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[FANFIC] La Dama del Unicornio (Reinos Olvidados) Capítulo 5 -Vínculos y Amistad
#1
CAPITULO 5
VÍNCULOS Y AMISTAD
1
Habían pasado tres días desde su llegada al reino enano.
Catti-Brie estaba sentada en la cama mientras Ashari amamantaba a Ashzá. Ambas mujeres se habían hecho amigas enseguida y sentían una especie de complicidad entre ellas que las impulsaba a pasar mucho tiempo juntas, mientras sus maridos entrenaban con las espadas largas horas, además de por diversión, porque Drizzt era un espadachín excepcional que podía potenciar los conocimientos de Kedair.
Ambas mujeres comprendían el afán de sus parejas por estar juntos, pues ambos tenían mucho en común además de la raza que les hermanaba.
—Catti-Brie... ¿puedo preguntarte algo un poco... delicado? —preguntó Ashari, sin dejar de mirar al bebé.
—Por supuesto. ¿De qué se trata?
—Esa cojera tuya... ¿qué pasó?
—Hubo un desprendimiento. Una roca impactó contra mi cadera... Ha pasado un año y medio, y esto no mejora... No creo que me recupere ya nunca.
Ashari dudo un momento, pero se decidió.
—Si quieres, yo puedo curarte.
—¿Puedes? ¿Dices que puedes? ¿Cómo? Ni siquiera la dama Alustriel pudo...
—Sí, puedo. Kedair se llevó algo de su casa, una piedra, que tiene propiedades curativas y regenerativas. Incluso podría regenerar el ojo de Bruenor.
—¿Estás segura de eso? —se extrañó Catti-Brie, escéptica.
—Esa piedra nos ha salvado más de una vez del desastre. Kedair fue capturado por sus hermanos una vez; la paliza que le dieron fue mortal de necesidad; si no hubiera sido por la piedra, no estaría hoy aquí, así que sé de lo que hablo. Incluso regeneró un dedo que le seccionó su hermano, yo misma pasé la piedra por el muñón. Esa piedra es la causa de que seamos perseguidos, pues Kedair la robó para alargar mi vida.
—Oh... ¿también tiene esa facultad?
—Por lo visto, sí. Oye, Catti-Brie, podríamos compartirla y beneficiarte tú también. Eres humana y seguro que tanto tú como Drizzt os habéis angustiado al pensar en lo efímera que es tu vida en comparación a la suya.

Catti-Brie miró al suelo y guardó silencio. Cuando habló, una expresión torturada cubrió su hermoso rostro.
—De hecho, éste fue el principal motivo por el cual estuvimos muchos años sin atrevernos a afrontar nuestros sentimientos. ¿Sabes?, cuando le conocí yo era sólo una niña y Drizzt acababa de llegar al Valle del Viento Helado. Había sido rechazado en todas partes, y yo fui su primera amiga de verdad. Crecí a su lado, siempre sentí por él algo especial, pero... Me prometí a Wulfgar. Él es humano, como yo. Creo que me daba miedo afrontar mis sentimientos hacia Drizzt, o le creía inaccesible, no lo sé... Pero, en una incursión drow a Mithril Hall, dimos a Wulfgar por muerto... Pasó muchos años en el infierno de Errtú, y cuando le recuperamos ya no era el mismo. Ni yo sentía ya lo mismo por él... Nuestros caminos se separaron. Entonces ya sabía lo que sentía por mi drow, y sabía lo que él sentía por mí... Pero, aún y así, ninguno dimos un paso hacia el otro... Creo que a Drizzt también le preocupaban las consecuencias que podría traerme una unión con él... Y creo que también tenía miedo, miedo de sufrir.
—Y, ¿qué fue lo que os hizo cambiar?
—Hubo una batalla, un asedio orco a una fortaleza donde nos encontrábamos todos. Drizzt salió para abatir a los gigantes que devastaban la muralla y los edificios con enormes rocas, pero la fortaleza fue destruida finalmente. Nosotros huimos por los pelos, pero no volvimos a tener noticias de Drizzt. Le creí muerto... Él pensó lo mismo, pues cuando encontró las ruinas supo que nadie podía haber sobrevivido. Durante esos meses en que perdimos el contacto, ambos nos dimos cuenta de lo tontos que habíamos sido, de lo banales que eran las razones que habían actuado como una barrera. Es cierto que las cosas no se valoran hasta que se pierden... Y, cuando por fin nos reencontramos, nos entregamos el uno al otro sin pensarlo dos veces.
—Oh... Qué bonita historia, querida. Me gustan las historias con final feliz.
—Y vosotros, ¿cómo os conocisteis? —quiso saber Catti-Brie.
—Bueno... Kedair salía a la superficie simplemente porque le gustaba. Yo cuidaba las ovejas de la granja de mi padre junto al bosque, y él me vio. Desde entonces, salía a menudo para verme, aunque sin mostrarse... hasta que un día tuvo que salvarme de unos lobos. Estuvimos viéndonos unos meses, durante los cuales nos enamoramos... y decidimos huir a Luna Plateada... Durante el viaje nos han pasado muchas cosas, unas buenas, otras malas, pero no me arrepiento de la decisión que tomamos. Él es todo mi mundo, él me rescató de una vida vacía y sin dignidad; me devolvió la fe en mí y todo el amor que necesitaba...
—Somos muy afortunadas.
—Sin duda es así —estuvo de acuerdo Ashari, secando su pecho con un lienzo limpio antes de colocarlo dentro del vestido. Luego estiró de dos cordones para fruncir y cerrar el escote de la práctica prenda, se puso el lienzo en el hombro y puso al bebé en posición horizontal sobre él, para que expulsara el aire, mientras le daba suaves palmaditas en la espalda—. Pero, ¿sabes? A veces tengo miedo. Tengo miedo de que el destino me haga pagar toda esta felicidad...
—¿Por qué dices eso?
Ashari suspiró.
—No sé por qué, es una sensación. ¿Tú no tienes miedo, Catti-Brie?
—Sí, algunas veces... Cuando recuerdo el tiempo en que le creí muerto... y cuando pienso en que pudiera ocurrirle algo... No quisiera volver a pasar por ello, Ashari.

La hechicera dejó al bebé en una cunita de madera que los enanos habían traído para ella y abrió el bolsillo de su vestido, asegurado con dos botones.
—Tiéndete en la cama, por favor. Voy a curarte esa cadera. Súbete la falda.
Catti-Brie obedeció mientras observaba la piedra negra que Ashari extrajo de su bolsillo. Ashari pasó despacio y cuidadosamente a Das´Ashea por la cadera de la mujer, causando un ligero cosquilleo por donde tocaba su piel, como una estrella fugaz deja su estela en el cielo nocturno.
—Ya está —dijo Ashari—. Ponte de pie, a ver qué tal.
Ella así lo hizo. Efectivamente, ya no dolía. Dio unos pasos, despacio, tanteando, y miró a la otra con sorpresa. Ya no cojeaba.
—¡Oh!¡ Dioses! —exclamó, su rostro iluminado de agradecimiento y felicidad—. ¡Drizzt tiene que ver esto!
Catti-Brie se precipitó a la puerta, la abrió y salió corriendo por los túneles de Mithril Hall, ágil como una gacela, riendo contenta en dirección a la sala donde solían entrenar los dos drow.


Demanel removió los restos de la hoguera apagada con la bota. Luego reparó en la manta manchada de sangre que Bethkalu examinaba.
—La humana ha parido a su abominación. Hará tres días.
—Eso es ya irrelevante—dijo Demanel a su hermana—. ¿Dónde están ahora?
—No puedo verlo con claridad. Mi magia se debilita, éste mundo de la superficie no es nuestro lugar. Pero sé que vuelven a estar bajo tierra, en una mina de enanos.
—Malditos sean... Encuentran aliados con una facilidad pasmosa. A pesar de que Kedair es un drow... Esa hechicera es, sin duda, más diestra que tú, Bethkalu. Tal vez oculte con un hechizo la apariencia de nuestro hermano, tal vez aparezca como un elfo del bosque.
—Esa perra no es más diestra que yo. Sólo ha tenido suerte y se ha servido de nuestra ineptitud. No sabía siquiera que fuera una hechicera tan avezada, pero ahora que lo sé, no volverá a pillarme con la guardia bajada.
—Bethkalu, es hora de cambiar las cosas. No podemos cogerles nosotros solos, reflexiona. Deberíamos buscar a los nuestros, una ciudad drow, unirnos a una casa poderosa y planear con ellos algo grande, algo ambicioso, que podamos aprovechar para nuestros fines. Dijiste que el lugar donde piensan instalarse está cerca, por lo tanto, ya no se moverán de allí.
—Ninguna casa se someterá a nuestros deseos, Demanel.
—Pero seguro que tienen sus conflictos con los asentamientos de la superficie, sus ambiciones. Si nos unimos a una casa poderosa, podríamos averiguar cuáles son ésas ambiciones y utilizarlas en nuestro provecho, para alcanzar nuestros objetivos. Hemos de hacer algo, Bethkalu, no soporto este mundo luminoso, ninguno de nosotros lo soporta. Tú misma has dicho que tu magia se resiente, y sin tu magia, ¿cómo vamos a capturarles?
Bethkalu meditó las palabras de su hermano unos instantes. La idea no le pareció entonces tan descabellada.
—A veces consigues sorprenderme agradablemente, Demanel. Aunque muy pocas. Sí, eso haremos. Si no conseguimos manipularlos para adaptarlos a nuestros fines, siempre podemos abandonar la ciudad drow. Pero si, por el contrario, lo consiguiéramos... la venganza llegaría, implacable, contra ellos y aquéllos que les cobijan.
—Sigamos internándonos en esta gruta —dijo Demanel a los demás drow del grupo—. Parece muy profunda, y pudiera ser que comunique con algún túnel de los que atraviesan la Antípoda Oscura. Después, Bethkalu nos guiará a la ciudad drow más cercana.
El grupo de drow siguió caminando por la caverna, hacia la oscuridad más profunda, aquélla que sus ojos, castigados por la luz del sol, dominaban y agradecían.

2


Kedair entró en la habitación que Bruenor les había facilitado, oliendo a jabón de hierbas y con el cabello blanco aún húmedo. Nada más llegar, el drow se quitó la cota de mallas y las catanas y se acercó a Ashari, que volvía a amamantar al bebé en una cómoda silla. Kedair se situó detrás de ella y puso sus manos en los hombros de la muchacha, luego la besó en el cuello, largamente, con pasión. Permaneció así, agachado sobre ella y con la cabeza junto a la de su esposa, mirando con amor a su hijo hasta que éste estuvo saciado. Entonces rodeó la silla y lo tomó en brazos, tal como le enseñara ella que debía hacerlo tras amamantarlo.
—Si no proteges tu ropa con el paño te pondrá perdido otra vez, ¿es que acaso no has aprendido aún? —le regañó tendiéndole el lienzo.
Él la obedeció y colocó este sobre su hombro, entre la ropa y el bebé, justo a tiempo. El pequeño eructó junto con una abundante bocanada de leche.
—Vaya, muchachito, este eructo podría competir con cualquiera de los enanos…—dijo mientras limpiaba su boquita de los restos de leche.

Ashari les observaba llena de ternura, pensando en lo vulnerable, indefenso y pequeño que se veía a su hijo en los atléticos brazos de su padre. Ver a Kedair con el niño la emocionaba, tal vez porque ella no tuvo un padre así.
—¿Cómo es en tu mundo? —preguntó ella en un arrebato, antes de darse cuenta de que podía incomodar a su marido con referencias a su oscuro mundo—. ¿Cómo se crían los bebés en Dematerra?
—Allí criar un bebé es una tarea importante, pero no tanto si es un varón. La madre matrona no desperdicia su tiempo en nosotros, pues nuestra finalidad consiste en aumentar el número de defensores de la casa a la que pertenecemos. En las familias nobles, se encomienda la labor a una de las hijas, normalmente a la menos cualificada en sus estudios o en su importancia. La madre matrona se limita a alimentar al bebé hasta que empieza a comer solo, momento en que cesa el contacto asiduo. Se le educa sin amor y muy severamente, los castigos son desproporcionados, aunque con las hembras se vaya con más cuidado. Los varones no tenemos apenas valor, y si algún niño muere víctima de los malos tratos, nadie se lamenta demasiado. Durante dieciséis años, apenas tienen contacto con nadie más que con su educadora, y se les obliga a trabajar como sirvientes de su propia casa. Después empieza su educación en la academia. Nacemos inocentes y vulnerables, Ashari, como cualquier bebé; pero se nos inculca el odio desde la más tierna infancia, se nos enseña a odiar a base de dolor. Y la mayoría lo aprende bien.

Ashari se estremeció al pensar en un futuro así para su hijo. Kedair dejó al niño en la cuna, pues se había dormido, satisfecho. Después se arrodilló frente a ella y apoyó la cabeza en su regazo, que la hechicera acarició.

—No encajaba allí — continuó—. No quería eso para un hijo mío, no quería que pasara por lo que pasé yo, por lo que pasamos todos. Pero incluso esa preocupación por un hijo es anormal en Dematerra, los padres no tienen, en su mayoría de veces, ningún contacto con su hijo. Y los hijos ni siquiera saben quién es su padre. Decidí evitar aparearme de forma estable, para no tenerlos. Ahora, cuando miro a Ashzá y el mundo que nos rodea…— Kedair levantó la cabeza y miró a la muchacha a los ojos —. Lo he conseguido, Ashari, gracias a ti he cumplido mi deseo… Porque a tu lado sale de mí todo lo contrario a lo que me enseñaron, y puedo darle a mi hijo lo que jamás en Dematerra se me hubiera permitido. Porque no me hubieran dejado quererlo, Ashari.
—Tú nunca has pertenecido a la oscuridad, Kedair. Estabas destinado a mí, mi amor, los dioses lo escribieron en las estrellas.
—Te amo, Ashari…
—Te amo, Kedair…

Kedair miraba a la hechicera embelesado. Desde su maternidad, la muchacha había redondeado un poco sus formas, y su belleza se había acrecentado. El drow contemplaba ahora esa belleza, prendido de ella, cautivado. Excitado.
[Imagen: 212s8p0.jpg]
El elfo oscuro acercó sus labios la los de Ashari y la besó con suavidad, repetidamente, pero poco a poco los besos se tornaron más apasionados. Abrió los labios y buscó su lengua mientras sus manos encontraron los cordoncillos de la blusa y los aflojó; la blusa de la muchacha terminó aterrizando en el suelo y allí quedó, como un bulto amorfo. Kedair acarició con suavidad sus hombros, su cintura, sus pechos; los besó embriagado por el dulce olor a leche que desprendían.
—Llévame a la cama… No puedo esperar más…—jadeó Ashari.
El drow la tomó en volandas y la depositó sobre el lecho. Se desprendió de la camisa, y Ashari admiró también la belleza de ébano de su esposo, cuyo blanco cabello caía sobre los hombros, resaltando su color. Su cuerpo era perfecto. Su rostro, muy atractivo. Pero era su alma lo que había enamorado a la muchacha.
Se amaron con muchas ganas, pues hacía algún tiempo que habían evitado las relaciones, por miedo a malograr el embarazo. Por eso ahora actuaron como dos principiantes, sin control, con urgencia, pero entregándose a ese gran amor que se profesaban. Y luego se quedaron un rato en la cama, relajados y satisfechos, arropados por su abrazo.


Bruenor Battlehammer era muy testarudo. Agradeció hasta el infinito la ayuda prestada a su hija, para él su bien más preciado, y el verla feliz de nuevo y completamente restablecida de su cojera supuso una gran alegría y un enorme alivio. Pero cuando esta le propuso pasar la piedra por su rostro mutilado, el enano se negó en redondo. Bruenor no era nada amigo de hechicerías, de ahí su negativa; pero el poder de persuasión de su hija acabó por doblegar su férrea voluntad. Así pues, Bruenor regeneró su ojo y la cicatriz que surcaba su rostro se borró completamente.

Las heridas del bárbaro, por el contrario, no podían ser curadas por Das´Ashea: la hechicera vio en sus ojos un gran sufrimiento, nostalgia, infelicidad y sentimiento de culpa. Recordó lo que le había explicado Catti-Brie, y sintió lástima por él; sólo Wulfgar sabía por todo el sufrimiento que había tenido que pasar. Habiendo sido prisionero de un demonio en el mismísimo infierno, era un milagro que no estuviera completamente loco. Por tanto, a pesar de todo, a Ashari no le cupo duda de que el bárbaro tenía una voluntad de hierro y una gran fortaleza de carácter. Pero todo ello se desvanecía cuando Wulfgar miraba a Catti-Brie.
—Papá —dijo la mujer al enano—, Drizzt y yo hemos decidido pasar una temporada en Luna Plateada con ellos.
—Ya me imaginaba que lo haríais —dijo Bruenor—. ¿Cuándo partiréis?
—Mañana temprano —dijo Drizzt—. Nos llevaremos un carro pequeño para que Ashari y su bebé vayan más cómodos.


—Sí, claro. Llevaros también una escolta, pues con esos drow rondando sería lo más sensato.
—Cuantos más seamos, más llamaremos la atención — dijo Catti-Brie—. No necesitamos más escolta, llevando a Drizzt y Kedair. Y olvidas que Ashari es una hechicera.
—Creo que han abandonado la superficie —dijo Ashari—. Ya no siento a Bethkalu, ni cerca ni lejos.

Bruenor miraba al bárbaro, quien mostraba una expresión ligeramente dolida que no se le escapó tampoco a Ashari.
—¿Y tú? También te vas con ellos, ¿no?
—No — dijo seco Wulfgar—. No tengo ningún asunto que atender en Luna Plateada.
—Y eso, ¿qué importa? ¡Aquí tampoco tienes ningún asunto, de momento! —le increpó el enano—. Necesitas aire fresco, muchacho… Y me quedaría más tranquilo si tú y Aegis-fang acompañáis a esos drow presuntuosos.
—Acompáñanos, Wulfgar —insistió Drizzt—. La dama Alustriel se alegrará de verte, y te irá bien un cambio de aires.
—De acuerdo, iré con vosotros —cedió el bárbaro por fin, mirando a Catti-Brie.
Sin embargo, la muchacha apartó la vista e intentó disimular su disgusto. Ashari se preguntó qué habría ocurrido entre aquéllos dos.




3

La decisión de llevar un carro resultó de lo más acertada. De ese modo, Ashari iba sentada junto a Kedair en el pescante con su hijo en brazos, y en la parte de atrás, además de los equipajes del grupo, llevaban la cuna que los enanos les regalaran.
A Ashzá no le gustó nada la luz del día. El pequeño drow shee´med, cuyos ojos eran como los de su padre, se pasó berreando los ratos en que no dormía hasta que Kedair adivinó el motivo del desasosiego del bebé. La hechicera se colocó entonces un lienzo sobre el hombro y por encima del niño, para oscurecer en lo posible el entorno del pequeño, y éste dejó de llorar.
Cuando cayó la noche, acamparon.


Los túneles oscuros albergaban peligros; el grupo de drow lo sabía y avanzaba con cautela. No hablaban, si tenían que comunicarse usaban el complicado y rico lenguaje de signos. Al poco de entrar en los túneles de la Antípoda Oscura, uno de los guerreros cayó durante la lucha que sostuvieron contra un temible oseogarfio que les atacó.
Bethkalu, que iba en retaguardia, oyó un rumor a su espalda. La sacerdotisa se giró, alarmada, y lo que vio la dejó clavada en el lugar. Una mujer drow, de belleza salvaje, gracia y elegancia implícita en cada uno de sus movimientos, se acercó a ella mirándola directamente a los ojos. Cuando Bethkalu pudo reaccionar, se hincó rápidamente de rodillas y agachó la cabeza en señal de sumisión. Luego miró disimuladamente en dirección al grupo de drow, que se habían parado y la observaban turbados, con el cuerpo medio girado hacia atrás.
—¡Postraos, estúpidos! —les silbó la sacerdotisa.
Ellos obedecieron deprisa, pero aún desconcertados. Bethkalu agachó de nuevo la cabeza y aguardó, hasta que unos hermosos pies de ébano se detuvieron ante sus ojos.
—Mi Señora Lloth, Diosa entre las Diosas, Madre y guía de tus siervos, los drow; he aquí a tu esclava más humilde…—dijo la sacerdotisa en un tono tan sumiso y dulce como Demanel jamás creyó que poseyera.
—Bethkalu, sierva mía, he oído tus lamentos y vengo a ti. Sé que anhelas mi favor, el favor que tu casa perdió cuando dejó tan descuidadamente que mi regalo fuera sustraído con tanta facilidad como si de un objeto insignificante se tratara…
—¡Lo recuperaremos, mi Señora, y daremos muerte a ese traidor!
—Sólo lo conseguirás con mi ayuda, sierva. Y a eso he venido, pues tengo una misión para ti.

Bethkalu levantó la mirada y la fijó en los bellos ojos de la Diosa, henchida de júbilo.
[Imagen: 21o3rr.jpg]
—Os serviré aún a costa de mi vida, Señora, y lo haré bien.
— Desde luego que lo harás bien, pues no tolero errores; el castigo si me fallas será mucho peor que la muerte.

Bethkalu volvió a agachar la cabeza, intimidada por las palabras de la Diosa.

—Quiero que unas dos ciudades drow. Menzoberranzán quedó debilitada en la última guerra contra Mithril Hall, así que necesitarán el apoyo de Sensafan, la ciudad drow más próxima. Juntas, las madres matronas más poderosas de cada ciudad y tú, lanzaréis un ataque conjunto contra Luna Plateada. Me traeréis la cabeza de Alustriel, esa elfa que continuamente desbarata nuestros planes de conquista.
—Así se hará, Señora.
—No te será fácil convencer a ambas matronas. Introdúcete primero en Menzoberranzán, en la casa Baenre, luego irás a Sensafan y entrarás en la casa Zeno´o. Convence a las matronas Triel y Anafis de unirse y lanzar sus fuerzas contra Alustriel, pues es Mi voluntad. Te entrego a Shun—lae, para que te ayude en los momentos difíciles.

La Diosa puso en las temblorosas manos de Bethkalu una daga que emitía un tenue fulgor violeta. Su mango parecía formado por innumerables arañas, unidas entre sí.
—Úsala con prudencia, pues Shun—la tiene la facultad de matar dejando el cuerpo vivo sin voluntad, como un zin –carla. No me falles, Bethkalu.
—No, mi Señora —dijo ésta aferrando la daga y agachando tanto la cabeza que casi tocó el suelo con la frente.
Los pies de ébano dieron media vuelta y se alejaron en la oscuridad. Bethkalu se incorporó y miró a su hermano con una sonrisa siniestra, la más siniestra que jamás le había visto Demanel.



La guardia de las puertas de Luna plateada saludó con una reverencia a Catti-Brie, princesa de Mithril Hall, y dos de ellos custodiaron al grupo hasta palacio. Ashari y Kedair observaban boquiabiertos los hermosos edificios, las amplias avenidas de Luna Plateada, los lugareños de tan distintas razas a su paso hacia la muralla occidental, hacia el palacio donde moraba la Dama Alustriel. La gente vestía con elegancia y Ashari se alegró de su decisión de vestir la túnica blanca que sus tíos le dieran en Tael Hassa, pues de otro modo se hubiera avergonzado de sus gastadas polainas y su blusa zurcida. Catti-Brie había rehusado cambiar sus prácticas ropas por un vestido, pues no se sentía cómoda montando con falda.
[Imagen: 14vtmkn.jpg]
Finalmente llegaron a palacio, la guardia real relevó a la guardia de la muralla en su custodia del grupo. Uno de sus guardias les guio hasta una sala de espera, y luego se dispuso a dar aviso de su llegada a la propia Dama Alustriel.
—¿Cómo es? He oído tanto hablar de ella, que estoy un poco nerviosa…—preguntó Ashari.
—Su presencia impone… aunque, en realidad, es sencilla de trato —dijo Catti-Brie.
—Amable, gentil, elegante, culta y muy bella —resumió Drizzt, recogiendo la mirada ambigua que le lanzó su esposa.
—Generosa y compasiva —añadió Wulfgar.
—Drizzt siempre tuvo debilidad por ella…—apuntó maliciosamente Catti-Brie.
—Ella fue siempre muy considerada conmigo, cuando muchos otros me rechazaban abiertamente —se justificó el drow.
—Sin embargo, te cerró en las narices la puerta de su ciudad —rebatió ella con saña.
—Pero acudió personalmente a explicarme el motivo… Como veis, Catti-Brie no siente excesivas simpatías por la Dama Alustriel…—zanjó el elfo oscuro un poco molesto con su esposa.
—¡Eso no es cierto! —se enfadó ella—. ¡La Dama Alustriel siempre se ha portado muy bien conmigo!

Ashari intuyó que Catti-Brie se sentía celosa, por algún motivo, de la insigne elfa; sin embargo, se negaba a reconocerlo. Supuso que Drizzt tenía algo que ver en el asunto, probablemente de un modo inocente. Cuando la puerta se abrió y entró por ella la Dama Alustriel, entendió a Catti-Brie, pues pareció que en la sala había salido el sol y se sintió insignificante.
[Imagen: 97ry9c.jpg]
La mujer elfa era alta, esbelta y llena de gracia. Sus maneras eran elegantes y distinguidas, su porte, majestuoso. Una melena de liso cabello plateado caía por su espalda, recogida sobre su frente por una tiara de oro y gemas. El vestido que portaba, de seda plateada, se ajustaba a sus proporcionadas formas de un modo austero y provocativo a la vez.
—¡Qué alegría volver a veros, amigos! —dijo con una sonrisa, acercándose a Catti-Brie y besando sus mejillas.
Luego dio la mano a Wulfgar y finalmente a Drizzt. Tras ello, su mirada se dirigió a la pareja desconocida y a su bebé.
—Bienvenidos a Luna Plateada, Ashari y Kedair. Vernelot me avisó de vuestra llegada. Kedair, me alegra mucho ver, como en el caso de Drizzt, que un drow deja la senda del mal para integrarse en nuestro mundo.
—Gracias, señora —contestó él, cruzando sus manos en el pecho e inclinándose ante la elfa.
Alustriel se acercó a ellos y acarició la carita de Ashzá con una sonrisa.
—Es un honor conocer al primer drow shee´med.
Ashari estaba tan sorprendida por toda la información que poseía la Dama Plateada, que no atinó a decir palabra. La Dama, al ver la turbación de la hechicera, amplió su explicación.
—Tanto mis hermanas como yo somos Aental’ne, tal como tú, desde tiempos inmemoriales. Mi vínculo no es Vernelot, aunque tengo el placer de conocerle. Él me puso al corriente de lo que se precisa de mí...—Alustriel miraba a Ashari de un modo extraño, como escrutándola—. No sé... Tengo la sensación... ¿nos conocemos?
—No, aunque yo también tengo la extraña sensación de que te conozco...
Alustriel sacudió ligeramente la cabeza y apartó la mirada de Ashari, posándola ahora en cada uno de los demás miembros del grupo.
—Tengo una casa preparada para ellos. Si los demás os queréis quedar, o simplemente de vez en cuando venís a visitarles, no habrá problema de espacio. Mi querido Fret os acompañará ahora allí, descansad hasta la hora de la cena. Os espero entonces aquí, a las siete en punto.
—Gracias, señora, gracias por las molestias que te has tomado —dijo Ashari.
—Y gracias por tu tiempo, Dama Alustriel, pues sabemos el poco de que dispones —añadió Drizzt.

La Dama de la Esperanza inclinó la cabeza como despedida y salió de la sala; al poco entró un enano de cabellos y barba completamente blancos, vestido con unas ropas lujosas que le daba una apariencia totalmente distinta a todos los enanos que Ashari y Kedair hubieran conocido antes.
—Hola a todos —saludó el enano. Luego sonrió a Catti-Brie—. ¡Princesa de Mithril Hall, qué sorpresa! Bienvenida de nuevo a Luna Plateada.
—Gracias, Fret. Me alegro de verte.
—Si sois tan amables de acompañarme, la casa queda muy cerca de palacio. Seguidme.

Y realmente lo estaba. Era una casa de dos plantas, amplia y confortable, justo frente a la puerta principal, al otro lado de la extensa plaza. Contaba con un gran establo donde también había sitio para la carreta, diez habitaciones, un gran patio, letrinas, cocina repleta de alimentos, un gran salón y otro más pequeño, vacío de muebles, que inmediatamente reclamaron los dos drow como sala de entrenamiento. Cada pareja escogió su habitación en el piso superior, y Wulfgar prefirió quedarse en una de la planta baja. Tuvieron tiempo de colocar sus equipajes en los armarios y cómodas, de descansar, de asearse y de dar el pecho al pequeñín.

Esta vez, Catti-Brie sí se puso un bonito vestido verde pálido para acudir a la cena. Los drow lucían unas discretas levitas sobre sus polainas negras, que habían encontrado en los armarios de sus respectivas habitaciones, y sus botas lucían lustrosas tras un rato frotándolas con cera negra. Wulfgar se vistió con un blusón blanco bajo su chaleco de piel, un ancho cinturón de cuero, polainas y botas de piel marrones.
A las siete en punto, el grupo entraba por la puerta principal de palacio.

Fret les aguardaba, y después de saludarles les condujo a un comedor decorado con un gusto exquisito. El enano persuadió a Ashari, reacia a todas luces, de que dejara a Ashzá al cuidado de una de las mujeres del servicio mientras cenaban. Ashari sólo aceptó cuando observó que a aquella mujer parecían gustarle mucho los niños y que se manejaba con soltura con el bebé.
La mesa era larga, demasiado larga para tan pocos comensales. Estaban dispuestos en una mitad, pero, aún y así, había mucho espacio entre ellos. Ashari seguía sorprendiéndose con todo lo que la rodeaba, pues nunca imaginó que pudiera haber cosas tan bellas, y hasta que la Dama llegó, todo eran “¡oh!” y “¡ah!” a cada nuevo descubrimiento de sus ojos.

Alustriel, aunque vistiera sencilla, hacía lucir las ropas con su elegancia natural. Se disculpó por su retraso alegando asuntos de estado de última hora, y se sentó a la cabecera de la mesa con naturalidad. Cenaron exquisitos platos en su honor y, tras la cena, les llevó hasta un salón con varios sofás, donde les fueron servidos unos licores.
—Bueno, Ashari —se dirigió a la hechicera la Dama—, mi tiempo es escaso y no siempre regular; por consiguiente, decidí estableceros tan cerca de palacio para poder llamarte cuando se produzca un hueco en mis deberes. Este puede acontecer a cualquier hora del día, y en cuanto se produzca, mi fiel Fret acudirá en tu busca.
—Me siento un poco mal, sabiendo que consumiré el poco tiempo que tienes para descansar…—objetó Ashari.
—Pero debo instruirte. Es importante, muy importante, que lo haga. Vernelot así me lo dijo, como orden directa de Mielikki.
—¿La propia diosa lo ordena? —se sorprendió Drizzt.
—Algo se cuece, algo que me temo va más allá de los asuntos de los mortales… En fin, ya se verá —resolvió la Dama.

Quizá fuera el poco licor que bebió, pues no estaba acostumbrada, pero, de repente, la realidad que rodeaba a Ashari se transformó: veía a Kedair y Drizzt luchando hombro con hombro contra otros drow, encarnizadamente; ambos se defendían con éxito, se ayudaban y complementaban. Pero, de pronto, una andanada de flechas les cayó encima, clavándose en sus cuerpos, acribillándoles. La hechicera les vio caer al suelo, cubiertos de sangre, muertos.

Luego, la visión se diluyó y se encontró de nuevo en el salón de palacio. Su corazón se había desbocado, un sudor frío bañaba su cuerpo y una palidez extrema cubría su rostro.
—Ashari, ¿qué te ocurre? —le preguntó Kedair, alarmado al ver su aspecto.
Ella ni siquiera pudo contestarle.
La dama Alustriel corrió entonces a una cómoda, abrió el cajón superior y extrajo una botellita de su interior. Tras destapar el frasco, le ofreció el contenido a la indispuesta hechicera, que bebió a pequeños sorbos. En seguida se encontró mejor.
—Estoy bien —les dijo a los cinco rostros preocupados que la rodeaban.
—Necesitas descansar. Será mejor que volvamos a casa, si te ves capaz —sugirió Kedair.
—Creo que tienes razón, estoy cansada... Y sí, me veo capaz, pero lleva tú al niño. Siento haber estropeado la velada, Señora...
—Oh, pero por favor, tu salud es lo principal, querida —la tranquilizó Alustriel.

El frío de la noche le hizo bien, pero el miedo, el impacto que las imágenes le habían causado, seguían atenazándole el corazón.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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