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[FANFIC] LA FUERZA DEL DESTINO (SAGA GERALT DE RIVIA) CAPÍTULO 4
#1
]CAPÍTULO 4


CAPÍTULO 4

Ante nosotros se extendía el mundo.
Kelpa trotaba tan contenta como lo estaba yo al verme en el camino, con Geralt. Tenía recuerdos muy felices de la única vez que viajé con él. El aire aún fresco de la recién estrenada primavera llenaba mis pulmones, acariciaba mi rostro, me sentaba de maravilla. Él me sonreía cuando le miraba, también contento por verme feliz y bien. Pero las náuseas no tardaron en aparecer, y tuve que desmontar deprisa y correr tras unas matas a vomitar más de una vez en aquellos días. Los días pasaban, y en las noches, con el cielo estrellado sobre nuestras cabezas, nos amábamos acariciados por la brisa, a la luz del fuego. Los últimos días, sin embargo, Geralt empezó a mostrarse taciturno y un tanto distante.
Yo no sabía que al final acabaría atando cabos, y pronto. Ignoraba que él ya había visto esos síntomas en otra mujer, en Milva, y sabía lo que significaban. Yo callaba y eludía el momento de decírselo.
Y el momento llegó una mañana después de unas náuseas especialmente violentas. Supongo que Geralt ya no pudo más.
Volví al vivac después de vomitar el desayuno. Me extrañó que no estuviera recogiendo, como cada mañana, y empecé a doblar la manta, pero él se acercó y me la quitó de las manos. Sin decirme nada la dejó caer descuidadamente, me condujo hasta las brasas moribundas de la fogata y me pidió que me sentara frente a estas. Se sentó también, junto a mí y me miró a los ojos.
—Ciri, dime la verdad. ¿Sabes lo que te pasa?
Aparté la mirada, cogida por sorpresa. Enrojecí, a la par que sentí crecer un extraño desasosiego en mi interior. Mi garganta se contrajo. Ya desde el principio intuí que sería una conversación difícil, pero ni en mis peores pronósticos imaginé que las cosas llegaran a donde llegaron.
—Habla, Ciri, soy todo oídos.
Mi corazón se disparó. ¿Lo sospechaba? ¿Acaso lo sabía? Carraspeé, y hablé con esfuerzo. Mi voz sonó más ronca de lo habitual.
—Sí. Me lo dijo Triss.
Esperó a que añadiera algo más, pero yo miraba al suelo en silencio.
—Ciri, mírame.
Lo hice.
—Estás embarazada, ¿no es cierto?
Asentí. Tragué saliva. El parecía turbado. También disgustado, y eso me asustó más.
—Tal vez no sea asunto mío, pero… ¿Quién, Ciri? ¿Quién es el padre?
—Tú.
[Imagen: 2mgvxch.jpg]
Su rostro se transformó en piedra, su mirada se endureció. Era esa la mirada que ponía cuando se enfadaba mucho, esa que conocía de tanto tiempo atrás. Su voz también se tornó fría y dura.
—Yo seguro que no. Sin duda sabes que las mutaciones me privaron de esa capacidad. Soy estéril, Ciri.
—Triss me lo dijo. Yo no lo sabía.
—¿Qué tienes que decir a eso?
—Que no sé cómo, pero es tuyo.
Perdió la paciencia, se levantó soliviantado.  Comenzó a pasear arriba y abajo, irritado, maldiciendo. Yo me estremecí. La cosa estaba yendo fatal.
—En este tiempo, desde que te encontré en la Isla de las Brumas, sólo has estado conmigo… y con Avallac´h. No puede haber sido antes, puesto que eras virgen.
Me levanté también, muy enfadada ante su insinuación.
—¿Qué quieres decir? ¿Me estas acusando de… de…? ¿Con Avallac´h? ¿Cómo puedes siquiera pensar una cosa así? ¿Cómo puedes pensar que haya sido capaz de yacer con alguien que no seas tú?
Se detuvo y me miró de nuevo.
—Porque estás embarazada y yo no puedo ser el padre.
—Lo eres.
—¡Ya basta, Ciri! Todos me tenéis por un brujo ingenuo, pero esto ni siquiera yo me lo trago. Sólo te pido sinceridad y honradez. Nada más.
Siempre había sido sincera y honrada con él, por eso sus palabras me dolieron más. Podía entender sus dudas, pero no que dudara de mi palabra. Eso era dudar de mi amor por él. En ese momento me sentí traicionada y decepcionada. No me hubiera hecho más daño si hubiera sacado el cuchillo de su bota y me lo hubiera clavado en el corazón. Pero también estaba enfadada, y mucho.
—¿Dudas de mi honradez también? —le grité—. ¡Es tuyo!  ¡No me preguntes cómo ha podido pasar, pero eres el padre!
Yo no podía imaginar que estaba metiendo el dedo en la llaga. No podía saber que su incapacidad, en el fondo, le amargaba, de ahí su negación categórica y su airada reacción.
—Si no ha sido Avallac´h, ¿entonces quién, Ciri? ¿Con quién? ¿Conociste tal vez a algún guapo jovencito en alguno de tus viajes? ¿Decidiste hacer una parada antes de volver, para divertirte?
—No me he acostado con ningún otro hombre más que contigo, Geralt. En toda mi vida.
—No sería algo que no pudiera perdonarte. Pero quiero la verdad.
Me sentí impotente. Nada de lo que dijera le convencería, y eso me desgarraba. No voy a llorar delante suyo, me juré, y aguanté por pura voluntad.
—Que te den, Geralt.
Me giré y salté sobre Kelpa, la azucé y la yegua negra partió veloz por el camino. No me importaba si Geralt salía en mi persecución, pues nunca podría alcanzarme. Entonces estallé en llanto, porque todo se había perdido. Si algo tenía claro en ese momento, es que no quería volver a ver a Geralt. Mientras las lágrimas corrían hacia mis sienes empujadas por el viento de la cabalgada, pensé en qué iba a hacer, a dónde ir. No tenía muchas opciones, sola y en mi estado, de hecho sólo me quedaba una: rendirme. Seguramente también lo decidí movida por el despecho…
Así que, mientras le oía gritar furiosamente mi nombre a mi espalda, nos teletransporté a Kelpa y a mí. Al mismísimo Nilfgaard. A las garras de mi padre.


*          *         *


No me acostumbraba a los vestidos. Llevaba más de media vida vistiendo pantalones y camisa, las faldas vaporosas me molestaban y tenía que caminar con cuidado para no tropezar y parecer torpe. Los zapatos eran otra de las torturas a las que debía acostumbrarme. Sin embargo, me las apañaba. Yo había sido y era una princesa.
Desde que había llegado, Emhyr me había tenido muy ocupada. Me pasaba el día asistiendo a clases de todo tipo, desde etiqueta a diplomacia, pasando por conocimientos generales y esgrima. Cada día, no obstante, cenaba con él en un salón enorme, aunque hablábamos poco en realidad. A veces le pillaba mirándome pensativo, con una expresión que se parecía mucho a la culpabilidad, y yo encontraba en ello una perversa satisfacción. Nos parecíamos en todo, más de lo que me gustaba admitir.

En esos días me sentía como si fuera dos personas distintas. De día era la orgullosa Cirilla, digna hija del emperador Emhyr, pero de noche era un guiñapo llorón lleno de hormonas que potenciaban mis sentimientos, mis amarguras y mis inseguridades.
Yennefer estaba también en la corte, pero me evitaba. Yo lo entendía, pero no por ello me dolía menos.

A los dos meses Emhyr me nombró oficialmente su sucesora. Después se enteró de mi estado. Literalmente se descompuso cuando, respondiendo a su pregunta, le dije quién era el padre, y sentí un placer pecaminoso al verle perder la compostura. Curiosamente, él no dudó de la paternidad, a pesar de saber que los brujos no podían engendrar. Se sintió satisfecho, empero, ante la noticia de que Geralt y yo habíamos roto.
Mi embarazo se convirtió en secreto de estado por orden de mi padre desde ese momento, y a mí no se me ocurrió preguntarme por qué.

Procuraba no pensar en Geralt, pero no siempre me salía bien. Aún me enfadaba cuando recordaba nuestra última conversación, y aún seguían acudiendo lágrimas a mis ojos. Pero, a pesar de la decepción, la llama no se apagaba. Aún le amaba, aunque ya daba igual. Estaba en Nilfgaard, fuera de su alcance.
No me arrepentía de mi decisión, aunque… me sentía sola, como un objeto más. Era la heredera del imperio, de un imperio que me importaba un pimiento, y gente que tampoco me importaba un pimiento se inclinaba en laboriosas reverencias a mi paso. Sólo había de abrir la boca para tener todo lo que quisiera, joyas carísimas, vestidos lujosos, zapatos exquisitos… pero me sentía como si no tuviera nada, porque nada de eso me importaba lo más mínimo.
Estaba bien cuidada y descansada, pero me sentía débil. A medida que mi embarazo avanzaba, mis capacidades mermaban. Me costaba mucho teletransportarme, parecía que el bebé absorbiera o entorpeciera mis capacidades mágicas.

Una noche, Yennefer se presentó en mis aposentos. No entró por la puerta, apareció por un portal y a mí me extrañó tanto el verla ahí como el modo de acceder a la habitación.
—¿Mamá?
No pude evitar, pese a todo, que esa palabra saliera de mi boca. Ella para mí seguía siendo mi madre, a pesar de nuestro distanciamiento. Su rostro frío se suavizó un tanto entonces.
—Ciri, prepárate. Tienes que salir de aquí, tienes que huir. Vienen a por ti.
—¿Qué… qué ocurre?
Me cogió por los hombros.
—¿De verdad creías que Emhyr iba a consentir que el hijo de Geralt fuera un día su heredero? ¿De verdad eres tan ingenua? Menos mal que me he enterado a tiempo…
—¿Qué… qué quieres decir?
—Que, si no te vas enseguida, ese bebé no nacerá. Huye, Ciri.
—No puedo, mamá, apenas soy capaz de conjurar un portal a la habitación de al lado… ¿qué voy a hacer?
Me miró a los ojos de un modo extraño, yo supe que estaba leyendo mi mente. Se lo permití.
—Ciri… ¿de verdad es hijo de Geralt?
—¿Por qué nadie me cree?
—¿Por eso viniste? ¿Por que no te creyó?
No dije nada, pero supongo que ella lo leyó todo. Me abrazó de repente, y yo la estreché emocionada.
—Mamá… ¿podrás perdonarme algún día?
—Ya te he perdonado, hija. Tenías razón, qué mayor prueba de que realmente eres su destino… Pero ya hablaremos de eso en otra ocasión.
—Y, ¿a él? Tienes que perdonarle.
—  Ahora no es momento, Ciri. Tenemos que irnos ya. Coge mis manos, te ayudaré.
—¿A dónde…
—A donde sea, pero lejos de aquí.
—¡Espera! Tengo que coger a Zireael. Tengo que llevarme mi espada.
—Cógela.
Mientras me la colgaba a la espalda, varios soldados irrumpieron en mis habitaciones. Yennefer les rechazó con magia y yo desenfundé la espada.
—No quiero hacer daño a nadie —les dije—, pero me defenderé. No me obliguéis. Llamad a mi padre.
—Son órdenes de su alteza imperial, princesa.
—¡Llamadle! —repetí.
Cogí la mano de Yennefer.
—¡Que venga mi padre! ¿A qué esperáis? —le grité a la soldadesca. Luego le susurré a Yen—Vesemir siempre decía: “si te van a ahorcar, pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué va a pasar mientras te lo traen”.
Uno de ellos salió corriendo, presto, por el pasillo.
Intenté un teletransporte, pero no fui capaz. La miré llena de angustia.
No sabía cómo iba a salir de esta. Sin mis capacidades, estaba perdida. Pero me defendería con uñas y dientes, como cualquier madre protegiendo a su hijo, aunque aún no hubiera nacido. Sin embargo, debía intentar la vía diplomática, ya que no podía escapar con mi magia. Aunque sabía que mi padre era buen estratega, aunque sabía que iba a meterme en el terreno que él mejor dominaba, confiaba en poder manipularle tocando los pocos puntos vulnerables que sabía que estaban allí. Más me valía.
Los soldados esperaban, no se movían. Nosotras tampoco.

Emhyr llegó al poco. A pesar de la hora, estaba vestido, lo cual quería decir que aún no se había retirado a sus aposentos. Me miró con una mirada fría, que no admitía oposición.
—Cirilla —dijo—, no te resistas. Acompaña a estos hombres. Y tú, Yennefer, vendrás conmigo.
—¿Otra vez vas a hacerlo, padre? —le pregunté, sosteniendo su mirada— ¿Otra vez vas a destrozar mi vida? ¿De nuevo vas a hacer tu voluntad sin pensar en mí, en las consecuencias para mí, como siempre?
Su mirada se suavizó y pareció, por un momento, sentirse culpable. Pero sólo fue un momento.
—No puedo consentirlo. No puede ocurrir. Es una burla a mi persona, y no voy a tolerarlo.
—Sabes la profecía tan bien como yo. Sabes a quién llevo en mi seno. Si lo haces, destruirás el futuro del imperio.
—Tendrás otro hijo, aunque sea yo mismo quien haya de plantar la semilla. Es curioso que precisamente fuera Geralt quien me disuadió de hacerlo aquel día en Strigga, pero ahora ningún escrúpulo me detendrá, ya que tú tampoco los has tenido a la hora de acostarte con uno de tus padres.
Ese humillante comentario me puso furiosa y me llenó de una repulsión mayúscula.
—Eso jamás ocurrirá. Aunque tenga que viajar al pasado y persuadir al brujo de que te mate la misma noche en que le conociste. O matarte yo misma en cualquier otro momento, ahora mismo no me faltan ganas. Sabes que puedo hacerlo y no podrías detenerme.
Era un farol, pero desafortunado. Mi padre no llevaba nada bien las amenazas de muerte.
—Claro que puedo detenerte. Si tú mueres antes, no podrás matarme.
Tal vez fuera también un farol, pero no me quedé a comprobarlo. No sé de dónde saqué la fuerza, pero en ese instante agarré la mano de Yennefer y me teletransporté lo más lejos que pude, que no fue mucho… a las cuadras, pero eso Emhyr no lo sabía. Contaba con que pensara que me había ido fuera de su alcance.
Deprisa, aprovechando que el caballerizo se había quedado dormido, le propiné una patada para asegurarme de que no despertara. Ensillé a Kelpa, mientras Yennefer se hacía con un semental de gallarda figura, que parecía rápido y nervioso. Fuera de palacio, Yennefer pudo conjurar un portal más potente y ambas nos precipitamos en él, pues yo ya no era capaz de conjurar nada. Teletransportarnos con los caballos suponía un esfuerzo enorme para ella, por lo cual el portal no nos dejaría muy lejos, pero lo importante era salir de allí a donde fuera. Esperaba que, por lo menos, nos dejara fuera de Nilfgaard. No sé por qué, a esas alturas y después de haber vivido todo lo que había vivido, seguía siendo tan optimista…

Seguíamos dentro del Imperio. Supe al momento de llegar dónde estábamos. Estábamos en Cintra.
Nos escondimos en un bosque, debíamos esperar a que Yennefer recuperara fuerzas para volver a teletransportarnos, pues seguro que Emhyr ya habría dado órdenes con el fin de capturarnos y era mejor no dejarse ver.
—Siéntate a mi lado, Ciri —me ordenó ella.
Obedecí.
—¿Podemos hablar ahora?
—No tenemos nada más que hacer —me contestó—. Adelante.
—Te había pedido que perdonases a Geralt.
—No puedo.
—Él no tiene la culpa.
—Yo tampoco.
—Pero tú debiste saberlo. Cuando me conociste me trataste como una rival, porque lo intuiste.  Y, por mucho que lo hayáis intentado, siempre acabasteis separados
—¿Quieres decir como tú y él ahora?
Me quedé callada. Tenía razón, pero es que en mi celo en su defensa había llegado a olvidarlo.
—Dejemos el tema —dijo al ver mi conmoción—. Aprovechemos para dormir un poco. Amanecerá en pocas horas, y si me he recuperado lo suficiente saldremos por fin de Nilfgaard. Todo saldrá bien, feúcha.

El siguiente teletransporte nos sacó de Nilfgaard, pero no de su zona de influencia. Nos llevó a Temeria, más allá de Wyzima. Yennefer debía descansar de nuevo, quizá más tiempo, porque había quedado agotada. Estábamos en un cementerio.
—Tenemos que salir de aquí—dije.
—Un cementerio es un buen lugar para esconderse —aseguró.
La miré perpleja.
—¿Sabes la cantidad de monstruos aficionados a los cementerios que existen, mamá? Es el peor sitio, te lo aseguro.
—Sólo debemos buscar un mausoleo y meternos dentro con los caballos, luego bloquearé la puerta mágicamente y que vengan todos los monstruos que quieran. Un cementerio es tranquilo. No hay soldados ni espías por aquí.
—Pero, mamá…
—Ciri, ahora mismo es más peligroso Emhyr var Emreis que cualquier otro monstruo. Venga, busquemos un mausoleo lo suficientemente grande.
No tardamos en encontrar uno con las características requeridas, como para que cupiéramos los cuatro.
—¿Tienes hambre, Ciri? —me preguntó.
—Un poco.
—Rayos, yo también. Y habrá que darles de beber y comer a las monturas… No queda más remedio que arriesgarnos y llegarnos al pueblo. Comeremos y atenderemos a los caballos, luego volveremos aquí. Con un poco de suerte, en pocas horas nos teletransportaremos a Redania.  
Estuve de acuerdo.
Dejamos los caballos en un establo, Yennefer pagó para que les atendieran, y mientras fuimos a la taberna a comer. Mamá quería comida de verdad y un vaso de vino.
Comimos deprisa y salimos en busca de las monturas.
Y, por lo visto, justo cuando doblamos la esquina de vuelta al cementerio, llegó un viajero al establo. Uno con cabellos blancos y dos espadas a la espalda.


N.A. Gracias de nuevo a FrancoMendiverry por su inestimable y desinteresada ayuda. Si no es por ti...  Gracias!!!
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#2
Vaya, lo has mejorado bastante del primer borrador que me diste para leer! Ahora toda la escena inicial tiene más sentimiento, esta más empapada de realidad, ya no es tan brusca. Quedó de diez. Me gusto que haya sido Yen quien la rescató de Emyhr, para demostrar que la ha perdonado y aún la quiere como a una hija (que gran detalle lo del vaso de agua! Big Grin ). Y con el final del capítulo, como siempre, invitas a estar atento al siguiente, expectante.
Y gracias por tus gracias!!! Jejeje
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#3
Jejejjej, ha sido un homenaje a tu firma, Franco! Sabía que te gustaría el detalle! Gracias de nuevo.
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#4
(10/05/2019 06:53 PM)Sashka escribió: Jejejjej, ha sido un homenaje a tu firma, Franco! Sabía que te gustaría el detalle! Gracias de nuevo.

Jejeje pues ya con eso me compraste!
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#5
Jajaja ahora me doy cuenta que escribiste mal mi nombre. Lo has escrito completo unas diez veces y siempre mal, jaja. Ay, ay SASHA, supongo que tengo que conformarme con que no le hayas dado las gracias a Queiroz, ¿verdad?  Mfr_lol
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#6
Ooooooops, es verdaaaaaaaaaaad!!
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#7
He leído los tres últimos capítulos de golpe, así que opinaré sobre ellos por aquí.

Lo primero:

"—Pero tú debiste saberlo. Cuando me conociste me trataste como una rival, porque lo intuiste. Y, por mucho que lo hayáis intentado, siempre acabasteis separados
—¿Quieres decir como tú y él ahora? "

El zasca se ha escuchado en Vicovaro. Gracias Yen Big Grin

La verdad es que a veces siento envidia de tu manera de escribir. No solo por como consigues que tu mente sea una con la del personaje (me refiero a como calcas la personalidad que le dio Sapkowski) sino por lo bien que se te da expresar por escrito esa simbiosis. Como siempre te digo, el hecho de que encima almacenes tantos datos, tanto relevantes como "detallitos", de la saga, dotan a tus fanfic de una calidad muy elevada.

Respecto a este, admito que me enganchaste. Quizá porque aunque el romance en sí no haya perdido protagonismo, el morbo de meter a Yennefer y al Emperador en estos capis aumentó mi interés y entusiasmo Big Grin el giro del embarazo me ha parecido completamente adecuado y, sobre todo, perfectamente llevado. Si hace un mes me insinúas que vas a embarazar a Ciri y el padre va a ser Geralt, me da una embolia. Pero lo has hecho tan bien que me ha parecido algo natural; como natural me parecen las sospechas de Geralt o la incredulidad de Triss.
Espero poder leer el siguiente esta semana.
Ah, antes de que se me olvide. Muy emotiva la parte de Kaer Morhen. Yo fui de los que sufrí muchísimo con la muerte de Vesemir en el juego (con Coen en los libros no tanto...me caía bien pero sabía muy poco de él) así que puedo hacerme a la idea de lo que sentirán Ciri y Geralt al verle otra vez...Es como reencontrarse con un abuelo...

PD: jajajaja me encanta esa imagen que has puesto (del juego). La cara de gilip****as de Geralt es tan sublime...

PD2: nunca contestaste mi petición de fan de un capitulo con Milva, Regis, Angouleme y cía en Toussant o alrededores Sad soy un abusón Big Grin apúntatelo por si en el futuro te da por ahí Smile
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#8
(13/05/2019 04:06 PM)Daghdha escribió: Si hace un mes me insinúas que vas a embarazar a Ciri y el padre va a ser Geralt, me da una embolia.

Big Grin Big Grin Big Grin Big Grin También mis carcajadas al leer eso se han oído en Vicovaro.

Cuando me inspire te hago la historia, prometido.
Gracias por comentar!!
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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