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Reto Jun19: Furia de Grigondor
#1
I

Para cuando su familiar se dio cuenta, Godan ya estaba desarmado.

—¡Pero qué…?

Atento como estaba en la presa, Styg se mantenía vista fija en el objetivo a la espera del momento correcto, el único en realidad, que tendrían para debilitar a la bestia. Libro de hechizos en mano, ni siquiera parpadeaba. Fue solo al sonido de la cota de malla cayendo a su lado, que giró para ver a su compañero sin toda la protección metálica. 

—¡Ah!, mucho mejor —exclamó Godan a la vez que giraba las muñecas.
—¿…qué significa esto?, ¡¿por qué diantres te quitaste la armadura?!
—La armadura es para cobardes.
—Espera, ¿q-qué?—replicó Styg, atónito— ¿Pero qué rayos estas diciendo, humano insolente?
—Que no la necesito.
—¡Pues me importa un bledo lo que creas!, ponte la condenada armadura que ya casi es hora y ese adefesio va a partirte al medio si no la llevas.
—Entraré así.

Afirmó luego de ajustarse el tahalí que le cruzaba el pecho, envainar el sable —maza preparada en tierra— y tensar a tres cuartos su enorme arco ya con flecha en mano.   

—No vinimos aquí a medir tu patética hombría, pedazo de animal, esa de allí es una furia de Grigondor, no una rata de campo como las que corren por tu pocilga, y a menos que tu piel sea ignifuga y tan dura como el acero, ponte de una vez esa horrible armadura antes de que YO te haga cenizas con tres palabras.

Pero Godan no respondió. En cambio, mantenía la tensión del arco a la espera del momento en que la monstruosa combinación entre ave y espectro, revelara su punto débil. Era notable el esfuerzo en los tremendos brazos del veterano.

—Ya echaste a perder tres cacerías éste año y no voy a permitir que arruines ésta también —advirtió el espíritu familiar alternando miradas entre la presa y el humano—. Necesito el azufre, estoy harto de estos conjuros infantiles y no voy a obtenerlo si no regresamos con ese pájaro a cuestas, así que no juegues conmigo gaznápiro infeliz, porque aún tengo el suficiente negro para retorcerte la cara como papel. 
—Guarda tu lengua para el hechizo, Styg. 

E impotente el otrora devorador de deseos, tuvo que tragarse su orgullo allí, resguardado por la noche y los arbustos de un bosque mundano. A punto estuvo de conjurar una maldición para aplastarle las tripas a Godan… pero lo necesitaba.
Bien sabía que para vencer a uno de esos engendros no bastaba con verbo arcano —al cual eran inmunes— sino que era necesaria otra cosa que ningún familiar poseía.
En el mito, se relataba que las Furias eran las aterradoras hijas de la Caos y el Noche que ésta última llevaba encerradas en el pecho tras descubrir que, adictas a la muerte, lo devoraban todo a su paso. En la leyenda, se decía que fueron liberadas luego de que Grigondor, amante de la dama oscura, le traicionase y le diera muerte con tal de extraerle la sangre del corazón. En la realidad, se trataba de aberraciones etéreas que se materializaban en forma de aves monstruosas con plumas afiladas, decenas de ojos viperinos por el cuerpo y un pico seccionado en cuatro mitades duras cual acero. Se alimentaban de rhinopuercos, así que en ocasiones podían ser encontradas a la entrada de las cuevas de estos. 
Pero aunque no fuera tan difícil encontrarlas, luchar contra ellas sí que lo era, en especial porque poseían dos ventajas: encenderse en llamas oscuras (incluso cuando dormían) y volverse humo en cuanto se intentaba golpearlas.

—Está a punto de cerrar el último ojo, concéntrate, mortal.

Excepto en momentos muy específicos. 

La gorgona, Styg, ahora —ordenó el cazador.

Enseguida el espíritu abrió con el pulgar un frasco que cargaba en la mano derecha y roció la sustancia sobre el cuerpo de la flecha. Godan tensó hasta el tope su arco y en ese breve instante en el que la bestia cerró el ojo, apagó sus llamas y extendió las alas, el veterano soltó la fecha. Esa debilidad jamás duraba más de dos segundos. Rápida como era, la saeta de tres puntas cortó el aire alcanzando a su objetivo justo en una de las alas que acaban de materializarse. El impacto de hecho la atravesó, y por el contacto entre la gorgona y la propia carne de la Furia, esta sustancia se endureció casi al instante anclando a la bestia en la entrada de la cueva.

—¡Contrato!

Exclamó Godan al dejar caer su arco y tomar el martillo para iniciar su carga contra la furia, acto seguido, Styg quemó el libro que llevaba en la izquierda y recitó el conjuro otorgándole invisibilidad al cazador quien gracias a su carrera desesperada, recorrió los treinta metros que le separaban de la furia en un santiamén. Aunque no fue suficiente. Parado ya frente a su presa y a punto de lanzar el mazazo desde abajo, el hechizo se desvaneció. La hija de la Noche posó enseguida sus decenas de ojos sobre el humano y le tiró un golpe de ala que por asombroso que pareciera, no detuvo la intención de su oponente. Éste, a pesar del dolor, asestó con todas sus fuerzas el brutal golpe contra la cabeza de la Furia quien al impacto del arma cubierta en sangre de rhinopuerco, fue doblegada de manera tan violenta que cayó noqueada. 
Godan se mantuvo un rato mirando a la bestia en su forma física, apagada, vencida, con el cuerpo colgando del ala que seguía fija en la piedra. 

—¿Björn te lo ordenó?

Preguntó aun jadeando, con el gambesón ensangrentado y hecho jirones cuando el familiar se acercó al lugar de la pelea.

—Dijo que quizá lo necesitarías.       

Y sin verlo venir, Styg sintió de pronto la enorme mano de Godan apretándole el cuello.

—¡¿Necesitar?!

Fuerza física. Eso es de lo que todo familiar carecía. Al uso del arcano, vía azufre o talismán, los familiares podían ser tan poderosos como el material con el que contaran, pero sin él,  sus cuerpos eran tan delicados (e infantiles en altura) que hasta un niño podría doblegarlos sin esfuerzo. Y a Godan le basta con menos.

—Miserable aldeano —respondió casi asfixiado—, sin ese conjuro de rhino estarías hecho tiras.

Pero inclusive con dicho conjuro, la mitad de la cara, todo el pecho y las piernas de Godan estaban llenos de largos y profundos cortes. 

—No necesito nada. Nada… —pronunció el hombre antes de liberar a Styg y dar dos pasos para caer rendido.

El espíritu dio una gran bocanada a la vez que veía a su compañero sangrar en el suelo. 

—Sí… eso pensé, Godan. 

Sin perder el tiempo descolgó de su cinturón un frasco cuyo contenido vertió sobre el humano. Eso le coagularía rápido la sangre. A la sazón, se acercó a la Furia y le dibujó por el cuerpo varias runas con los dedos sobre las que esparció limadura de asbesto. Eso evitaría que se encendiera o se hiciera humo. Hecho esto, hundió la mano en su riñonera para extraer el último vestigio del oscuro azufre que le quedaba, —que no le llenaba ni medio puño—, se lo llevó a la boca y lo se lo comió. Eso evitaría que su cuerpo se deshiciera a pedazos.


II

Para cuando Godan despertó, su familiar ya solicitaba la entrada a Faro Eterno.

—¡Esto es un ultraje…!

Escuchó gritar a su compañero mientras él espabilaba dentro del carromato. Al incorporarse, resintió el dolor de cada una de las heridas —ya cauterizadas por el toque ígneo de Styg— causadas la noche anterior. Cargar a la furia en la jaula no le había ayudado a cerrarlas por completo. Con todo y eso, se incorporó, hizo a un lado la cortina y miró al barbón espíritu frente al guardia.

—Escucha, mocoso impertinente, ningún extranjero va a negarme la entrada a la ciudad donde fui invocado. Mira bien los certificados, trabajamos para Björn el alumbrador desde hace catorce años. ¡Allí lo dice!
—Lo siento, herr diakono… —miró el certificado— ¿Stieg?
—Styg, humano tonto.
—Styg. No puedo dejar pasar a ningún servando, sin un dominus presente.
—Pero qué tonterías estas… —el espíritu se detuvo un segundo— espera, ¿acabas de llamarme <<esclavo>>, sucia pila de carne?

Y embravecido, el espíritu encendió sus manos y ojos en fuego áureo, el guardia enseguida dejó caer los papeles y empuñó con ambas manos su alabarda. Su compañero al otro extremo de la puerta hizo lo propio. 

—El familiar viene conmigo —exclamó Godan al bajar del carromato.

Nada más escucharlo, tanto el espíritu como los guardias, aun recelosos, relajaron un poco su postura defensiva.

—Lo que dice es cierto. Somos cazadores y eso que ve allí —señalando a la horrible bestia— es la presa que hemos perseguido por dieciocho días. La venia es de veinte a nombre de Björn Hedersson, el dominus de este familiar, yo lo represento. En esos papeles esta la licencia.
—Así que muévete de una vez y déjanos pasar —agregó Styg.

El joven guardia levantó los documentos, los miró una vez más y los extendió a Godan al tiempo que se cuadraba en señal de aprobación. Entonces, al levantarse las alabardas los engranes comenzaron a girar, los cazadores arrearon los caballos y se dispusieron a entrar a la bulliciosa ciudad.
No sin venganza.
Al pasar al lado del guardia en cuestión, Styg que venía montado en el carromato transformó su cara de súbito y pegó un grito tan aterrador, que hizo saltar hacia atrás y perder el agarre de su arma al vigía. Ante esto, Godan solo negó con la cabeza pero el familiar y el otro guardia se carcajearon igual.

—Extranjeros —musitó tras rebasar la puerta— ese canciller blandengue les otorga asilo, les tira unas migajas y ya se creen dueños de Faro.
—A mí tampoco me agradan.
—Están abarrotando este sitio como una plaga. Mira este desastre; recuerdo la época en que todo era piedra y paja,  moradas de una sola planta y negocios sencillos. Se podía ver el horizonte. Ahora me cansa tanto ruido y humo…

Expresó en tono fastidiado, y con sobrada razón; Faro eterno era una metrópoli en desarrollo. Desde sus calles adoquinadas por donde transitaban veloces carruajes, personas de nuevas y estrafalarias modas —coronadas en bombín o copa con goggles—,  hasta un panorama de entramadas tuberías externas y engranajes moviendo las incipientes máquinas emisoras de vapor. Afloraban uno tras otro titanes de acero y concreto elevándose al cielo. Siempre en expansión vertical.
Y por la calle principal, el espectáculo era mayúsculo.
Lo que antes fuera un acueducto pétreo, se estaba transformando en la orgullosa vía elevada para uno extraño coloso llamado ferrocarril. Cuya estación principal sería nada más y nada menos que una monumental torre del reloj que exhibía cual artilugio sin envoltura, sus mecanismos por cualquier frente. Reloj que además emitiría luz al anochecer. Un faro como símbolo literal de la ciudad. A sus costados, fastuosos edificios reformados en estética victoriana; el taller de mecánico, el laboratorio de alquimia, la perfumería, la boutique…, todos llenos de luces y anuncios gigantes, farolas en fila por la acera y artistas callejeros que junto a sus familiares, ofrecían espectáculos de fuego o música bien por monedas, bien por azufre. 
Transitar por el centro no era sencillo.

—…transitar por el centro era más sencillo en aquellas épocas. Ahora es peor que el basurero del que vengo. 
—Es lo que hay —concluyó el veterano. 

Una vez cruzaron los caminos más progresistas, llegaron al extremo de la ciudad, al taller del alumbrero donde el propio Björn Hedersson, viejo de prominente barriga, rasgos bonachones y pequeñas gafas, les esperaba a la puerta del lugar.

—¡Jarl!, ¡Pero por la mano de Tyr, miren el tamaño de esa bestia! —gritó con sonrisa sincera al verlos— ¡Por fín la gloria nos sonríe! ¡Muchachos, dejen esas escobas y vengan a ver esto —e hizo la seña a sus aprendices árabes que apenas entendían media palabra— que hoy es día de júbilo!, mis amados Siegfried y Kriemild han traído victoria a nuestras salas, ¡contemplen su regreso triunfal! 
—¡Ah! Ya cállate viejo rucio.

Contestó Styg haciendo reír a su animado invocador. 

—Pero rápido, ¡rápido muchachos! —aplaudió para desembotar a los jóvenes que jamás habían visto una furia—, no se queden allí parados, lleven esos caballos al establo —indicó a entre carcajeos— y que Styg les ayude a poner ese pájaro en la mazmorra. Muevanse-muevanse, que hoy será el mejor día de sus vidas: por fin van a conocer el orgulloso oficio de iluminar al mundo.

Cuando Godan cedió las riendas a uno de los aprendices y bajó del carro, la mirada de desprecio hacia su patrón no pudo ser mayor.

—Bienvenido de vuelta —le dijo al mismo tiempo que sonriente, abría la puerta del despacho.

El titular del negoció entró y Godan detrás de él.

—Me alegra ver que has vuelto en una pieza, Godan. Eludir los caprichos de Vidar nunca es…
—¿Por qué ordenaste el segundo contrato?

Suspiro antes de contestar.

—La gratitud nunca ha sido tu fuerte.
—¡Déjate de tonterías, Hedersson, estuve a punto de romperle el cuello a St...!
—¡…porque sabía que lo necesitarías! —espetó dando un golpe en la mesa—,  y por cómo tienes la cara, veo que no me equivoqué.   

El gesto siempre afable del dueño se tensó como nunca antes.

—Las cosas están cambiando, Dan; por mucho que no quieras aceptarlo ya no eres el joven que me ayudó a construir este negocio. Hace meses que bajaste tu cuota, y todavía más que te salvas de milagro. Styg dice que ya no eres veloz.
—Miente.
—Pues yo le creo. Y debo hacerlo. Ese espíritu es lo único que nos separa de la desgracia.  Aun si miente, no estoy dispuesto a correr el riesgo. Ya tengo suficientes preocupaciones con lo que está pasando en la ciudad…

Extendió la mano debajo de su escritorio, echó un vistazo por la ventana para asegurarse de que no hubiera mirones, y puso enseguida un rudimentario pistolete sobre el mueble.

—…y ahora también con esto.
—¿Qué carajos es eso? —cuestionó al ver tan extraño objeto.
—Dicen que esos locos de la avenida principal la fabricaron, le llaman <<arma de fuego>>.
—Tonterías, el fuego es dominio de los familiares.
—Esto es distinto, Godan, no es el fuego lo que controlan, sino esto.

De su bolsillo extrajo una pequeña esfera de metal que entregó a su análogo.

—¿Y qué se supone que hace? —frunció el seño al tenerla entre los dedos.
—El arma lo dispara.
—Es solo una bola.
—Lo es, pero cuando el cacharro lo dispara, puede atravesar armadura, piel y hueso por igual.
—Tonterías —reiteró— para eso existe el arco.
—No, Dan, esto va más allá. Hace semanas que la tienda de pieles del centro no para de aumentar su producción. Al doble, a veces al triple. Y Zushe —dueño del negocio— fue uno de los pocos con el poder suficiente para negarse a este absurdo decreto de contratar exiliados. ¿Entiendes lo que significa? Más cacería con los mismos cazadores. 
—Me fastidia la política, y tampoco me importan sus basuras mecánicas.
—¿Pero qué no lo ves?, ¡esto…!
—¡Suficiente!, ¡no vine para discutir leyes o tus sandeces mundanas, vine por la gloria que me arrebataste!, Por si no lo recuerdas, hijo de Heder, soy un Daikar; vivo para dar muerte o para morir en batalla, y lo que hiciste insulta mi linaje ¡Cómo te atreves a  confabular a mis espaldas!, ¡me has deshonrado! —clamó golpeando con ambos puños el escritorio— Dispusiste de mi destino como si fuera un aprendiz, ¡¿quién demonios te has creído?! Llevo veinte años en esto, ¡veinte!, ¡sé lo que tengo que hacer y tengo la fuerza para hacerlo!, ¡ni soy un niño ni estoy invalido para que tu mascota me haga de nodriza, maldita sea! 

Entonces Godan lanzó la munición sobre el escritorio y salió azotando la puerta.

—…podría beneficiarnos —concluyó Hedersson agachando la cabeza.

Todavía furioso, el cazador se dirigió a la mazmorra. Pequeña bóveda subterránea de varias y espaciosas celdas en la que Styg, se ocupaba de aleccionar al par de aprendices.

—…y si permiten que el bastardo vuele, ya pueden despedirse. Estos pajarracos tienen el poder de fusionarse con la noche cuando están en el aire y… ¡hey!, hablando de tirar la sopa, allí viene el maestro en ahuyentar presas.
—A un lado engendro.
—¡Engendro? —repitió sorprendido mientras Godan giraba los cerrojos de la celda— Oye espera, ¿qué crees que…?
—Vine a hacer mi trabajo.
—¿Pero te volviste loco? ¡Aléjate de esa puerta!, ¡No puedes entrar, no puedes desplumarla ahora, soberano maniático, la cazamos ayer! Aún está bronca y hace falta que el viejo…

Pero el cazador giró de golpe la cabeza dirigiéndole una mirada tan penetrante y endiablada, que hizo estremecer al espíritu venido del inframundo. 
<<No seas estúpido, Godan, ¡vas a matarnos a todos! —quiso gritarle— …y ya no me queda negro para cubrirte>>
Cuando los seguros estuvieron sueltos, el corpulento hombre entró a la celda sin mayor arma que sus manos enguantadas. Por mero instinto, Styg se dirigió a los aprendices:

—¡Tu, trae las tenazas!, ¡tú, armadura, rapido!

Ante eso, Godan dio un poderoso golpe con el canto del puño a la puerta. La celda completa retumbó. La furia se irguió cual grande era graznando desafiante y encolerizada. Al verla así, ambos ayudantes salieron huyendo despavoridos profiriendo auxilio a sus dioses medio-orientales. Aun encadenada y sellada con runas, la bestia no dejaba de ser un monstruo de pesadilla. Pero el hombre estaba decidido. Se acercó al costado de su presa eludiendo las sacudidas con juego de pies; saltos hacia atrás, laterales. Midiendo el alcance y los lapsos entre ataques. La bestia cada vez más embravecida, tiraba de las cadenas e intentaba romper el bozal sobre su pico, y una vez que golpeó este último contra el suelo para librarse del yugo, el Daikar tomó la oportunidad para acercarse y con un movimiento rápido de manos, le arrancó una pluma.
El dolor fue supremo.
Jamás lo hacían de esa manera.  La importancia de primar al bardo radicaba en la capacidad de este para prendar a la furia, enajenarla y hacerlo seguro. Pero en ausencia de esto, la bestia  enloqueció de dolor e hinchó su cuerpo por acción refleja, aunque al hacerlo, las runas dibujadas en ella se expandieron debilitando el sello.

—¡Sal de allí! — gritó Styg al sentir la fisura en el hechizo.
—¡No necesito que na…!

Pero fue tarde. Ese efímero segundo de debilidad rúnica fue suficiente para permitir al monstruo desvanecer y librarse así de sus ataduras. Ese efímero segundo que Godan se tomó para desviar la mirada hacia Styg, le impidió ver como la Furia abrió su pico para lanzarle el ataque hacía el brazo que sostenía la pluma.
Enseguida, un revés de ala lo mandó a volar. Ya sin brazo.

—¡Godan!

El familiar entonces se rasgó el pecho con sus afiladas garras y  lamiendo rápido la sangre en su mano, conjuró un poderosísimo enlace que hizo brillar las runas. Styg encendió toda su carne a la vez que cerraba el puño con gran dificultad. Las runas presionaron el cuerpo de la furia mientras esta graznaba desesperada.

—¡Styg, no!

Profirió su invocador quien alarmado por los aprendices, llegaba para presenciar la dantesca escena. Sin embargo, el familiar cerró de golpe la mano triturando a la creatura, quien con los huesos desechos, cayó casi muerta. Aunque él mismo también cayó de rodillas, escupiendo sangre y con el cuerpo desbaratándosele a pedazos.

–¡¿Pero qué has hecho?! —mas cuando el familiar señaló hacia su compañero— Por el amor de Freya… no… Godan…



III



…para cuando te alcance la Furia, no te envuelva la oscuridad.

Rezaba uno de los versos escritos en la pared.

Llévame contigo, verdugo y terrón, como tú te quedas conmigo cuando te vas .

—Que manía… —susurró.

Al filo de la cama, también podía ver ese cuadro a medio pintar sobre el caballete, un cálido amanecer en la playa.  Los pinceles a punto en la mesa de junto, las flores en vasijas que los acompañaban y no dejaban espacio para nada más. Se acercó para captar su dulce aroma y vio los pequeños bichos que hacían de estas, su hogar. Eso es lo que le gustaba a ella. Explorar, salir, pintar; le gustaban las catarinas, las micro-mariposas e incluso le gustaban esos bichillos que se hacían bolita cuando los tocabas.
Y cantar. 
A paso lento se dirigió al otro lado de la habitación, leyendo todos versos, fechas y las palabras sin sentido escritas en el camino hasta llegar, donde colgado, se hallaba el pandero.

—Son tantas las cosas que dice… canta mi historia ´ssa voz…

Entonó muy bajo mientras miraba el instrumento. En ese mismo rincón donde habían reñido aquella vez.

<<que si me hago un pal de expedicione estaremo bien, corazó. Que no pasá na, e solo un poco de plata en lo que coges otro berraco quemao y ya ta… [sic] >>

—No… —susurró— soy un Daikar, no necesito que mi mujer me mantenga. Te quedas aquí...

Y ella se fue igual.

<<…es peligroso, Orisha —debió decirle—. Los exploradores que van al norte vuelven cambiados… esas piedras oscuras que traen… los alquimistas no saben con lo que están jugando.>>

—Quédate conmigo.

Dirigió la mirada hacia aquel verso y luego hacia la ventana que ofrecía una gran vista de la ciudad en lontananza. Ese material lo había transformado todo. Incluso el canela de la piel de ella cuando volvió.

—Tu hermoso cabello…

Su mujer intentaba ocultarlo con el turbante, pero era inevitable. No solo su piel se hacía más pálida y su cuerpo más delgado, poco a poco iba perdiendo su larga cabellera castaña. Mechones enteros, e incluso entonces, bromeaba sobre ello.
Hasta que un día, ya ni siquiera pudo ponerse en pie. Y ese mismo dejó de pintar; no porque quisiera, sino porque sus manos ya no le respondían. 
Él que había cazado engendros desde que tenía memoria, jamás le temió a nada, pero cuando la vio allí, con su sonrisa eterna, cantándole bajito, en cama y marchitándose poco a poco, descubrió que a lo único que temía, era al momento en que ella exhalara su último suspiro. No estaba seguro de si podría soportarlo, si tendría ganas de seguir… la vida perdería parte de su sentido sin su compañía.

—Orisha…

Y allí se quedó un largo rato mirándola en cada rincón, en cada palabra, en cada detalle. Extrañándola más de lo que extrañaba su brazo derecho o cualquier otra cosa que hubiera perdido desde que ella se fuera… hasta que el golpeteo en la puerta lo sacó de su remembranza.  Con pesadez, salió de la habitación, bajó las escaleras y abrió.

— ساباجو الجيير —saludó el mensajero levantando la mano—  ¿ ابن  Skov?

Y él asintió con la cabeza. Entonces el hombre de piel tostada le entregó un trozo de papel arrugado.

— Sukran —agradeció el nórdico.
— اللاء اللقعة.

Entonces sin decir más, el árabe se alejó de prisa.
Por el contrario, el hijo de Skov se mantuvo otro rato con la mirada en el horizonte. Recordando. Lo que había sido, lo bueno, lo inolvidable…
Solo la campanada del gran reloj del centro logró sacarlo de su trance.

—Ya es mediodía.

Volvió dentro y lo primero que vio, fue su arco en un rincón. Junto a él sus orgullosas flechas, ambas, herencia de su padre. Vio el tahalí con el sable envainado, el mismo que había atravesado la garganta de tantas presas.
Su pesado mazo. Tan grande que no podía ser empuñado con una sola mano.
Ya todo eso le era prohibido. Se acercó para acariciar la madera de ese arco de mil batallas y al hacerlo, se le humedeció el único ojo que le quedaba. Al intentar reprimir su lágrima, se dio cuenta de que aun sostenía la nota. La puso sobre la mesa mientras aspiraba hondo. Rezaba:  

Se acabó, Dan.

Los hebreos de Zushe han venido esta mañana para llevarse lo poco que nos quedaba. Las herramientas, los muebles y las plumas que alcanzamos a salvar de la furia. No dejaron ni los huesos. Al menos me he quedado con uno de los caballos pero me volví loco cuando intentaron quitarme a los dos… y disparé el arma de fuego. Usureros malparidos, ojalá los abandone la gloria de sus dioses.
Me persiguen. Pasaré la tarde en faro e intentaré huir al anochecer. Quizá vaya al oeste o quizá al norte, a Grigondor. Tal vez alguien todavía necesite un Bardo allí. ¡Jarl! Hubiera querido poder ayudarte más, pero después de ese día… todo se acabó. Ya no me queda nada. 
Me voy con honor, Dan. Al menos saldé mis deudas.
Cuídate, y que la sabiduría de Odín guie tu camino. 

Björn

Golpeó la mesa.
Con ira, tomó el papel y lo aplastó entre sus dedos. Grito, con el puño cerrado golpeó otras tantas veces la mesa y luego se lo comió la nota. La masticó aguantando las lágrimas. Masticó lleno de rabia y dejando caer la saliva. La masticó como si al hacerlo pudiera tragarse la frustración. Sin poder tolerarlo más, se echó a llorar con la mano recargada en la mesa y la cabeza agachada. 
Entonces el gran reloj del centro tocó una segunda llamada.
Godan aún eufórico giró la vista hacia el otro extremo de la habitación, allí yacía en el suelo el sucio arnés que le ayudaba a tirar de la carreta. Lo odiaba. A paso rápido fue a recogerlo y salió de la casa, lo lanzó al interior de la carreta, junto a lo que ya contenía: la pala, la roca de apoyo, basura  y la gran pila de excremento. Luego volvió dentro y tomó el quinqué colgado del techo.
Sin pensarlo más, con el corazón lleno de ira, lanzó la linterna contra la carreta.   
Para un verdugo Daikar, de hombres o de bestias, solo existían dos caminos: morir en batalla —ganándose el derecho a las salas eternas—, o saldar sus deudas a la espera de la muerte y guardar su honor. Para Godan, la última deuda que le quedaba era intentar pagar todo lo que Hedersson había empeñado con tal de mantenerlo vivo.
Por eso, a pesar de su orgullo, se rebajó al único trabajo que Faro le ofreció:

<<Herr Skovsson, usted no tiene certificados de ingeniería para manejar un arma de fuego. El gremio los exige, no podemos otorgarle una carabina, y en su condición, un arco…>>

Y con eso, el encargado de la oficina de empleos selló su destino. A partir de entonces se dedicaría a tirar cual buey de una pesada carreta, recogiendo basura o las mierdas de caballos (y personas) de las calles de la ciudad.
El mejor cazador de Este reducido a eso, a un vil recogedor. Un basurero.
Pero ya no.
Al impactar el lateral del carro, el cristal del quinqué se hizo añicos liberando a un tiempo la pluma encendida de la furia, y el aceite negro que la alimentaba. En conjunción con el gas fétido, esto causó un incendio inmediato de la carreta. Ratas y cucarachas salieron espantadas del interior pero Godan ni las miró. Tan pronto como lanzó la linterna, volvió a la casa para dirigirse hacia el tahalí. Lo atoró con el pie contra la pared y desenvainó el sable. 
Harto de una vida vacía, sin la mujer que amaba, sin su compañero de armas, avergonzado por el peso de haberlo arruinado, y harto además de una ciudad que le había quitado todo cuanto quería y conocía, se puso el sable en la garganta.

—¡Te he deshonrado, padre eterno!

Apretó los dientes mientras una lágrima le corría al aceptar que, aquello era la mayor vergüenza que un Daikar podía cometer, era morir como un cobarde. Le destrozaba reconocer que no fue capaz ni de morir con honor a pesar de las veces que lo intentó. Y en ese instante de infinito reproche, vio pasar frente a él una de las ratas del carro que se dirigía hacia su despensa. Más por el instinto del cazador que era, que por convicción, le lanzó un rápido tajo que de todos modos no dio en el blanco.
Y una mano roja  atrapó al roedor antes de que escapara.
 
—Con la derecha lo habrías hecho más rápido —dijo una poderosa voz—. Siempre fuiste una mierda con la izquierda…

Al levantar la mirada observó lo inesperado.

—¿Styg?
—…y mírate ahora, maricón repugnante, solo has logrado hacerte sangrar como un imbécil.

Godan soltó el sable y se incorporó asombrado.

—Te dije que este chiquero estaba infestado de ratas.

Exclamó mientras aplastaba al roedor que se retorcía en su mano. 

—¿Qué te pasó?

Cuestionó Skovsson en clara alusión a los tentáculos de fuego áureo y los orbes arcanos que ahora rodeaban a su antiguo compañero.

—Me rompí los huesos para salvar a un hijo de perra. Y fue muy doloroso ¿sabes?… pero así son los lazos de sangre. Pueden matarte... aunque son muy caros también.
—Björn.
—No creerías lo bueno que está ese nuevo azufre que destilan en el centro. Amarillo, puro. La bola de manteca fue capaz de rematar medio taller con tal de pagarme y mírame ahora.
—Un devorador —susurró casi temeroso.
—Por fin estoy listo para tratos verdaderos…

Dicho esto, todo su cuerpo se encendió creando una distorsión en el espacio que lo rodeaba.

—…y tu Godan —le dirigió una mirada maliciosa— dime: ¿qué serias capaz de entregar por ese ojo?

El Daikar se tocó la cuenca vacía, deformada.

—O por ese brazo.

Luego puso la mano sobre su hombro sin extremidad. Volteó hacia la carreta quemándose. Volteo enseguida hacia sus armas, olvidadas en un rincón. Y un solo pensamiento lo inundó.

—Daría incluso el otro —respondió devolviendo la mirada a Styg— con tal de ver los colores en el amanecer…

Luego miró las escaleras que llevaban a la alcoba.

—…y escuchar el trinar alegre de mi zorzal canela llegado el alba.

La creatura entonces se relamió los labios. 

—Me das asco, Godan… pero adoro el sabor de un alma enamorada.
—¿Contrato?
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
Bueno, otro relato fantástico, con aire a Terry Prachett...que aparezca un tren me hace sospechar de su autoría Tongue
Nada es sencillo, excepto la creencia en la sencillez
Responder
#3
Huy, ha conseguido interesarme hasta el final. Tienes varios errores de escritura por no releer, pero eso lo arreglas rápido. Está bien llevada la historia, de manera que alimenta la curiosidad, los dos personajes con carisma también, cosa muy importante. Al principio me parecía un relato tipo clásico, pero luego, cuando llega a la ciudad y describe el contraste con las tiendas, el tren, etc me pareció que el personaje había cambiado, que se había convertido en algo obsoleto que sobrevivía ahí, y su reacción con la furia, típica de un comportamiento anticuado del honor. Anticuado y obsoleto, quizá por eso me gustó el relato, jaja.
Enhorabuena!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
Un buen relato, con una ambientación que me atrae muuuuuuucho y dos personajes de verás interesantes, bien diferentes entre si. La historia esta muy bien tratada también, sin prisas, revelando la información precisa en el momento indicado. Lástima que los errores ortográficos (que hay muchos), y la falta de inciso en algún diálogo, empañara un tanto el conjunto. Pero aún así por el momento es de los que más me gustaron.
Buena suerte en el reto!
Viviendo a la sombra del destino.
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#5
Hay un tema con este relato según veo, y es el ritmo. Las variaciones que tiene en momentos son de una agilidad impresionante, y en otras, de una calma que hasta pesa. Esa falta de constancia puede jugar en contra. En contraparte, la consistencia de la trama en general es notable. Evita (salvo una o dos escenas que podrían omitirse) contar cosas que no sirvan para explicar el contexto del mundo en que se desarrolla. Mundo que por cierto, también veo retratado en cierta medida de modo superficial.
Es decir, esta bien pero... mmmmm es más como un fondo.
Al final tengo opiniones encontradas.
A lo que si no voy a ponerle peros es al familiar: ese se roba el show cada que aparece jajajajaja. Es el típico camarada que te ayuda pero te jode jajajaja. Muy bien allí.
[Imagen: 3175b8f3948e5e79e5ac8d49c823ed34ae888c5dv2-hq.jpg]
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#6
Entretenido relato con tintes cómicos y un par de personajes tan dispares como incompatibles. Es una mezcla que siempre resulta, le da vidilla a la lectura. Por otro lado tenemos ese trasfondo en el que la ciencia avanza sin preguntar a nadie, dejando a quien no se adapta unos pasos por detrás.
Por contra, errores ortográficos, de puntuación muchos... y no sé si el autor lee más en inglés que en español por cómo están estructurados los diálogos. En esencia un buen relato cuyos errores pueden ser subsanados con un poco más de tiempo y reposo.
Muy bien!
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#7
Puf, yo aquí tengo que discrepar fuertemente con algo que se dice en varios de los comentarios: ¿Terry Pratchett? ¿Tintes cómicos? Pero es que yo solo veo aquí drama épico y tragedia en ciernes…Sí que percibo una cierta arritmia narrativa, extraños saltos que me hacen perder el hilo de lo que leo. ¿Cómo decirlo? Me gusta el estilo, de corte épico oscuro, pero a la vez me parece algo confusa la manera del autor de expresarse. Las frases a veces son inconexas y extrañas y tengo que repasar para ver que sigo en la senda de lo que se narra.

De todas formas me parece un notable relato pese a sus irregularidades. Me agradan los protagonistas, tanto el decadente Godan como el arcano Styx. La Furia es más accesoria, más bien un telón de fondo de horror, o tal vez la mecha que prende las involuciones de los protagonistas. Igualmente me agrada la ambientación, sucia en lo humano (como debe de ser) y de inevitable evolución entre eras incompatibles (vienen las armas de fuego).

En definitiva, un texto con personalidad que merece ser tenido en cuenta pese a su extraña estructura.
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#8
Cita:—¡Pero qué…?
[...] ¡¿por qué diantres te quitaste la armadura?!

Si bien ambas formas de puntuar creo recordar que son correctas, deberias escoger una y mantener la uniformidad a lo largo del texto.

Cita:—¡Ah! Ya cállate viejo rucio.

Contestó Styg haciendo reír a su animado invocador. 

A cosas como esta imagino que se referian los compañeros cuando dicen que estructuras de forma extraña los dialogos. Ciertamente, seria mas logico expresar eso asi:

—¡Ah! Ya cállate viejo rucio —contestó Styg haciendo reír a su animado invocador.

Cita:<<No seas estúpido, Godan, ¡vas a matarnos a todos! —quiso gritarle— …y ya no me queda negro para cubrirte>>

Las comillas correctas son estas («»). Por otra parte, las comillas no sustituyen a ningun signo de puntuacion, por ende, en muchas frases te falto cerrar con un punto.

Cita:<<…es peligroso, Orisha —debió decirle—. Los exploradores que van al norte vuelven cambiados… esas piedras oscuras que traen… los alquimistas no saben con lo que están jugando.>>

Si bien en esta ocasion pusiste punto, este debe ir detras de las comillas.

A todo eso hay que sumar que la ciudad de Faro Eterno la escribes a veces en minuscula, te comiste algun que otro acento, cambiaste alguna preposicion y te inventaste acepciones, como cuando usas euforico como sinonimo de ira o frustacion en la ultima parte...

La historia es muy buena, pero le faltaron un par de repasos, y eso le pesa... acabe mas pendiente de ver donde estaba el siguiente fallo que de ver que tal le iba al protagonista.

Personalmente, me encantan las historias en las que aparece la polvora como contrapeso a la magia, eso te da puntos extra (y que aparezca un tren sobre un acueducto) Big Grin
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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#9
Muy buen relato por poco mandado al traste por una estructura un poco liosa… וֹDios cuanto me ha costa leer sin perderme! Me explico: A parte del hecho que el autor usa en contados casos el guion después de los diálogos, prefiriendo el uso del punto y aparte continuamente (que a mi modo de ver lleva a confusión pues el lector por momentos cree que se acaba la escena), también está el hecho que los puntos y a parte se usan casi indiscriminadamente acompañados de numerosos espacios... y además, para rematar el autor eligió una letra muy grande (esto lo arreglé reduciendo el zoom al 90% para leer tranquilo).
Pero, como decía, el relato es muy bueno. Me costó un poco entender las dinámicas de la magia del “familiar”, me gustó mucho el mundo mágico en vistas de una industrialización y me gustó mucho, a su vez, el final del relato, cruel pero redondo.
Quizás me hubiese gustado empatizar un poco más con los protagonistas, un poco planos. Pero aún así le doy buena nota en su conjunto.
Se me olvidaba, muy buenos diálogos. No todo el mundo es capaz de llevarlos bien y en este caso se me hicieron notables.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
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#10
Me ha gustado mucho la ambientación, entre el "gaslamp" y la fantasía de toda la vida con sus nórdicos y sus monstruos. Además, el cliché de las armas de fuego y la tecnología que irrumpen en un mundo de espada y brujería suele funcionar bastante bien, y en este relato está bien llevado. A ratos me ha recordado mundos como el de La Materia Oscura, Fullmetal Alchemist e incluso a nuestro amigo Gerardo El Brujer.
Me ha parecido original que el familiar no sea una simple mascota o sirviente y tenga tanto poder. Si no lo he entendido mal el azufre hace que "suba de nivel" y se convierta en un demonio tan poderoso como para hacer pactos a cambio de almas.
En cuanto a lo técnico hay más de un fallo y algún que otro párrafo me ha resultado confuso, por la puntuación o por el uso de los espacios.
Ah, y es el segundo relato en el que me encuentro con la palabra gaznápiro. Me ha parecido curioso.
[Imagen: 55a0bc1221755174.jpg]
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