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Reto Agosto 2019: Váratril
#1
Preséntense las thumas de Áriter Estrillo*
e inspiren historias de tiempos antiguos,
en versos que relaten tragedias tan amargas,
de reyes y princesas del reino de Zavaria.
Recuérdese la historia de Váratril, la bella
mujer por la cual vendría la guerra,
nacida en la nobleza, promesa para el rey,
de Áriter Estrillo el arma fue.

Al norte, muy al norte, el hado se formó,
y el dios de la tormenta, guerrero y gran señor,
maldijo a los norteños, maldijo a los del sur,
dijeron los videntes y el augur.
Los clanes lo burlaron, Zabaria lo ofendió,
venganza cobraría el alto dios.
Pues
Los hombres del oriente las tierras invadieron,
las costas congeladas tomaron en invierno,
y el dios de la tormenta los sueños inspiró:
a brujos norteños aviso llevó,
videntes de Zavaria conflicto presintieron;
el dios de los combates llamaba a los guerreros.
Los hombres del norte, valientes y prestos,
las armas alistaron, dijeron juramentos,
marcharon a la costa con rostros tan altivos,
mas Áriter les dijo: “celebren sacrificios
de cabras y bovinos y borregos”,
mas, necios, ofrendaron los gallos y los cuervos.
Cargaron contra las filas sin táctica o estrategia, 
se alzaron los valerosos en contra de la advertencia… 
Vencieron al oriente y el costo fue de miles
así que nunca vista masacre tan terrible.
Y el dios de la tormenta, del norte se burló,
pensó en escarmentarlos –“¡blasfema y agresión!”.
Mas Áriter Estrillo, Zabaria humillaría 
furioso se encontraba y la hundiría
Ethar, el rey en Tharia, cobarde se mostró:
oyendo los augurios, las tropas resguardó;
la guerra aguardarían, con miedo atrincherados,
salvando la vida –a costa de hermanos.
El dios de los guerreros, el dios de los hechizos,
tejió caminos y suertes, dejó los reinos malditos:

Al norte de Zabaria, cruzando la frontera,
Athòr, el chamán tenía su tierra,
valiente con las armas, ligero con los ritos,
de Áriter Estrillo, sería el utensilio.
El dios de la brujería, en sueños se presentó
con vistas del futuro la noche le colmó
mostró al chamán gloriosas estructuras,
así que nunca vista su hermosura:
las bóvedas de piedra y las columnas,
relieves, los murales y esculturas,
un templo do guardar las urnas de los muertos,
y al dios de la tormenta, juramentos.
Del sueño despertó Athòr, el brujo,
con fórmulas, medidas y conjuros,
el dios de los hechizos le mostró
el tiempo y el lugar, y le instruyó
en cómo conseguir el oro y la riqueza
que el brujo ocuparía en esta empresa.
Profundo en la arboleda del Barakan,
siguiendo la corriente hasta Zavaria,
el lago de las lamias se encontraba,
lugar que la natura resguardaba.
Mas Áriter las lamias despreciaba;
con cuerpos tan hermosos, los hombres hechizaban.
Y ahí Athòr, el brujo, se encontró,
la magia de los dioses evocó
–siguiendo las palabras de Áriter, el dios,
forjose un talismán de protección,
así que la visión de cuerpos tan perfectos
difícil hechizase al buen guerrero.
Y así, Athòr, al lago llegó orgulloso,
al cuello el talismán y pieles en los hombros
espada en la cintura, lucía poderoso,
anduvo la rivera y al norte del cañón
caverna negra y húmeda encontró,
la madre de las lamias vivía en esa cueva
guardando las riquezas más tremendas.
Athòr, el brujo guerrero, bajaba por la penumbra
y al verlo, enamorada quedose la creatura.
El brujo nunca vio belleza tan magnánima,
mas Áriter su mente resguardaba.
Yacieron en la cueva, sus cueros disfrutaron
placeres amorosos saborearon,
la lamia le pidió quedarse para siempre
Y Athòr le prometió casarse, astutamente,
mas luego en la noche, durmiente la lamia,
el brujo le robó el oro y las alhajas.
Después de despertar, habiendo amanecido,
la lamia comprendió lo sucedido,
quebrose su corazón, las lagrimas le brotaron,
y ciega por la furia le maldijo
pero
Athòr se encontraba protegido
por Áriter, el Estrillo.

Y así, con oro y joyas robados a la lamia
Athòr su gran empresa preparaba,
las gentes de su tribu el templo construirían,
de Áriter los planes cumplirían.
Mas sépase también –pasados los veranos–
que otro varón halló los encantos
del lago de las lamias y su magia,
recuérdese su nombre en esta historia amarga,
osado y apuesto, su nombre Tharó
astuto jovenzuelo, gran ladrón.
Su grupo de bandidos escuchó
la historia de lamias, la magia del dios,
el oro y las riquezas tan enormes.
De leguas y rumores y canciones,
la magia talismánica de Áriter
usaron, y forjaron neciamente.
Tharó llevó en el pechó el fuerte talismán
al lago encantado buscando encontrar
el oro y las alhajas ya robados,
al dios de la venganza desafiando.
Tharó encontró la cueva, morada de las lamias,
mas no encontró a la madre, halló a la hija,
hermosa y juvenil como las hadas
belleza sin igual y nunca vista.
La historia repitiose con el joven,
yacieron en la cueva en sus pasiones
y vana fue la empresa de Tharó;
el oro y los tesoros no encontró,
mas Áriter Estrillo lo ignoró
la lamia furibunda maldito lo dejó;
llegado su momento, Tharó fallecería,
en duelo y en lamento moriría,
por amor.

Pasaron las estaciones, Zavaria crecía próspera,
las tierras del frío norte volvíanse poderosas,
mas Áriter Estrillo no olvidaba
blasfemos en el norte, cobardes en Zavaria,
los reinos purgaría de impurezas
moviendo los destinos y las fuerzas.
El príncipe de Zavaria adulto se había vuelto,
Irthar le dieron por nombre, y fue el primer heredero;
su padre, el monarca Ethar, cansado ya se sentía,
muy pronto la corona cedería.
Al príncipe le buscaron mujer de noble familia,
doncellas encantadoras, que buenas madres serían,
rindieron sus pleitesías al príncipe y a su padre,
mas entre todas las damas, hermosas y rebosantes,
Irthar cayó en el hechizo de Váratril, la doncella,
la nieta adolecente de Thrur, el comandante,
un viejo militar –con fama de cobarde–
amigo del rey, señor de Raveria.
Mas noble y talentosa era Váratril,
de rápido pensar, aguda y hábil,
perfecta su crianza en cortes palaciegas,
y desde su infancia oyó de la guerra.
La boda la planearon los reyes de Zabaria,
espléndida y ostentosa, banquetes y cuenta historias,
actores y juglares venidos de provincia
y todos los lujos que al sur existían.
La fiesta fue tomada cual promesa
de un reino enriquecido que prospera;
de años de bonanza bajo el rey y su esposa,
que, nobles y pacíficos, al pueblo reconfortan.
Mas vanas ilusiones auguraban,
pues Áriter Estrillo trabajaba.
Y fue en la noche de bodas que el dios selló los destinos,
la misma reina madre marcó aquel camino.
El dios de los hechizos la tomó,
en sueños inquietantes su espíritu elevó
y extrajo de su cuerpo su alma obnubilada,
cegando su intuición acrecentada.
Volando en la negrura, su espíritu llevó
al norte, más allá de su nación,
pasando el río Barakan, montando el viento al oeste.
Llevole a las Agujas, la blanca cordillera,
y en cueva de las cumbres, a la reina
dejole abandonada y esperando,
en trance, la venida de su hado.
Aquella cavidad, helada y tenebrosa,
servía de morada a las hermosas,
las hadas, las hijas del dios del saber,
de Carthar, anciana deidad del ayer.
Las hadas conocían el futuro,
sus signos y palabras son augurio,
mas nunca los mortales obtienen algo bueno
del dicho de las hadas y su agüero.
Las hijas de Carthar alzaron sus voces,
le hablaron a la reina de hechos tan atroces
–que el tiempo le guardaba al reino de Zavaria–
que el alma de la madre se sangraba.
Dijéronle que el príncipe cargaba con la culpa,
pues Váratril traía la negrura,
las hadas le mostraron a la reina
su patria desquebrajada por mano de la princesa,
el pueblo sufriría docenas y docenas
de años de muerte, de sangre y de guerra, 
conflicto interminable y al final
la muerte de la casa de los Thar.
El alma de la reina se estaba desgarrando,
su padre y sus ancestros se acercaron;
estaba cruzando las puertas del sol;
la muerte le vendría del dolor.
Mas fue arrebatada por manos de fuerza,
por Áriter Estrillo y su presteza,
que no la mataría ese día,
pues antes con el hado cumpliría.
Volaron de regreso a la ciudad
Y el dios de los hechizos dejole descansar.
La reina recordaría el trance, el viaje y las hadas
y a Váratril –la muerte– querría asesinarla.
La reina descendía de los Lathros,
familia de sacerdotes, videntes muy respetados,
así que todos creyeron la historia que fue narrada,
sus mismos familiares la vieron confirmada
mirando en sacrificios los augurios,
mirando en entrañas lejanos futuro.
Así la joven Váratril traería la desgracia
y siendo a penas niña viose odiada.
La reina y los videntes dijeronle al monarca
y al príncipe heredero que el mal les acechaba,
que Váratril sería su final,
la muerte de la casa de los Thar.
Y Ethar, que era cobarde, y pávido del agüero,
y siendo débil Irthar, hallaron sucio remedio
la muerte de Váratril resolvieron
así, su destino funesto eligieron.
Pero
Ni el pueblo ni la corte debían enterarse
del plan traicionero, del plan humillante,
así que nunca nadie ajeno a la realeza
debía conocerlo, so pena de revuelta.
Y Ethar, que era cobarde, halló inmundo remedio:
le dijo a su sobrino, el más discreto,
que fuera al barrio bajo, el barrio peligroso,
le dijo que buscara a los más toscos,
los ruines sanguinarios, los más necesitados,
le dijo que planeara el turbio asesinato.
Y así confabularon, mirados desde el cielo,
mirados por el dios de los guerreros.

Y siendo luna nueva, cumplieron el destino,
los hombres contratados entraron al castillo,
entraron por la puerta pensada por el rey,
cruzaron por pasadizos y nade los pudo ver.
El príncipe a los guardias relevó,
aquella noche Váratril se vio en desprotección,
el grupo de bandidos la raptó
y nadie en el palacio se enteró.
Los torvos asesinos huyeron a los bosques,
dejar la capital tenían como orden
y en rápidos caballos viajaron hacia el norte,
la noche protegioles el galope.
y al día siguiente, el sol amaneciendo,
y habiendo fatigado los caballos,
el grupo se detuvo en un pantano.
Los hombres se dijeron: “cumplamos el trabajo,
matar a la princesa es nuestro encargo”.
“Cortemos su garganta, dejemos el cadáver,
aquí los restos jamás serán hallados por nadie”.
Y Váratril gritaba por ayuda
mas nadie la escuchaba en la espesura,
clamaba por piedad de sus captores,
mas sólo acrecentaba sus temores
que sólo respondieron con silencio;
las lagrimas brotaban del tormento.
Bajaronla del caballo, al suelo frío y húmedo,
un joven de rostro duro
echó la mano al cuchillo, dispuesto a tomar su vida,
tenía ella un saco segándole la vista,
y el hombre, por honor, se lo quitó
sellando así el destino de los dos.
Tharó miró su rostro suplicante,
las lágrimas brotaban incesantes,
los rasgos tan perfectos y opacados
por gestos de terror, dolor y espanto,
llenaronle el corazón de culpa, pena y piedad.
El miedo no arrancaba la beldad
del rostro de Váratril, de esa mirada,
y así quedó prendado desde el alma
Tharó de los ladrones, Tharó de los bandidos,
y nunca su pasión caería en el olvido.
Quebrado su corazón, Tharó bajó su cuchillo,
miró a sus compañeros y les dijo:
“La joven es hermosa, de bunas proporciones,
dejémosla vivir, vendámosla en el norte,
los clanes del Barakan son todos esclavistas
seguro comprarán a esta bella chica
de cuerpo saludable y resistente;
vistámosla con ropas de sirviente,
que nunca la hallarán los Zavaria
que, necios, ya nos dieron nuestra paga”.
Y dicho así, los hombres aceptaron,
pensaron en el oro acrentado,
pues Váratril jamás les importó,
ni el reino de Zavaria y su señor.
Siguieron cabalgando hacia el Barakan,
dejando atrás de sí los prados de Tharia,
y en una de las noches, dormidos los bandidos
–habiéndose pasado con el vino–,
Tharó ensilló el caballo y a Váratril tomó,
que no la perdería, razonó,
y huyeron protegidos por las sombras 
siguiendo hacia el oriente, siguiente hacia la costa.

Habiéndose alejado gran distancia,
los pasos comerciales evitando,
por bosques y colinas cabalgando,
cruzaron la frontera de Zavaria.
Los clanes del estuario del Barakan
pescaban desde antaño en esas aguas
y daban provisiones y hospedaje
a todos los viajeros de los valles.
Tharó montó su tienda a las afueras
del puerto bucanero del Traveya.
Los clanes de los mares ignoraban
las cuitas y las nuevas de Zavaria
la desembocadura del afluente
teníase por libre de regentes.
Los dos pasaron la noche oyendo el mar y su oleaje,
y ella no pensó en escaparse,
muy rápido entendió que viva se encontraba
debido a la piedad que le mostraba
Tharó.
Y Váratril supuso que fieros enemigos
causaron la desgracia que le vino;
tenía la experiencia de cortes palaciegas
de nobles ambiciosos y muertes traicioneras.
Temía regresar a aquellas tierras
y quiso abandonar su vida en la nobleza.
Y Váratril siguió al secuestrador
cuidándose las espaldas, con miedo en el corazón
mas nunca fue lastimada; el hombre se enamoró,
De Áriter Estrillo, el hado se selló

Invierno tras invierno, el giro de estaciones.
los años trascurrieron tan veloces.
Tharó siguió su vida de maleante
y Váratril seguíale en sus viajes.
Cruzaron el estuario de Barakan
y al norte cabalgaron, hacia Thrava,
por bosques de leyenda, por lagos encantados,
cazaron en los montes aledaños,
robaron caravanas de Zavaria,
y a duendes de montaña, sus alhajas.
Tharó ganose fama entre ladrones;
igual acorralaba a los sureños,
que a gnomos y a los trasgos de los bosques,
e incluso se enfrentaba a los nomuertos.
Y Váratril siguiole en todas sus hechuras
y a fuerza de admirarlo, viviendo su aventura,
un día descubrió que al hombre ya le amaba,
con fuerza y con pasión y con el alma.
El hado se cumplió en sus andanzas.

Invierno tras invierno, los años transcurrieron,
y ambos dirigían los ejércitos,
de bandas de bandidos, de bandas de cuatreros,
que al norte del Barakan asediaban.
Tharó cazaba bestias, con dientes y con garras
y Váratril planeaba los saqueos
de barcos, caravanas o graneros.
Su vida fue disuelta, repleta de aventuras
así que nadie sabe de todas sus hechuras.
Mas Áriter Estrillo habíalos dejado
–los potros del destino– galopando,
así que en las andanzas de Tharó
de hadas de las nieves se enteró.
Oyó que en las agujas del oeste
la blanca cordillera de las nieves,
las hijas de los dioses auguraban
las suertes de los hombres y sus almas.
Sedientos de aventura y arrojados
cogieron las alforjas y caballos,
y arrearon a sus bestias por el campo,
siguiendo los impulsos de su hado.
Viajaron al oeste, robando a los incautos,
y pronto ya no vieron más los prados,
cambiaron por oscuras arboledas
y páramos de negra y fría tierra.
Son pocos los que alguna vez subieron
y menos son aun los que sobrevivieron.
Mas Áriter buscaba su subida;
guardolos del peligro y las harpías,
de lobos gigantescos, de espíritus malignos,
de monstruos que se esconden al abrigo
de cuevas y cavernas montañosas,
de Sluaghs y de cosas horrorosas.
Y así, con grandes penurias –por Áriter excitados–,
subieronse los montes congelados.
Y hallaron a las hadas –por Áriter guiados–
las hadas que conocen nuestros hados,
las niñas, las hijas del dios del saber,
de Carthar, anciana deidad del ayer.
Y habláronle a Váratril de glorias futuras
y ella se miró, rodeada de hermosura,
en templo poderoso, gran hechura,
y ella se miró teniendo posesión,
honrando a los ancestros y a su dios,
y ella se miró, clamando por su herencia
herencia ya olvidada de nobleza.
de princesa.
Bajaron de los montes, el hado se cumplió,
ni una sola acción
frenó el poder divino y su estrategia,
pues Váratril llenose de soberbia
y quiso para sí el templo de Athór,
que entonces era grande y grande su esplendor.

Quedaba sólo un hilo por tejer,
por Áriter Estrillo, para obtener
el logro de su causa y voluntad,
pues Váratril caía en el dudar.
El templo fue elevado por los clanes,
los hombres valerosos y leales,
guerreros poderosos en batalla,
así que nunca nadie los retaba.
Las banas de ladrones jamás los asediaban
robaban a pastores y a Zavaria,
mas nunca atreverían tentar a los guerreros
y menos en la causa del blasfemo.
Y Váratril reaccionó,
jamás realizarían su visión,
quizá las profecías eran falsas,
quizá las hadas
del dios de los ayeres no son hijas,
quizá a la nobleza, jamás retornaría.
Mas Áriter Estrillo dirige los destinos
tejiendo los senderos y caminos.
Tharó pensó en su amada en y en su honor;
hacía siete años la raptó,
quitándole su casa y su corona,
volviéndola bandida, volviéndola ladrona.
Y así Tharó le dio las mil promesas,
le dijo que las bandas verían una gesta
el logro más enorme, robarle a los norteños,
robarle a los dioses, robarle su templo.
Mas Váratril negose las mil veces,
sabíalo un suicidio de su gente,
y nunca aceptaría la muerte de Tharó,
de ofensa tan tremenda, el miedo le ganó.
Entonces el Estrillo quitó la protección,
la capa que guardaba el cuerpo del ladrón.
Los vientos arreciaron, abajo en la ladera,
trajeron la tormenta, nevada tan tremenda.
las sendas se bloquearon por la nieve
dejándolos varados a su suerte.
Entonces la figura apareció
tremenda y poderosa su visión,
gigante de pelaje blanquecino,
abriendo su garganta dio un aullido.
Tharó cogió la espada y el cuchillo,
frentandose, valiente, al lobo albino.
Mas Áriter su escudo había retirado,
el eco de la lamia, el eco de su hado,
posose sobre el cuerpo de Tharó,
y al cuello de su amada, el lobo se arrojó.
Allí murió Tharó de los bandidos;
al lobo lo mató con el cuchillo,
saltando frente a Váratril, buscándola guardar,
la vida le salvó una vez más.
Sus últimas palabras: “Recobra tu destino,
retoma tu nobleza y tu camino,
ensálzate en la gloria; verdad fue tu visión.
Recuérdame por siempre y con amor.

Las crónicas del reino de Zavaria cuentan que el verano del año siguiente, una horda compuesta de forajidos, salteadores y piratas de la costa oriental tomó repentinamente el templo de Athór, dedicado a Ártier, al norte del Barakan. La guardia era ligera y aquel pequeño ejército se hizo con su control absoluto en una noche. Pocos días después, la hija Thrur y princesa del reino, dada por muerta hace mucho, entró a caballo por las puertas de la ciudad seguida por una carava de tesoros norteños y las llaves del templo. Váratril se lo ofreció todo al que una vez fue su esposo, ahora rey, como dote y gesto de buena voluntad para reconocer una vez más su matrimonio.
La codicia de Irthar lo llevó a aceptar la ofrenda y capitanear él mismo las tropas de Tharia, para asegurar el control del templo. Los clanes del norte tomaron esto como una ofensa terrible, para ellos y para los dioses, y contratacaron con tanta furia que el ejército de Irthar tuvo que replegarse a los patios interiores donde finalmente fue masacrado, siendo Váratril de los primeros en caer.
Se cuenta que Irthar, neciamente, se ocultó en el santuario, y el mismo Athór lo degolló frente a la estatua de Ártier Estrillo.
La dinastía de los Thar continuó en el hijo del segundo matrimonio de Irthar, pero desde ese día los norteños jamás dejaron de atacar periódicamente el norte de Zavaria, sumiendo a la capital y al reino entero en una progresiva decadencia. Esto volvió a los Zavarios cada vez agresivos y belicosos, y a los norteños más fanáticos y religiosos de lo que nunca fueron. Dos generaciones después, el bisnieto de Irthar, Orthar, fue el último de su nombre, que murió quitándose la vida. Cumpliose la voluntad de Áriter Estrillo.



*Dios de la tormenta, la guerra, la magia y la brujería, dios principal del panteón del reino de Zabaria y los clanes del norte.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Sé perfectamente de quien es este relato en verso porque, si mi memoria no falla, ya lo leí hace mucho tiempo, allende esre foro; cómo podría olvidar algo así.
Bueno, supongo que lo has presentado porque es tu obra magna y no me extraña, hilar linea a linea una historia coherente en verso no es moco de pavo, tiene muchísimo trabajo. Así que te reconozco el mérito.
Sin embargo, la poesía no es mi fuerte y seguro que estoy reiterando lo que te diría aquella otra vez, me cuesta segui el hilo y me distrae, aunque conseguí llegar a la meta. No entiendo la razon de las palabra en cursiva: me ha dado la sensación de que eran palabras señaladas para corregir xddddd.
Pues bueno, historia de dioses con mala leche y reyes soberbios pero que de algún modo trajo a mi mente la película Troya.
Buen trabajo, que Áriter premie tu constancia.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
Reply
#3
La historia me gusta, tiene ese toque antiguo y clásico que me atrae. Sin embargo, bueno, soy otro de los que suelen huir de los relatos en verso; me enredan, me abruman, me cuesta enfocarme en ellos durante más de dos minutos jeje. Aun así, lo leí de inicio a fin y, en definitiva, me gustó.
Ah, supongo que algunas palabras están en cursiva porque vienen de un modo de hablar y escribir que ya no se usa, obsoleto, y el autor creyó necesario destacarlas.
Buena suerte en el reto!
"Si te van a ahorcar pide leer La Fuerza del Destino Capítulo 14 (http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html) Nunca se sabe qué pasará mientras te lo lees".
Reply
#4
El destino que cuando se trata de evitar es cuando se desencadena.

Debió ser muy jodido escribir la historia en verso, pero también es algo jodido de leer.
No soy lo que un padre quiere para su hijita bebé
Reply
#5
Sashka Wrote:Sé perfectamente de quien es este relato en verso
Seguro lo dices porque el relato es tuyo..., ¿ya cuántos relatos te he supuesto?, por cierto.
En fin. Yo tengo un par de peros. Al final del poema se nota ligera, pero evidentemente, la precipitación de la historia . Y segundo, si ya se escribió una mitad en versos, aquello que se encuentra en prosa también debió ser rimado, ¿no
[Image: thump_9275437bardo.jpg]
Reply
#6
(29/08/2019 06:30 PM)Guardián Ciego Wrote:
Sashka Wrote:Sé perfectamente de quien es este relato en verso
Seguro lo dices porque el relato es tuyo..., ¿ya cuántos relatos te he supuesto?, por cierto.
En fin. Yo tengo un par de peros. Al final del poema se nota ligera, pero evidentemente, la precipitación de la historia . Y segundo, si ya se escribió una mitad en versos, aquello que se encuentra en prosa también debió ser rimado, ¿no

No creo que sea de ella. Cuando pedí la prórroga quedo de manifiesto que tu, yo y cabro faltabamos de subir relato, así que este relato es tuyo o de cabro.
No soy lo que un padre quiere para su hijita bebé
Reply
#7
El Guardián del Verso esta de vuelta Big Grin

Sashka se acordaria de la pelicula de Troya, yo me acorde del libro... en serio, si veis en una libreria la Iliada en verso, huid. Menudo toston... acabe de aqueos y los otros hasta los c... Rolleyes

Este al menos no es tan horriblemente repetitivo como la Iliada, aunque abusas innecesariamente de la Y, no hace falta empezar todas las frases con ella... en la mayoria de los casos te la podias haber comido y el resultado mejoraria, para mi gusto al menos. Por lo demas la historia es buena, y lo tuyo habras trabajado para ponerla en verso.
[Image: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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#8
Sashka Wrote:Sé perfectamente de quien es este relato en verso porque, si mi memoria no falla, ya lo leí hace mucho tiempo, allende esre foro; cómo podría olvidar algo así.
Bueno, supongo que lo has presentado porque es tu obra magna y no me extraña, hilar linea a linea una historia coherente en verso no es moco de pavo, tiene muchísimo trabajo. Así que te reconozco el mérito.
No entiendo la razon de las palabra en cursiva: me ha dado la sensación de que eran palabras señaladas para corregir xddddd.
Oye, yo nunca repito relatos! Jaja este poema estaba recién salido del horno, de hecho se me vino el tiempo encima y la mitad quedó en prosa. Quizá lo confundas con los del viejo foro porque más de uno estuvo ambientado en el mismo mundo. Y las conocidas como licencias poéticas por regla general suelen ponerse en cursivas. Son licencias donde se viola la ortografía para cumplir con la métrica o la rima.
Pero gracias por leer.
Y gracia a a Franco, Duncan y Cabra, no saben la ilusión que me hace Smile
[Image: thump_9275437bardo.jpg]
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