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Reto Sep19: La Ofrenda de Muertos
#1
Reto Sep19: La Ofrenda de Muertos

Ha llegado la hora del crepúsculo… El rústico cuarto de paja y adobe se encontraba solo, apartado del resto de la casa, como si así quisiera respetar la lejana memoria de los difuntos.
La suave penumbra se hizo presente y la luz, que cada vez se tornó más débil, aleteó cuan grácil mariposa en la oscuridad del interior de aquella solitaria habitación.
Un rayo de luz entró al recinto y pareció luchar contra la sombra fugaz y agazapada de algo que se escondía entre los murmullos de lejanos recuerdos, haciendo brillar en unos leves chispazos, los pétalos anaranjados de las flores de cempasúchil.
Cristo se afila, en un raro contraste de luces y de sombras, y se hizo grande sobre la pared, al ritmo de la lucecita llorona y bamboleante de la veladora que a lo lejos apenas si se deja ver.
La corona de espinas que él tenía en su cabeza, hizo que mi mente vagara veloz hacia el cementerio, donde las zarzas y los zacatones secos que mueve el viento provocan un leve ruido que interrumpe la paz de los muertos.
Todo era silencio y la enorme mesa se levantaba en forma imponente ante mí.
Suspiré al detectar en mi nariz el tenue olor de las flores de jacinto y de cempasúchil. El olor dulce de las guayabas que estaban en la ofrenda, llevó mis pensamientos a mi niñez, cuando mi boca saboreaba y se deleitaba entre juegos y risas, con el néctar de esa granulosa fruta.
Miré cómo se abría la piel porosa de una naranja que está del otro lado del plato con la ofrenda de pan y canela, muy cerca donde está el vaso de agua. Una hormiga se deleitó con una pequeña gota de miel que sobresalió de la cáscara.
Mi abuelo entró silencioso al recinto llevando el sahumerio con el incienso que va a dedicar a todos los muertos. Lo puso al lado de los retratos y el olor fragante inundó el ambiente.
Trajo otra veladora y la colocó entre la ofrenda.
La luz levantó largas y delgadas sombras de las cosas que hay en la mesa. El incensario desprendió varias tiras de humo de copal, para que los difuntos se guiaran y entraran al hogar de mi familia, donde van a ser bienvenidos y venerados.
Discretamente abandonó el lugar y yo me volví a quedar solo, sentado en aquel rinconcito en el que había estado por horas contemplando la ofrenda.
Estoy aquí, sumido en mis recuerdos desde que todavía había luz del día hasta éste momento en que las sombras ya me han envuelto.
Solo me alumbran las velas lloronas…
El suave olor a chocolate con leche llegó hasta mi nariz. Mi abuela entró al cuarto y colocó su rica y aromática ofrenda ante las fotos de dos o tres bebés que no tienen nombre porque se fueron al cielo.
En sus ojos se asomó una lágrima. Se escurrió en su rostro hasta ser absorbida por una arruga de su seca mejilla. Un leve suspiro simuló el dolor que ella sintió al recordar a sus angelitos.
La abuela salió con pasos entrecortados, lentos, y su espalda encorvada parecía cargar con el peso de ya muchos años.
Momentos después, mi sobrina Sandra entró al cuarto vistiendo su vestido blanco y estaba descalza. Colocó un platito con sal en la ofrenda.
Una vez que la niña se persignó, salió tan rápido como había entrado.
Yo estaba muy absorto en mis pensamientos, y de pronto sentí la mirada de mi tía Esperanza, quien me sonreía con sus labios rojos que la caracterizan, como si acabara de saborear una tuna colorada.
No me despegaba la vista de encima en un raro sincretismo entre la vida y la muerte, entre lo real y lo irreal. Sus pestañas largas, me siguieron aunque su cara estaba atrapada en el cartón de la fotografía.
La hormiga dejó la naranja. Se encontraba sobre el pan de muerto, tratando de robarle unos granitos al azúcar.
El ambiente se inundó con el zumbido de una mosca verde que volaba sobre los plátanos maduros de la ofrenda. Dio dos giros alrededor de ellos y de pronto se hundió en el dulce de camote.
Con una ramita, la quité del dulce y la arrojé al exterior, por la puerta abierta. Regresé a mi rincón y miré los jarros con pulque, que estaban al lado de la botella de tequila.
Todo estaba bien acomodado en la mesa de la ofrenda… La sal de la pureza, el plato con mole y pollo que le gustaba a la tía Enriqueta, los cigarros ‘Faros’ que fumaba el tío Alfonso, el tequila que bebía el compadre Nicolás, los pastes de Morelia que saboreaba la prima Inés…
Todo lo que le gustaba a los difuntos estaba bien dispuesto en la mesa. Estábamos en la víspera del Día de Muertos y en todas las casas se habían hecho los preparativos para recibirlos.
Con el calor adormecedor de la tarde, el pulque de los jarros se fermentó todavía más, y se empezó a derramar un poco.
Esto hizo que me acordara de los licuados de papaya que hacía mi tía Juana, cuando vivía…
La noche había llegado. Mis ojos ya estaban acostumbrados a las penumbras que daban las dos velas lloronas. Todavía alcancé a ver una arruga que estaba sobre el mantel y con la mano la alisé.
Una leve ráfaga del viento perturbó las luces de las veladoras. El lengüeteo de las flamas parecían unos danzantes que giraban teniendo como fondo a la oscuridad.
Con los miembros entumidos y algo adoloridos por estar agazapado en un rincón, comencé a caer en un leve sopor que me fue llevando más y más a la inconsciencia y empecé a dormitar un poco.
Entre sueños, abrí los ojos y escuché unas voces que se entrecruzaron casi en secreto. En la penumbra comencé a ver algunas sombras que se movían y yo pensé que quizás se trataba de mis abuelos y algunos familiares que habían entrado a ver la ofrenda.
Me quedé inmóvil, todavía me encontraba en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Pensé que si me quedaba quieto, no notarían mi presencia y pronto me volverían a dejar solo.
Mis ojos parecían estar llenos de plomo, ya que me costaba trabajo abrirlos… ¡De pronto escuché la risa de la tía Esperanza!
La tía Enriqueta le comentó a mi tío Alfonso que el mole estaba delicioso. A mi nariz llegó el olor del humo de los cigarros ‘Faros’ y mi mente se dio cuenta de una inquietante realidad.
Pero me sentía tan cansado que seguí ahí, en un estado intermedio de sueño, pero con los sentidos muy alerta.
La prima Inés comentó acerca de lo hermosas que se veían las flores de cempazúchil y el compadre Nicolás le ofreció un tequila a la tía Juana quien se negó amablemente.
Todo sucedió muy rápido... Varias figuras se disolvían en el aire, entre colores y los sonidos de las cosas.
Quedé envuelto entre fugaces sombras, leves ruidos, vientos, vibraciones que hacían rechinar la puerta de madera seca y apretada que enseñaba sus partiduras como si guardara el sol de todos los años.
El aroma del copal inundó mis pulmones y todo mi ser. Los párpados me pesaron, y cuando los cerré vi una serie de figuras del color de los vidrios de la iglesia, que refulgen como un calidoscopio.
En mi sopor me sentí como si estuviera flotando y de pronto, escuché a mi tío Alfonso que decía con voz fuerte… ‘¡Vámonos!’.
Hice un esfuerzo para tratar de ver a los difuntos pero solo alcanzo a distinguir desde la puerta abierta, los pastizales secos y marchitos y la Luna llena que brillaba como la perla que tenía el collar de mi tía Juana…
Sentí como que me envolvía un remolino…
En mi poca lucidez que todavía tenía, antes de caer en el sueño más profundo, me escuché a mí mismo que preguntaba: ‘¿A dónde van todas las almas cuando nos dejan y nos llenan de soledad?’.
Ya no supe más de mí pues mis ojos se cerraron y la inconsciencia me envolvió… Todavía alcancé a ver cómo la débil llama de una vela llorona alcanzó a alumbrar la ofrenda de los tejocotes en dulce.
Me quedé solo, y agazapado en mi rincón y ya inconsciente, pronto me envolvieron las sombras…
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Bueno, este es el primer texto publicado de este reto. La ambientación está muy clara, la ofrenda del día de muertos (o difuntos), típica celebración mejicana que se remonta a las poblaciones prehispánicas y, más tarde, resultantes del sincretismo con las creencias llevadas por los españoles de la época. Este aspecto me ha gustado, pues nunca había leído ningún relato ubicado en un entorno similar y me ha parecido interesante.

    En cuanto a los aspectos técnicos, hay que revisar ciertos detalles que afectan a la lectura (y, por tanto, al disfrute) del relato. Sobre todo haría hincapié en un par de elementos: las comas, mal dispuestas en unas cuantas frases, y los tiempos verbales, con cambios entre pasado y presente que, en alguna ocasión, se me antojaron incongruentes.

    La elección de la voz narradora en primera persona me parece acertada para una historia tan intimista, aunque la ausencia de diálogo ha hecho que, en algún momento, se me hiciera algo pesado de leer. Se trata de un relato prácticamente descriptivo de principio a fin, y aunque en la segunda parte (donde el cuento gana en interés por un giro argumental muy acertado) se justifica tanta descripción y enumeración de personajes desplegada hasta ese momento, reconozco que llegué a echar en falta un poquito de "acción" y/o "diálogos" entre los personajes.

    Vayan para ti mis felicitaciones, autor. Suerte en el concurso.  Smile
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#3
Un aplauso para este pequeño relato, tan lleno de vida −y muerte.
Para mí es adorable por dos motivos, primero la refrescante prosa, un poquito barroca, un poquito cargada, lo justo, lo justo para no ser una más de esas prosas llanas y anglosajonizadas en hoy en día. Si bien, diría yo que cuando se va a utilizar un lenguaje tan adornado, las acción debe suceder rápido. Lo digo por los primeros párrafos.
Y segundo, se nota que el autor perfila un estilo propio, heredero quizá de la literatura hispana, tanto en narración como en trama.
Si no se presenta nadie más, este es mi favorito.
[Imagen: thump_9275437bardo.jpg]
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#4
Es un relato descriptivo y la ambientación es típica de México.
Está basada al día de muertos.

Es interesante la manera descriptiva, aunque podría haberse desarrollado mucho más, pero entiendo que al ser un texto para el reto de Septiembre, se ajustó a una cierta cantidad de palabras.

El texto tiene elementos para desarrollarlo todavía más, como un relato extenso o una novelilla corta.

En la frase 'que cada vez se tornó más débil', yo hubiera puesto: 'que cada vez se tornaba más débil'.
y en vez de 'aleteó', la palabra 'aleteaba'.

Igualmente en 'provocan un leve ruido'. Yo hubiera puesto 'provocaban un leve ruido'.

Tiene algunos leves detalles en pasado y presente que se pueden componer para hacer el texto más uniforme.

Yo hubiera dividido todo el texto en bloques, dando 'descansos', o sea, un renglón en blanco entre cada bloque para no leer todo de corrido, ya que se hace algo cansador.

La historia es buena, la forma descriptiva también, y el final inesperado me gustó.
La Pluma Mata más que la Espada...   Mf_swordfight
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#5
Descriptivo relato sobre el famoso día de los muertos mexicano. Lo cierto es que hasta hace mucho no tenía idea de en qué consistía exactamente. Decir que hacer un relato descriptivo necesita de buenos recursos y experiencia del autor, y desde mi punto de vista, han faltado un poco de ambos. Pero, aquí somos todos aficionados, así que en el contexto en el que estamos, está conseguido.
Siendo sincero, hay una frase al principio que me ha condicionado negativamente a todo el relato:  aleteó cuan grácil mariposa en la oscuridad del interior de aquella solitaria habitación. Cursi, manida, cliché... Lo siento, me ha echado para atrás.
Suerte en el reto!
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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