de estos!
—Qué vas a haber visto tú…
—No miente, de bien cerca lo vio —intervino Geralt.

Vesemir alzó las cejas, sorprendido.

—Tú lo mataste —dijo la niña, excitada al recordar—, pero si no es por Braenn…
—Cierto, se había enrollado en mi pierna y me hubiera clavado las tenazas de no ser por las flechas de la dríada.
—A ver, niña, explícame eso. Cuéntame esa historia, distrae a este viejo con algo original que, de paso, viene bien a la lección de hoy.

La clase teórica no resultó en absoluto lo aburida que le augurara Geralt. De hecho, les gustó mucho… a todos los brujos, que contaron sus historias sobre ygherns reunidos en torno a la mesa al calor del hogar.
Después de cenar, los brujos se sirvieron, como casi cada noche, sus jarras de gaviota blanca. Charlaron. Ciri estaba atenta al modo en que se miraban y se trataban Geralt y Lambert, y se quedó tranquila al ver que no había tirantez entre ellos. Al menos aparentemente. Después, cuando todos hubieron apurado las jarras y la conversación, se levantaron y se despidieron. Geralt la cogió en brazos y la llevó a la habitación.

Se metió en la cama después de ella, y se extendió a su alrededor, pegándose a la espalda de la niña, que, como siempre, temblaba a acusa de las sábanas frías.

—¿Cómo va tu pie, Ciri? ¿Te duele?
—Un poco, si lo muevo.
—Mejorará pronto con el ungüento de Vesemir.
—Geralt… estaba pensando en cuando nos conocimos en Brokilón…
—Mhmmm…  Qué aventura —sonrió el brujo.
—Me da vergüenza pensar cómo me comporté. Era muy tonta, ¿eh, Geralt? Con eso de cortaros la cabeza a ti y a Braenn, tratándoos como lacayos…
—Qué va, fue muy divertido. A fin de cuentas, princesa eras, acostumbrada a hacer lo que querías…
—Y seguramente seguiría siendo una princesa tontaina si no llega a pasar lo que pasó.
—Mira, Ciri, debajo de esa princesa consentida había un buen fondo. Es el que ha terminado aflorando al irse la princesa, porque ya estaba ahí. Y me lo mostraste ya entonces, por eso fue allí donde aprendí a quererte, pequeña. No seas tan dura contigo.
—Me sorprende lo bueno que eres.
—No te confíes demasiado.
—¡Ja! Si algo me has enseñado, es que puedo confiar en tí. Ahora no te sirve quererte hacer el duro conmigo.
—¿Usas mis propias palabras en mi contra?

Ciri bostezó con fuerza.

—No en tu contra. A tu favor, siempre.

Geralt sonrió.

—Buenas noches, brujilla.
—Buenas noches, Geralt.

Se levantó viento, se colaba de nuevo por la ventana mal ajustada, silbaba y ululaba y asustó a Ciri, estaba casi dormida y la despertó. Él la abrazó más fuerte.

—No pasa nada, es el viento. Duerme, Ciri, estoy a tu lado.

Se tranquilizó al momento, se relajó. Geralt pensó antes de dormirse que debía arreglar sin falta ese maldito postigo.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Ok, comento acerca tanto de este como del 18.

Siempre teniendo presente que es un fan fic, te aseguro que los dos capítulos me han parecido formidables. Ya me gustaban mucho los del viaje como bien sabes, especialmente y para mi sorpresa aquellos en los que intervenía Jaskier por lo bien que representabas las conversaciones, pero es que creo que la parte Kaer Morhen se te da especialmente bien.

En Ellander, si bien en general disfruté mucho, había momentos mejores que otros. En el camino, lo mismo. Sin embargo, aquí todo me gusta. El entrenamiento, las reticencias iniciales de Ciri, la firmeza edulcorada de Geralt, y el resto de brujos. Vesemir lo clavas, es el abuelo que Ciri nunca tuvo, y no cuesta nada identificarlo con el de Sapkowski. Esto mismo pasa con el "rebelde" Lambert, mucho más fiel a los libros que el de los juegos (por lo menos a mis ojos).

Son dos capítulos que me han dejado con muy buen sabor de boca y ganas de más.

Venga, por ponerte un pero, para que no te lo tengas tan creído: ya va siendo hora de que Ciri duerma sola definitivamente, ¿no? Que va a llegar Triss y se va a escandalizar (y encelar Rolleyes ).
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#3
Yo también  he  disfrutado  muchísimo  escribiendo  estos  dos  capítulos. Ni te  imaginas...quizá por eso se nota. Con respecto a lo de dormir juntos, no te preocupes, tengo pensado cómo será y por qué. Déjalos, que hace aún mucho frío por las noches!
Creo que hasta resultará lógico...y no te digo más,  jeje!
Me ha  alegrado que te gustaran.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
Primer capitulo que leo de esta historia (aunque debería empezar por el principio, lo sé Angel ) Me ha gustado. Los personajes están muy bien caracterizados y la lectura se me hace muy amena.
Entiendo que es una precuela o interludio en La Sangre de los Elfos, ¿verdad?
Por soltar un "pero", me saca un poco de lugar que Geralt sea tan cariñoso con Ciri. Quizás tengo un poco desactualizados los libros, pero no recuerdo abrazos o que durmieran juntos, siempre lo he tenido como alguien mucho frío, incluso con Ciri, aunque puede que si leo desde el principio del fanfic entienda el desarrollo.
Lo dicho, me ha gustado mucho.
Responder
#5
Gracias, Sento. Bueno, leerlos desde el principio tiene su punto, claro.
Pues si, Geralt suele ser cariñoso con Ciri y está mucho por ella, cuando lees te das cuenta (en La Sangre de los Elfos, mismo, cuando la lleva a ver lo que queda de Shaerrawedd las rosas élficas azules, la abraza tras explicarle lo que significa para él ser neutral), y hay más ocasiones en que se muestra cariñoso. Yo es k para estos fanfics casi me he estudiado los libros.
Repito que sí es cariñoso con ella, pero en realidad están poco tiempo juntos porque Sapkowski omite casi todo ese tiempo y me lo deja para que lo explique yo XDDD.
Un saludo.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#6
Bueno, este era el último capítulo que me quedaba por leer. Me alegra haberlos leído a cada uno, he pasado varios ratos entretenido y divertido, por momentos apenado, porque no. Gracias por todos ellos.
Hablando en exclusiva de este capitulo, a mi Lambert siempre me ha parecido un idiota bastante incordioso, y por eso me cayó bien desde el comienzo jajaja. Es, de los brujos, el más diferente a Geralt, y por eso a veces suceden estos encontronazos (normales, por supuesto). Después de todo, Lambert tiene algo de razón respecto a Geralt y su comportamiento con Ciri.
Me gustan las intervenciones de Vesemir (me inspiran jeje) tanto en este capitulo como en los dos anteriores.
Ninguna pega para ti.
Solo otro pequeño error: "Rápidamente de vistió"
"Si te van a ahorcar pide leer La Fuerza del Destino Capítulo 14 (http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html) Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
Responder


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