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[Fantasía X Ciencia Ficción] Matanza de Dragones
#1
Hace algunos retos presenté este relato sin mucho éxito. He intentado utilizar las críticas para mejorarlo. Aún le faltan muchas pasadas, pero lo dejo aquí por si alguien le interesa ver la evolución. Hay dos cosas que pueden importunar: los guiones de dialogo (están para retocar) y el hecho que sea parte de algo más grande. De todas formas, espero que el lector pueda disfrutar de la lectura aunque sea imposible comprender todo lo que está pasando. Wink


–Pequeña, ¿te he comentado alguna vez que te quiero? – dijo Jim mientras empleaba su magia de hielo para mantener a raya a una tempestad de dragones.¶
–¿Cuántas veces te he dicho que no me gusta que me digas esas cosas? – le contestó una Erza que hacía lo propio con su magia de fuego – Sobre todo lo de pequeña.¶
–Pelirroja, te quiero – volvió a decir Jim tentando a la suerte – Pide un deseo.
Una lluvia de estrellas fugaces cayó del cielo provocando una muerte de extrema belleza a docenas de dragones.
–Te odio, profundamente – rebufó una Erza que estaba espalda contra espalda con Jim – Pero si pudiera pedir un deseo, pediría despertar de esta pesadilla.¶
Rainbowtail era un grupo de borrachos profesionales que, en sus ratos libres, eran el gremio de magos más poderoso de todo Pixeland. Abanderados por sus líderes, James III Spaiceman y Erza Theace, no había pista de baile que se les resistiera o trofeo de beer & karaoke que no estuviera en su haber. En los campos de batalla, más de lo mismo. Con un inmaculado récord de cero muertes, el famoso combo Fire & Ice dominaba desde la cima el mundillo de la magia y la espada. Al menos, lo habían hecho hasta aquella fatídica misión.
El célebre dúo se encontraba por vez primera acorralado, luchando espalda contra espalda por sus vidas. Kanagawa, la ciudad de corte japonés donde se encontraban, era el escenario apocalíptico más estúpido que hubieran visto jamás. Nubes rojas de tormenta cubrían el cielo, pero en vez de traer relámpagos y lluvia, traían dragones. El objetivo de la misión, dos dragones grandes como catedrales, rugían de aburrimiento en el centro de la ciudad. Se habían quedado atascados a medio camino, simplemente había demasiados dragones. Lo peor era que, por muchos que mataran, seguían lloviendo más. Otros guerreros, unos menos idiotas y orgullosos, se hubieran dejado matar. Resucitar en el gremio, reagruparse con el resto de compañeros, tomar una cerveza, volver a empezar la misión, eso era lo que un guerrero con sentido común hubiera hecho.
–¡Se suponía que esta iba a ser la misión más divertida de todos los tiempos! – se quejó una Erza  frustrada – ¡Tenía que ser un reto, una misión que por fin nos hiciera sudar! ¡Pero esto es demasiado!
–Es la primera Gran Aventura en años, era de esperar que su dificultad fuera asfixiante. Llegar hasta los dragones gigantes parece casi imposible… Y una vez allí, está la problemática de llegar hasta sus ojos. Esos dos no tienen pinta de ser tontos, no creo que dejen desprotegido su punto débil. Pero veamos el lado positivo. ¡Hace un día precioso! Estas nubes rojas me dan ganas de pedirte que te cases conmigo.
Jim hizo caer del cielo un anillo de hielo gigante. Erza lo evaporó con sus balones de fuego. Los dragones seguían lloviendo.
–¿¡Puedes dejar de tocarme los ovarios!? ¡Ya estoy suficientemente cabreada! ¿¡Te puedes creer que estos todavía no hayan vuelto!? ¡Si tuviéramos todo el gremio aquí seguro que conseguiríamos avanzar!¶
–¿Y si nuestros amigos no vuelven? – dijo Jim con una repentina seriedad impregnando el tono de su voz.¶
–¿Cómo no van a volver? – resopló Erza disgustada – Te voy a decir lo que ha pasado. Al morir y resucitar en el gremio han descubierto la sorpresa. Con esa cantidad y variedad de bebidas legendarias delante de sus ojos se han vuelto locos. Bueno, aún más locos de lo que ya están. Cojamos una botella para el camino, habrá dicho Alf. Cojamos dos, habrá replicado Columbo. Hagamos una parada técnica en la batalla, habrá dicho Macgiver con resolución. Que se encarguen aquellos dos de la misión, empecemos de una vez la fiesta de la victoria, habrá dicho con alegría Punky. Seamos honorables, probemos un poquito y vayamos a ayudarles, habrá dicho la princesa de Belair. Esto tiene pinta de estar muy rico, habrá dicho Xanquete, esto me lo bebo antes de que vuelvan aquellos dos...¶
–Tienes mucha imaginación – la interrumpió un Jim que mantenía su tono serio – Pero, aunque sea como tú dices, están tardando demasiado en volver...¶
–¿Qué quieres que te diga? Había muchísima más bebida de lo habitual – dijo Erza encogiendo los hombros con despreocupación.¶
Jim respondió con un silencio glacial, uno sospechosamente sospechoso.
Erza estaba realmente asqueada. Aquel día, uno destinado a ser perfecto, había sido un desastre desde el minuto cero. Misión que les hiciera sudar y fiesta de celebración con cervezotes, ese era el plan. La realidad, los del gremio había muerto haciendo el idiota y les habían dejado solos a mitad del camino. Sus balones de fuego y las figuras de hielo de Jim eran insuficientes para abrirles un camino. Por cada dragón que mataban llovían dos más.
Odiaba que los planes no salieran bien y Jim lo sabía a la perfección. Podría poner la mano en el fuego de que esa era la razón por la que estaba pinchándola más de lo habitual. Llevarla al límite para que ella rompiera con él, ese era su objetivo. Palabras de hielo y fuego se cruzarían durante horas, pero eventualmente llegaría la inevitable reconciliación. ¡Me encanta que los planes salgan bien, el sexo de reconciliación es el mejor! Eso diría aquel idiota al final del asunto. ¡Pues se iba a quedar con un palmo de narices! Nadie la mangoneaba, ni siquiera la persona que estaba obligada a querer. Su artimaña le iba costar una semana sin sexo. Así aprendería aquel listillo a no pasarse de idiota.¶
–Estoy pensando en que podríamos dejarnos matar y pillarlos con las manos en la masa – dijo una Erza harta de aquella misión – Me parece una soberana tontería que nuestro orgullo, mantener nuestro récord de cero muertes, nos impida disfrutar de una fiesta que hemos organizado nosotros...¶
–No creo que sea muy buena idea... – dijo Jim con un tono de voz glacial que no presagiaba nada bueno.¶
–¿¡Por qué no!? ¡Se merecen que les demos un buen susto! – dijo Erza frunciendo el entrecejo en disgusto – Además, ¿qué hacemos aquí? ¿Conservar nuestro orgullo? ¿Nuestro estúpido récord de cero muertes? Mientras sigan lloviendo dragones, no vamos a poder completar la misión. Para cuando volvamos no quedará ni gota de alcohol. Creo que mi orgullo no vale más de tres cervezas de las buenas... ¶
–¿Has oído hablar de Terminus? – dijo Jim con notas de tristeza en su voz.¶
–¿Te refieres al legendario modo Terminus? – preguntó una Erza que sintió como su corazón se le desbocaba.¶
–¿Acaso existe otro? – dijo Jim con una resignación impropia de él.
Mientras mantenía a raya a los dragones creando aliens de hielo con su mano izquierda, con la derecha empezó a crear una lanzadera espacial.¶
–¿Entonces, todas las idioteces de hoy no eran porque querías sexo de reconciliación? – dijo una Erza que se negaba a aceptar la realidad de lo que había acontecido – ¿Todo era para desviar mi atención de lo que realmente está pasando?¶
–¿Sexo de reconciliación? ¡Esa sí que ha sido buena! Pequeña, tu salvaje imaginación me sacaría una sonrisa hasta en el infierno – dijo un Jim con una sonrisa forzada.
Erza vió por el rabillo del ojo que su amado estaba ultimando lo que parecía ser una lanzadera espacial.¶
–Esto significa que todos... Webster, Alf, las chicas de oro, Punky, la princesa de Belair, Macgiver, el equipo A, Columbo, Roseanne... incluso Xanquete... Todos están... Todos están...¶
–Muertos – asintió Jim con aparente frialdad.
La lanzadera estaba casi acabada. Erza empezó a fusionar sus balones de fuego con la intención de hacer uno enorme.
–Pero... pero... ¡Eso es imposible! ¡Eso va en contra de una ley primal de Pixeland!  – gritó Erza ahogada en un mar de lágrimas – ¡Eso significaría que está muriendo gente inocente en el mundo real! ¿¡Cómo podrán justificar semejante atrocidad!?¶
–Son políticos – les insultó Jim con sincero asco, mientras empezaba a crear cohete de hielo biplaza – Su trabajo consiste en eso, en buscar excusas, en tirarle la culpa al de al lado, en encontrar palabras que corrupción y sangre sean capaces de maquillar.¶
–Si realmente han activado Terminus, ¿cuál es el plan? – dijo Erza dejando que las lágrimas dejarán paso a una fiera determinación en su mirada.¶
–¿Acaso no es obvio? – la importunó Jim.
–¡¡Gear no fear kamikaze attack!! – dijeron los dos la vez que entrechocaban sus manos con rabia.¶
El cuerpo de Erza se estremeció con la vibración transmitida por el choque. Su espíritu voló alto al gritar aquellas palabras en lenguaje antiguo que tanto significaban para los dos. Aquella sincronía era la prueba viviente de los millones de minutos que habían malgastado hablando de tonterías. Si hubiera sabido que hoy iba a morir, hubiera dedicado más tiempo a beber cerveza de la buena y menos a inventar nombres chorra para ataques combinados.
Erza respiró profundamente. Sus cuerpos seguían espalda contra espalda, pero podía sentir la determinación en la mirada de Jim. En general, ese idiota que era su novio, la sacaba de quicio. Tenía por hobby lanzarle palabras para desequilibrarle el humor. Al parecer, lo encontraba de lo más gracioso. Pocos eran los momentos en los que recordaba porque se había enamorado de él. Extrañamente, aquel era uno de ellos. No pudo evitar cogerle de la mano.
Erza se sentía como si de golpe se hubieran apagado todas las bombillas del mundo y le hubiera vuelto a sobrevenir la más fría oscuridad. Todos sus amigos, lo único que tenía en aquel absurdo mundo, acababan de morir. Sintió como las viejas heridas se habrían, en su otra vida ya había pasado por algo así. La muerte volvía a saludarla, pero amenazaba con volver a llevarse todo lo que amaba y dejarla detrás. Si aquello ocurría… Si aquello ocurría sabía que no podría volver a escapar de su pozo de soledad. Jim había conseguido sacarla de allí a base de tesón, cariño y paciencia. Si él moría, desaparecería la única persona capaz de amar sin reservas su inmensa oscuridad.
Le apretó con fuerza la mano. Seguían vivos. Mientras él la guiara no sucumbiría a los demonios que acechaban en las profundidades de su corazón. No dejaría que los ecos de su dolor fueran una excusa para bajar los brazos. ¡Él no lo hacía! Y en aquellas terribles circunstancias se sintió orgullosa. Orgullosa de tener a su lado un animal de presión. Una de esas pocas personas en el mundo que, cuando más se tuercen las cosas, más carácter saca. Uno de esos monstruos capaces de aplazar los sentimientos para encontrar soluciones. El amor de una vida. El amor de su vida.¶
–¡¡Hasta el infinito y más allá!! –  gritó Jim utilizando una voz infantil.
De un tirón de ropas se quedó en calzoncillos. Acto seguido, con un increíble salto de rana,  penetró en ese cohete de hielo biplaza que justo acababa de terminar.¶
–¡Eres un idiota sin remedio! – le regaño Erza mientras penetraba aquel cohete por el culo.
Jim se había aposentado en la parte delantera de aquel cohete de hielo cristalino, era el piloto. Apoyada contra su espalda, con su gran balón de fuego pixelado taponando el culo, Erza era el motor.
El evidente dentado del contorno del balón hizo florecer el disgusto en la mirada de Erza. Al parecer, al creador de aquel mundo le resultaba gracioso que los objetos esféricos sufrieran de un clamoroso pixelado. El resto de Pixeland se sentía real como la vida misma, pero allí estaba aquel pegote de gráficos super retro para recordarles que estaban en un mundo virtual. El día que su camino se cruzara con el de Dios... Tendrían más que palabras…
–Tres, dos, uno… – dijo Erza iniciando la cuenta atrás – ¡Fireball!
El balón de fuego explosionó provocando que el cohete despegara con furia.
–Señores y señoras pasajeros ajustense los cinturones y disfruten del vuelo – dijo Jim haciendo el idiota – Siguiente parada, Ojos de Dragón.
Al principio atravesaban las capas de dragones como si fueran mantequilla. Pero conforme se acercaban a su objetivo, la densidad de dragones empezó a hacerse insoportable. Los dragones morían a centenares estampados contra el impenetrable casco del cohete, pero les estaban haciendo perder velocidad. Erza observó con preocupación cómo el balón de fuego disminuía de tamaño por segundos. A ese ritmo se quedarían sin maná antes de poder llegar a su objetivo. Sin milagro de por medio, nunca llegarían a la altura de los ojos de los gigantescos dragones...¶
–Las reservaba para una ocasión especial – dijo Jim sacándose del calzoncillo dos preciosas botellas – Pero supongo que el día en que aceptaste casarte con un servidor bien merece un brindis en condiciones.¶
Jim, famoso en el gremio por sus travesuras y su puntería, le lanzó una de las botellas a la cabeza. Erza, instintivamente, movió su brazo izquierdo para atrapar la botella al vuelo. Eran tantas las veces que le había hecho aquella jugarreta, que incluso estando de espaldas había evitado el impacto.
–¡Serás idiota! ¿¡Cuándo he dicho yo el sí quiero!? – le gritó una Erza molesta que miraba atentamente la etiqueta de la preciosa botella – ¡¡No puede ser!! ¡Miracle, la más legendaria de las bebidas! ¡Las leyendas la daban por agotada, su receta se daba por perdida! ¿¡Se puede saber de dónde las has robado!?¶
–Un mago nunca revela sus secretos, ni siquiera a su futura esposa – dijo Jim permitiéndose la más pícara de las sonrisas.¶
Brindaron de espaldas y bebieron de las botellas hasta dejarlas huérfanas del milagroso líquido. Miracle, el bebercio definitivo, hizo honor a su leyenda restaurando vida y mana a sus niveles máximos. Como si de un eructo de alegría se tratara, el fuego del cohete multiplicó su potencia exponencialmente. El verde sangre seguía acumulándose en el helado casco del cohete, pero ya no conseguía alterar ni su rumbo ni su ímpetu. La ebria pareja, celebró con un grito de euforia la fuerte sacudida que les indicaba el final del verde. Acababan de dejar atrás esas rojas nubes que siempre traían lluvia de dragones. El fuerte viento que golpeaba el casco del cohete limpió la sangre, las cabezas de los monstruosos dragones se giraron hacia ellos.
–¿Preparada para la batalla de nuestras vidas? – dijo Jim sonriendo con falsa seguridad.¶
–Siempre estoy lista para matar gigantescos dragones – dijo Erza acariciándole la espalda con la mano libre.¶
–Me estaba refiriendo al matrimonio que nos aguarda – dijo Jim esbozando una sonrisa temeraria.¶
–¡Te juro que si sigues diciendo esas idioteces, si no te mata tu dragón, te mataré yo! – dijo Erza resoplando furia.¶
–Recuerda, a un dragón se le conquista por los ojos...¶
–¡¡GRYOOORR!! – resonó por toda Kanagawa el sonido más peligroso del reino, el rugido de fuego de un dragón.¶
–¿¡White Fire!? – dijo Erza poniendo los ojos como platos al girarse y ver lo que se avecinaba – ¡Hijo de puta! ¡Esto ya es abusar por abusar! ¡Juro que algún día mataré al creador de este mundo!¶
Desde un primer momento la dificultad de aquella misión había sido absurda, pero aquello sobrepasaba el surrealismo. Erza miró con preocupación los calzoncillos de Jim y luego hizo lo propio con su biquini. Gear no fear kamikaze attack se basaba en utilizar una combinación de equipo que maximizara el daño de ataque y la movilidad. ¿La contrapartida? Te quedabas con cero defensa y sin protecciones elementales. Habían confiado en que el hielo arcano del que estaba hecho el cohete les sirviera de protección hasta llegar a los ojos. Después de todo, aquel legendario hielo se suponía que era eterno. Pero en aquel estúpido mundo virtual, si existía un legendario hielo imposible de derretir, existía un fuego legendario capaz de derretirlo todo. ¿Tenía lógica? Ninguna. ¡El creador de Pixeland debía ser un tarado mental! Resumiendo, hacer caso de las leyendas no era una buena forma de entender cómo funcionaban las cosas. La prueba y el error eran los únicos y verdaderos maestros. Erza había perdido irremplazables vestidos indestructibles a manos del White Fire. Por pura experiencia supo que aquel rugido de fuego eran malas noticias.
Erza no perdió el tiempo. Se desembarazó del balón de fuego que bloqueaba la salida y con una acrobática pirueta aterrizó en lomo del cohete. No había otra opción, tendría que utilizar aquella técnica...  Su corazón se aceleró emocionado ante la peligrosidad del momento. Si erraba en el tempo sufrirían una muerte horrible... Espera, espera, espera... ¡Ahora!¶
–¡¡Total Eclipse Firewall!! – gritó Erza alzando los brazos para formar un bloqueo perfecto. ¶
Dos enormes manos de fuego negro, aparecidas de la nada, se interpusieron al avance del rugido de fuego blanco. Como si de una pelota de voleibol se tratara el chorro de White Fire rebotó, formando un ángulo de sesenta y nueve grados exactos, hacia el cuerpo de su propietario.¶
–¡Toma gorro, jódete! – gritó con rabia Erza propia de cuando haces una acción deportiva genial.
Se desplomó exhausta sobre sus rodillas, hasta la última llama de White Fire había cambiado de dirección. Habían esquivado una bala, pero el peligro les perseguía.
El Cohete, sin su motor, caía en picado. Erza se sentía vacía, más vacía de lo que se hubiera sentido nunca. Intentaba con todas sus fuerzas restantes aferrarse al cohete, pero usar durante tanto tiempo su técnica secreta le había pasado una cara factura. Si aquel iba a ser su épico final, era bastante bueno...¶
–¡Stairway to Earth! – rugió imperial una voz proveniente del interior del cohete.¶
Antes de que su cansado cerebro pudiera procesar el significado de aquellas palabras se encontró en los brazos de Jim. Bajaban a velocidad de leyenda unas interminables escaleras de caracol. Paso a paso se alejaban del cohete de la esperanza y se acercaban a la incertidumbre que suponía pelear contra dragones gigantes desde el suelo.¶
–Lo he cazado, ¿no? – dijo Erza con un hilo de voz – Porque ha sido el gorro de mi vida. Ni siquiera cuando vivía del voleibol llegué a poner tanta intención en un bloqueo.¶
–Ha sido precioso – contestó Jim con una pálida sonrisa.¶
–No me has contestado – dijo Erza suspirando – Sigue vivo, ¿no?¶
–Pequeña, lo has hecho genial, nos has comprado el tiempo suficiente para llegar al suelo – dijo Jim con una seriedad que transmitía frío – Ahora descansa. Cierra los ojos y espérame. Ya has hecho suficiente, a partir de aquí me encargo yo.¶
–No.¶
–Pequeña, no seas cabezota, no puedes ni moverte – empezó a decir Jim.¶
–No puedo casarme contigo – repitió Erza con resolución en su mirada.¶
–¿Y eso? – dijo Jim mirándola fijamente a los ojos.
Por un momento, pareció que se hubieran detenido el resto del reino.¶
–Te he sido infiel.¶
–¿Infiel? – dijo Jim perplejo pero manteniendo el cruce de miradas, ignorando el mundo de peligros que le rodeaban – ¿Cómo? ¿Con quién?¶
–Todo empezó muy inocente – empezó a relatar Erza asomando el arrepentimiento en su mirada – Un baile por aquí, un baile por allá, un susurro travieso a la oreja... Una cosa llevó a la otra y antes de darnos cuenta lo estábamos haciendo.¶
–¡Dime quién fue! – gritó Jim, el vínculo entre sus miradas estalló en puro fuego – ¡Dime quién te obligó a hacerlo!¶
–No me obligó nadie – dijo Erza mostrando desafío a su mirada – De hecho lo disfruté muchísimo.¶
–¡Xanquete! – exclamó Jim como quien ha encontrado repentinamente la solución – ¡Fue él! ¡Maldito viejo borracho! ¡Fue con él que te bebías a escondidas mi colección de cervezas legendarias!¶
La había pillado. En realidad, no lo había engañado ni por un segundo. Desde el inicio de la conversación había sabido que no se trataba de una aventura carnal. Aún así, se había picado. Beberse unas cervezas podía parecer una trivialidad, pero Jim las amaba con locura. Las quería casi más que a ella. Ellas nunca se quejan, solía decirle a Erza.
–No tengo palabras para decir lo mucho que lo siento – dijo Erza con falso arrepentimiento.¶
–Solo dime una cosa más – dijo Jim bajando un escalafón el tono de su enfado – La botella de Imperial Dragon Stout que apareció rota...¶
–Nos la bebimos y rompimos la botella para que pareciera un accidente – dijo Erza girando la cabeza para no tener que seguir mirándole a los ojos.¶
–¡Uoooooohhh! – aulló Jim como solo se aúlla cuando te rompen el corazón – No me puedo creer que os bebierais la botella que tenía guardada para el día de nuestra boda.¶
–Éramos jóvenes y no sabíamos lo que hacíamos – dijo Erza débilmente aún con la cabeza girada – Espero que encuentres bondad suficiente en tu corazón para poder perdonarnos.¶
–¿Jóvenes? – dijo Jim indignado – ¡Si eso pasó la semana pasada! Además, ¿cuántos años tiene Xanquete? ¿Doscientos? Lo peor no es que lo hicierais, sino que luego me mintieras a la cara.¶
–¿¡Mentirte!? – dijo Erza girando de golpe la cabeza confrontando el agravio con el fuego de todos los infiernos en su mirada – ¿¡Mentirte como me estás mintiendo tú ahora!? ¿¡Te crees que soy tonta!? ¿¡Te crees que no me he dado cuenta de que los dragones son siameses!? ¿¡Te crees que no sé que, con Terminus activado, es posible utilizar Los Siete Pecados Capitales!? ¿¡Acaso me crees tan estúpida como para no atar cabos y deducir lo que te propones!?¶
Erza y la muerte no eran buenos amigos, las palabras serias se le atragantaban ante su presencia. Por eso lo había empezado a chinchar con la tontería del engaño. Era la forma que tenía su cerebro de abstraerse de lo que iba a acontecer… Pero su corazón se había rebelado contra tamaña estupidez. No había dudado en empujar las palabras serias hasta sacarlas por su boca.
–Es la única opción… Los números nunca mienten...  – dijo Jim girando la cabeza avergonzado, intentando ocultar su tristeza.¶
El poder Number’s eye de Jim le permitía ver los números de guerreros y monstruos. Seguro que había analizado todos los escenarios de batalla posibles... Y solo les quedaba una, la peor. Sus palabras se lo acababan de confirmar. En aquel instante, Erza sintió como si millones de vasos medio llenos se rompieran en su interior.
–¡Yo lo único que sé es que me hiciste una promesa! – dijo Erza acumulando en su mirada toda la rabia que su cuerpo exhausto no podía – ¡Me prometiste que nunca me dejarías sola!¶
–Lo siento – dijo Jim con la cabeza aún girada – Tengo que romper esa promesa. A donde voy mi corazón no te quiere llevar.¶
–No me vengas con eso de lo siento...¶
Antes de que pudiera continuar quejándose Jim la dejó abruptamente en el suelo, le dio la espalda y se dirigió lenta pero inexorablemente hacia los monstruosos dragones siameses.
Los Siete Pecados Capitales, las magias más poderosas de Pixeland también tenían el precio más alto. Las compuertas del pasado se abrieron de par en par en el corazón de Erza. Recordó el autobús y el fuego, el estar herida y exhausta en el suelo, el estar al filo de perderlo todo, el sentir miedo. Recordó haber sido cobarde. Recordó prometerse que en su próxima vida lucharía. No la volverían a dejar sola, si era necesario, esta vez llamaría a las puertas del cielo.¶
–Eres un idiota – dijo Erza cogiendo el tobillo de Jim con una mano completamente ensangrentada – Eres un idiota si piensas que te voy a dar permiso para que me abandones.¶
–¡Erza! – dijo Jim sorprendido de que en su estado se hubiera arrastrado tantos metros.¶
–Juro que no moriremos en este pueblo de mala muerte – dijo Erza sin fuerza en su cuerpo pero con determinación en la mirada – El cupo de gente que me ha abandonado hoy... No... El cupo de gente que me ha abandonado en mis dos vidas está completo.¶
–Pequeña, estás siendo más cabezona de lo habitual – dijo Jim con visible tristeza – Tienes que dejarme ir.¶
–¡No! – dijo Erza con lágrimas en los ojos.¶
–Pequeña, prométeme que me echarás de menos, que vivirás por los dos – dijo Jim replicando las lágrimas de ella en sus propios ojos.¶
–No quiero echarte de menos. No quiero que lo hagas. No te permitiré que lo hagas... – dijo Erza intentando abrazarle las piernas.¶
Pero abrazó el aire. Jim se había desembarazado de su débil agarre y la había abandonado para siempre. La azul y pixelada esfera que flotaba entre sus dos manos creció y creció. Cuando ya no pudo abarcarla separando más las manos esta pasó a flotar encima de su palma derecha. La esfera mágica siguió creciendo hasta que, de repente, reculó instantáneamente todo su crecimiento y se hizo pequeña como un pulgar. En un rápido movimiento Jim la aplastó contra su pecho, hundiéndola en su corazón. Sus arterias empezaron a colorearse de hielo muerte. Erza giró su cuerpo para pedirle cuentas al cielo y lloró de rabia e impotencia una vez más.¶
–¡Eternal Slothball! – gritó Jim con la mano derecha aún en el pecho y la izquierda tocando el dedo de uno de los monstruosos dragones siameses.¶
Eternal Slothball, uno de los siete pecados capitales. Una magia que transformaba a su usuario en una prisión esférica de hielo eterno. Pero de hielo eterno del de verdad, del que no se derrite nunca jamás. Erza vio a través de unos ojos borrosos por las lágrimas como el amor de su vida se convertía en una pequeña esfera de hielo. La esfera iría creciendo desde aquel dedo hasta aprisionar a los dragones siameses por toda la eternidad. Aquel sacrificio significaría completar la misión, debería significar victoria... Aquel sacrificio sería el germen de todas las lágrimas, suspiros y pesadillas que acompañarían por siempre a Erza en cada despertar.¶
La esfera de hielo y su estúpido pixelado, lentamente, empezaron a crecer. Los dragones siameses se retorcían furibundos intentando deshacerse de aquella pequeña molestia. No tuvieron éxito, el hielo anclaba una de sus patas firmemente al suelo. La frustración del dragón izquierdo le llevó a dar un poderoso zarpazo a la esfera. No sirvió de nada, de hecho empeoró las cosas ya que su brazo quedó pegado al hielo eterno. El dragón derecho probó la vía del White Fire. Tampoco funcionó, el hielo ni sudó ante las todopoderosas llamas. Inmutable a los esfuerzos de los dragones la prisión de hielo siguió creciendo de forma lenta pero inexorable.
Ya está, pensó Erza. Es el fin de todo… De mi corazón, de mi alegría, de esta pesadilla de misión... Pero ante los atónitos ojos de Erza, algo sorprendente y obsceno aconteció. El dragón siamés derecho, el que aún no estaba atrapado por el hielo, devoró la pata que compartía con su hermano. Abandonando a su otra mitad escapó de su otrora inevitable destino. El glacial sacrificio de la persona que más quería en el mundo había sido en vano. De nada servía congelar por toda la eternidad a un dragón si su siamés escapaba cojo y cabreado. Sinceramente, aquel odioso reino de Pixeland no entendía de justicia.¶
–¡¡GRYOOORR!! – el rugido de Erza resonó furioso por todo el campo de batalla, los miles de dragones que los rodeaban alzaron el vuelo asustados.¶
Un furibundo dragón paticojo se encaró hacia ella. Sus miradas se cruzaron. Estaba más allá del límite de sus fuerzas. Estaba rota por fuera y por dentro. Se había quedado sin sus amigos, sin el amor de su vida. El destino, amablemente, le había vuelto a regalar la eterna soledad. Apretó los dientes contra su labio inferior y reconoció ese sabor que tiene la ira cuando se condimenta con tristeza. Era el peor día de su vida y, para rematarlo, un dragón saltando a la pata coja se le venía encima.¶
Cuando la sombra de la pata del dragón la cubrió, debería haber tenido ganas de llorar y compadecerse. Debería haber tenido ganas de acurrucarse en un rincón y tirar la toalla. Debería haberse rendido... ¡Pero ellos no le dejaron! Cuando la vida te quita tantas cosas que resultan ser demasiadas, tus demonios te exigen eso que en lenguaje antiguo se llama Payback. Los oyó cantar, habían despertado de su largo letargo y alzaban con orgullo sus estandartes de guerra una vez más. Los podía sentir marchar por sus venas, erizándole la piel al pasar. Los podía sentir en el odio que su mirada no paraba de acumular. Sus demonios miraron a la muerte, al dragón, con desprecio. Al contrario que aquel idiota, ellos no la habían abandonado. ¡Ellos sí que cumplían sus promesas! ¡Viviría para vengar a todos sus seres queridos! La pata del dragón la aplastó.¶
Erza abrió sus ojos en la más completa oscuridad. En su precario estado debería haber muerto, pero tan solo sentía el dolor de no sentir dolor. Incluso después de muerto, aquel idiota, seguía encontrando formas de tocarle el orgullo. A pesar de no haber contribuido en nada, había subido de nivel. La muerte del otro dragón siamés había provocado el consiguiente reparto de puntos de experiencia entre los integrantes del team. No lo merecía, pero estrenaba nivel. Golpeó con rabia la oscuridad y el dragón paticojo se tambaleó hasta caer.¶
Es bien sabido que subir de nivel implica que tu mana y vida se recuperen instantáneamente. Eso explicaba su reseteo, pero no el que hubiera tumbado al dragón de un golpe… Y bien pensado... Tampoco explicaba que no hubiera muerto aplastada. Cuando obtienes mágicamente fuerza y resistencia sobrehumana, sospecha, algo malo está pasando. Intentó atacar los ojos del dragón caído con balones de fuego, no funcionó. El único fuego que vio aparecer fue el que salía de su piel. ¡Genial, estaba envuelta en un incendio unipersonal! Su preciado y caro bikini ardió en un instante. ¡Bienvenidos a Pixeland! Aquella era la tónica habitual de aquel estúpido mundo, siempre quedaba alguna grotesca sorpresa esperando a la vuelta de la esquina.¶
Cogió un mechón de su ardiente y fogoso cabello, no quemaba. Miró su blanca piel, las llamas improvisaban alegres bailes sin dejar marcas de sus pisadas. Indagó en lo más profundo de su corazón, sus demonios estaban bailando. El enorme fuego del que solían alimentarse se había transformado en una inagotable fuente de energía nuclear. En su otra vida, había pasado todos sus larguísimos viajes en autobús devorando libros de fantasía. En esta, nada más entrar a Pixeland, había devorado todos los de magia. Por desgracia, tenía una idea bastante clara de lo que le estaba pasando. Para asegurarse, decidió hacer una pequeña comprobación. Intentó emular al cohete de hielo concentrando el fuego en sus pies. Resultado, salió volando sin control y acabó estrellándose irremediablemente contra el duro suelo.¶
Su boca mordía polvo, pero su cuerpo desnudo no tenía el más mínimo rasguño. Golpeó con dos puños de fuego el suelo y la explosión la levantó por los aires. Dragonheart, pensó Erza mientras aterrizaba poderosamente sobre sus dos pies. Dragonheart, una magia tan legendaria y orgullosa que no permitía que su poseedor pudiera utilizar otras. Yo soy todo lo que necesitas, decía el libro que la describía. La relación de amor odio entre Erza y su magia se convertiría en la historia más bella del reino, una que nadie jamás se atrevería a escribir… ¶
–¡¡GRYOOORR!! – el rugido del dragón devolvió a Erza a la realidad.¶
Al parecer, en aquella pesadilla, aún había ganas para un baile más. Un paticojo y cabreado dragón se incorporó encarando a Erza a una velocidad endiablada. Con su tres patas, cargó hacia delante con sus fauces abiertas. El odio llevó a Erza a hacer algo que parecía estúpido, también cargó hacia delante. Parecía estúpido, pero en realidad había el esbozo de un plan detrás. En el último momento utilizaría su técnica de mujer cohete para esquivar las fauces y atacar los ojos. No resultó bien. La bravura, la valentía y la pasión nunca han sido buenos instrumentos de vuelo. Una inexperta Erza fue incapaz de maniobrar, su propulsor de fuego la impulsó directa a las fauces del dragón. ¡No podía haber salido peor! Entonces, para contradecirla, el hálito de White Fire hizo acto de presencia. Genial, fuego y babas, lo que más le apetecía en aquellos momentos de desesperación. No había más remedio. ¡Plan B! Erza abrió su corazón y dejó que sus demonios tomaran el control. Sus ojos refulgieron con el odio acumulado durante dos vidas y el fuego de sus pies se hizo eterno.¶
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#2
Por regla general, no me gusta el estereotipo del héroe bebedor. Pero, me hace gracia cuando presentas a un "grupo de borrachos profesionales que, en sus ratos libres, eran el gremio de magos más poderoso de todo Pixeland".

Hay algo de impresionante en que sí cause tristeza cuando revelan lo del Terminus (si yo ni los conocía... mucho). Y pensar que ahí sólo está empezando la lista de puntos tristes. No estoy acostumbrada a leer historias así. Francamente, un mundo que "no entiende de justicia".

Se siente como un final, aunque siento que detrás de ese final hay "una historia" que no conozco.
El eje de todos los mundos posibles no tiene esquinas ni aristas.
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#3
(22/06/2019 06:09 PM)tyess Wrote: Se siente como un final, aunque siento que detrás de ese final hay "una historia" que no conozco.

Gracias por leer y comentar.  Big Grin 

Como bien intuyes es parte de una historia más grande. Esto es un flashback en donde se explica la destrucción de un personaje, por eso es tan triste. Afortunadamente, la historia que sigue es más optimista. Erza vuelve de entre los muertos para demandar justicia a ese mundo tan injusto.  Wink
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#4
¿M estás diciendo que ese final es un principio?

Espera... ¿Erza, de nuevo? (Es que mencionaste varias veces algo sobre su segunda vida.... y ya me acordé que nunca estuve segura de si eso era figurado.
El eje de todos los mundos posibles no tiene esquinas ni aristas.
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#5
@tyess 
Sí, es un principio.  Tongue La idea es que están en un mundo virtual con temática fantástica donde viven de forma ininterrumpida (a lo Matrix). La primera vida se refiere al mundo real. La segunda es cuando empieza a vivir en Pixeland. El que activen Terminus (cuando mueres ya no resucitas) provoca la muerte emocional de Erza y cambia la Sociedad Pixeliana para siempre. La historia empieza años después en una sociedad post Terminus donde Erza consiguió matar al dragón pero murió emocionalmente, vive para la venganza.

Matanza de dragones sirve para moldear todo lo que vendrá después, tanto los personajes como Erza, como la sociedad pixeliana. 

¡Menudo tocho de explicación!  Big Grin  Uno de los problemas de cuando presenté esto como relato es que había muchas cosas que no se entienden porque les falta contexto.

¡Gracias por comentar! ¿Tienes pensado presentar algo al reto?
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#6
¿Que puedo decir, aparte de que me ha encantado?
Me suelen gustar mucho las historias con personajes de este estilo. Bebedores, pendencieros y bromistas. Espero que subas más partes. En particular, Jim y Enza me parecen muy carismáticos, dan ganas de saber mucho más de ellos.

Eso sí, por favor, súbelo en una letra más grande, por favor. Mis ojos han acabado sangrando de acercarme tanto a la pantalla. Y aunque entiendo que es por culpa de la edición o el formato, los símbolos de word que se han quedado hace difícil mantener el ritmo de lectura.

Por buscar alguna pega del relato, yo cambiaría los hombres de algunos lugares, no pega demasiado con el tono de la historia: pixelianos, por ejemplo. Demasiado infantil para un tono tan adulto. Pero supongo que estoy hilando muy fino Wink
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#7
(29/06/2019 03:55 PM)sento89 Wrote: Eso sí, por favor, súbelo en una letra más grande, por favor. Mis ojos han acabado sangrando de acercarme tanto a la pantalla. Y aunque entiendo que es por culpa de la edición o el formato, los símbolos de word que se han quedado hace difícil mantener el ritmo de lectura.

Por buscar alguna pega del relato, yo cambiaría los hombres de algunos lugares, no pega demasiado con el tono de la historia: pixelianos, por ejemplo. Demasiado infantil para un tono tan 

Sí, lo de editar en el foro es algo que tengo que mejorar. No solo lo de la letra sino lo de poner más espacios para que sea más legible. Y los diálogos también. Tengo mucho curro ahí. Tongue

Pues lo de los nombres está hecho con toda la intención. Se supone que los integrantes del Gremio son fans de las series de los 90 en España. ¿En el futuro existirá un subgrupo así? ¿Por qué no? Big Grin En cuanto a pixelianos es un derivado de Pixeland, la persona que programó ese mundo no tenía más gracia con los nombres.  Wink
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