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Relato de Ciencia-Ficción (Ocaso Estelar)
#1
OCASO ESTELAR

Despertó. No fue un despertar lento ni agradable, sino más bien como un repentino golpe en su mente; se despertó con una angustia asfixiante y envuelta en sudor.

Se quedó quieta en medio de las sábanas fucsia de su camarote escuchando el runrún de las conducciones eléctricas y el estruendoso sonido de los motores iónicos.

“Levántate” pensó, “estás despierta así que muévete”. Se puso en pie lentamente y se dirigió hacia el cubil que hacía de retrete. No sobrepasaba el metro cuadrado, pero aún así era suficiente para cumplir su función.

Maldijo en voz baja cuando tropezó con un recipiente de plástico cerámico totalmente vacío de comida. No se acordaba de haberse traído la cena al camarote, debía de haber bebido más licor de plátano gasificado de la cuenta.

Cuando un recio martilleo golpeó las sienes de su cabeza supo que tenía razón, había bebido demasiado licor de plátano.

Las luces titilaban con un color verde putrefacto iluminando las paredes de un color amarillo enfermizo. Es lo que pasa con los camarotes baratos, no puedes esperar lujos, se dijo mientras vomitaba el licor que aún quedaba en su estómago.

“¿Y cuándo has conocido algo parecido al lujo?” se dijo sarcástica mientras el agua tibia le recorría su cuerpo.

“Sal de esta ratonera, tienes un trabajo que hacer” le dijo su mente, “siempre alerta, no te relajes ahora” pensó. Se había convertido en su mantra desde que abandonase el lugar dónde había nacido.

Salió de su camarote para recorrer los atestados pasillos de la nave. Se movía entre la masa humana que conformaban los pasajeros, se rozaba con ellos, se arrastraba entre ellos, sentía su calor, olía su olor, hasta sentía su sudor viscoso, como una babosa en medio de una colonia de sus congéneres.

Como todos los cargueros interestelares, la Ocaso Estelar era un lugar atestado de todas las especies y subespecies humanas, sobre todo si se hacía la ruta de las Híades, porque la Ocaso Estelar se dirigía al planeta Sangir-Lah, el Planeta Paraíso, el Mundo de Ensueño, donde toda redención y toda sensación son posibles.

Por eso todos los pasajeros del Ocaso Estelar tenían sus propósitos, sus motivos para hacer este viaje en una nave atestada; desde los devotos del Cristo-Buda Renacido que se dirigían hacia el Monasterio de la Sublimación Mental, los psíquicos que buscaban la quietud mental en los Liceos de los Metafísicos Corticales, los peregrinos mazdeo-islámicos en ruta hacia la Nueva Medina en busca de iluminación espiritual, los azules homo anfibia del planeta Poseidón que venían a comulgar con los Mares Primigenios del planeta, los cyborgs que buscaban la comunión definitiva con las máquinas a través del Gran Nexo Neuro-Electrónico del Nuevo Amanecer, los Adictos a la Doctrina Sensualista que buscaban todo tipo de sensaciones en las Moradas de los Sentidos, hasta los homo plantae, los humanos fotosintéticos de piel verde provenientes del planeta jardín Gaia que venían a visitar los fabulosos Bosques Vivientes. Todos hacían esta ruta buscando algo o por alguna razón.

Y ella también, también tenía un propósito, tenía un motivo; tenía que matar a alguien. Era lo que daba sentido a su vida, para eso la habían creado, para eso habían modificado su ADN cuando aún era un mero cigoto, mejorar su código genético y hacerla superior a un ser humano normal, suponiendo que aún existiera algún ser humano normal.

Pero como suele pasar, todos los planes creados por los seres humanos acaban mal, porque la perfección no existe. Logró escapar, aunque tuviera que mancharse las manos de sangre. Y ahora huía, eludía a sus perseguidores. Se escondía entre los trillones de seres humanos que habitaban la Cosmópolis, entre las masas anónimas que vivían en los mundos, colonias y naves colmena de la Humanidad, dispersas por el abismo sideral que hay entre las estrellas. Y para esconderse también necesitaba vivir, y lo hacía haciendo lo mejor que sabía, aquello para que la habían creado, infiltrarse, espiar, matar, “siempre alerta, no te relajes ahora” repitió su mantra interno.

Pasó su mano sobre su cabello azul plateado, un color adecuado para pasar desapercibida, era el color de moda entre las jóvenes de los Sectores Exteriores. Así nadie se fijaba en ella, una chica no muy alta, muy joven, con un simple mono marrón y amarillo; nada destacable entre las miles de mujeres que viajaban desde los Sectores Exteriores en busca de mejores oportunidades, dispuestas a trabajar en lo que fuera, huyendo de una vida de pobreza y tedio. Es lo que ella buscaba, era tan fácil engañar a los seres humanos cuando se les mostraba lo que querían ver, y aún más fácil engañar a las máquinas, incluso a los Grandes Cerebros Electrónicos que controlaban la Cosmo-Red que conectaba las bases de datos de más de diez mil mundos entre sí. Era tan fácil crear identidades falsas, falsos archivos, datos, imágenes, falsos recuerdos con los que engañar a aquellos que comprobaban identidades. Podían pasar décadas hasta que se descubrían los errores, o las faltas de concordancia en los archivos.

Tras recorrer un atestado corredor en medio de un río de carne humana, y bajar en un ascensor enlatada con decenas de personas, por fin llegó a las salas comunales de la nave.

Si los pasillos le parecieron atestados, las zonas comunales parecían una inmensa colmena humana. Mucha gente, muchos ojos, muchos oídos atentos, “siempre alerta, no te relajes ahora” se dijo. Su vida se resumía en una tensión permanente, debía de vigilar su entorno y a quienes la rodeaban, si se confiaba estaba muerta.

Las salas comunales del Ocaso Estelar incluían los comedores, las salas recreativas, las salas sociales, y demás entornos donde practicar actividades en grupo. Se supone que servían para relajar las tensiones entre los pasajeros, aunque en medio de aquella masa humana había que hacer concesiones y tener pocos pudores.

Era complicado convivir con tantas culturas y subculturas en tan pequeño espacio, no todos compartían los mismos parámetros culturales. Los humanos fotosintéticos necesitaban toda su piel descubierta para llevar a cabo su metabolismo, así que se movían por las zonas comunales y los pasillos sin prácticamente nada de ropa, simplemente la justa para ocultar sus zonas erógenas ante las otras especies humanas. No podía decirse lo mismo de los humanos anfibios, que tenían que tener su piel permanentemente en remojo y por lo tanto recorrían la nave permanentemente húmedos y totalmente mojados, incluso carecían del pudor para evitar hacer sus necesidades públicamente y en cualquier sitio.

Tampoco era fácil convivir con los marcianos, acostumbrados a su clima, los entornos estándar les resultaban excesivamente calurosos así que no llevaban ropa alguna sobre su cuerpo excepto las joyas de metal con que se cubrían, y que excitaban la codicia de humanos de otros planetas con menos recursos minerales; aún así todavía no se había producido robo alguno, los turbios ojos ambarinos de los marcianos disuadían a cualquiera. Aunque los peores eran los humanos de Venus, estos seres de piel amarillenta y moteada eran criaturas acostumbradas a bañarse en aceite de glicerina y a mantener relaciones sexuales públicamente y sin ningún tipo de pudor ante el horror del resto de seres humanos de la nave.

No era de extrañar que la tensión se palpase y que por cualquier nimiedad estallaran conflictos que obligaban al personal de seguridad de la nave a intervenir continuamente.

Buscó un lugar donde sentarse y lo halló prontamente, una mesa ocupada por una pareja marciana, una familia mazdeo-islámica, y tres parejas de humanos de piel verde. Todos con sus contenedores de plástico cerámico de comida. Así que buscó un dispensario y tras pedir su contenedor, se sentó en la mesa a comer con fruición el puré sintético de proteínas y aminoácidos que se servía en la nave, y cuyo sabor sólo podía describirse como una mezcla de vómito y estiércol fermentado.

Mientras comía captaba conversaciones aquí y allá, era una costumbre que le habían inculcado, tenía que atender a su entorno, “siempre alerta, no te relajes nunca”; la mayoría de ellas giraban a temas de poco interés para ella, las discusiones entre los distintos grupos de presión del Senado de la Cosmópolis, las tensiones internas entre los diferentes miembros del Triunvirato Estelar y como afectarían a las tareas de gobierno, las maniobras realizadas en varios sectores por las naves del Cuerpo Expedicionario, o la presión de la Guardia Estelar sobre el tráfico de órganos de bioingeniería que llevaban a cabo los contrabandistas de las Pléyades.

Otras eran aún más fantásticas, entidades alienígenas en las nebulosas de Delta Omicron, criaturas interdimensionales que devoraban naves en el hiperespacio, o las famosas naves fantasma que aparecían de vez en cuando en las rutas de navegación secundarias.

Noticias lejanas, rumores medio susurrados, cotilleos típicos de viajeros estelares que tratan de matar el tiempo y de impresionar a sus compañeros de viaje. Cosas de poca entidad, de poco peligro para ella.

Mientras escuchaba no dejaba de buscar su objetivo. Llevaba rondándole desde hacía dos semanas y casi nunca lo perdía de vista. Era imposible perderle en la nave, no había muchos hermafroditas de Febo a bordo del Ocaso Estelar, su piel azul celeste y su aspecto andrógino los delataban a ojos vista. No sabía por qué razón habían puesto precio a su cabeza, ni le importaba, sólo quería concluir el encargo y abandonar aquella identidad que asumía.

Tardó en verle en medio de tanta gente. Se levantó y se acercó a él, llevaba trabando amistad con él desde que había fingido toparse con él en uno de los pasillos de la nave. Trabando amistad y seduciéndolo, lo que no era difícil con uno de los habitantes del planeta Febo. De todos era sabido que eran seres arrogantes, siempre dispuestos a mostrarse como criaturas importantes, ricas y poderosas ante otras especies humanas. Y por supuesto siempre actuando como depredadores sexuales agresivamente exuberantes.

- Bienhallada seas, Yftía. Mis ojos te echaban de menos desde ayer- la saludó con su untuoso y relamido estilo de conversación.

Ella simplemente sonrió, confiando en que lo tomase como un gesto de que estaba llevándola hacia dónde él quería.

- Pareces perdida hoy- continuó.

- Simplemente aturdida, dentro de dos días llegaremos a Sangir-Lah, y los rumores de los pasajeros me han perturbado. No sé si continuar mí viaje hacia Tau Ceti o no.

- Bah- exclamó despectivamente- simples rumores de criaturas simples. Lo que pasa en la ruta de Tau Ceti es un problema técnico nada más. Nada tiene que ver con seres extrahumanos ni entidades multidimensionales que sólo existen en las mentes supersticiosas y perturbadas de los viajeros del espacio. Llevó viajando por las rutas interestelares desde hace 21 años y nunca he asistido a los prodigios espantosos de los que blasona la gente.

Ella asintió dándole la razón. Estaba impaciente por acabar la cháchara y llevarlo a algún sitio privado, donde no hubiera testigos incómodos que pudieran dar la alarma o impedir que cumpliera el encargo. Así que simplemente se limitó a sonreírle y a mirarle mientras comía el engrudo que tenía por comida.

- Estaba pensando- dijo mientras pasaba su lengua por los labios para incitarle- que podría pasar algo de tiempo en tú camarote; el mío está en una zona bastante mala. Tuve que ahorrar gastos, y eso significa que comparto pasillo con gente… ¿cómo decirlo?, poco agradable y muy excitable. ¿Sería posible?

No era un engaño en realidad. Ciertamente las zonas más baratas de la nave eran refugio de gentes que buscaban mejorar sus vidas de cualquier manera, o que huían de delitos más o menos graves.

En seguida supo que había dado en el blanco.

- ¿Cómo negarme a una súplica tan urgente por parte de alguien perdido y asustado?; la verdad es que estas naves son horrendas, compartir entorno con semejante chusma asustaría y agotaría a cualquiera. Afortunadamente, a los de mi especie nos temen lo suficiente como para evitar provocarnos.

Ya estaba acostumbrada a su fanfarronería así que se limitó a volver a sonreírle.

- Entonces, creo que debería ir a por algunas de mis cosas, ¿no crees?

- Por supuesto, por supuesto- respondió él- te esperaré aquí. Más no tardéis, ardo en deseos de mostraros los bellos objetos que guardo en mi camarote y que no muestro públicamente por no excitar la codicia de la chusma infamante que viaja en esta nave.

Ella ya sabía que si ardía en deseos era de otro tipo, pero de eso se trataba, de hacerles bajar la guardia, de darles confianza, así sería más fácil. “Si no ven venir el golpe, todo es más limpio” se recordó. Era una de las primeras cosas que había aprendido en su trabajo.

Se despidió de él y retornó a su camarote. El viaje se hizo menos breve, por la excitación de completar su objetivo, supuso. Era una sensación a la que estaba acostumbrada, pero no debía dejar que las prisas la dominaran, podían provocar que fallara el golpe, y no podía permitírselo, “siempre alerta, no te relajes ahora” se repitió.

Avanzaba más deprisa por los pasillos, aún así se vio ralentizada por las personas que atestaban su ruta, tuvo que esquivar a una pareja venusiana que realizaba el acto sexual en mitad del pasillo, y a un par de marcianos que jugaban al pentajedrez con una pareja de habitantes de la Tierra.

Sólo cogió un par de cosas, las imprescindibles para hacerle creer que pasaría el resto del viaje con él. Lo importante ya lo llevaba sobre ella. Las pistolas de agujas eran la mejor arma para estos menesteres. Realizadas en hueso humano, no alertaban a casi ningún escáner de seguridad actual; y sus agujas biodegradables portaban una neurotoxina que la hacía imperceptible a los análisis médicos estándar. Además eran desmontables, con lo cual uno podía llevarlas en cualquier parte de su cuerpo. Eran el arma perfecta.

Regresó a través de pasillos saturados de humanidad en movimiento. Aún seguía allí esperándola, temía que se hubiera cansado de esperarla, aquellas criaturas eran tan veleidosas.

Él sonrió tranquilizadoramente mientras la acompañaba a su camarote. Pasaron a través de un par de áreas comunales, varias piscinas climatizadas y cruzaron el pequeño jardín recreativo de la nave. Siempre dirigiéndose hacia la sección de la proa, la zona más agradable y cara, con los camarotes más alejados de los motores y los ruidos que generaban.

Aún así, los pasillos y salas seguían atestados de múltiples especímenes humanos que iban y venían, para alguien no acostumbrado a verlos iban y venían de forma anárquica y sin sentido, pero para alguien que había pasado semanas a bordo de la nave, aquel caos tenía su sentido.

En un momento, mientras caminaban por un angosto pasillo, él resbaló al pisar algunos excrementos dejados por algún anfibio humano. Tras dedicar algunos espeluznantes insultos al autor de aquella decoración orgánica, se volvió sonriéndole para pedirle disculpas, y continuaron su camino por aquella zona.

Llegaron a su camarote, un apartamento lujosamente decorado con todo tipo de comodidades, desde tapices holográficos de las lunas de Saturno hasta plantas florales de la Vieja Tierra. Todo diseñado para crear un entorno cómodo y relajante para el pasajero, siempre que pudiera pagarlo claro.

-Ponte cómoda- le dijo con una expresión bobalicona en su cara.

Ella se sentó en el mullido diván de seda iridiscente procedente de las colonias de Centauri, que exhalaba exóticos perfumes cuando alguien se sentaba sobre él. Mientras su anfitrión ponía en marcha el generador neuro-armónico que se puso a reproducir una relajante música de órganos y tambores venusianos.

Se desnudaron lentamente, mirándose a los ojos con pasión. Mientras, al fondo del camarote, se calentaba la bañera de glicerina perfumada neuro-estimulante.

Él la llevo de la mano hasta la bañera, y se sumergieron suavemente en ella. Los vahos perfumados que salían de allí casi la asfixiaron. A continuación apagó las luces, probablemente para añadir más excitación al momento.

Ella sonrió, era un error, él no sabía que debido a sus modificaciones genéticas, sus ojos podían ver perfectamente en el espectro infrarrojo, permitiéndole ver perfectamente en entornos poco iluminados.

Mientras la besaba por todo el torso, ella se estiró sus brazos hasta la cabeza, fingiendo quitarse lo que parecía un prendedor.

En realidad era la pequeña pistola de agujas.

“Sólo un poco más” se dijo. Siempre esperaba a que estuvieran distraídos, relajados, así no verían venir el golpe, así no intentarían huir ni evitarlo.

Se quitó el prendedor y sus cabellos cayeron desordenados sobre sus hombros, él seguía besándola y acariciándola, casi con paroxismo orgásmico.

- Te adoro, te adoro, pequeña Yftía- susurraba casi en un gemido inaudible.

Ella le acariciaba los hombros y el cuello metódicamente, planeando el golpe, “siempre alerta, no te relajes ahora” se repitió.

Él seguía gimiendo mientras le besaba los pechos, ella empezó a contonearse cobre él, al principio lentamente y después frenéticamente. En ese momento, él alzó su cabeza hacia arriba y cerró los ojos en una expresión de sublime placer.

Ella bajó sus manos, las puso en torno a su cuello, notaba los latidos de su yugular.

Y entonces disparó.
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#2
Bueno, sigo colgando los relatos de los retos del antiguo foro; en este caso le corresponde al reto del relato de ciencia-ficción...creo que el género era space-opera...puede parecer un relato de corto vuelo (todo transcurre en una nave) pero necesario para recrear una atmósfera que (por entonces) no me era muy conocida.
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#3
Sabes que soy lector de todos los relatos que vas colgando, así que me permitiré un par de críticas que espero que no te tomes a mal.

Me ha costado horrores meterme en la narración. Proporcionas tantos datos e información, y escrito de manera poco ágil, que el comienzo se me hizo pesadísimo. Tuve que retomar la lectura después de haberla comenzado ayer.

El desarrollo posterior tampoco me llamó la atención, me pareció un poco insulso. Y luego...bueno, me esperaba algún giro final, pero parece que la asesina finalmente cumplió el cometido que llevaba anticipando durante todo el relato. Que, por cierto, merece una revisión, porque hay ciertas faltas de ortografía (no te creas que soy un filólogo, pero precisamente si yo las he localizado, a cualquiera le van a llamar la atención) así como repeticiones ("licor de plátano" en dos frases seguidas, por ejemplo) que deberías corregir.

Perdona si he sido duro, pero supongo que así  le darás más valor a mis opiniones favorables  Big Grin un saludo.
Te equivocaste, brujo. Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque.
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#4
No, para nada...las críticas son apreciadas.
(07/06/2019 08:39 AM)Daghdha escribió: Proporcionas tantos datos e información, y escrito de manera poco ágil, que el comienzo se me hizo pesadísimo. Tuve que retomar la lectura después de haberla comenzado ayer.

Es el problema que tengo con la ciencia-ficción, las descripciones. Todo el mundo puede imaginarse un barco de vela, sabe más o menos como funciona, como navega, y su "tecnología básica"....pero en ciencia-ficción es diferente, nadie sabe como funciona una nave interestelar, ni cómo se desplaza...porque nadie ha visto nada similar...por eso me pasé tanto tiempo con las descripciones...de hecho, es uno de los motivos de que el relato sea tan simple, para meter tanta "paja" tuve crear un argumento simple que me permitiera meter todo lo que quería sobre la nave y el entorno...y el resultado es, obviamente, poco satisfactorio.
Aunque también me pasa con mis lecturas, me atrae más lo fantástico (o el género histórico) que la ciencia-ficción, en la que me cuesta "entrar".
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