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Reto Jun19: El Despertar
#1
Abrió los ojos, bostezando lentamente. Irguió la cabeza y olfateó el aire, olía al rocío de la mañana, a pan recién hecho y otros manjares humanos. Pensó, divertida, que tal vez más tarde le darían las sobras y empezó a mover la cola rítmicamente. Estiró el cuello y las orejas y, con toda la parsimonia, se levantó. Miró al pequeño humano que aun dormitaba junto a él, se acercó a su cara y empezó a darle lametazos.

—Mmmm… —rezongó el humano—. Para ya, Ory —dijo apartando a la perra.

Ella respondió con un ladrido, tras lo cual sus orejas se achataron, la cola empezó a hacerse cada vez más pequeña, hasta desaparecer, y se irguió a dos patas mientras el pelaje iba desapareciendo. En cuestión de segundos el can se transformó en una hermosa niña pelirroja de metro sesenta, ojos verdes y el rostro salpicado de acné.

—Feliz cumpleaños, hermanito —le felicitó con una amplia sonrisa mientras se rascaba detrás de la oreja.
—Pasas demasiado tiempo transformada…
—Se dice gracias —dijo ella dándole una colleja, aun sonriendo.
—¡Ay! ¡Mamá!
—¡Orysia, deja a tu hermano tranquilo! —llegó la voz de su madre por la ventana.
—¡Pero si no le he hecho nada! —protestó ella.

En ese momento, un apuesto joven de pelo castaño, tan alto que casi no pasaba por el vano de la puerta, entró en la habitación. Era el mayor de los tres hijos de la familia.

—¿Ya se ha despertado el cumpleañero?
—Algo así —respondió Ory.
—Venga, arriba —dijo el hermano mayor dándole un pellizco en el brazo.
—¡Ay! ¡Mamá!
—¡Leren! —exclamó la madre.
—¡Yo tampoco le he hecho nada! —contestó él, riendo—. Vamos hermanita, ayúdame a sacarlo de la cama.

Agarraron al pequeño cada uno de un brazo y tiraron para levantarlo.

—¡Mamá!
—¡Deja de quejarte y levántate ya, Taroke! —se hartó su madre.
—Capaz serías de pasarte el día del Despertar durmiendo —le recriminó Ory sonriendo.
—Para lo que te sirvió a ti el Despertar, todo el día rascándote las pulgas… —se burló Taro.
—Ahí te ha dado —rió Leren.

Ory gruñó y le retorció un poco el brazo.

—¡Ay! —exclamó Taro. Su hermano rió todavía más.

Desayunaron en una mesa de piedra en la parte trasera de la casa, junto al huerto que, con esmero, cuidaba la madre. Entre tomateras y berenjenas, Taro daba buena cuenta de su rebanada de pan, con queso y mermelada de arándanos.

De pronto se dio cuenta de que su padre le miraba fijamente.

—¿Listo para tu gran día? —le preguntó.
—Supongo… —respondió mirando al suelo mientras engullía el último trozo.
—Hoy te vamos a llevar de caza —intervino Leren.
—¿De verdad? —inquirió Taro levantando rápidamente la vista.
—Es nuestro regalo de cumpleaños —añadió Ory guiñándole un ojo.
—¿Vendrás tú también, papá?
—No, hijo, tengo que reunirme con el consejero Uruhi para ultimar los preparativos de tú Despertar. —Se giró hacia su hijo mayor para añadir—: Recuerda que tenéis que estar de vuelta una hora antes del mediodía, sería una falta de respeto que tu hermano llegara tarde.
—Claro, padre —asintió el mayor de los hermanos—. Será mejor que nos vayamos ya si queremos tener tiempo de cazar algo, va a ser una jornada corta —añadió levantándose.

Los tres entraron de nuevo en la casa. Leren cogió su arco y le entregó un machete a su hermano.

—¿No me das un arco? —inquirió Taro cabizbajo.
—Apenas tienes práctica con el arco, hermanito, hoy te tocará mirar y aprender. Y si algún bicho sobrevive a mis flechas, lo rematas —le indicó su hermano.
—¿Y tú, no lleva armas? —le preguntó a su hermana, dándose cuenta demasiado tarde de lo tonto de su pregunta.

A Ory rápidamente empezó a crecerle pelo por todo su cuerpo, se puso a cuatro patas y le salió una cola. La loba miro entonces a su hermano pequeño, enseñando sus afilados dientes en una mueca que a Taro le recordó vagamente a una sonrisa.

—Cierto… —comentó Taro sintiéndose un poco estúpido.

Salieron los tres por la puerta delantera. Vivían en la calle principal del pueblo, la cual lo cruzaba de lado a lado. Por un lado el camino se internaba en el bosque, por el otro se abría a los campos de cultivo y al río que sustentaban al pueblo; y después se internaba también en el bosque. El pueblo se encontraba en un claro bastante amplio en mitad de las montañas de Hatara.

Desde tiempos antiguos los bosques y las montañas de los alrededores habían pertenecido al pequeño pueblo de Atasia, que había defendido sus tierras con fervor y tesón durante siglos. Mucho, por no decir todo, había tenido que ver en ello la milenaria y secreta tradición del Despertar.

Los tres hermanos se adentraron en el bosque. Caminaron por más de una hora antes de desviarse del camino principal. Ory empezó entonces a buscar el rastro de alguna presa con su agudo olfato. La loba no tenía problemas en meterse entre zarzas y matojos, y pronto Taro agradeció que le hubieran dado un machete, pues podía abrirse camino entre la maleza con él. Su hermano en cambio no lo necesitaba, él volaba un par de metros por encima de su cabeza, sonriendo divertido al verle dar machetazos a diestro y siniestro.

Leren era un Hijo del Viento, como su padre y como la mayoría de atasianos. Tenía el poder de controlar el aire a su voluntad, lo que abría todo un abanico de posibilidades: podían volar sostenidos por el viento, podían impulsar sus flechas mucho más lejos que cualquier arquero, podían ponerse el viento en contra para poder acechar a sus presas desde cualquier punto sin que el olor les delatase… y si a un Hijo del Viento le sumabas una Piel Inquieta, capaz de transformarse en perro y lobo, el resultado era que desde el Despertar de Orysia hacía tres años, ni una sola vez los hermanos habían vuelto de una partida de caza con las manos vacías. Y aquello era digno de admiración incluso entre los atasianos.

Taro no tenía ni idea de qué clase de poder despertaría hoy en él. Tampoco estaba seguro de tener ninguna preferencia. Todos los poderes tenían algo especial, desde ser dueño del aire a transformarse, pasando por dominar el fuego, como su madre, o el hielo. El segundo poder más habitual entre los atasianos era la Durapiel, que otorgaba la capacidad de transformar la propia piel en cualquier material inerte.

De pronto se dio cuenta de que estaba solo. Leren ya no volaba sobre él y no había rastro de Orysia. Se asustó por un momento y se quedó quieto aguzando el oído. No se oía absolutamente nada. Decidió encaramarse a un árbol cercano para ojear los alrededores. Alcanzó las ramas más bajas y observó desde allí parte del bosque que le rodeaba. No había rastro de sus hermanos. Debía haber alguna presa cerca y por eso Leren había dejado de volar, ahora estaría controlando el aire para que su olor no le delatase.

Desde allí arriba observó lo que parecía un estrecho camino cerca de donde se encontraba, y le pareció ver moverse unos matojos a lo lejos. Tal vez gritar sería la forma más rápida de reunirse con sus hermanos, pero eso espantaría a cualquier presa a la que pudieran estar acechando, lo que le granjearía una buena bronca. Tras meditarlo unos segundos, decidió que su mejor opción era dirigirse hacia los arbustos que había visto moverse. Si no era alguno de sus hermanos, sería la presa que buscaban.

Se incorporó al estrecho sendero que pasaba allí cerca y lo siguió en la dirección que le acercaría a su objetivo. Pronto empezó a darse cuenta de que aquel camino no estaba abierto por cazadores, tenía toda la pinta de ser un sendero de animales, tal vez lo usaban los ciervos o los caballos salvajes.

En un momento dado, observó unas gotas de sangre en unas hojas de morera al borde del camino. Se acercó y la tocó con un dedo. Era fresca. En ese momento un gruñido resonó a su espalda. Lentamente cayó en la cuenta de que aquel sendero debía ser obra de algún depredador.

Al girarse, se encontró de frente a un enorme oso y, sin pensarlo dos veces, echó a correr. A otros animales, como los lobos, podía intentar intimidarlos o incluso enfrentarse a ellos con el machete… pero un oso era harina de otro costal. Como alma que lleva el diablo, casi podía decirse que volaba por el sendero, esquivando raíces y pedruscos. Pero por más que intentara acelerar su carrera, los resuellos del plantígrado le seguían a corta distancia.

Un silbido resonó entonces por el aire. El oso gruñó y Taro se giró justo a tiempo para verlo desplomarse con gran estruendo. Pero seguía vivo. Se removía intentando arrancarse con las zarpas la flecha que se le había clavado en el cuello.

—¡Remátalo! —oyó gritar a su hermano.

Taro se acercó al animal, machete en mano. Sudaba copiosamente y le temblaban las manos. Nunca había matado nada más grande que un insecto. Alzó el machete sobre su cabeza… pero no era capaz de asestar el golpe final.

En ese momento una loba apareció detrás del oso, gruñó con satisfacción y se abalanzó sobre los cuartos traseros del plantígrado. La bestia aulló de dolor.

—¡Vamos, remátalo ya, Taro! —gritó su hermano, que llegaba volando. Tenía el arco tensado y una segunda flecha lista—. Venga, no todo el mundo puede decir que su primera pieza fuera un oso, remátalo —le animó.

Taro cerró los ojos y respiró profundamente. Bajó el machete con todas sus fuerzas y notó como este se hundía en el cuello del oso. El oso resolló una última vez y se quedó rígido.

—Bien hecho —le dijo Leren situándose a su lado y dándole una palmadita en el hombro.

Taro miró a la imponente bestia muerta y le invadió un profundo desasosiego. Quitar la vida había resultado ser algo muy desagradable.

—Dame el machete —pidió Ory, que había vuelto a su aspecto humano.

Él simplemente lo soltó, aun clavado en la carne del oso. Ella lo recogió y se acercó con él al pecho del animal.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Taro asqueado, viendo a su hermana abrir al pobre oso en canal.
—Quiero su corazón —respondió ella.
—¿Para qué?
—Para comérmelo.
—No lo dirá en serio, ¿verdad? —le susurró Taro, con aprensión, a su hermano.

Este le dedicó una mirada comprensiva.

—¡Aquí está! —afirmó Ory para sí, mientras extraía con sus propias manos el enorme corazón del oso.

Arrodillada junto al cadáver, con el órgano entre las manos, cerró los ojos y murmuró una oración. Al terminar le dio un mordisco al corazón, salpicando sangre en todas direcciones. Taro se dio media vuelta, se dobló por la mitad y vomitó. Su hermano le puso una mano en la espalda.

—Los Piel Inquieta pueden transformarse en cualquier animal, pero solo por un breve lapso de tiempo. Para poder transformarse en otros seres sin límites, necesitan absorber el alma de algún miembro de la especie comiéndose su corazón —le explicó Leren.
—Eso es… asqueroso —logró farfullar Taro entre arcadas.
—Ah, no todo lo que rodea la magia es bonito, querido hermano —repuso él dándole unas palmaditas—. Ya lo irás descubriendo.

Se había hecho tarde, y aun tenían un largo camino de vuelta. Ory cosió las heridas del oso para minimizar el sangrado, y Leren manipuló el viento para transportar por aire el cadáver. Por el camino, le explicaron a Taro que llevaban semanas rastreando a la bestia. Los osos no son comunes en aquellas montañas, y son escasos los atasianos capaces de transformarse en ellos. Por ello, esta nueva capacidad reportaría a Orysia una subida de estatus en la comunidad, pese a su corta edad.

Taro miró a su hermana, se la veía realmente feliz. No dejó de hablar y bromear durante todo el camino de vuelta. Él, en cambio, seguía profundamente turbado por la muerte del oso.

Llegaron de vuelta al pueblo justo a tiempo. Su padre y el consejero Uruhi les esperaban en casa.

—¡Vaya, vaya…! —exclamó el anciano consejero al ver el oso. Miró inquisitivamente a Orysia y luego al padre de los hermanos—. Tus hijos son una caja de sorpresas… como el tercero te salga igual, este pueblo se les va a quedar pequeño.

Su padre sonrió orgulloso. Se levantó y se acercó al pequeño Taro.

—Ya es hora de que veamos que sorpresas nos deparas tú, ¿no crees? —le sonrió.
—Supongo… —respondió él, cabizbajo.

Taro no las tenía todas consigo. Su hermano había demostrado tener un talento natural con el arco ya desde pequeño, y convertirse en un Hijo del Viento en su Despertar potenció aún más su habilidad. Con apenas diecisiete años ya se le consideraba uno de los mejores arqueros de Atasia. Su hermana, por su parte, se había tornado especialmente hábil como Piel Inquieta. A la mayoría de sus semejantes les resultaba, en cierta forma, desagradable la transformación, y pasaban la mayor parte del tiempo en su forma humana. Para Orysia, en cambio, era justamente al revés, disfrutaba enormemente de estar transformada. Además, desde pequeña gustaba de observar a los animales en su entorno, hasta el punto de que podía comportarse como cualquiera de ellos, por lo que era capaz de unirse a cualquier manada sin que el instinto de los animales la detectara como una extraña. Pocos Piel Inquietas eran capaces de algo así. Pero él, a sus diez años, aún no había destacado en nada. Hasta hoy, lo que más le apetecía en el mundo era cazar… pero ya ni eso le quedaba.

Su padre y el consejero Uruhi le condujeron fuera del pueblo, y tomaron un pequeño sendero que subía hacia las montañas. Taro iba sumido en sus pensamientos y tardó un rato en darse cuenta de que nadie más les acompañaba.

—¿No viene nadie? —preguntó extrañado.
—Luego cuando… bajemos, estarán todos esperándonos —contestó su padre.

Siguieron subiendo por la montaña un largo rato, hasta llegar al final del camino. Este terminaba abruptamente al borde de un acantilado. Taro se asomó tímidamente y vio cientos de metros más abajo lo que, desde esa altura, parecía un charco. Se dio cuenta de que aquello debía ser el lago Fotanga y que ahora se encontraban en lo alto del llamado Muro del Sueño.

Su padre le hizo darse la vuelta y, sin apartarlo del borde, se arrodilló frente a él y le cogió las manos.

—Ahora debes prestar juramento —le informó.

Taro asintió.

—¿Juras ser leal al pueblo de Atasia, por encima de cualquier otro estado o persona? —le preguntó el consejero Uruhi.
—Juro —respondió Taro.
—¿Juras guardar los secretos que hoy se te revelarán, así como cualquier otro que se te revele en un futuro?
—Juro.

El anciano asintió. Todo parecía ir bien, y Taro sonrió, pero al instante su sonrisa se tornó en una mueca de miedo. Casi pareció una caricia, pero el leve empujón que le dio su padre fue suficiente para hacerle trastabillar y caer por el precipicio. Solo tuvo tiempo de gritar.

Junto al lago, Ory y Leren observaban el Muro del Sueño, listos para ver el Despertar de su hermano. Les acompañaban su madre, así como varias docenas de familiares y conocidos.

—Ya está cayendo —dijo alguien.

Ory entrecerró los ojos intentando ver mejor. Pronto divisó un punto negro que caía y que se iba haciendo cada vez más grande. En algún momento de la caída, sus poderes despertarían. La intriga la carcomía por dentro, ¿manipularía el viento para bajar planeando…? Taro caía a plomo. ¿Se convertiría en un ave y echaría a volar, como hiciera ella tres años atrás…? Ya podía escuchar sus gritos. ¿Seguiría los pasos de su madre y lanzaría chorros de fuego que frenarían su caída…? Su hermanito seguía descendiendo sin control. ¿Sería un Pieldura…? El gentío empezó a murmurar. ¿Lanzaría hielo, o alguna otra cosa…? ¡Lo que fuera! Pero Taro no hizo nada. El estruendo al chocar con el agua acalló su chillido. Su madre cayó de rodillas, llorando. Orysia la abrazó entre lágrimas. Leren quiso ir volando a buscar a su hermano pero, su padre, que llegaba volando en ese momento, le detuvo.

—No hay nada que sacar del agua… —le susurró.

La conmoción y el pesar se reflejaban en todos los rostros presentes. A veces, muy raras veces, ocurría. Había unos pocos cuyos poderes no estaban destinados a despertar, si es que alguna vez habían tenido algún poder.

—¿Eso es un cuerpo? —se sorprendió alguien.

Todos sabían que tras una caída como aquella nunca quedaba nada reconocible. Durante siglos se había considerado deshonroso para una familia que uno de sus miembros no despertara sus poderes, por ello la tradición mandaba abandonar el cadáver en el lago. Pero aquello no era más que una excusa para ahorrarles a las familias ver los restos inidentificables de sus pequeños parientes.

Leren se deshizo de su padre y fue volando hacia el pequeño cuerpo, con cuidado, transportó a su hermano hasta la orilla. Se arrodilló junto a él y le puso una mano en el pecho. Se sorprendió al notar movimiento.

—¡Está vivo! —gritó.

Su madre y su hermana llegaron corriendo, su padre, volando. El resto de la muchedumbre les rodeó en segundos.

—No es posible… —murmuró alguien.

Con unos desagradables chasquidos, los huesos rotos volvían a juntarse y colocarse en su sitio. El ojo que faltaba, se regeneró. Los moratones que cubrían el cuerpo de Taro iban desapareciendo. Y de pronto, abrió los ojos, incorporándose.

—¡Es un sanador! —exclamó con regocijo el consejero Uruhi.

Murmullos de excitación se extendieron entre la pequeña multitud allí congregada. Su madre seguía llorando mientras le abrazaba, pero ahora eran lágrimas de felicidad. Su padre y su hermano mayor le miraban orgullosos. Ory se acercó y, por costumbre, le lamió en la mejilla.

Hacía más de mil años que no despertaba un sanador en Atasia.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Muy bien, una idea interesante. El despertar de los poderes ocultos en un momento de vida o muerte tiene su recorrido, y en este caso se ha sabido llevar muy bien. No sabría destacar nada por lo positivo ni por lo negativo, pero eso no quiere decir que se quede en un 5. Creo que es bueno. En todo caso parece que sea a partir de ahora cuando la historia despegaría, teniendo en cuenta que hacía más de mil años que no aparecía un sanador por Atasia.
Muy bien!
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#3
Bien, como inicio de una historia está muy bien. Me deja con ganas de saber más, de como se desarrollaría el argumento posteriormente. Buen relato Groupwave
Nada es sencillo, excepto la creencia en la sencillez
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#4
Estoy de acuerdo con Celembor, esto despega aquí a algo mucho mayor, pero como relato aislado me vale. Es simpático y se lee bien, ameno por la circunstancia de los hermanos. Tienes, no obstante, que repasarlo porque hay incorrecciones, pero eso nos pasa a todos.
Lo mejor para mí ha sido la niña lobo, me hacía gracia el personaje y sus lametones xddd. Buen derroche de imaginación en todo ello.
Suerte en el reto!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#5
Tengo que ser sincero: esperaba que el chico muriera (eso me habría encantado, llámenme sádico), o mínimo que su don fuera convertirse en agua. No sé, puede que en el primer caso se rompiera el statu quo aunque el canon mande que hay que dejar flotando los cadáveres XDDD
Un healer siempre viene bien, pero me parece que justo esa es la razón por la que siento que no cierra; esa habilidad encaja tan poco que merece su propio apartado, su propia historia para ver cómo esto se pone a tono con el resto de poderes. Que son más consecuentes con la sociedad que se plantea.
De cualquier forma me gusta la forma en que manejas a ese personaje, al chico que de hecho tiene ese problema existencial: se mueve dentro de un mundo en el que no encaja. Su drama al ver el lado menos idealizado de la magia y la muerte. Es potente, es creíble, denota que hay oficio.
Creo que este es un candidato fuerte.
[Imagen: 6fcm1k.jpg]
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#6
(23/06/2019 11:37 PM)Joker escribió: Pensó, divertida, que tal vez más tarde le darían las sobras y empezó a mover la cola rítmicamente. Estiró el cuello y las orejas y, con toda la parsimonia, se levantó. Miró al pequeño humano que aun dormitaba junto a él, se acercó a su cara y empezó a darle lametazos.

—Mmmm… —rezongó el humano—. Para ya, Ory —dijo apartando a la perra.

Ella respondió con un ladrido, tras lo cual sus orejas se achataron, la cola empezó a hacerse cada vez más pequeña, hasta desaparecer, y se irguió a dos patas mientras el pelaje iba desapareciendo. En cuestión de segundos el can se transformó en una hermosa niña pelirroja de metro sesenta, ojos verdes y el rostro salpicado de acné.

Un pequeño error.  

También me puse a pensar ¿Ory está desnuda todo el tiempo?.

No sé porqué me hizo gracia la parte de la caída, la verdad se me hizo un muy buen relato que deja con ganas de más.

No soy lo que un padre quiere para su hijita bebé
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#7
Un relato muy pulcro, fluido y agradable de leer. Me ha gustado, peeero y tres veces peeero me ha parecido parco en emociones, esa es la pega que le veo. El autor escribe bien y la historia promete pues es imaginativa y sólida, pero no ha logrado transmitirme nada especialmente fuerte o potente. Es curioso, pero no puedo ponerle pegas al texto en sí, solo a «eso» que está más allá, el alma del relato, que unas veces viene en forma de personaje carismático, otras en historia atrapante, otras en trasfondo avasallador, o lo que sea…

El relato está bien, de verdad que me ha parecido agradable, pero eso, no va más allá del agradable. Hay relatos bastante inferiores a éste que sin embargo me dejan más huella. El hecho de tener un final tan soso acrecienta la sensación. «Sanador», pues vale, eso sería genial para el inicio de una historia más extensa, pero no lo veo suficiente para el cierre de un relato en sí mismo. Es un final «light», sin calorías ni cafeína.

Pero a pesar de mis apreciaciones místicas, felicitaciones autor, pues me ha parecido un buen relato y he disfrutado leyéndolo.
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#8
Hay alguna repeticion por ahi suelta y el patinazo con el genero que ha comentado Duncan, por lo demas bien, ameno y entretenido.

Dado que al final no muere el chico, la historia parece el principio de algo mas grande. Pero puede pasar como relato en si mismo.

(24/06/2019 11:54 PM)Duncan Idaho escribió: También me puse a pensar ¿Ory está desnuda todo el tiempo?.

Casi mejor no saber que pensaste despues... Big Grin
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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#9
Muy bien, realmente bien.
Voy a empezar por lo que me ha gustado menos y luego ya pasaré de nuevo a lo bueno:
La prosa es buena, aunque por momentos le falta un poquito de ritmo, quizás a causa de que en este relato abundan los puntos y aparte, incluso cuando se sigue hablando del mismo tema. Un ejemplo: Cuando se nos describe el pueblo y luego se nos habla de las montañas de Hatara se usan dos párrafos para ello. Lo justo sería juntar todo en uno. Los puntos y aparte a veces juegan malas jugadas, entorpeciendo la lectura.
Eché en falta además un poco de vocabulario más amplio, tampoco digo que el autor debía ir a la RAE a buscar palabras raras para meter con calzador, pero el vocabulario en sí no me llamó mucho la atención.
Ahora vamos a lo bueno: la historia se lee muy bien y está bien trenzada, es interesante y los tiempos están bien llevados. Sin ser original parece serlo. Y lo más importante: uno se lo pasa bien leyéndola, que es el fin último de toda lectura, disfrutar. A mí personalmente has hecho que lo haga. De los mejores del reto.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
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#10
Es un buen relato, y buen inicio para algo mayor. La prosa es sencilla, se lee de corrido sin ningún problema, algún errorcillo por ahí no empaña el conjunto. La historia en sí es interesante, te impulsa a seguir leyendo para ver q poder tendrá el chico. Eso si, viendo los otros poderes, un sanador parece un tanto fuera de lugar y quisiera ver como lo desarrollas (si acaso lo haces).
Buena suerte en el reto!
"Si te van a ahorcar pide leer Las Enseñanzas de un Brujo IV (http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html). Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
Responder


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