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Reto Jun19: Volver a Empezar
#1
Volver a Empezar

Aquello comenzó cuando Geralt salió a montar a caballo. Regresó con un fuerte golpe en la cabeza, le habían asaltado unos elfos. Amenazado por los arqueros, no tuvo más remedio que deponer las armas, pese a lo cual le hicieron perder el conocimiento de un golpetazo. Cuando despertó, le habían desvalijado las alforjas y sus bolsillos, aunque se sintió afortunado de que no se hubieran llevado sus espadas. Geralt estuvo unos días sin salir a cabalgar por orden del médico, pero cuando lo hizo… ya no regresó.

Me extrañó que su cabalgada durara toda la mañana, pero quizá le apeteciera mucho tras varios días sin hacerlo. Por la tarde empezó la ansiedad, pero intentaba calmarme pensando que quizá se había demorado por alguna razón. Cuando anocheció sin que hubiera vuelto, estaba ya muerta de preocupación. ¿Y si le había pasado algo?  Alertado de la situación, mi padre el emperador mandó patrullas en su busca y me uní a ellos. Volví muy tarde sin dar con él, pero nuevas patrullas salieron de palacio.

No le encontramos en los días sucesivos. Se dio aviso a la guardia, espías, correos… si alguien le veía, lo sabríamos. Pero eso no menguaba mi angustia.
Fringilla le encontró con una sonda mágica al cabo de una semana. Estaba en Toussaint, sano y salvo, viviendo en su finca de Corvo Bianco. Los espías lo confirmaron, y yo me quedé atónita.

Me reuní con mi padre.

—Papá, voy a ausentarme, quizá una hora, quizá unos días.
—Cirilla, ¿acaso vas a ir detrás del brujo? —me preguntó con un tono de amonestación. Me molestó bastante—. Has leído los informes de inteligencia igual que yo. Está claro lo que ha pasado aquí.
—Es mi marido, el padre de mis hijos — le dije, fría—. Por una vez podrías apoyarme en lugar de reprimirme.

Emhyr suavizó entonces su voz y me miró con cariño, con indulgencia.

—Sé realista. Te ha abandonado, y también a sus hijos. Olvídale, no merece tu sufrimiento. Si vas a él, sólo traerá más dolor a tu corazón.
—No puedo creerlo. Tiene que haber una explicación, padre—dije disgustada—. Necesito verle.

Se acercó a mí y acarició mi mejilla.

—Haz como creas que debes hacer, hija. Sabes que no puedo negarte nada…
—Gracias, papá —le agradecí, mientras apretaba su brazo.
Me di la vuelta y caminé deprisa a mis aposentos, a cambiarme de ropa.

Kelpa trotó hasta el camino y allí la detuve. Con ayuda de mis poderes, nos teleporté a Toussaint.
Llegué a Corvo Bianco, a la finca de Geralt. La casa, los viñedos, todo estaba tal y como recordaba. Dejé a Kelpa abrevando y me acerqué a la casona. Los portones de las ventanas estaban abiertos y había un par de sillas, dos tumbonas y una mesa en el patio. En la mesa reposaban dos copas usadas, vacías, junto a una botella de vino.

La puerta no estaba cerrada. Entré. Quise llamarle, pero una extraña emoción oprimía mi garganta y no salía sonido alguno de mi boca. ¿Era miedo?
Geralt no estaba en el salón, registré la primera planta sin encontrarle, así que mis pasos se dirigieron a las escaleras y comencé a subirlas despacio.  No sabía qué le diría cuando le encontrara, qué preguntas le haría, pero temía más sus respuestas, mucho más.

Me dirigí a su habitación, tal vez se hubiera acostado un rato tras la comida, costumbre muy arraigada en Toussaint. Toqué la puerta y agarré la manija, mi mano temblaba al hacerlo. Tragando saliva, respirando hondo para tranquilizarme, accioné el pomo y la abrí.
Lo que vi cortó mi aliento, me dejó clavada en el sitio. Aquello era lo último que me esperaba. Geralt estaba sobre una mujer, besándola con pasión, en la cama. Ambos estaban desnudos, sus ropas estaban dispersas por el suelo de la habitación, tiradas con prisas. El cabello pelirrojo de la mujer se abría sobre las sábanas blancas como un abanico.

—¿Qué…? ¡No… no puede ser verdad! — exclamé sintiendo una mezcla de rabia, dolor y repulsión.

Inmovilizada, no podía dejar de mirarles, incapaz de creer lo que veía. Ella giró la cabeza hacia mí rompiendo el beso y entonces lo hizo también él.

—¿Ciri? —se sorprendió Triss, apartando al brujo e incorporándose.

En sus ojos había culpabilidad, pero no en los de él. En los de Geralt sólo había fastidio. Cuando recuperé el control de mi cuerpo, me di la vuelta y corrí escaleras abajo. Salí de la casa, hasta más allá del patio sin parar de correr, y allí me doblé y vomité. 

Mi vista se perdía en el paisaje. Bailaba, temblaba ante mis ojos por las lágrimas que se acumulaban, cuando él se acercó a mí. No pude mirarle.

—Triss me ha dicho que venga a hablar contigo.

Apreté los labios, dolida, mientras por fin se desprendían de mis pestañas esas lágrimas gruesas y pesadas, que recorrieron mi rostro rápidas como cometas. Ni siquiera hubiera venido por él mismo, al parecer.

—¿Qué haces aquí? —me preguntó—, ¿sueles irrumpir así en las casas ajenas?
—¿Tengo que pedir permiso para entrar en tu casa, Geralt? ¿Acaso ya no es también la mía?
—¿Tuya? ¿Desde cuándo?

No podía creer del modo en que me hablaba. Estaba tan tranquilo, incluso se permitía reprocharme.

—¿Por qué te fuiste? Al menos, dame una razón.

Pareció desconcertado, se removió nervioso y se miró los pies antes de volver a levantar la vista.

—Los brujos nunca nos quedamos. No está en nuestra naturaleza, deberías saberlo —alargó una mano hacia mí y acarició mi brazo, pero yo lo retiré con brusquedad—. Lo siento si te he hecho daño.

Asombrada, me volví hacia él. No había en sus ojos arrepentimiento, sólo había compasión. Me dejaba sin aliento su desfachatez.

—¿Y ya está? ¿Eso es todo lo que tienes que decirme?
—No te debo ninguna explicación. No es de tu incumbencia.

Todo aquello me parecía irreal, una pesadilla.

—Te vas sin ninguna explicación, desapareces así sin más, ¿tienes idea de lo preocupada que estaba Y, encima, te encuentro con Triss… de ese modo… ¿Cómo puedes ser tan cínico? —le grité, desgarrada.
—Oye, mira, no tengo por qué…
—¡Sí, si tienes! Pero renuncio, porque lo he visto con mis propios ojos, lo estoy oyendo de tus labios, esto… esto me supera, Geralt. Pero, al menos, ahora sé a qué atenerme.

Y me desvanecí con un destello verde. Monté en Kelpa y salí al galope, incapaz de pensar, solamente sintiendo el dolor y las lágrimas arrasando mis ojos.


Ahora mi vida estaba vacía sin él. Los días eran iguales, las noches, solitarias y tristes, insomnes. Mis hijos me preguntaban constantemente dónde estaba él, y yo les mentía mientras les sonreía intentando no llorar.¿Cómo había ocurrido, por qué me había dejado de querer? Mi peor pesadilla se había hecho realidad.

Lo peor era intentar vivir como si nada pasara, ocultando a los demás la tristeza, la soledad a la que me había arrojado. Sabiendo, además, que él probablemente ni siquiera se acordaba de mí.

Mamá apareció por un portal directamente en mi habitación. Me clavó una mirada preocupada mientras avanzaba hacia mí, que jugaba en ese momento con mis niños.

— ¿Cómo están mis pequeñuelos? —les dijo con una gran sonrisa, abriendo sus brazos y agachándose hacia ellos.
—¡Abuela Yen! —gritaron, levantándose y corriendo a su encuentro.

Yennefer les besó, contenta. Los niños eran su debilidad, más cuando la adoraban. Los mellizos le enseñaron sus dibujos, sus juguetes nuevos, ávidos de llamar su atención.

—¿Sabes? papá no está, abuela —dijo Emhyr.
—No… —Gwynael movió en una negación su blanca cabeza—. Mamá dice que está de viaje, pero que vendrá pronto.

Yennefer me miró a los ojos con una mirada profunda. Llamó a las niñeras para que se hicieran cargo de los niños.

—Ahora, cariños míos, debo hablar a solas con mamá. Id con ellas a jugar —ellos se levantaron obedientes.

Cuando nos quedamos a solas, mamá me abrazó fuerte y largamente.

—¿Qué demonios ocurre, Ciri? Fringilla me ha llamado por orden del emperador. Tus hijos me dicen que Geralt no está, que está de viaje, y te encuentro delgada, demacrada y hecha polvo. Explícame, hija. ¿Os habéis peleado?

Mi llanto explotó de golpe. Apoyando mi cabeza en su hombro, le expliqué la situación sin omitir ningún detalle… pero, viendo su cara, me arrepentí al momento.

—Que Triss estaba… y él… Y te dijo… ¡Rayos y centellas, se van a enterar esos dos! —exclamó temblando de pura ira, mientras conjuraba un portal.
—¡Mamá, cálmate! ¿Qué demonios vas a hacer?
—¿Que qué voy a hacer? —dijo enfrentándome, su rostro era una máscara de destrucción—. ¡Yo los mato!

Entró en el portal hecha una furia y desapareció. Dudando si seguirla o no, decidí quedarme en casa.

*          *          *

Yennefer llegó a Toussaint, el portal la dejó a varios metros de la casa. Entró sin pensarlo, les buscó en la planta baja, y entonces subió con el mismo poder destructivo de un huracán.
Abrió de una patada la puerta de la alcoba, y les encontró en el suelo, entregados al amor. Yennefer sintió avivarse la furia en su interior al verles, e incapaz de controlarse, se plantó en la habitación.

—¡Así ardáis en el infierno, malditos!

Fuera de sí, de sus manos brotó una lengua de fuego dirigida a ellos que les hubiera abrasado si el brujo no hubiera conjurado la señal de Quen para protegerse.

—¿Te has vuelto loca, Yen? —gritó Geralt, sin dar crédito a lo que acababa de ocurrir—. ¿Qué demonios te pasa?

Triss, temiendo la furia de Yennefer, se refugió tras él, muy asustada.

—¿Aún preguntas que qué me pasa? ¡Mal nacido! ¡Dejar así a Ciri por esta… esta… zorra!! ¡¡Y a tus hijos, Geralt!!
—¿De qué hablas? ¿Quién es Ciri? Y qué… ¿qué hijos? ¿Has perdido la razón? —le gritó más enfadado aún.

Yennefer se quedó parada. A continuación, miró a Triss y no precisamente con una mirada cariñosa.

—¿Le has hechizado? ¡¡Puta zorra envidiosa, le has hechizado!! —dijo Yennefer con los dientes apretados, levantando las manos amenazadoramente.
—¡No, Yen! —gritó la aludida alzando también las manos en actitud defensiva—. ¡Ya estaba así cuando nos encontramos!
—¿De qué diablos habláis? —se impacientó el brujo.
—¡Cállate! —le cortó la hechicera de cabellos negros —¿Cómo que ya estaba así? ¿Y te lo callaste? ¿Te lo callaste en lugar de pedir ayuda? Todo para poder… ¡Eres una zorra, Triss Merigold!

Triss pareció avergonzada.

—Geralt, ven aquí —ordenó Yen. El brujo no se movió, la miraba con desconfianza—. ¡Ven, te digo, tenemos que hablar! Y vístete, haz el favor…

Geralt por fin se movió, se puso los pantalones y luego se acercó cautelosamente a la hechicera. Cuando estuvo a su lado, ella se giró hacia Triss.

—Y tú quédate ahí hasta que yo te lo diga. Ni se te ocurra moverte, Triss —siseó.

Bajaron ambos a la planta baja, y Yennefer se encaró a él.

—¿Quién es Ciri, Geralt?
—No lo sé. Dímelo tú.
—¿No recuerdas a tu esposa? ¿A tu Niña de la Sorpresa? ¿Ni a los hijos que tuviste con ella?
—¿Qué broma es esta, Yen? ¿Hijos? ¿yo?
—Cállate, Geralt. No es ninguna broma. ¿De verdad no recuerdas nada?
—Nada.
—¿Entiendes lo que te pasa?, ¿entiendes que estás hechizado y has olvidado a tu familia?
—Tengo mis dudas…
—Pues no dudes. Si yo te digo que estás hechizado, es que estás hechizado.
—No sé qué decir, Yen…
—Vamos a intentar devolver las cosas a su lugar. Aunque supongo que, todo y el hechizo, a Ciri no le será fácil perdonarte, como podrás comprender.
—Me hablas de algo de lo que no tengo ni idea. Puedes entenderlo, ¿no?
—Puedo. Hum… Si esa zorra miente y te ha hechizado, cosa que me extraña, podré arreglarlo en un daca esas pajas. En fin, estate quieto, no te dolerá.

Yennefer probó varias fórmulas, pero ninguna de ellas dio resultado. Preocupada, se rindió.

—Ven, brujo. Esto es peor de lo que pensaba…

Yennefer llamó a Triss a gritos, y ella apareció en lo alto de la escalera.

—Tú vas a quedarte aquí, ni se te ocurra ir a Kovir. Me lo llevo allí hasta que este asunto se arregle, que no será pronto, me temo. ¿Has entendido, Triss?
—Sí, Yen.
—Muy bien. Aún no he terminado contigo, Triss Merigold. Pero lo primero es lo primero.

Yennefer conjuró un nuevo portal y se lo señaló al brujo con la cabeza para que se introdujera.

—¿Me llevas a Kovir? —dijo, reacio a entrar—¿Sin mi caballo?
—No vas a necesitar tu caballo. Entra, vamos —le apremio.

El brujo se resignó.

—Odio los portales…

Y ambos entraron en la opacidad del portal, desapareciendo a continuación.

*          *        *

Yennefer regresó a Nilfgaard muy tarde. Yo la esperaba despierta, paseando nerviosa por la habitación.

—¡Mamá! —exclamé precipitándome hacia la hechicera de cabellos negros—. ¿Qué ha ocurrido?
—Ven, siéntate, Ciri. Tenemos que hablar.

Tomamos asiento en el sofá, y Yennefer cogió mis manos.

—¿Qué pasa? No puede ser peor de lo que ya era…
—Es peor, mucho peor —dijo Yen, e hizo una pausa para ordenar sus ideas—. Ciri, Geralt no se acuerda de ti ni de los niños. Está hechizado, no se acuerda realmente. No queda nada que tenga relación contigo en su cabeza.

Me quedé pasmada.

—¿Cómo… quién…?
—Tuvo que ser aquí, Ciri. No pudo ser Triss, su encuentro fue posterior y fortuito… Lo único que hizo la muy zorra —mamá pareció escupir esa palabra—, fue aprovecharse de la situación.
—¿Fringilla?
—No cualquier hechicero puede hechizar a un brujo. Desde luego, yo no puedo más allá de un corto espacio de tiempo, y tampoco pude deshacer el hechizo. No se me ocurre nadie de este mundo que pueda haberlo hecho. Sólo te queda una salida, hija. Ve con él. A Kovir. Intenta reconquistarle.
—Sin los recuerdos de las situaciones que vivimos para que se forjara ese amor…
—Sigue siendo tu destino. Y lo que sentía sigue allí dentro, en algún lugar —dijo, acariciando mis cabellos—. Ve allí y sácalo a la superficie, Ciri.
—Y esa imagen de él con Triss… pensar que ellos… Mamá, me va a costar un gran esfuerzo hacerlo, a pesar de quererle, a pesar de añorarle…
—No tiene la culpa y lo sabes. Olvídalo, como si no hubiera ocurrido nunca.

Abrí los ojos, comprendiendo lo que debía hacer.

—¡Eso es! No va a ocurrir nunca… ¡Gracias, mamá!


Kelpa volaba por el camino, levantaba el polvo bajo sus cascos y mi capa se agitaba tras de mí movida por el viento de la cabalgada. A mi fiel montura le gustaba la velocidad tanto como a mí.

Había viajado al día en que Geralt desapareció. Tenía en mi mente un plan.
Pronto avisté a Sardinilla. Geralt iba a un trote rápido, pero no hacía galopar a la yegua, así que le adelanté a toda velocidad haciendo que se tragara el polvo de los cascos de Kelpa y que su montura, incluso, se asustase y bailotease nerviosa. Miré hacia atrás y vi su cara de perplejidad.

—¡Maldita sea! —se quejó—. ¡Eh, a ver si vamos con más cuidado por los caminos!

Ciertamente, no me había conocido, pensé con tristeza. Geralt ya estaba hechizado.
Más adelante detuve a mi yegua y desmonté. Me senté muy cerca del camino, a la sombra de un árbol, y esperé a que llegara.
Al poco pasó por delante de mí, se me quedó mirando. Yo le devolví la mirada y le lancé una sonrisa burlona. Me pareció ver, cuando me sobrepasaba, que él también sonrió.
Le di unos minutos de ventaja y volví a adelantarle a toda velocidad, cuando lo hacía, lancé un grito de júbilo. Volvió a maldecir, Sardinilla volvió a asustarse y entonces tomó el desafío y la espoleó en mi persecución. Un tiempo después desistió, puesto que no podía alcanzar a Kelpa. Nadie podía alcanzar a mi yegua diabólica.

Amarré a la yegua frente a una taberna en el siguiente pueblo, procurando que se la viera bien desde el camino. El cebo estaba plantado, esperaba que Geralt la viera y entrara, sabía que había despertado su curiosidad y llamado su atención. Pedí una cerveza y me senté a esperar.
Al poco, entró en la taberna y miró en derredor. Su mirada se posó en mí, y yo le obsequie con una sonrisa pícara. Caminó directo hacia mi mesa y se quedó allí, junto a mí.

—Deberías invitarme a una cerveza —me dijo con ojos risueños—. Por tu culpa tengo la garganta llena de polvo.
—Por supuesto, brujo. Eso está hecho —le contesté señalando la silla con la mano—. ¡Eh, tabernero! ¡Otra cerveza, por favor!

Tomó asiento y el tabernero puso ante él una jarra que él cogió y dio un trago.

—Bonita espada.
—¿Te gusta? —dije cogiéndola de mi espalda—. Fue un regalo muy especial de alguien muy especial.
—No es una espada corriente —dijo mirándola con admiración.
—Es la espada de un brujo. Pero eso ya lo sabes, ¿verdad?
—¿Fue un regalo de un brujo?
—Sí —le interrumpí—. El regalo de un brujo para una bruja

Se me quedó mirando con sorna.

—¡Ja! Me estás tomando el pelo, ¿cierto?
—En absoluto. Aprendí en Kaer Morhen.

Me deleité en su expresión pasmada y solté una risa.

—¿Quién… quién fue tu maestro?
—Oh, todos. Vesemir, por supuesto. Coën, Lambert, Eskel…

Su rostro perdió el color. Apuré mi cerveza y me puse en pie. Coloqué mi espada a mi espalda de nuevo, le miré. Esperaba que él me pidiera lo que yo quería antes de irme.

—Debo seguir mi camino. A más ver, brujo.
—Aguarda… ¿hacia dónde te diriges? —preguntó llenándome de satisfacción, me había salido bien.
—A Toussaint.

Levantó las cejas, sorprendido.

—Casualmente también me dirijo hacia allí. Si quisieras… podríamos compartir el camino. Sería mucho más seguro.
—Eh, hablas con una bruja. No necesito protección.
—Lo sé. Hablaba por mí —dijo con una sonrisa.

Solté una risotada, divertida.

—Está bien. Nos protegeremos mutuamente, y será ameno tener alguien con quien charlar.

Él apuró su cerveza y se puso en pie, arrojó una moneda sobre el mostrador. Después señaló la puerta con una mano y salimos.

—Por cierto, me llamo Geralt.
—Vesemir me habló mucho de ti. Yo soy Ciri.

Me sonrió mientras subía a la yegua.

—Bonito nombre.

En el camino charlamos de Kaer Morhen. Creo que derivó la conversación ahí porque no acababa de creerse mi historia, pero al hablarle sobre los brujos y mi entrenamiento, se quedó callado.

Cayó la noche y acampamos. Saqué las viandas que llevaba en mi morral y las compartí con él. Después de la cena charlamos un poco más y nos preparamos los lechos, nos fuimos a dormir cada uno al suyo.

En los cinco días que duró el viaje nos comportamos como colegas. Yo no le di pie a nada y él no se tomó ninguna libertad. Mejor así.
Cuando llegamos a Toussaint quiso saber más.

—¿Vas a algún lugar concreto?
—Oh, no. A la aventura. Un buen amigo me dijo un día que tenía que ver esto con mis propios ojos, porque es como un cuento de hadas. Como estaba cerca, decidí venir.
—Tengo una casa grande y vacía para mí solo, si quieres, puedes quedarte. Hay habitaciones de sobra.
—¿Lo dices en serio? ¿Me alojarías en tu casa?
—A una colega bruja no se le niega nada. Claro, quédate.
—Gracias, acepto tu ofrecimiento.

Pareció contento por mi decisión.

Me enseñó la ciudad y los alrededores. Se conducía correcto y amable conmigo, pero nada más. Así pasaron unos días, hasta que le llegó una invitación a una fiesta de palacio, se había corrido la voz de que el brujo había vuelto. Por supuesto, yo no estaba invitada, así que me quedé en la casa y le esperé.
Cuando regresó, pasada la medianoche, no lo hizo solo. Volvió con Triss. Y en actitud sumamente cariñosa con ella. Pero esta vez yo estaba allí para aguarle la fiesta. Al entrar en la casa, totalmente acaramelados, y verme allí, ambos se sorprendieron de distintos modos.Si bien Geralt pareció molesto, Triss se quedó de piedra.

—¿Qué hace Ciri aquí? —nos reprochó, enfadada—. ¿Qué diantres os lleváis entre manos?
—¿La conoces? —se asombró Geralt.
—¿Me estás tomando el pelo, Geralt? ¡No sé qué pretendéis, pero no voy a quedarme aquí para averiguarlo!

Y, dicho esto, conjuró un portal y desapareció por él.
Geralt me miró fríamente, enfadado a todas luces.

—Explícame qué diablos acaba de pasar. Por qué Triss se ha marchado así nada más verte. Ya puedes empezar, muchacha.

Dudé cómo proceder a continuación. Si le decía la verdad, no me creería y estropearía la ocasión.

—No lo sé. La conozco, claro, de Kaer Morhen… Bueno, lo cierto es que no nos llevábamos muy bien.

Él gruñó.

—Ya está bien de tanta tontería. ¿Se trata de una broma? ¿Eskel te ha pagado para que me tomes el pelo? Una mujer bruja… No hay quien se lo trague, muchacha.
—Vamos fuera —le espeté con rabia—, y saca tu espada, brujo. Te demostraré lo que soy, ya que las palabras no bastan.

Salimos a la noche, las espadas dejaron sus fundas y refulgieron a la luz de la luna. Nos colocamos uno frente a otro. Geralt esperó a que fuera yo la que empezara la reyerta, así que tomé la delantera y empecé con una finta que, por supuesto, no le engañó, pero que le hizo moverse. Y ahí empezó el baile.
Yo estaba tan pendiente de su expresión hermética como de la lucha. Quería ver la luz de la comprensión en sus ojos cuando entendiera que solo un brujo se movía como yo lo hacía, pero Geralt sabía ocultar sus sentimientos a la perfección. Cuando llevábamos bastante rato con aquello, decidí una estratagema arriesgada. Me dejé alcanzar por su hoja. Y así, su filo lamió la piel de mi espalda mientras realizaba un desafortunado giro.
Lancé un grito y él se precipitó hacia mí, preocupado.

—Joder —exclamó—, lo siento… déjame ver eso.

Le ofrecí mi espalda y él observó la herida.

—Vamos a la casa, te limpiaré y veré si necesita unos puntos.

Asentí y me dejé ayudar por su brazo hasta la casa. Allí me hizo sentar y luego se llegó hacia un armario, donde por lo visto guardaba material de curas. Se acercó con ello en las manos, lo depositó en una mesita baja junto a la silla.

—Hum… Deberías… deberías quitarte la camisa —dijo algo cortado—. Para curarte.
—Claro.

Me la quité despacio, cubrí mis senos con los brazos pudorosamente. Luego sentí sus dedos en mi espalda, limpiando la herida.

—Necesitarás unos puntos. Procuraré que no sea una cicatriz que afee tu bonita espalda. Aunque… ya tienes algunas.
—Pues claro. Inevitable, cuando juegas con la espada continuamente.

Cogió la aguja y la enhebró, luego la acercó a mi piel. Pinchó en ella y yo respingué.

—¿Duele?
—Un poco, pero sigue. Puedo aguantarlo.

Siguió cosiendo, yo apretaba los dientes y los puños.

—¿Por qué lo has hecho?
—¿El qué?
—Dejar que te alcanzara.

Por supuesto, pensé, a él no se le escapa nada. Mierda.

—No lo he hecho. Simplemente, pensé que harías un quiebro en lugar de atacar.
—Eres una bruja, no hay duda. Y, como tal, has debido observar la posición de mis pies. Sabías que no iba a hacer ningún quiebro, te dejaste herir. ¿Por qué?
—Oh, bien, quería una herida tuya. ¿Te molestaría bordar tus iniciales en ella? —bromeé—.  Como recuerdo.

Él soltó una risa baja y concluyó la sutura. Luego la vendó.

—Puedes vestirte.
—No.

Me giré y le miré a los ojos.

—¿No? —se sorprendió alzando las cejas.

Bajé mis brazos lentamente, mientras él me miraba. Pensé que sonreiría con sorna, pero no lo hizo. Simplemente, se acercó a mí y buscó mis labios, aceptando lo que le ofrecía. ¿Qué estás haciendo?, me dije, Triss ha empezado esto, no tú. Cualquiera le valdría ahora mismo… No podía olvidar la imagen de Triss y él y sus besos vacíos, de repente, me desagradaron.
Le aparté de pronto, dejándole confundido. Cogí mi camisa apresuradamente y salí de allí. Él vino detrás, sin entender nada, preguntándome qué me pasaba, pero yo ni siquiera le oía. Me vestí mientras salía me dirigí a un banco y me senté allí, completamente perdida. Necesitaba pensar en mi reacción, en lo que había pasado. Él se acercó a mí, se dejó caer a mi lado. No dijo nada, pero en su mirada pendían mil preguntas.

—No puedes entenderlo, y quizá nunca lo hagas… —le dije.

Él suspiró.

—Seguramente. Pero podrías probar.
—Ni siquiera sé por dónde empezar.
—Por el principio. Las historias siempre comienzan por el principio, Ciri.
—Tú… Si te dijera… ¿Qué pensarías…? —me atropellé.

Él me miró con simpatía.

—Tranquila, voy a escucharte, hasta el final. Todo lo que tengas que decirme.

Respiré hondo. No sabía bien por dónde empezar, así que dejé que hablara mi corazón.

—Tú y yo… éramos un todo. Pero alguien nos lo arrebató, alguien me borró de tu vida. Ya no recuerdas quién fui, lo que fui para ti… No quiero renunciar, pero no sé si conseguiría que tú… Los recuerdos, las vivencias, todo lo que nos unió, se ha perdido. Y eso era lo que cimentó lo que teníamos.


No dijo nada, me miraba con el ceño fruncido, pero con toda su atención.

—¿Me crees? —le pregunté—. ¿Me crees, Geralt?
—Reanudaremos esta conversación con un vaso de vino, creo que ambos lo necesitamos.

Luego, cada uno con una copa de Sangreal en la mano, me costaba ahora volver al tema. Pero fue él quien lo resucitó.

—Cuéntame quién eres. Cómo te conocí, qué fue lo que nos unió. Dime, Ciri, quiero saber.
—Yo fui tu Niño de la Sorpresa. Pero nunca viniste a buscarme, renunciaste a mí sin siquiera saber que era una niña. Sin embargo, el destino nos reunió en Brokilón, cuando tenía diez años. Volviste a renunciar a mí, y entonces…

Le expliqué nuestra historia, hasta el día en que se fue. No abrió la boca para nada, escuchaba atentamente. Cuando terminé, me quedé callada, esperando algo de él.

—No me culpes si me cuesta creer todo eso —me dijo.
—Hay cosas que te puedo demostrar. Ahora mismo, si estás dispuesto.
Suspiró, se puso en pie.
—Mejor mañana, Ciri. Deja que aclare mis ideas primero.

Asentí, porque, ¿qué otra cosa podía hacer? Cogió mi copa vacía con la misma mano que la suya y me ayudó a levantarme. Caminamos en silencio hasta la casa, y una vez dentro, nos dimos las buenas noches y nos separamos.

Por la mañana, cuando salí de la habitación, él ya estaba levantado, sentado a la mesa con el desayuno dispuesto para los dos.

—Buenos días.
—Buenos días —respondí.
—Siéntate a la mesa y desayuna.

Obedecí, cogí un trozo de pan y lo unté con mermelada y mantequilla.

—Ciri…
—¿Si?
—Iré contigo.

Sonreí, contenta por su decisión.

Aparecimos junto al palacio con nuestros caballos y Geralt me miró como si yo fuera Melitele en persona, sin creerse que solo tomando su mano nos hubiera teleportado, no sólo a la misma Nilfgaard, sino al presente. Luego, en palacio, la gente con la que nos cruzábamos nos saludaba a los dos respetuosamente conforme el rango. Él respondía inclinando la cabeza y luego me miraba, divertido.

—Bueno —le dije con una sonrisa—, no creerás que Eskel pagó a todas estas personas también, ¿no?

Ladró una risa como toda respuesta.
Entramos en nuestros aposentos y le detuve.

—Geralt… ahora te mostraré a tus hijos. Por favor, sé cariñoso con ellos. Te echan muchísimo de menos.
—Ciri, yo no sé nada de niños.
—Los recuerdes o no, son tus hijos. No querrás hacerles daño, espero.
—Eso es lo que más me cuesta de creer. Sabrás que yo…
—Oh, lo sé. No creíste que fueran tus hijos hasta que los viste con tus propios ojos… Geralt, son iguales que tú, sobre todo Emhyr. Pero Gwynael y tú… ella es tu debilidad, Geralt, y tú la suya. Recuérdalo y no la decepciones. ¿Estás preparado?
—Supongo que sí.

Abrí la puerta que daba a la habitación de los niños. Cuando oyeron que alguien entraba, levantaron la vista hacia nosotros. Al ver a su padre, se levantaron y corrieron a su encuentro, sus caritas iluminadas por una amplia sonrisa. Papá había vuelto. Yo le di un codazo a Geralt para que espabilara, porque se había quedado pasmado.

—¡Papá! ¡Pero cuantísimo has tardado en venir! —dijo Emhyr.
—¿Nos has traído algo, papi? —le preguntó Gwynael.
—Niños, papá está cansado del viaje. No le agobiéis demasiado, ¿de acuerdo?

Geralt se agachó y dejó que se le tiraran encima. Aún pasmado, les abrazó y luego observó sus rasgos: las pupilas de brujo de Emhyr, el cabello blanco de Gwynael, sus rostros, tan parecidos a él…
Gwynael levantaba sus manitas, esperando que la cogiese. Él se incorporó con ella abrazada a su cuello.

—Papá, te he echado de menos. Y… —acercó su boquita a la oreja de Geralt y le habló en secreto, pero la oí perfectamente—, mamá también. ¿Sabes? Ha llorado.
—¿De verdad? —se hizo el sorprendido él.

La niña me miró con el rabillo del ojo un segundo y luego volvió a mirarle.

—Papi, mejor no te vayas más. Sólo a ratitos, para que Sardinilla estire las patas… ¿lo prometes?

Geralt me miró fijamente antes de responderle.

—Lo prometo.

De vuelta a la habitación, el brujo estaba muy callado. Nos sentamos en el sofá.

—Te creo, Ciri. Todo.
—Y ahora, ¿qué?
—Ahora debo cumplir la promesa que le hice a mi hija. Soy un hombre de palabra —afirmó con una sonrisa.

Devolviéndole la sonrisa, busqué su mano y la apreté. Él se acercó a mí y buscó mis labios, los besó. Y su beso no me pareció tan vacío.
Quien lo hiciera fracasó, pues volveríamos a empezar. Siempre juntos.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Lo he leido de refilón y en diagonal, pero huele a Sashka a kilómetros. A 10500 kilómetros.
Viviendo a la sombra del destino.
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#3
OOOOoooooooooooooh, me encantaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!  Parece mío, joder! Franco, gracias de todo corazón, lo has bordado! No puede ser otro más que tú.

PD Pero la denuncia te va a caer igual.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#4
(21/06/2019 09:14 PM)Joker escribió: —Puedo. Hum… Si esa zorra miente y te ha hechizado, cosa que me extraña, podré arreglarlo en un daca esas pajas. En fin, estate quieto, no te dolerá.

¿que significa eso?


(21/06/2019 09:14 PM)Joker escribió: —Triss me ha dicho que venga a hablar contigo.

Apreté los labios, dolida, mientras por fin se desprendían de mis pestañas esas lágrimas gruesas y pesadas, que recorrieron mi rostro rápidas como cometas. Ni siquiera hubiera venido por él mismo, al parecer. 

—¿Qué haces aquí? —me preguntó—, ¿sueles irrumpir así en las casas ajenas?
—¿Tengo que pedir permiso para entrar en tu casa, Geralt? ¿Acaso ya no es también la mía?
—¿Tuya? ¿Desde cuándo?

No podía creer del modo en que me hablaba. Estaba tan tranquilo, incluso se permitía reprocharme. 

—¿Por qué te fuiste? Al menos, dame una razón. 

Pareció desconcertado, se removió nervioso y se miró los pies antes de volver a levantar la vista.

—Los brujos nunca nos quedamos. No está en nuestra naturaleza, deberías saberlo —alargó una mano hacia mí y acarició mi brazo, pero yo lo retiré con brusquedad—. Lo siento si te he hecho daño.

Asombrada, me volví hacia él. No había en sus ojos arrepentimiento, sólo había compasión. Me dejaba sin aliento su desfachatez.

—¿Y ya está? ¿Eso es todo lo que tienes que decirme?
—No te debo ninguna explicación. No es de tu incumbencia. 

Todo aquello me parecía irreal, una pesadilla.

—Te vas sin ninguna explicación, desapareces así sin más, ¿tienes idea de lo preocupada que estaba Y, encima, te encuentro con Triss… de ese modo… ¿Cómo puedes ser tan cínico? —le grité, desgarrada.
—Oye, mira, no tengo por qué…
—¡Sí, si tienes! Pero renuncio, porque lo he visto con mis propios ojos, lo estoy oyendo de tus labios, esto… esto me supera, Geralt. Pero, al menos, ahora sé a qué atenerme.


Si aquí si la reconoce Geralt ¿porque no la reconoce cuando Ciri viaja al pasado cuando recién huyó el?

¿Ciri viaja con Geralt al pasado o sola? si es con Geralt ¿no estaba el Geralt del pasado en ese momento en su casa?, si fue sola ¿transportó al Geralt del pasado al presente? ¿que pasó con el Geralt del presente?

Devolviéndole la sonrisa, busqué su mano y la apreté. Él se acercó a mí y buscó mis labios, los besó. Y su beso no me pareció tan vacío. 

Quien lo hiciera fracasó, pues volveríamos a empezar. Siempre juntos.
 
Me dió diabetes de lo romántico.
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
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#5
No sé si inscribirme a la aseveración de Idaho, pero sí tengo varias dudas que pueden deberse a mi falta de lectura de comprensión.
A grandes rasgos, lo que entendí es lo siguiente: el brujo estaba en Kovir (o eso deduje porque no se señala al principio) lo golpearon, quedó medio tocado, se volvió a salir y luego apareció en Toussanint. Despues del berrinche, la suegra se lo lleva a Kovir de vuelta sin el caballo y de todos modos no recuerda nada. Luego Ciri va a hacerlo recordar a Kovir pero dice que:
Cita:Había viajado al día en que Geralt desapareció.

Lo que no me parecía literal, sino figurado. Es decir que ella estaba pensando en aquel día... mas cuando se presenta al brujo montado en su caballo, ya no lo veo tan figurado, sino literal. Que de veras la chica viajó al pasado.
Y se vuelve todavía más literal con:
Cita:...que solo tomando su mano nos hubiera teleportado, no sólo a la misma Nilfgaard, sino al presente

Y eso no sería un problema, es decir, que hubieran dos Geralt; el del pasado y el del presente, porque bien podrían haberlos y hacer caso omiso al del presente (todavia en Kovir y desmemoriado) se presentaría como un recurso conveniente pero valido... sino fuera por el hecho de la falta de consistencia en los recuerdos del brujo.
Como apunta Duncan.
Surgen preguntas del tipo: ¿cómo es que el día que desapareció ni a la propia Ciri reconoce, pero cuando esta empiernado con Triss (que pasa después de la desaparición) sí la reconoce?
O una mejor: ¿Si tenía el poder de regresar al pasado, por qué no regresa a un momento anterior y evita que pierda la memoria por hechizo o por golpe? Digo, ya puestos a los viajes temporales para enderezar entuertos, eso tenía más sentido. 
Veo algunos problemas quizá debido al excesivo entusiasmo por subir el relato, o quizá por la fecha. Quizá también es que no supe leerlo de manera correcta y todo esta bien explicado.
En todo caso, me parece una lectura fluida, de prosa sencilla y buen ritmo. Me distrajeron los detalles enunciados arriba pero más allá de ellos, encuentro un buen trabajo... también demasiado dulce para mi gusto, pero esto ultimo es irrelevante. Tendré que esperar los apuntes del autor para ampliar mi opinión.
[Imagen: 3175b8f3948e5e79e5ac8d49c823ed34ae888c5dv2-hq.jpg]
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#6
Duncan, con lo fácil que es buscar en google el significado de algo... yo lo he hecho y mira, a la primera:
en alza allá esas pajas, en daca las pajas, o en quítame allá esas pajas
1. locs. advs. coloqs. U. para dar a entender la brevedad o facilidad con que se puede hacer algo.

A ver si os leéis la saga que por eso no entendéis nada, jajajjaja. Es obvio que Geralt no la conoce, debe pensar que ha sido un rollito de algún momento que le ha seguido o algo así porque encuentro muy ambiguas las respuestas, y si ella no sabe que no la recuerda, pues normal que se enfade .
Y con respecto al viaje en el tiempo, Ciri es la Señora del Tiempo, el Espacio y Los Mundos. Yo entendí que para evitar que se acueste con Triss, viaja al día en que desaparece para interceptarle, por lo tanto no ocurrirá la línea temporal del presente y no irá a Kovir. Vamos, me pareció leer eso.

Es una pasada de relato, yo creo que se entiende a la perfección todo (si se sabe leer). Me encanta como lo ha llevado y creo que está bien explicado hasta para los ajenos a la saga.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#7
Huuuyyy, Duncan, Vikken, leanse la saga pero YAaaaaaa!!! Incluso lo de "en un daca esas pajas" aparece en uno de los libros, pero es ese es el menor de los detalles que se han perdido.  Lo que si parece que no han entendido, pero para nada, y que para mi lo dejó bien explicado en el relato, es que el brujo olvida a Ciri y todo lo relacionado con ella, que no pierde la memoria completa!!!
Viviendo a la sombra del destino.
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#8
Yo leí la saga, pero no voy a recordar una rara frase de tres palabras que jamás he vuelto a escuchar ni leer.

Esto no es como Un cuento oscuro de Celembor (que desgraciadamente modificó un poco por los foreros que no lo entendieron), donde no se dejan los cabos sueltos por el uso del manejo del tiempo que aquí se dejan.
¿El brujo no se sorprende que Triss conozca a Ciri?, ¿Geralt no se pregunta porque está chica reacciona de está forma?.

A ver, si Ciri viajó al pasado sola, ¿para que se lleva a Geralt al presente?, si Ciri creo otra linea temporal entonces hay dos Ciris en esa línea temporal, la Ciri del presente  y la Ciri viajera.

Sashka y Franco defienden el relato por la autoría como por el tono.  El fanfic lo definiría más cercano a crepúsculo que a la obra escrita por Sapkowski
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
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#9
No sé... esto de los fanfics no me hace mucha ilusión. Antes con el mundo de Ku y ahora con esto.
Y como tales no tengo nada en contra, solo es que plantean esta cuestión: para comprenderlos y disfrutarlos al 100% hay que conocer el material previo. Y siento que eso saca de la experiencia a gente como yo.

Punto y aparte, no se han respondido las preguntas de por qué antes tenia menor conocimiento que después (¿o es que iba recuperando memoria sólito?), lo digo por el cambio de tono con que le habla; en el pasado, distante, y en el presente, más personal. Tampoco ha sido respondida la mucho mejor: si es la maestra del tiempo y el espacio, ¿por qué no vuelve al punto anterior a que pierda la memoria y lo evita? Es decir, ya metiendo el deus ex machina del viaje temporal, usarlo para resolver fácil el problema no desentona y es casi hasta lógico entre la locura.
Viajar a un punto posterior me parece que le resta credibilidad al pesar de la chica. Incluso que lo anula, es como si no le doliera... porque de lo contrario evitaría que sucediera del todo en lugar de buscar la aventura romántica.
Aunque si eso se explica también en el material previo, ya me callo.
[Imagen: 3175b8f3948e5e79e5ac8d49c823ed34ae888c5dv2-hq.jpg]
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#10
No si no sabe cuándo se produjo el encantamiento. Qué dijimos de que el autor puede hacer lo que quiera en fantasía? Calcetín en la boca otra vez. Y abre la mente, no seas tan obtuso, esto es FANTASItura.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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