Este foro usa cookies
Este foro hace uso de cookies para almacenar su información de inicio de sesión si está registrado, y su última visita si no lo está. Las cookies son pequeños documentos de texto almacenados en su computadora; las cookies establecidas por este foro solo se pueden usar en este sitio web y no representan ningún riesgo de seguridad. Las cookies en este foro también rastrean los temas específicos que ha leído y la última vez que los leyó. Por favor, confirme si acepta o rechaza el establecimiento de estas cookies.

Se almacenará una cookie en su navegador, independientemente de su elección, para evitar que le vuelvan a hacer esta pregunta. Podrá cambiar la configuración de sus cookies en cualquier momento utilizando el enlace en el pie de página.

Calificación:
  • 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
Reto Oct19: Oblivion
#1
Me gusta pensar que he sido un buen hombre. Como si a caso uno fuese autoridad suficiente para juzgarlo. Toda mi vida sentí que existía una forma de trazar un promedio entre aquellos días que se encuentran poblados por buenas intenciones, y los que esconden actitudes reprochables. Y yo quisiera poder afirmar que he mantenido una vida correcta y colmada de acciones loables, pero un único recuerdo, arroja sombras oscuras sobre mi propio juicio.
Motivado por los fantasmas de mi pasado, que me han condenado a esta pesadilla, escribo desde lo que parece ser mi lecho de muerte. Guardo la esperanza de que quienes me hayan conocido comprendan que mi relato siempre ha intentado ser fiel a los hechos, o al menos a mi interpretación de ellos.
Mi familia ya no existe, y en este auspicio nadie da crédito a mi historia. Los entiendo. Hay días en los que yo mismo dudo de su veracidad, y me pregunto si mis recuerdos serán solo sueños y desvaríos de una mente enferma. El poco sentido común que me queda es, a duras penas, suficiente para hilvanar palabras sobre este trozo de papel.

Fue hace ya más de diez años, cuando yo aún trabajaba como artista a bordo del pesquero Santa Maria. Navegábamos a las órdenes del capitán O'Donnell por la región meridional del Océano Pacífico. Y a causa de las adversas condiciones climáticas, me encontré perdido en tierras desconocidas. Durante una sobrenatural tormenta marítima, más allá de cualquier otra que haya visto en mis días de navegante, descubrí el comienzo de mi peor pesadilla. Luego de que un terrible rayo diera de pleno sobre la cubierta de nuestro barco, quedamos a la deriva gracias a una avería irreparable en el casco de la nave. El agua filtraba incesante hacia el interior del barco, y tanto el timón, como los instrumentos de navegación, habían dejado de responder. El contramaestre decretó el estado de alarma, y el ingeniero improvisó un equipo de cinco hombres con la esperanza de reducir el caudal de la inundación. Mientras la tormenta azotaba en crescendo, sin alcanzar jamás su clímax, fue el mismo capitán quien preparó los botes salvavidas. Cada uno de ellos contaba con una parte similar de raciones, una manta, un espejo y una pistola cargada.
Los detalles del hundimiento del Santa Maria me resultan ahora vagos e inexactos. Sólo quedan algunas imágenes aisladas de mis compañeros con sus rostros desfigurados por la desesperación, y los gritos en la oscuridad de hombres llorando y maldiciendo al destino. Fuí uno de los últimos en unirme a los grupos de evacuación, mientras la nave ya inclinaba su proa fuera del agua. Me gustaría decir que la posibilidad de que los siguientes no lograran hacerlo me hizo dudar, pero prometí ser fiel a los hechos. Ya casi no quedaba tiempo, e hice todo lo que estuvo a mi alcance para salir de ahí cuanto antes. Aunque esto implicara tener que escabullirme hasta las pequeños barcos de madera.

De entre aquellos que pudimos salir a tiempo de la masa de metal, que se sumergía lentamente con todas nuestras pertenencias, sólo podía divisar a los tres que estaban junto a mí. Era tal la intensidad de la lluvia, que parecía una pared de agua a nuestro alrededor. Los semblantes pálidos y ojos desorbitados, expresaban todo aquello que sus silencios callaban. Estábamos perdidos, y lo sabíamos.
Compartimos el reducido espacio de la barca que nos mantenía vivos por no menos de diez noches. Y no fue sino hasta el día siguiente que la lluvia no amainó. Para cuando el sol arrojó por completo su luz sobre el horizonte, sólo caía una leve llovizna. Nadie dijo una sola palabra. Ni durante la noche, ni cuando al amanecer notamos que no había rastro del barco. Ni siquiera cuando caímos en la cuenta de que no podíamos ver tampoco al resto de la tripulación.
Para mi perplejidad, las raciones duraron mucho más de lo que había estimado. Pero siempre lo he atribuido a los períodos de inconsciencia que mis compañeros y yo sufrimos en repetidas ocasiones, a causa de la insolación y el estrés. Algunas veces despertaba, y me encontraba solo bajo una luna plateada, empapado en sangre y exprimiendo las últimas gotas de la cantimplora. Luego despertaba repentinamente, con una sensación de vértigo y peligro, para ver los apesadumbrados rostros de mis compañeros, bajo el constante diluvio que parecía componer el clima principal de esta hostil parte del océano.

Recuerdo haberme mantenido despierto por un período inusualmente largo de tiempo, enmarcado por la terrible angustia que me provocaba la inexpugnable soledad. El agua, por primera vez parecía cristalina y calma, pero un destello llegaba a mí desde la distancia. El océano parecía converger en una enorme ciudad acanalada y desde ella se reflejaba un brillo enceguecedor. Se podía ver como las vertientes se dividían en pequeños ríos que se abrían paso más allá de lo que mi vista me permitía comprender. Exaltado por la posibilidad de encontrar descanso en una tierra civilizada, y por fin ver algo más que horizontes acuáticos, remé durante horas bajo el abrasador sol oceánico. Muy lentamente logré acercar mi barca, pero cuando estuve lo suficientemente cerca como para divisar algunas construcciones, entendí que la distancia que nos separaba debía ser bastante mayor a la que creía; y en consecuencia, aquellas construcciones debían tener tamaños colosales para haberlas visto desde tan lejos.

Me tomó dos días enteros hasta que pude llegar a los confines de aquel majestuoso paisaje. Ahora me dejaba llevar a través de uno de los riachos, que fluía como una arteria menor hacia el corazón de esta jungla de piedra. Y recién cuando estuve en sus inmediaciones, entendí que jamás sería capaz de racionalizar la infinita cantidad de piedra que componía cada uno de los bloques que, uno sobre otro, edificaban los pasajes y arcadas de su entrada. La mera contemplación de semejante realidad me produjo esta migraña que, hasta el día de hoy, no he logrado mitigar ni con los fármacos más potentes. Y desde las adoquinadas calles, me observaban inmóviles los rostros de centenares de estatuas con indescriptibles configuraciones morfológicas. En su inmensa variedad y descomunal proporción, sólo alcancé a distinguir algunas de ellas. Uno parecía ser conjuntos de piernas, unidas por la cintura y orientadas en todas las direcciones posibles. Otro de estos gigantes representaba un ser humano extremadamente delgado, cuyos brazos y piernas se extendían en elongados conos sin fin, y terminaban a su vez en filosas agujas. El nivel de perfección que el escultor había alcanzado transmitía una sensación de movimiento excesivamente realista. En un principio tuve la sensación de que en cuanto mirara para otro lado continuarian su marcha, pero los inexpresivos rostros se limitaban a mirarme fijamente. Se encontraban dispuestos de tal forma que creí que eran guardianes de piedra, destinados a proteger la entrada a alguna especie de templo. Eran demasiados, y por más que mi bote se movía, parecían mirar siempre en mi dirección. Aunque no notara en ellos ni el más mínimo movimiento, tenía la irracional certeza de que incluso los que estaban fuera de mi campo de visión también lo hacían.

Me dejé llevar durante un rato por la corriente, a través de la estática ciudad, y en cada esquina un sin fin de nuevos horrores aparecía. Yo también me encontraba paralizado, pero por el miedo y la angustia, e iba indefenso en mi pequeña barca ante las inescrutables miradas de cerámica. Finalmente fuí conducido hasta un complejo de canales centrales, que en una trayectoria ascendente por las paredes de una especie de zigurat, terminaba en un punto elevado del territorio. Dudé unos momentos sobre los riesgos de dejarme arrastrar hasta la cima, por la posibilidad de ser visto e identificado como un transgresor. El lugar, a excepción de las ciclópeas estatuas, estaba completamente desierto y supuse que no habría mayor peligro. Con suerte llegaría a un punto hasta donde, en su inmovilidad, no alcanzarían a verme . En el tiempo que me tomó llegar a tal conclusión, la corriente aumentó inesperadamente su fuerza, y me encontré en una situación sin retorno. Algún efecto óptico debió haberme confundido en primer lugar, porque ahora caía yo vertiginosamente, despedido de mi bote, por un furioso torrente que fluía en dirección al centro de la pirámide. Yacía en esta profundidad, algo que soy incapaz de relatar con las palabras adecuadas. En caída libre, me movía hacia un ojo sin párpados que brillaba con la intensidad del sol, iluminando la ciudad y el cielo íntegros. Entonces entendí que lo que había interpretado erróneamente como escalones, no eran otra cosa que gigantescas púas como dientes de una boca masiva. Observé las paredes plegarse sobre mí lentamente, proyectando una reconfortante sombra que me separaba de las esculturas. Infinidad de torrentes emanaban del iris, mientras que tantos otros rugían vertiendo su turbio contenido en el claro del ojo.

Tal fue el impacto que esto me causó, y tan insondable el pánico que sentí, que mi consciencia cedió. Lo próximo que recuerdo es despertar en un paquebote y ser recibido con amabilidad. Mis quemaduras por el sol y mi severa deshidratación fueron atendidas cuidadosamente, y nadie hizo demasiadas preguntas.

Jamás pude regresar con mi familia. Cuando junte el coraje para intentarlo, fallé rotundamente. Las averiguaciones que realice sobre mi propio apellido, revelaron que nunca había existido como tal. Tampoco había registros de algún naufragio similar en el pacífico, o de un capitán O'Donnell. En un abrir y cerrar de ojos acabé en la indigencia, sin los medios para encontrar respuestas a mis interminables preguntas.

Hoy desperté en una cama, siendo un anciano. La sensación de que un caudal creciente fluye desde mí, hacía algún abismo desconocido, me ha forzado a recordar hechos que en mi humanidad había olvidado. Siento que la cordura se escurre entre mis dedos como granos de arena, y con mis últimas fuerzas, me elevo mientras mi cuerpo escribe casi por inercia las últimas palabras.

Perdón y Oblivion.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
Vamos a analizar éste interesante texto:

Me gusta pensar que he sido un buen hombre. Como si a caso (acaso va junto) uno fuese autoridad suficiente para juzgarlo (juzgarse a sí mismo). Toda mi vida sentí que existía una forma de trazar un promedio entre aquellos días que se encuentran poblados por buenas intenciones, y los que esconden actitudes reprochables. Y yo quisiera poder afirmar que he mantenido una vida correcta y colmada de acciones loables, pero un único recuerdo, arroja sombras oscuras sobre mi propio juicio.
(Me gusta que empiece en primera persona. Da entrada a una intimidad con el lector).


Motivado por los fantasmas de mi pasado, que me han condenado a esta pesadilla, escribo desde lo que parece ser mi lecho de muerte... Guardo la esperanza de que quienes me hayan conocido comprendan que mi relato siempre ha intentado ser fiel a los hechos, o al menos a mi interpretación de ellos.
Mi familia ya no existe, y en este auspicio nadie da crédito a mi historia. Los entiendo. Hay días en los que yo mismo dudo de su veracidad, (quita la coma) y me pregunto si mis recuerdos serán solo sueños y desvaríos de una mente enferma. El poco sentido común que me queda es, a duras penas, suficiente para hilvanar palabras sobre este trozo de papel.

Fue hace ya más de diez años, cuando yo aún trabajaba como artista a bordo del pesquero Santa Maria. Navegábamos a las órdenes del capitán O'Donnell por la región meridional del Océano Pacífico. Y a causa de las adversas condiciones climáticas, me encontré perdido en tierras desconocidas. (Punto y aparte) Durante una sobrenatural tormenta marítima, más allá de cualquier otra que haya visto en mis días de navegante, descubrí el comienzo de mi peor pesadilla.(pesadilla, luego) Luego de que un terrible rayo diera de pleno sobre la cubierta de nuestro barco, y quedamos a la deriva gracias a una avería irreparable en el casco de la nave.(Punto y aparte) El agua filtraba incesante hacia el interior del barco, y tanto el timón, como los instrumentos de navegación, habían dejado de responder. El contramaestre decretó el estado de alarma, (quita la coma) y el ingeniero improvisó un equipo de cinco hombres con la esperanza de reducir el caudal de la inundación. (Punto y aparte) Mientras la tormenta azotaba en crescendo, sin alcanzar jamás su clímax, fue el mismo capitán quien preparó los botes salvavidas. Cada uno de ellos contaba con una parte similar de raciones, una manta, un espejo y una pistola cargada. 
(Deja un renglón en blanco para dar un descanso a los ojos)
Los detalles del hundimiento del Santa Maria (María) me resultan ahora vagos e inexactos. Sólo quedan algunas imágenes aisladas de mis compañeros con sus rostros desfigurados por la desesperación, y los gritos en la oscuridad de hombres llorando y maldiciendo al destino. Fuí uno de los últimos en unirme a los grupos de evacuación, mientras la nave ya inclinaba su proa fuera del agua. (Punto y aparte) Me gustaría decir que la posibilidad de que los siguientes tripulantes no lograran hacerlo me hizo dudar, pero prometí ser fiel a los hechos. Ya casi no quedaba tiempo, e hice todo lo que estuvo a mi alcance para salir de ahí cuanto antes. Aunque esto implicara el tener que escabullirme hasta las pequeños barcos de madera.

De entre aquellos que pudimos salir a tiempo de la masa de metal, (quita la coma) que se sumergía lentamente con todas nuestras pertenencias, sólo podía divisar a los tres que estaban junto a mí. Era tal la intensidad de la lluvia, que parecía una pared de agua a nuestro alrededor. Los semblantes pálidos y los ojos desorbitados, expresaban todo aquello que sus silencios callaban. Estábamos perdidos, (quita la coma) y lo sabíamos.
Compartimos el reducido espacio de la barca que nos mantenía vivos por no menos de diez noches. Y no fue sino hasta el día siguiente que la lluvia no amainó. Para cuando el sol arrojó por completo su luz sobre el horizonte, sólo caía una leve llovizna. Nadie dijo una sola palabra. (palabra, ni durante) Ni durante la noche, ni cuando al amanecer notamos que no había rastro del barco. Ni siquiera cuando caímos en la cuenta de que no podíamos ver tampoco al resto de la tripulación.
(Deja un renglón en blanco para dar un descanso a los ojos)
Para mi perplejidad, las raciones duraron mucho más de lo que había estimado. Pero siempre lo he atribuido a los períodos de inconsciencia que mis compañeros y yo sufrimos en repetidas ocasiones, a causa de la insolación y el estrés. Algunas veces despertaba, y me encontraba solo bajo una luna plateada, empapado en sangre y exprimiendo las últimas gotas de la cantimplora. Luego despertaba repentinamente, con una sensación de vértigo y peligro, para ver los apesadumbrados rostros de mis compañeros, bajo el constante diluvio que parecía componer el clima principal de esta hostil parte del Océano.

Recuerdo haberme mantenido despierto por un período inusualmente largo de tiempo, enmarcado por la terrible angustia que me provocaba la inexpugnable soledad. El agua, por primera vez parecía cristalina y calma, pero un destello llegaba a mí desde la distancia. El Océano parecía converger en una enorme ciudad acanalada y desde ella se reflejaba un brillo enceguecedor. (Punto y aparte) Se podía ver como las vertientes se dividían en pequeños ríos que se abrían paso más allá de lo que mi vista me permitía comprender. Exaltado por la posibilidad de encontrar descanso en una tierra civilizada, (quita la coma) y por fin ver algo más que horizontes acuáticos, remé durante horas bajo el abrasador sol oceánico. (Punto y aparte) Muy lentamente logré acercar mi barca, pero cuando estuve lo suficientemente cerca como para divisar algunas construcciones, entendí que la distancia que nos separaba debía ser bastante mayor a la que creía; y en consecuencia, aquellas construcciones debían tener tamaños colosales para haberlas visto desde tan lejos. 

Me tomó dos días enteros hasta que pude llegar a los confines de aquel majestuoso paisaje. Ahora me dejaba llevar a través de uno de los riachos, que fluía como una arteria menor hacia el corazón de esta jungla de piedra. Y recién cuando estuve en sus inmediaciones, entendí que jamás sería capaz de racionalizar la infinita cantidad de piedra que componía cada uno de los bloques que, uno sobre otro, edificaban los pasajes y arcadas de su entrada. (Punto y aparte) La mera contemplación de semejante realidad me produjo esta migraña que, hasta el día de hoy, no he logrado mitigar ni con los fármacos más potentes. Y desde las adoquinadas calles, me observaban inmóviles los rostros de centenares de estatuas con indescriptibles configuraciones morfológicas. (Punto y aparte) En su inmensa variedad y descomunal proporción, sólo alcancé a distinguir algunas de ellas. Uno parecía ser varios conjuntos de piernas, unidas por la cintura y orientadas en todas las direcciones posibles. Otro de estos gigantes representaba un ser humano extremadamente delgado, cuyos brazos y piernas se extendían en elongados conos sin fin, y terminaban a su vez en filosas agujas. (Punto y aparte) 
(Deja un renglón en blanco para dar un descanso a los ojos)
El nivel de perfección que el escultor había alcanzado transmitía una sensación de movimiento excesivamente realista. En un principio tuve la sensación de que en cuanto mirara para otro lado continuarian (continuarían) su marcha, pero los inexpresivos rostros se limitaban a mirarme fijamente. Se encontraban dispuestos de tal forma que creí que eran guardianes de piedra, destinados a proteger la entrada a alguna especie de templo. (Punto y aparte) Eran demasiados, y por más que mi bote se movía, parecían mirar siempre en mi dirección. Aunque no notara en ellos ni el más mínimo movimiento, tenía la irracional certeza de que incluso los que estaban fuera de mi campo de visión también lo hacían. 

Me dejé llevar durante un rato por la corriente, a través de la estática ciudad, y en cada esquina un sin fin de nuevos horrores aparecía. Yo también me encontraba paralizado, pero por el miedo y la angustia, e (quita la e) iba indefenso en mi pequeña barca ante las inescrutables miradas de cerámica. Finalmente fuí conducido hasta un complejo de canales centrales, que en una trayectoria ascendente por las paredes de una especie de zigurat, terminaba en un punto elevado del territorio. (Punto y aparte) Dudé unos momentos sobre los riesgos de dejarme arrastrar hasta la cima, por la posibilidad de ser visto e identificado como un transgresor. El lugar, a excepción de las ciclópeas estatuas, estaba completamente desierto y supuse que no habría mayor peligro. Con suerte llegaría a un punto hasta donde, en su inmovilidad, no alcanzarían a verme . (Punto y aparte) En el tiempo que me tomó llegar a tal conclusión, la corriente aumentó inesperadamente su fuerza, y me encontré en una situación sin retorno. Algún efecto óptico debió haberme confundido en primer lugar, porque ahora caía yo vertiginosamente, despedido de mi bote, por un furioso torrente que fluía en dirección al centro de la pirámide. (Punto y aparte) 
(Deja un renglón en blanco para dar un descanso a los ojos)
Me encontraba inmerso Yacía en esta profundidad, la cual es algo de lo que soy incapaz de relatar con las palabras adecuadas. En caída libre, me movía hacia un ojo sin párpados que brillaba con la intensidad del sol, iluminando la ciudad y el cielo íntegros. Entonces entendí que lo que había interpretado erróneamente como escalones, no eran otra cosa que gigantescas púas como dientes de una boca masiva. (Punto y aparte) Observé las paredes plegarse sobre mí lentamente, proyectando una reconfortante sombra que me separaba de las esculturas. Infinidad de torrentes emanaban del iris, mientras que tantos otros rugían vertiendo su turbio contenido en el claro del ojo.

Tal fue el impacto que esto me causó, y tan insondable el pánico que sentí, que mi consciencia (conciencia) cedió. Lo próximo que recuerdo es despertar en un paquebote (Aclara que es un paquebote) y ser recibido con amabilidad (¿por quien o quienes?). Mis quemaduras por el sol y mi severa deshidratación fueron atendidas cuidadosamente, y nadie hizo demasiadas preguntas.

Jamás pude regresar con mi familia. Cuando junte el coraje para intentarlo, fallé rotundamente. Las averiguaciones que realice sobre mi propio apellido, revelaron que nunca había existido como tal. Tampoco había registros de algún naufragio similar en el Pacífico, o de un capitán O'Donnell. En un abrir y cerrar de ojos acabé en la indigencia, sin los medios para encontrar respuestas a mis interminables preguntas.
(Dejas la interrogante del por qué no regresó con su familia y por qué no tiene apellido. es bueno, pero deberías de dar una pequeña pista, ya que el relato cambia abruptamente y sin explicación) 
Hoy desperté en una cama, siendo un anciano. La sensación de que un caudal creciente fluye desde mí, hacía algún abismo desconocido, me ha forzado a recordar hechos que en mi humanidad había olvidado. Siento que la cordura se escurre entre mis dedos como granos de arena, y con mis últimas fuerzas, me elevo mientras mi cuerpo escribe casi por inercia las últimas palabras. 

Perdón y Oblivion. (¿Qué es Oblivion?).

Eres muy bueno en las descripciones, amigo. me gusta tu estilo.
Sé que solo es un fragmento de un relato más grande, por lo que no pongo objeción por varias interrogantes que surgen del texto. Lo que sí, es que haces los párrafos muy largos y necesitas dar unos 'descansos' y puntos y aparte para no perdernos entre tanto texto junto.
El personaje se disculpa al principio por algo que hizo y de lo que se siente culpable, pero cuando lo relata, no veo nada de malo, sino que simplemente naufraga, encuentra la isla y de alguna manera es sacado de ahí.
Luego dice que no regresó con su familia y no tiene registros de su apellido. ¿Por qué no regresó? 
Parece que no regresó porque al autor del relato no se le dio la gana que regresara, y no hay explicación lógica para ello y menos para sentirse culpable si no se narran los motivos.
Al final muere. Me gustó que esos recuerdos fueran el colofón de su vida, pero deja esa gran interrogante ya descrita que, si se dieran más pistas, haría más lógico el relato.
Le pongo un 9. Es buena lectura y llamó mi interés.
La Pluma Mata más que la Espada...   Mf_swordfight
Responder
#3
¡Gran texto!
Me gusta tu forma de describir, aunque debo confesar que en varias oportunidades tuve que releer el párrafo para no perderme en ellas.
En cuanto a la historia en si: 10 puntos. Tiene el nivel de detalle justo y necesario para comprender que el personaje es un demente (¿o tal vez una persona que sufre Alzheimer?), que no está seguro siquiera del único recuerdo que tiene de su vida.
Haciendo un análisis un tanto más profundo, podría llegar a inferir por la oración "La sensación de que un caudal creciente fluye desde mí, hacía algún abismo desconocido" que el ojo que menciona anteriormente no es más que su propio ojo y que intenta explicar como la demencia hizo que él se perdiera en si mismo. El texto no es lógico, porque el personaje no es coherente ni está en pleno uso de sus facultades.
Me encanta. ¡Me encanta suponer que estoy entendiendo la idea del relato cuando quizás no es exactamente lo que quisiste transmitir!
Por otro lado, noto ciertas influencias cortazarianas y lovecraftianas en la complejidad de la narrativa.
¡Un gran acierto, sin dudas!
Responder
#4
¡Guau! Qué prosa la tuya, un aplauso te dedico. Para mí, descontando errores menores de ortografía, el relato está perfecto como está, las palabras escogidas, el estilo, la trama, los tiempos, todo, me encanta. Pero lo especialmente bueno es la ambientación y los escenarios, no tienes nada que envidiarle a los escritores del siglo XIX. El lugar en el que este hombre fue a parar es fantástico, perturbador y asquerosamente inquietante. Si tu personaje existiera, iría al auspicio a entrevistarlo. Tienes 10

@Cabromagno Cabra, por cierto, este es un ejemplo de lo que te decía en el taller literario, esta es una prosa diferente.
[Imagen: thump_9275437bardo.jpg]
Responder
#5
(10/10/2019 01:13 PM)Bicerofonte escribió: Perdón y Oblivion. (¿Qué es Oblivion?).

Olvido
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
Responder
#6
Un buen relato, sin duda, que me ha recordado, salvando las diferencias, a "Las montañas de la locura". A pesar de ser meramente descriptivo, el uso de la primera persona es un gran acierto. Le da un realismo de vivencia que has conseguido transmitir con tu narrativa, aunque en algunos momentos haya repetición de ideas.
En cuanto a la puesta en escena, creo que debería de haberse dejado reposar un poco más y leer en voz alta. Enseguida hubiesen salido esas comas que sobran o faltan, que dificultan la lectura fluida que podría haber tenido el texto en su totalidad. Pero esto no dejan de ser errores menores y subsanables.
Muy bien, autor!
[Imagen: stormbringer4.jpg]
Responder
#7
Me gusta el relato! Creo que la estética es interesante y que la trama deja más interrogantes que respuestas.
Las narrativas complejas que fuerzan a la re lectura del texto son un gusto adquirido que no todo el mundo tiene. Esto, en combinación con el uso de palabras poco comunes, puede volverse un obstáculo considerable a la hora de cautivar a un lector.
Lo que me parece un poco fuera de lugar es el uso de una palabra en otro idioma. Pero sacando esto, y algunas faltas ortográficas menores, lo disfruté mucho.

Saludos! 
DeKa
Responder
#8
Interesante texto de claro tono «lovecraftiano» (mazo original que soy ¿eh?), con sus luces y algunas sombras.

Lo mejor, el tono lúgubre y esa ambientación «lodosa», que te empapa de miseria mientras vas leyendo. El texto es correcto, con momentos más brillantes que otros, muy bien con la descripción de la atmósfera y elementos inmóviles, es decir, bien para plasmar un cuadro de terror a lo lovecraft. No tan bien a la hora de manejar el ritmo y las emociones. Todo es muy grandilocuente, muy de términos absolutos (en plan jamás de los jamases), como para resumir las sensaciones que debería de tener el lector y que sería más laboriosas de lograr a golpe de desarrollo argumental.

Igualmente, el personaje es un poco ajeno, un «yo» que figura alelado por todo el relato, algo magnificado tras la ni siquiera mencionada «desaparición» del resto de compañeros del bote salvavidas. Vale que todo queda en cierta medida aclarado hacia el final, pero me he quedado con una cierta sensación de «coitus interruptus», como si me faltase algo…quizá porque el protagonista se limita a recordar desde su patético retiro, o porque en realidad todo se limita a Oblivion…

Sensaciones contrapuestas: me ha hipnotizado el tono y la atmósfera, pero me ha parecido un relato incompleto, necesitado de elementos que conformen una trama o pseudotrama al menos. Para culminar, diría que la balanza se inclina a favor de una positiva valoración, gracias al añadido del tétrico y oscuro final, esotérico y misterioso a raudales.
Responder
#9
A nivel ortográfica hay aquí y allá alguna errata, en cuanto a nivel narrativo me recuerda a la prosa de Lovecraft, pero también Hodgson (los dos relatos que más me vienen a la mente al leer este son justamente Dagon y El Jarvee Encantado).

Sobre la historia, ese es justo el problema, no puedo sacarme a Dagon de la cabeza. Entiendo que esto busca ser un homenaje a esa obra, pero el hecho de tener compañeros debería haberse aprovechado más para que no pareciera una copia barata. Y por supuesto el ver como un mismo evento afecta de diferentes maneras a personas distintas, enriquecería más al texto (y al ambiente de horror) que las descripciones que se han hecho del lugar.
Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)