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[FANFIC] Kaer Morhen (capítulo 22)- Saga Geralt de Rivia
#1
Capítulo 22


A mediados de diciembre, todo empezó a mejorar. Los entrenamientos comenzaban a dar sus frutos. Ciri cobró confianza en ella misma a medida que prosperaba, con lo cual progresaba más rápido. Y los brujos, como es normal, estaban contentos con sus avances, de buen humor, en especial Geralt. Volvió a ser la misma de antes, se acabaron las caras largas y los ojos rojos y llorosos. Ciri se estaba endureciendo.

Kaer Morhen parecía un enorme pastel de nata. La nieve no dejaba de caer, cubriendo con un considerable grueso los patios, lo alto de las torres, el adarve de las murallas y las copas de los árboles de las montañas. Los sonidos parecían amortiguados por la nieve, irreales, y se hacía fatigoso y pesado caminar encima de esta, pues se les hundían las piernas hasta más arriba de las rodillas.
Cada día, cuando no nevaba, los brujos limpiaban con palas el peine y el péndulo para que ella pudiera entrenar, pero muchos días no era posible. Esos días se entrenaba exclusivamente en el molino y con Geralt a espada dentro de la torre.

Pero también había tiempo para el ocio. En una de sus exploraciones, Ciri encontró trineos y patines de hielo. El Gwenllech y el lago estaban helados, así que convenció a Geralt para ir a patinar.

—Ooooh, hay demasiada nieve sobre el hielo…

La cara de decepción de Ciri le dio mucha pena al brujo. La niña llevaba dando saltos de alegría desde que encontrara los patines, deseando usarlos, pero la abundante capa de nieve hacía imposible patinar.

—Ve a buscar a los demás, Ciri. Diles que les necesito.
—¿Para qué?
—Tú díselo.

Al cabo de un rato Ciri estaba de vuelta con Eskel, Coën y Lambert.

—Geralt —gritó Lambert—, ¿no pretenderás que patinemos?
—Por supuesto que no. Quiero que me ayudéis a despejar un buen trozo de hielo.
—¿Estás loco? —exclamó Eskel—. No pienso ir a por las palas. Además, nos tiraríamos toda la tarde.

Geralt bufó.

—Usad la Señal de Aard, mentecatos.
—Ah, joder…

Entre las cuatro señales, pronto tuvieron una gran extensión de hielo libre de nieve, y los tres brujos se volvieron a la fortaleza con el eterno agradecimiento de Ciri. Y con los pies mojados.
Al brujo nunca le gustó el patinaje, al contrario que a Ciri. A pesar de su excepcional sentido del equilibrio, no se manejaba bien a la hora de moverse, y no digamos ya cuando tenía que frenar. Sin embargo, Ciri se movía con agilidad y gracia, hacía giros y frenaba salpicando a Geralt con el polvo de nieve que despedían las cuchillas.

—¡Así no, patoso! —le regañaba ella, muerta de risa.
—¿Ah, no?  ¿Pues cómo?
—Así, mira.

Y Ciri trazaba una curva cerrada para frenar, arrojándole de nuevo polvo de nieve.

—Ahora tú.

Geralt intentaba hacer lo mismo, pero sólo conseguía una torpe imitación, lo cual hacía estallar en risas a la niña.

—Otra vez, Geralt.

El brujo bufó, con la sensación de que los papeles se habían invertido y ahora Ciri era la maestra y él el alumno.
Mientras obedecía las órdenes de la niña, mientras era el alumno, no pudo evitar evaluarse a él mismo como profesor. Sorprendentemente, Ciri tenía más paciencia que él. A veces ella se había quejado de que era el más duro de sus profesores, más incluso que Lambert, y él no le había hecho caso. Pero ahora no tenía más remedio que admitirlo. Tomó nota y se juró que se conduciría con más delicadeza en adelante, si es que era capaz de tranquilizarse lo suficiente como para poder controlarse. Lo cierto era que no tenía intención de ser duro con Ciri, sino que el miedo a que se hiciera daño lo ponía en tensión.

—Podríamos practicar espada sobre hielo, Geralt. Seguro que aquí no te sería tan fácil ganarme.
—Y podría ser también que al final de la tarde patine tan bien como tú y te quedes pasmada.
—¡Ja! ¡Ya me gustaría a mí verlo!
—¿Tan poca fe tienes en mí?
—Mmhm… No te veo muy dispuesto, la verdad. No te lo tomes a mal, pero sería muy frustrante que todo se te diera bien.
—Ciri…
—¿Qué?
—Todo se me da bien.
—¡Ja! ¿Eso te crees? Pues te vas a llevar un buen chasco.

Ciri se lanzó hacia delante, cobrando paulatinamente una velocidad endiablada. Geralt puso los ojos en blanco y la siguió.
No era capaz de darle alcance. La niña trazaba curvas cerradas, levantando nubes de polvo, le esquivaba, se burlaba de él patinando de espaldas y volteaba para ponerse de frente, volviendo a diblarle a toda velocidad. Y Geralt hacía lo que podía para seguirle el ritmo sin caerse. Ella incluso se permitió girar como una peonza, muy rápido, para salir con un salto sobre una pierna que dejó al brujo deslumbrado.

—¿Cómo demonios has hecho eso sin caerte, Ciri?
—Va, seguro que antes de que termine la tarde lo haces tú también —se burló—. ¡Venga, inténtalo!
—Pero, ¿cómo…
—Curva cerrada e impúlsate, luego junta los pies y ponte de puntillas.  Cuando quieras acabar, salta sobre una pierna y estira la otra. Fácil.

Geralt se la quedó mirando.

—Me parece que, de momento, seguiré perfeccionando mi frenada y mis giros.
—Pues empieza a patinar, esta vez yo persigo. ¡Va, hasta te daré algo de ventaja!

Geralt volvió a poner los ojos en blanco.
Cuando Ciri iba a darle caza, el brujo conjuró una débil Señal de Aard, haciéndola retroceder e impidiendo que le capturara. Ciri montó en cólera y le llamó tramposo a voz en grito, y él estalló en carcajadas al verla tan enfadada.

—Tengo mis recursos, brujilla —dijo tan campante.

Pero ni siquiera con trampas pudo evitar que le cazara, lo cual celebraron con muchas risas y la victoria moral de Ciri.
Mientras se divertían, mientras pasaban las horas, realmente el brujo mejoró mucho, incluso empezó a cogerle gusto al patinaje.

Al anochecer, ambos se pusieron las botas y las raquetas de nieve y colgaron sobre sus hombros los patines. Regresaron a la fortaleza cogidos de la mano y charlando sobre la clase de patinaje, felices.
Esa noche, durante la cena, los brujos escucharon divertidos a una Ciri eufórica relatar la tarde. Consiguió contagiarles el entusiasmo, y se avinieron a intentarlo la tarde siguiente. Más que nada, la curiosidad de ver a Ciri en acción fue lo que les decidió.
Geralt volvió a poner los ojos en blanco.

La tarde siguiente, tal y como habían dicho, los cuatro brujos y la niña bajaron al lago. Como no había vuelto a nevar, la superficie de hielo seguía en buenas condiciones. Los cinco se pusieron los patines y pisaron el hielo con cautela.
Resultó que Coën era un experto patinador, a la altura de Ciri, pero no así los otros, que parecían tan patosos como Geralt. En seguida se formaron dos grupos, así que Coën y Ciri se dedicaron a perseguirse con una agilidad y velocidad que excluía a los demás, y los otros tres hacían lo que podían.
Pero a Ciri le gustaba más enseñar a Geralt. Pronto se cansó de pavonearse con Coën y centró su atención en su brujo. La niña quería que aprendiera a patinar bien.

—Tienes que dominar la frenada. Es lo más importante de todo, Geralt. Si no lo haces bien, puedes hacerte daño, puedes chocar contra algo y caer. Y el hielo es duro.
—Creo que ya lo voy dominando. No salpico tanto hielo como tú, pero creo que eso es más presunción que necesidad, ¿verdad, Ciri?
—No, qué va. Cuanto más en seco quieres frenar, mas hielo raspan las cuchillas.
—Suena de un lógico que hasta me lo creería, mentirosilla. Anda, juega con Coën, que es el único que te sigue el ritmo.
—No, Geralt, quiero que aprendas para echarte una carrera. Y ganarte.
—Si aprendo, no me ganarás.
—Ja que no. En el hielo no importa lo largas que tengas las piernas, ¿sabes?
—¿Que no? Ahora verás…

Geralt se lanzó hacia adelante, cobrando velocidad. Ciri le siguió. No podía pasarle.
Conjurando la Señal de Aard, avanzó por la zona virgen. La nieve se desplazaba ante la fuerza de la Señal, creando un camino que él seguía a toda velocidad. Y Ciri le perseguía muy de cerca. Hasta que, en una zona no muy alejada de la orilla, la nieve desplazada reveló unas rocas justo en medio el camino del brujo. No pudo sortearlas ni frenar, pues no había suficiente margen, así que las saltó. Ciri trató de hacer lo mismo para no chocar, pero no se elevó lo suficiente y cayó pesadamente sobre el hielo.  Y el hielo se había resquebrajado a causa del impacto de las cuchillas de Geralt. La nieve impidió que resbalara más allá de la rotura.
Quieta sobre la superficie, Ciri escuchó los crujidos del hielo al rajarse. No pestañeó, incluso aguantó la respiración, inmóvil. Geralt se acercó con cautela.

—¡No te muevas, Ciri! ¡Quédate completamente quieta! —dijo tendiéndose en el hielo.
—…Geralt… Se está rompiendo… —gimió ella aterrorizada.
—Te cogeré antes, no te muevas…

El brujo se arrastró con cuidado, aproximándose a la niña. Extendió su brazo hacia ella.

—¡Cógeme la mano, Ciri!
—¡No llego!
—Un poco más, ¡estírate un poco más, Ciri!

Alargó el brazo con cuidado todo lo que pudo. Sus dedos se rozaron, se tocaron… y entonces apareció Coën, rodeando la roca. El hielo se rompió.
Geralt se precipitó hacia adelante para agarrar a Ciri en el momento en que el hielo se rompía, pero no pudo evitar que cayera en el agujero y se hundiera en el agua helada; Coën también cayó, y finalmente incluso Geralt, pues el hielo no dejó de romperse debajo suyo. El agua paralizó a la niña, el frío se clavó en su piel como miles de agujas. Geralt y Coën la agarraron y la impulsaron fuera del agua, después salieron ellos mismos. Temblando, el brujo blanco tomó a Ciri en sus brazos y patinó de vuelta, seguido por Coën.

Entraron en el salón deprisa, Geralt puso a la niña frente a la chimenea y comenzó a quitarle la ropa empapada. Vesemir se levantó, alarmado.

—¿Qué ha ocurrido? ¿Se ha roto el hielo? —dijo observando las ropas mojadas de los tres.
—Justamente eso, Vesemir… ¡Lambert, tráeme una manta! Está azul, hay que hacerla entrar en calor pronto… Y tú, Coën, quítate todo eso mojado, ¿a qué esperas?
—¿Y tú, Geralt?
—Primero Ciri.
—La bañera, Geralt, vamos a meterla en la bañera, será el modo más rápido de calentarla. Pondré un par de ollas en el fuego...—sugirió el viejo brujo.
—Aquí está la manta, Geralt —dijo Lambert tendiéndosela.

Envolvió a la niña en la manta frente a la chimenea y comenzó a frotarla vigorosamente. A Ciri le castañeteaban los dientes y temblaba con violencia.

—Eskel, ayúdame —pidió—. Frótale los pies, los dedos. Sobre todo, los dedos…
—¡Lambert, trae la bañera y comienza a llenarla! —ordeno Vesemir mientras colocaba en el fuego dos cubos de hierro llenos de agua. — ¡No te quedes ahí parado!

Llenaron la bañera para Ciri con agua caliente y la metieron dentro. La niña se quejó de dolor cuando el calor repentino templó su cuerpo helado, tenía calambres en las extremidades, pero al poco se le pasó y se tranquilizo, cesaron los temblores.

—Geralt —dijo Vesemir—, ve a quitarte esa ropa. Yo me quedo con Ciri.

La niña, relajada con el agradable calor del agua, se quedó dormida. Vesemir cuidaba, con su brazo alrededor de sus hombros, que no se sumergiera. Geralt se quitó la ropa frente al fuego y se envolvió en la manta. Coën estaba también sentado envuelto en otra, muy cerca del hogar. Lamber preparó gaviota blanca y les pasó a ambos una jarra, el preparado ayudó a que entraran en calor más rápido.
Más tarde fueron a vestirse y despertaron a Ciri. La sacaron del agua y volvieron a envolverla en la manta.

—Mueve los dedos de los pies, ¿puedes? —le pidió Geralt.

Ella lo hizo sin problemas.

—Ahora los de las manos.

También lo hizo sin contratiempos.

—Bueno, parece que todo está bien. ¿Sigues teniendo frío?
—Un poco.
—Esto te sentará estupendamente, Ciri —dijo Lambert saliendo de la cocina con un cuenco humeante—. He preparado caldo de hierbas para todos. Geralt, Coën, ¿lo tomaréis en la mesa o frente al fuego con Ciri?
—Esa es una pregunta estúpida, Lambert… —gruñó Coën.
—Ahora os lo traigo — dijo este poniendo el cuenco en las manos de la niña.

Durante un buen rato, en el salón sólo se oyó el crepitar relajante del hogar y a los tres sorbiendo del cuenco de caldo. Agradecieron a Lambert su iniciativa, pues les sentó estupendamente.
Vesemir miraba a los tres desde la mesa, mientras sorbía su propio caldo. Gruñó.

—¿Me vais a explicar qué demonios ha pasado? A estas alturas el hielo del lago no debería quebrarse fácilmente…

Se lo exlicaron, y el viejo brujo frunció el ceño.

—Ya ha sido mala suerte, Lobo. Pero quizá, por el bien de la niña, mejor no dejarse llevar con el mismo apasionamiento que ella. Sin ánimo de crítica, Geralt.
—Es contagioso, Vesemir. A veces es difícil contener al niño que todos llevamos dentro y no jugar con ella. Pero ser siempre los adultos que ponen pegas a todo, que tan sólo le exigen esfuerzo continuamente no creo que sea lo mejor para Ciri. Ha sido un accidente. Sí, se podía haber evitado y se evitará en adelante, pero no a costa de impedir que se divierta.
—Pues hazlo, pero con garantías, Lobo.

Geralt asintió, maldiciendo en su interior la llamada de atención de Vesemir. Tenía razón, había sido imprudente, y eso aún le daba más rabia. No pudo dejar de sentirse como un niño reprendido por el viejo maestro, lo cual era humillante a estas alturas de su vida.
Sin embargo, también le agradó ver cuán importante era Ciri para el brujo. Ver a las claras cuanto la quería ya.

Esa noche Geralt preparó las mantas frente al fuego. No iba a dejar que Ciri durmiera en su fría habitación. A ella le trajo recuerdos del camino y sonrió contenta.

—Geralt…—dijo ella—, esta noche, como excepción… ¿dormirías conmigo? Es decir, tú tampoco deberías dormir en esa habitación fría. O sea, que también te caíste al agua helada…
—La oferta es muy tentadora, desde luego. Y, en verdad, no me apetece nada meterme entre sábanas frías. Sí, Ciri, me quedaré a dormir contigo. Excepcionalmente.

Ciri le hizo un sitio, y él se acopló al cuerpo de la niña, compartiendo el calor. La envolvió amorosamente en sus brazos y la besó en la cabeza, aspirando el aroma a verbena de sus cabellos. Se sintió contento.

—Geralt…
—Mmhmm?
—¿Ya no volveremos a patinar?
—¿Por qué no? Claro que volveremos a patinar, Ciri, si tú quieres. Pero se acabaron las carreras locas por zonas desconocidas.

Ella sonrió, complacida.

—No es la primera vez que me caigo al agua en el hielo, ¿sabes? Y no ha impedido que me vuelva a poner los patines.
—Ha sido un desafortunado accidente. Si llevamos cuidado, no tiene por qué volver a pasar. Pero quizá mañana podríamos probar los trineos…
—Oh, no. Tienes que aprender a frenar bien.

Geralt suspiró y puso los ojos en blanco. Ciri soltó una carcajada.

—Veo que no me queda más remedio que aprender rápido…
—No hay prisa, Geralt, aún queda mucho invierno.

Geralt bufó. Guardaron silencio mientras el fuego crepitaba deliciosamente.

—¿Estás bien, Ciri? ¿Tienes frío?

Pero Ciri ya estaba dormida, calentita y feliz entre sus brazos.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Me resultó muy divertido, lo he leído casi en todo momento con una sonrisa en el rostro. También me ha gustado como una jornada de diversión puede cambiar a otra de peligro en un instante, muy real. Sigues desenvolviéndore maravillosamente con los personajes, y me ha gustado ver a Ciri y Geralt en papeles cambiados y ver como el brujo se da cuenta que es un maestro riguroso.
Tiene algunos errores: dice "explotaciones" en lugar de "exploraciones". " impiciendo" en lugar de "impidiendo". Hay un " aguanto" al que le falta la tilde al final. Lo mismo con un "tranquilizó" Y no estoy seguro pero en una parte dice "el hielo no dejó de romperse debajo suyo" y creo que debería ser "debajo de él".
Viviendo a la sombra del destino.
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#3
Gracias, creo que lo he corregido todo menos "debajo suyo", que me parece correcto. Esta mierda de teclado me falla las tildes, me repite las comas y algunas letras... y eso que me costó carísimo el muy asqueroso... Es un Corsair que parece un árbol de navidad con tantos colorines, pero va como una mierda, no puedo escribir dos palabras seguidas sin tener que corregir algo que ha hecho mal.
Sí, yo también me he divertido patinando con ellos, jeje!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
(05/05/2019 01:15 PM)Sashka escribió: Gracias, creo que lo he corregido todo menos "debajo suyo", que me parece correcto. Esta mierda de teclado me falla las tildes, me repite las comas y algunas letras... y eso que me costó carísimo el muy asqueroso... Es un Corsair que parece un árbol de navidad con tantos colorines, pero va como una mierda, no puedo escribir dos palabras seguidas sin tener que corregir algo que ha hecho mal.
Sí, yo también me he divertido patinando con ellos, jeje!

A mi el word me toma como error el "debajo suyo". Bueno, tal vez se equivoque, no siempre acierta. Y con los de los teclados, a veces los más baratos son los mejores.
Viviendo a la sombra del destino.
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#5
El capítulo me ha gustado mucho, pero es leer lo del patinaje y no poder evitar recordar las estupendas escenas al final de "la Torre de la Golondrina". Así que te agradezco que recalques insistentemente lo bien que patina Ciri  Wink
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#6
Cierto, eso me sirvió de inspiración. Hay que irlo ensamblando todo, como en un rompecabezas y, afortunadamente, tenemos muchos datos en los libros. Gracias, Daghdha!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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