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[FANFIC] Kaer Morhen (capítulo 23)- Saga Geralt de Rivia
#1
Capitulo 23


Geralt y Ciri estaban de pie en el inicio de la Senda. Hacia un frío de mil demonios, enero estaba resultando gélido, mucho más de lo habitual. Estaba siendo este un invierno excepcionalmente frío.

—¿Estás lista, Ciri? —preguntó Geralt, exhalando vaho al hablar.
—Sí.
—Adelante entonces.

Ambos empezaron a correr por el camino, saltando los primeros obstáculos sin problema.

—Recuerda que no es una carrera. Más despacio, Ciri, hasta que conozcas bien el terreno.
—¡Jaaaaaaaaaa, te estoy ganandoooo! ¡Huy!
—¡Pero mira para adelante, joder! ¿Te has hecho daño?

Geralt tendió la mano a Ciri para ayudarla a levantarse. Ella la tomó y se levantó de un salto.

—Sí, estoy bien. ¡Sigamos!
—Bien. Aquella piedra tienes que saltarla entera, sin ponerle un pie encima.

Ciri la saltó apoyando un pie en lo alto.

—¡Eh, brujilla, vuelve aquí! Dije sin tocarla. Vuelve a saltarla, puedes hacerlo de sobras. ¡Y no te muerdas la lengua, ¿acaso quieres cortártela con los dientes?!
—¿Cojo carrerilla?
—Coje lo que quieras, pero sáltala.

La niña lo intentó, pero volvió a apoyar el pie.

—Su puta madre…
—Sin palabrotas, Ciri. ¿Qué ocurre, no puedes levantar más las piernas?
—Me caeré, Geralt. Esta roca es muy grande.

El brujo se la miró, comparándola con la piedra.

—Bueno —concedió—, puedes apoyar el pie, esperaremos a que crezcas un poco más para hacerlo bien. Sigue corriendo.

Un poco más adelante se encontraron una grieta de un metro y medio de anchura. Geralt la saltó sin dificultad, Ciri frenó en seco.

—Oh, vamos, muchacha, ¿a qué tanto miedo? Puedes saltarlo de sobras.
—Ya lo sé, Geralt, pero es que he visto algo…

El brujo se asomó a la grieta y miró hacia abajo. Su vista captó un movimiento entre la vegetación, pero fue su fino oído el que oyó al animalito.

—Es sólo un gatito, Ciri, no tienes por qué asustarte.

La cara de Ciri se iluminó. Inhaló audiblemente, excitada.

—¡Un gatito! ¿Puedo quedármelo, Geralt? ¿Puedo?
—Ni hablar.
—¿Por qué no? Sería útil contra las ratas…
—Si es que las ratas no se lo comen a él. Además, sabes muy bien que los gatos no se llevan muy bien con los brujos. Lo has visto.
—Pero es muy pequeño aún, Geralt. Se acostumbrará a nosotros.

Al brujo no le pasó despercibido que la niña se incluyera como una bruja, a pesar de no tener las mutaciones, y le hizo gracia. A pesar de todo, no se dejó convencer, al menos de momento.

—He dicho que no, y es que no.


Llegaron al salón donde los demás brujos estaban charlando, Geralt tenía el ceño fruncido, Ciri una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Mirad lo que nos hemos encontrado en la Senda! —Les dijo corriendo hacia ellos, mostrando un bulto rubio atigrado que llevaba en los brazos.
—¿Qué llevas, niña? —dijo Vesemir.
—¡Un gatito!
—¿De dónde demonios habrá salido? —se extrañó Eskel.
—Vete a saber… —dijo Lambert.
—Tio Vesemir, ¿me lo puedo quedar?

De todos era sabido que el viejo brujo no quería animales dentro de la fortaleza, y menos animales inútiles. Tenían cabras, caballos y en su día tuvieron gallinas e incluso dos vacas, pero nunca mascotas. Por ello, los demas brujos, incluido Geralt, miraron al viejo maestro esperando la negativa.

—Claro que sí, pequeña. Pero deberás hacerte cargo de él, es decir, no quiero ver una meada o algo peor en ningún sitio. Tú te ocuparás de su comida y agua, y si resultara que no se adaptara y diera algún tipo de problema, se irá de aquí inmediatamente. Lo entiendes, ¿verdad, Ciri?
—Sí, tio Vesemir. Se portará bien, ya lo verás. ¿Puedo coger una cesta vieja para hacerle una cama?
—Puedes —concedió el brujo.

Los brujos se quedaron pasmados sin excepción. Ciri salió del salón con el gatito en los brazos, saltando contenta.

—Ahora sí creo que chocheas, Vesemir —dijo Eskel.
—Bah, un gato no da trabajo, y seguramente cuando crezca lo suficiente se marchará para no volver, si es que las ratas no se lo comen antes. Para qué le voy a dar un disgusto a la niña, a ver. Todos lo sabemos, los brujos no les gustamos. Dejadla que disfrute.

Nadie le llevó la contraria, porque ninguno quería desilusionar a la niña. La querían y les gustaba verla feliz.


—Será mejor que no se lo coman las putas ratas o tendremos un drama de la leche —dijo Lambert.
—Lo siento, pero no pude evitar que lo cogiera —explicó Geralt—. Se tiró de la primera grieta hasta abajo para capturarlo, a pesar de que le dije que no le daba permiso para quedárselo. Cuando lo tuvo en brazos, con esa cara llena de ilusión que pone ella, ya sabéis cuál, no pude obligarla a dejarlo…
—Lo imagino —intervino Coën—. Hermanos brujos, admitámoslo: la princesita nos tiene comiendo de su mano.
—Cómo no —dijo Eskel—. Me cuesta recordar un invierno tan entretenido como este… la niña ha traído vida a este viejo y moribundo castillo. Bueno, voy a buscar un par de cuencos para la comida y agua del cachorro.

Todos sonrieron y asintieron con la cabeza.

—¡Ciri! —dijo Geralt a la niña, que entraba de nuevo en el salón con el gatito metido en una cesta entre trapos viejos—, aún queda mucha mañana, no has terminado tu entrenamiento. Ya que no hemos recorrido la Senda, al menos aprovecharemos el tiempo en otras cosas. Deja la cesta y ve a por tu espada de madera, te espero en el patio.
Ciri llegó al patio con su espada y la cesta. La dejó a un lado y se acercó a Geralt, que había fruncido el ceño.

—¿No te dije que dejaras la cesta abajo? —dijo contrariado.
—Sí, pero…
—Sí, pero nada. No quiero que te distraiga.
—No me distraeré.
—Más te vale o el gato se irá de aquí.

Ciri torcio el gesto.

—Tío Vesemir me ha dejado, y manda más que tú.
—Vesemir te ha dado permiso siempre y cuando no cause problemas, y ya los está causando.
—¿Por qué? Yo sólo lo he dejado ahí… ¿qué más te da? No voy a distraerme, sólo quiero tenerlo cerca.
—Eso ya lo veremos… Venga, empecemos. Cúbrete. Vamos, ¡ataque y retroceso! Parada, Ciri, siempre parada tras el retroceso. Y vigila los pies.
—¿Por qué siempre estais riñéndome por los pies?
—Porque si no los colocas bien, te será más difícil moverte con rapidez para lo que sea que debas hacer a continuación de una parada.
—Ah…

La clase fue un éxito por la sencilla razón de que Ciri puso los cinco sentidos en hacerlo bien. Queria que Geralt estuviera contento y cambiara de opinión con respecto a su mascota.

Ciri iba a todas partes cargando la cesta, los brujos sonreían, Geralt no. Se veía venir lo que pasaría al final, pero, por otro lado, comprendía la necesidad de la niña de tener un amigo. Estaba sola, no había más niños con los que jugar, y, aunque los brujos y él mismo hacían lo que podían para entretenerla, cada uno tenía sus obligaciones después de los entrenamientos.

Al día siguiente volvieron al Matadero. Ciri dejó a Vesemir a cargo del gatito, el viejo brujo frunció el ceño, pero no dijo nada.
Corriendo, saltó la piedra entera sin poner el pie, y Geralt la felicitó. Ella siguió corriendo, contenta.
Llegaron de nuevo a la grieta, Geralt volvió a saltarla y Ciri se detuvo otra vez.

—¿Qué pasa ahora? —dijo Geralt poniendo los brazos en jarras, con aburrimiento, desde el otro lado.
—He visto algo…

Él bufó.

—¿Otro gato? Pues con uno tienes más que suficiente, Ciri.

Se asomó a la grieta con fastidio. No era un gatito, era un gato adulto, hundiendo sus patas en la nieve entre los matojos.

—Ciri, ese gato seguramente será la madre del gatito. Lo debe andar buscando.
—¿Su… mamá?
—Eso creo. ¿No piensas que estará sufriendo por él?

Ciri no dijo nada. Miraba al animal fijamente.

—¿No crees que deberías devolverle a su hijito? Piénsalo.
—No quiero. Ella seguramente tendrá más gatitos.
—Eso es cruel, Ciri.
—Me da igual. Me quedo con mi gatito. Yo lo cuidaré mejor que ella.
—Como quieras. Salta la grieta, entonces.

Ciri saltó y continuó el circuito. No abrió la boca en toda la mañana.
Regresaron a la fortaleza y Ciri se encaminaba directa al salón, pero Geralt la detuvo.

— ¿A dónde vas, Ciri? Todavía no es hora de comer. Ve a por tu espada.
— ¿Puedo ir a beber agua?
—Claro, puedes. Pero como te vea subir con la cesta, vas a tener un problema conmigo.

Ciri bufó y maldijo.

—No me gusta que digas palabrotas, Ciri. No es muy apropiado para una señorita.
—¿Por qué no me dejas traer la cesta?  Ayer no me distraje…
—No quiero ver a ese gato, sólo me hará recordar a su madre buscándolo. La verdad, Ciri, no creí que fueras tan insensible. Me sorprendes.
— ¡Ja! Que te crees que voy a picar. El gatito se queda. Me da igual lo que pienses.
Mierda, pensó Geralt, es muy lista la muy… sinvergüenza. Me ha visto venir y no ha colado… me temo que tendré que irme acostumbrando al puto gato.

Los dos siguientes días, al correr la Senda, volvieron a ver a la gata buscando a su hijo, pero Ciri hizo caso omiso. Geralt ni intentó volver a presionarla. El tercero, después del circuito, tocó ir al péndulo. La niña trajo la cesta, para disgusto del brujo.

— ¿Otra vez con la cesta a cuestas, Ciri? Esto ya empieza a cansarme.
—La dejaré ahí, no te enfades.
—Ni hablar, la dejarás bien lejos.

Ciri cargó la cesta a cinco metros del péndulo. Cuando iba a dejarla en el suelo, Geralt bufó.

—Más lejos. No quiero que te distraigas o el péndulo te dará fuerte.

Ella no discutió. Caminó unos metros más.

— ¿Aquí está bien?
—Ahí mismo, Ciri.

Regresó y tomó la espada de madera, se dispuso a entrenar.

—Prepárate, voy a soltar el péndulo. ¿Estás lista?
—Sí.
—Allá va…

La niña hizo un quiebro, una media vuelta y, con el impulso, dio en el blanco con la espada. Salió con facilidad del ejercicio.

—Creo que ya estás preparada para empezar con el segundo péndulo, Ciri. Uno sólo ya lo dominas.
— ¡Qué bien! He mejorado mucho, ¿eh, Geralt?
—Mucho. Vamos, otra vez. Y ahora no salgas tan holgada, recuerda que pronto habrá otro péndulo a continuación. Procura quedar más corta, pero fuera de alcance del péndulo.
—Ahá.
Eskel y Coën llegaron al patio con sus espadas en ese momento.
—¡Eh, Ciri, ¿cuántas veces te ha arreado hoy ese trasto?
—Hace muchos días que no me arrea, Coën —contestó ella, orgullosa— De hecho, Geralt dice que mañana me pondrá otro péndulo.
—Dos péndulos…—silbó Eskel—, eso es ya difícil…
— ¡Ciri, mira! —Gritó Coën—. ¡Se llevan a tu gatito!

Todos los demás, incluida ella, miraron hacia la cesta. La gata había dado con su cachorro y lo llevaba en la boca. Se detuvo un momento y les miró, luego echó a correr. Ciri salió detrás como un cohete.

— ¡Ciri! —gritaba Geralt— ¡Déjala! ¡Es su madre, Ciri!

Ciri no se detuvo, y él no tuvo más remedio que salir detrás de la niña.
La gata corría asustada, menos ágil con el gatito en la boca, y fue a dar a una esquina de la muralla. Intentó trepar, pero no pudo.  Dejó al cachorro en el suelo y bufó a Ciri, arqueada y amenazante, que se detuvo en seco a cierta distancia. Geralt la alcanzó y se puso a su lado.

—Ciri —le dijo con voz suave—, sé lo que significa el gatito para ti, pero, ¿no crees que deberías hacer lo correcto?  Es su madre. Ha venido hasta aquí a por él. ¿Qué harías tú si te quitaran a tu hijo?
—Haría…— titubeó ella con voz quebrada—, haría lo que ha hecho ella.
Geralt cubrió sus hombros con sus manos y los acarició.
—Y, ¿qué vas a hacer?

Ella se desprendió de sus manos, enfadada.

—No voy a hacer nada.

Se dio la vuelta y comenzó a andar hacia el edificio, luego corrió y se perdió por la puerta hacia el interior. El brujo suspiró y la siguió.
Geralt llamó con los nudillos a la puerta de la habitación de Ciri. La voz de la niña le llegó clara a través de esta.

— ¡Vete! ¡Quiero estar sola!
Él no le hizo ni caso y entró. La niña estaba tendida boca abajo en la cama, sollozando.

—Ciri, lo siento mucho.
—No lo creo.  No te gustó desde el principio. Y no digas que no —dijo ella sin mirarle siquiera.

Él se sentó en la cama, a su lado. Depositó una mano en su cabeza y la acarició con suavidad.

—Ciri, no es lo que piensas. A los gatos no les gustan los brujos. Se hubiera marchado tan pronto hubiera crecido, y tú habrías sufrido. Mejor que haya sido ahora, cuanto más tiempo contigo, más cariño le habrías cogido y peor lo pasarías.
— ¡Eso no me consuelaaaaaa! —Volvió a sollozar.
—Ciri, ¿qué quieres que haga? No me gusta verte así.

Ella hipó un poco y luego se hizo el silencio.

—Dime si puedo hacer algo por ti —dijo él.
—Tráeme otro gatito, pero que sea huérfano…

Geralt se quedó en silencio, pensando.

— ¿Te estás riendo de mí?
—En absoluto. No tengo ninguna gana de reír.

Sin embargo, ya no lloraba.

—Me estás tomando el pelo, Ciri…

Geralt la empujó hacia un lado y ella estalló en carcajadas.

— ¡Te lo mereces!

Geralt estaba desconcertado.

—Hace un momento llorabas a mares, ¿y ahora te ríes a carcajadas? ¿Esto qué es?
—He recordado algo que me dijo tío Vesemir. Dijo: “no llores la pérdida de hoy y piensa en la ganancia de mañana”.
—¿De qué demonios hablas?
—Habrá más gatitos pronto. Muchos.
Joder, tiene razón… ¡Mierda!, pensó el brujo.

— ¡Ahora verás!

Se lanzó hacia ella y comenzó a hacerle cosquillas, ambos reían divertidos, luego él la abrazó.

—Estoy orgulloso de lo que has hecho, Ciri. Eso era lo correcto.
—Lo sé. Me he quedado sin gatito por buena. Me pregunto si ser malo no saldrá más a cuenta…
—Puede parecerlo, sí. Pero eso no se elige, se nace con ello. Tú eres buena, Ciri, si te hubieras quedado el gatito arrebatándoselo a su madre, sé que te hubieras sentido mal.
—Olvidemos el puñetero gato, Geralt.
—Sin palabrotas, Ciri.
— ¿Crees que estará ya la comida?
—Es probable.
— ¿Cocinaba Lambert?
—Sí.

Ambos se miraron mientras una sonrisa afloraba a sus labios, y a la vez exclamaron:

— ¡Macarrones!
Y, riendo, saltaron de la cama, rumbo al salón.





[Imagen: 219q4p3.jpg]

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#2
Jajaja que capítulo más divertido. Y todavía alabas los mios haciendo esto... Había leído la mitad, pero lo volvi a leer entero y me hizo soltar varias risas. La próxima vez que me pregunten qué te hace reir, diré "los fanfics de Sashka" jejeje Y ese final, quedó genial!
Viviendo a la sombra del destino.
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#3
Jajajajja, hay que ver lo que puede inspirar una simple foto o un dibujo... De ese dibujo salió el capítulo. Yo también me he divertido imaginando todo eso. Gracias, Franco !

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
Uyy si, las imágenes hacen volar la imaginación. Aunque sea una pequeña y simple. En los retos de antes, esos en los que se escribía partiendo de una imagen, no tendrías competencia viendo lo que haz hecho aquí.
Viviendo a la sombra del destino.
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