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Reto Un Punto En Común: Fórmulas para salir a la luz
#1
                                                  Fórmulas para salir a la luz   


    En la oscuridad reinante no podía ver nada, pero oía las pisadas acercándose por el pasillo.

    A pesar de todos sus esfuerzos por mantenerlo oculto, lo había encontrado. Anemope sonrió y, con cuidado, depositó el valioso objeto dentro del zurrón que portaba en bandolera. Se felicitó por su pericia mientras lo palmeaba con suaves golpecitos por encima de la tela; aquella reliquia valía mil veces su peso en oro,  si no más. De hecho, confiaba en que los arcanos saberes encerrados en el vetusto libro —cuya portada destacaba por el inquietante símbolo del dios de la Muerte, una mariposa de color rojo sangre—, le reportaran más beneficios que todos los otros trabajos de su larga carrera juntos.

    Ya sólo le quedaba eludir al guardián del templo —probablemente algún somnoliento y bisoño sacerdote—, abandonar Gablu sin ser visto en dirección a las montañas, internarse en el bosque y trepar hasta su escondrijo, situado en las copas entrelazadas de dos altos cedros. Dicho así sonaba difícil, y lo era. Pero, tras años de práctica, esa clase de acciones terminaban convirtiéndose en una rutina. De hecho, por ninguna otra razón habían recurrido a él para llevar a cabo un trabajo tan delicado. Oportunidades como aquella sólo se presentaban una vez en la vida.

    Debía admitir que, por el momento, todo transcurría según lo previsto, y el mapa facilitado por su contratante resultaba muy útil: ninguna patrulla se cruzó con él en los alrededores del edificio, supo encontrar con facilidad el túnel que le permitió el acceso al templo en el lugar marcado y, por último, las llaves abrieron cada puerta marcada. Casi habría podido llegar hasta su objetivo con los ojos vendados. Sonrió de nuevo al ser consciente de la oscuridad, casi tangible, que lo envolvía. Para muchos hombres podía resultar una realidad amenazante, inductora de un pánico cerval. Él, en cambio, sólo la veía como una compañera habitual de trabajo y, a menudo, como su más fiel aliada.

    El sonido de pasos cesó de repente y, en su lugar, una luz tenue se coló por debajo de la puerta de la cámara para delatar, justo al otro lado de la misma, la anunciada presencia del guardián del templo. La información de su contratante no había sido precisa en ese punto, aunque sí recordó la insistencia de aquel tipo en que no se dejara atrapar por los sacerdotes, así como una enigmática advertencia para que se mantuviera en todo momento “entre las sombras”. Reprimió un vivo deseo de escupir al suelo. Valiente imbécil… Como si necesitara los consejos de alguien que pagaba para obtener lo que quería sin arriesgar su preciado cuello.
   
    Lejos de alterarse por la presencia del guardián, Anemope arrastró los pies para evitar hacer ruido mientras sus manos tanteaban en la oscuridad, hasta que sus dedos rozaron una de las paredes de la cámara. Apoyó la espalda en silencio, con un control absoluto de la respiración, que en ningún momento se aceleró. A continuación llevó una mano bajo la camisa de lino y extrajo, como por arte de magia, un fino cuchillo de modesta factura, pero afilado como garras de halcón. Lo tomó por la punta y lo acomodó entre sus dedos índice y pulgar, listo para arrojarlo. Hasta él llegó el sonido de una llave al ser encajada en la cerradura y girada muy despacio, como si su dueño no tuviera prisa en que la herramienta llegara al final del recorrido. Cuando esta alcanzó por fin el tope, la puerta cedió y, casi con indolencia, se abrió hacia dentro sin emitir la más mínima queja. El guardián del recinto sagrado, envuelto en un halo de luz gris azulada, dio un paso adelante hasta situarse en el vano. El tímido resplandor resaltaba el contorno de su figura frente al interior, como si aquella claridad no se atreviera a desvelar del todo el rostro del recién llegado. Su mirada se topó con la del ladrón, y este último se extrañó al percibir, en los ojos del vigilante, una confusa mezcla de tristeza y dolor. Un brillo fugaz a la altura del pecho captó su atención; sobre la oscura túnica del guardián resaltaba un amuleto a modo de colgante, grande, redondo y metálico, muy bien pulido, que le devolvía su propia imagen.

    «Pero, ¿qué es esto? ¿¡Un mago!?», se sorprendió el intruso al comprender que la luz no procedía de una simple antorcha, como había esperado en un principio. «¿Desde cuándo los sacerdotes encargan a un mago la protección de sus objetos más sagrados?». Su contratante no le había informado de aquella circunstancia, pero tenía algo muy claro al respecto; aquella inesperada revelación acababa de elevar su tarifa de manera sustancial. La mente del ladrón voló hasta su pasado reciente, sólo unos días atrás, cuando un desconocido que ocultaba el rostro y cuya voz apenas rebasaba el murmullo de los árboles al ser mecidos por el viento, lo abordara para ofrecerle un trabajo «muy especial». Y a cambio de un pago en oro como muy pocos podían permitirse. Con sólo el adelanto, recibido nada más aceptar el encargo, había podido saldar todas sus deudas, y aún le quedaba para pasar sin apreturas el resto del año.
    —¿Por qué es tan importante? ¿Qué tiene de especial esa reliquia de la que hablas como para desprenderse de tanto oro por conseguirla? —recordaba haberle preguntado al desconocido.
    El otro, un tipo alto y fornido, envuelto en una capa y con el rostro embozado, como si no estimara suficiente el grado de ocultación que le proporcionaban las sombras entre las que se movía, se removió inquieto, al parecer poco complacido con el interrogatorio. Sin embargo se dignó a responder, quizá para evitar una negativa. Con todo, la respuesta quedó muy lejos de resultar satisfactoria.
    —Nada puedo revelar sobre mis motivos —dijo al fin, aunque, tras una breve pausa, agregó—: La discreción va incluida en el pago.
    —Sí, pero ¿cómo puedo saber que el pago es justo si no sé lo que quieres que robe para ti? —le preguntó el ladrón, cuya desconfianza había ido en aumento a medida que le daba vueltas al asunto—. ¿Cómo sé que no me estás engañando?
    —El pago es apropiado y se ajusta al esfuerzo que este trabajo requerirá de tu talento, no a la naturaleza o propósito del objeto que has de conseguir para mí. Pero si no te sientes preparado para esta tarea, puedo buscar a algún otro que…
    —¡Eso no será necesario! —El mercenario se humedeció los labios, expresando así su nerviosismo ante la posibilidad de perder una oportunidad que —lo sabía muy bien—, no se volvería a presentar—. No encontrará en el gremio a nadie con la pericia ni el atrevimiento suficiente como para adentrarse en el templo—. Y, tras hacer una breve pausa, se decidió—: Lo haré.  

    «¡Me engañó, ese maldito hijo de…», pensó Anemope con un gesto de rabia dibujado en el rostro mientras alzaba el brazo armado y, con un hábil y rápido gesto, arrojaba su arma a la cabeza del guardián. Para su sorpresa, el cuchillo trazó una curva hacia abajo y fue a estrellarse justo contra la imagen reflejada en el espejo, que se rompió en pedazos. Cuando estos llegaron al suelo, el ladrón lanzó un grito ahogado y se llevó la mano a la herida que acababa de abrirse en su pecho. El hombre se derrumbó, y el zurrón, tras chocar contra el suelo de la cámara, dejó escapar su preciado contenido. Pese a la creciente dificultad que sentía para respirar, Anemope estiró un brazo, aferró el objeto sagrado y lo atrajo hacia él mientras susurraba una última plegaria al dios de la Muerte. En su postrer aliento, envuelto por la cálida y suave luz que emanaba del guardián —quien se había arrodillado junto a él—, el agonizante ladrón sonrió al creer atisbar, en la portada del libro, el sutil aleteo del símbolo divino, mientras, una a una, refulgían las letras doradas de su sagrado título: Fórmulas para salir a la luz.(*)



(*)Antiguo nombre del Libro de los Muertos, que se depositaba junto a las momias egipcias.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Siguen llegando relatos. Bien, bien.

Este también cumple, de un primer vistazo (aún no he podido leerlo), las bases.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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#3
Hola, autor,

un relato especialmente corto, con monólogo interior, bien escrito, con una trama sencilla. Tiene ideas buenas, pero me ha sabido a poco por ser tan corto y no tener mucha interacción. Tampoco acabo de entender el final ni por qué Anemope dice que su empleador lo ha engañado. ¿Quién es ese mago guardián? ¿Y cuál es el objetivo del que paga al ladrón? No consigue nada, más que matarlo, lo cual tampoco veo por qué querría hacerlo, aunque tal vez sea lo que busca mandándolo robar el Libro de los Muertos. La pena es no saber un poco más acerca de esas preguntas fundamentales para comprender la esencia del relato, y creo que se podrían haber explicado más cosas acerca de ese libro, así como darle más protagonismo a su guardián, de lo contrario me da la impresión de que todas las preguntas se plantean al final y que el relato termina con la muerte del ladrón sin haber resuelto casi ninguna.

En cuanto a los elementos en común, me ha dado la impresión de que están introducidos de manera forzada y que no aportan nada a la trama (salvo el libro). Creo que falta algo de coherencia en la historia y una trama que sea más elaborada para poder meterse realmente en el relato, nada fácil en tan pocas líneas.

La escena de la muerte del protagonista está bien pensada, y los pensamientos están bien transcritos. Y como digo, el estilo es fluido, y no he encontrado ninguna falta!

Otra cosa que no entiendo es por qué, para no meter ruido, arrastra los pies. Precisamente, yo creo que cuando no se quiere meter ruido no se hace eso, ¿no?

Lo de las «Fórmulas para salir a la luz», no lo sabía. Pues vaya, ahora sé que morir es una curiosa forma de salir a la luz… Total que luego metían a las momias en las pirámides, así que mucha luz no debían de tener! Jeje.
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#4
¡Me gusta!

Oh, no, empecé con una nota positiva. Err... ¡Relato malo! ¡Sí, malo! xD

A ver, me parece genial el estilo fluido que llevas a lo largo de la historia, con solo la cantidad justa de descripción. En muy poco espacio logras crear una gran atmósfera, crear misterio e incluso hacer vislumbrar un poco la personalidad del protagonista. No lo suficiente para hacerlo un personaje redondo o hacer que empaticemos con él pero no creo que ese fuera tu objetivo. En general, me parece una buena idea haberlo dejado corto. Las palabras que usas las usas bien.

¡Ahora! El principal problema viene de que no tengo la más mínima idea de lo que está sucediendo. Asumo que este es el antiguo Egipto... pero eso no tiene sentido. ¿Por qué iba a querer alguien robar un Libro de los Muertos en el antiguo Egipto? Esas cosas las compraba cualquiera que pudiera permitírselo, lo que era bastante gente. Y tú mismo lo das a entender en tu pequeña nota de autor: lo ponían junto a todas las momias.

Tampoco estoy seguro de como y para qué nuestro audaz protagonista fue engañado. En general, me parece que tal vez quisiste ser un poco demasiado misterioso xD

Agregaría además que el relato podría usar un poco más de dinamismo. A la larga solo describes los escasos sucesos de unos cuantos minutos, los cuales transcurren en una sola habitación, donde apenas hay ninguna clase de interacción, y de los que solo obtenemos un respiro en un corto flashback que no es mucho mejor. El resultado es una atmósfera un tanto claustrofóbica. Sin embargo, no pienso darle demasiado peso a esto visto que, de nuevo, eso es probablemente lo que estabas tratando de hacer.
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#5
Buenas!

Pues lo cierto es que la escritura me ha parecido buena, amena y fácil de seguir. Por otro lado la ambientación está bastante bien y consigues con pocas pinceladas meternos en la mente del protagonista y ver la situación desde su punto de vista.

Pero... ¿por qué tan corto? Entiendo que algunas cosas es mejor no aclararlas o no extenderlas más, pero al final me he quedado con la sensación de que, a pesar de que me estaba gustando bastante, se ha terminado y me he quedado igual que empecé: sin respuestas y sin explicaciones de peso.

Aun así me ha gustado. Suerte!
Iep!!
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#6
La pluma del autor es buena y parece conocedor del género y con pericia para narrar. Quizás podría jugar un poco mas con las descripciones, que son mas bien concretas y no dicen demasiado de los aspectos emocionales de los personajes ni del contexto.
Por otro lado, me gusta que el protagonista sea un personaje de oficio clasico en la fantasia epica, pero no caíga en un estereotipo exagerado, mantiene la sobriedad y aporta realismo al relato. en cuanto a la trama, no la entendi del todo, creo que lo que dije antes de las descripciones no me permitio sumergirme en el relato completamente.
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#7
Pues la verdad, cuando vamos tan ajustados de tiempo, se agradece un relato corto, jeje...

Lo que más me gusta es la atmósfera que creas, de sombras y misterio, mantenido en el tiempo, pero por ejemplo, el ladrón me da primero la sensación de ser un auténtico profesional de los caros, y luego parece un mercenario que cogería cualquier trabajo. Las descripciones son concretas y claras. El problema que veo es que es demasiado corto, no encuentro el desarrollo de una idea más allá del robo de un libro. El ladrón ha sido engañado; ¿por qué? ¿qué se persigue con eso? Su empleador no consigue el libro. No sé, me deja un poco fría porque no le veo el sentido. Podría ser un prólogo de algo más largo que tenga de protagonista al empleador, pero más allá no le veo mucha lógica.
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#8
¡Buenas!

Buena prosa, bien escrito. Me gustaron mucho los personajes protagonistas: tanto el ladrón, como el mago. El contratante en las sombras no puedo decir mucho por su misteriosa aparición.

Lo que me pasa con la historia, aunque esté bien contada, siento como si fuera parte de algo mucho más grande; quizá, apenas, un prólogo de una novela me animaría a decir. ¿Por qué? Por que los cabos sueltos quedan perdidos y no tan sueltos. Me explico, está bien los finales abiertos que son los que dejan cuestiones para interpretar de muchas maneras, que dejan incógnitas que si las hubieran aclarados el cuento perdería el encanto de ser justamente eso, un cuento. Ahora, en este caso, siento que esas aclaraciones, aunque sean ínfimas, eran necesarias. Propósitos, orígenes, el personaje misterioso; ¿cuál era su intención? Podrías haber usado el punto de vista del contratante para que nos enteremos un poco de sus intenciones, o quizá que fuera el mago y que el ladrón fuera en realidad su hijo ^_^ (ahí me mandé un giro de telenovela, lo sé, pero es para poner un ejemplo).

Fue astuto unir algunos elementos en uno mismo, bien por ello.

¡Éxitos!
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
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#9
Un relato muy corto y que alude a un misterio al que, según parece, le cuesta desvelarse, incluso al propio lector…  No sé si es esa una buena jugada, ya que si bien resulta aceptable jugar con los personajes, no lo parece tanto hacerlo con los lectores.

A nivel formal, creo que no he visto faltas de ortografía  ni errores de estilo, tal vez en un momento he echado en falta el uso de comillas.

Me ha gustado también cómo has empleado el título y cómo has jugado con él y con el comienzo del texto, así como las metáforas en las que “oscuridad = vida” y  “luz = muerte”, una interesante inversión de lo que se tiende a considerar, pues la “luz” se asocia a la “vida” y la “oscuridad” a la “muerte”.

En cuanto al empleo de los elementos obligatorios, nada que objetar; el libro es el elemento principal, la mariposa queda integrada en el libro, el bosque como referencia ambiental y el espejo también tiene su pequeño papel al final del texto.  

La ambientación y el nombre del protagonista aluden a la época del antiguo Egipto. De hecho, he buscado la ciudad que citas en el texto, Gubla, y no es otra que la fenicia de nombre griego Biblos, una ciudad muy asociada a Egipto, lo cual también explica la referencia a los cedros.

El mayor problema que presenta este relato no es el "cómo" ni el "qué", sino el "por qué". Parece apuntarse una razón, una traición al ladrón, pero no queda claro por qué se produce, y eso deja al relato un poco cojo. Creo que, si en una posterior revisión aclaras este punto, puede quedar un relato muy sólido.

Aun así, y gracias a ese buen trabajo formal, ambiental y simbólico que aparece en el relato, te llevarás buena nota de mi parte.
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#10
Relato número cinco... vamos.


Aspecto técnico: muy bien este apartado, fluye sin sobresaltos y si hay errores, yo no los he visto. Muy bien.


Aspecto estructural: Es un bloque prácticamente, muy compacto y sólido, con un pequeño flashback al pasado para darnos un punto de referencia en el relato. Es un relato sencillo, plantea un inicio, un nudo y un desenlace, bien definidos.


Aspectos argumentales: es una historia pequeña y sencilla, sin rebusques, cuenta la misión de un ladrón y su final, una narrativa bien lineal y concreta, deja algunos misterios que hacen pregunta sobre las motivaciones y los engaños, lo que no sabemos y no podemos intuir de lo que está ocurriendo (quizas porque no hay más que esto), no obstante creo que es lo que el autor ha querido mostrarnos (pienso que por ello ha sido lo breve del cuento) y no voy a juzgarlo en ello. Tiene, no obstante un valor interesante la metáfora final, en relación al titulo lo cual lo vi muy bien empleado y le da un toque llamativo.

Personajes: creo que el personaje mejor retratado es el propio relato, por ser descriptivo y ambiental, sin ser pesado (la brevedad ayudó a ello). El ladrón y protagonista es el catalizador correcto de esta trama, no sabemos de donde vino, ni nada relevante de él, mas bien se aboca a lo suyo, se da cuenta de haber sido engañado y muere; personalmente creo que plasmar algo más en torno a la vida emocional del protagonista hubiera hecho este final un poco mas potente pero va en cuestión de gustos y así como está cumple en lo justo.

Condiciones del reto: todos los elementos presentes, con el destaque del libro y la mariposa, fusionados de manera original (por cuanto es usada esta ultima como visión ante la muerte); no estoy tan convencido respecto del bosque y del espejo, me parecieron usados e insertos en la trama apenas como menciones. Es decir, no me parece forzada (quizas al espejo, un poco), pero bien podria haber sido un desierto, un templo, o al aire libre en lugar del bosque, asi como que lo que se pudo haber roto fuera una vasija o una estatua. Es al pasar y sin mucha detención (te lo marco porque has tenido muchas palabras y podrias haber trabajado mejor estos dos elementos más). Pero esta bien.


Lo mejor: la brevedad y sencillez del texto.
Lo que puede mejorar: no cmabiaría nada en sí, en todo caso agregaría unas pinceladas más en la construcción del personaje principal, esto le daría profundidad y lo haría mas memorable a mi parecer.

En conclusión: un relato ameno y que nos muestra la pericia del autor en cuanto a lo técnico y con cierto vuelo simbolico en el juego del titulo. Cumple.

Suerte en el reto.
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

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