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[FANFIC] Kaer Morhen (capítulo 20- Saga Geralt de Rivia
#1

Este es un capítulo triste y duro, de cambios, pero necesario a mi parecer. Ya vendrán de más divertidos.


[Imagen: 10o3ztv.jpg]


Capítulo 20



Pasadas dos semanas empezó el verdadero entrenamiento para Ciri. Trajeron para ella, de algún oscuro y polvoriento rincón, un aparato de madera que bien parecía un artilugio de torturas. Lo colocaron dentro de la fortaleza, en el descansillo circular desde donde partían las escaleras que subían a las habitaciones y las que bajaban al gran salón, que comprendía la completa extensión de la torre.

Ciri se quedó mirando el aparato anonadada. Parecía un barril, de la altura de Geralt, del cual salían palos a intervalos regulares, a dos niveles e intercalados. Cuatro palos abajo, que le llegaban a la niña por debajo de las rodillas, y cuatro arriba, por debajo de sus hombros. Tenia un mecanismo que lo hacía girar, y cuando giraba los palos se agitaban. Su finalidad era potenciar la agilidad y la habilidad de esquivar como un reflejo condicionado, automático.

También en el patio, donde el armazón de madera llevaba un cuarto de siglo sin sus complementos, colgaron para ella un péndulo y una bolsa de cuero. Le explicaron que servía para practicar los pasos de espada combinados y el espacio en su ejecución.

Limpiaron de broza y pinaza el peine, que consistía en una serie de troncos clavados en el suelo en línea recta con una altura de algo más de un metro, usado para practicar el equilibrio en los pasos de espada.
Pronto entendió que Geralt no había exagerado cuando le dijo que sería duro.

Primero la pusieron ante el molino.

—¿Qué es esto, Geralt?
—Lo llamamos el molino. Verás, Ciri —le explicó Geralt mientras ajustaba la velocidad del artilugio—, este aparato gira y tienes que saltar los palos de abajo y enseguida esquivar los de arriba.
—Y, ¿cómo puede girar?
—¿Crees que eso es lo importante? Lo importante es que el molino gira, y te derribará si te golpea. A veces hacia un lado, a veces hacia el otro, varía cuando quiere. Eso es cuanto debes saber.
—Uno si, uno no, uno sí, uno no…—contaba Ciri—, osea, salto el de abajo y esquivo el de arriba. Parece fácil.
—Cuidado, los palos se mueven, así que tú también tienes que moverte. Recuerda que gira a ambos lados a voluntad, no basta con repetir un patrón. Rapidez, sí, pero también necesitas reflejos. Para empezar, lo pondremos despacio; a medida que mejores iremos aumentando la velocidad. ¿Estás preparada?
Geralt soltó el saco de arena de la polea y el molino comenzó a moverse.
—Sí.

Daba auténtico miedo, tenía un aspecto realmente amenazador, pero se obligó a avanzar hacia el monstruo de las estacas. Ciri saltó el primer palo, echó el cuerpo hacia atrás y esquivó el segundo.

—Bien, así, pero no te confies. ¡Salta! ¡Esquiva!
—¡Auuuuuuuuuuh!
—¡No te quedes parada, sigue, o te volverá a golpear!
—¡Ayyyy!

El palo barrió su pierna y la lanzó al suelo. La niña no sabía si frotarse el brazo o el tobillo. Había recibido dos buenos impactos, y no recibió más porque Geralt la arrastró fuera del alcance del diabólico aparato.
Evitó mirarla a los ojos, no quería ver las lágrimas que, seguramente, estarían anegándolos, porque sabía cuánto dolían los golpes de los palos. Se dio cuenta de lo difícil que se le iba a hacer, de que lo iba a pasar tan mal como entonces, cuando era él el que recibía los estacazos.

—¿Te duele?
—No mucho —mintió.
—Vamos otra vez, acércate. ¿Preparada? ¡Salta! ¡Esquiva! ¡Cuidado, que cambia de dirección!

Una hora de molino fue suficiente para Geralt. Y, por supuesto, para Ciri. Aunque parecía que en un momento dado la niña empezaba a espabilarse y a hacerlo bastante bien, dos nuevos impactos la tiraron y el dolor, probablemente, no la dejó concentrarse lo suficiente. El entrenamiento acabó con unos cuantos porrazos más.
Geralt entró en el salón solo, Ciri había ido a la habitación por orden suya. Vesemir le miró expectante.

—¿Qué tal ha ido? —le preguntó el vejete.

Geralt no contestó, se limitó a lanzarle una mirada significativa.

—¿Qué esperabas, Lobo? —se rió Vesemir—. Nadie nace enseñado, te lo aseguro.
—Lo sé —respondio sombrío.
—Veo —dijo borrando la sonrisa de su rostro. El viejo le entendía, vio claramente el motivo de su actitud hosca—, que vas a necesitar ayuda. La tienes al alcance, Geralt, lo sabes. No estás solo en esto. Habla con los chicos.

El brujo albino asintió despacio. Sí, hablaría con ellos. No se veía capaz de llevarlo todo. Su afán por protegerla era demasiado fuerte como para soportar verla sufrir durante horas, un día tras otro.

—¿Dónde está ese ungüento tuyo, Vesemir? Ciri lo necesita.
—Ahora te lo traigo. Tendré que ponerme a hacer más… bastante más.



—Empezaremos con lo más fácil, Ciri—dijo Eskel—. Tienes que efectuar los pasos de espada que practicas con Geralt, pero sin caerte del peine, manteniendo el equilibrio. ¿Estás lista?
—Sí…
—¡Paso adelante, ataque, paso atrás! Muy bien, Ciri. Otra vez. Cuidado, levanta más los pies o tropezarás y te caerás. Así. Y de nuevo… ¡Eh, equilibra, equilibra la espada que te vas abajo!
—Huyyyyyyyy de qué me ha ido…
—Claro, porque eres una torpona. Tienes que coger la espada con firmeza o te hará caer cuando ejecutes los pasos, si la coges así te desequilibra. ¿Lo entiendes?
—No soy tonta, si me lo explicas claro que lo entiendo, Eskel…
—Pues venga, listilla, otra vez. ¡Paso adelante, ataque, paso atrás! Bien, Ciri, muy bien. Otra vez.



—Verás que con un solo péndulo no es para nada complicado, Ciri. Se trata de que calcules el tiempo entre el vaivén del péndulo para pasar y golpear con la espada la bolsa. Usando un quiebro antes de entrar y una media pirueta para pasar, te dará el ímpetu necesario para golpear la bolsa. ¿Lo has entendido?
—Mmmhmm, creo que sí.
—Bien. Colócate a dos pasos del péndulo. Ahora lo pongo en marcha, ¿preparada?
—Sí.
—¡Ya!
—¡Jaaa! ¿Lo hice bien, Geralt?
—Para ser la primera vez, no ha estado mal. Pero procura no desplazarte tanto o tendrás problemas cuando coloquemos el segundo péndulo. Más ajustado, Ciri. Probemos otra vez. ¿Lista?
—Sí.
—¡Adelante!
—¡Ay! ¡Ufff!
—Mal. Te dije más ajustado, no que te metieras delante del péndulo… ¿te has hecho daño?
—No…
—Venga, otra vez.

Durante y después de la cena, Ciri estuvo más callada que de costumbre. Geralt la miraba un poco preocupado, pero sabía que había sido un día duro para ella. Se había acabado el juego, ahora era de verdad, y esa realidad dolía en forma de moratones. Lo sabía, todos los sabían porque habían pasado por ello.

Cuando se acostaron esa noche, Ciri gimió cuando trató de abrazarla como solia hacer. Le dolían los golpes del molino en los brazos y en las piernas.

—Ciri —le dijo Geralt—, ¿te has puesto el ungüento de Vesemir?
—Esta mañana…
—¿Dónde lo has dejado?
—En la mesilla.

Geralt se giró y cogió el bote de cristal, lo destapó y metió los dedos, los sacó con una bola de pasta de color pardo.

—Destápate. ¿Dónde te duele?
—Aquí, aquí y aquí.

El brujo untó con cuidado el ungüento en el brazo, la cadera y la pierna de Ciri. Ella siseó un poco y él maldijo mentalmente. Cuando terminó, tapó el bote y se limpió la mano con la sábana. Ya la cambiarían por la mañana, pensó despreocupado. Volvió a cubrir sus cuerpos con las mantas, pero no se atrevió a acercarse a la niña, y ella tampoco se acercó a él.


Al día siguiente se despertó sola. Le costó despertar. Sentía dolor en todo el cuerpo y cansancio. Cuando se incorporó sintió calambres en la barriga y en las piernas, pero se levantó igual. Se mareó ligeramente, se apoyó en la cama y vio la sangre.
Se miró las piernas, le sorprendió la vista de los cardenales que habían aparecido, pero no vio ningún corte ni sangre en ellas. ¿De dónde era la sangre de la sábana? Volvió a explorarse, ésta vez no sólo las zonas de los golpes. Y entonces se fijó en sus braguitas.

El rubor cubrió sus mejillas, la consternación la dejó boquiabierta. Sabía lo que era eso. Nenneke se lo había explicado en Ellander, para que no se asustara cuando le pasara. ¿Qué iba a hacer ahora?

Sintió vergüenza, una vegüenza profunda y humillante ante la idea de que Geralt viera eso. No quería que Geralt se diera cuenta, no quería siquiera que se enterara de que ella sangraba. Pero, ¿cómo no se iba a dar cuenta? Dormía en braguitas junto a él. Y ahora estaría sucia, manchando la cama, manchándolo todo.
Sintió una repentina desesperación, una triteza que la ahogaba y las lágrimas le quemaron los ojos, se derramaron por sus mejillas porque había dejado de ser una niña. Lloró, porque sabía a lo que debía renunciar a partir de ahora. Demasiado pronto, se dijo. No quería, pero la evidencia estaba ahí y no era cuestión de voluntad.

Debía dejar de dormir con Geralt. Ante este hecho tan alejado de sus deseos, se sintió desolada y el desconsuelo arreció.

Sollozó mientras deshacía la cama deprisa, mientras se cambiaba las braguitas y se vestía. Salió a toda prisa con toda la ropa manchada. Buscó a escondidas un lienzo grueso y se lo puso, luego lavó la ropa, sorbiéndose los mocos y limpiándose las lágrimas con el antebrazo, hasta que no quedó rastro de su sangre. Tendió las sábanas en el patio, pero no sus braguitas. Las tendió escondidas en una de las habitaciones apuntaladas en las que nadie entraba.

Cuando bajaba a desayunar, se encontró con que Geralt la estaba buscando. Se sonrojó.

—¿Dónde estabas? Llevo rato buscándote.
—Lavando las sábanas manchadas de ungüento —le dijo.

Él se percató de sus ojos rojos e irritados y se sintió violento. Lo achacó al dolor o al miedo al entrenamiento. No preguntó lo que debería haber preguntado y, por ende, no averiguó lo que debería haber averiguado.

—Bien, baja a desayunar. Después irás con Coën al molino.
—¿Entrenaré con Coën? ¿No contigo? —dijo sorprendida y disgustada.
—Tengo algo que hacer, Ciri—mintió—. Más tarde nos veremos en el péndulo.

Bajó intentando disimular el temblor que recorría su cuerpo al pensar en el día que le esperaba.

De nuevo el molino le dio de palos. No conseguía concentrarse, el dolor menstrual impedía que se moviera con rapidez, estaba un poco mareada y también los golpes del día anterior entorpecían lo suyo. Coën detuvo el molino a la media hora, viendo que no era capaz de esquivar más de dos series seguidas.

—Bueno, Ciri, dejémoslo aquí. No le cojes el ritmo, pero ya lo harás, no te preocupes. Es pronto, acabas de empezar a entrenar. ¿Te duele mucho?
—Sólo un poco.
—Bien, ve a ponerte el ungüento o Geralt nos arreglará la memoria a base de cinto. Te espero en el peine.

Se cayó del peine al final del ejercicio, pero Coën logró pillarla al vuelo. Lo vio venir. Lo vio venir desde en momento en que se subió en él, por sus movimientos algo descoordinados, torpes, por la ligera inclinación hacia delante de su cuerpo que la desequilibraba, porque continuaba desconcentrada. Pero también él dio por sentado que era producto del miedo y del dolor y tampoco preguntó.

Cuando llegó al péndulo estaba apática. Logró salir indemne de este, pero consiguió que Geralt se enfadara un poco con ella. Eso era lo último que necesitaba, pero, pese al sentimiento que la embargaba, consiguió evitar llorar delante suyo.

Después del entrenamiento y antes de la hora de la comida, se escondió en un rincón de las cuadras y se tumbó en posición fetal, envolviendo su vientre con los brazos. Y lloró hasta hartarse.
A la hora de comer, reinó un silencio extraño en el salón. Los brujos observaban de soslayo el rostro serio de Ciri, sus ojos rojos y su languidez y se inquietaron. Algo iba mal con la princesa.

Todos lo veían y, a la vez, no veían nada. Se preguntaban, pero a ellos mismos, quedándose con las respuestas más sencillas, sin ir más allá. Curiosamente, ni siquiera el viejo Vesemir llegaría a la conclusión lógica de por qué unos días al mes Ciri parecía más sensible, más torpe y más dolorida.

—Ciri —la llamó el viejo maestro cuando se acercó a recoger su plato tras la comida—, esta tarde no habrá entrenamientos. Descansa, niña, y échate más ungüento.
—Gracias, tío Vesemir, lo haré.

Lo que sí hizo el viejo en cuanto desapareció del comedor fue llamar la atención a Geralt sobre el hecho de que quizá estaban sobrepasando lo recomendado para una niña que empieza a entrenar.

—Está bien. De momento, que entrene sólo por las mañanas, hasta que se vaya soltando. ¿Estais de acuerdo? —les dijo a los demás brujos.
Todos asintieron.

Esa tarde nevó de nuevo. Ciri miraba caer los copos esponjosos y gruesos desde la ventana de su habitación. Desde ésta se dominaba la parte izquierda del castillo, la mitad del patio y las montañas, pero ahora no podía verse más allá de unos pocos metros.

—Ah, estás aquí.

Geralt la había estado buscando y entró en la habitación. A ella el corazón le dio un vuelco, porque tenia que hablar con él y no sabía cómo hacerlo, ni sabía cómo iba a tomárselo.
Se dio cuenta de que, en realidad, había estado evitándole. Pero ahora estaba allí.

—Ciri, ven, siéntate conmigo —la llamó el.

Ella dejó la ventana y le obedeció. Se sentó junto a él en la cama.

—¿Qué te ocurre, pequeña? —dijo pasando su brazo por encima de sus hombros.
—Es todo muy difícil, y yo muy torpe.
—Todos nos hemos sentido así al empezar. Todos hemos sido apaleados por el molino, golpeados por el péndulo y nos hemos caído del peine. Estás empezando, tienes que aprender y no se aprende en dos días. Pero mejorarás, lo iras viendo poco a poco, y, de pronto, tu avance será más rápido. Así ha sido siempre.

Ella se recostó en su hombro. Sujetó con mano firme sus emociones. O se lo soltaba ya o nunca podría, porque se estaba empezando a arrepentir y buscaba tontas soluciones para evitarlo.

—Geralt… creo que… que ha llegado el momento en que deberíamos dormir separados.

Él se sorprendió tanto que casi respingó. Le cogió completamente desprevenido y se sintió como si le hubieran arrojado una jarra de agua fría.

—Bien.
—Es que me haces daño en los moratones sin darte cuenta. Geralt, yo lo odio, tú lo sabes, pero es que…
—Lo sé, Ciri, no pasa nada. Lo entiendo. Y, ciertamente, ya es hora, como te dije cuando llegamos a Kaer Morhen.
—¿No te enfadas?
—No me puedo enfadar por algo que ha de ser de ese modo, Ciri. Es lo correcto. ¿Es por eso que andabas mustia toda la mañana?
—Sí.
—¿Estás más tranquila ya? Parece que me lo he tomado muy bien —bromeó.
—Pues yo no. No me gusta que las cosas cambien. No me gusta… —hacerme mayor, concluyó Ciri para sí haciendo un puchero, y ya no pudo contener más la extraña tristeza que la atenazaba.
—Ven aquí.

Geralt la empujó a su regazo y la abrazó, la dejó desahogare, creyendo entender, pero sin entender nada.
Tampoco ella entendía el revoltijo de emociones, producto de las hormonas, que embotaban sus pensamientos. Sobre todo, uno. Uno que se le repetía y le daba miedo, muchísimo miedo.

Algo termina.
Algo estaba terminando.

N.A. Gracias A FrancoMendiverry95  por su tan bienvenida ayuda, de mi parte, con los jodidos aparatos, y a su hermano por dibujarme
el péndulo para hacerme mejor idea. Gracias, gracias, gracias, así da gusto!!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Te quedó muy bien!! No es por supuesto el capítulo con más acción o el más entretenido, pero son esos de esos capítulos que hacen falta para conocer mejor a los personajes y sentir empatia por ellos. Sigue asi!
Viviendo a la sombra del destino.
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#3
Gracias a tí, rey!!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
Gracias a ambos por el capítulo tan completo  Wink

Me ha gustado mucho lo bien llevado que está el exigente entrenamiento, así como la manera tan inteligente con la que trataste el problemón de la menstruación (merecida bronca la que les echó Triss a semejantes papanatas). Inteligencia también la que has tenido al usarlo como recurso para separar a ambos por las noches de manera definitiva.

La semana que viene continuaré con el siguiente (intrigado ante el enfoque que le habrá dado el nuevo autor  Big Grin )
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#5
Eh, Franco, aquí escribí tu nick bien!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#6
Cierto!! Jajajaja Una de diez no esta nada mal Big Grin Si pudiera editarlo le dejaría sólo Franco95, pero bueno, ya es tarde
Viviendo a la sombra del destino.
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#7
Te tomo la palabra!!!!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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