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[FANFIC] LA FUERZA DEL DESTINO (SAGA GERALT DE RIVIA) CAPÍTULO 7
#1
Capítulo 7


Geralt palideció al verle. Se le quedó mirando sin dar crédito a lo que veía, incluso me pareció que ni respiraba. Luego, de pronto, se dio la vuelta y se alejó unos pasos, vi que se pellizcaba el puente de la nariz y después dejaba los brazos inertes a los lados, con la vista perdida en el horizonte. Me acerqué a él, preocupada.
—Geralt, ¿estás bien?
Él asintió y suspiró, se volvió hacia mí.
— ¿Él es…?
—Tu hijo, sí. No creo que puedas tener ninguna duda. No se podría parecer más a ti.
De súbito, me abrazó.
—Yennefer tiene razón: soy un idiota. Y tú sigues siendo mi Sorpresa, Ciri, mi maravillosa Sorpresa…
En su voz vibraba una emoción que pocas veces dejaba entrever. No podía creerlo, pero lo tenía delante. Dejando su mano en mi cintura, nos acercó a Gwynael y se plantó ante él. Levantó la otra mano y la puso en su hombro, apretándolo.
—Gracias por salvarme la vida… hijo. Yo... no sé qué decir, salvo que espero ser un buen padre para ti.
—No dudo que lo serás, después de todo lo que me ha contado madre.
Geralt me soltó y le abrazó. Se me hacía extraño verles juntos, tan parecidos hasta en los ademanes y, sin embargo, dos completos desconocidos. El brujo le soltó, pero mantuvo su mano en el hombro del joven.
—Debo irme ya. Con todo lo que ha pasado, ignoro lo que me encontraré al volver, pero espero que sea para bien -dijo Gwynael.
Le abracé muy fuerte.
—No dejes que nadie te manipule, Gwynael. Usa tus poderes con cuidado. Cuídate mucho también -le dije.
—Y vosotros.
Luego abrazó a Geralt.
—Pronto te tendremos con nosotros, cuidaremos bien de ti -le aseguró Geralt.
—Lo sé.
Se alejó unos pasos y levantó la mano, despidiéndose, después desapareció en un destello verde.
—Es…increíble… Todo, increíble… ¿Cómo, Ciri?, ¿cómo es posible?
Yo arrugué el entrecejo, un poco contrariada.
—Sigues sin creer en el destino, aún no creías que el bebé era tuyo. A pesar de todo, no lo creías…
—No, no lo creía, pero me daba igual que no fuera mío. Tampoco pensaba ya que me hubieras engañado. Pensé que Avallac'h, de algún modo, sin tu consentimiento, sin que tuvieras conocimiento de ello, era el responsable.
—Estoy a punto de enfadarme otra vez, Geralt…
Me abrazó y me besó de un modo seductor, y ya no pude enfadarme. Se agachó un poco entonces y pasó su brazo por detrás de mis rodillas, tomándome en sus brazos. Volvió a besarme de ese modo que delataba su deseo.
— ¿En tu cama o en la mía?
—En las dos.
Él levantó las cejas.
—Empezaremos por la tuya y luego ya veremos…

Me llevó en volandas hasta mi antigua habitación, y allí nos entregamos sin prisas, llenándonos de besos y caricias. Con él siempre me sentía como si fuera la primera vez, con esa expectación y nerviosismo, con ese misterio. Sentía en cada caricia recibida y dada derramarse sobre los dos ese amor que nos llenaba de un modo que todo y nada era suficiente, que nos hacía necesitar manifestarlo y recibirlo, que nos hacía anhelar el contacto de la piel contra la piel. Después, una vez saciados, tras derrumbarse sobre mí y enterrar su cara en mi hombro, se quedaba ahí, agotado y contento, durante un rato. Yo le abrazaba y le llenaba de besos, me encantaba verle satisfecho y tranquilo, feliz. Y luego, cuando se deslizaba hacia un lado, echaba de menos su peso y hasta me entristecía, hasta que él me abrazaba de nuevo atrayéndome hacia su pecho, y entonces la tristeza se evaporaba.
Pero no ese día. Ese día la tristeza se instaló en mi interior y no quería irse. Supongo que él también estaba pensando en todo lo que acababa de pasar, porque estaba pegado a mi espalda con una mano sobre mi vientre, acariciándolo distraídamente, pensativo. Suspiré, y sonó como un quejido.
—¿Qué te pasa, Ciri?
—No puedo relajarme. Necesito hablar, necesito sacarme esto de dentro porque me estoy ahogando, me ahogo, Geralt…
—Pues háblame. Dime lo que te pasa.
—Es que hoy me he sentido… como la otra vez. Pero peor, porque en esta ocasión no hubiera podido hacer nada. Cada vez que cierro los ojos veo esa hacha bajando hacia tu cuello, y me entra… no sé lo que me entra en el cuerpo. Porque casi, casi…
—¡Zas! Y sin cabeza.
Me sorprendió. Lo dijo sin asomo de sonrisa, sin pensar, como si hubiera sido lo primero que le había venido a la cabeza, esa expresión que era un vestigio del debate que tuvimos cuando era una niña de diez años, en Brokilón. De pronto, comencé a reír a carcajadas, una risa compulsiva que, al final, se convirtió en llanto. Él se quedó apabullado, no le gustaban nada los dramas, no sabía cómo manejar esas situaciones.
—Ya pasó, Ciri, estoy aquí, con la cabeza en su sitio…
—Ya lo sé… —sollocé entre hipos—. Pero estoy pensando que Emhyr ha cambiado de estrategia, quiere matarte para aislarme. Sabe que sin ti le sería más fácil capturarme. Ahora eres tú quien corre peligro, Geralt. ¡Y yo no quiero que te pase nada!
—Ciri, mírame —dijo cogiendo mi mentón y alzándolo—. No te tortures. Imagino lo que has pasado hoy y tienes todo el derecho a desahogarte, pero Emhyr no va a encontrarnos aquí. Estamos a salvo.
—¡No quiero verte morir! ¡No quiero volver a pasar por eso! —dije, arreciando el llanto.
—Yo… no sé qué más decirte, Ciri…
En ese momento, se abrió la puerta. Se suponía que no había nadie en Kaer Morhen desde que murió Vesemir, pero allí estaba Eskel. Debería haber estado de caza cuando llegamos, porque llevaba en la mano, colgando de una cuerda, unos conejos. Seguro que nos había oído, se había extrañado y había subido a ver qué demonios pasaba.
No imagino lo que debió pensar al vernos allí, desnudos sobre la cama y yo con un ataque de llanto.
—¿Geralt? —logró articular, pasmado, mientras los dos intentábamos cubrir mi desnudez a toda prisa.
—Joder, Eskel, ¡sal de aquí!
—Oh, perdón… —dijo cerrando la puerta en el momento que una bota se estrellaba contra esta.
—Será mejor que nos vistamos, Ciri. Y, por favor, cálmate. Eskel va a pensar que soy un marido terrible. No, no, no, Ciri, pero ¿qué he dicho? —se estresó al ver un puchero en mi rostro, ahora que parecía que me había tranquilizado un poco.
—¡No eres mi marido, aún estás casado con Yennefer! —aullé, enterrando mi cara en las manos y dando rienda suelta a un nuevo torrente de lágrimas.
Dejó la camisa que iba a ponerse a un lado y se tendió junto a mí. No dijo nada, sólo me abrazó empujándome hacia sí y yo me aferré a él. Se quedó allí, acariciándome pacientemente mientras le mojaba el pecho, hasta que me calmé. La habitación quedó por fin en silencio, pero él continuó allí, reconfortándome.
—Bueno —dije con voz cansada después de un rato, un poco avergonzada ahora que el ataque de llanto había cesado—, será mejor que nos vistamos y bajemos. Eskel debe pensar… Bah, al diablo con lo que piense.
—¿Te sientes mejor?
—Me siento como una idiota, no sé qué me ha pasado. Perdona por el lamentable espectáculo, Geralt… pero realmente lo necesitaba.
—No hay nada que perdonar —dijo con un beso en mi frente—. Demasiada tensión para tu estado, Ciri. Demasiada.

Eskel estaba en el salón, terminando de despellejar los conejos sobre la mesa. Cuando entramos se limpió las manos con un lienzo y se acercó.
—Siento muchísimo mi intromisión antes, pero oí voces y…
—No nos lo recuerdes, Eskel —gruñó Geralt, tras lo cual ambos se dieron un fuerte abrazo.
— ¿Qué hacéis en Kaer Morhen?
—Huir, como siempre. Necesitamos un lugar tranquilo y seguro.
—Entonces os quedaréis una temporada, ¿no? ¡Ciri, estás muy guapa!  —exclamó acercándose y estrechándome en sus brazos.
—¿Qué tal estás tú, Eskel? —le pregunté.
—Estoy… bien. Más o menos.
—Me extraña que no estés en el camino. Estamos a principios de verano —dijo Geralt.
—Llevo en el camino desde que… murió Vesemir. Pero pensé que no podíamos abandonar Kaer Morhen. Es nuestro legado, Geralt. Él no hubiera querido verlo abandonado.
—No, no hubiera querido.
—No lo estará —dije yo—. Nuestro hijo nacerá aquí y se entrenará aquí, será un brujo.
Sonreí, y Eskel levanto las cejas, boquiabierto.
—¿Es que acaso estás…?
Asentí. Rápidamente miró a Geralt con una mirada que lo decía todo. Yo bufé.
—Aún quedan un par de horas de sol, ¿te apetece pasear, Ciri? —me preguntó Geralt, intentando con esta maniobra evitar que la conversación prosiguiera.
Sabía que Eskel sería tan incrédulo como lo fue él, que sonreiría y nos seguiría la corriente, pero sin creer una palabra. Y Eskel no sabía fingir. Lo que menos deseaba Geralt en ese momento era otra exhibición de mi incrementada sensibilidad.
—Mientras paseáis, yo haré un estofado de conejo para cenar.
Asentimos y nos dimos la vuelta, rumbo a las escaleras.
—Eh… me encanta que estéis aquí. De verdad que me gusta mucho… —afirmó, realmente contento.
—Lo mismo digo, Eskel. Gracias —dije yo.

Salimos de la fortaleza rumbo al lago, paseando en silencio, cogidos de la mano.
Todo me traía recuerdos. A la izquierda estaba el Matadero, cuántas veces no lo habría recorrido… Recordaba la primera vez que intenté correrlo sola, desobedeciendo a Geralt… Más adelante el claro, donde aquel verano me escondía cuando me enfadaba con él…  Y el lago, al que llegaba corriendo nada más terminar la Senda para, acto seguido, desnudarme y meterme en sus aguas frías y refrescantes, sudorosa tras el esfuerzo del circuito; y en invierno bajábamos a patinar sobre el hielo.
No quería seguir pensando en eso. Me daba añoranza y estaba volviendo a sentirme triste, no quería potenciar mis sentimientos a flor de piel y volver a montar una escena. Fijé mis pensamientos en cosas más felices mientras caminábamos.
—Geralt, pronto tendremos que empezar a preparar lo necesario para cuando nazca el niño.
—Yo… no entiendo mucho de niños —dijo él—, pero, si me dices lo que necesitamos, lo procuraré.
—Yo tampoco sé mucho, pero… imagino que le habremos de vestir, que abrigar, necesitará una cuna… bueno, ya se nos irá ocurriendo qué más. Geralt, también hay algo más que me preocupa…
—¿Qué es, Ciri?
Me sonrojé.
—No sé nada de todo esto. Nada en absoluto. Necesito saber lo que me espera, cómo ocurrirá, cuándo ocurrirá.
—¿Nunca has visto parir a ningún animal? —me preguntó asombrado.
—Pues no. Tampoco es que sea este un tema común de conversación, ¿verdad? —le contesté un poco airada—. ¿Acaso me lo puedes explicar tú?
—No, por supuesto que no. Mis conocimientos son bastante limitados, sin duda.
—Geralt, necesito a mamá…
Guardó silencio unos momentos, con la vista perdida en el lago.
—Y, ¿cómo demonios se lo hacemos saber? —aceptó por fin.
—Puedo llamarla. Y ella me oirá. Pero quiero saber si tienes algún reparo en que venga.
—Eso no importa ahora. Si la necesitas, hazla venir.  
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Es que en vuestra última conversación no arreglasteis un poco las cosas?
—Las cosas nunca se arreglarán entre nosotros, Ciri. Lo único que tenemos ya en común es nuestra preocupación por ti.
—No quiero imponerte su presencia si te molesta de algún modo. Puedo pedirle que me lleve con ella y con Triss un par de días. Creo que será lo mejor.
—No, Ciri, ni hablar. No quiero que salgas de Kaer Morhen, no quiero correr el riesgo.
—Ni Yennefer ni Triss dejarán que me pase nada.
Se detuvo y me cogió de las manos, mirándome a los ojos con una muda súplica.
—No quiero que te vayas, ni siquiera un par de días. Haz que venga aquí.
—Está bien, mañana la llamaré.

[Imagen: 330h6w4.jpg]
Yennefer cruzó el portal y este se disolvió al instante. Se acercó a mí con paso seguro y una sonrisa. Ni Geralt ni Eskel estaban allí.
—¿Cómo van las cosas, feúcha? —me dijo con un abrazo—. ¿Ha vuelto ese brujo cabezota a darte algún problema?
—No seas mala, mamá… No, Geralt no es el problema. De hecho, pobrecito…
—¿Qué?
—No estoy en mi mejor momento. Si no fuera por su paciencia… Ayer mismo casi le ahogo con mis lágrimas…
—¡Ja! También él debe llevarse su parte. No vas a pasar tú sola el embarazo.
—Mamá, te he hecho venir para que me expliques todo sobre el tema. Es que no tengo ni idea de nada…
—Rayos, no había pensado en eso. Bueno, pues lo primero es lo primero. Busquemos un lugar tranquilo para charlar.
Hablamos durante bastante rato, y me lo explicó todo. Si creí que saber lo que me esperaba me tranquilizaría, nada más lejos de la realidad. Me quedé aterrorizada. La cara de susto que debería poner hizo reír a Yennefer.
—No te preocupes, no es tan horrible como parece. Yo estaré aquí para ayudarte cuando llegue el momento. Y ahora veamos que tiene Geralt para beber, tanto hablar me ha dado una sed espantosa. Y este endemoniado calor… —dijo levantándose—. Vamos.
En el salón tan sólo estaba Eskel.
—¿Eskel? No me has dicho que estaba también aquí, Ciri.
—No hemos hablado más que de embarazos, mamá.
Saludó a Yennefer amablemente y le preguntó, como un buen anfitrión, si podía ofrecerle algo.
No había vino en la fortaleza, ni bueno ni malo, así que accedió, maldiciendo, a tomar un vaso de gaviota blanca. Eskel me ofreció también a mí
—Ni se te ocurra, Ciri —me advirtió ella—. No tomes ningún potingue de brujos en tu estado. Incluso la gaviota blanca es más fuerte de lo que les gusta admitir. Por cierto, ¿dónde está Geralt, Eskel?  ¿Acaso se está escondiendo de mí?
—Ha salido a cazar —respondió el brujo, siempre tan fiel a Geralt.
Yo sabía que eso no era cierto. Me inquietó su ausencia.
—Bueno, tal como decía. Se esconde de mí —resolvió ella.
—Mamá, déjalo en paz. La última vez que estuvimos juntos en Kaer Morhen fue muy desagradable, reconócelo. No me sorprende que te evite.
—Desde luego que lo fue. Te recuerdo que mi marido me confesó que se había acostado con nuestra hija, que la amaba y que me dejaba por ella. Muy desagradable, cierto —dijo airada.
Ante estas palabras, Eskel farfulló una disculpa y se largó con prisas. No tenía ganas de oír los exabruptos de Yennefer.
—Pero lo que le dijiste delante de todos… Delante de Vesemir…
—Aún me quedé corta.
—Mamá, deja el pasado atrás. Nada va a cambiar, y no lo aceptas. En el fondo, no lo aceptas, por eso no puedes perdonarle y pasar página.
—Sé que no me queda otra que doblegarme al destino, soy hechicera, sé de qué fuerzas hablamos. Pero, aún y así, no puedo.
—No voy a insistirte, pero me duele esta situación. Si tu cedieras, entonces…
— ¡Basta ya, Ciri!  He dicho que no puedo perdonarle y no voy a hacerlo —se enfadó.
Justo en ese momento, entró Geralt luciendo su rostro de piedra.
—Ciri —me dijo—, desiste. Hay cosas que no tienen arreglo.
—¿Escuchabas detrás de la puerta acaso, brujo? —le pinchó ella.
—Con las voces que das, no hace puñetera falta.
—Hay cosas que me sacan de quicio lo suficiente como para gritar.
—Pues grita cuanto gustes, a mí me da igual.
—Esa arrogancia no me engaña en absoluto. Te conozco, brujo.
—No voy a discutir contigo, Yennefer. Te doy las gracias por cuidar de Ciri, y eso es todo lo que tengo que decir.
—Esto es muy desagradable —dije—. Os quiero a los dos, y no quiero presenciarlo.
Me fui de allí. Les comprendía a ambos, pero me sentía mal viéndoles discutir. En mi ausencia, la cosa por lo visto fue a peor. El resultado fue que Yennefer salió al patio, donde yo estaba sentada en uno de los muretes, enfadadísima.
—Me voy, Ciri. Y no creo que vuelva aquí. Cuando me necesites, vendré a teleportarte a Kovir conmigo y eso será todo lo que yo ponga aquí mis pies. Naturalmente, vendrás sola, sin Geralt.
—Pero mamá…
—¡Ni una palabra más! ¡O aceptas mis condiciones o te vas a Ellander con Nenneke cuando se acerque la hora del parto!
—Tendré que pensarlo.
Me miró sorprendida, dolida. Pero yo no iba a tener a mi hijo sin Geralt cerca.
—Está bien.
Me dio un breve abrazo y abrió un portal por el que se introdujo con prisas y sin mirar atrás. Me di la vuelta y volví al salón. Geralt estaba sentado en el banco de cara a la chimenea, apagada en verano, con los brazos apoyados en sus muslos.
—¿Estas bien? —le pregunté.
Él asintió sin mirarme.
—No va a volver más. Me lo ha dicho.
—Lo siento, Ciri.
—No se va a arreglar nunca, por lo visto...
—Nunca, Ciri.
—Geralt, no le perdonas lo que pasó con Vesemir… pero nunca me dijiste qué fue lo que pasó con él.
—No es necesario que te lo explique.
Me senté a su lado y le acaricié la espalda. Geralt estaba muy alterado, aunque intentaba aparentar normalidad.
—¿Tan malo fue? No me puedo imaginar… quiero decir, tú eras como un hijo para él, no creo que…
—Renegó de mí, Ciri —me dijo volviéndose hacia mí, y vi todo el dolor que sentía reflejado en sus ojos—. Me dijo que jamás me perdonaría lo que había hecho contigo. Me dijo que no era un hombre.
Me quedé de piedra. No supe que decir, y no dije nada.
—Si lo hubiera sabido por nosotros, tal vez no hubiera reaccionado así. Pero Yennefer sacó su veneno delante de todos, de un modo que me hizo quedar como un canalla. Y él ni siquiera me dejó explicarme, tan sólo me pregunto si era cierto que tú y yo…
—Oh, Geralt…
—No perdonaré nunca a Yennefer. Por su causa Vesemir murió creyéndome un indeseable.
En esa ocasión me pregunté seriamente si tal vez no hubiera sido mejor que las cosas siguieran como antes. Al alcanzar mi felicidad había hecho infelices a Yennefer, a Vesemir, y al propio Geralt. Sabía cuánto debía de dolerle la reacción del viejo brujo, aún hoy, lo sabía muy bien. Y lo curioso es que, siendo yo la principal culpable, todo el mundo parecía culpar sólo a Geralt, incluso él mismo.
Nadie parecía querer darse cuenta de que ya no era una niña, era una mujer que tomaba mis propias decisiones. Y una mujer, además, terca y rebelde a quien las normas establecidas le importaban un pimiento.
—¿Te arrepientes? —le pregunté con un hilo de voz.
—No, no me arrepiento. Sabía muy bien que tendría consecuencias cuando lo decidí, Ciri, no soy tan ingenuo.
—Pero el coste… yo sé lo que era Vesemir para ti. Lo siento muchísimo, Geralt.
—Espero que lo entiendas y no insistas de nuevo en que Yennefer y yo nos reconciliemos. Ella tiene sus motivos, que no discuto, pero yo tengo los míos, que no son menos dolorosos.
—Lo entiendo. Aunque no creo que haya ocasión ya.
—Las habrá. Porque Yennefer te quiere, a pesar de todo. Eres su hija, y no podrá dejarte a un lado por más que se enfade.
—Ojalá tengas razón… porque yo también la quiero.
—Lo sé.
Nos quedamos en silencio unos minutos, ideales para cambiar de tema.
—Geralt, hace mucho calor hoy. ¿Qué te parece si vamos al lago y nos damos un baño?
Su rostro se animó.
—Me parece muy bien.
Y a mí me pareció mejor aún por verle cambiar la expresión torturada, esa mirada que siempre me afectaba quizá por inusual en él, porque no era un hombre dado a mostrar sus emociones. Quizá tuviera razón acerca de Yennefer, pero lo que él no sabía aún era la condición que me había impuesto. Tal vez debiéramos considerar, en su momento, contar con un viaje a Ellander, con Nenneke. Pero, de momento, el agua fresca del lago nos esperaba.
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#2
Me gustó el capítulo, como te dije, esta bien que bajes el ritmo luego de un par de capítulos muy electrizantes. Además, me gustó lo que hiciste con Geralt y Vesemir, eso que el viejo brujo le haya dicho lo que dijo a raíz de las palabras de Yennefer (esa víbora, ay como la odio). Me volví a reír con lo mismo que la primera vez jeje, el ¡zaz¡ y sin cabeza, y con sólo imaginarme la cara de Eskel al entrar.
Te daré un par de sugerencias, como siempre tu te fijas si te conviene acatarlas o no:
1. En este diálogo hacen falta más incisos para saber quien dice que. Te lo imaginas, pero podría ser más sencillo y ágil si tu lo aclaras
"—Debo irme ya. Con todo lo que ha pasado, ignoro lo que me encontraré al volver, pero espero que sea para bien.
Le abracé muy fuerte.
—No dejes que nadie te manipule, Gwynael. Usa tus poderes con cuidado. Cuídate mucho también.
—Y vosotros.
Luego abrazó a Geralt.
—Pronto te tendremos con nosotros, cuidaremos bien de ti.
—Lo sé."

2. Esto lo sacaría, me gustaba más cuando terminaba con el "en las dos"
"Él levantó las cejas.
—Empezaremos por la tuya y luego ya veremos…"
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#3
Ugh, no se entiende cada quién habla? A ver, primero Ciri dice : le abracé fuerte, ergo ella habla con el hijo. Luego abraza a Geralt, con lo cual habla con Geralt. Es obvio! O eso me pareció...
Bueno, añadí eso porque me pareció mucha presunción...
Gracias por comentar y por tu ayuda, como siempre. Este capítulo, la segunda parte, la he borrado dos veces entera, jaja, porque se me iba la olla! Me ha costado mantener a Yen un poco comedida...
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#4
(17/05/2019 04:26 AM)Sashka escribió: Ugh, no se entiende cada quién habla? A ver, primero Ciri dice : le abracé fuerte, ergo ella habla con el hijo. Luego abraza a Geralt, con lo cual habla con Geralt. Es obvio!  O eso me pareció...
Bueno, añadí eso porque me pareció mucha presunción...
Gracias por comentar y por tu ayuda, como siempre. Este capítulo, la segunda parte, la he borrado dos veces entera, jaja, porque se me iba la olla! Me ha costado mantener a Yen un poco comedida...

No es obvio, es deducible, que no es lo mismo. Esta parte es la principal, más siguiendo con tu respuesta de arriba:

El brujo le soltó, pero mantuvo su mano en el hombro del joven.
-Debo irme ya. Con todo lo que ha pasado, ignoro lo que me encontraré al volver.

Ahí, si lo lees de corrido parece que habla Geralt, aunque luego acabds deduciendo que el que debe volver a su tiempo es el Hijo.
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#5
(17/05/2019 05:38 AM)FrancoMendiverry95 escribió:
(17/05/2019 04:26 AM)Sashka escribió: Ugh, no se entiende cada quién habla? A ver, primero Ciri dice : le abracé fuerte, ergo ella habla con el hijo. Luego abraza a Geralt, con lo cual habla con Geralt. Es obvio!  O eso me pareció...
Bueno, añadí eso porque me pareció mucha presunción...
Gracias por comentar y por tu ayuda, como siempre. Este capítulo, la segunda parte, la he borrado dos veces entera, jaja, porque se me iba la olla! Me ha costado mantener a Yen un poco comedida...

No es obvio, es deducible, que no es lo mismo. Esta parte es la principal, más siguiendo con tu respuesta de arriba:

El brujo le soltó, pero mantuvo su mano en el hombro del joven.
-Debo irme ya. Con todo lo que ha pasado, ignoro lo que me encontraré al volver.

Ahí, si lo lees de corrido parece que habla Geralt, aunque luego acabds deduciendo que el que debe volver a su tiempo es el Hijo.

Bueeeeno, te haré caso, para algo eres mi asesor. Tongue
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#6
Jejeje hay que insistirte un poco nada más. Big Grin
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#7
Hoy no tengo ningún "pero". El capítulo me ha entretenido de principio a fin, y aunque digas que te ha costado un poco que Yennefer no pareciera demasiado histriónica, creo que la has representado muy bien. Mira que en The Witcher 3 preferí a Triss, pero comprendo su rabia y me inspira compasión. Geralt y Ciri eran para ella lo más valioso que tenía en el mundo, y desde su perspectiva, la traición es absoluta. Creo que cuando soltó las barbaridades que debió soltar delante de los otros al enterarse, con el calentón y el ansia de hacer daño, no calibró bien las consecuencias...o precisamente fruto de la ira no le importaron lo más mínimo. También entiendo que Geralt no le perdone por lo de Vesemir. Cuanto dolor y sufrimiento...pero necesarios y lógicos con la senda que tú (y Geralt) has elegido y que Sapkowski finalmente no se atrevió a tomar.
Mis estrellas  Wink
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#8
(20/05/2019 09:36 AM)Daghdha escribió: Mira que en The Witcher 3 preferí a Triss, pero comprendo su rabia y me inspira compasión. Geralt y Ciri eran para ella lo más valioso que tenía en el mundo, y desde su perspectiva, la traición es absoluta.

Ya somos dos! Por lo de Triss digo, porque Yennefer no me inspira ni un ápice de compasión jeje
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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#9
Gracias, Daghdha, por tu apoyo! e alegro de que te haya gustado porque en este capítulo baja mucho el ritmo. Me he centrado más en los cambios de humor de Ciri, en el embarazo. Te digo por experiencia que es como una montaña rusa. Recuerdo que , cuando estaba embarazada de mi hija, había una canción de Mecano que no podía escuchar sin ponerme a llorar a moco. Esa de la perra Laika, jajajaa k pena me daba, ostia. Tampoco podía ver la escena de La Dama y el Vagabundo cuando la perrita quiere asomarse a ver el bebé y llegan los dueños, ella cree que la van a regañar y, en vez de eso, le enseñan al niño. Pues también, me hinchaba de llorar ahí. Y ya no te digo si me decían según qué o me hablaban según cómo, si tenía el día de sensibilidad subida. También hay días de mal humor que me subía por las paredes a la mínima, y otros que parecía que viviera en los mundos de Ýupi de lo feliz que estaba. Así que toma nota para cuando te toque ser padre, no te sorprendas de nada, ya sabes, Nil Admirari, jajajajaj (qué bien ha venido eso aquí).
Pido trabajo por acá y por allá, claro que sí, hay, pero, ¿cuál? A éste, capturarle una náyade, al otro una ninfa, a aquél una rariesposa. Se han vuelto idiotas por completo, en las aldeas hay más putas que patatas y el tío quiere una inhumana.
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#10
Jajajaja Toda la respuesta me ha hecho reír! No te voto positivo porque voy a ocupar toda la pagina de reputación yo sólo jeje
"Si te van a ahorcar pide un vaso de agua. Nunca se sabe qué pasará mientras te lo traen".
 
                                                                                                                                                                                 
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