Este foro usa cookies
Este foro hace uso de cookies para almacenar su información de inicio de sesión si está registrado, y su última visita si no lo está. Las cookies son pequeños documentos de texto almacenados en su computadora; las cookies establecidas por este foro solo se pueden usar en este sitio web y no representan ningún riesgo de seguridad. Las cookies en este foro también rastrean los temas específicos que ha leído y la última vez que los leyó. Por favor, confirme si acepta o rechaza el establecimiento de estas cookies.

Se almacenará una cookie en su navegador, independientemente de su elección, para evitar que le vuelvan a hacer esta pregunta. Podrá cambiar la configuración de sus cookies en cualquier momento utilizando el enlace en el pie de página.

Calificación:
  • 2 voto(s) - 2.5 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
Reto Jul19: ¿Y si...?
#1
Llevo ya un rato sentada, con las manos reposando en el teclado, mirando el infinito parpadeo del cursor en la hoja en blanco. He perdido la cuenta de todas las veces que, una vez sentada, no he escrito una sola palabra. ¿Por qué sigo intentándolo? Quiero escribir pero no puedo. ¿Por qué? ¿Qué me ha pasado? Esta vez no acuden miles de respuestas a esa pregunta. Hoy solo tengo el desconcertante silencio. El mismo silencio que dejaste en casa cuando te despediste de un portazo. El mismo silencio que envuelve mi corazón y estrangula mi garganta.

Dije que no volvería a soltar una lágrima por ti y voy a cumplirlo.

Antes solía sentarme a escribir y siempre me faltaba tiempo. Ahora, sin embargo, me sobra. Recuerdo cómo las historias se amontonaban en mi cabeza, una tras otra, y la libreta azul siempre estaba llena de apuntes con ideas. Cerraba los ojos y las palabras fluían, como el agua buscando su camino, desde la cabeza hasta los dedos. Escribía de todo: fantasía, terror, humor, ciencia ficción, steampunk… no había género que se me resistiese. Ahora ese torrente se ha secado, solo quedan los cantos rodados, las rocas demasiado pesadas que no se pudo llevar la corriente. No quedan plantas ni algas, ni peces ni insectos. Está yermo, falto de vida.

Como mi interior. ¿Por qué me dejaste definitivamente? ¿Por qué no hiciste como siempre hacías, dejarme y volver conmigo a los pocos días? Tus respuestas no tenían sentido, como nada en ti, y eso era una de las cosas que más me gustaban cuando nos conocimos. Reíamos sin parar, follábamos cuando parábamos. ¿Por qué la cosas se tienen que torcer? ¿Por qué no se puede seguir siempre como al principio?

Todavía recuerdo la noche en que nos conocimos. Viniste acompañando a Roberto. Si hubieseis venido antes el alcohol no hubiese movido mis labios. «Será hija de puta», pude leer en los tuyos cuando solté «¿el día que repartían los dientes los cazaste al vuelo?». No sé por qué lo dije, pero fue un inicio muy potente. Tras una larga noche soltándonos pullas acabamos follando en tu casa.

La risa y el llanto se mezclan en un extraño baile que dura ya demasiados meses. Me he acostumbrado a tener pañuelos encima de la mesa, por mucho que me haya prometido no volver a llorar. Nunca lo cumplo.

Cierro los ojos y rebusco en mi interior algo que contar. Al abrirlos de nuevo mis dedos siguen parados, la hoja en blanco. La música, pienso. La música épica que ponía para escribir, a bajo volumen, me ayudaba a meterme en la historia. Buena música, sinfónica, instrumental, de videojuegos y películas, inspiradora.
La hoja sigue en blanco, como mi lista de respuestas. Preguntas que me hacía cuando te llamaba al ver que no volvías. Preguntas que quedaron sin respuesta como mis llamadas.

No lo tengo claro, por eso no fluye. Si no sé lo que quiero contar, ¿cómo iba a escribir? Dedicaba horas enteras a pensar qué historias contar, cómo contarlas, qué transmitir. Los pensamientos se entrelazaban unos con otros, como las ramitas trepadoras del jazmín. Pero ni una sola flor. Sin flores, las abejas no acuden. Y sin abejas las flores no dan fruto. Si yo era tu flor y tú mi abeja, ¿por qué no salió fruto? Tal vez sí saló el fruto, pero cayó al suelo y se pudrió.

Abro el cajón de la mesilla buscando el tabaco. No está. Claro que no está, lo dejé forzada por él. «Es como besar un cenicero», me decía. No fue más que otra palada en el entierro de nuestra relación. Tal vez eso fue lo que ocurrió, que intentamos cambiarnos el uno al otro para hacer encajar una ficha del puzzle que no encajaba. Y ahí se fue todo a la mierda. Tal vez sea ese el secreto de las relaciones duraderas, ir limándose el uno al otro hasta que no queda apenas nada de ellos mismos para así poder vivir en pareja. Pero si eso es así, ¿quién está dispuesto a renunciar a sí mismo a cambio de una pareja estable?

No, no lo haré, nunca, aunque acabe como una vieja solitaria rodeada de gatos.

Agotada, abro el navegador y tecleo unas palabras en Google. “Síndrome de la página en blanco”, se llama. Muy descriptivo, sin duda. Sigo los pasos, los consejos, las recomendaciones. Muy bonita la teoría, para variar. Y muy disociada de la práctica, para variar. Si fuese tan fácil ni siquiera estaría documentado. ¿Cómo conseguía antes escribir cada vez que tenía oportunidad? ¿Qué ha cambiado? La respuesta a la segunda pregunta es fácil: un año sin escribir ni trabajar, sumida en la penumbra, desde que te fuiste. Cuando busco respuesta a la primera pregunta solo me vienen nuevas preguntas: ¿He perdido la ilusión? ¿Ya no me llena? ¿Me estoy obligando a seguir una pasión que lo fue en su día y ya no lo es? Son preguntas de difícil respuesta, que me obligan a adentrarme en mí misma, en los pasillos oscuros, lúgubres y terroríficos de los miedos y las desilusiones, de las justificaciones y los culpables. No, no quiero, no es el momento. Yo solo quiero escribir. ¿Sí? ¿Solo quiero escribir? Me estoy haciendo la zancadilla a mí misma.

Mario, Mario. Contigo a mi lado las historias se derramaban sobre la mesa, en servilletas o posits. Contigo a mi lado gané varios concursos de relatos, publiqué mi primera novela y empecé dos más. Contigo a mi lado, mientras yo escribía tu leías, relajado por los martilleos irregulares del teclado. ¿Eras tú mi musa? 
Con la imagen de Mario en la retina, las letras van formando palabras, las palabras frases y las frases párrafos. Por fin escribo, y cuando leo el resultado, siento un regusto a cenizas que ahora detesto. Es tan malo, tan pobre y tan propio de un novel que me avergüenzo de haberlo escrito. Lo borro antes de que pueda infectar el resto de palabras que pueda escribir.

Tengo ideas apuntadas para nuevos relatos, dos novelas a medias. Quiero escribir. ¿Por qué no puedo? ¿Por qué tantos peros? ¿Por qué tantas preguntas? Por un lado hay algo que me impide seguir, pero por otro no estoy muy segura de querer descubrir qué es, no sea que una verdad tan evidente y absoluta me haga abandonar la escritura definitivamente. ¿Y si solo pude alcanzar la cima con Mario a mi lado? Al final esa pregunta siempre acaba por llegar. Es la pregunta definitiva. Si la respuesta es no, ¿por qué no puedo escribir? Si la respuesta es sí, ¿qué hago aquí sentada, perdiendo el tiempo y llenando la papelera de pañuelos?

Me enfadé mucho con él cuando me dijo, hace tiempo, que uno no se puede sentir escritor hasta que no ha finalizado su primera novela. ¿Qué tontería es esa? Tal vez solo me lo dijo para picarme. Puedes escribir relatos cortos, largos, cuentos, y sentir que eres escritor. No creo que lo que uno sienta esté directamente relacionado con finalizar una novela. Pero cada uno siente como le da la gana, y a veces ni eso. Yo me sentía escritora y, ahora, un año después de dejarlo, me siento igual que cuando empecé: una pringá. La diferencia entre antes y ahora es que no tengo la ilusión de recorrer un camino nuevo, sino la pesadez en las piernas de tener que reandar el mismo camino, de volver a estar en la casilla de salida. ¿No dicen que la verdadera experiencia no está en alcanzar el objetivo sino en lo que aprendes por el camino? ¿No debería ser ese mi acicate para continuar, para seguir, para sentarme en cuanto pudiese, para escribir mierda, basura, bazofia y porquería, hasta conseguir de nuevo soltura y que mis textos volviesen a tener cierta calidad, tanto de ideas como de prosa y estructura? Pues sí que debería.

Debo volver a encontrar mi estilo propio, mi voz, volver a contar historias bonitas como «La rosa del desierto», graciosas como «Los ingenios del Sr. Wilson», incómodos como «Barriendo el país» o «Una cena de idiotas», sobrecogedoras como «Los acólitos». Volver a transmitir emociones y que el texto tenga vida propia una vez escrito. Estructurar bien, muy bien, de manera que todo encaje con naturalidad. Crear personajes completos, auténticos, aunque solo sea para relatos de tres mil palabras.

Algo de claridad se va colando entre las espesas nubes negras que nublan mi mente, una idea que se abre paso como el tallo de una planta saliendo de la semilla. Tengo que correr una maratón y mis piernas cansadas. A partir de ahora es cuando entra en juego la fortaleza mental, esa fortaleza que nunca tuve, y si la tuve, se quedó por el camino. Es momento de empezar a entrenar la cabeza, empezando por no hacer más preguntas. Es la fortaleza mental lo que permite al corredor acabar el maratón, lo que convierte a un buen tenista en un Rafa Nadal.

Como decía mi padre, simplemente es practicar, practicar, practicar.

Pero por dónde empezar, siempre el escollo en el que tropiezo. Y si… ¿Y si escribiese sobre lo que me está pasando?
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
No pueden follar cuando paran porque rien sin parar. Vaya mal relato por lo incoherente.

Bromas aparte, es bueno. Conozco esas sensaciomes que describe la prota, y lo de la personalidad y la vida en pareja es una reflexión inquietante. Aparte, está bien escrito. He visto alguna coma faltante pero nada más.
Responder
#3
Ah, bribón/a, has querido meterte en el bolsillo a todos con un relato sobre el síndrome de la hoja en blanco, ¿eh? Pues te ha salido bastante bien, porque me he sentido identificado en demasiadas cosas: las dudas que nos han asaltado en algún momento de nuestro camino por la escritura, reengancharse a escribir una vez lo has dejado, algunos aspectos de la vida en pareja que se dejan caer... Bastante variado para tan poco espacio.
En cuanto a la protagonista, es evidente que pasa por una depresión, pero poco más sabemos de ella. Además, ¡no sabemos cómo se llama!
Y bueno, el mensaje final bastante acertado. Pensándolo bien, es muy evidente. Si quieres ser bueno en algo, tienes que practicar.
Suerte!
[Imagen: stormbringer4.jpg]
Responder
#4
Por supuesto que te sientes identificado, Celembor, bribón... jejeejjeeeeeee!
El relato es estupendo, lleno de sentimientos y tristeza. No es difícil entrar en el personaje e identificarte con él, y eso ya demuestra que está escrito con mimo. A mí me ha gustado, todo lo que va de sentimientos me lleva de la mano rápidamente.
No he visto faltas, tampoco las he buscado porque me he sumergido completamente en el relato, pero muchas veces, si las hay, las veo sin buscarlas. No ha sido el caso.
Me ha hecho gracia esto: «Será hija de puta», pude leer en los tuyos cuando solté «¿el día que repartían los dientes los cazaste al vuelo?»
Me apunto eso, siempre hay ocasión de soltarlo para joder a alguien, jajajajajja!!
Enhorabuena, oye, tiene calidad. Puedes estar orgulloso!

PD. Qué raro que no haya ningún niño... Según leía pensaba: no puede ser, igual se lo ha puesto en la barriguita... pero no!

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
Responder
#5
Hay mucha pasión en esas letras.
En general lo percibo muy ligero, sencillo de leer y no decae en momento ninguno. Es una prosa que ya denota algunos años de oficio. Me agrada ese aspecto introspectivo, la manera en que se cuestiona lo que fue, lo que es y lo que será. En ese sentido el relato tiene una gran carga emocional que se irradia a cada letra. En contraparte, veo que tira más de lado de la autoinsersión del lector, que de la empatía. Y esa practica me agrada poco en realidad. Prefiero descubrir y escuchar historias de personajes que, valga la redundancia, describan una personalidad y a través de ella, al mundo que los formó. Un escritor que no puede escribir y una decepción amorosa a cuestas... aquí no estoy descubriendo a nadie, sino recibiendo una invitación para decir "así me ha pasado".
De cualquier modo, es un trabajo bien hecho a pesar de que su temática me sepa a poco. Es muy coherente y debido a su naturaleza, es un texto que cualquiera podría leer y entretenerse sin problemas con él... algo que es más complicado de conseguir de lo que se cree.
Auguro un buen puesto para este trabajo dentro de las votaciones.
[Imagen: 3175b8f3948e5e79e5ac8d49c823ed34ae888c5dv2-hq.jpg]
Responder
#6
Muy bien, empezamos a leer los relatos del reto y creo que no podía elegir mejor relato para hacerlo.
Un relato que, como bien ya han dicho los demás foreros, es muy fácil de comprender para todos nosotros. Por lo menos en lo que refiere al vacío creativo. Aunque, si debo ser sincero, a mí me pasa justo lo contrario: los mejores momentos creativos, mis mejores textos, los más emotivos, los escribí en momentos de desasosiego, de inestabilidad. Muchas son las veces que he “culpado” a mi estabilidad emocional, a mi vida lineal y equilibrada, de mi poca productividad literaria. Pero bueno, supongo que cada uno encuentra su estado creativo en diferentes puntos de partida.
Por lo demás el relato es impecable, muy bien escrito y estructurado. Quizás, por momentos, es excesivamente reiterativo y recurre demasiado a las preguntas retóricas. Aún así el resultado me gusta mucho, se me ha pasado volando y ha conseguido lanzar dos o tres dardos que han dado en el centro de lo que muchos de nosotros hemos pasado.
Gracias.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
Responder
#7
Bueno, bueno...¡me ha encantado, cojones!

Y eso que no soy muy fan de introspectivas de éstas, más que de las mías propias (cosas del egoísmo, tú sabes), pero esta está tan bien escrita y da tanto en el clavo, que me ha ganado por goleada. El estilo tiene alma, mucha alma de dios, y por eso definitivamente consigue meterlo a uno en el fregado que atormenta a esa mente de escritora con problemas.

En todo caso autora, si está basado en hechos reales y te agobia la falta de inspiración o de ideas, lo que está claro es que no te falta la capacidad de expresarlo con palabras, de eso te sobra y con un par de lingotazos te tienen que volver las ideas sí o sí.
Responder
#8
Vas más perdido que un pulpo en u garaje, gallegiño.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
Responder
#9
¿Por lo de los lingotazos, lo dices? Tongue

¿O por lo de suponer que es autorA? No importa ¿eh? el estilo me parece muy tuyo por momentos, la temática muy Celemboriana y mi capacidad de meter la pata es épica, pero con fundamento, así que...
Responder
#10
Me ha gustado mucho. La prosa es muy buena, en ningún momento hizo que me trabara en la lectura, no hay errores o pasan desapercibidos. El tema que trata es interesante para todo escritor, ya sea amateur o profesional, y la manera en que lo narras (partiendo de la primera persona, muy acertada) lo hace ver aún más cercano para el lector. En definitiva, un gran relato.
Buena suerte en el reto!
Viviendo a la sombra del destino.
Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)