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Reto Un Punto En Común: La esperanza de Caius
#1
LA ESPERANZA DE CAIUS

En la oscuridad reinante no podía ver nada, pero oía las pisadas acercándose por el pasillo. A pesar de todos sus esfuerzos por mantenerse oculto, lo había encontrado. A cada momento que pasaba, sentía el sudor fruto del pánico resbalar por su espalda, empapando el arrugado hábito que llevaba. El borde del agrietado espejo que guardaba bajo la ropa se le clavaba dolorosamente en el costado, así que se removió, incómodo, procurando no hacer ruido. Los pasos sonaban cada vez más cerca, lentos, pesados, con un eco de promesas sangrientas y enloquecedoras. Conforme Naamah se acercaba, el olor a huevos podridos inundaba sus sentidos, sumando a su terror los espasmos incontrolables de las náuseas.
Se dio cuenta de que el silencio llenaba todos los huecos de su mente, con el mutismo denso de una tumba; pero la reveladora peste le indicaba que ella seguía allí.

—Hermano Caius —escupió una voz sibilante y al mismo tiempo seductora—, no te ocultes… Puedo olerte, querido mío… ven a mí…

*  *  *


—Ana, ¡Ana! Levántate, hija, que tienes que ir a trabajar.

Ana despertó de golpe, todavía desorientada por la pesadilla. Los recurrentes sueños que tenía casi a diario no la dejaban descansar, por lo que unas profundas ojeras negras circundaban sus ojos. Se incorporó en la cama mientras su madre salía de la habitación arrastrando los pies: hoy la artrosis le iba a dar un mal día. Mientras se dirigía al cuarto de baño para darse una ducha, se preguntaba por qué tenía esos sueños en los que había un cura perseguido… ¿por quién? ¿Y qué era el espejo que sabía que tenía que proteger a toda costa? Sin respuesta a todas las preguntas, dejó que el agua caliente se llevara sus pensamientos por el desagüe.
De vuelta en el dormitorio, se vistió con vaqueros y una camisa suelta y bajó a desayunar. El aroma del café la atraía como la luz a una polilla, y nada más llegar a la cocina tomó una taza que bebió casi sin respirar. Mientras preparaba la segunda dosis, preguntó a su madre qué tal había pasado la noche.

—La noche… luna lenta, luna llena… dormir, tal vez soñar —oyó balbucear a su madre. Sorprendida, se giró hacia ella y le puso la mano en el hombro.

—Mamá, ¿qué pasa? ¿Qué dices?

El horror que se dio la vuelta no era su madre. Hordas de gusanos recorrían sus cuencas vacías, mientras algo innombrable se arrastraba entre los rulos del despojo que era la mujer. Trozos de carne podrida caían de sus mejillas, y al abrir la boca para hablar, una mariposa de color rojo sangre emergió arrastrándose medio muerta, con las alas pegadas y rotas. Un olor insoportable a huevos podridos inundó el ambiente, con los ojos desorbitados Ana abrió la boca para gritar…



—Ana, ¡Ana! Levántate, hija, que tienes que ir a trabajar.

El alarido salió por fin, y su madre cojeó hacia atrás, asustada por el despertar de la joven.

—Nena, cariño, ¿qué te pasa, estás bien?

—Mamá, por Dios, tu cara… Ha sido espantoso, he tenido una pesadilla horrible, eras una especie de monstruo con los ojos llenos de gusanos y…

—¿Cómo, así?

La cara de su madre empezó a derretirse, mientras los ojos se abrían hasta un punto imposible. Una risa enloquecida y húmeda borboteaba en su pecho, el cabello raleaba hacia atrás y crecía alarmantemente frágil, cano, hasta dejar al descubierto el cráneo pelado en el que bullían los fluidos. Ana se encogió aullando junto a la cabecera de la cama, pateando las sábanas en un intento de huir de aquella cosa que se iba acercando despacio.



—Ana, por Dios hija, cada día me cuesta más despertarte; la próxima vez te echo la cafetera por encima.

Con su arrastrar de pies, la madre dejó el dormitorio. La muchacha abrió los ojos, incapaz de decir palabra, de diferenciar sueño y realidad. No se atrevía a moverse por si el ser de sus pesadillas cruzaba la puerta de nuevo. Recordó aquel dicho absurdo según el cual puedes saber si estás soñando pellizcándote el brazo. En esos momentos estaba dispuesta a agarrarse a un clavo ardiendo, así que se propinó unos cachetes también en cara y muslos. A juzgar por el escozor, debía estar despierta. Con una insoportable sensación de déjà vu, se fue al baño para darse una ducha, vestirse y bajar a desayunar. El olor a café que subía por las escaleras, en lugar de levantarle el ánimo conseguía revolverle el estómago, pero se esforzó en disimular mientras intercambiaba algunas palabras con su madre, envuelta en la bata de siempre, que se afanaba junto al fogón.

*  *  *

Caius deambulaba entre los altos árboles del bosque, completamente agotado. Sin saber cómo, había logrado huir de Naamah; frente a ella apareció la imagen de una muchacha gritando, vestida con ropas de hombre, que había desconcertado a la súcubo y dado a él la oportunidad de escabullirse, aunque era incapaz de recordar de qué manera. El crepúsculo se acercaba, y Caius no se hacía ilusiones: en cuanto cayera la noche y la luna llena brillara en el cielo, ella volvería, y esta vez no podría escapar. Con cuidado, sacó el espejo de los bolsillos de su hábito, desenvolviendo cuidadosamente el paño que lo cubría; era muy antiguo, lleno de manchas, y una grieta lo cruzaba en diagonal de forma que el reflejo parecía proceder de dos realidades distintas. ≪¿Cómo una cosa tan pequeña puede provocar tantas desgracias?≫ se preguntó el monje. Desde que el Prior le había hecho depositario del secreto, las pesadillas asediaban al hombre hasta unos extremos insospechados, acosándole en cualquier momento del día. Ya no se atrevía siquiera a cerrar los ojos para descansar unos segundos, pues no sabía que podía encontrar al acecho cuando los abriese. Pero últimamente algo era diferente: la joven con la que soñaba parecía haber desorientado a Naamah, y el hermano se preguntaba de qué forma llegaría hasta ella para, juntos, enfrentarse a la amenaza.  

*  *  *

Dos semanas después, Ana continuaba teniendo pesadillas espantosas en las que un fraile era perseguido por alguien que no era más que un rostro vislumbrado entre las sombras. Y tenía la sensación de que ella tenía mucho que ver con ese sacerdote, pero era incapaz de concretarlo. También había tenido episodios estando despierta, pero ninguno tan terrible como aquel en el que su madre se transformaba en un monstruo. De modo que había pedido vacaciones en el trabajo y ya llevaba dos días buscando cualquier cosa referente a sueños similares a los suyos.

Primero pasó una mañana entera consultando en internet, pero lo que encontró fueron datos absurdos o sacados de supersticiones, además de mucho anuncio del tipo “fulanito vive en tu ciudad y te quiere conocer”, lo que le causaba más desconfianza aún acerca de sus insignificantes hallazgos.

Nada conforme con la red, en la que todo vale y cualquiera puede dárselas de experto, decidió enclaustrarse en la biblioteca. Primero buscó libros de medicina, con descripciones muy precisas de alucinaciones y esquizofrenias, pero ninguno de los otros síntomas coincidía; en realidad, intuía que el problema no era psiquiátrico ni psicológico, sino de una índole mucho más espiritual. Así que, con bastante reticencia, comenzó a indagar en libros sobre parapsicología y ocultismo. Posesiones, aparecidos, psicofonías, demonología… todo era poco para ella, e igualmente inútil. Por fin se dedicó a buscar entre los libros antiguos, aquellos con una referencia especial que solo se podían consultar tras una pared de burocracia entre permisos, notificaciones y referencias. Pero al fin tenía media docena de libros ante sí, con la encuadernación ajada y un leve tufillo a moho que hablaba bastante mal de las condiciones de los archivos.  

Páginas enteras de demonios y ángeles caídos pasaban ante sus ojos cansados y resecos; entre que no dormía bien y la iluminación artificial de la sala, tenía que parpadear constantemente para aclararse la visión. Por eso casi se le escapó. Llamo su atención la imagen de un ser que había visto en sueños persiguiendo a su fraile, como así lo consideraba ya, y el agotamiento se esfumó de golpe. Naamah era su nombre, un súcubo considerado como madre de los diablos y demonio de la seducción y la prostitución. Según la Cábala de Zohar, fue pareja del arcángel Samael junto a Lilith, Mahalath y Agrat Bat Mahlat, las otras madres demoníacas; excepto Lilith, todas ellas podían reproducirse con humanos.

Mucho más animada por ese descubrimiento, continuó buscando referencias acerca de los sueños, y por fin el esfuerzo dio sus frutos: encontró una reseña acerca de regresiones oníricas y su control. ¿Podría ser que en una vida anterior hubiera sido ese monje, y estuviera recordando sucesos de entonces? Algo en su interior le decía que no, pero llegados a este punto estaba dispuesta a considerar cualquier opción. En lo que se ponían de acuerdo todos los textos era en que se podía controlar lo soñado por medio de la meditación, así que se trazó un plan a seguir.

De vuelta en casa, aprovechando que esa noche su madre tenía guardia en el hospital, apagó las luces de su habitación e intentó relajarse, fijando en su mente la imagen del fraile y haciendo inspiraciones largas para reducir sus pulsaciones al mínimo. Extrañamente, y a pesar de no haberlo hecho nunca, entró en trance casi de inmediato.

*  *  *

El mediodía se acercaba, el sol bailaba con los arbustos y el calor empezaba a ser sofocante. Caius miraba el cielo con ansia, esperando con desánimo una señal que indicara su salvación, pero sabía que en cuanto saliera la luna llena su destino estaría sellado. Naamah entraría en el mundo y alumbraría a sus demoníacos hijos a partir de su semilla; todo estaría perdido. Una vibración en su bolsillo lo sacó de sus pensamientos. El espejo temblaba y se calentaba por momentos, así que lo sacó y quitó el paño que lo cubría. En su estropeada superficie apareció el rostro de la muchacha que poblaba sus sueños. Sorprendido, se quedó mirando el cristal a ver qué sucedía, y casi se le cae cuando la joven abrió los ojos y soltó una exclamación.

—¿Hola? ¿Eres de verdad o me estoy volviendo loca? —La voz de la chica le llegaba lejana y distorsionada, como si estuviera bajo el agua.

—Alabado sea nuestro Señor, por fin mis oraciones han sido escuchadas. ¿Quién eres, mujer?

—Me llamo Ana, y llevo semanas soñando contigo y con una demonio llamad…

—¡Calla! No pronuncies su nombre a menos que quieras verla aparecer por aquí antes de tiempo.

—Por favor, ¿me puedes explicar qué está pasando? Sueño contigo y con ella constantemente, te persigue y quiere algo de ti, y yo siento que hay una conexión pero no sé cuál es.

—El espejo, esa es la respuesta. El espejo es la puerta para que ella entre en nuestro mundo en su forma completa. La que has visto es solo la espiritual, pero en su forma física es capaz de engendrar criaturas demoníacas con… con la semilla adecuada —terminó Caius, ruborizándose—. Y por eso quiere ocupar este plano, para llenarlo de hijos diabólicos.

—¿La semilla adecuada? —se aseguró Ana, abriendo mucho los ojos— Madre mía, ¿quieres decir que tú…?

—Preferiría no hablar de ello —la interrumpió el monje, abochornado—. Es algo que no puedo remediar yo solo, pero si tú me ayudas se puede hacer. Según mi Prior, dos personas conectadas desde distintas caras del espejo pueden evitar que este se convierta en Puerta de acceso al Infierno. Y expulsaríamos a ese ser durante mil años.

Ana profirió una palabrota que sobresaltó al fraile; pensó en reconvenirla, pues una mujer no debería usar ese lenguaje, pero al considerarlo casi se rio de sí mismo por lo irrelevante de su idea. Si la chica lo ayudaba, por él podía hablar como un carretero si quería. Ahora lo prioritario debía ser impedir la entrada de Naamah en este mundo, lo que acarrearía su perdición y la de la humanidad entera.

—Y dime, monje…

—Puedes llamarme Caius —la interrumpió él.

—Bien, Caius, si te ayudo, ¿dejaré de tener esos sueños horribles? ¿Podré volver a mi vida normal?

—Seguramente sí —contestó Caius, tras pensarlo un momento—. Creo que estás conectada de alguna manera conmigo y por eso tienes los sueños, porque eres la elegida que puede ayudarme a evitar el desastre. Así que, por lógica, si terminamos nuestra misión todo volverá a la normalidad, en tu lado y en el mío.

—La elegida, ya. Si no estuviera tan asustada, pensaría que estamos en un videojuego. Entonces, ¿qué tenemos que hacer?

Obviando la referencia a cosas que no conocía, Caius empezó a explicar el plan que tenía bien aprendido, plan que era parte de un todo que duraba ya miles de años, y que tenían que poner en práctica esa misma noche.


Caía la noche, el atardecer llegaba a su fin y otorgaba al aire del crepúsculo un aspecto ominoso, parecía sintonizarse con lo que iba a suceder en breve. Caius había dibujado con piedras blancas un círculo en el suelo y colocado el espejo sobre un altarcillo fabricado con trozos de madera. Junto a este, un recipiente con agua bendita rielaba con la brisa del verano que agitaba las hojas de los árboles. El monje se acercó al espejo con un pergamino viejo, casi deshecho entre las manos, y comprobó que Ana estaba al otro lado.

—¿Estás lista? —preguntó muy serio

—No, pero qué se le va a hacer, tampoco podemos esperar mucho más, ¿verdad? —terminó ella, con un suspiro—. Así que venga, empecemos y que sea lo que Dios quiera.

—Espero que Dios quiera lo mismo que nosotros —murmuró el hombre tan bajo que Ana no lo oyó.

Con el papel delicadamente sujeto y calculando el momento en que la luna brillaría en todo su esplendor, Caius comenzó a leer, una letanía hipnótica como una sierpe deslizándose sobre la arena. Las palabras subían y bajaban en tono e intensidad, a veces exigentes, a veces persuasivas, sin ceder un momento al silencio. Y se repetía una y otra vez en un círculo infinito. La mente de Caius entró en ese estado entre el sueño y la vigilia, sin dejar de salmodiar mientras al otro lado del espejo Ana esperaba paciente e igual de concentrada. Poco a poco, de forma casi imperceptible, el cristal empezó a refulgir, y otro rostro se superpuso al de la joven: un rostro salvaje, arrogante, pero terriblemente hermoso en su desdén. Enarcó una ceja y se quedó mirando al fraile.

—Hermano, ¿qué crees que estás haciendo?

Caius cerró fuertemente los ojos para sustraerse a la seducción de aquella voz, y continuó embebido en las palabras que pronunciaba. Sentía la impaciencia en Naamah casi como un halo, emanando en oleadas desde el súcubo. Llegó al clímax de la invocación y la cerró con un “amén” casi a voz en grito. Abrió los ojos, exultante por su triunfo, y lo que vio lo dejó helado: Naamah estaba en cuerpo y espíritu ante él.

—Pero… pero… no puede ser… —balbuceó Caius, trastabillando hacia atrás en un vano intento de alejarse de la criatura.

—Querido, mi querido frailecillo, ¿realmente pensabas que podrías librarte de mí recitando unos poemitas que escribió hace siglos algún vejestorio con alucinaciones? ¿Y que la niñita te serviría de algo? Observa, pobre estúpido.

Con ojos desorbitados por el horror, Caius vio como Naamah cogía el espejo con sus manos terminadas en garras, gruñía unos sonidos casi impronunciables y lo tiraba al suelo. Con un destello, Ana apareció ante ellos, confundida y a medias mareada. La diablesa la levantó del suelo por el cuello, dejando que su rostro enrojeciera por la asfixia mientras pataleaba inútilmente.

—¿Creías que era tu salvación? —Naamah se echó a reir con un sonido gutural que provocó escalofríos en la columna vertebral de Caius—. No, pobre necio, la persona del otro lado del espejo es para mí, ¡para mí! —terminó con el rostro convertido en una mueca de odio. Aflojó la presa sobre el cuello de Ana, depositándola en el suelo con cuidado; de su cuello partía una correa iridiscente que la unía a la muñeca de la demonio, ahora convertida en su dueña.

—No… por favor, déjala, me tienes a mí —gimió el monje, intentando proteger al menos a la muchacha. Con una carcajada seca, Naamah se acercó veloz al monje, poniendo una uña bajo su barbilla.

—¿Dejar tan magnífico regalo? Querido mío, me decepciona lo simple que eres. Ella es ahora mi esclava, y pronto será como una prolongación de mi voluntad. Y ahora cederás.

Y sobre Caius descendió la oscuridad.

*  *  *

El padre Nikolaus cogió el espejo, una reliquia antiquísima de su orden, sobre el que pendía el estigma de ser una puerta al Infierno. Una grieta hendía su superficie, dando la sensación de dividir el reflejo en dos universos diferentes. El mundo, gobernado por Naamah y su esclava Anamah, más cruel incluso que la primera, estaba infestado de seres demoníacos fruto del vientre de ambas. Pero su superior le había dado instrucciones: un círculo de piedras, un altar de madera y agua bendita, junto a la invocación adecuada, haría que todos los diablos fueran expulsados de esta realidad y arrojados al infierno, donde pertenecían. Solo debía esperar el momento adecuado, alguien que se enlazara con él desde el otro lado del cristal, y una noche de luna llena: entonces podría empezar con la ceremonia.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Bienvenido el segundo relato! Ya iba siendo hora!

El relato cumple con las bases, aunque todavia no he podido leerlo.

Por favor, autor, envíame un mensaje privado indicando tu autoría.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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#3
Uno más. O uno menos.

Aspecto técnico: Muy cuidado, y eso se agradece. Dado mis conocimientos en este apartado no puedo ponerte nada. Lo más normal es que se nos escape alguna tilde, pero, como no recuerdo haber visto algo así en tu relato, en esta parte tienes mi máxima nota.

Historia: Sencilla y, aunque el final no es un giro, si que nos deja ver lo bien que le va a las demonios. Lo que más me ha gustado es el principio. Pesadillas dentro de pesadillas. Por el medio el ritmo baja un poco y el final me gustó. Como bien dije la historia es simple, pero está bien contada. Me queda la duda de si realmente hay alguna forma de encarcelar a la demonio porque, en teoría, el ritual ese es una trampa para liberarla. Y eso me lleva a lo que creo que es un pequeño agujero en la historia. ¿Al final para que quiere volver la demonio al otro mundo a través del ritual cuando con el anterior ya consiguió su objetivo? ¿Quizás se va cada cierto tiempo de un mundo al otro y siempre necesita el ritual? Y si esto último fuera lo correcto, ¿no estaría ya el mundo anterior plagado de demonios? Espero tu Making of para saber todo mejor Wink

Narración: Sencilla, sin muchos adornos y tan fácil de seguir que no cuesta imaginarse lo que se narra. Que el apartado técnico esté bien ayuda también a este, pues hace la narración más fluida. La única pega que le pongo es que los diálogos a veces (más bien en la conversación entre Ana y Caius) los noto un poco monótonos, ya que no hay muchos incisos más allá del "dijo", "contestó" y así. Es decir, los personajes parecen estar estáticos, no se refleja en ellos gestos que indiquen que están nerviosos o alterados o con alguna otra sensación. Si metes algo así haces los diálogos más reales.

Personajes: Tanto Ana como Caius tienen sus motivaciones. Una acabar con sus pesadillas, y el otro acabar con la demonio. Me choca un poco que Ana, una chica que tiene un trabajo y se ve con preocupación por su asunto de las pesadillas, tanto como para buscar el medio para solucionarlas, la tenga que despertar su madre para ir a trabajar xD Pero solo es una apreciación. También me chocó un poco que Ana esté tan relajada y confíe tanto en Caius. En un diálogo dice que está asustada, pero más allá de que lo diga no hay nada que indique que realmente es así. Caius me gustó bastante, aunque no se sepa mucho de él.

Puntos en común: Cumplen todo a la perfección, siendo el espejo lo más destacable, pues es vital para la trama.

Conclusión: Un relato muy cuidado, con una historia sencilla pero bien contada. Los diálogos, aunque cumplen su función, se ven un poco mecánicos. La historia empieza muy fuerte gracias a la locura de las pesadillas dentro de otras pesadillas, lo que puede hacer que la mitad del relato parezca muy pausado y monótono. En general es un buen relato.

Mucha suerte en el retooo!!!
Hazte con un ejemplar de mi primer libro: SIETE LUCES OSCURAS
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#4
Hola, autor,

un buen relato, con una historia curiosa que roza con lo terrorífico. En general se lee bien, aunque he notado que a la historia le cuesta arrancar y que la verdadera acción de la trama transcurre sobre todo al final, donde se desenvuelve mejor la narración, me parece. De hecho, al leer tan sólo me he metido realmente en la historia al final, tal vez porque al principio esa serie de alucinaciones desconcierta sin explicarse realmente.

El uso de los elementos del reto me parecen todos bien introducidos. Es cierto que la aparición de la mariposa roja podría quedar artificial pero creo que se enmarca bien en la atmósfera surrealista del relato, y la imagen que se me impone en la mente es… bastante escalofriante. El uso del espejo está bien aprovechado, con esa conexión entre distintos mundos, y esa perdurabilidad que parece marcar fatal y repetidamente el destino de los monjes de aquel mundo. El final creo que está bien conseguido y sigue la línea de esa historia diabólica sin solución. El destino de Caius, no acabo de entenderlo muy bien, no sé si se convierte en demonio o si se muere, supongo que más bien se lo llevan la diablesa y Ana. Admito en cambio que, al leerlo, el destino de Ana me sorprendió, me esperaba un final menos trágico (o tal vez lo supiese todo de antemano y el relato lo haya escrito yo! ^^). Y por otro lado, no sé por qué, esperaba que habría algo más relativo a la madre, casi me esperaba que fuese ella Naahma XD El relato es un buen enfoque en la temática de lo demoníaco.

Erratas:
Cita:- pues no sabía que podía encontrar al acecho cuando los abriese -> qué
- Llamo su atención -> Llamó
- se rio de sí mismo -> rió
- preguntó muy serio -> .
- Caius vio como Naamah -> cómo
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#5
Autor, quiero que sepas que tengo un copyright en el uso de deja vu. Pues esperar una llamada de mi abogado en los próximos días  Tongue

Me gusta como manejas la tensión. El principio es en mi opinión la mejor parte del relato, con mucho, con la perturbadora secuencia de sueños y el misterioso cura siendo el perfecto trasfondo para una historia de terror. El medio es mucho más ligero, lo que casi parece implicar un final feliz hasta que llegas al final.

SIN EMBARGO, aunque el final da un giro de ciento ochenta grados en cuanto a tono y atmósfera de la narración, no creo que logres recuperar el ambiente terrorífico del principio simplemente porque has revelado demasiado. Sabemos demasiado del demonio y, cuando al final aparece, resulta demasiado humano y familiar como para capturar el mismo efecto que las vagas pesadillas del principio lograron.

He de admitir que me cuesta sentirme afectado por el final de Ana por dos razones:

Primero, el final no es muy efectivo. Creas una situación en la que solo hay dos posibles desenlaces que sean obvios para el lector. O bien detienen al demonio o no. El primero es predecible, por lo que asumo que no vas a ir por ese camino. Por lo tanto, estoy esperando el segundo xD La narración no logra engañarme porque lo hace parecer todo demasiado fácil, demasiado lineal. Oh, Ana, eres la elegida y lo vas a solucionar todo. Sí, como no  Rolleyes Esta es la escena climática donde supuestamente van a derrotar al demonio:

Cita:Caius cerró fuertemente los ojos para sustraerse a la seducción de aquella voz, y continuó embebido en las palabras que pronunciaba. Sentía la impaciencia en Naamah casi como un halo, emanando en oleadas desde el súcubo. Llegó al clímax de la invocación y la cerró con un “amén” casi a voz en grito.

¿Eso es todo? No hay forma de que me crea que el villano que estableciste al principio va a ser derrotado en dos líneas de narración  Wink  Lo que siguió no me sorprendió en lo absoluto.

Segundo... Ana apenas tiene personalidad propia. Es más un recurso de la trama que un personaje en su propio derecho. No muestra ninguna característica que sobresalga, no cuestiona lo que le sucede y se limita a ir donde la historia necesita que vaya. Así que cuando muere, meh, camisas rojas.

Aun así, pienso que el principio de tu historia es genial, e incluso el último párrafo logra evocar un poco de ese horror, aunque sea un poco confuso.

Cita:El mundo, gobernado por Naamah y su esclava Anamah

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xD
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#6
Hola camarada.

Bueno, debo decir que ha sido un buen relato.
Primeramente, no he visto errores de ortografía (¿mencione que soy malo en esto?), nada que me entorpezca la lectura.
La narración es buena, me ha gustado como los llevas, las cosas están bien estructuradas y en lo personal me llevo bien con tu relato, algunas descripciones que haces y como te envuelves dentro de la trama.
Al ir avanzando en la historia, aunque de los personajes no hay mucho que aprender sobre ellos, puedo decir que Caius es con creces mi favorito, lo has dotado de una fuerte personalidad con muy poco, me ha gustado bastante su forma de desenvolverse. Ana en cambio empieza bien, pero aunque hablas más de ella, a mi parecer siento que le falta esa fuerza y personalidad, contrario a Caius. Siento como si no fuera muy relevante en su papel de detener la diablesa, bueno, al final ni siquiera salen las cosas como eran de esperarse. xD

El inicio vaya que es terrorífico, no me esperaba un sueño dentro del sueño del sueño xD. Me ha gustado mucho, la forma en que comienzas es genial pero después de la mitad (y sé que podría influir el límite de palabras) vas demasiado rápido; digo, se nota la diferencia de tu inicio y tu final. Eso de que al primer intento Ana logró contactarse con el monje no suena muy creíble y aquel susto cuando lo logró solo se quedó en eso; faltó más fuerza en la forma de expresarse en los diálogos y me refiero a esa parte en la que logran contactar, ya que no se siente como una situación de vida o muerte.
En general la historia es fascinante, es como un ciclo sin fin, todos los elementos hicieron que me lograras envolver. Hiciste buen uso de ellos: la mariposa, el bosque, etcétera... el uso que diste al espejo fue bueno, y se puede ver como manejaste tu relato alrededor de él. Debo decir que me gustó mucho tu narración de igual manera.

Un saludo camarada y suerte en el concurso.
Todos mis juguetes, mándalo a la luna octopus
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#7
¡Buenas!

La verdad, autor, que nos trajiste un muy buen relato. Me gustó.
Bien escrito y estructurado, la historia cuadra y los personajes me parecieron bien construidos.
Lo del "Eterno Despertar", a lo Sandman, me encantó (y lograste bien el efecto por cómo lo contaste), así también las sensaciones que supiste transmitir.
Quizá, como única pega, fue el final. Si bien lo entiendo, me quedó la sensación de que faltó algo para darle un giro aún más profundo y que quede perfecto. Esto no quita que no sea un muy buen relato, solo lo comento.

¡Éxitos!
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
Responder
#8
Buenas!!!

Pues he de decir que me ha gustado bastante el relato. Sobre todo el inicio, en el que me he tenido que reír por la pobre Ana... sí, vale, la idea es que sea un relato de terror, pero la insistencia en amargarle el despertar me ha causado hilaridad... cosa que en mi caso es de agradecer, ya que no soy muy amigo de los fenómenos paranormales y los ambientes de terror Tongue

En cuanto a la escritura, está bastante cuidada y es de lectura fácil Además va dejando ese hilillo de intriga que anima a seguir adelante para ver qué es lo que va a pasar.

Y nada, buen relato y suerte en el reto!
Responder
#9
Un buen cuento, sin duda, repleto de imaginación y con un argumento, en general, coherente y bien entrelazado.

En el aspecto formal, tiene buena calidad, aunque necesita de alguna revisión más para corregir pequeños errores, que no afectan a la lectura, como algunas reiteraciones evitables o unos pocos acentos. También apuntar que los símbolos “menor que” y “mayor que” (<< >>) no sustituyen a las comillas angulares (« »).

Creo que no era necesario separar, al principio de la historia, la pesadilla de Ana de su despertar. De hecho, me da la sensación de que si se mantuviera todo junto ganaría en fuerza (resulta más sorprendente) el desvelamiento de que se trata de un sueño.

Por lo que se refiere al empleo de los elementos obligatorios, me parece correcto, todos han sido empleados en un contexto lógico y bien insertados en la historia (unos mejor que otros, por ejemplo la mariposa me ha parecido un poco puesta ahí sin más).

La historia es oscura y, al contrario de lo que dice su título, poco “esperanzadora”. Quizá le falte algo de “equilibrio” entre los contendientes para darle más emoción al final, pues en todo momento se ve un lado maligno poderoso y dominador de la situación frente a un lado benigno débil y acosado. En cuanto a la parte final, con el padre Nikolaus y que parece repetir el mismo patrón de la historia anterior, como si la maldición afectara al mundo en especie de bucle o, más bien, una espiral creciente, no le encuentro sentido, a menos que se trate de una especie de “juego” para los demonios, que ya dominan sin problemas el mundo y no necesitan realmente el espejo ni a otros humanos.

Como nota final, sólo decir que una parte de la estructura de este cuento es exactamente igual a otro que leí hace tiempo, en otro reto mensual, por lo que ya tengo un primer “sospechoso” en el punto de mira de las autorías… Wink

Felicitaciones.
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
Responder
#10
Vamos allá con el siguiente.

Evidentemente, con ese comienzo tenía que haber un relato de terror, jeje, a ver cuántos salen... Mucha grima, pero mucha, me da el principio, es una especie de camino al clímax que se corta y vuelve a empezar, y la verdad es que me deja bastante mal cuerpo; especialmente porque está inmerso en una escena muy cotidiana. Los elementos obligatorios están bien encajados, ahí nada que decir. En general, bastante bien escrito.

Lo veo un poco desequilibrado en su conjunto: algunas partes, como el principio, son muy trepidantes y estimulan, mientras que otras resultan más planas en su conjunto. Los diálogos los he visto escasos a la hora de pergeñar el carácter de los protagonistas. Caius me parece un poco inocente, aunque puede ser comprensible si es (como me parece intuir) un monje medieval.

Suerte!
Responder


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