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[FANFIC] LA FUERZA DEL DESTINO (SAGA GERALT DE RIVIA) CAPÍTULO 3
#1
CAPÍTULO 3


En medio del patio superior, junto a los tres péndulos que aún no habían sido desmontados, hubo un fulgor verde y Geralt y yo aparecimos de la nada. Coën y Eskel, que estaban entrenando, se pusieron en guardia inmediatamente. Cuando reconocieron a Geralt bajaron las espadas, desconcertados.
—¿Geralt? ¿Ha pasado algo?  Apenas te fuiste ayer…—dijo Eskel sorprendido.
Probablemente fuera una imprudencia, pero ni siquiera lo pensé. Me precipité hacia Coën gritando su nombre. Él se quedó pasmado viendo a una desconocida abrazarlo entre risas. Geralt gruñó.
—¿Quién es esa joven hechicera, Lobo?
—No os lo vais a creer, Eskel, pero es Ciri.
Su mandíbula cayó.
—¿¿Ciri?? ¡Si ayer era una niña!
—Sí, hay que ver que rápido crecen, ¿verdad? —bromeó el brujo albino con su sonrisa siniestra.
Coën me miraba con los ojos muy abiertos.
—Ciri, ¿cómo es posible? —seguía extrañándose este.
—¿Dónde está Vesemir? —preguntó Geralt.
—En el salón.
Me acerqué a Eskel y le di otro abrazo de oso, que él correspondió, aunque cohibido.
—Vamos al salón y os lo explicaremos todo.
Yo me acerqué a Geralt y agarré su brazo, frenándole para quedarnos un tanto rezagados.
—No podemos contarles nada que pueda cambiar algo del futuro. No sabemos cómo podría repercutir, qué sería lo que encontraríamos al volver… Esto es serio, Geralt.
Él asintió, habiendo comprendido.
El viejo brujo estaba sentado frente a la mesa, leyendo un grueso volumen. Cuando entramos, levantó la vista y frunció el ceño.
—Mira a quién tenemos aquí —dijo Eskel—. Jamás dirías quién…
—¿Ciri? —le interrumpió.
El viejo brujo fue el único que me había reconocido. En mi rostro asomó una sonrisa de oreja a oreja, y corrí hacia él mientras se levantaba y abría sus brazos para recibirme.
—Niña, ¡pero cuánto has crecido! Te has hecho una mujer preciosa…
—¡Tío Vesemir! —exclamé intentando que no sonara como un gemido.
Le abracé muy fuerte, reprimiendo las lágrimas que amenazaban por salir. Luego nos separamos un poco y reparó en mi cicatriz, levantó la mano y pasó por ella su pulgar. Volvió a mirarme a los ojos, emocionado, de un modo que me extrañó.
—Sabía que volvería a verte un día, muchacha…—me susurró al oído.
En ese momento no le entendí, lo haría unos meses más tarde.
Lambert salió de las cocinas
—¿Qué ocurre aquí? —se sorprendió al ver a Geralt—. ¿Has vuelto, Geralt? ¿Y Ciri?
—Estoy aquí, Lambert… —dije aún prendida del abrazo del viejo brujo.
Me miró. Abrió la boca y la volvió a cerrar. Frunció el ceño. Me acerqué a él y también le abracé.
—¿Tú eres Ciri? ¿La niña de doce años que ayer salió de aquí?
Geralt y yo asentimos. Me desprendí del abrazo de Lambert y volví junto a él.
—¿Qué coño está pasando, Lobo?
—Nos preocupamos por sus aptitudes mágicas, estábamos asustados y temíamos por ella—dijo Geralt—, pero resulta que había mucho más de lo que nadie pensó. Ciri es la Señora de los Mundos, del Tiempo y el Espacio.
—Y eso, ¿qué significa?
—Que puede viajar entre mundos, en el tiempo y en el espacio, obviamente —dijo Vesemir.
—Exacto —confirmó Geralt.
Todos me miraron con incredulidad. Yo les guiñé un ojo y sonreí.
—Y, ¿por qué habéis venido? —preguntó Lambert—. ¿Acaso no podíais visitarnos en vuestro tiempo?
Geralt y yo nos miramos. Yo asentí.
—Vinimos para escapar de Emhyr var Emreis, emperador de Nilfgaard. Persigue a Ciri y casi nos cogen.
—¿Aún la persigue en el futuro? Eso sí que es perseverar —se burló Lambert—. ¿Qué quiere de ti, Ciri?
—Lo que quieren todos: controlarme. Controlar mi poder.
—¿Qué todos, niña? ¿Quién más te persigue? —preguntó Vesemir.
—Y ¿quién no habría de querer controlarme, tío Vesemir? Muchos me han perseguido. Muchos lo han intentado, pero aquí estoy.
Todos miraron a Geralt.
—Parece que has tenido trabajo, Lobo…
—Sólo la he ayudado un poco. Ella es capaz de defenderse de sobra.
—Me alegro, niña —dijo el viejo brujo—, me alegro de que lo que te enseñamos aquí te sea de utilidad.
—¿De utilidad? —sonreí—. Lo que me enseñasteis aquí me ha salvado la vida en muchas ocasiones. Y quiero daros las gracias por vuestros desvelos. Si no llego a estar preparada… estaría muerta.
La imagen de Bonhar se formó en mi mente. Me estremecí.  
—¡Esto tengo que verlo! —exclamó Coën —. Justamente estábamos empezando a entrenar. ¿Te atreves, Ciri?
—Ciri tiene que descansar, Coën. No es una buena idea.
—Estoy bien, Geralt. Vamos.
—Ciri. Espera, tengo algo para ti. Qué mejor momento para entregártelo.
Geralt se acercó a su mochila y sacó un objeto alargado envuelto en pieles. Lo depositó encima de la mesa y lo desplegó. Era una espada en su funda. Me la puso en las manos y yo la desenfundé.
—Oh, Geralt…
—Filo de treinta y ocho pulgadas y media, núcleo de acero de siderita plateada, ligera como una pluma. Hay glifos y runas a lo largo del filo y en la empuñadura, en idioma antiguo. La espada se llama Zireael —explicó Geralt—. Ningún brujo ha tenido una espada mejor.
Era, en verdad, el mejor regalo que había recibido nunca. El que más ilusión me ha hecho. Le miré, asombrada. Esa espada debió de costarle una fortuna.
—Es… preciosa, Geralt… ¡Me encanta! Gracias…
[Imagen: 5l5l6u.jpg]
Me acerqué a él y deposité un beso en su mejilla. Mejor así, no quería violentarle delante de los demás brujos, pues quizá no lo entenderían. Él comprendió y vi agradecimiento en su mirada, aprobaba mi modo de proceder y además con alivio.

Coën se quedó pasmado. No lograba derrotarme, y cuando me cansé del juego comencé a teletransportarme a cualquier parte fuera de su alcance. O bien me acercaba de improviso.
—¡Eh, eso no es honrado! —se quejó.
Yo solté una carcajada.
—¿No fuiste tú el que me dijo que no existe tal cosa como una lucha honrada? ¿Que en la lucha se utiliza cada ventaja y cada capacidad que se posea?
Coën maldijo.
—Creo que sí.
De repente todo comenzó a girar a mi alrededor. Sentí una gran debilidad extenderse dentro de mí, y mi sonrisa se evaporó. Trastabillé sintiendo que mi cuerpo no me sostenía.
—¿Te pasa algo, Ciri? —preguntó Coën bajando la espada.
Caí al suelo desplomada, y perdí la consciencia.
Desperté en mi antigua habitación. Todo estaba tal como recordaba y una entrañable sensación me embargó, la sensación de estar en el hogar, en casa. El rostro de Geralt estaba ante mí, preocupado, disgustado.
—¿Qué ha pasado? —pregunté.
—Te has desmayado, niña—dijo Vesemir, que también estaba allí.
—Te dije que debías descansar. Y otra vez llevas muchas horas sin comer nada, Ciri, ayer noche te dejé dormir y no cenaste. No puedes seguir descuidándote, pequeña.
Cerré los ojos. No tenía ganas de escuchar un sermón.
—¿Cómo te encuentras? —continuó.
—Débil. Tengo el estómago revuelto.
—¿Prefieres bajar al salón a comer o te traigo aquí la comida?
—Prefiero bajar, pero tendrás que ayudarme.
—Ven, cógete a mi cuello.
—Puedo caminar, Geralt, solamente deja que me agarre a tu brazo.
—No voy a arriesgarme a que caigas por las escaleras, Ciri. Haz como te he dicho.
Bufé, contrariada, no me gustaba aparecer ante los demás brujos como una débil damisela. Yo era una bruja. Pero llevarle la contraria a Geralt en ese momento no hubiera servido de nada, así que le obedecí y dejé que me llevara en volandas al salón.
Los demás estaban allí, se acercaron preocupados cuando Geralt me depositó en una de las sillas frente a la mesa.
—¿Estás mejor, Ciri? —preguntó Coën.
—Sí, gracias.
—¿Qué le pasa a Ciri, Geralt? ¿Está enferma? —dijo Lambert con la misma brusquedad de siempre.
—Está agotada. No puedo hablaros del futuro, porque no sabemos cuál podría ser la repercusión de compartir ese conocimiento cuando volvamos, pero basta decir que tuvo que luchar sola contra alguien muy poderoso en otro mundo. Y, aunque en el nuestro estuvo ausente una semana, quizá allí resulto ser mucho más tiempo.
No dijeron nada, pero me miraron con respeto.
—Hace apenas dos días que regresó. Tiene que descansar. Tiene que comer.  Necesita tranquilidad, por eso vinimos aquí.
—E hicisteis bien —intervino Vesemir—. Todos cuidaremos de ti, niña. Como siempre. Kaer Morhen es tu casa.
Ya me sentía en casa, rodeada de mis brujos, solícitos y pendientes de mí como antaño. Me emocioné ante la sensación. Estaba de nuevo en aquellos tiempos que tanto había añorado.
—Gracias, tío Vesemir…
El viejo brujo apartó la mirada al ver mis esfuerzos por no llorar y carraspeó. Geralt puso su mano sobre mi hombro, lo cual aún empeoró mi situación y no pude contenerme por más tiempo.
Los brujos desviaron la mirada de mi persona respetuosamente, azorados, escuchándome sorber por la nariz y sollozar quedamente, todo lo silenciosamente que era capaz. Geralt apretaba mi hombro, intentando reconfortarme, sin atreverse a nada más.
—Toma, Ciri —dijo el siempre solícito Eskel ofreciéndome un fino pañuelo que, seguramente, olvidó Triss allí.
—La comida ya casi está —anunció Lambert—, así que poned la mesa. No voy a hacerlo todo yo.
—Macarrones, supongo… —dijo Geralt.
Me salió una leve carcajada, aún teñida de tristeza, mientras limpiaba mis ojos con el pañuelo. Los insulsos macarrones de Lambert…

—Come niña. No te atrevas a dejar nada en el plato —me regañó Vesemir al ver que había dejado el tenedor a un lado.
—No puedo dar un bocado más, tío Vesemir.
El viejo brujo miró a Geralt, que se encogió de hombros y miró el plato con disgusto.
—No me extraña que estés así de seca, comiendo tan poco. Vamos, sólo un par de bocados más. Sólo dos.
—Tío Vesemir…
—Ya sé cómo cocina Lambert, no te culpo. Pero debes comer un poco más. Haz el esfuerzo, por mí, niña. ¿No querrás darle ese gusto a un pobre viejo?
Cómo negarme. Lo hice. Pero, inmediatamente, me levanté y salí corriendo mientras la comida me subía, imparable, por la garganta. Ni siquiera llegué a las escaleras, me agaché y vomité en el suelo.
Geralt estuvo inmediatamente a mi lado, esperando de pie, sin saber qué hacer. Me incorporé, limpiándome la boca con el dorso de la mano.
—¿Estás bien, Ciri?
—Sí… Ahora limpiaré este desaguisado… —dije avergonzada.
—Déjalo, Ciri, lo haré yo —se ofreció Eskel —Ve a sentarte.
Me apoyé en Geralt.
—Llévame a la cama. No me siento bien —le pedí.
Él me tomó en brazos y subió las escaleras, y yo apoyé la cabeza en su hombro. Todo me daba vueltas.
Me depositó en la cama y me cubrió con la manta. Su rostro me mostraba una preocupación sin precedentes.
—Ciri… ¿todo fue bien con Caranthir?

—¿Qué quieres decir?
—¿No te lanzó algún hechizo que pudiera dañarte? ¿Te hizo algo? Porque algo te pasa. No levantas cabeza desde que llegaste.
—La verdad, no lo sé. Pero no creo, no noté nada, no le di tiempo a nada.
Guardó silencio, se quedó unos instantes pensativo, sentado en la cama.
—Quizá debiéramos volver y buscar a una hechicera para que te echara un vistazo. A Triss. O a Yennefer…
—Pensaré en ello. Pero Geralt… déjame disfrutar de esto un poco más… sólo un poco más…
Asintió y se puso en pie.
—Duerme un poco. Descansa.
Salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí, echándome una última mirada de inquietud. Yo me dormí casi al instante.

Fueron tan solo un par de días lo que estuvimos allí, pero representaron un bálsamo para los dos. Ver de nuevo a los amigos perdidos, saber que podíamos volver al pasado para estar con ellos cuando quisiéramos, rebajó el dolor de las pérdidas. No quise prolongar la estancia porque era un riesgo. En cualquier momento podíamos hablar de más, o sucumbir a la tentación de intentar evitar sus muertes, pensamiento que crecía cuanto más tiempo pasábamos allí, o revelar sin querer nuestra relación, que seguramente sorprendería a los brujos e ignorábamos si tal vez para mal. Así pues, tras una emotiva despedida, regresamos a nuestro tiempo. Directamente a Kovir, a casa de Triss.
Triss siempre fue como una hermana mayor para mí, pero nuestra relación se había enfriado un tanto desde que estaba con Geralt. Yo sabía que ella aún estaba enamorada de él, pero él no sentía ese tipo de interés en ella desde hacía mucho tiempo. Todo y así, nos acogió con una cálida bienvenida.
Cuando le explicamos el motivo de nuestra visita se mostró preocupada. Más aún cuando Geralt le contó su preocupación de que Caranthir me hubiera hechizado. Luego me preguntó a mí y le conté lo que me ocurría físicamente. Así pues, ella sugirió al brujo que fuera a darse una vuelta por el jardín y nos dejara solas. Me examinó.  Por un cortísimo espacio de tiempo, yendo concretamente a comprobar sus sospechas.
Cuando me lo dijo me quedé atónita.
—Pero bueno, muchacha, algo debías imaginarte al faltarte la menstruación —dijo Triss.
—Mi menstruación va como quiere desde que salto.
—Ah… Y, ¿quién es el afortunado?
La miré con desdén y señalé con la cabeza a la puerta por la que había salido Geralt. Ella se echó a reír.
—Ahora en serio —me dijo recobrando la compostura—. ¿Quién es el padre?
—Geralt.
Se puso seria y frunció el ceño.
—Ciri… ¿acaso no sabes que los brujos son estériles?
— ¿Que Geralt es estéril? —pregunté desconcertada—. Eso no puede ser. Yo no he estado con nadie más.
—Te prometo que no se lo diré a nadie. No se lo diré… a él. ¿Quién es el padre?
—¡Ya te lo he dicho! ¡No miento!
Triss se encogió de hombros, pero no me creyó. Y yo me enfadé tanto que salí de allí, me cogí a Geralt y nos teletransporté sin siquiera despedirme.
Llegamos a la confortable habitación de la posada de Jaskier. Habíamos vuelto dos días después de nuestra huida, así que presumimos que, aún en caso de que hubieran vigilado la posada, se habrían dado por vencidos y estaríamos a salvo.
Geralt me miraba perplejo.
— ¿Qué demonios ha pasado con Triss? Ni siquiera nos hemos despedido de ella…
—Me ha ofendido.
— ¿Triss? ¿Por qué dices eso? ¿Qué te ha dicho?
—Ahora no, por favor, Geralt. No me mires así. Ni siquiera estoy enferma.
—¿Entonces? ¿Qué es lo que te pasa?
—Un poco de agotamiento y mala nutrición— mentí.
—Entonces, ¿por qué…
—Sabes lo que Triss siente por ti.
No dijo nada más del tema. Supuso que mi ofensa era relativa a nuestra relación y lo dejó pasar, y yo suspiré aliviada. Necesitaba tiempo para pensar cómo darle la noticia. Tras lo que Triss había afirmado, me daba un poco de miedo.
—Voy a decirle a Jaskier que estamos aquí.
—Geralt…
—¿Sí, Ciri?
—Cojamos los caballos y vayámonos. Necesito salir, no soporto estar encerrada entre paredes… —le dije acercándome a él y abrazando su cintura.
—¿Crees que estás en condiciones? No creo que largas cabalgatas sean lo que necesitas justo ahora —objetó mientras sus manos se posaron en mis hombros.
—Sí, lo necesito. Quiero sentir el viento en mi rostro, dormir frente al fuego y bajo las estrellas… Me ahogo aquí encerrada, Geralt…
—Está bien, Ciri —concedió acariciando mi mentón con su pulgar—. Mañana nos iremos.
Me puse de puntillas para besarle, contenta. Tras dos días sin tocarnos apenas en Kaer Morhen, ese beso encendió la llama de nuestro deseo; cogió mis manos y, de espaldas, me condujo a la cama. Me deje caer en esta, a su lado.
—Creo que Jaskier puede esperar… —dijo acariciando mi mejilla.
Yo sonreí y estuve de acuerdo.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Capítulo ágil y fácil de leer. Me gusta que aproveches mejor los poderes de Ciri para moverse por el tiempo, en los libros casi no los usa y en el juego no los muestran. Me gustó la sorpresa de los brujos ante la aparición de Ciri, sólo le añadiría algún pensamiento de ella al ver a Vesemir, relativo a su muerte especialmente. Digo Vesemir porque es el único que estoy seguro que murió, no se que les deparó a los demás tu imaginación.
Por supuesto la nota importante es el embarazo de Ciri, que cambiará todo a partir de aquí. Quedo a la espera de ver como lo manejas Wink
"Si te van a ahorcar pide leer La Fuerza del Destino Capítulo 14 (http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html) Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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#3
Coën también murió en los libros, ¿no te acuerdas?
Gracias por tu comentarioooooooo!!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
Ah si, Coen también, es cierto. Es que tengo más presentes los juegos y como él no aparece en ellos como que me lo olvido a veces  Undecided
"Si te van a ahorcar pide leer La Fuerza del Destino Capítulo 14 (http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html) Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
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